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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 2017 en la Revista de Folklore número 426.

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La tendencia a formar palabras con las iniciales de los vocablos que componen una frase es tan antigua como el lenguaje escrito y tan común que la mayor parte de los lectores es capaz de identificar el contenido completo de esa misma frase simplemente con echar una rápida ojeada sobre las siglas. Su uso se ha generalizado en las últimas décadas en los medios de comunicación visuales y principalmente en aquellos que buscan la difusión rápida y escueta de sucesos. Cualquier noticiario incluye una línea que pasa constantemente de derecha a izquierda transmitiendo en breves frases las novedades que se hayan producido recientemente. La cantidad de información aconseja que esas frases incluyan siglas, aunque el número y variedad de las mismas suele obligar al lector a buscar finalmente la comprensión del breve texto en la frase completa.

Que las siglas sean actualmente un hecho corriente y familiar puede inducir al error de pensar que es algo moderno o de reciente creación. Sin embargo, ya el principio de la era cristiana distinguía con un a.C. (antes de Cristo) y un d.C. (después de Cristo) el límite que marcaba el origen de una época reconocida por buena parte del mundo occidental. Recientemente las iniciales B.P. nos indican en inglés algo similar (Before present, lo cual quiere decir antes de ahora) y si se trata de un pasado más remoto se usa m.a. (mega annum, millones de años antes de ahora). La misma muerte de Cristo está en el imaginario popular ligada a las siglas INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudeorum) que fueron colocadas según la tradición en la cabecera de la cruz y quedaron inmortalizadas en la mayor parte de las pinturas y dibujos que representan la escena desde hace siglos. El tránsito de la vida mortal a la prometida por la creencia cristiana sugiere que quien lo realiza pasará de una existencia a la siguiente experimentando un alivio, por lo que se suelen grabar sobre la lápida que cubre el cuerpo las siglas RIP (Requiescat in pace) o STTL (Sit tibi terra levis, que la tierra te sea leve). Con frecuencia, quienes se encargaban de dar sepultura a los difuntos, en particular si les unía con ellos un lazo de sangre, querían dejar señal de su cariño o cercanía con el recuerdo de unas siglas que manifestaran claramente quién había encargado la inscripción de la losa o el mausoleo mismo. Para ello se mandaba grabar las siglas DSPFC (de sua pecunia faciendum curavit, o sea, se encargó de hacerlo con sus medios). Esas ofertas de realizar algo tras el fallecimiento de una persona solían denominarse «mandas» y tenían mucho que ver con la antiquísima costumbre de prometer algo a los dioses si éstos satisfacían un deseo o petición de algún devoto. De hecho, las siglas VSLM que aparecen al lado de los exvotos en tantos lugares de culto significan exactamente (votum solvit libens merito, es decir, cumplió voluntariamente su promesa en acción de gracias).