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Las iglesias monolíticas de Lalibela en Etiopía, patrimonio de la humanidad

SANZ ELORZA, Mario

Publicado en el año 2016 en la Revista de Folklore número 408.

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Introducción

Lalibela es una ciudad aislada y extraña situada en el corazón de las Tierras Altas de Etiopía, en la provincia de Amhara, a 2 630 m de altitud al pie de las montañas de Lasta, que en su punto culminante alcanzan los 4 284 m. Pero lo que hace a Lalibela un lugar único en el mundo es su conjunto de iglesias monolíticas excavadas en la roca, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1978. Hasta no hace mucho era prácticamente inaccesible, necesitándose al menos cuatro días de recorrido en mula desde Dessie, que era hasta donde llegaba la carretera más próxima. En 1950 se habilitó una pista para vehículos de motor. No obstante, la situación ha cambiado gracias a la reciente remodelación del aeropuerto, que dispone de una nueva pista de aterrizaje asfaltada, y a la construcción de una carretera de 25 km de no muy buena compostura, pero al menos transitable para todo tipo de vehículos, que conecta el aeropuerto con la ciudad.

Hasta mediados del siglo xx, la ciudad estaba formada por grupos de casas circulares de piedra y techo de paja, de dos pisos: el inferior para los animales y el superior para vivienda de las personas. Estaban habitadas principalmente por sacerdotes. En la actualidad se encuentran casi todas deshabitadas y, en cambio, se han levantado numerosas infraviviendas con las paredes de adobe y las cubiertas de chapa o fibrocemento que se intercalan con edificios construidos al estilo convencional en occidente, de varias plantas, en su mayoría establecimientos hoteleros destinados a acoger a los turistas que, cada vez en mayor número, se acercan a Lalibela.

Pese a estos avatares urbanísticos, la suerte de las iglesias permanece intacta. Las iglesias de Lalibela no son pequeños santuarios rupestres, sino grandes templos, algunas de más de diez metros de altura, excavadas en la roca por debajo del nivel del terreno y comunicadas por un laberinto de zanjas, túneles y pasadizos en cuyos laterales, a su vez, se encuentran excavadas tumbas, catacumbas y celdas de ermitaño. Es como un pueblo subterráneo tallado con asombrosa precisión y detalle, que resulta sobrecogedor cuando es visitado. Y ciertamente, si es posible la existencia de algún lugar que pudiera hacer pensar en una intervención sobrenatural, ese lugar bien podría ser Lalibela. La creación de esta ciudad de iglesias sigue siendo un misterio, envuelta en una áurea legendaria. Pero, antes de abordar las leyendas sobre su origen, es necesaria una breve introducción histórica.

Reseña histórica

A pesar de haber sido un lugar de peregrinación ampliamente conocido en Etiopía, solo unas pocas menciones de Lalibela llegaron a Occidente antes del siglo xvi. En 1523, el veneciano Alessandro Zorzi la menciona en una obra llamada Itinerarios como un gran lugar de peregrinaje, a partir de la información facilitada por un religioso franciscano. Previamente, en el siglo xiii, el armenio Abu Salih habló de dos iglesias dedicadas a san Jorge y san Miguel, donde los reyes etíopes eran coronados. Otras fuentes, como la Historia de los patriarcas de Alejandría, mencionan la existencia de grandes y maravillosas iglesias en Roha[1]. El primer europeo que conoció directamente Lalibela fue el sacerdote portugués Francisco Álvares en 1521, autor del libro Preste Juan de la Indias[2], a quien debemos la primera descripción de las iglesias, dudando él mismo de que sus compatriotas le creyeran: «Me cansaba escribir más de estas maravillas, puesto que me parecía que me acusarían de falsedad […] hay mucho más de lo que ya he escrito, y lo he dejado para que no me acusen de decir mentiras». En 1487, el mismo año en que Bartolomé Días inició el viaje que le llevó a doblar el cabo de Buena Esperanza, el rey Juan II de Portugal envió a dos emisarios, Alfonso de Paiva y Pêro da Covilhã, para que entablasen contacto con Preste Juan, a quien identificaban con el misterioso soberano etíope. El primero murió camino de Etiopía. El segundo tuvo mejor suerte y consiguió entrevistarse con el Preste Juan, pero fue retenido en el país, se casó y tuvo descendencia. Pese al fracaso de la misión, los portugueses no desistieron del empeño de establecer relaciones con tan legendario reino. En 1514, un embajador de la reina regente de Etiopía llega a Lisboa. El rey de Portugal, don Manuel, organiza una embajada de vuelta al mando de Duarte Galvão, pero este muere y la misión se retrasa. Se vuelve a organizar en 1520, esta vez a las órdenes de Rodrigo de Lima, a quien acompaña el mencionado Francisco Álvares. El 24 de julio de 1524, la expedición regresó a Lisboa acompañada de un embajador etíope. A la llegada, «disse-lhe el Rei que […] nos mandaria chamar, para que inteiramente lhe déssemos nova do Preste João»[3]. El mito empieza a resquebrajarse. A lo largo de la segunda mitad del siglo xvi, Etiopía hubo de hacer frente a varias amenazas. Sus reyes tuvieron que resistir por un lado la presión militar de la flota turca del Índico, pero, sobre todo, tuvieron que hacer frente al proselitismo religioso de sus aliados portugueses, que acabaron por descubrir que Preste Juan, al que confundieron con el rey de Etiopía, era en realidad un hereje monofisita[4], tratando en consecuencia de convertir al catolicismo a los sucesivos monarcas, aunque sin obtener el éxito deseado. En 1564, otro portugués, Miguel de Castanhoso[5], narró su viaje por la tierra de Preste Juan, donde vio, en lo alto de una montaña, extraordinarias iglesias hechas de una sola pieza. Según le informaron los habitantes locales, fueron esculpidas por hombres blancos. Asimismo, le dijeron que el caudillo musulmán Mohamed Ahmad Ibn Ibrahin, conocido como el Zurdo, abandonó su plan de destrucción de Lalibela proponiendo transformar las iglesias en mezquitas, lo que finalmente no pudo llevar a cabo. Sí que destruyó, sin embargo, tabots[6] y cruces, y saqueó alfombras, sedas y oro. En el siglo xix se retomó el interés por el estudio de Lalibela tras la expedición militar de castigo inglesa comandada por el general lord Napier contra el emperador Tewodros II, que había desafiado a la reina Victoria encarcelando a los diplomáticos y misioneros ingleses que se encontraban en Etiopía. Un alemán llamado Gerhard Rohlfs, que viajó con Napier, visitó Lalibela después de la campaña en 1868 y publicó sus observaciones en un libro titulado Land und Volk in Afrika, en el que describe sucintamente las iglesias y varios de los objetos preciosos que contenían.

