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El timo del prisionero español y las leyendas de tesoros escondidos en Canarias

POGGIO CAPOTE, Manuel / COBIELLA HERNANDEZ, Manuel

Publicado en el año 2016 en la Revista de Folklore número 413.

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Resumen:

El fraude monetario no es un asunto moderno. Desde tiempo inmemorial, engaños dirigidos a conseguir dinero por medios dolosos han acompañado al ser humano. Uno de los más divulgados es el conocido en la actualidad como estafa nigeriana y que, a grandes rasgos, consiste en que alguien adelante una suma de dinero con la promesa de que recibirá, a cambio, una suculenta fortuna. A lo largo del siglo xix y primeras décadas del xx, se puso de moda una variante de esta clase de fraude y que comprendía una carta, un prisionero y la existencia de un botín oculto. Este engaño, que pasó a denominarse como del prisionero español, del entierro o, simplemente, timo español, cuenta con referencias por buena parte del mundo. En las islas Canarias el fraude derivó en algunas leyendas o narraciones de tesoros escondidos. En estos contornos de la cultura popular se colacionan cuatro de estos relatos y se establecen sus conexiones con el referido timo del prisionero español.

Palabras clave:

Timo del prisionero español, timo del entierro, estafa nigeriana, leyendas, tesoros, islas Canarias.

THE SPANISH PRISONER SWINDLE AND THE LEGENDS OF HIDDEN TREASURES IN THE CANARY ISLANDS

Abstract:

The monetary fraud is nothing new in modern times. Since ages deceit, oriented to make money through fraudulent means, has been a common practice among human beings. One of the best known is the so-called estafa nigeriana (Nigerian Swindle) which, broadly speaking, consists of the fact that someone gives a sum of money in advance with the promise that this person will receive in exchange a fortune in the future. Along the 19th century and the first decades of the 20th it became common practice a variation of this type of fraud which consisted of a letter, a prisoner, and the existence of a hidden loot. This fraud, that eventually was known as the Spanish Prisoner, the Burial or just the Spanish Swindle, is well known in much of the world. In the Canary Islands the fraud resulted in some legends or narratives of hidden treasures. In this environment of popular culture there are four of these narrations while we will present the connections with the above mentioned swindle of the Spanish Prisoner.

Key Words:

Spanish prisoner swindle, Burial swindle, Nigerian swindle, legends, treasures, Canary Islands.

1. Introducción

Los relatos de tesoros son uno de los tipos de narraciones legendarias más comunes de la literatura universal[1]. Los más antiguos tratan sobre seres sobrenaturales cuyo cometido consistía en custodiar un tesoro e impedir el acceso a él; con posterioridad, dichas leyendas han evolucionado a versiones más realistas o, simplemente, a tramas con menor presencia de elementos fantásticos que suelen encontrarse condicionados a relatos en los que una persona ha enterrado o escondido un botín. A pesar de estas variaciones en sus elementos, todas estas narraciones conservan características comunes; entre ellas, una breve descripción del lugar donde se hallan enterradas las riquezas, las razones por las que han sido escondidas, las personas que hayan tenido una intervención relevante en el desarrollo de los acontecimientos, referencias al contenido del botín (siempre íntimamente relacionado con el oro u otros objetos preciosos) y, por último, también suelen aparecer circunstancias especiales en cada uno de los relatos. En gran parte de la península, numerosas leyendas de tesoros se relacionan con la presencia musulmana, la Guerra de la Independencia (1808-1814) o las guerras carlistas (1833-1840). Algunos de los ejemplos más famosos de esta tipología narrativa podrían ser El tesoro de la Axarquía (Málaga) o La torre profanada por el rey don Rodrigo (Toledo)[2].

En Canarias, por su parte, los relatos más antiguos se relacionan con la piratería, mientras que los más modernos se emparentan con el buen recaudo y la custodia velada de sustanciosos capitales personales y familiares. Esta clase de relatos se encuentra repartida por la práctica totalidad de la geografía insular. Sin embargo, hasta ahora nunca se habían registrado desde una perspectiva conjunta: cada isla ha dispuesto siempre de sus «propios tesoros».

La publicación en fecha reciente de la monografía Enigmas y tesoros en Canarias (2014), en la que se recogen cuatro historias relativas a fortunas escondidas, ha servido para comparar alguna de estas historias áureas[3]. Es de notar que el núcleo de estas narraciones posee muchas similitudes. Nos referimos a los relatos o documentación relativos al pino gacho (Fuencaliente), al tesoro del Barranquito (Tazacorte), al tesoro de Soo (Tinajo) y al tesoro escondido en una playa (isla de La Palma), tenidos en la actualidad tanto como leyendas, pero, también, como hechos o sucesos reales. Se pretende ofrecer un análisis de su contenido. No en vano, su apariencia real ha conducido a una secular consideración como verídicos. En este sentido, quede nuestra gratitud al historiador José Eduardo Pérez Hernández, descubridor de estos estrechos lazos entre estas cuatro historias[4].

Además, resulta curioso comprobar cómo estos cuatro relatos isleños presentan evidentes nexos con la famosísima estafa del prisionero español, un engaño que se prodigó desde principios del siglo xix y que, a través de diferentes variaciones, ha evolucionado hasta mantenerse vigente en la actualidad. En el propósito de dilucidar el origen de estos nimbados registros (es probable que en la geografía canaria existan algunos más aún sin registrar), se han establecido las vinculaciones de estas narraciones insulares con la mencionada estafa. En este plano se ofrece la síntesis de los cuatro relatos consignados en Canarias (tres en la isla de La Palma y uno en la de Lanzarote) y se establece su derivación, así como sus similitudes y diferencias con el secular desfalco del prisionero español y que ha repercutido, hoy en día, en su acepción bajo el nombre de estafa nigeriana.

Es significativa, asimismo, la evolución de los relatos canarios, cuyas trazas presentan algunas particularidades aportadas por la cultura popular del archipiélago: intervención de fantasmas y piratas o las abundantes referencias a Cuba. Con este fin, se han rastreado los materiales documentales disponibles acerca del histórico engaño, localizados tanto a través de los recursos bibliográficos como los accesibles en línea. El objetivo ha pretendido desentrañar el molde de los cuatro relatos canarios y comprobar cómo unas pretendidas estafas llevadas a cabo entre mediados del siglo xix y las primeras décadas de la siguiente centuria han desembocado, en unos casos, en leyendas locales, y, en otros, en hechos considerados en la actualidad como auténticos.

