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"LA MADRE TRAIDORA". Un raro cuento tradicional en el Estado español

LORENZO VELEZ, Antonio

Publicado en el año 1984 en la Revista de Folklore número 48.

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En un reciente viaje realizado en agosto de 1983 por el sur de la provincia de Salamanca (Sierra de Francia) y por el norte de la de Cáceres (comarca de Las Hurdes), tuvimos la oportunidad de recoger romances y cuentos tradicionales, cuyo posterior análisis nos hizo observar la importancia del cuento que vamos a transcribir (1). En efecto, en el pueblo cacereño de Riomalo de Abajo -limite con la provincia de Salamanca-, don Bartolomé Zancas González, de 58 años, nos narró un cuento que aprendió de su padre y que nos extrañó por su temática. Al comentar con nuestro amigo don Julio Camarena -experto investigador y conocedor de los relatos orales- los resultados de nuestra encuesta, nos señaló la importancia del relato recogido, ya que las muestras de este cuento en el Estado español son muy escasas, como luego veremos. Nuestro interés se vio acrecentado por el tema central de la narración: la madre, como cómplice de la muerte de su hijo. Si bien es frecuente en los relatos orales la figura de la madrastra como enemiga de los hijos de la anterior mujer, no lo es tanto el papel de la madre como instigadora y cómplice en la muerte de su propio hijo. Pero pasemos, sin más dilación, a la transcripción del cuento tal y como nos fue narrado.

"LA MADRE TRAIDORA"

Esto eran unos señores que tenían sólo un hijo, y el padre era cazador. No se dedicaba a otra cosa más que a la caza. Y ya cuando el hombre era bastante viejo -que no podía andar-, cogió al hijo un día -que ya era mayor- y le dijo:

-Mira, vente conmigo que hoy vas a ir donde yo iba siempre de caza, y de aquí en adelante no vas a pasar .

Le llevó donde terminaba el terreno de cacerío y dice:

-Mira, de aquí en adelante no vas a pasar nunca porque hay muchos leones y fieras, y si pasas de aquí pa alante te comen y te matan; así que de aquí pa alante no pases.

Y ya cuando murió su padre, pues un día iba de caza -él siempre iba de caza aonde le decía su padre y se volvía p'atrás. Pero un día dice:

-¡Bah! Yo Voy a pasar delante, a ver lo que hay por allí.

Y pasó un poco más adelante y se encontró con una cueva donde divisó que había dos leones pequeños. Y se los cogió y se los llevó a casa, y le dijo a su madre:

-Estos dos leones que traigo me los va usté a cuidar como si serían hijos de la casa, que me tienen que ser muy útiles para mí.

Bueno, pues la madre les echó de comer y se le hizon muy grandes -¡como leones y nada más!-. Cuando ya un día se vio preparao con los dos leones y el caballo, dice:

-¡Ahora ya no hay quien me acometa a mí en nada!

Se cogió y se fue a divisar campos y tierras y todo. Con que ya que iba a la sierra alante -en una montaña-, se vio a un palacio donde habitaba un gigante. Y al llegar donde el gigante cogió -y le daban ideas de matarlo-, pero dice:

-No; matar a un hombre dormido es pecao mortal.

Cogió y le dio así con la escopeta -con los caños de la escopeta-, y se levantó el gigante a matarlo al mozo, pero le echó los dos leones y lo dejaron destrozao. Entonces cogió y le dice:

-¡Trae pa acá las llaves del palacio!

Le cogió las llaves y vio too el palacio como era. Y estaba rodeado de todos los manjares que podía haber en el mundo para comer y beber, y de todas las comodidades. Entonces el gigante se arrecogió en una habitación y él cogió las llaves y le candó la habitación y lo dejó allí y se marchó pa su casa. Y le dijo a su madre:

-Mamá, he visto un palacio con un gigante que le he echao los leones y lo he quedao destrozao. ¡Eso sí que hay ahí comodidades, manjares y de todo lo que puede haber!

