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Las variantes alleranas (Asturias) del romance «La muerte del príncipe don Juan»

NICOLÁS APARICIO, Santos

Publicado en el año 2016 en la Revista de Folklore número 414.

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El latín, en la Edad Media, era la lengua culta utilizada por los clérigos y nobles en sus escritos; sin embargo, el pueblo utilizaba la «lengua vulgar» o romance. En esta lengua romance empezaron a escribirse una serie de composiciones o cantares de diferente temática y origen. La forma de presentarse es mediante versos de dieciséis sílabas, divididos en dos hemistiquios octosílabos, monorrimos y asonantados al final de cada verso largo. Los romances se podían interpretar declamando, cantando o intercalando canto y declamación. Estas composiciones se hicieron tradicionales, es decir, pasaron al pueblo, que las aprendió y transmitió de boca en boca de forma anónima a lo largo del tiempo. Los romances, atendiendo a su temática, se pueden agrupar en cuatro grandes apartados: romances históricos, romances de asunto carolingio, romances novelescos y romances religiosos[1]. Otro criterio de clasificación es el del AIER[2], que establece: romancero tradicional (el que procede de los siglos xv y xvi), romancero «vulgar» (narraciones tardías popularizadas de los siglos xvii y xviii) y romancero de «cordel» (largos romances más modernos difundidos por los ciegos y comprados en pliegos)[3].

1. El romancero español. El proyecto panhispánico

En el siglo xix surge un movimiento culto que trata de la recolección y estudio de todos los romances conocidos que se hallaban dispersos en distintas colecciones, por un lado, y en boca del pueblo, por otro. Numerosos autores e investigadores han contribuido a esta recopilación y ordenación. El primero que los recoge es Agustín Durán[4] en sus famosas Colecciones de romances antiguos o Romanceros (Valladolid, 1821), ampliado luego con el título de Romancero general. Ya en el siglo xx, Ramón Menéndez Pidal y su escuela emprendieron su compilación exhaustiva y empezaron a ordenarlos y estudiarlos.

Mediante Internet, podemos consultar el proyecto sobre el Romancero panhispánico[5] dependiente de la Universidad de Washington, que es una base de datos de todos los romances documentados por el mundo desde el siglo xv. Actualmente están accesibles la bibliografía, la base de datos textual y el archivo sonoro. Haciendo una búsqueda para el romance de «La muerte del príncipe Juan», podemos obtener 305 entradas recogidas en todo el mundo, pero especialmente en España.

2. «La muerte del príncipe don Juan»

Este es uno de los pocos romances históricos que perviven en la tradición oral moderna. La muerte del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, príncipe de Asturias y Gerona, destinado a unir los reinos de Castilla y de Aragón, fue muy sentida y llorada en toda España. Por otro lado, el hecho provocó el fin de la dinastía castellana de los Trastámara en favor de los Habsburgo austríacos.

a) Contexto histórico

El príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, nació en Sevilla el 30 de junio de 1477. Un año antes, los Reyes Católicos habían llegado allí con su corte, durante la guerra de sucesión castellana, y se habían instalado en el recinto de los Reales Alcázares.

Se sabe que el parto real fue asistido por una partera sevillana, conocida como la Herradera, y que contó con la presencia como testigos, designados por el rey Fernando, de Garci Téllez, Alonso Melgarejo, Fernando de Abrejo y Juan de Pineda, según marcaban las normas castellanas, para disipar la menor duda de que era hijo de la reina. Con casi 19 años, se casó en abril de 1497, en la catedral de Burgos, con la archiduquesa Margarita de Austria, hija del rey de romanos Maximiliano I de Habsburgo y de la duquesa María de Borgoña. Seis meses después de su boda, el 4 de octubre, murió en Salamanca, ciudad a la que había llegado de camino hacia la boda de su hermana. Según las crónicas de la época, don Juan falleció por «exceso de amor» hacia su joven esposa. Aunque el esfuerzo físico pudo empeorar su estado, su salud nunca fue buena y la verdadera causa de la muerte fue la tuberculosis. Unos meses después, su mujer Margarita dio a luz a una hija que murió en el parto. Tras estos acontecimientos, la hermana mayor de Juan, Isabel, fue nombrada princesa de Asturias y de Gerona. Su cuerpo debía reposar en el Real Monasterio de Santo Tomás (Ávila), en el sepulcro realizado años después (1510) por Domenico Fancelli por encargo de Fernando el Católico, pero fue profanado durante la guerra de Independencia española y actualmente se desconoce dónde se encuentran sus restos.

b) El descubrimiento

Don Ramón Menéndez Pidal y su esposa doña María Goyri[6] hallaron esta joya en boca de una lavandera de la localidad de La Sequera, cerca de Aranda de Duero, provincia de Burgos, cuando realizaban por aquellas tierras su viaje de luna de miel. Corría el año 1900. La versión que apuntaron contenía un verso curioso que hacía mención al «doctor De la Parra». Meses después, tras varios estudios documentales, descubrieron que el doctor que asistió al desgraciado príncipe se apellidaba así, De la Parra. María Goyri fue la primera mujer que obtuvo la licenciatura de Filosofía y Letras, en 1896, y el grado de doctor en 1909. En 1904 realiza un completo estudio del romance y lo publica en el Bulletin Hispanique.