2. La denominada estafa del prisionero español o timo del entierro

La estafa es tan antigua como la humanidad. Cabe recordar que, según la tradición judeocristiana, su primera manifestación fue el envite de la manzana a Eva por parte de Satanás en el Paraíso[5]. Otro ejemplo que podría reseñarse fue el fraude cometido por parte del Cid Campeador a los judíos Raquel y Vidas al garantizarles el cumplimiento de un préstamo con dos arcas llenas de oro cuando en realidad solo contenían arena. En el ámbito de la literatura, encontramos muestras de estafas en dos de los más célebres escritores: William Shakespeare (1564-1616) y Miguel de Cervantes (1547-1616). En El mercader de Venecia (1600), el engaño consistió en una interpretación de las condiciones de un trato con lo que se logra salvar al protagonista[6]; asimismo, en la comedia de Cervantes, Los baños de Argel (1615), aparece una carta prometiendo riquezas a la que se añade el amor de una bella joven[7].

Pero, entrando ya en materia, conviene recordar que el timo del prisionero español o del entierro consiste en que un remitente envía una carta a una persona desconocida por él, en la que se habla de la existencia de un tesoro oculto bajo tierra (de ahí su aceptación como el entierro). Solo el remitente o persona de su confianza conocen la existencia de dicho tesoro, pero, al encontrarse el remitente en ese momento en prisión y, en consecuencia, ante la imposibilidad de recuperar el supuesto botín (de ahí la raíz del prisionero), el remitente pide ayuda al estafado para que le envíe una determinada suma de dinero para correr con ciertos gastos (pueden ser desde el pago de la fianza carcelaria hasta el coste del viaje de una persona de su confianza hasta el lugar donde se encuentran las riquezas) a cambio de lo cual compartirán el tesoro. Si el destinatario cae en el engaño y envía la cantidad solicitada, surgirán diferentes excusas para que envíe más dinero, hasta que, en algún momento, se corta la comunicación de forma repentina y no vuelve a tener noticias del prisionero ni de la fortuna[8].

Según Turrado Vidal, el origen de la estafa del prisionero español se localiza en la Guerra de la Independencia (1808-1814), durante la cual muchas personas escondían sus objetos de valor (oro, joyas, etc.) para evitar que les fueran requisados por los soldados del ejército napoleónico[9]. Asimismo, también se dio la situación inversa, y eran los propios soldados invasores los que enterraban o escondían el botín fruto del saqueo debido a las dificultades que entrañaba su transporte en el seno de una campaña militar. En ambos casos, hubo muchas personas que, por diferentes circunstancias, nunca pudieron regresar al lugar para recuperar sus objetos de valor. Tiempo después, al llevarse a cabo obras o excavaciones en esos lugares, comenzaron a aparecer estos tesoros. Tras la Guerra de la Independencia española, ocurrió algo similar con las contiendas carlistas. Con posterioridad, algunas de estas circunstancias propiciaron el origen de rumores y, más tarde, de leyendas.

A finales de la misma centuria, unos hechos históricos muy concretos acaecidos en Madrid perfilaron y definieron la trama de la estafa. El 19 de septiembre de 1886, se produjo el intento golpista del brigadier republicano Manuel Villacampa del Castillo (1827-1889). Fracasado el intento, se condenó a cadena perpetua a trescientos soldados que habían participado en la sublevación. La casi totalidad de los reos fueron confinados en castillos de Valladolid. Debido a las pésimas condiciones de vida de las prisiones de la época, varios de los soldados encarcelados fraguaron un plan para intentar mejorar su estancia en dichas cárceles. Se trataba del timo del entierro típico, pero incluyendo dos nuevos elementos que hasta ahora no formaban parte de la estructura original de la estafa, a saber: que las víctimas del engaño fueran sacerdotes de nacionalidad extranjera (principalmente franceses, italianos y alemanes) y que en la carta de rigor se adjuntara una fotografía de una joven de gran belleza que, supuestamente, era la hija del prisionero, quien rogaba al receptor de la misiva que se encargara de su custodia, puesto que se hallaba prácticamente huérfana y desvalida.

La citada carta narraba las desventuras sufridas por el soldado preso que, tras el fallido golpe, se había fugado con una cantidad de dinero procedente de los fondos del regimiento sublevado y había huido al país del destinatario de la misiva, casualmente a un lugar cercano al sitio de residencia del receptor. Una vez allí, había enterrado el dinero y había dejado constancia de su localización exacta en un mapa que enviaría a la víctima a través de su supuesta hija, por lo que solicitaba a su interlocutor que le remitiera quinientas pesetas para costear el viaje de la joven.

Esta forma de timo disfrutó de gran éxito y proporcionó a los soldados presos una considerable fuente de ingresos. Las principales víctimas eran sacerdotes italianos, quienes, además de enviar las quinientas pesetas requeridas, hacían hincapié en su interés por educar y moralizar a la joven desamparada. Otro factor que ayudó al éxito del engaño fue la selección de víctimas no españolas, lo que se tradujo en una total impunidad para los estafadores debido a que no hubo denuncias ante los tribunales hispanos. El timo terminó por ser descubierto debido a que una de las misivas fue interceptada por el médico de la prisión.

En este panorama, además, convivieron otras historias relativas a riquezas provenientes de las mencionadas guerras napoleónicas y carlistas. Producto de estas últimas parecen ser distintas misivas de estafadores que se hacían pasar por tesoreros militares huidos con una gran cantidad de dinero y fueron encarcelados poco después de enterrar el caudal que portaban. En idéntica forma debe subrayarse que, con frecuencia, muchas cartas aparecen remitidas desde la prisión de Ceuta, uno de los lugares de castigos más representativos de la época, acreditado como el de mayor dureza durante la segunda mitad del siglo xix[10].

No obstante, antes de este estricto y fraudulento escenario —y como quedó esbozado en el inicio de este epígrafe—, esta clase de trampas ha sido moneda común en la historia de la humanidad[11]. Así, un claro precedente del timo del prisionero español es la denominada Carta de Jerusalén, descrita en sus memorias por el investigador francés Eugène-François Vidocq (1775-1857)[12]. El marco temporal es el periodo inmediatamente posterior a la Revolución francesa, y el argumento consistía en que un noble decapitado durante este periodo había escondido un tesoro y su criado sabía en qué lugar se encontraba, pero, al estar en prisión, pedía al receptor de la misiva que pagara su fianza a cambio de la obtención de la mitad del tesoro. Según Vidocq, fue bastante común que los presos realizaran estas estafas de acuerdo con los guardias de la cárcel, ubicada en una calle conocida como de Jerusalén; de ahí esta curiosa denominación.

