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Los auroros en España

LÓPEZ NÚÑEZ, Norberto

Publicado en el año 2016 en la Revista de Folklore número 416.

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1.1. Introducción

Dentro de la diversa variedad de formas y estilos que aglutinan el canto popular, todas ellas responden a la necesidad de anunciar a la comunidad la invitación a celebrar un acontecimiento. Por toda la geografía española se manifiestan este tipo de expresiones musicales. En Valencia, la despertá; en Cataluña, las albaes, y en Andalucía, las alboradas. Peñas García (2000) destaca el canto de la aurora como cánticos que reflejan los sentimientos de una comunidad que siente devoción a un santo o una Virgen. En este sentido, nos centraremos en definir previamente el concepto del vocablo auroro o sus derivaciones dentro de la concepción de nuestro país, con la finalidad de esclarecer las posibles confusiones con relación al término, ocasionadas según su localización.

1.2. Aproximación al concepto

El término auroro está vinculado a una agrupación musical que interpreta coplas al alba para invitar a los vecinos de un barrio o localidad a participar del rosario por las calles. En este sentido, la doctrina de la religión supo adoptar y acoger este tipo de manifestaciones para incrementar el culto de los vecinos hacia la Virgen, procurando así un mayor control sobre los fieles (Jiménez Rueda, 2014).

Desde el punto de vista semántico, y siguiendo a Marcos Arévalo (1987), no debemos confundir el término auroro con aquellas expresiones de religiosidad popular en las que participan personas que cantan coplas y composiciones musicales afines al rito del rosario. En este mismo sentido, el autor distingue entre auroro y hermandad en función de la capacidad integradora de su organización, vinculando auroros con lo laico y hermandad con lo religioso, donde el significado de ser o pertenecer al grupo difiere de la intencionalidad del asociado. Los auroros confieren personalidad y unidad a una localidad, son capaces de aunar a personas no vinculadas a la liturgia de la Iglesia pero sí a la actividad aurora, son el símbolo de unidad comunitaria de un pueblo en donde no se contempla una estratificación social rígida. Como toda organización, tiene establecidos sus cargos; sin embargo, estos, desde una visión antigua, no son entendidos como privilegios, sino todo lo contrario: son una carga añadida dentro del grupo.

Otros autores como Sanz Irigoyen (2000) definen los términos aurora y auroro como el canto religioso que se entona al amanecer, antes del rezo del rosario, y con el que se da comienzo a una celebración de tipo religioso; por tanto, los que cantan estos cánticos son auroros.

Siguiendo a Reig, Monferrer y Collado (2001), el Canto de la Aurora se trata de cantos colectivos generalmente polifónicos, con diferentes grados de complejidad armónica, en donde algunas características musicales son comunes a otras manifestaciones que tienen lugar en distintos lugares de la zona mediterránea. Es considerada una actividad íntima y exclusiva de un pueblo en donde se le confiere una sensación positiva y elementos de identificación e integración comunitaria. Al respecto, Reig (2001, 112) aporta la siguiente definición al concepto de auroras:

Son cantos colectivos polifónicos con abundancia de melismas y sin rigidez métrica que se cantan en la calle por un grupo de gente no profesional, esencialmente a capella, aunque pueden tener algún tipo de acompañamiento instrumental. Se interpretan de madrugada con el fin de convocar a los fieles a la celebración del rito cristiano del rosario de la aurora, o bien como parte integrante del mismo ritual.

Desde el punto de vista del léxico común, y según Valcárcel Mavor (1996), el vocablo auroro se aplica a los miembros pertenecientes al coro de grupos, conjuntos, hermandades, cuadrillas o campanas que durante el tiempo que muere la noche y nace el día realizan alabanzas a la Madre de Dios mediante el canto. Por tanto, la aurora se refiere a todo aquello relacionado con esta actividad o dedicación. Las campanas de auroros son la expresión sonora y musical de unas hermandades que rinden honores a cualquiera de las advocaciones marianas y que, de modo general, todas aceptan a la Virgen de la Aurora como patrona superior.

Para Tomás Loba (2006), ser auroro no significa ser una persona de una determinada advocación u otra y que participa de lúgubres noches de rezo cantado, sino todo lo contrario: una persona perteneciente a una hermandad, devota y proclive a tener facilidad para la música cantada, que tenga versatilidad para el canto de baile y de fiesta, pero también para el religioso. En este mismo sentido, y con relación a la funcionalidad de su denominación, Trapero (2011) define a los auroros argumentando que su nombre proviene por salir de ronda al amanecer.

Sánchez Moreno (2015, 253) contempla en el glosario anexo al final de su libro Tratado sobre instrumentos para la música popular en los siglos xviii al xx el término auroros, que define como:

Grupo de músicos de carácter popular, no profesionales, vinculados a una cofradía o hermandad de advocación a la Virgen del Rosario. Su actividad se desarrolla durante los diferentes ciclos litúrgicos durante todo el año, a través de cantos que desarrollan con la aurora del día.

Desde un ámbito más academicista y ortodoxo, podemos comprobar que la Real Academia Española no recoge el término de auroro como tal, pero en su quinta acepción nos proporciona la siguiente definición[1]: «Aurora. (Del lat. aurōra, de aura, brillo, resplandor). 5. f. Canto religioso que se entonaba al amanecer, antes del rosario, y con el que se daba comienzo a la celebración de una festividad de la Iglesia».