La historia de Etiopía es un relato épico basado a partes iguales en el orgullo y la leyenda falaz, en la bravura y en la desdicha, en la realidad y en el mito. Etiopía es uno de los países más pobres de la tierra, pero posee una cultura singular puesta de manifiesto en su riqueza lingüística (más de ochenta lenguas y dialectos) y en su religión cristiana ortodoxa, y ocupa un territorio que, a modo de isla en medio de un mar islámico, ha conservado su fe a pesar de las hostilidades y acosos recibidos desde el exterior. Etiopía es el único país africano que nunca ha sido colonizado, si exceptuamos el breve periodo de ocupación por la Italia fascista entre 1936 y 1941. Su lengua oficial es el amhárico, que posee una escritura con caracteres propios y únicos, no compartidos por ningún otro idioma del mundo. La historia de sus gobernantes es en buena parte inventada, y nace del mito del rey Salomón y la reina de Saba. Sin embargo, la creencia en la existencia de una dinastía salomónida, que ha perdurado casi hasta nuestros días, sigue estando profundamente arraigada en el imaginario colectivo. El supuesto origen divino de los monarcas etíopes ha hecho que política y religión fueran de la mano durante siglos. A ello ha contribuido en gran medida el aislamiento del país durante cientos de años a todo contacto con otros pueblos, sobre todo a partir del reinado del emperador Fasilidas, que en 1632 reinstauró la iglesia ortodoxa y expulsó a todos los extranjeros de su Imperio. Con anterioridad, el país vivió un breve periodo de conversión al catolicismo, cuando los emperadores Za Dengel (1603-1604) y, sobre todo, Susneyos (1607-1632), padre de Fasilidas, prohibieron la iglesia ortodoxa, el segundo influido por su amigo y consejero, el jesuita español Pedro Páez quien, además, fue el descubridor del nacimiento del Nilo Azul en el lago Tana. Entre 1640 y 1770, el único europeo que pudo entrar en Etiopía fue un médico francés. Pero volvamos a los orígenes. Los etíopes no tienen duda, encargándose la tradición oral de transmitirlo, de que su país fue fundado por Etiópico, tataranieto de Noé. Su hijo, llamado Axumai, fundó la capital de Axum y una dinastía que reinó durante 97 generaciones. La última reina, según la creencia tradicional, tuvo por nombre Makeda, y gobernó Etiopía y Yemen durante 31 años, entre los siglos xii y x a. C., y para los etíopes no era otra que la legendaria reina de Saba, habida cuenta de que dicho reino se situaba precisamente en Yemen. Se dice que, al inicio de su reinado, la reina de Saba visitó al rey Salomón en Jerusalén, intercambiándose regalos e iniciando, aparentemente, lo que sería una sana amistad entre los dos monarcas. Sin embargo, la cosa parece que fue mucho más allá, pues la reina acabó convirtiéndose al judaísmo y regresó a su país embarazada de un hijo del rey Salomón, el que a la postre sería Menelik I, rey de Etiopía y primero de la dinastía salomónida, que ha gobernado Etiopía casi sin interrupción hasta 1974, cuando el último emperador Haile Selassie fue depuesto por los militares revolucionarios del DERG, al mando del coronel Mengistu Haile Maryam. Menelik decretó que la línea sucesoria, a partir de él, solo podía ser ocupada por varones, relegándose el papel de las mujeres a ocupar el cargo de regentes cuando el sucesor al trono no hubiera alcanzado la mayoría de edad. A los 22 años, Menelik acudió a Jerusalén para visitar a su padre, quedándose tres años junto a él aprendiendo la ley de Moisés. Llegado de momento del retorno, le fue ofrecido el reino de Israel como primogénito de Salomón, honor que rechazó volviendo a Etiopía, pero, eso sí, acompañado de un séquito compuesto por los hijos mayores de los altos comisionados del rey judío y de mil personas pertenecientes a cada una de las doce tribus de Israel. Un acompañante un tanto especial fue Azarías, hijo mayor del sumo sacerdote del templo de Jerusalén, quien tuvo un sueño en el que le fue revelado que Menelik debía llevarse consigo el objeto más venerado de la fe judaica: el arca de la Alianza. Salomón, al descubrir la ausencia del arca, mandó a sus soldados perseguir al séquito de Menelik, pero también él soñó que su hijo tenía que llevarse consigo el arca, por lo que guardó secreto de lo acontecido. Desde entonces, el arca ya no salió de Etiopía, conservándose en la iglesia de Santa María de Sion, en Axum. Menelik proclamó, además, al pueblo etíope como «el pueblo elegido» por Dios para guardar y custodiar el arca. Para la mayoría de los etíopes, se trata de una versión incuestionable de los hechos, pero los historiadores occidentales nunca le han dado demasiado crédito. Para los más fervientes defensores de la leyenda, el arca de la Alianza todavía sigue en la iglesia de Axum, aunque nadie pueda verla ni lo haya hecho nunca, excepto su guardián. Los italianos la buscaron infructuosamente durante la ocupación del país, se dice que gracias a que los sacerdotes se adelantaron trasladándola a lugar secreto y seguro.

La realidad es que, durante tan larga singladura, se han ido sucediendo diversas dinastías ocupando el trono etíope, autoproclamando todas ellas su origen salomónico de forma tan falaz como convincente para ese pueblo. Una de ellas fue la dinastía Zagwe, de la que nos vamos a ocupar con un poco de detenimiento, pues durante su reinado fue construida Lalibela.