En cuanto a la estafa del prisionero español, es preciso subrayar que, en la actualidad, se conservan cartas en los Archivos Nacionales Británicos. Las mismas, algunas datadas a principios del siglo xx, han servido de ejemplo de este fraude. En ocasiones ni siquiera procedían de presos peninsulares, sino de sujetos británicos que caían en el error de utilizar un perfecto inglés en su redacción. En este mismo período, en concreto en el año 1910, se publica en The Cosmopolitan Magazine (Nueva York) un relato ficticio de Arthur Train titulado «The Spanish Prisoner», que gira en torno a este tipo de estafa, lo que refleja la fama internacional alcanzada por el timo[13].

Como se apuntaba más arriba, el conocido como timo del prisionero español ha derivado en fecha más reciente en la conocida estafa nigeriana, llamada así porque la mayor parte de este tipo de fraudes dispone su origen en este Estado africano. Se lleva a cabo a través de correo electrónico y consiste en que alguien que ha ocupado un alto cargo político o en algún banco o empresa petrolífera expone al destinatario su deseo de sacar del país una gran suma de dinero con discreción, por lo que solicita su número de cuenta bancaria para realizar la transferencia. La víctima obtendría una cuantiosa comisión como agradecimiento por su colaboración, y para aportar apariencia de veracidad se enviarán documentos con supuestas firmas y sellos oficiales que, obviamente, son falsos. Una vez que el engañado muestra interés, se le solicita que envíe una cantidad de dinero para el pago de honorarios, impuestos, comisiones, sobornos, o simplemente gastos inesperados, y si la víctima envía el dinero surgirán diferentes excusas para requerirle nuevos envíos, todos en concepto de adelanto y recordándole la elevada recompensa que obtendrá de la operación[14]. En el año 2005, la estafa nigeriana recaudó 3 000 millones de dólares en todo el mundo, de los cuales 320 millones fueron estafados en España. Tal ha sido su grado de implantación en la cultura de Nigeria que, incluso, se han hecho películas, chistes y canciones efectuando referencias a este engaño. Antes del empleo del correo electrónico, se ha calculado que de cada cien cartas enviadas a Estados Unidos respondían siete personas, y, de ellas aproximadamente el 20 % realizaba algún tipo de pago. Sin embargo, no constan cifras exactas, puesto que en muchos casos no se han interpuesto denuncias. En la red han surgido grupos para ayudar a las víctimas, la mayoría de veces proporcionando información sobre este timo para saber reconocerlo y no caer en él, pero también se ha dado el caso de receptores de estos mensajes que los combaten con humor, respondiendo de formas descabelladas a los estafadores[15].

Hasta aquí esta breve reseña histórica. Una vez examinada, grosso modo, la gestación y desarrollo del engaño del prisionero español o timo del entierro, se presenta, a continuación, una somera descripción de los cuatro relatos canarios enlazados con este fraude. Como se esbozaba, tres de ellos se han localizado en la isla de La Palma (tesoro del pino gacho, tesoro del Barranquito y el denominado tesoro escondido en una playa) y uno, en Lanzarote (tesoro de Soo). He aquí su relato.

3. Relatos de tesoros epistolares en Canarias

3.1. El pino gacho (Fuencaliente)

Esta primera narración tiene lugar en el municipio de Fuencaliente, en concreto en la zona situada entre Los Canarios y Las Caletas, donde se localiza un pino (Pinus canariensis) que, debido a su forma (copa plana y escasa altura), es conocido popularmente como gacho.

La trama se focaliza en uno de los numerosos ataques de piratas a la isla, en los cuales, además de destrucción e incendios, también se producían grandes saqueos de las riquezas que los piratas encontraban a su paso. En mitad del enfrentamiento, y ante la posibilidad de perder su botín, uno de los atacantes decidió enterrar su tesoro cerca del pino gacho, tras lo cual tuvo que abandonar la isla[16]. Tiempo después, el pirata fue encerrado en la prisión del Morro de La Habana, desde donde escribió varias cartas a distintas personas de Fuencaliente en las que se ofrecía noticia, a grandes rasgos, de la existencia de su tesoro, pero sin especificar el lugar exacto de su ubicación. Con ello, el remitente esperaba despertar la codicia en el destinatario de la misiva, quien debería enviar al preso una cantidad de dinero tras lo que este le diría el lugar concreto donde había enterrado la fortuna[17].

Varios de los vecinos del municipio recibieron cartas similares del mismo remitente, por lo cual la historia comenzó a tenerse por cierta, y así muchos se dedicaron a la búsqueda del tesoro por los alrededores del pino gacho. El tesoro del pirata nunca apareció, y tampoco hay noticia de que alguno de los receptores de la carta pagara la cantidad solicitada a cambio de la localización exacta del lugar donde había sido enterrado el tesoro. La tradición oral cuenta que, aún a principios del siglo xx, llegaron algunas de estas cartas procedentes de La Habana, y se sabe de una de ellas dirigida al por entonces secretario municipal Luciano Hernández Armas (1856-1951)[18].

3.2. El tesoro del Barranquito (Tazacorte)

En este caso, la historia del tesoro presenta muchos más elementos que sustentan una supuesta veracidad. Se inicia con la llegada a Tazacorte, a principios del siglo xx, de una carta, cuyo destinatario, Elías Rodríguez Pérez, era un comerciante del municipio; su remitente, un oficial del ejército español que en aquel tiempo se encontraba cumpliendo condena en un penal de África[19].

En la carta, el militar explicaba que, además de estar confinado a cadena perpetua, se encontraba gravemente enfermo, y por ello solicitaba una cantidad de dinero con la que costear el viaje de su hija desde Cádiz a La Palma con el objeto de encontrar un tesoro enterrado en unos terrenos propiedad de don Elías. A cambio del importe requerido, el vecino de Tazacorte recibiría la mitad del tesoro, que el militar aseguraba que encontrarían, puesto que su hija poseía un mapa con la localización exacta. Debido a la singularidad de la misiva, Rodríguez Pérez pensó que podría tratarse de una estafa, por lo que ni contestó ni envió cantidad alguna.