En palabras de Asensio y Ortiz (2005), los cantos de auroras o campanillas son cantos entonados por agrupaciones locales de hombres en su origen, aunque en la actualidad está presente la mujer también. Salen al amanecer de cualquier día festivo entonando unas letras con relación a la festividad correspondiente. El nombre viene por el momento del día en el que se entonan y por la utilización de la campanilla anunciadora entre canto y canto por los lugares donde pasan.

Según Marcos Arévalo (1987) los auroros extremeños se organizan en dos categorías: socios activos y socios pasivos. Los socios activos son denominados comúnmente auroros y están encargados de cantar durante las madrugadas; por el contrario, los auroros pasivos o hermanos son aquellos que contribuyen a la cofradía con un pago anual. Según los testimonios que proporcionan los informantes al autor, la siguiente frase lo aclara todo: «Los auroros, levantarse y cantar; los hermanos, pagar». Hecho relevante es la consideración desde el punto de vista sociológico hacia la mujer, pues, aunque muchas se levantan y acompañan a los auroros en su actividad, no son consideradas auroros, sino miembros pasivos de la hermandad.

Díaz García (2007) nos aclara que las Hermandades de la Aurora, también denominadas Campanas de Auroros, toman su nombre del instrumento que usan para marcar el ritmo de sus cantos, mientras que la denominación Aurora proviene de su especial devoción a esta advocación mariana. En Murcia tan solo son tres hermandades de las catorce existentes actualmente las que rinden honores y devoción a la Virgen de la Aurora; en este caso son: la Cofradía Virgen de la Aurora de Yecla, la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y Aurora de Abanilla y, por último, la Campana de Auroros y Hermandad de Nuestra Señora de la Aurora de Alcantarilla.

No siempre los auroros han gozado de buena fama: en ocasiones, la figura de auroro estaba considerada socialmente como una persona bebedora, debido a la costumbre de frecuentar durante sus descansos las tabernas para apaciguar su sed y calmar sus gargantas de tenso esfuerzo vocal durante las frías noches (Carles, 1878).

Para terminar este apartado de definiciones, Gris Roca (2013) define de forma actualizada lo que podríamos entender por auroro en nuestra sociedad de hoy día. Lo hace equiparando al auroro con un «voluntario espiritual en el alba», es decir, una persona que en su tiempo libre se dedica a rezar pidiendo por los demás de forma altruista mediante el rezo cantado.

1.2.1. Evolución histórica: órdenes, hermandades y cofradías

Sánchez Ferrer (1991) realiza un recorrido histórico sobre los posibles orígenes del rosario mariano. Desde el punto de vista del autor, en el siglo xii los monjes de los monasterios cistercienses no sabían leer los salmos, y por ello recitaban 150 avemarías. En el siglo xv, la devoción por el rosario se extendió gracias a las órdenes mendicantes, como los dominicos y los jesuitas. Durante el pontificado de Pío V, el rosario sufrió una serie de modificaciones con relación al número de rezos y, debido a su exaltación y práctica, durante la Batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, el sumo pontífice declaró dicho día como la festividad de Nuestra Señora del Rosario. Durante el siglo xvi, y en especial durante los siglos xvii y xviii, se convirtió en una práctica muy extendida por todos los pueblos de España gracias a la creación de cofradías del Santo Rosario y, fruto de ello, han llegado hasta nuestros días vestigios de su legado, aunque de forma residual.

El cambio conceptual con relación a las advocaciones denominadas del Rosario hacia las denominadas de la Aurora tiene su origen y, siguiendo a Jiménez Rueda (2014), según las celebraciones del culto religioso. En sus orígenes, las hermandades denominadas del Rosario pasaron a denominarse de la Aurora o aceptaron las dos denominaciones por igual. Al realizarse el culto en un solo día de la semana, el domingo (más concretamente, en la madrugada del domingo y el domingo por la mañana), las denominaciones fueron cambiando. Los miembros de dichas hermandades, al ser en su mayoría jornaleros y trabajadores, tuvieron que adecuar el culto al rezo del Rosario a un solo día de la semana o días festivos, propiciando así que la asistencia a la misa de alba, realizada en el único día festivo para la era cristiana, se asegurase de contar con el mayor número de fieles para participar de la eucaristía. Según Romero Mensaque (2012), en este hecho se basa la justificación del paso de la denominación de una advocación a otra.

Autores como Asensio y Ortiz (2005) señalan que no hay que confundir el canto de las auroras, costumbre extendida por varias zonas de España, con las auroras del Rosario de la Aurora, exclusivo del mes de octubre y de la festividad de la Virgen del Rosario, que los frailes de diversas órdenes contribuyeron a divulgar durante el siglo xx por los pueblos de España durante sus misiones. Estos rosarios son más modernos y guardan más similitud tanto en las letras como en la música en bastantes lugares de España.

1.2.2. Aspectos sociológicos y religiosos

Al igual que otros autores, Romero Mensaque (2012) expone la idea de que el rezo del Rosario consolida su estructura habitual tal y como la conocemos hoy desde finales del siglo xv. Es durante el siglo xvi cuando se convierte en una devoción no tutelada por los clérigos y alcanza dimensiones de raíz popular a través de las cofradías y hermandades de diversa tipología. Entre su legado, además de símbolos materiales como cruces, faroles e imágenes de vírgenes, nos queda un substancial legado inmaterial, como es el canto de las coplas de la aurora.