Dice su madre:

-¡Ah, pues vámonos pa allá!

-¡Pues mañana nos vamos!

Coge a su madre, con el caballo y los leones, y se marcharon al palacio del gigante. Entonces él se iba todos los días de caza, y el gigante -como había quedao tan mal- se quejaba, y su madre fue a ver lo que había allí y le dice:

-¿Qué es lo que le pasa a usté, que se está quejando?

-Pues nada, que el otro día vino su hijo por aquí y me echó los leones que trae y me ha quedao destrozao, pero si usté me curase con una medicina que tengo yo ahí, pues sanaría pronto.

-¡Pues eso está hecho!

-Coja usté una botellina que verá usté ahí llena de medicinas y me va a dar por las heridas que me hizo y en seguida voy a sanar.

Conque lo estuvo curando y sanó en seguida. Entonces ya se hizon novios y pretendieron de casarse -y se casaron- y vivían allí ¡pues encantaos de la vida! Pero una vez el gigante quiso tomar venganza y le dice un día a la mujer:

-¿Sabés lo que vamos a hacer? Que tu hijo nos estorba a nosotros. Tenemos que mandarlo a un sitio donde vaya y no vuelva.

-¿Y cómo vamos a hacer para hacer eso si es el hijo mío, y además con los dos bichos que tiene no hay quien le meta mano?

-No te apures, que ya lo mandaremos donde vaya y no vuelva.

Bueno, pues total, que la convenció. (Ya ves lo que pasa con las mujeres, y encima dicen que quieren mucho a los maridos y a los hijos. ¡Mira que son malas!) Cogió y le dice:

-Mira, le vamos a ir a un palacio que abre las puertas a las doce de la noche y sólo está cinco minutos abierto. Cuanto tarde más allí se queda encantao pa toa su vida, y él se queda allí y nosotros viviremos felices. Tú te vas a hacer la mala. Cuando venga, tú te estás quejando y yo lo mando allí y él ya no vuelve.

Conque cuando llega por la noche de la caza, se estaba su madre en la cama y le dice:

-¿Qué le pasa, madre?

-¡Pues qué me va a pasar! Que me he puesto enferma y si fueras donde te va a mandar el gigante, pues en seguida que sanaba.

-¡Hombre, yo por usté hago lo que sea necesario, y donde quiera que haya ir, voy!

-Pues mira -le dice el gigante- vas a ir a tal sitio, que hay allí un convento. Cuando vayas allí coges y pinchas con la lanza y las puertas se abren. Allí verás un pilar que sale con tres chorros de agua como una fuente. Llévate esta botella, la llenas, y luego te sales y la traes aquí. Cuando le demos con esta agua sanará tu madre.

Pues así lo hizo. Se coge y se va directamente pa allá y se vio un palacio donde habitaba un señor que estaba ciego -era sabio-. Tenía tres hijas que estaban siempre en el balcón, y le dicen a su padre:

-Papá, ahí viene un señor con un caballo y dos perros como si serían dos leones.

-Pues ahora cuando se acerque al palacio le decís que ate el caballo a la puerta y que suba aquí.

Coge el caballo y lo ata a la puerta y dejó los leones junto al caballo y se subió arriba.

-¿Dónde vas, mozo?

-Pues voy a tal sitio que me ha mandao el gigante, que está mi madre enferma y me ha dicho que si voy al palacio junto a lo último de la sierra, que hay un pilar de agua de medicina que sana con aquella agua.

-Sí, el agua es muy buena -le dice el sabio- pero tienes que hacer lo que yo te mande, porque si no allí te quedas encantao. El palacio se abre a las doce, pero sólo está cinco minutos abierto. En cuanto se cierren las puertas te quedas tú encantao con el caballo y los leones y no vuelves a salir más de allí. Haciendo lo que yo te diga, sales.

-¿y que tengo que hacer?