El relato del tesoro del Barranquito se complica poco después. Fuera del estricto marco del fraude, la intervención de otros vecinos intrincó la historia conduciéndola hasta contornos fantásticos. Tiempo más tarde, una vecina de don Elías llamada Elvira contó que se le había aparecido en sueños un fantasma que le había dicho el lugar donde se hallaba enterrado un tesoro, suceso que la dejó en un estado de ansiedad que perduró varias jornadas y, en un intento de desahogarse, contó lo ocurrido a otra vecina de su total confianza, quien le restó importancia y la animó a olvidar dicho sueño. No obstante, el estado de desazón sufrido por Elvira se hizo evidente en su aspecto físico, por lo que las hijas de don Elías se interesaron por su salud. Tal fue su insistencia que Elvira terminó por contarles aquel sueño; el relato dejó estupefactas a sus vecinas, puesto que la descripción del lugar en el que, según el fantasma, se encontraba ese tesoro correspondía con los datos que el oficial encarcelado en África había señalado en la carta enviada a don Elías. Para aclarar la situación, las tres vecinas fueron a la cueva descrita, comprobando que las señas dadas en la carta y por el fantasma del sueño coincidían, según se acercaban al lugar exacto, con todo lo que iban encontrando. Al llegar, por fin, a la localización señalada, encontraron la tierra removida recientemente y algunos trozos rotos de lo que parecía haber sido un cofre. De inmediato, las sospechas de la desaparición del botín recayeron en otra vecina, amiga íntima de Elvira, a la que dio a conocer, en primer lugar, su extraño sueño. Esta negó con rotundidad la acusación, pero, según se narra, al cabo de un tiempo abandonó el pueblo y se estableció en Tenerife, donde su marido adquirió un importante negocio y llevaron un alto nivel de vida; no volvieron nunca más a Tazacorte.

Debido a este final, se ha considerado este relato como el que presenta mayores elementos de verosimilitud. Dejando a un lado la historia del fantasma, el resto de las noticias han contribuido a que fuera tomado por cierto por un gran número de lugareños del término de Tazacorte.

3.3. El tesoro de Soo (Tinajo)

El contenido de este relato se entronca con algunas cartas recibidas por lugareños del municipio de Tinajo en las que se mencionaba la referencia a un tesoro enterrado en el pago de Soo. Una de las misivas la debió de recibir Alfonso de Figueroa y Cabrera y, después, la dejó anotada en un manuscrito con la localización del posible tesoro. Otra epístola fue la entregada en torno a los años cuarenta del siglo xx a Juan Curbelo Rivera, conocido popularmente como Juan Ramírez, vecino de Tinajo, y remitida por un preso de la cárcel provincial de Las Palmas, en la que le ofrecía un mapa con la ubicación exacta de un tesoro a cambio de una cantidad de dinero. En la primera de las cartas se daban algunos datos y referencias sobre el lugar donde se encontraría enterrado el tesoro, que podría ser la zona de Soo, al norte de la Caldera Trasera, pero, en todo caso, sería imposible encontrarlo sin ayuda del mapa que ofrecía el prisionero. El receptor de la misiva comentó con algunos amigos el contenido de la epístola, quienes le restaron importancia afirmando que se trataba de leyendas de piratas, por lo que ni el destinatario ni nadie que pudiera haber dispuesto noticia de la historia hicieron nunca el menor intento de búsqueda del supuesto caudal monetario[20].

3.4. Tesoro escondido en una playa de La Palma

La historia de este ficticio botín se inicia con una carta fechada el 10 de agosto de 1859 en el penal de Ceuta y enviada a un vecino de un municipio de La Palma. En la misma, el remitente contaba una aventura de la que él mismo fue uno de los protagonistas, y que tiene su origen en 1852 en el puerto de La Habana, de donde partió el balandro Rosa rumbo a un puerto de la actual Sierra Leona llevando un cargamento de dos mil onzas de oro destinadas a la compra de esclavos.

La misiva recibida en Santa Cruz de La Palma se hallaba firmada por José María Notel, quien fuera marinero en dicho barco, siendo su capitán Manuel Acosta, el piloto José Erecua, y el contramaestre Manuel Vidal Flórez. La descripción de Notel pormenorizaba que, cuando el navío se encontraba en latitud próxima a La Palma, los sujetos citados se confabularon para enterrar las onzas de oro destinadas a la adquisición del cargamento humano en una playa de la isla para, después de hacer zozobrar el barco, simular que el capital se había hundido junto al navío. Con el fin de no despertar las sospechas del resto de marineros, habían comunicado a la tripulación que desembarcaban para visitar a un amigo que residía en aquella zona de la isla. Cuenta Notel que, ya de noche, descargaron las onzas repartidas en dos cajones y las enterraron en la ribera cercana[21].

De vuelta al buque y reemprendida la navegación, el capitán encalló intencionadamente el barco en un arrecife de las islas Salvajes, al norte del archipiélago canario, tras lo cual consiguieron ser trasladados a Santa Cruz de Tenerife. Una vez allí, la tripulación comunicó al comandante de marina sus sospechas sobre la actuación del capitán y sus allegados en la noche previa al hundimiento del barco, con el extraño desembarco de los cajones y el más sospechoso aún naufragio, ya que no se daba ninguna condición meteorológica que pudiera haberlo causado.

La misiva recoge también un suceso ocurrido cuando el balandro se encontraba en las proximidades del municipio de Alajeró, en la isla de La Gomera, en concreto en la playa de Erese, donde el capitán desembarcó e intimó con una mujer llamada Toribia Gómez, que residía en dicha playa con su abuela. Según se afirma, al parecer le entregó a dicha joven ciento treinta y tres onzas de oro y un cronómetro. Cuando, poco después, fueron llamadas a Santa Cruz de Tenerife como parte de la investigación del naufragio y desaparición del cargamento, solo reconocieron la entrega del cronómetro, pero en un posterior registro hallaron unas cuantas onzas en poder de la anciana. Por este motivo, precisa la epístola, ambas mujeres fueron condenadas a cuatro años de galeras.

Con el transcurso del tiempo, el remitente —José María Notel— contaba en su carta que era el único superviviente de los participantes en estos sucesos y, asimismo, el único capaz de dar las señas del lugar donde habían ocultado el tesoro, puesto que, al día siguiente de enterrarlo, el marinero dejó por escrito el sitio exacto y la forma de llegar a él. Este documento se guardaba en un baúl de su propiedad que para el tiempo de la redacción de la carta se hallaba en una casa de empeños de Cádiz, donde Notel fue detenido por una causa pendiente y enviado al penal de Ceuta, desde donde redactó la misiva.