La obligación y la responsabilidad en las tareas del trabajo son preceptos que hacen modificar costumbres incluso religiosas, adaptándolas o modificando hábitos ante la necesidad de mantener a los fieles al amparo de la religión. En este sentido, y siguiendo a Peñas García (2000), algunos estudiosos creen ver una relación entre el canto de la aurora y el rezo del rosario, basada en el hecho de que bajo la influencia del papa León XIII, en 1878, se dio un nuevo impulso al rezo del rosario antes de la misa del alba, celebrada muy temprano para que todos los fieles pudieran acudir antes de ir al trabajo. En las cofradías de la Aurora, al menos en el caso de Extremadura y, según pone de manifiesto Marcos Arévalo (1987), se da como hecho relevante su asociación a grupos de labradores. Como prueba de esta asociación, el autor recoge el testimonio documental de 1817 en donde se instaba al prior de Magacela a fundar una cofradía con la finalidad de que los vecinos de Monterrubio de la Serena puedan practicar sus alabanzas a la Virgen durante las madrugadas y acudir a misa de alba para evitar, así, tener que retrasar su actividad agrícola ante la realización de la misa ordinaria en horas más tardías, entrada la mañana.

Aunque desde una postura émica la percepción de los auroros sobre la implicación intervencionista de la Iglesia pueda parecer nula, la realidad es bien distinta. Siguiendo a Marcos Arévalo (1987), son los nuevos jóvenes sacerdotes de mediados del siglo xx los que actúan como promotores del dinamismo de los auroros extremeños. Este hecho se constata en la cantidad de elementos simbólicos en donde los auroros aceptan de forma implícita dicho intervencionismo de la Iglesia como institución. Por ejemplo, tener la iglesia como lugar de reunión, utilización de estandartes e imágenes religiosas, seguir los itinerarios marcados por el sacerdote para las procesiones o la presencia del lenguaje catequizador en las letras de coplas donde se intuye la mano de personas educadas en una formación teológica.

Un hecho relevante desde el punto de vista social, adoptado por los auroros de Zarza Capilla en la década de los años setenta del siglo pasado, es la no salida a cantar por las calles durante las madrugadas de los meses de verano, para no confundir a los vecinos con actividades vandálicas, como borracheras o gamberradas (Marcos Arévalo, 1987).

En el caso del levante español, Tomás Loba (2012) nos aclara que tanto cuadrillas de hermandades de ánimas como animeros, auroros, despertadores o rosarieros compartían actividades inherentes al origen de sus órdenes o advocaciones, colaborando, incluso, en rituales propios de otras hermandades y viceversa. El autor afirma que, en la mayoría de casos, esto sucedía por la necesidad de abarcar ritos de diversa índole según el calendario anual religioso ante la falta de personas, en este caso, capaces de hacer música de un mismo territorio.

1.3. Distribución de los auroros en el panorama nacional

En el siguiente apartado, pretendemos mostrar una visión a través de distintos autores sobre la presencia o los estudios relacionados con los auroros en aquellas provincias españolas donde tienen un papel activo y relevante.

En las provincias o regiones que no hemos mencionado nada, entendemos que no es una tradición consolidada o, al menos, no lo suficientemente para ser remitida en algún ámbito de comunicación bibliográfico o divulgativo, así como todavía no documentada. En este sentido, no aportamos información sobre las comunidades de Castilla y León, los archipiélagos, la zona norte del país más occidental, Madrid o las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Aunque se sabe de la presencia de grupos auroros en las comunidades de Cataluña y el País Vasco por la participación de estos en encuentros o concentraciones de auroros, no hemos aportado un apartado específico para estas regiones al ser muy escasa la información encontrada, no indicando más allá de su denominación y su participación en dichos eventos.

1.3.1. Navarra

Se tiene constancia bibliográfica y en notación musical de la presencia del canto de la aurora en la Comunidad Foral de Navarra gracias a una publicación realizada en la localidad de Estella, donde el músico Silvestre Peña Echeverría recopiló a mediados del siglo xx (1951-1952) los cantos y las explicaciones de Adriano Juaniz (auroro más antiguo de Estella). Los auroros de Estella utilizan la campanilla, además de otros instrumentos musicales como pandereta, castañuelas, tamboril, triángulo, pandero y zambomba, entre otros, interpretando esta en festividades señaladas. Tienen un calendario festivo de actuación distribuido a lo largo del año, e interpretan sus auroras a una o varias voces de forma polifónica (Peñas García, 2000).

Sanz Irigoyen (2000) hace un recorrido descriptivo por las fiestas tradicionales de los pueblos de la Comunidad Foral de Navarra y en donde encontramos la presencia de cantos de aurora y auroros. Veamos en qué lugares son. En Abárzuza celebran los días 15 y 16 de agosto la festividad de Nuestra Señora de la Asunción y San Roque, respectivamente, y lo hacen con despiertas de auroras, a las que les sigue una procesión y misa cantada. En Egüés se celebra el Día del Valle entre el segundo y tercer domingo de septiembre y tiene lugar la participación de auroros. En Lodosa, el 20 de septiembre se honra a la Virgen de las Angustias con cantos de aurora. En Murchante, el día grande de las fiestas se inicia con auroras para despertar a los vecinos; las fiestas son en honor de san Roque y tienen lugar del 14 al 21 de agosto. En Obanos celebran sus fiestas del 28 de agosto al 2 de septiembre en honor de san Juan Bautista; el día del patrón se cumple la antigua tradición de las auroras. En Puente la Reina/Gares, el 25 de julio se celebra una misa cantada con auroras en honor de Santiago apóstol.