3. Las variantes alleranas del romance

Seis son las variantes de este romance, de las que tenemos conocimiento hasta fecha de hoy, en el concejo de Aller (Asturias). Las tres primeras y la última ya publicadas, inéditas las otras dos. Todas recogidas en la parte alta del concejo, en Casomera, Felechosa y El Pino. Adoptamos, para su escritura, un formato tipo ficha donde, además del texto, figuran los datos de campo referidos a su recogida y las ordenamos según criterio cronológico. Las dos últimas, Felechosa y El Pino (quinta y sexta versiones), son cantadas, habiéndose transcrito la música de la quinta por considerarla la más original.


Variante primera: CASOMERA[7]

Localidad: Casomera (Asturias)

Informantes: Cesárea González

Recopilador: Ramón Menéndez Pidal

Lugar y fecha: Casomera, antes de 1909

Tristes nuevas, tristes viejas, que se cuentan por España,

que el glorioso san Juanín está malo en la su cama.

Siete dotores le asisten, los mejores de Granada.

Solo falta por venir el redentor de las almas.

¿Qué le mandas a tu esposa? No le puedo mandar nada;

mientres vivan los mis padres, no le puedo dejar nada.

El padre lo estaba oyendo al pegollu de la cama:

Mándale, hijo, lo que quieras, que yo no le quito nada.

Mándole un anillo de oro que le di de enamorada.

Si tú le das uno de oro, yo le doy otro de plata.

Estando en estas razones, la su esposa allí llegaba.

¿Onde viene, la mi esposa, dónde viene, la mi esclava?

Vengo de San Salvador, de oír la misa rezada,

de pidir a Dios del cielo te levantes de esa cama.

Sí levantaré yo, triste; sí levantaré, cuidada;

que antes de las dos del día, antes de romper el alba,

verás mi cuerpo difunto pidiendo tú la mortaja,

y los curas a la puerta, los cofrades con las hachas;

verasme coger en peso, verasme salir de casa,

verasme entrar en la iglesia donde el cristiano arremata;

tú te vendrás pa tu casa, muy triste y desconsolada,

verás tu casa de luto, tus puertas todas cerradas,

la hacienda pa la justicia, pa ti y pa tus hijos nada.


Variante segunda: CASOMERA

Localidad: Casomera (Asturias)

Informantes: Elena Nespral

Recopiladores: Juan Menéndez Pidal y Ramón Menéndez Pidal[8]

Lugar y fecha: Casomera, 1909

Tristes nuevas, tristes viejas, que se corren por España,

el señor don Juan Contreras que está malito na cama.

Tres dotores le asisten, los mejores de Granada.

Solo falta por venir aquel dotor de Carda.

Estando n’estas palabras, entra el dotor por la sala.

¿Cómo te va ahí, don Juan, cómo te va n’esa cama?

Vame como Dios quisiera, como Dios quisiera me vaya.

Tres horas tienes de vida, la una está encomenzada.

Estando n’estas palabras, entra ella por la sala.

Padre, de lo que le di, por Dios no le quite nada.

¿Dónde vienes, prenda mía, regalito de mi alma?

Vengo de aquella ermita, ……………………………

de rogar a Dios por ti, que te saque de esa cama.

De esta cama ya saldré, mañana por la mañana;

tú con tu vestido negro, yo con mi mortaja blanca.

Y a eso del amanecer a Dios entregaba el alma.


Variante tercera: FELECHOSA

Localidad: Felechosa (Asturias)

Informantes: Rosario Álvarez

Recopiladores: Genaro Alonso Megido/Concepción Lada Tuñón[9]

Lugar y fecha de grabación: Felechosa, 1989

Tristes nuevas, tristes nuevas se recorren por España,

que el hijo de don Juan Carrera muy malito está en la cama.

Cuatro doctores le asisten, los mejores de Granada;

unos dicen que no entienden y otros dicen que no es nada.

Solo falta por venir el mejor doctor de la Carva.

Estando en estas palabras, entra el doctor por la sala:

¿Qué tal le va ahí, don Juan, qué tal le va en esa cama?

Váyame como Dios quiera, como Dios quiera me vaya.

Tres horas tienes de vida, la una ta encomenzada.

Estando en estas palabras, entra el padre por la sala:

¿Qué tal te va, hijo mío, hijo de las mis entrañas?