-Pues mira, cuando llegues allí y a las doce en punto se abra, tienes que llegar antes y tener atao al caballo y a los leones fuera del convento. En vez de llevar la botella que te ha dao -porque igual te tiras diez minutos o quince pa llenarse-, lleva esta jarra y entras corriendo, la llenas y te sales, y afuera a llenar la botella. Cuando vengas, pues te vienes para acá que tenemos que charlar un poco y eso.

Bueno, pues eso hizo. Se fue pa allá y al abrirse las puertas llenó la jarra y afuera llenó la botella.

Le dijo el señor a las hijas:

-Cuando venga el caballero pa acá, el agua que trae se la cambiáis por otra; le dais la que tenemos nosotros a él y la que trae él la quedáis aquí.

Bueno, pues después que comieron y estuvieron allí charlando, le cambiaron el agua las mozas y ya dice:

-Bueno, me voy que ya tengo que ir adonde mi madre.

-Sí, márchate, que ya volverás por aquí otro día.

-Sí, ya volveré con frecuencia.

Se marchó y le dieron el agua a la madre y como no estaba enferma, enseguida sanó.

-¡Ay que ver! -decía el gigante-, mira que tiene poderío este hombre que donde quiera que va, viene. Ahora sí que le vamos a mandar a donde vaya y no vuelva. Mañana te vas a hacer otra vez la mala -le dice a la madre- y cuando venga lo vamos a mandar adonde vaya y no vuelva. Ahí sí que no tiene salvación.

Con que un día vuelve a hacerse la mala y le dice:

-¿Qué es lo que le pasa a mi madre otra vez?

-Pues que ha vuelto a caer enferma -dice el gigante- y si tu fueras a donde yo te dijera, pues sanaba.

-¡Yo voy donde haga falta! Por mi madre corro a donde haga falta.

-Pues vas a ir a tal sitio, a otra montaña a donde habita una fiera. Allí vas a ir y lleva esta lanza que te voy a dar y la fiera, cuando tú llegues a la cueva, se va a venir a ti y cuando abra la boca le picas en el lao derecho, la matas y la abres, la sacas el sebo y la traes pa acá la manteca y con ella le damos y sana tu madre.

-Bueno, pues eso está hecho.

Conque él se cogió el camino e iba por donde siempre, por donde estaba el sabio. Y las chicas, como siempre, estaban en el balcón, le dicen:

-¡Papá, ya viene el caballero del agua del otro día!

-Pues decirle que suba pa acá otra vez, que tengo que charlar con él.

Conque va pa allá y dicen:

-Oiga usté, señor, que ha dicho mi padre que suba.

-Ahora mismo.

Subió pa arriba y dice el sabio:

-¿Dónde vas, caballero?

-Voy a tal sitio, que está mi madre otra vez enferma y me ha mandao el gigante que tengo que traerle la manteca de la fiera que está en la cueva de tal.

-Bueno, eso está bien. Y, ¿qué herramienta llevas pa matarla? ----

-Pues una lanza que me ha dao el gigante.

-¡A verla! (-o sea, no es que la viera, la tocó el ciego) y dice:

-Eso no vale para nada. Esto cuando le piques se dobla y te traga ati y no vuelves más pa acá. Toma ésta que es de acero puro y cuando llegues donde la fiera, ella va a abrir la boca y tú le picas en el lao izquierdo, le picas el corazón y ya está muerta. Le abres, le sacas el sebo y te vienes otra vez para acá.

Bueno, pues así lo hizo. Se fue a la cueva y salió la fiera con la boca abierta; cogió la lanza, se la mete al lao izquierdo, la mató y le sacó la manteca.

Y el sabio le dijo igual a las mozas:

-Vosotras, cuando venga, yo lo entretengo a hablar conmigo y le cambiáis la manteca que él trae por la que tenemos nosotros, que ésta tiene que servir pa salvarlo a él.

Así hizo, fue para allá y estuvo charlando y luego dice:

-Ya me voy, que tengo que ir a curar a mi madre.

-Pues márchate. Pero mira, antes te voy a decir la última solución que vas a tener: tu madre no está enferma, que la hace poner enferma el gigante ya ti te va a matar.