La dinastía fundada por Menelik dio lugar al periodo conocido como imperio axumita, que se extendía desde la costa del actual Sudán hasta el río Nilo. El rey axumita más poderoso fue Ezana, quien gobernó durante la primera mitad del siglo iv e, influido por dos cristianos sirios, Frumentio y Edisio, hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio. Frumentio fue consagrado primer obispo de Axum, comenzando la creación de numerosos templos excavados en la roca por la zona de Tigray y lo que hoy es Adís Abeba. Los sucesores del rey Ezana tuvieron que luchar contra religiones enemigas, tales como el judaísmo y el islam, después de que la fe musulmana arraigara con fuerza en Arabia. Uno de ellos fue Kaleb (514-530) que, después de su victoria sobre el imperio Himyar en el sur de Arabia, se hizo monje y llegó a convertirse en un importante santo de la Iglesia etíope, lo mismo que su hijo Gabra Maskal. Entre los años 750 y 1270, el reinado axumita se convirtió en el precursor de la Etiopía que conocemos, expandiendo el cristianismo a las comunidades judías de la región del lago Tana, de Lasta (cerca de Lalibela) y hacia el sur hasta la actual Showa, abarcando la mayoría de las tierras altas etíopes. Durante este periodo es probable que la Iglesia etíope alcanzara la influencia y la importancia que ha mantenido hasta hoy. Hacia el final del primer milenio, las tradiciones sitúan en el trono a una reina llamada Yodit (Judith), nacida en Lasta e hija de un rey falasha[7] llamado Gideon en un momento de gran tensión religiosa. Se cree que Yodit unió a los falasha organizando una marcha hacia Axum con el fin de erradicar el cristianismo en Etiopía. La ciudad sagrada fue reducida a escombros y numerosos asentamientos cristianos fueron destruidos. Así mismo, se cree que Yodit condenó a muerte a miles de cristianos durante su reinado. Desde el punto de vista del rigor histórico, si puede aplicarse a acontecimientos tan poco conocidos y mal documentados, parece que este reinado del terror tuvo lugar a finales del siglo x. Según la tradición, la reina Yodit murió en el año 892 como consecuencia de un torbellino que la arrastró, siendo enterrada en una tumba señalada con un monolito de piedras. Tras su muerte, el heredero salomónico Anbessa Wudin derrotó a los falasha en Axum reclamando su derecho al trono, aunque no lo consiguió. En el año 922, el rey D’il Nead fue derrocado por uno de sus generales, Tekle Haymanot, quien, autoproclamándose rey, adoptó el nombre de Zagwe, dando inicio a la dinastía homónima. Ni las fechas de aparición de esta dinastía, ni el número de reyes que la integraron, ni el momento de su conversión al cristianismo están claros. Existen diversas listas de reyes, que difieren en las fechas y en las genealogías. Una de las más citadas es la siguiente[8]: Tekle Haymanot (980-995), Wedem (995-1030), Djan Seyoum (1030-?), Gherma Seyoum (?-1110), Imrahana Christos (1110-1150), Keddus Harbe (1150-1182), Lalibela (1182-1220) y Naacutelab (1220-1268). Otra, como la propuesta por Sergew Hable Selassie[9], incluye dieciséis monarcas desde 920 hasta 1253. Lalibela ocuparía el puesto catorce (1133-1173).

Lo que parece más claro es que los monarcas de la dinastía Zagwe trajeron un periodo de mayor estabilidad y unidad a Etiopía. El rey más conocido se llamaba Lalibela y, según la tradición eclesiástica, fue durante su reinado cuando el cristianismo alcanzó su punto álgido, con la construcción de las iglesias excavadas en roca en Roha, capital del reino, que después adoptaría el nombre de Lalibela en honor al rey. De acuerdo con lo estimado por los historiadores, esto habría tenido lugar a finales del siglo xii. No obstante, parece más posible que la construcción de las iglesias se prolongara durante un periodo mucho más largo, lo que no es necesariamente incompatible con la tradición eclesiástica[10]. Según una de las leyendas que explican la construcción de las iglesias, Lalibela era hermano del monarca reinante. Siendo joven, fue atacado por un enjambre de abejas, lo que su madre interpretó como una señal divina que auguraba su futuro reinado. Al rey no le hizo ninguna gracia semejante profecía, por lo que intentó envenenar a su hermano menor. Sin embargo, lo que consiguió con el veneno no fue matarlo, sino sumirlo en un sueño que duró tres días. Durante el sueño, Lalibela fue ascendido al cielo por un ángel, donde se le mostró una ciudad de iglesias excavadas en la roca, ordenándosele su reproducción en el mundo terrenal. Simultáneamente, su hermano mayor tuvo una visión en la que Jesucristo le ordenó que abdicara a favor de su hermano. Otra leyenda dice que Lalibela se marchó exiliado a Jerusalén y que allí recibió la inspiración para crear una nueva Jerusalén de roca en Roha. Apenas fue coronado, Lalibela reunió a los mejores canteros y escultores con el objeto de esculpir las iglesias. Así mismo, la legendaria historia de su construcción menciona que al menos una de las iglesias se construyó en un solo día con la ayuda de ángeles. Ciertamente, la excavación de las iglesias sigue siendo un misterio, y su origen continúa envuelto en la leyenda. Fuentes entendidas estiman que para esculpirlas serían necesarias al menos unas cuarenta mil personas. El fin de la dinastía Zagwe se sitúa en el año 1268, cuando subió al trono Yekuno Amlak, también declarado descendiente de la dinastía de Salomón. En cualquier caso, la dinastía Zagwe reforzó considerablemente el poder de Etiopía y de la cristiandad. Mantuvo una estrecha relación con Alejandría, a la que solicitaban patriarcas para la Iglesia etíope. Soberanos de esta dinastía consiguieron, nada menos, que el sultán Saladino les concediera una iglesia y dos habitaciones en la residencia copta de Jerusalén, por entonces bajo el poder otomano. Posteriormente, adquirieron otra iglesia cerca de la gruta de Belén. De este modo, fomentaron su compromiso con la fe cristiana, y esta puede haber sido una de las razones que consolidaron la leyenda de Preste Juan, el mítico rey cristiano en el corazón de África, en Europa. Muchos autores opinan que el nombre de Preste Juan deriva del amárico janhoy, antiguo título real que se traduce como ‘elefante’. Otras sostienen que procede de la palabra jan, utilizada para dirigirse a los reyes, a su vez procedente de jano, que era una larga toga con borde rojo vestida por los soberanos. El título de Negus (rey de Etiopía) es el más utilizado, no obstante, en amárico. Además, en el siglo xiii todos los reyes de Etiopía se consideraban presbíteros o consagrados.