En la actualidad, Navarra es la población en donde se concentra el mayor número de agrupaciones o grupos de auroros de España. Se contabilizan aproximadamente un total de 79 agrupaciones distribuidas entre diversas localidades y pueblos de la comunidad. Se realizan reuniones anuales de auroros desde el año 1976, hecho que pone de manifiesto la realización de la XXXIX Concentración de Auroros de Navarra que tuvo lugar en julio del 2015 en Tafalla. Estas celebraciones son organizadas por grupos de auroros de localidades vecinas que se mancomunan para gestionar este tipo de eventos[2].

Entre las características principales de los auroros de Navarra se destaca su carácter popular, en donde los grupos de auroros están formados por un número variable de personas de ambos sexos aunados con el único fin de participar de un canto colectivo de alabanza al alba para honrar a la Virgen y los santos indistintamente por las calles de sus respectivos pueblos y, salvo casos puntuales, de forma testimonial o focalizados en el mes de octubre. Se identifican con un pañuelo al cuello con el emblema o el nombre del grupo auroro al que pertenecen.

1.3.2. Comunidad Valenciana

Según Reig, Monferrer y Collado (2001), la presencia del canto de la aurora es una práctica muy extendida en toda la provincia de Valencia dentro del ritual de la celebración del Rosario de la Aurora. Es un canto que posee elementos musicales y sociales comunes a otras manifestaciones religiosas y musicales del Mediterráneo en donde la fe es un elemento primordial en su canto; cantar sin fervor en este tipo de música es equiparable a la ausencia de swing en jazz o el duende en el flamenco. Muchos son los elementos comunes que comparten con rituales parecidos según su localización en el arco mediterráneo, entre los que destacamos sus denominaciones, instrumentos, ritual y devociones, tipos de cantos, así como el origen y las problemáticas de recuperación y desarrollo.

Los auroros de Albalat dels Sorells (Valencia) publicaron en el año 2001 un libro con la finalidad de dejar constancia de su historia a través de testimonios orales de antiguos auroros que mantuvieron la tradición durante el siglo xx (Ros Muñoz et al., 2001).

Según Serna Pérez (2012), el papa Pío V, en apoyo a la Corona española, realizó una rogativa para que todas las parroquias rezaran el Santo Rosario mientras tenía lugar la Batalla de Lepanto. El éxito de la batalla por parte de la Corona de España situó el día 7 de octubre como día de la celebración de la Virgen del Rosario. Desde el convento de Santo Domingo de Orihuela, los dominicos divulgaron el rezo del Santo Rosario por la zona jugando un papel importante en la creación de las actuales cofradías, guardando algunas de ellas el acta de fundación sellada en este convento, y que los hombres pertenecientes a estas cofradías y hermandades han sabido trasmitir de forma oral generación tras generación hasta nuestros días.

El canto de los auroros en la Comunidad Valenciana se focaliza con mayor arraigo y tradición en la Vega Baja del Segura, abarcando un total de 22 municipios de la zona sur de la provincia de Alicante. Estos municipios son: Albatera, Algorfa, Almoradí, Benferri, Benijófar, Bigastro, Callosa del Segura, Catral, Cox, Daya Nueva, Daya Vieja, Dolores, Formentera del Segura, Granja de Rocamora, Guardamar del Segura, Hurchillo, Jacarilla, Rafal, Redován, Rincón de Bonanza, San Fulgencio y San Isidro.

José Tomás Serna Pérez realiza una investigación en el seno de la Universidad de Alicante en el año 2012 que tiene como resultado, entre otros, la creación de una página web[3] destinada al conocimiento y la divulgación de los auroros de estas localidades. En dicha web se pueden consultar datos sobre sus orígenes, características en torno al ritual, organología y gastronomía asociada.

Otra muestra de la tradición polifónica vocal dentro de la religiosidad popular está presente de manera significativa en la ciudad de Orihuela a través del Canto de la Pasión a cargo de los Cantores de la Primitiva Pasión Federico Rogel, consistente en dos coros de hombres que entonan polifónicamente y a capella dicho canto recogido por el músico oriolano Federico Rogel y transcrita a partitura en 1880. La autora manifiesta una gran similitud con los auroros murcianos en su origen, así como en la distribución de las voces y disposición del grupo (Fabregat Baeza, 2014).

1.3.3. Castilla-La Mancha

La presencia más notoria de auroros en Castilla-La Mancha se focaliza en la provincia de Albacete, concretamente en Peñas de San Pedro, donde la tradición se sigue manteniendo viva gracias a personas octogenarias que aún retienen en sus memorias la organización y los cantos de sus rituales. Según Sánchez Ferrer (1991), un grupo de hombres recorrían las calles del pueblo entonando salves para recordar a los vecinos la importancia de su participación en el rezo del Rosario de la Aurora durante las madrugadas del domingo y durante nueves meses del año, exceptuando los meses de verano, propios de la actividad agrícola. Sus cantos eran a dos y tres voces y se acompañaban de unas campanillas. En la actualidad, han ido incorporando instrumentos como la guitarra, la bandurria, los acordeones y las postizas, así como la participación de mujeres y jóvenes. El autor pone de manifiesto tres consideraciones a tener en cuenta en la evolución del ritual de los auroros de Peña de San Pedro desde su origen como cofradía del Rosario en el siglo xvii hasta nuestros días como auroros: desaparición de la estructuración de la cofradía, con la pérdida de ciertos rituales como las misas sabatinas y dedicadas a los cofrades fallecidos; conservación del periodo de la festividad del Rosario y los recorridos habituales del Rosario de la Aurora con algunas modificaciones en la distribución anual de sus intervenciones y la incorporación de instrumentos de acompañamiento de sus cantos, y una actitud diferente de los participantes, permitiendo la incorporación de la mujer y la presencia de los jóvenes como elementos para mantener viva la tradición.