-Y, ¿cómo me va a matar a mí, si yo con los leones no hay quien me meta mano?

-Pues con los leones y sin ellos te van a matar, por engaño. Pero cuando te maten les dices que todos los cachos que hagan de tu cuerpo lo echen en un saco y que te echen por las montañas y que te coman las fieras. Ahora vas a dejar el caballo que tú traes aquí y te llevas el mío, que éste como ya sabe el camino viene aquí y el tuyo se queda aquí y te llevas el mío.

Pues así lo hizo, cogió el caballo del sabio y se fue a casa y le dio la manteca, pero como no estaba enferma la madre, pues enseguida que sanó (bueno, eso es un cuento, pero podía ser en el caso que hubiera sido verdad, pero no lo es).

Entonces un día le dice el gigante a la madre:

-A éste no lo matamos ya de ninguna forma, de no hacer una operación que vamos a hacer. Te haces otra vez la mala y yo te digo que te da asco de ver comer los leones y que hay que encerrarlos mientras comemos. Y él se lo va a creer y cuando ya los haya encerrao yo me encargo de matarlo. Es la única solución de matarlo. Si no, no hay forma de matar a este tío.

Pues así lo hizo. Viene el hijo un día de la cacería y se estaba quejando otra vez su madre, y dice:

-¿Qué le pasa a mi madre?

-Pues que otra vez está enferma.

-¿Y por qué está enferma tanto?

-Porque es que dice que le da asco de ver comer a los leones y a caído enferma por eso.

-Pues eso tiene buena solución: los encerramos mientras comemos.

Conque encierran los leones en una habitación que le dijo el gigante y cuando los encerró se le tiró encima y lo mató. Entonces cuando estaba con las ansias de la muerte dice:

-Lo primero que vos ruego es que cuando me hayáis matao y me hagáis hecho pedazos, me metáis en un saco, me lo prendéis al caballo y que me coman por ahí las fieras y los bichos. No quiero que me enterréis.

-Pues mejor para nosotros -dice el gigante-.

Y así lo hizo. Lo ataron encima del caballo con el saco atado y lo echaron por la montaña. El caballo, como era del sabio, se fue al palacio. Cuando ya le vieron venir las señoritas por allá, le dicen:

-Papá, el caballo que llevó el caballero viene con un saco encima por tal sitio.

-Pues abrirle las puertas, que entre pa adentro y el saco me lo subís aquí arriba a onde estoy yo con lo que traiga.

Cuando el caballo llegó, ya tenía las puertas abiertas. Entró dentro, cogieron el saco y lo subieron arriba. Entonces dice el sabio:

-Saliros las tres un momento afuera y luego volvéis a entrar.

Cogió el sabio, desató el saco y llenó una artesa que tenía allí, como un baño, y echó los pedazos que llevaba hechos del mozo y llamó a la mayor:

-¡Entra tú pa dentro!

-¿Qué es lo que desea, papá?

-Nada, más que ¿te quieres casar con esta carne?

-¡Usté está loco, yo con esa carne! ¿Quién se va a casar con una poca de carne?

-¡Bueno, bueno, si no quieres, salte de ahí!

Conque llamó a la mediana:

-Y tú, ¿te quieres casar con esta carne?

-¡Uste está loco!, ¿cómo me voy a casar yo con esa carne?

-Bueno, bueno, si no quieres, salte de aquí -le dijo el padre-.

Conque llamó a la más pequeña y dice:

-¿Y tú?, ¿te quieres casar con esta carne?

-Sí, y ¿qué tengo que hacer para eso?

-Pues te lo voy a decir lo que tienes que hacer: coges y la extiendes en la bañera. Si esta pieza lo corresponde al brazo, se la pones al brazo; si otra le corresponde al muslo, se la pones al muslo; si la otra le corresponde a la espalda, se la pones a la espalda y "si bien lo dejas, bien lo encontrarás".

Conque la chica lo fue uniéndolo pieza por pieza, según lo había hecho pedazos y cuando ya lo tenía formao le dice:

-¡Papá, ya lo tengo formao!