La Iglesia etíope recibe el nombre de copta por la palabra árabe qubt, procedente a su vez del griego aigyp[os], que era el nombre usado para referirse a las poblaciones cristianas de Egipto después de la conquista musulmana. La Iglesia etíope siguió el culto ortodoxo egipcio y sus patriarcas eran enviados desde Alejandría hasta la década de los cincuenta del pasado siglo. Los cristianos etíopes son monofisitas, al igual que los cristianos egipcios, sirios y armenios. El concilio de Calcedonia (451) supuso la separación de coptos y católicos en dos iglesias distintas, pues para los segundos el monofisismo era una herejía. Hay más diferencias entre ambos credos cristianos. Por ejemplo, aunque la Iglesia etíope ora por sus difuntos, no cree en la existencia del purgatorio. Se practica la eucaristía con pan y vino, como en la última cena, pero sin necesidad de confesión. El culto etíope, aislado durante siglos, ha preservado intactas antiguas tradiciones, algunas de ellas derivadas del judaísmo. Se adora a muchos santos en común con la Iglesia de Occidente. De hecho, reconoce a todos los santos anteriores al concilio de Calcedonia y a los santos de la Iglesia copta de Alejandría. Los primeros concilios ecuménicos se organizaron con la intención de combatir herejías. Así, el segundo (Constantinopla, 381) apoyaba la condena de Arrio y el tercero (Éfeso, 431) la condena de Nestorio. En el IV concilio ecuménico (Calcedonia, 451), contra los monofisitas, el papa León I presentó una fórmula para el nuevo símbolo de la fe que contó con el apoyo de los padres orientales, pues era consecuente con el pensamiento de san Cirilo. Se proclamaba un solo y mismo Cristo, Hijo, Señor, unigénito, sin confusión, sin separación, sin que la diferencia de las dos naturalezas sea de ningún modo eliminada por la unión, sino que las propiedades de cada una quedan reunidas en una sola persona. Sin embargo, la proclama de Calcedonia no fue aceptada en su totalidad por parte de la cristiandad oriental, hasta el punto de hacer inevitable la separación de las iglesias monofisitas[11]. Hay santos propios de la tradición etíope, como los nueve santos que llegaron en el siglo v de un lugar llamado Rom, en realidad el Imperio bizantino, para restaurar la pureza de la fe. Sus nombres son Afsè, Al’ef, Garima, Guba, Lebanos, Pantalewon, Sahma, Yama’ta y Za-Mikael Argawi. Enseñaron el evangelio con su ejemplo y fundaron numerosos monasterios en lugares aislados e inaccesibles. Za-Mikael Argawi se estableció en Debre Damo, en un lugar al que solo se puede acceder escalando, por lo se representa en la iconografía con una serpiente que le ayuda a subir por las rocas. Yama’ta es particularmente venerado en Tigray, donde se encuentra una bella iglesia tallada en la roca dedicada a él. Con anterioridad a la llegada de los nueve santos, la vida monástica ya estaba arraigada en Etiopía gracias a un movimiento venido de Egipto en los siglos iv y v. Un notable monje fue Abba Yohannes, quien fundó el monasterio de Debre Sina (monte Sinaí). Otro santo destacado fue Abba Yared, creador de la música litúrgica etíope. El más importante santo etíope, Tecle Haimanot, del siglo xiii, se representa con una sola pierna sosteniendo la otra en su mano, pues, según la leyenda, vivió durante muchos años sostenido sobre una sola pierna, hasta que se le rompió. Obtuvo de Yekuno Amlak, el restaurador de la dinastía salomónida, un tercio de las tierras del reino, derecho que se reservó al emperador Tewodros II en el siglo xix. No obstante, solo unos pocos de los santos de la Iglesia etíope están representados o son adorados en Lalibela, la mayoría mártires de los primeros siglos del cristianismo.

Descripción de las iglesias

Las iglesias de Lalibela se encuentran divididas en dos grupos, noroeste y sudeste, separados por el río Jordán. Se trata de un río cuyo cauce es artificial, ya que fue excavado sobre las rocas al mismo tiempo que se esculpieron las iglesias. Su origen es igualmente legendario, pues se cuenta que recibió su nombre después de que el rey Lalibela regresara de Jerusalén. En la parte inferior del cauce, una cruz de piedra marca la santidad del lugar. El grupo del noroeste se compone de ocho iglesias: Bete Medhani Alem, Bete Maryam, Bete Meskel, Bete Danaghel, Bete Debre Sina, Bete Golgotha, Biet Uraiel, la capilla Selassie, la Tumba de Adán y las grutas de Petros y Paulos. Se dispone a lo largo de la ladera de la montaña con varios accesos, el principal en su lado oeste a través de la Tumba de Adán y dos secundarios en los lados sur y suroeste, respectivamente. También es accesible desde la parte superior de la montaña por medio de unos escalones tallados en la roca en época reciente, donde se sitúa la entrada oficial en la que los visitantes adquieren sus pases. Las iglesias pertenecientes a este grupo siguen una alineación este-oeste, a la que algunos estudiosos atribuyen un significado teológico relacionado con la encarnación y la redención. Lo primero estaría representado en la iglesia de Bete Maryam (iglesia de María), que engendró al Salvador en su vientre haciendo posible el milagro de la encarnación. Lo segundo correspondería a las iglesias de Bete Meskel, Bete Golgotha y Selassie, que simbolizan la pasión y muerte de Jesús, y a la iglesia de Bete Medhani Alem (iglesia del Salvador del Mundo).

El grupo del sudeste está compuesto por cuatro iglesias: Bete Merkorios, Bete Emanuel, Bete Abba Lebanos y Bete Gebriel-Rafael, más la sacristía de Bethelehem. Separada de los dos grupos, se encuentra la iglesia de Bete Giyorgis, la más impresionante y emblemática de todas. Esta y las del grupo noroeste se construyeron excavadas por debajo del nivel del suelo, rodeadas de zanjas, fosos y pasadizos, completamente separadas o con una cara adosada a la roca. Las del grupo sudeste fueron excavadas en una cara vertical de la roca, aprovechando oquedades y doseles de la misma. Debido a los daños causados por las filtraciones del agua de lluvia en la roca (basalto y arenisca), las iglesias, con la excepción de Bete Giyorgis, se protegieron hace unos años con unas cubiertas artificiales gracias a la ayuda económica de la Unión Europea y de la Unesco.

La iglesia de Bete Medhani Alem (iglesia del Salvador del Mundo) es la más oriental del grupo noroeste, y también la más grande iglesia monolítica excavada en roca del mundo. Se sitúa dentro de un patio de 10 m de profundidad, 40 m de longitud y 38 m de anchura. La altura de la iglesia es de 11 m, la anchura exterior de 23,5 m y la interior de 19,5 m. La longitud exterior es de 33,5 m y la interior de 26 m. Ocupa una superficie de 800 m2. El patio es en realidad un ensanche de la zanja perimetral que rodea por completo el edificio. Las únicas aperturas en sus paredes son algunas catacumbas en la esquina noroeste, una cueva-habitación en el lado sur y la entrada que conduce a la galería que lleva a Bete Maryam. El edificio es sencillo, de aspecto macizo, rodeado por treinta pilares rectangulares y otros cuatro cuadrados, cada uno en una esquina. Se encuentra elevado sobre un pedestal, más alto en su lado norte, donde se alcanza la entrada por medio de una escalera. Las paredes son lisas y bien talladas, adornadas por dos hileras de ventanas. La inferior es de estilo axumita, con formas de cruz, de diversas clases, y de cerradura. Las ventanas de la hilera superior tienen forma básicamente de cerradura. En el lado este se abre una ventana rectangular por encima de la hilera superior. En el lado norte, las ventanas de estilo axumita son más grandes. En el lado sur se encuentra una entrada con forma de cerradura a la que se accede sin escalones, mientras en el lado oeste la entrada es de tipo axumita coronada por dos aperturas con forma de cerradura. La entrada principal se encuentra en el lado norte, también de estilo axumita, enmarcada en un arco con forma de cerradura y decorado con motivos vegetales.