Según afirma Sánchez Ferrer (1991), aunque en la mayoría de los pueblos de Albacete se celebra la fiesta del Rosario y se realizan procesiones del Rosario de la Aurora, son escasas en las que se canta. Entre ellas, se tiene constancia de las localidades de Chinchilla, Villar de Chinchilla, Pozohondo, Pozocañada, Bonete y Peñas de San Pedro.

En algún momento no documentado de la historia de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Agudo se hizo una distinción entre sus miembros estableciendo dos categorías: por un lado, los hermanos donantes, hermanos pertenecientes a la cofradía que contribuyen con una cuota anual, y, por otro lado, hermanos activos o también denominados auroros, con funciones entre las que destacan las de asistir a los actos religiosos y de recorrer durante todos los primeros domingos del año y fiestas de guardar las calles del pueblo entonando coplas de temática religiosa con acompañamiento instrumental por las casas de los afiliados a la cofradía, así como a las de no afiliados, haciendo distinción entre su coplas a la espera de un donativo[4]. También queda constancia de la presencia de auroros en la localidad de Agudo de la provincia manchega de Ciudad Real, puesto que en varias ocasiones, 29 de junio de 2003 y 1 de mayo de 2005, los auroros murcianos de Santa Cruz han realizado conjuntamente actos y misas, así como en la localidad de Caudete, provincia de Albacete (Gris Martínez, 2008).

1.3.4. Andalucía

Ponce (2009) describe el caso de los auroros de Arriate en la provincia de Málaga. En dicha localidad, a los intérpretes encargados de entonar durante el crepúsculo matutino las Coplas de la Aurora o Coplas de Campanilleros se les denomina con el nombre de auroreros o auroros. Según el autor, los coros de los campanilleros que acompañan cantando en los Rosarios de la Aurora en Andalucía se iniciaron en el siglo xvii por el religioso capuchino fray Pablo de Cádiz o por fray Pedro de Ulloa, extendiendo así la tradición por los pueblos de Andalucía y creando una tradición folklórico-religiosa. Según Ponce (2009), apoyado en las referencias históricas de otros autores, los auroreros de Arriate tienen una vinculación devota a la imagen de la Inmaculada Concepción, a la cual le dedican en sus salidas vespertinas más de una veintena de tonadas alusivas de carácter teológico y catequizante junto a otros santos. Dedican sus textos según el tiempo litúrgico correspondiente y se acompañan de instrumentos como la guitarra, las campanillas, los triángulos y platillos, y también la pandereta y el laúd en tiempo de Navidad. Veamos a continuación ejemplos de manifestaciones de auroros que tienen lugar en diferentes provincias y lugares de la comunidad de Andalucía, quedando así explicitada su existencia y actividad.

El día 6 de mayo de 2012, el periódico digital Monturque.info[5] se hace eco de la noticia de la participación de los auroros de la localidad cordobesa de Monturque en el I Encuentro Andaluz de Campanilleros junto a otras seis agrupaciones más, siendo estas: Asociación de Campanilleros de la Aurora de Benamejí, Coro de Campanilleros de Nuestra Señora del Rosario de Gilena (Sevilla), Campanilleros de Nuestra Señora de la Aurora de Lucena, Campanilleros de Nuestra Señora de la Aurora de Priego de Córdoba, Hermandad del Santísimo Rosario de Nuestra Señora de la Paz y Virgen de la Aurora de Ronda (Málaga) y Hermanos de la Aurora de Nuestra Señora del Carmen de Rute.

Según un estudio histórico de Augusto Butler (1963), en la parte inicial de una partitura se explica que los Campanilleros de la Aurora fueron dos y tocaban las campanillas muy acompasadamente, cantaban una copla uno enfrente del otro y un verso cada uno, finalizando uno de los dos con un «¡Ave María Purísima!». Estos campanilleros eran muy escuchados en la época (1963) en la provincia de Sevilla. Infanzón (1982) hace una comparativa entre las letras de los cantos entonados por los campanilleros andaluces y los auroros de Priego de Córdoba, en donde llega a la conclusión de que estos últimos conservan en sus letras una mayor pureza de los temas que se trataban en Sevilla durante el periodo de su existencia.

Jiménez Rueda (2014) realiza un extenso trabajo de investigación sobre los auroros localizados en las sierras subbéticas cordobesas de la comunidad de Andalucía. El trabajo de carácter etnomusicológico se centra en el estudio de los auroros de las localidades de Luque, Lucena, Priego de Córdoba, Iznájar, Rute y Carcabuey. Entre las principales características que destaca el autor están:

El 14 de septiembre de 1996 los auroros murcianos de Santa Cruz de Murcia comparten una misa cantada junto a los campanilleros de Priego de Córdoba. Más tarde, los mismos auroros murcianos realizan una despierta conjunta con los auroreros de Ronda en la provincia de Málaga en abril de 2001. En ese mismo año, realizan un acto de convivencia y diversos eventos como despiertas y misas con los auroros cordobeses de las localidades de Montilla, Luque y Rute. En el año 2004 participan en una misa cantada con los auroros de la localidad almeriense de Fiñana (Gris Martínez, 2008).

