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Alberto Rodríguez y la tonada cuyana en Argentina

CHULIVER, Raul

Publicado en el año 2015 en la Revista de Folklore número 403.

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En 1982, en unas Jornadas sobre la Cultura de las Regiones Folklóricas Argentinas organizadas por la Universidad de Belgrano (Buenos Aires), tuve la enorme satisfacción de conocer al gran investigador cuyano, pianista y compositor don Alberto Rodríguez, que recorrió palmo a palmo las provincias de San Juan y Mendoza recogiendo de boca del pueblo la tonada cuyana. Luego de su disertación, palabras más palabras menos, me invitó a su casa en Mendoza y a sus encuentros, en los cuales realicé diversas presentaciones. Falleció el 18 de agosto de 1997.

En 1961, fundó el Instituto de Investigación y Divulgación del Folklore Cuyano, con el que trabajó de manera incansable a lo largo de los años por la difusión e investigación del folklore regional, así como por la inserción de este en el ámbito escolar. Con el Instituto, organizó diecisiete encuentros, donde participaron destacados investigadores, didácticos y musicólogos nacionales.

Este año se cumplen 115 años del natalicio de don Alberto Rodríguez ―nació el 12 de julio de 1900, en el barrio de la Media Luna, Guaymallen―. Muchos conjuntos y solistas grabaron sus obras (entre las más famosas, la cueca El encuentro y la zamba Mi calle), recopiló las danzas de puro cuño cuyano (El sereno, El gauchito, La refalosa) que, si no hubiera sido por este honesto hombre, se habrían perdido.

Es imposible hablar de él sin hablar de la tonada, que era una parte que sustentaba su cultura. La Tierra del Cuyun cantó desde su día de nacer, la música se hizo canto, entró en las venas y llegó al crisol del corazón para hacerse allí tonada. Cuyo tiene un patrimonio con características diferenciales con matices de una gama especial, con una resonancia de montañas, con color de cielo radiante y límpido. Alberto Rodríguez fue quien toma para sí la tarea de establecer contacto con el pueblo guardador de nuestro acervo folklórico espiritual. Tomó letras de las canciones, ritmos, coreografías de danzas, recopiladas, recogidas, comparadas y comprobadas. Hombres cultos amantes del folklore musical conservaban las letras de las canciones en cuadernos, algunos de los cuales conserva el instituto mencionado, fechados muchos en el siglo xix.

La tonada es el dialecto sonoro de Cuyo, tomó ciudadanía y vino a América para adornarse con los mil melismas de una tierra nueva y fue «triste», «estilo» o «tonada», según su madrinaje con el medio geográfico y humano que encontró en su andar. Tuvo formas literarias de décimas, octavillas, sextilla, quintilla y cuarteta. Una de las formas más populares de la tonada cuyana fue la cuarteta y la de quintilla, que estaban al alcance de cualquier cantor y se cantaban en todos los estratos sociales, acompañadas de rasguido en tono y dominante. En Cuyo tomó giros melódicos, desinencias cadenciales y ritmos propios.

Según el libro Manual de folklore cuyano, las letras de las tonadas se elaboraban casi todas con verso octosilábico. Estas podían cantarse con estribillo o sin él. Muchas veces, los cantores pasaban de una estrofa a otra. Así se transmitía y así se popularizaba. Una de ellas es «La rosa encarnada», que figura en el libro Cancionero cuyano, donde figura sin estribillo.

Tomá esta rosa encarnada

y abrila, que está en capullo.

Y verás mi corazón,

abrazado con el tuyo;

y verás mi corazón

abrazado con el tuyo.

La tarea de investigación de campo de don Alberto se inició allá por 1925 y se prolongó hasta 1938, cuando se publicó la primera edición de este libro mencionado, único en su género en la región.

La antigua cuarteta y quintilla tenían varias formas de repeticiones o bises. Se podía repetir desde un verso hasta los cuatro, y de manera no uniforme, excepto cuando se repetían los dos primeros versos y los dos segundos. Casi siempre se cantaban los tres primeros versos, a veces con un cogollo, pero otras veces no. Hay tonadas que han sido dictadas hasta con nueve o diez versos, de acuerdo a la memoria del cantor o extractadas de viejos cuadernos que muchos cultores tenían, con tonadas populares o de su creación. Aquí vemos unos ejemplos que me dictó don Alberto, cuando en esos inviernos nos encontrábamos en su casa, charlando y tocando la guitarra largas horas.

Ingrata como la palma

Atiende lo que te digo:

Mira no le pagues mal (bis)

A quien tanto te ha querido.

[Aquí el bis está en el verso 3.º]

Yo tenía una chinita

Mucho tiempo le serví (bis).

De verme tan abatido

A lejas tierras me fui (bis).

[Aquí el bis está en el 2.º y 4.º versos]

Una mañana de abril

Cuando más contento estaba

Supe que se casaba

La prenda que más amaba (bis).

[Aquí el bis está en el 4.º verso]

Buenas tardes te dé Dios

Amada prenda querida.

Hoy verás que por tu amor

Estoy al perder la vida.

Sí, ay, ay, ay…

Sí, ay, ay, ay…

[Aquí el bis está en estos dos últimos con melismas]

Para darle vida y expresión, el cantor y el músico le agregan ciertas frases que varían según la intención de los mismos y que pueden considerarse fuera de texto. Por ejemplo: «Ay, qué tormento, ay, qué dolor, etc.», estos serían melismas literarios y musicales.