Un friso decorado con arcos separa los pilares del tejado. En su interior se disponen dos estancias separadas: una sería el atrio y la otra el ábside. La parte central se divide en cinco naves transversales y otras tantas longitudinales por medio de cuatro hileras de cuatro pilares conectados por arcos, lo que da al templo un aspecto que recuerda al de las iglesias europeas medievales. Dentro se encuentran veintiocho pilares, de los cuales doce se localizan en la parte del atrio y del ábside. La parte central tiene el techo abovedado y el resto plano. Todos los elementos estructurales están recorridos por frisos con formas geométricas. Algunos le encuentran semejanza con los templos griegos, sugiriendo una posible inspiración en la iglesia de Santa María de Sion, en Axum, construida por el rey Ezana. Su interior es austero, albergando la cruz de Lalibela, que tiene 800 años de antigüedad. Se dice que está hecha de oro macizo, que pesa siete kilos y que fue propiedad personal del rey Lalibela. Tras el arca de la Alianza, es el objeto más preciado de la Iglesia etíope. En 1997 desapareció de su lugar, causando un fuerte sentimiento de dolor y desamparo en el pueblo. No se supo nada del paradero de la cruz hasta dos años después, cuando fue descubierta por los funcionarios de aduanas en el equipaje de un anticuario belga que regresaba a Bruselas desde Etiopía. La cruz pudo ser devuelta a su emplazamiento legítimo en 1999. En las paredes que la rodean hay excavadas varias tumbas y cuevas de ermitaños (catacumbas).

Desde Bete Medhani Alem, a través de un corto túnel, se llega a un patio donde se encuentran tres iglesias: Bete Maryam, Bete Meskel y Bete Danaghel. La iglesia de Bete Maryam (iglesia de María) es la más grande, aunque menor que Bete Medhani Alem, igualmente monolítica. Mide 10 m de altura, 16 m de longitud (incluyendo el porche) y 17 m de anchura (igualmente, incluyendo el porche). Se sitúa en el centro de un patio trapezoidal al que se accede por una zanja de 50 m que acaba en unas escaleras. Antes de llegar a ellas, la zanja se divide en dos: a la derecha conduce a Bete Medhani Alem y a la izquierda a la Tumba de Adán. La iglesia se dispone sobre un pedestal de desigual altura para compensar el desnivel del suelo. La primera hilera de ventanas es de estilo axumita, mostrando formas cruciformes de distintos tipos (cuadrada o griega, gamada o esvástica, latina, de san Andrés, de san Antonio, etc.). En la segunda hilera solo se encuentra abierta una ventana central con forma de cruz latina. La tercera hilera está formada por ventanas cuadradas o rectangulares. Sus tres puertas están enmarcadas con porches que han sido restaurados. Por encima de la entrada principal, en el lado oeste, un bajorrelieve bastante deteriorado representa dos figuras a caballo persiguiendo a dos animales. Otras figuras parecen representar un cocodrilo, un león alado y un gran pájaro. El interior se divide en tres naves por medio de dos hileras de cinco pilares, más otros dos en el sancta sanctorum. Los capiteles, ménsulas y arcos están profusamente tallados y pintados. Los arcos conectan los pilares transversal y longitudinalmente. La bóveda de la nave central muestra restos de pinturas. Las de las naves laterales son más bajas y están decoradas con flores. Los tres ábsides, de escasa profundidad, están tallados en la pared, situados a un nivel superior y separados del resto de la iglesia por una arcada. Enfrente de la arcada se dispone un pilar carente de base y de capitel y completamente envuelto en telas, debajo de las cuales se encuentran gravados los diez mandamientos en griego y, en ge’ez, la historia de cómo fueron construidas las iglesias y la historia del origen y del fin del mundo. Según los sacerdotes, sería muy peligroso destapar el velo y exponer lo que esconde a la vista de seglares y paganos. Dispone de una galería para mujeres a la que se accede por una puerta axumita en el lado izquierdo del atrio. Un friso de ventanas axumitas recorre la pared de la galería de mujeres. Todo el interior se encuentra decorado con relieves y pinturas que representan escenas tales como la anunciación a Zacarías, la visitación de María a Isabel, la cena en la casa de Simón y el paralítico curado con su cama, así como símbolos religiosos entre los que se distinguen la cruz de Lalibela, la estrella de David, la esvástica, un águila de dos cabezas, la paloma, el ave fénix, el pavo… y símbolos locales como cebúes voladores, un elefante, un camello, etc., todos realizados con extraordinario realismo. El piso superior dispone de siete estancias para guardar tesoros. Por su advocación mariana, es muy popular entre los etíopes y la más utilizada para cultos y ceremonias de todas las iglesias de Lalibela.

Adosada a la pared norte del patio se encuentra la pequeña iglesia de Bete Meskel (iglesia de la Santa Cruz), de apenas 9 × 4 m. Su apariencia es más de capilla que de verdadera iglesia, pero dispone de autonomía litúrgica, de modo que su posición no deja lugar a dudas. Se trata de una sencilla galería excavada en la roca, a un nivel inferior que Bete Maryam. Consta de dos estancias separadas por tres pilares cuadrados con base y capitel, que soportan arcos o arquitrabes. La iglesia se comunica con una oscura cueva de uso desconocido, tal vez una cripta o un almacén. De las dos estancias, la esculpida con mayor esmero se encuentra a nivel inferior, circundada por un escalón a lo largo del perímetro interno y con una gran cruz tallada en el techo. La fachada está decorada con diez lunetas que representan los diez mandamientos. Hay también dos ventanas: una tiene forma de cruz doble y la otra de cruz de Malta con agujeros ovalados entre sus brazos. En el fondo del lado derecho hay una ventana con forma de cruz griega.

En la pared sur del patio, y aún menor, se halla la iglesia de Bete Danaghel (iglesia de las Vírgenes), dedicada a las cincuenta monjas cristianas que fueron asesinadas por el gobernador romano Juliano el Apóstata en el siglo iv, cuya leyenda se encuentra en el Libro de los mártires etíopes. Mide 8,6 m de longitud y 3,6 m de altura, y se encuentra parcialmente por debajo del nivel del suelo del patio. Se sitúa en el lado derecho de Bete Maryam. Su estructura es muy simple, con cuatro pilares que soportan arcos redondeados y el techo plano que adquiere forma abovedada sobre el altar. La conexión de dos de los arcos, frente a la entrada, no se apoya en ningún pilar. El suelo está toscamente esculpido debido a la mayor dureza de la roca. Pese a su modestia, se considera una iglesia normal, utilizada también como cámara de oración. En el suelo del patio se encuentran excavadas una pila bautismal y otra pila más grande a modo de piscina, de 11 m de profundidad, donde son sumergidas las mujeres que no consiguen quedarse encinta con la creencia de que desaparecerá su esterilidad. Al encontrarse el nivel del agua unos dos metros por debajo del suelo del patio, las mujeres deben ser descendidas mediante un arnés y una cuerda.