1.3.5. Extremadura

Marcos Arévalo (1987) deja constancia de la presencia de auroros en la comunidad de Extremadura a través de un mapa que contempla los lugares en donde hubo en un tiempo atrás presencia de auroros o cofradías de aurora (figura 1). Además, constata la continuidad hasta nuestros días de dos grupos de auroros, como son los auroros de Garbayuela y Zarza Capilla.

Otro de los ejemplos de la presencia de auroros en Extremadura es evidenciable por la participación de los auroros santacrucenses, que participaron con los auroros de Garbayuela cantando salves en la iglesia parroquial de la localidad extremeña el 30 de abril de 2005 (Gris Martínez, 2008).

1.3.6. Aragón

El etnomusicólogo Turón Lanuza (2011) pone de manifiesto la existencia de auroros en la comarca de Zaragoza mediante la descripción del ritual que llevan a cabo los despertadores o auroros de la localidad de El Burgo de Ebro. Los auroros salen dos veces al año en las madrugadas de las festividades de la Virgen de la Asunción y del Rosario entonando cantos de auroras sin ningún tipo de instrumento, tradición que se viene manteniendo desde el año 1940.

La Gran enciclopedia aragonesa[6], en su explicación del vocablo cantos, indica el origen de los auroros y destaca la presencia de estos en localidades como Híjar, en donde los cantores de la aurora solían despertar a su vecino con martillos de madera golpeando en sus puertas. En Calanda se tiene constancia de rosarieros desde 1500, en donde doce cantores entonaban la tonada de salida en la iglesia y recorrían el pueblo en diecisiete paradas. Destaca la abundante presencia de cantos en la provincia de Teruel frente a las rarísimas excepciones de las localidades de Berbegal y Sariñena en la provincia de Huesca.

Gris Martínez (2008) describe la participación de los auroros de Santa Cruz con auroros de los pueblos de la provincia de Teruel, Híjar, Calanda y Torrecilla de Acañiz en el año 1998.

1.3.7. La Rioja

Sanz Irigoyen (2000) hace un recorrido descriptivo por las fiestas tradicionales de los pueblos de la comunidad autónoma de La Rioja y en donde encontramos la presencia de cantos de aurora y auroros. En Cervera del Río Alhama, durante los días 25 y 26 de julio y 1 de septiembre, tienen lugar los tradicionales cantos de campanilla en honor de Santiago apóstol, santa Ana y san Gil Abad, los cantos de campanillas son cantadas por un grupo de cuarenta auroros. En Igea, el primer domingo de septiembre al amanecer, los auroros recorren la villa entonando cantos en honor de la Virgen del Villar. En Rincón de Soto, el día 17 de enero se celebra la onomástica de san Antonio Abad y los auroros cantan canciones en honor del santo.

Según Asensio y Ortiz (2005), los cantos de aurora están presentes en varios lugares de La Rioja, como son las localidades de Calahorra, Arnedo, Alfaro, Cornago, Munilla, Grávalos y El Redal.

1.3.8. Murcia

Murcia cuenta con una larga tradición de grupos de auroros a lo largo de su historia. No obstante, y según como afirma Cervantes López (2012), la presencia de auroros no ha tenido lugar en todas las comarcas de la región por igual. El autor pone de manifiesto que en la comarca del Campo de Cartagena no existe evidencia alguna de la existencia de campanas o hermandades de auroros.

Valcárcel Mavor (2013) recorre a través de folkloristas e investigadores regionalistas del país una comparativa de cantos o cánticos que pudieran parecer o tener en cierto momento una similitud con los cantos de los auroros murcianos. Ejemplo de ello son las verbetas que se cantan en Aragón y Baleares con estribillo epilogal y tronco dialogante; las albadas recogidas por Miguel Arnaudas Larrodé en su colección de cantos de Teruel o como las recogidas en la obra Arte poética española de Diego Díaz Rengifo publicada en 1952, en donde se incluyen diversas piezas con el nombre de chamergas como las más clásicas de las salves murcianas. No solo se centra en comparar con cantos de España, sino que abarca el ámbito internacional, comparando con muestras de países como Rusia, Italia, Austria o Suiza, con la finalidad de justificar que muchas de estas manifestaciones músico-populares, tanto en la entonación, en la coincidencia en el modo de su interpretación, su temática de carácter religioso o su coincidencia en tiempos u horas de ejecución, tienen una vinculación con los cantos auroros de Murcia en lo que a tradición, vejez, origen, antigüedad y zonas de influencia se refiere.

En la actualidad existen en la Región de Murcia un total de catorce campanas o hermandades de auroros distribuidas por diversos puntos de la geografía regional repartidas en algunas de sus comarcas. Es en la comarca de la Huerta de Murcia donde se focaliza el mayor número de campanas, albergando un total de ocho, localizadas en los pueblos de Javalí Nuevo, Javalí Viejo, Rincón de Seca, El Palmar, Santa Cruz, Patiño y Alcantarilla. En la comarca del Altiplano encontramos una campana en la ciudad de Yecla. En la comarca del Alto Guadalentín contamos con la presencia de una cuadrilla de auroros en la ciudad de Lorca. En la comarca del noroeste encontramos una hermandad en una pedanía de Bullas, La Copa. Muy cerca de la comarca del noroeste, en la comarca del río Mula, concretamente en la pequeña pedanía de Fuente Librilla, se encuentra la única campana de auroros del municipio de Mula y de la comarca del río Mula. En la comarca oriental, encontramos la Hermandad de Auroras de Abanilla. Y, por último, situada en la comarca de la Vega Media del Segura, encontramos la campana de auroros de Las Torres de Cotillas.