Así, tras compartir dichas desventuras con el destinatario de la carta, le solicitaba su colaboración y apoyo económico para desenterrar el tesoro, y, a cambio de su ayuda, obtendría la mitad del botín. Notel concluye su petición rogando que mantuviera lo narrado en el más absoluto secreto, dado que, de descubrirse, sería perjudicial para ambos. No obstante, señala la posibilidad de informarse de la veracidad de su historia por medio de las personas que cita en la carta.

Para concluir este apartado, hay que señalar que no existe noticia de que el receptor de la misiva o algún otro contestaran a esta, prestaran ayuda de cualquier clase a Notel o llevaran a cabo algún tipo de búsqueda del botín.

4. «Hechos reales»: prisioneros, cartas y búsquedas

Al igual que sucedió en otros muchos lugares, en su origen, estos relatos fueron tenidos como ciertos. La veracidad e, incluso, el detalle, en la mayoría de estas historias, propiciaron que, con mucha frecuencia, se emprendiese la búsqueda de los tesoros contenidos en ellas. Buenos ejemplos que recuerda la tradición más reciente serían las excavaciones nocturnas llevadas a cabo por anónimos vecinos en los alrededores del pino gacho, en Fuencaliente. Estas infructuosas búsquedas tornaron algunos de estos relatos en narraciones legendarias. De esta manera, de las primitivas cartas alertando de un botín oculto y de la posibilidad de los lugareños para compartir tan preciada prenda, se pasó a la historia de un tesoro oculto, en algunos casos en un tiempo remoto. Por esta razón, transcurrido el tiempo, algunos de ellos han ingresado en el imaginario fantástico local y otros, en cambio, se siguen dando por sucesos veraces, como puede ser el ocurrido en el pueblo de Tazacorte, en La Palma.

Lo cierto es que estas cuatro historias recogidas en el archipiélago canario disponen de una serie de características que no solo las enlazan en su conjunto, sino que, además, las relacionan, de manera evidente, con el célebre timo del prisionero español. En un plano genérico, los rasgos de estos cuatro relatos podrían desglosarse en los siguientes puntos. En ellos se ha pretendido reflejar los aspectos análogos y el similar desarrollo que comprenden cada una de ellas.

a) El núcleo de todos los relatos es un tesoro escondido que su dueño o propietario no puede recuperar debido a que se encuentra encarcelado o enfermo de gravedad. Por esta razón, solicita ayuda a algún destacado vecino de la localidad en la que se enterró el caudal y a quien no conoce, pero de cuya honradez, supuestamente, ha tenido noticias. El botín fue escondido por el propio remitente en un momento en el que no podía llevarlo consigo y está a la espera de recuperarlo.

b) Todos los relatos recogidos se encuadran en un período comprendido entre mediados del siglo xix y los años iniciales del xx. Las fechas coinciden con las señaladas por Turrado Vidal como origen de este tipo de estafa (Guerra de la Independencia) y algunas alcanzan el siglo xx, como la ya citada de Tazacorte.

c) Un elemento cardinal de las cuatro historias es la carta o misiva. Enviada desde el penal de Ceuta por un misterioso prisionero encarcelado por motivos que nunca terminan de quedar claros. En la mayoría de los casos, la carta parte de esta prisión africana, y en las leyendas expuestas se da esta circunstancia en el tesoro del Barranquito y en el tesoro escondido en una playa de La Palma. Sin embargo, en Canarias, dadas las estrechas relaciones de entonces con Cuba, aparece, en el registro del tesoro del pino gacho, una epístola remitida desde el penal de La Habana. En la actualidad, salvo la misiva del tesoro escondido en una playa de La Palma, las cartas se han perdido o se encuentran en paradero desconocido[22].

d) Distribución del botín entre las dos partes. Aquí es donde se introduce el elemento que se considera gancho o reclamo. Se trata de la contraprestación que recibirá el estafado a cambio del envío (o los envíos) de dinero que realiza como supuesto anticipo. En la mayoría de ocasiones, el timador propone la división del tesoro entre ambos a partes iguales, lo cual supone un beneficio que el receptor de la carta se ve incapaz de rechazar, por lo que lleva a cabo los adelantos de dinero solicitados y que, obviamente, nunca le son devueltos.

e) Exigencia de secreto. Otro de los aspectos en los que hace hincapié el timador es en la discreción del receptor. No debe dar noticia a nadie de su relación epistolar, con la excusa de que, entonces, algún otro se adelantaría y sustraería el supuesto tesoro. También solicita discreción en la manera de enviar las cartas al penal donde se encuentra el estafador, como se observa en la carta que forma el apéndice de este trabajo y que constituye la base de la historia acerca del tesoro escondido en una playa de La Palma. Este especial cuidado en mantener el secreto tiene como fin que el timador no sea descubierto, ya sea por las autoridades o, más simple aún, que su estratagema se divulgara entre los convecinos de la persona señalada. Así, si fallaba el escogido, siempre sería factible «tocar» a otro individuo. Ello pareció acontecer en el tesoro del pino gacho.

Como se comprueba, no cabe duda de la relación de estas cuatro historias con la estafa del prisionero español y su posterior evolución y adaptación a las circunstancias físicas y culturales de Canarias. No obstante, también debe tenerse en cuenta que a lo largo de la historia insular se han sucedido episodios de verdaderos hallazgos pecuniarios. En la isla de La Palma, por ejemplo, en 1816, unas mujeres de condición humilde encontraron en la cueva de El Degredo, en Santa Cruz de La Palma, «gran cantidad de monedas antiguas de plata»[23]. Quizá, también, el recuerdo de este tipo de descubrimientos auténticos en el pasado fomentara el ansia por nuevos hallazgos. En fechas mucho más recientes, se dispone constancia de varias localizaciones monetarias, alguna, incluso, de modo fortuito[24].