En un tercer patio del grupo noroeste, se encuentran las iglesias gemelas de Bete Debre Sina (iglesia del monte Sinaí) y Bete Golgotha (iglesia del Gólgota o del Calvario) que, junto con una celda de ermitaño cruciforme conocida como la Tumba de Adán, forman el llamado «complejo funerario». Su ambiente húmedo y oscuro le confiere un halo de santidad. Según una leyenda, el rey Lalibela está enterrado bajo el suelo del complejo funerario y la losa bajo la que reposa tiene poderes curativos. No es posible levantarla si no es con permiso de la autoridad eclesiástica. Por debajo de Bete Golgotha se encuentra la capilla Selassie, considerada el lugar más sagrado de Lalibela. El complejo que incluye Bete Debre Sina, Bete Golgotha y Selassie tiene una longitud de 25 m en su muro oeste; 9,5 m en el muro este; 11 m en el muro sur, y 10,5 m de profundidad de zanja. Por el lado este se encuentra conectado a la roca en la mitad de su longitud. La parte libre se alza sobre un pedestal formado por tres escalones. Se accede desde la zanja mediante tres escalones inclinados. Los muros externos tienen dos hileras de ventanas: las inferiores cruciformes y las superiores con forma de cerradura. En el lado este, dos de ellas están decoradas con palmas y tienen arcos apuntados. Ambas permiten la entrada de luz al interior de la celda de Jesús y a la cripta de Selassie.

El interior de Bete Debre Sina tiene una planta rectangular de 9,5 × 8,5 m, 5 m de altura, y se divide en tres naves mediante dos hileras de pilares cruciformes coronados por capiteles decorados con cruces griegas. En el muro norte, una angosta puerta flanqueada por arcos decorados con garras y cruces griegas conduce a la capilla de Bete Golgotha, cuyas dimensiones son iguales a las de la anterior. Se divide en dos naves separadas por tres pilares cruciformes. Su interior es el único lugar de Lalibela donde no está permitido el acceso a las mujeres. Hay siete relieves de santos de tamaño real tallados en las paredes, si bien los nombres que aparecen sobre ellos son posteriores y no guardan relación con las figuras. En la esquina noreste hay un bajorrelieve que representa a Cristo muerto protegido por la figura de un ángel. En el lado opuesto se encuentra la llamada «Celda de Jesús», y una puerta abierta en la misma nave lleva a la cripta de Selassie. Su planta es trapezoidal y sus muros tienen forma de herradura formando una bóveda en el techo, sostenida por un pilar de 5,4 m de altura. La cripta contiene tres altares monolíticos.

La última iglesia del grupo noroeste es Biet Uraiel, situada muy próxima a la Tumba de Adán y difícil de reconocer desde el exterior, al carecer de ventanas y fachadas aparentes. Su interior es muy sencillo, sin apenas ornamento, semejando más una gruta, con el sancta sanctorum adosado a la roca. Contiene algunas pinturas interesantes, como la que representa la escena de Longinos atravesando el cuerpo de Cristo con su lanza en la crucifixión, o aquella en la que aparecen la sagrada familia, el arcángel san Gabriel y cuatro patriarcas de la Iglesia ortodoxa.

La salida occidental del patio está en la base de la Tumba de Adán, cuyo interior está decorado con pinturas de los reyes de Lalibela. Esta celda mide en su parte externa 2 m de longitud, 3,5 m de anchura y 5,5 m de altura, situada al final de la zanja de 25 m de longitud que conduce a las iglesias del grupo noroeste. En cuanto a su significado, una interpretación bastante aceptada sería servir de introducción a este grupo de iglesias, ya que se cree que la cruz de Cristo fue clavada sobre la tumba de Adán. En el lado izquierdo, se abren cinco pequeñas ventanas con forma de cruz coronadas por dos aperturas semicirculares más grandes, y por encima de ellas una gran ventana con travesaños cruzados y cabezas de monos. En el lado derecho hay una puerta y dos ventanas con forma de garra a ambos lados, y por encima dos ventanas con forma de cerradura. Tras cruzar la galería de entrada, dentro de la Tumba de Adán encontramos, a la izquierda, las grutas de Petros y Paulos, y a la derecha, la entrada a la zanja que rodea Bete Golgotha, Bete Meskel y Selassie. Las grutas de Petros y Paulos, también llamadas Biet Hawaryat, consisten en tres habitaciones conectadas entre sí, groseramente excavadas en la roca. La primera de las estancias recibe la luz exterior a través de cuatro ventanas cruciformes. La segunda dispone de una apertura hacia la misma zanja. No se conoce muy bien la finalidad de estas grutas, aunque la existencia de dos toscos pilares en la primera habitación parece sugerir la posibilidad de que se tratara de una iglesia cuya excavación se inició, pero por razones desconocidas luego fue abandonada.

Las iglesias del grupo sureste tienen un aspecto menos homogéneo en cuanto a su estilo constructivo. De hecho, se duda de que en su origen tuvieran una finalidad religiosa, ya que no se disponen siguiendo la orientación este-oeste. Para otros, no hay duda de este extremo por cuanto representan el cielo, el purgatorio y el infierno[12], o bien representan la Jerusalén celestial, mientras el primer grupo representa la Jerusalén terrenal. Todo el conjunto se encuentra dentro de una gran zanja, que en algunas zonas se estrecha considerablemente y alcanza cierta altura. Se accede a través de cuatro puntos, y toda una serie de túneles y pasadizos interiores conectan entre sí las iglesias. Uno de los túneles, el que conecta Bete Emanuel con Bethelehem, mide 50 m y tiene que ser recorrido completamente a oscuras.

A través de una estrecha zanja se accede a la iglesia de Bete Gebriel-Rafael (iglesia de los arcángeles Gabriel y Rafael), cruzando por una pasarela de madera construida por los italianos durante la ocupación (1935-1941). Por su apariencia de fortaleza, algunos estudiosos del tema han considerado la hipótesis de que se tratara de la residencia del rey Lalibela. Estudios más recientes parecen sugerir que esta iglesia, junto con la de Bete Merkorios, fue excavada como centro de un complejo palaciego fortificado en los siglos vii y viii, cuando el Imperio axumita se encontraba en proceso de desintegración. De ser así, son bastante anteriores al reinado de Lalibela y, por tanto, también a las iglesias del grupo noroeste. Vista desde el exterior, la iglesia de Bete Gebriel-Rafael se presenta imponente, al parecer aún más alta por la grieta que tiene debajo. El patio circundante tiene una altura entre 9 y 15 m. En la base del pedestal que hay a la entrada de Bete Gebriel, hay una trampilla que lleva a una habitación subterránea de unos 8 × 10 m, sostenida por un pilar. El exterior de la iglesia mite 17,5 m de anchura y 19,5 m de longitud. El complejo presenta también características peculiares no compartidas con las restantes iglesias. Por ejemplo, carece de la división interna en naves y tampoco sigue la orientación habitual. En la fachada se encuentran siete hornacinas ojivales, cinco de ellas con su correspondiente ventana de la misma forma, y las otras dos con puertas abiertas sobre el pedestal. En el corto lado nordeste hay una hornacina similar. Los otros dos lados están unidos a la roca. La puerta que conduce a Bete Rafael tiene también forma ojival, mientras la de acceso a Bete Gebriel tiene un marco decorativo de estilo axumita. El interior resulta más pequeño de lo que el imponente exterior insinúa. Se compone de dos capillas con plantas diferentes e irregulares. La del oeste es la de Bete Rafael y tiene dos pilares. La del este es la de Bete Gebriel y se encuentra dividida en dos espacios por medio de dos pilares, y tiene además dos celdas internas comunicadas entre sí, la segunda de ellas con tres hondas ventanas al patio en la trasera. Ambas capillas se comunican por medio de una puerta. La única decoración interior son tres cruces latinas talladas en la pared. Bete Gebriel tiene otra puerta en la pared opuesta a la entrada que comunica con el amplio patio (27 × 4,5 m) excavado detrás de ella, que contiene algunas sepulturas rupestres. En el lado nordeste de la iglesia hay tres bonitas ventanas con forma de cerradura y doble marco tallado.