Siento con llave mi pecho

El corazón me robaste (bis para los dos versos).

Sin dejar ningún resquicio

Dime cómo lo sacaste (bis).

[Esta cuarteta tiene bis en el 1.º, 2.º y 4.º versos]

El corazón que te ofrezco

Tómalo si te conviene

Que es cuanto puedo hacer yo

Si el alma tú me la tienes

(bis en estos dos últimos versos).

Cielo, dónde está mi amante

Cielo, dónde está mi gloria

(bis para el 1.º y 2.º versos).

Lejos está de tu vista (bis)

Pero no de la memoria.

[Aquí los bises se encuentran en el 1.º, 2.º y 3.º versos]

Mírala cómo se va

Y dijo que me quería (bis).

A verte ya no vendrá

Y yo tanto la quería (bis para estas dos).

[El bis está en el 2.º, 3.º y 4.º versos]

Los acentos a veces se cambiaban para hacerla coincidir con la música. Esto no fue propio de la tonada, sino de las viejas cuecas y gatos cuyanos.

Esta es otra versión de la tonada «Pero miren si será», que está en el Cancionero cuyano y fue recordada por viejos cantores populares.

Mírala cómo se va

Y dijo que me quería (bis).

Tal vez no se acordará

Del amor que me tenía (bis para estas dos).

En esa complejidad están en las viejas tonadas los entreversos de versos, las intersecciones y la cantidad de melismas después de cualquier verso. Estos son algunos ejemplos:

La palomita decía

-se va y se va-

Que no me persiga tanto

-si volverá-

Ando ausente de mi dueño

-se va y se va-

Solo durmiendo descanso

-si volverá-.

O esta otra:

Aquí está tu medio amante

-me dijo y le dije-

Que medio medio anda perdido

-me dijo y le dije-

Media carta te escribí

-me dijo y le dije-

Porque medio te quería

-me dijo y le dije-.

Ahora bien, en la parte literaria, en las viejas tonadas cuyanas, era el hombre el que le cantaba a la mujer. Los temas abarcaban desde la declaración de amor, la descripción amorosa de una mujer, otras con elogios muy sentidos, composiciones especiales para serenatas, cantos amorosos de espera, de sufrimientos o nostalgias de ausencia, así como versos que se refieren a sospechas de la mujer amada por infidelidad o por la partida de esta que lo deja, por lo general para irse con otro hombre. En sus versos expresan separaciones amorosas por varias circunstancias. En casi todas sus composiciones está la actitud del hombre que se retira cuando su amor no es correspondido y prefiere llorar y lamentarse en soledad.

A la mujer la nombra en los versos como «infiel», «ingrata» y «mal pagadora».

Aquí para Alberto Rodríguez está la influencia árabe andaluza, por la presencia de muchos tipos de melismas, y también la influencia de ciertos rasgos del Romanticismo.

También es importante señalar que, al ser una expresión popular que se transmite y se modifica, muta de manera permanente; intervienen múltiples formas de creación y expresión de acuerdo al ambiente de cada colectivo, que modifica a veces radicalmente toda expresión espontánea.

También se cantaron tonadas en forma de cuartetas y quintillas de carácter filosófico, con respecto a la vida, al amor. Citamos:

No te entregues al amor

Sin tener conocimiento

Porque después no vale

Ay, ay, ay...

Tener arrepentimiento.

Otra es:

Si tienes a algún amigo

Trátalo con mucho aprecio

Pero no le comuniques

Los secretos de tu pecho.

Y no faltaron, como en ninguna cultura popular, las coplas satíricas, irónicas, burlescas, cómicas. El hombre cuyano tenía muy buen humor, picardía y solían divertirse, también cantando estas formas de tonadas con contenidos muy picarescos de doble sentido.

Estas también aceptaban todo tipos de motes y modismos del lugar, como «m’hijita», «tuitos» (todos), «tata», «aita» (padre, anciano), «cantís» (cantar), «podís» (podés), «ausiencia» (ausencia).

Algunos motes más comunes en las recopilaciones fueron en este caso: «mi negra», «negrita», «china», «viejita», «chinita», «palomita», «trigueña», «morena»… haciendo alusión al tipo físico de la mujer cuyana. Estas muchas veces eran improvisadas sobre una misma música, que rápidamente se popularizaba. Con estos motes se rompía la estructura literaria. Pero el cantor con la cuarteta improvisaba, se divertía, se expresaba más libremente. La letra, la acomodaba a la música a su antojo, incluso cambiando los acentos, para hacerlos coincidir con la música.

También en las cuartetas estaba el tema descriptivo de situaciones de convivencia de paisajes, aunque en menor escala, y el tema patriótico.

Llenos de misterio

Hablando de noche

Llevan al jurado

Su viejo reproche.

Las bancas perdidas

Contemplan lejanas

Como unas fugitivas

Añoranzas banas.

Esta coplas, según la recopilación de Alberto Rodríguez, me contaba que fueron dictadas por Rodolfo Vargas Videla, que nació en la década de 1870 en el Departamento de Luján de Cuyo. No respetan el metro octosilábico, pero el hombre de Cuyo, aparentemente, las había cantado, y no le eran ajenos estos temas en su creación.

Como todo proceso propio de la expresión popular, algunas todavía están vigentes, se siguen cantando, y otras se olvidaron en el colectivo popular.

Raúl Chuliver, guitarrista, profesor de danzas folklóricas argentinas y folklorista radicado en Buenos Aires (Argentina)