De cualquier forma, lo que parece evidente es que las narraciones de tesoros recogidas se han enriquecido con adornos literarios surgidos del folklore insular, como pueden ser el fantasma en el tesoro del Barranquito, la prisión habanera (por la ya citada estrecha relación existente entre el archipiélago y Cuba) o la intervención de corsarios, dado que las islas fueron víctimas de la piratería en repetidas ocasiones entre los siglos xvi y xix. Es curioso cómo esta circunstancia ha quedado reflejada en la leyenda del tesoro del pino gacho, en Fuencaliente, una de las jurisdicciones de la isla de La Palma más asediada por la piratería berberisca y que, aún en la actualidad, guarda una amplia memoria oral sobre narraciones y leyendas de ataques y saqueos navales[25].

5. Conclusiones

La relación de las cuatro historias descritas en este artículo pone de manifiesto la extensión geográfica y vigencia de la estafa o timo del prisionero español, también conocida como del entierro, localizada, desde este momento y de manera fehaciente, en las islas Canarias. Cabe recordar que este ha sido, secularmente, un tipo de fraude que, aprovechando las circunstancias de un determinado momento histórico, alcanzó gran éxito, por lo que consiguió desarrollarse bajo distintas variantes y se adaptó al tiempo y al lugar en el que se pretendía llevar a cabo. El ejemplo más próximo se puede observar en las noticias sobre este timo ya expuestas y que ejemplifican cómo en Canarias se adaptaron a la cultura local y es probable que cosechara algún éxito entre los vecinos «elegidos».

Notable también es cómo la mayor parte de este tipo de relatos se han mantenido hasta el presente en forma de narraciones legendarias. Tanto el pino gacho de Fuencaliente como el tesoro del Barranquito de Tazacorte pertenecen a la cultura popular de sus respectivas demarcaciones, exhibiendo rasgos característicos del género (atemporalidad, indeterminación o una exacta localización física del lugar en el que acontecieron los hechos) y que ha favorecido su inclusión en el catálogo de las leyendas locales.

Esta larga y fructífera trayectoria hace suponer que este tipo de engaño se mantendrá en el futuro, de distintas maneras y con nuevos elementos, pero siempre siguiendo la estela marcada por el originario timo del prisionero español. Tal ha sido su rentabilidad que se ha ido renovando a lo largo del tiempo, hasta llegar a la época actual —como se dijo— con el nombre de estafa nigeriana, pero manteniendo la base y las principales características del timo del entierro. Sirva como ejemplo de la fama alcanzada por este fenómeno el hecho de que incluso se le han dedicado exposiciones, como la realizada en 2006 en Vic (Barcelona), comisariada por el crítico de arte canadiense Jeffrey Swartz.



BIBLIOGRAFÍA

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Apéndice

1859, agosto, 10. Ceuta

José María Notel, prisionero en el penal de Ceuta, escribe a José (...), vecino de La Palma, o, en su defecto, al párroco local, y comunica la existencia de un tesoro de 2000 onzas de oro enterrado en el litoral de la isla; en la carta, Notel propone una alianza para desenterrar el tesoro y su posterior reparto.

B.— Papel. 23 cm. aprox. Carta. Letra del siglo xix. Tinta. Estado de conservación bueno.

[Archivo privado de Santa Cruz de La Palma. Este depósito documental no ha sido especificado].

Edic.: Lorenzo Arrocha, Jesús Manuel. Galeón: naufragios y tesoros. [Santa Cruz de La Palma]: Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, 1999. Epígrafe «Un tesoro en la isla de La Palma», pp. 141-144; Lorenzo Arrocha, Jesús Manuel. Galeón: naufragios y tesoros. 2.ª ed. [Santa Cruz de La Palma]: Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, 2007. Epígrafe «Un tesoro en la isla de La Palma», pp. 147-150.

Cit.: Lorenzo Arrocha, Jesús Manuel. «Un cofre de 2000 onzas enterrado en una playa palmera». En: Enigmas y tesoros de Canarias: el misterio de Cabeza de Perro. [Güímar]: Herques, 2014, pp. 268-271.

Nota. La edición del documento copia las referidas transcripciones realizadas por Lorenzo Arrocha. En ellas no aparecen consignados las personas y los lugares mencionados. Debido a esta razón, no ha sido posible incluirlas en esta edición.

(Dirección): Yslas de Canarias M la de Palma. Señor don José (...) y al no existir dicho señor se le entregará al señor cura párroco de (...)

(Hueco de sello de correos arrancado) (Huella de matasellos circular): Ceuta 18 año 59 Cádiz. (Huella de matasellos circular): La Palma 9 setiembre Canarias.

Señor don José (...)

Muy señor mío: sin duda estrañará usted que la voz de un desgraciado llegue a sus oídos y más no teniendo el honor de conocerle, pero atendiendo a los continuos padecimientos de que se encuentra rodeado y a la fatal estrella que hace tiempo le persigue, creo disimulará la audacia del que hoy se acoge a vuestra protección, bajo este concepto no queriendo serle demasiado molesto me concretaré tan solo a orientarle del asunto en cuestión.

En el año de 1852 salí del puerto de la Havana para el de Gallinas, de marinero en un buque llamado el valandro, Rosa, y su capitán don Manuel Acosta, el piloto don José Erecua y el contramaestre Manuel Vidal Florez, llevando el capitán dos mil onzas de oro, para entregarlas al factor don Mariano Recio que se hallaba en dicho puerto de Gallinas, con el fin de que hiciese acopio de negros, tanto para el buque nuestro, como para la fragata Duquesa y el bergantín Guaira que llegarían después a cargar en dicho puerto, por venir nuestro capitán Acosta comisionado en la esclavitud de dichos buques.

Más llegando nosotros a tomar rumbo en las alturas de las yslas Canarias, llamó el capitán al piloto, al contramaestre, y a mí y entre los cuatro convenimos ocultar las dos mil onzas en tierra, y después naufragar el buque; y aproximándonos a la costa, se sostuvo el barco a la vela bordajeando enfrente de (...) que hay en la playa orilla del mar, y quedándose el piloto a bordo cogimos entre el capitán, contramaestre y yo los dos cajoncitos donde venían las dichas dos mil onzas y trasportándolas a la lancha lo mas reservados de la tripulación que se pudo, y cuando quedaba poco sol, nos dirijimos los tres a tierra, diciendo el capitán a la gente que iba con dirección de ver un amigo que tenía en (...).