-Pues ahora le vas a dar con el agua que trajo por todas las heridas, bien dao con el agua y le vas a dar con la manteca, bien frotao todas las heridas y lo dejas. Cuando ya lo tengas preparao con el agua y la manteca lo dejas.

Conque ya lo dio con las dos cosas y dice:

-¡Ya acabé, papá!

-Pues ya lo puedes dejar. A las veinticuatro horas vienes aquí.

Y volvió la chica y dice:

-¿Qué tengo que hacer ahora?

-Pues lo mismo que ayer, le vuelves a dar con el agua y la manteca, que a los tres días envivece.

Así fue. A los tres días fue la chica y le dice:

-Papá, ¿sabe usté que ya se mueve la carne?

-Pues eso es porque está enviveciendo.

A los tres días se puso de pie de un salto el mozo y dice:

-¿Dónde he estao yo?

-Pues has estao -le dice el sabio- hecho cachos y ahora ya estás hecho un hombre otra vez.

-Pero, ¿qué es lo que han hecho de mi?

-De ti han hecho que estabas matao y te han hechos cachos y vinistes aquí en un saco y ahora ya estás compuesto y hecho un hombre como antes.

-Y ahora, ¿qué quieres que hagamos? -dice el ciego-.

-Pues yo lo que quiero es tomar venganza. Quiero hacer lo que hizon conmigo: matar al gigante y matar a mi madre.

-¡Hombre!, que tu madre no tiene la culpa de que te matara el gigante!

-Tan cómplice fue ella como él. Así que a los dos quiero matarlos.

-Pues mira, de la forma que los vas a matar te voy a decir lo que tienes que hacer: lo primero, no dejarte ver, porque si te dejas ver entonces sí que te matan y ya no vuelves más. Te tienes que ir por la parte de atrás del castillo y allí tienen a los leones metidos en una habitación. Vas a llevar tres panes calaos en vino y se los echas por la ventana a que lo coman, porque si les abres la habitación, con el hambre que tienen, te devoran a ti mismo ellos. Después que se hayan comido los tres panes en vino, les abres las puertas y ya vas a donde ellos, que ellos estarán comiendo un guisao de carne y en la última tajada estarán porfiaos: que la como el uno, que la coma el otro! Cuando ya estés con los leones allí, toma cinco alfileres -le dio cinco alfileres- y le clavas el primero en el dedo gordo y le dices que te saque los ojos del sabio fulano de tal, que le sacaron en tal día y en tal año; y te van a sacar unos de perro. Entonces le clavas otro alfiler en el otro dedo y te va a sacar unos castaños, azules, en fin... de perros, gatos... -los míos son negros-, y a la última dejas el dedo corazón sin pinchar. La última se la clavas allí y cuando le hayas clavao la última, te echas fuera porque prende a arder el castillo y se quema todo -todo queda hecho en cenizas-. Al caballo no lo puedes coger porque se va a hacer cenizas con el castillo, así que tú te echas fuera con los leones y ya te vienes pa acá.

Así lo hizo. Cogió y le echó los panes calaos en vino a los leones. Y después que los alimentó les abrió las puertas y se fue ande el gigante y la madre.

-¡Hola, ya está aquí el que matasteis! (se quedaron los dos blancos como esa pared) y ahora, ¿qué queréis que haga con vosotros?

-Pues, lo que te convenga -le dice el gigante-, porque ya no podemos hacer más contigo.

-Pues yo quiero hacer lo que habéis hecho vosotros conmigo, pero para que veais que soy más bueno que vosotros, na más que os pido que me deis los ojos del sabio fulano de tal, de tal sitio.

-¡Ah!, ese es el que te ha salvao a ti -dice el gigante-. ¡Si lo sé, no hubiera comido más pan!

Coge y le pinchó el alfiler y le saca los ojos de un perro, y dice:

-No, estos no son los ojos del sabio, a buscarlos!