En el siguiente mapa, correspondiente a la figura 2, se muestra la distribución geográfica por comarcas de los lugares donde se encuentran localizadas las campanas o hermandades de auroros activas en la Región de Murcia.

1.4. Características comunes

1.4.1. Rituales y simbología

Según Sánchez Ferrer (1991), en todas las civilizaciones y culturas se ha rendido culto a la Aurora como símbolo de la personificación de la claridad antes de la salida del sol. En la mitología griega, Aurora es la diosa del amanecer representada como una joven que alumbra con una antorcha y esparce una lluvia de rosas, como se pone de manifiesto en la pintura clásica y barroca del siglo xvii. En la cultura judía, la Aurora representa el poder de la victoria de la luz sobre la oscuridad de las tinieblas. Todas estas concepciones, y siguiendo al autor, fueron rápidamente adoptadas por el cristianismo y haciendo una adaptación simbólica, considerando la figura de la Virgen María como alumbramiento de Cristo, y por tanto, la Aurora como predecesora del Sol, asociando pues, la Virgen con la Aurora y el Sol con Cristo, para dar lugar a la síntesis simbólica Aurora-Rosario, permitiendo al cristianismo fundir ritos ancestrales y creencias diferentes con la finalidad de conseguir un nuevo modo de cristianizar.

Desde el punto de vista del ritual, los auroros de España comparten características comunes como una organización social estructurada que, bajo los preceptos de una advocación mariana (siendo las de la Aurora o la del Rosario las más extendidas), manifiestan su fe a través de rituales religioso-musicales utilizando el canto como elemento principal de acción petitoria o rogativa para la intercesión de la divinidad por sus almas. Sus rituales están organizados en ciclos a lo largo del año o festividades señaladas del calendario litúrgico, desarrollando sus actividades principalmente en el espacio temporal de la madrugada, en la aurora del día hasta el alba. Otro de los elementos comunes es la autogestión, siendo grupos de carácter popular y seglar, vinculados a parroquias, pero no organizados por clérigos o religiosos.

Jiménez Rueda (2014) señala que los auroros representan desde el punto de vista simbólico un «elemento propiciatorio de la luz». Intenta actuar por medio de la música, la energía necesaria para que la Virgen interceda sobre la luz y la oscuridad, sobre la vida, la salud, la fertilidad, el paraíso... frente a la muerte, la enfermedad, el infierno. Se trata, según afirma el autor, de estar cuanto lo más cerca posible de Dios y de la Virgen, acrecentando el optimismo de la existencia de los individuos cuanto más se practique el ritual que lo recuerda.

Entre su simbología material está presente el estandarte de la Virgen o santo al que rinden devoción, el farol y la campana de mano como elementos de identidad. Aunque no poseen vestuario propio, suelen ir vestidos de blanco y llevar colocado un pañuelo de color rojo al cuello como distintivo diferenciador para la asistencia a eventos multitudinarios como encuentros o concentraciones, siendo más común este atuendo en los auroros del norte, como Navarra, La Rioja, País Vasco o Aragón, que en los auroros de la mitad sur del país. En la figura 3 vemos un claro ejemplo que sucede en la mayoría de casos de los auroros de la mitad norte de España.

1.4.2. Música

Desde el punto de vista musical, salvo los grupos de auroros murcianos y casos muy concretos en escasos puntos de la geografía nacional, son agrupaciones mixtas formadas por hombres y mujeres de edades variables y, por tanto, mezcla de voces femeninas y masculinas. En ocasiones, suelen parecerse más a grupos corales mixtos o grupos de coros parroquiales que auroros en sí mismos debido a su disposición. Utilizan cancioneros literarios para la interpretación de los cantos que son de carácter monódico y en momentos puntuales entonados a capella. La figura del director está presente entre algún miembro del grupo.

Desde el punto de vista organológico, son infinidad de instrumentos los que acompañan a estos cantos. Así como la variedad entre sus agrupaciones, existiendo formaciones como las rondallas propias de música tradicional, las bandas de música o la mezcla de ambas en un entramado musical donde lo que importa no es la calidad o la organización lógica organológica, sino la cantidad de sonido. En la mayoría de casos, cualquiera que sea capaz de tocar la línea melódica de las melodías puede formar parte del grupo con su instrumento. La campanilla es un instrumento imprescindible que suele emplearse al principio a modo de entrada o al final para indicar el inicio del rezo. Este tipo de agrupaciones mixtas se dan con mayor frecuencia en grupos de auroros del norte de España.

Según Reig (2001), el canto de la aurora y otras polifonías religiosas tradicionales tienen su origen en un proceso de creatividad social, y sus cantos presentan en gran medida características musicales similares. Entre las características anunciadas por el autor destacan: uso de la polifonía homófona; melodías por grados conjuntos o en su mayoría con saltos en intervalos de terceras paralelas; uso de la voz a garganta abierta; canto colectivo con diálogo entre dos fuentes sonoras distintas, coro, solista o instrumentos; mensurabilidad a ritmo libre, con compases regulares o combinación de compases binarios y ternarios, y, por último, interpretación a capella o con voces y acompañamiento instrumental.