Vame bien como Dios quiera, como Dios quiera me vaya.

En estas palabras y otras, entra ella por la sala

con el cabello tendido y el rostro bañado en agua.

¿D’onde vienes, perla fina, d’onde vienes, perla humana?

Vengo de rogar a Dios que te saque de la cama.

De esta cama ya me sacan mañana por la mañana.

……………………………….…………………………

Uno muere a la medianoche y el otro al esclarar el alba,

y a esto del amanecer, adiós, amantes del alma.


Variante cuarta: FELECHOSA

Localidad: Felechosa (Asturias)

Informantes: María Ortiz Fernández (13-12-1921)

Recopilador: Covadonga González Muñiz[10]

Lugar y fecha de grabación: Felechosa, 21 de diciembre de 2007

Ya se oyen los rumores por las calles de Granada,

que el hijo de Juan Carrera está malito en la cama.

Cinco doctores le asisten, los mejores de Granada;

y unos dicen no lo entiendo y otros dicen que no es nada.

Solo falta por venir aquel doctor de la fama.

Y estando en estas palabras, entra el doctor por la sala.

¿Cómo te va ahí, don Juan? ¿Cómo te va en esa cama?

Vame como Dios quisiera, como Dios quiera me vaya.

Dispone, Juan, de tu vida; dispone, Juan, de tu alma.

Tres horas tienes de vida, la una va encomenzada.

Estando en estas palabras, entra ella por la sala,

con el cabello tendido y el rostro bañado en agua.

¿De onde vienes, prenda mía, pedacito de mi alma?

Vengo d’aquella ermitiña, d’aquella ermitiña santa.

De rogar a Dios por ti, que te saque de esta cama.

De esta cama prenda mía ya me sacarán mañana.

Iremos juntos a misa, mañana por la mañana.

Yo me quedaré en la iglesia, tú te vendrás para casa

y te entregarán la llave como el ama a la criada.

De todo cuanto le di, padre, no le quite nada,

tampoco el anillo de oro que le di de enamorada.


Variante quinta: FELECHOSA

Localidad: Felechosa (Asturias)

Informantes: María Suárez Rodríguez (7-01-1939) y Albina Suárez Rodríguez (21-06-1937)[11]

Recopilador: Santos Nicolás Aparicio

Lugar y fecha de grabación: El Pino, 20 de enero de 2009

Versión musicada

Tristes nuevas, tristes nuevas, que se corren por España,

el hijo de Juan Carrera está malito en la cama.

Cuatro dotores le asisten, los mejores de Granada;

unos dicen que no entiendo otros dicen que no es nada.

Solo falta por venir aquel dotor de la Carba.

Estando en estas razones, entra el dotor por la sala.

¿Qué tal te va ahí, don Juan, qué tal te va en esa cama?

Vame como Dios quisiera, como Dios quiera me vaya.

Dispón, Juan, de la tu vida; dispón, Juan, de la tu alma.

Tres horas de vida tienes, la una ya encomenzada.

Estando en estas razones, entra el padre por la sala.

¿Qué tal te va, hijo mío, hijo de las mis entrañas?

Vame como Dios quisiera, como Dios quiera me vaya.

Tres horas de vida tengo, la una ya encomenzada.

La doncella ya llegó tan triste, desconsolada.

Padre, de lo que te pido, cuidao, no le quites nada,

tampoco el anillo de oro que le di de enamorada.

Estando en estas razones, entra ella por la sala,

con el cabello tendido y el rostro bañado en agua.

¿Dónde vienes, prenda mía; dónde vienes, prenda humana?

Vengo de aquella ermitilla a rogar a Santa Clara,

de rezar a Dios por ti, que te saque de esa cama.

Ya me sacarán de aquí mañana por la mañana,

iremos juntos a misa a la iglesia Santa Clara.

Tú con el vestido negro, yo con la mortaja blanca,

y yo me quedaré allí y tú vendrás para casa,

y tú entregarás las llaves como un ama a la criada.

Tus ojos serán dos fuentes que manarán aguas claras,

que le darán campos verdes por Sevilla y por Granada.

Él murió en la medianoche, ella al amanecer el alma,

y a esto del amanecer, adiós, amantes del alma.


Variante sexta: EL PINO

Localidad: El Pino (Asturias)

Informantes: Marisa González Fernández (31-05-1943)

Recopilador: Xosé Antón Fernández Ambás[12]

Lugar y fecha de grabación: El Pino, 28 de abril de 2013

Versión musicada

Tristes nuevas, tristes nuevas, que se corren por España,

el hijo de Juan Carrera está enfermito en la cama.

Lo cuidan cuatro doctores, los mejores de Granada;

unos dicen que no entienden, otros dicen que no es nada,

solo falta por venir un gran doctor de gran fama.

Estando en estas palabras, entra el doctor en la sala.