Llegando ya oscurecido próximos a la (...), saltamos en tierra, quedándose el contramaestre en la lancha, tomó el capitán un cajón y yo el otro, dirigiéndonos al sitio que nos pareció más oportuno para el efecto, en el cual hicimos una excavación de bastante profundidad donde dimos sepultura a los dos cajones, y cubriéndolos de tierra tomamos los dos muy bien las señas del sitio fijo donde quedaban, haciendo yo de mi parte al día siguiente una apuntación por extenso, la que conservo en un secreto de mi baúl, obrando la llave en mi poder, con el fin de que si en lo sucesivo tuviese yo que valerme de alguna persona de confianza para el efecto diesen con ellos al momento como yo propio. Dicho baúl tengo en Cádiz empeñado con parte de mi equipaje en una casa de confianza, a causa de haberme socorrido y costeado el dueño de dicha casa una grave y penosa enfermedad que sufrí por espacio de un año en aquella ciudad; mas volviendo a eso de la madrugada al buque, dimos la vuelta afuera, y a la noche siguiente a eso de la media noche, se dirigió para tierra embistiendo el capitán el buque sobre un arrecife de peñas que hay en la ysla del Salbaje, cuya ysla se haya al naciente de las yslas Canarias; y en la lancha nos vinimos a Palma, y de allí pasamos a Santa Cruz.

El capitán que iba algo enfermo, piloto y contramaestre fueron en un bivarca llamado Las dos hermanas, y su capitán don Leandro Rosa. Y la demás gente fuimos en otro barco, llegando el día 12 de julio, a Santa Cruz donde se quejó la tripulación al comandante de marina que había en aquel tiempo, diciendo que sospechaban del capitán por haber obrado de mala fe, tanto por haber salido la tarde anterior solo con el contramaestre y un marinero llevándose unos bultos para tierra en la lancha que ignoraban lo que era, como por haber naufragado el buque sin haber habido temporal, y esto les hacía sospechar que habían ido a ocultar los dineros, pues decía el capitán y consta en su declaración que fueron perdidos en el naufragio del buque.

También fueron sumariadas en nuestra causa una mujer llamada Toribia Gómez y su abuela que se hayaban con un almacén de sal en la playa de Erese en la ysla de la Gomera, porque al pasar nosotros próximos a aquel sitio saltó el capitán en tierra y dirigiéndose al barracón de dichas mujeres entabló estrecha amistad con dicha joven Toribia Gómez, a quien le dio a guardar 133 onzas de oro y un cronómetro. Más cuando fueron reclamadas a Santa Cruz solo entregó dicho cronómetro a la autoridad, negando el dinero, pero fueron reconocidas y le encontraron a la vieja unas cuantas onzas de oro, por cuya razón fueron sumariadas, y dicha causa les salieron 4 años a cada una a la galera de Santipomes, las que ya deben estar en sus casas cumplidas de dichas condenas, de quien puede usted informarse como también de las demás personas que cito, y conocerá ser cierto cuanto en esta le manifiesto.

A consecuencia de haber ido el capitán algo enfermo se le originó la muerte, falleciendo en el mes de agosto, del mismo año, quedando el secreto sepultado en mi pecho. En el mes de la muerte del capitán de la carraca a disposición del capitán general de marina de donde salimos todos absueltos de dicha causa, y después de sufrir yo la enfermedad que dejo referida, salí un día de paseo para distraerme un rato por la ciudad de Cádiz, me encontré con un amigo de los suelen haber en el día, el cual me denunció de una causa que tenía yo pendiente bajo el nombre de José María Notel, con el cual existo y de dicha causa he sido sentenciado a este penal donde resido.

Convencido de que se halla poseído de un corazón bondadoso, precipitadamente parto a implorar su clemencia, y rogarle se digne ofrecerme su importante favor y apoyo hasta rescatar ese caudal enterrado, el que partiremos no como amigos y compañeros en sentimientos sino como propios hermanos.

A cuyo fin, y aceptando mis proposiciones precisa me conteste inmediatamente si admite usted o no la comisión, y en caso que usted no puede desempeñarla por sus ocupaciones, sírvase elegirme en esa una persona de su confianza para dirigirme a ella, ofreciéndole para otra ser mas extensivo en relaciones que se necesitan al efecto. Y con su favor se despide de usted atentamente.

José María Notel (firmado y rubricado)

Advertencia

Encargo a usted se digne guardar el más profundo silencio pues así conviene para los dos, usando de toda reserva en caso de informarse del negocio por las personas citadas con el fin de evitar funestos resultados que pueden sernos gravosos, como yo también evitaré por mi parte que los jefes de este penal tengan el más leve indicio de él; para cuyo efecto sírvase ponerle dos sobres a la carta, el interior a mi nombre y apellido y el exterior a doña Josefa Cruz, callejón de Duarte nº 11, en Ceuta.

En atención a la miseria que sufro, dígnase remitirme un certificado y algunos francos, con el fin de poderle contestar a vuelta de correo, remitiéndole certificada la carta que lleve el plano, pues de otro modo me es imposible poder verificarlo, a causa que para yo poderle escribir ésta, tuve que deshacerme aquel día de la dotación que me pasa la casa.



NOTAS

[1] Sobre leyendas, véase por ejemplo: Díaz Viana, Luis. Leyendas populares de España: históricas, maravillosas y contemporáneas: de los antiguos mitos a los rumores por Internet. Madrid: La Esfera de los Libros, 2008; García de Diego, Vicente. Antología de las leyendas de literatura universal. Barcelona (etc.): Labor, 1958, 2 vols.; Hernández, Graciela Beatriz. «Leyendas de tesoros escondidos: versiones mapuches registradas en Bahía Blanca (Argentina)». Culturas populares, n.º 4 (2007); Merino, José María. Leyendas españolas de todos los tiempos: una memoria soñada. Madrid: Siruela, 2010.

[2]Martos Núñez, Eloy. Álbum de mitos y leyendas de Europa. [S. l.]: Junta de Extremadura, Presidencia, 2001, p 216; Puerto, José Luis. Leyendas de tradición oral de la provincia de León. León: Diputación de León, 2011, pp. 324 y 327.

[3]Delgado, Juan Francisco (ed.). Enigmas y tesoros de Canarias: el misterio de Cabeza de Perro. [Güímar]: Herques, 2014.

[4] En igual manera agradecemos la colaboración prestada en la elaboración de este artículo a la profesora Dulce Rodríguez González, al filólogo Francisco J. Castro Feliciano, al historiador del arte Carlos Rodríguez Morales y al artista José Alberto Cabrera.