Le clava la otra, cuando le trae los de un gato.

-¡No, estos no son, que los suyos son negros!

Y la última se la clavó en el dedo corazón -cuando ya tenía los ojos del sabio- y se echó fuera y arrancó a arder el convento y se quemó todo y él se fue con los leones y el caballo detrás de él a allá, y se casó con la hija más pequeña que tenía el sabio. Y vivieron felices y a nosotros nos dieron con los huesos en las narices.

De este cuento -comenta el ilustre investigador Stith Thompson (2)_, existen numerosas versiones registradas en los países bálticos, Rusia y los Balcanes (particularmente en Rumanía, donde Schullerus anota veintidós versiones). Asimismo es conocido en Africa del Norte, Brasil y en el cercano oriente, siendo raro en la Europa occidental. Thompson asigna al cuento de "la madre traidora" (el lo llama "el príncipe y los brazales"), el número 590 de su tipología (T. 590), y señala su similitud con el tipo 315 (T. 315) conocido por "la hermana infiel".

Para poder establecer las oportunas correspondencias entre la tipología del investigador norteamericano con nuestro texto del norte de Cáceres, vamos a exponer el resumen que propone en su obra "El Cuento folklórico". En la página 161 dice, respecto a la "hermana infiel" (T. 315):

Un hermano y una hermana han sido prometidos a un espíritu del agua (a algún otro tipo de monstruo), después que entran al servicio del monstruo, la hermana se casa con él y complota contra su hermano.

Por su parte, el argumento de "el Príncipe y los brazales" o, más genéricamente, "la madre traidora" (T. 590), es el siguiente:

Un muchacho que viaja con su madre, encuentra un brazal (o un cinturón azul) que le da fuerza sobrenatural. Encuentran hospedaje donde un gigante, que persuade a la madre a casarse con él. Más tarde la madre se une al gigante para tramar contra el muchacho. Ya sea el oponente del joven su madre o su hermana, se hace una serie de atentados contra su vida. Debido a su fuerza, vence al gigante. La madre o la hermana fingen estar enfermas y envían al muchacho en busca de leche de leona. Debido a su fuerza logra no sólo conseguir la leche, sino traer a los leones y soltarlos contra el gigante. Asimismo, lo envían a buscar unas manzanas mágicas que crecen en el jardín del hermano del gigante. Estas manzanas le darán sueño para que los hermanos puedan matarlo, pero los leones lo protegen. Al despertarse de su sueño mágico, rescata a una princesa del castillo del gigante, se casa con ella y viven en el castillo hasta que ella va donde su padre, un lejano rey. El regresa donde su madre y ella lo engaña diciéndole el secreto de su fuerza. Le roba el cinturón, ciega al muchacho y lo deja al garete en un bote. De este peligro lo rescatan los leones, que le devuelven la vista con agua mágica que le han visto usar a animales con este fin. Con el tiempo recobra su cinturón, se venga y trae de nuevo a su esposa.

Como podemos observar, la narración que presentamos pertenece al T. 590 de la clasificación de Aarne- Thompson. En la tradición oral española solamente se hallan documentados -que sepamos- los siguientes textos (en su mayoría relacionados con "la hermana infiel"):

-Una versión titulada "Hierro, Plomo y Acero", recogida en el pueblo pacense de Alanje por Sergio Hernández de Soto, que incluye el tema, de la "hermana infiel" seguido de "el dragón asesino" (T. 300), lo que es frecuente en las versiones de la Europa Oriental. Es el cuento XXI de sus "Cuentos populares de Extremadura". Biblioteca de Tradiciones Populares Españolas, Tomo X, pp. 249-257. Madrid,1886.

-Versión titulada: "La serpiente de siete cabezas", recogida por doña Cipriana Alvarez Durán -madre de Demófilo- e incluida en "El folk-Lore Andaluz", dirigido por Machado y Alvarez; pp. 357-361, Colección Alatar. Madrid, 1981 (reedición de la sevillana de 1882-83). Esta versión presenta alguno de los motivos de "la madre traidora" y concluye con "el dragón asesino".