La iglesia de Bete Abba Lebanos (iglesia de la Casa de Líbanos), según la leyenda, fue construida de la noche a la mañana por la esposa de Lalibela, Meskel Kebre, con la ayuda de un grupo de ángeles. Tiene una altura exterior de 7,5 m e interior de 6 m, una anchura exterior de 7,5 e interior de 5,4 m, y una longitud exterior de 9,5 m e interior de 7,8 m. Aprovecha una oquedad del terreno, por lo que el techo está adosado a la roca, mientras los laterales y la fachada trasera se encuentran separados de la roca por estrechos túneles. El patio que la rodea es espacioso, al que se accede a través de un pasadizo abierto en la roca por el lado sur, y a menudo es frecuentado por los fieles para la oración. En su fachada principal, que es la orientada al sur, destacan cinco hornacinas verticales, y en la segunda de ellas empezando por la izquierda frente a la iglesia se alza la entrada encima de una plataforma a la que se accede por medio de cuatro escalones. En las restantes hornacinas se abren ventanas cruciformes al mismo nivel que la entrada.

En la parte superior de las tres hornacinas centrales hay tres ventanas con forma de arco ojival, y en el nivel más alto se abren cinco ventanas cuadradas. El interior tiene planta rectangular con dos líneas de pilares formando tres naves. Los pilares centrales tienen las aristas redondeadas. Los arquitrabes están coronados por frisos, así como los arcos de la bóveda del techo de la nave central. Al final de cada lado hay una puerta axumita ciega. El ábside central se encuentra elevado y separado por un arco triunfal al frente y por arcos redondeados a los lados. La iglesia en su conjunto da la impresión de encontrarse inconclusa, ya que en el lado sur la plataforma que la sustenta no está tallada. Estas ventanas arqueadas y cruciformes, y su entrada, recuerdan influencias axumitas evidentes en algunas iglesias rupestres de Tigray, ciudad del norte de Etiopía donde se encuentra otro complejo de iglesias excavadas en roca. En el interior destaca una rendija por la que penetra la luz.

La capilla de Bethelehem (capilla de Belén) es un pequeño santuario que pudo haber sido una celda de ermitaño. Tiene aspecto de torre circular o bastión. Su origen y su función no son del todo conocidos. Mientras todas las iglesias poseen un único nombre, esta tiene cuatro: Bethelehem, la Celda de Ermitaño del rey Lalibela, la Tahona del Pan Sagrado y el Establo del Caballo de Lalibela. Algunos son poco verosímiles, pues el pasadizo, además de tortuoso, es demasiado pequeño para un caballo; no tiene sentido la existencia de tahonas cuando no hay ninguna en todo el país, y para una celda de ermitaño el acceso tiene una complicación innecesaria. La más congruente sería la idea de panadería, dada la presencia de pequeños agujeros al nivel del suelo que podrían servir para evacuar el humo. Además, muchas iglesias de Etiopía disponen de un habitáculo para elaborar el pan de la comunión.

Bete Emanuel (iglesia de Emmanuel) es un edificio monolítico de 11 m de altura, 11,5 de anchura, y 17,5 m de longitud. Para muchos es la iglesia de estilo más refinado de todo el conjunto, tal vez por tratarse del templo privado de la familia real. El patio donde se ubica mide 15,7 m de altura máxima, 24 m de anchura y 30 m de longitud. Dispersos en él se encuentran algunos bloques de piedra, y uno de ellos contiene una estrecha escalera que conduce a Bete Merkorios. De acuerdo con la tradición, algunas de las cuevas y catacumbas excavadas en el patio se hicieron para las abejas, en recuerdo de la leyenda del rey Lalibela. Próxima a la esquina noroeste se encuentra una pila bautismal tallada en el suelo. La iglesia se encuentra enteramente elevada sobre un pedestal de tres escalones. Su estilo combina elementos axumitas y características propias de las iglesias occidentales. De hecho, sus muros exteriores imitan las bandas de madera y mampostería características de los palacios de Axum. En ellos se muestran tres filas de ventanas de diferentes estilos. La superior y la inferior son de estilo axumita, con cruces insertas, mientras las centrales tienen forma de cerradura. Tiene tres puertas de acceso, de estilo igualmente axumita, abiertas sobre un pedestal a nivel más alto que la base de la iglesia. El interior es bastante similar al de Bere Maryam, pero sin el pilar central.

Una escalera cuidadosamente tallada conduce a la galería de las mujeres. Destaca un friso ornamental de ventanas ciegas en la parte superior de los muros de la nave central y de la orientada al norte, y la media cúpula por debajo del ábside, con su cruz meticulosamente tallada. El techo de la nave central es abovedado, mientras el de las naves laterales es plano. Los muros interiores están decorados con una banda triple y todos los arcos están perfilados con molduras. En el suelo del lado sur se encuentra una trampilla por la que se accede a un oscuro túnel subterráneo que conduce a los alrededores de Bete Merkorios, tras 15 m de recorrido.

Bete Merkorios (iglesia de San Mercurio) es una iglesia cueva, posiblemente la más antigua de todas, excavada en una cavidad irregular, con pilares desiguales. Sus dimensiones externas son 6-8 m de altura, 25 m de anchura y 31 m de longitud. Tiene un sector hipogeo en la parte nordeste. Es también una iglesia bastante peculiar, con algunas características diferenciales. Por ejemplo, no está orientada en la dirección este-oeste; se compone de dos secciones a diferentes niveles, la superior un metro más elevada; su planta tiene forma de triángulo irregular; no es posible reconocer una fachada principal, y, además, carece de bajorrelieves, frisos u otros elementos decorativos. Tiene tres amplias entradas rectangulares situadas entre toscos pilares. Estos puntos de acceso se encuentran cegados actualmente. Los pilares están conectados con arcos en parte destruidos. En el interior, la estancia principal se divide en tres espacios mediante cuatro hileras de dos pilares cada una. Frente a la entrada principal se encuentran tres pequeñas celdas separadas por un muro, cada una accesible por medio de una puerta arqueada. La celda central se comunica con una galería abierta en el patio de Bete Emanuel, posiblemente cerrada antiguamente por medio de una reja de hierro, como parecen indicar los agujeros todavía visibles en los muros. En la celda de la izquierda hay una trampilla seguida de unas escaleras que conducen al patio de Bete Emanuel. La presencia de grilletes de hierro en una grieta puede indicar que anteriormente tuvo una función penitenciaria.