¿Qué tal estás, jovencito, cómo te va en esa cama?

Vame como Dios quisiera, como Dios quiera me vaya.

Tienes tres horas de vida, tu enfermedad no declara;

puedes arreglar tu vida, porque no te sobra nada.

Estando en estas palabras, entra su padre en la sala.

¿Qué tal estás, hijo mío, cómo te va en esa cama?

Vame como Dios quisiera, como Dios quiera me vaya.

La doncella que ahí dejo muy triste y desconsolada,

padre, de lo que le di usté no le pida nada,

tampoco el anillo de oro que te le di de enamorada.

Estando en estas palabras, entra su novia en la sala

con el cabello tendido, la cara bañada en agua.

¿Dónde vienes, perla mía; dónde vienes, perla humana?

Yo vengo de aquella ermita, de rezarle a Santa Clara,

de rogar a Dios por ti, que te saque de esa cama.

D’esta cama salgo yo mañana por la mañana,

iremos juntos a misa a la iglesia Santa Clara.

Tú irás vestida de negro, yo con la mortaja blanca,

yo me quedaré allí y tu vendrás para casa,

y te estregarán las llaves como a una buena criada.

Tus ojos serán dos fuentes, manarán aguas muy claras

que regarán campos verdes por Sevilla y por Granada.

Él murió a la medianoche y ella cuando raya el alba.

Y aquí termina la historia de Juan Carrera y su amada.

4. Conclusión

A primera vista puede llamar la atención el nombre del personaje enfermo, «el hijo de don Juan Carrera», pero hay que tener en cuenta que, como consecuencia del tiempo transcurrido, la pérdida de la memoria popular de los hechos y personajes históricos sea comprensible. Sin embargo, el romance se mantiene y se transmite a lo largo de tantos años debido, sin duda, a la carga melodramática que contiene. Por ejemplo: el consejo de doctores, del que solo uno es capaz de adivinar el fatal desenlace, «Tres horas de vida tienes, la una ya encomenzada»; las escenas repetidas de las entradas de diferentes personajes en la sala, «Estando en estas razones, entra el padre por la sala»; el ruego del moribundo príncipe a su padre en relación con las arras prometidas a su esposa, «Padre, de lo que te pido, cuidao, no le quites nada»; las oraciones de la esposa a la santa de la ermita, «Vengo de aquella ermitilla, a rogar a Santa Clara», y el desenlace final, «Él murió a la medianoche y ella cuando raya el alba». Finalmente, las tres últimas versiones, y no las dos primeras, terminan no solo con la inevitable muerte del príncipe, sino también con la de su amante esposa, lo cual nos lleva a pensar que este romántico final pueda proceder de la aportación de otro romance como puede ser el popular Conde Olinos, «Él murió a la medianoche y ella a los gallos cantar».




NOTAS


[1] Galmes de Fuentes, Álvaro. Romancero asturiano. Salinas. Ayalga, 1976.

[2] Archivo Internacional Electrónico del Romancero.

[3] Busto Cortina, Juan Carlos. Catálogo índice de romances asturianos. Consejería de Eduación, Cultura, Deportes y Juventud, 1992.

[4] Agustín Francisco Gato Durán y de Vicente Yáñez (1789 – 1862), escritor y erudito español del Romanticismo, gran estudioso y antólogo del romancero.

[5]https://depts.washington.edu/hisprom/espanol/

[6] «Romance de la muerte del príncipe D. Juan». Bulletin Hispanique, tomo 6, n.º 1, 1904, pp. 32-33.

[7] 0006: 167. Muerte del príncipe don Juan (ficha n.º 2451). Versión de Casomera (Ay. Aller, P. J. Lena, ant. Laviana, Asturias, España). Recitada por Cesárea González. Recogida por Ramón Menéndez Pidal, antes de 1909. (Archivo: AMP; Colecc.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en Petersen-Web 2000. Música no registrada.

[8] 0006: 182. «Muerte del príncipe don Juan» (ficha n.º 2466). Versión de Casomera (Ay. Aller, P. J. Lena, ant. Laviana, Asturias, España). Recitada por Elena Nespral (21a). Recogida por Juan Menéndez Pidal y Ramón Menéndez Pidal, 1909. (Archivo: AMP; Colecc.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Reeditada en Petersen-Web 2000-2007, texto. 033 hemist. Música no registrada.

[9] Del Romanceru Tradicional Asturianu. Lletres Asturianes-35, pp. 111-112. Academia de la Llingua Asturiana. Uviéu, 1982.

[10] Comunicación personal.

[11] Albina vive en El Pino. Albina y María aprendieron este romance de su madre María Rodríguez (María Genaro, 1902-1974), de Felechosa.

[12] Grabación de la TPA: http://www.rtpa.es/video:Camín _551367189962.html