-"Cuento del gigante". Recogido por Julio Camarena Laucirica en Albacete y publicado en "Narria" (3). Pertenece claramente al tipo 590.

-Dos versiones inéditas, recogidas -como la anterior- por Julio Camarena. Una en Tomelloso: "la venta de las tres mujeres" y otra en el partido judicial de Infantes: "La fuente de Hungría". Los dos relatos pertenecen a la provincia de Ciudad Real.

-Algunos elementos de la "hermana traidora" aparecen en el cuento 157 de la colección de Espinosa (4).

Hasta aquí las versiones registradas en el Estado español Omitimos los relatos que, sobre el tema, se encuentran documentados en América Latina, así como las versiones brasileñas y portuguesas.

Tanto en el tipo 315 como en el 590 se observan una serie de elementos comunes, lo que en principio hace difícil discernir si se tratan de un mismo tipo de cuento, con las consabidas variantes de la hermana o la madre traidora o, por el contrario, se tratan de narraciones diferentes con elementos comunes. No obstante, algunos elementos suelen aparecer en ambos relatos. En efecto, en la "Venta de las tres mujeres" el objeto mágico es una espada que el héroe logra arrancar de una roca -a semejanza de "Excalibur" en la leyenda artúrica-; en nuestra versión, son los perros los que le ayudan a vencer al gigante. Igualmente es significativo el motivo del ciego con las tres hijas, elemento constante en el tipo 590, que aconsejan al héroe en el cumplimiento de las tareas difíciles que le han sido encomendadas por el gigante para "curar" a la madre. En resumen: a pesar de la existencia de algunos elementos comunes en los tipos que comentamos y teniendo a la vista las escasas narraciones documentadas en el Estado español, parecen tratarse de dos tipos diferentes de cuentos, al menos en el Estado español -aunque con elementos comunes-, y ello por varias razones:

-En el tipo 315 se deja ciego al héroe; en el 590, en cambio, se le descuartiza.

-En el tipo 315 suelen ser animales agradecidos los que curan la ceguera del héroe; en el tipo 590, por el contrario, son los objetos sustraídos previamente al héroe (el agua vital, la manteca...) los que posibilitan la resurrección del protagonista.

-En el tipo 315 suele desarrollarse habitualmente el episodio del "vencedor del dragón" (tipo 300), lo que no ocurre en el tipo 590.

Respecto a los motivos folklóricos que aparecen en nuestra versión son ampliamente conocidos en otras narraciones: la resurrección por ordenación de miembros (E. 30); con la intervención del agua de la vida (E. 80); la ceguera del sabio, que representa el mundo de la videncia -recordemos los ejemplos de los profetas y patriarcas como Tiresías, Jacob, Isaac..., etc.-.

Por otra parte, sabemos que una de las formas de la muerte temporal consistía en descuartizar el cuerpo o cortarlo en pedazos. Este hecho tiene una gran importancia en muchas religiones y mitos, así como en el cuento maravilloso. El hecho de que el descuartizado siempre vuelva a la vida, indica el carácter temporal de la muerte, ya que dotaba de un poder rejuvenecedor así como potenciaba la creación de un hombre nuevo. Lejos de intentar hacer un análisis de los motivos que aparecen en los tipos que hemos comentado, creemos que la versión presentada contribuye a esclarecer, al menos en parte, el todavía oscuro campo de los cuentos de tradición oral conservados en el Estado español.

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1 La versión fue registrada juntamente con Paloma Esteban.

2 THOMPSON, Stith: "El cuento Folklórico", Universidad Central de Venezuela, 1972 (pp. 161 y ss.).

3 "Narria" núm. 27 (provincia de Albacete). Universidad Autónoma de Madrid; 1982 (pp. 31-33).

4 Es el titulado "Dos almas en pena" (pp. 391-397). "Cuentos Populares Españoles". ESPINOSA, Aurelio M. C.S.I.C.; Madrid, 1946 (Tomo I).