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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2017 en la Revista de Folklore número 424.

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Tal vez la idea formulada por Karl Abraham de que la formación de la mentalidad en el individuo prehistórico estuvo unida al mundo de los sueños, pueda explicar algunas de las peculiaridades que ofrecen determinados mitos que han sobrevivido épocas y traspasado siglos sin observar ninguna merma en su contenido. Al contrario, diferentes culturas y etnias que los adoptaron y los fueron transformando, añadieron detalles y elementos construidos colectivamente sobre las bases de elaboración que generan y explican los sueños individuales.

La llamada «caza salvaje», basada en la creencia de que personajes sobrenaturales que viajan indefinidamente por el cielo o por la tierra puedan llevarse las almas de quienes tienen que soportar el horror de contemplarlos, podría ser un ejemplo claro de ese tipo de mitos. Probablemente la imaginación de nuestros antepasados mezcló confusamente la explicación de las ruidosas y amenazadoras tormentas con el miedo a perder la propia vida y verse arrebatado por fuerzas superiores ante las que la razón sucumbía o era insuficiente. La crepitación de las exhalaciones se confundía con el chasquido de los látigos con que los cazadores arreaban a sus caballos; el lejano clamor que provocaban los truenos se asemejaba al ladrido seco de los perros que acompañaban la mesnada y las luces intermitentes del cielo sugerían ojos feroces que buscaban desesperadamente la presa más indefensa. Todas estas circunstancias, trufadas y elaboradas junto al fuego de las primitivas creencias, dieron como resultado episodios legendarios largamente conservados y alimentados generación tras generación. El mando de la hueste podía ostentarlo un dios, un héroe o un rey, pero siempre aterrorizaban su paso fragoroso, su propósito devastador o la perennidad de su castigo al que también quedaban condenadas las almas de quienes contemplaran la pavorosa horda.

La Edad Media fue una época propicia para el nacimiento de relatos basados en este mito y ayudó sin duda a fabricar otras leyendas que lo fortificaron. No se queda ahí sin embargo la creencia. El Romanticismo trajo nuevas aportaciones y aun nuestros días han creado ficciones sobre la base del mismo tema y de parecidos temores.