La última iglesia del conjunto es Bete Giyorgis (iglesia de San Jorge). Se trata de un monolito aislado excavado por debajo del nivel del suelo en un patio delimitado por paredes verticales, 13 m de profundidad, 22 m de anchura y 23 m de longitud. Es la más majestuosa de todas las iglesias de Lalibela. Su vista desde lo alto de la roca se hace aún más sobrecogedora al desplegarse tras ella, como telón de fondo, las montañas de Lasta. Tiene una altura de 13 m, una anchura de 12,5 m y una longitud de 19,9 m, y es la única con forma cruciforme simétrica. De acuerdo con la leyenda, fue la última iglesia en ser construida, ya que se hizo a instancia del propio san Jorge, enojado por no habérsele dedicado ninguna de ellas. Lalibela le prometió que construiría para él la mejor de todas las iglesias. Se accede a ella a través de un túnel, en cuyas paredes hay unos agujeros que se dice son las huellas del caballo de san Jorge quien, emocionado por la promesa de Lalibela, cabalgó por la pared hasta la entrada del túnel. En las paredes del patio hay varias tumbas y catacumbas, algunas con huesos humanos en su interior. Se accede a través de un camino excavado que concluye en un corto túnel que da acceso al patio y antes, a la derecha, a una cámara llamada la Casa de los Pobres. El edificio es una cruz griega tridimensional, por lo que tiene doce caras con ventanas y puertas. Sobre el tejado, bien visible desde lo alto de la roca, se encuentra tallada una cruz triple, que no solo tiene función decorativa sino que también facilita el drenaje del agua de lluvia. Gracias a ello, y tal vez a la mayor resistencia de la roca, es la iglesia mejor conservada y la única que no necesita cubierta. La fachada está recorrida por líneas horizontales talladas en todo su perímetro, que la dividen en cuatro cuerpos. En el tercero se abren ventanas ojivales, una en cada cara, similares a las de Bete Golgotha. Las bandas horizontales disimulan el aumento del grosor de los muros de arriba hacia abajo. Las tres puertas, situadas en el lado oeste, tienen las típicas vigas salientes del estilo axumita. La del centro está, además, resaltada con un marco. En el interior no hay pilares, sino cuatro pilastras con forma de cruz unidas a las esquinas de los muros, que soportan los cuatro arcos que separan la zona central de los brazos. Ello es consecuencia lógica de su planta cruciforme, aunque podría tener un significado simbólico[13]. Durante la celebración de la epifanía (bautismo de Cristo), la congregación se reúne bajo dos olivos situados al este de la iglesia, cerca del borde del precipicio del patio. En el brazo oeste se encuentra el atrio, mientras en el este, sobre una plataforma elevada, se encuentra el sancta sanctorum, cubierto con una cúpula semicircular decorada con una cruz de Malta. El techo de la parte central forma una ligera curva, careciendo de decoración. Un sencillo friso recorre las paredes en todo su perímetro en correspondencia con las líneas horizontales exteriores. Otro friso similar discurre paralelo a los arcos.




NOTAS

[1] Nombre por el que hasta hace poco también se conocía Lalibela.

[2] Entre las razones que motivaron los grandes descubrimientos de los siglos xiv y xv, se encuentran algunas de índole religiosa. En unos casos, el proselitismo cristiano, empeñado en evangelizar a todos los pueblos del planeta. En otros, intereses geopolíticos de los países cristianos, que tratarían de enlazar con los cristianos situados a la espalda del mundo islámico, ya se tratara de la comunidades nestorianas (seguidoras del nestorianismo o difisismo, doctrina cristiana que considera a Cristo radicalmente separado en dos naturalezas, una humana y otra divina, como dos entes independientes, Dios y hombre a la vez pero formado de dos personas distintas) encontradas en las rutas asiáticas por Marco Polo, o, sobre todo, con el reino del fabuloso Preste Juan, estratégicamente situado en un rincón de África oriental, sin duda una deformación de la realidad de la existencia de un cristianismo copto y del reino de Etiopía. La identificación del mito de Preste Juan con Etiopía parece que procede de las informaciones de Marco Polo, que hablaba de un Preste Juan de Etiopía. Teniendo en cuenta la cronología, parece probable que el Preste Juan del que hablaba Marco Polo fuese un rey de la dinastía Zagwe, pero difícil saber cuál.

[3]Álvares, F. 1540. Verdadeira informação das terras do Preste João das Indias. Mem Martins, Europa-América, Lisboa, 1989, p. 280.

[4] Monofisismo: doctrina teológica que sostiene que Jesús está presente en la naturaleza divina, pero no en la humana. Los monofisitas estimaban que si Jesús había sido formado «a partir de dos naturalezas» (divina y humana), solo una de ellas subsistía después de la unión. En consecuencia, «una sola es la naturaleza del verbo encarnado».

[5] Castanhoso, M. 1902. The Portuguese Expedition to Abyssinia in 1541-1543 as narrated by Castanhoso, with some contemporary letters, the short account of Bermudez, and certain extracts from Correa/translated and edited by R. S. Huntingford. Londres, The Hakluyt Society.

[6] Las iglesias ortodoxas etíopes suelen presentar forma circular, hexagonal u octogonal, de acuerdo con un patrón que se remonta al siglo xvi. Generalmente disponen de tres puertas —al oeste, norte y sur—, dejando el lado este cerrado por su condición de sagrado. Alrededor de las iglesias queda un amplio espacio abierto donde los fieles pueden orar, celebrar ceremonias o escuchar homilías. En interior está reservado para los que están libres de pecado, y en su parte central se dispone el sancta sanctorum, cerrado por cortinas, al que solo pueden acceder los clérigos. Dentro se encuentra un tabernáculo de madera donde se guarda una réplica de las tablas de la ley de Moisés llamada tabot.

[7] Nombre con el que se conoce a los judíos etíopes.

[8] Felleke, B. 2003. Lalibela. A General survey of the Rock Churches. Alem Printers, Adís Abeba, Etiopía, pp. 1-4.

[9] Hable Selassie, S. 1972. Ancient and Medieval Ethiopian History. Adís Abeba, Etiopía, pp. 240-241.

[10] Phillipson, D. W. 2012. Foundations of an African Civilisation. Aksum and the Northern Horn 1000 B. C.-A. D. 1300. Adís Abeba University Press, Etiopía, pp. 229-231.

[11] Eliade, M. 2011. Historia de las creencias y las ideas religiosas III. Espasa Libros S. L. U., Madrid, p. 84.

[12] Pearce, I. 1969. «The Monolithic Churches of Lalibela». Ethiopia observer 4: 157.

[13] Felleke, B. 2006. Lalibela. The Four Architectural Chefs-d’Oeuvre. Alem Printers, Adís Abeba, Etiopía, p. 200.