1.5. Relación con otros grupos musicales

Cervantes López (2012) explica la procedencia de las campanas de auroros y de las cuadrillas de animeros a raíz de las cofradías piadosas que surgieron a partir del Concilio de Trento (1545-1563). Estas agrupaciones, cuadrillas de ánimas y auroros, se encargaban de recaudar fondos para la cofradía a fin de poder gestionar el «buen morir», es decir, un entierro digno para las clases más humildes. Como sostiene el autor, no hay pruebas que demuestren que el nacimiento de las cuadrillas de animeros en la Región de Murcia y comarcas adyacentes fuera paralelo a las cofradías de ánimas de la segunda mitad del siglo xvi. En esta línea, el autor sostiene la teoría de que los inicios de estas formaciones instrumentales tienen su origen en los grupos de auroros, que durante las procesiones del Corpus permitían la participación de juglares moriscos en el recorrido procesional, dando lugar a una mezcolanza entre rito religioso y popular. Desde el punto de vista musical, Cervantes López (2012), y siguiendo a Luna Samperio (1980), sostienen la idea de que el repertorio musical de los animeros murcianos remonta su origen a la música de las campanas de auroros, aproximadamente alrededor del siglo x.

Entre el repertorio que abarcan algunos grupos de coros y danzas, o también denominados comúnmente como rondallas, como es el caso del Grupo de Coros y Danzas Museo de la Huerta de Javalí Nuevo en Murcia, encontramos un repertorio musical de otras épocas del año, como «los mayos o auroros» (Rabadán Martínez, 1998).

Según Martínez García (2007), los auroros, a diferencia de las cuadrillas, más festivas y participativas, son un grupo hermético tanto en su organización como en su actividad diaria, y en otros tiempos muy difícil de escuchar fuera de su contexto.

Los auroros en la Huerta de Murcia y las cuadrillas de ánimas en los campos han sido los responsables de mantener viva, con arraigo y popularidad, la tradición de cantar aguilandos entre las gentes de Murcia en el periodo de Navidad. Los estilos más extendidos por ambos grupos son Salves de Aguilando y Aguilandos Trovaos, por los auroros y cuadrillas, respectivamente (Martínez García, 2007).

La dicotomía presente entre el término auroro y su vinculación al mundo de la cuadrillas aparece recogida en diversos testimonios, que según Tomás Loba (2011) se hallan en cierta imprecisión terminológica constatada a través de hermandades de auroros que veneran otra advocación mariana distinta a la del Rosario o la Aurora. En este sentido, el vocablo cuadrilla está vinculado a la explicación de los auroros tal como se conocían a finales del siglo xix por el investigador Julián Clavo (1877), en donde describía la forma de actuar de los auroros en las aclaraciones de una partitura denominada Salve de Auroros «La Carnal», recogiendo anotaciones con relación a su disposición en coros, número de voces, el jefe de la cuadrilla o la utilización de la campana dentro del canto. El propio Tomás Loba (2011) afirma que el aguilando murciano ha sido elevado a su máxima excelencia a través de dos auroros murcianos como Juan Antonio Gambín, el Compadre, y Manuel Cárceles, el Patiñero.

Investigadores como Narejos Bernabéu (2008), González Castaño (1989) y González Fernández (1989) establecen una diferencia entre las funciones de los animeros y las de los auroros. Según Narejos Bernabéu (2008), las cofradías de Ánimas no son espontáneas, sino que, a diferencia de las cofradías del Rosario, entre las que se encuentran los auroros, se crean por iniciativa eclesiástica en donde su presidente suele ser en la mayoría de casos el que ostenta el cargo de presidente de la hermandad. En este mismo sentido, Castaño y Fernández (1989) sostienen la idea de un proceso de sustitución de funciones entre hermandades en las cuales los pueblos con fuerte devoción sobre el ritual de las ánimas del purgatorio eran asumidos por los auroros actuando como animeros en días puntuales.

1.6. Situación actual

Para concluir, queremos destacar que, aunque puedan considerarse rituales y cantos antiguos propios de una España anquilosada en unas fuertes creencias religiosas impuestas, o no, por un sistema estructural sociopolítico no acorde con los tiempos actuales, los auroros son seña de cultura e identidad que se refleja de diversas formas a través de sus gentes y pueblos que todavía hoy mantienen viva la tradición.

Norberto López Núñez

Músico, musicólogo, profesor de Educación Musical y doctor en Música



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Notas:


[1] Consultado en: http://lema.rae.es/drae/?val=auroro. Dado que es un término buscado en la versión digital de la página web del diccionario de la RAE, no se contempla paginación alguna.

[2]http://www.diariodenavarra.es/noticias/navarra/zona_media/2015/07/18/tafalla_prepara_para_acoger_domingo_000_auroros_239245_1008.html [fecha de consulta: 13-06-2015].

[3] La página web es la siguiente: http://aurorosvegabaja.jimdo.com/.

[4]http://www.agudo.es/fiestaslocales/2.php [fecha de consulta: 20-06-2015].

[5]http://www.monturque.info/los-auroros-de-monturque-participan-en-el-encuentro-andaluz-de-campanilleros/ [fecha de consulta: 20-06-2015].

[6]http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=3080 [fecha de consulta: 25-12-2015].