[5] Génesis, III, 4. Véase para la visión del timo contenida en el relato bíblico: Bajarlía, Juan Jacobo. Historias de monstruos. Buenos Aires: Ediciones La Flor, 1969, pp. 131-134 («Sobre la estafa»).

[6]Shakespeare, William. El mercader de Venecia. Obras Completas. Madrid: Aguilar, S. A. De Ediciones, 1951, pp. 1049-1093.

[7]Cervantes Saavedra, Miguel de. Los baños de Argel. Obras completas de Miguel de Cervantes Saavedra. Comedias y entremeses: Tomo I. Madrid, [s. n.], 1915 (Imprenta de Bernardo Rodríguez), pp. 235-352; Rivero, Alejandro. «Cervantes y el timo nigeriano». En: Incidencias. [Recurso en línea]. Disponible en: http://a.rivero.nom.es. (Consultado el 2 de diciembre de 2015).

[8]Martín Pérez, Eduardo. «El Presidio de Ceuta: el correo de los confinados». El Correo del Estrecho (Boletín de la Agrupación Filatélica de Ceuta), n.º 12 (1997).

[9] Turrado Vidal, Martín. Estudios sobre historia de la policía (III): policía y gentes de mal vivir: historias variopintas. Madrid: Visión Net, [2006], pp. 203-206.

[10]Martín Pérez, Eduardo. Op. cit.

[11] Una curiosa variante de estafas sería la causada por la propia víctima a sí misma. Un testimonio puede espigarse en El collar (1884), de Guy de Maupassant (1850-1893). En este cuento, un matrimonio pierde un collar de gran valor que les habían prestado y se endeudan y sacrifican durante años para poder pagar uno igual y devolverlo, tras lo cual descubren que el original perdido era una imitación de ínfimo valor.

[12]Vidocq, Eugène-François. Mémoires. Tenon: [s. n.], 1828, v. I, pp. 199-222.

[13]Train, Artur. «The Spanish Prisoner». The Cosmopolitan Magazine (1910). Véase también: «An Old Swindle Revived: The “Spanish Prisioner” and Buried Treasure Bait Again Being Offered to Unway Americana». The New York Time (20 march 1898).

[14] Seltzer, Richard. «The Serge Solovieff mystery: a WWI variant of the Spanish Prisoner scam». [Recurso en línea]. Disponible en: http://www.samizdat.com/solovieff.html. (Consultado el 2 de diciembre de 2015).

[15]Molist, Mercè. «El fraude del Nigeriano». El País/Ciberpaís (Madrid, 23 de noviembre de 2006), pp. 1 y 9. Más recientemente, en septiembre de 2014, fue condenada una banda dedicada a este timo y que operaba desde España, que consiguió estafar entre los años 2005 y 2010 un total de 8,8 millones de euros a solo 15 personas de distintos países. Consúltese: Pérez, Fernando J. «Prince, el estafador más rentable». El País (Madrid, 11 de septiembre de 2014).

[16]Poggio Capote, Manuel. «El Pino Gacho y otras leyendas de tesoros de La Palma». En: Enigmas y tesoros de Canarias: el misterio de Cabeza de Perro. [Güímar]: Herques, 2014, pp. 260-267.

[17] Una edición de este relato como leyenda en: Dvorak, Alexej, Lorenzo Francisco, Belén, Poggio Capote, Manuel. Leyendas de La Palma. Breña Alta (La Palma): Cartas Diferentes Ediciones, 2016.

[18] Nacido en Santa Cruz de La Palma, fue nombrado maestro de la escuela de Fuencaliente en 1874, dando inicio a una intensa vinculación de por vida con el municipio. Fue secretario del Ayuntamiento entre 1882 y 1927, además de secretario del Juzgado de Paz y concejal del Ayuntamiento, y entre las numerosas gestiones en las que tomó parte destacan la concesión de una biblioteca popular y la ubicación del faro. Hernández Armas llevó a cabo una importante labor de recopilación y recuperación de documentos relacionados con la historia del municipio, entre los que podría destacarse por su singularidad un manuscrito sobre la ubicación de la Fuente Santa. Falleció en Fuencaliente en 1951 (Véase: Díaz Lorenzo, Juan Carlos. Fuencaliente: historia y tradición. Madrid: Ediciones La Palma, 1994, pp. 319-321).

[19]Poggio Capote, Manuel. Op. cit., pp. 263-265; Rodríguez Dubois, María. «Hechos reales (El tesoro del Barranquito)». El Día (Santa Cruz de Tenerife, 12 de febrero de 1987), p. 47.

[20] Cabrera Perdomo, Agustín. «El tesoro de Soo (Tinajo)». En: Enigmas y tesoros de Canarias: el misterio de Cabeza de Perro. [Güímar]: Herques, 2014, pp. 99-101.

[21]Lorenzo Arrocha, Jesús Manuel. Galeón: naufragios y tesoros. [Santa Cruz de La Palma]: Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, 1999. Epígrafe «Un tesoro en la isla de La Palma», pp.141-144. Segunda ed., 2007; Lorenzo Arrocha, Jesús Manuel. «Un cofre de 2000 onzas enterrado en una playa palmera». En: Enigmas y tesoros de Canarias: el misterio de Cabeza de Perro. [Güímar]: Herques, 2014, pp. 268-271.

[22] En el municipio de Tazacorte, la familia Rodríguez conserva memoria de haber visto una carta entre los papeles de don Elías Rodríguez Pérez.

[23] Lorenzo Rodríguez, Juan B. Noticias para la historia de La Palma. [Santa Cruz de La Palma: Cabildo Insular de La Palma], 1975-2011, v. II, p. 342.

[24]Lorenzo Arrocha, Jesús Manuel. «Hallazgos monetarios en la isla de La Palma». Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, n.º 0 (2004), pp. 447-452; Ídem. «Monedas halladas en la iglesia de San Andrés, en la isla de La Palma y la leyenda de María Liberata de Guisla». Revista de Estudios Generales de la Isla de La Palma, n.º 5 (2011), pp. 241-248; Perera Betancort, María Antonia. «El tesoro de la Cueva de los Verdes». En: Enigmas y tesoros de Canarias: el misterio de Cabeza de Perro. [Güímar]: Herques, 2014, pp. 15-16.

[25]Poggio Capote, Manuel; Martín Pérez, Francisco J.; Lorenzo Tena, Antonio. ¡Ah de la nave!: historia y cultura del corso berberisco en la isla de La Palma. [Breña Alta]: Cartas Diferentes Ediciones, 2014.