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Un motivo de polémica antimorisca "EL ZANCARRÓN DE MAHOMA"

SANTOS DOMINGUEZ, Luis Antonio

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 49.

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Uno de los graves problemas con que se enfrentaba la sociedad española en el siglo XVI y
principios del XVII era el problema morisco, "la minoría vilipendiada pero no olvidada", como bien la definen Domínguez Ortiz y Bernard Vincent (1). Entre su sublevación en el antiguo reino de Granada, en los años 1568-1570, y su expulsión en 1609-1614, las tensiones y enfrentamientos entre las dos comunidades irán encarnizándose y adquiriendo tintes cada vez más dramáticos. Una minoría reacia a la total integración tendría, necesariamente, que encajar mal dentro de una sociedad avocada hacia el monolitismo político y religioso.

La literatura de la época no permanece ajena a estas tensiones. Baste recordar el célebre pasaje cervantino del Coloquio de los perros para resumir -los sentimientos de los españoles de la época hacia ellos. Interesaba resaltar la superioridad del cristiano frente al musulmán, especialmente reflejada en la religión. Para ello, uno de los recursos más extendidos era el de ensalzar la religión cristiana, denigrando a la contraria.

Los denuestos y burlas contra la doctrina musulmana, en general, y contra Mahoma, en particular, revisten toda clase de manifestaciones. Un curioso motivo de esta "polémica" es el tema del llamado "zancarrón de Mahoma", del que vamos a ocuparnos en estas páginas.

El Diccionario de Autoridades, refiriéndose al zancarrón de Mahoma, nos lo define así: "Llaman por irrisión los huessos de este falso Propheta, que van a visitar los Moros á la Mezquita de la Meca". Se cita a continuación un texto de Quevedo.

Como ha demostrado Fernando de la Granja en un iluminador artículo, la leyenda de 1a supuesta veneración musulmana de un pie del profeta en la Meca se basa en una versión latina recogida en el Liber Nicholai (2)

Habent enim Sarraceni scriptum quod duos leprosos mundavit, unum cecum illuminavit et quatuor paralitiquos sanavit. .Et ideo Sarraceni post Deum omnium nisi creatorem ipsum adorant apud Bladacta. Credunt quod in sexta feria, jam lucis orto sydere, fuit Machumemetus mortuus et assumptus in celum. Affirmant etiam quod quedam discipula ejus, nomine Chamfa, incantavit pedem dextrum ipsius, ad Deum et ad omnes angelos, qui ipsum elevaverant et ferebant in celum misericordiam invocando quod pes pro reliquiis in manibus ejus remisit. Quare fecerunt arcam deauratam et in ea posuerunt pedem ipsum balsemando et aromatibus involvendo, et ita omnibus Sarracenis caput est Baldacta sicut Roma caput est Xpristianis.

En la Impugnación de la secta de Mahoma, de San Pedro Pascual ( 1300), se añade otra información: la muerte, de Mahoma a manos de una judía:

Entre aquellos judíos era una judía muy fermosa, e Mahomat pagábase desta judía mucho, e fue a cenar con ella, e la judía dióle a comer de una oveja ponzoñosa..., e enfermó luego desa ponzoña, e murió en el quinto décimo día, así como dicen algunos de los moros, e algunos otros dicen que en sétimo día murió (3).

Después de estas referencias medievales, no hemos encontrado otras fuentes que nos permitan seguir el rastro a la tradición establecida en las dos obras mencionadas. Por ejemplo, la Crónica de Mahomad, del Arcipreste de Talavera (4), ofrece una versión radicalmente diferente de la muerte del profeta:

...tenia un diçipulo que auia nombre Abimor, el qual oyera algunas vezes dezir a Mahomad que auia / / de morir en el dezeno anno de su reynado, y que auia de reçuçitar; y quiso prouarlo Abimor esto.

E diolo venino a beuer, y luego fue turbado de muerte; y llegó los moros y dixoles: " Amigos, sabed que [yo] morré; mas uosotros por agua auedes de ser saluos". E murio luego Mahomad, y los disçipulos guardaronle bien si resuçitaria al tercero día, y como uieron que ya fedia, dexaronle y fueronse de alli, y ansi quedó alli. E a cabo de honze dias uino Abimor a uer lo que era dél, y fallólo comido de perros. E cogió Abimor los huesos, y soterrólos en Medina Raful; y en ese anno trimió la terra. E apareçió una espada en el çielo por treynta dias.

Debemos esperar hasta el siglo XVI para obtener algunas noticias que puedan arrojar luz sobre la trayectoria de nuestro "zancarrón". Aunque indirecto.. el Viaje de Turquía ofrece un testimonio relacionado con el tema que nos ocupa. En un pasaje en el que se refiere la peregrinación musulmana a la Meca leemos:

Juan.- ¿Muéstranles el cuerpo?

Pedro.- No más del sepulchro, y un çapato dorado suyo, llamado isaroh, que está colgado y cada uno va a tirar dos piedras en un lugar redondo, que está allí çerca, donde dizen que el diablo apareçió a Ibrahim quando edificaba aquel templo (5).

A mediados del siglo XVI parece que el término "zancarrón de Mahoma" era ya lo suficientemente, conocido como para que no fuera necesaria una explicación, según se. desprende de un proceso inquisitorial de 1561 y 1562 contra Francisco Espinosa, un morisco de El Provencio (Cuenca): ...iten que estando en otra cierta parte donde se bendia yesca y piedra una persona hizo la prueba con una aguja y pasando por allí el dicho Francisco de Espinosa auia dicho a otra persona descendiente de moros que con el yba a la assiesta: lo otro, y la dicha persona que lo vio que le dezian por el zancarron de mahoma, y esto por dos cosas que avia leydo en la ystoria de los moros la dicha persona (6).

A partir de esta época, toda referencia a la peregrinación musulmana a la Meca conlleva, casi necesariamente, la mención explícita al "zancarrón de Mahoma". En 1586, Diego de Torres, en su Relación del origen y suceso de los xarifes y del estado de los reinos de Marruecos, Fez y Tarudante, escribe,:

...una mora eredera de aquel Reino, la qual determinó de hazer vida de Caciza, que en nuestro vulgar es religiosa, y al cabo para perfeccionar su obra determinó de se yr a la casa de Meca y visitar su çancarrón de Mahoma" (7).

También en el vecino Portugal, Fernâo Lopes de Castanheda, en la Historia do descobrimento e conquista da India pelos Portugueses, hace lo propio:

A sete legoas desta cidade pera ho sertâo está a maldita casa de Meca, a que os mouros faz en suas romarias (como os Cristâos fazem ao sancto sepulcro de Hiersulê) por esta nela ho çancarrao, que chamao do abominavel Mafamede" (8).

Particularmente interesante resulta la aportación de Pedro Escobar Cabeça de Vaca, quien en su obra Luzero de Tierra Sancta, y grandezas de Egypto, y monte Sinay (Valladolid, 1587, fol.50 v.-51 r.) vuelve a retomar la versión de la muerte de Mahoma por obra de una judía:

...tienen en la gran Meca, de Mahoma solamente vna pierna, a quien adoran con tal veneracion, que no ay ninguno que se tenga por Moro verdadero que no visite su sepulchro, y casa, quedo este zancarron solo en el mundo por un notable, y muy graciosso caso, ...Andava este Mahoma enamorado de una hermossa, y principal Iudia, cuyos parientes viendo la deshonra (fol. 51 r) que se seguia de esto, dieron orden como atajar con tiempo el grave daño, el qual pusieron luego por la obra y ansi les cu succedio, como pensavan: dieronla por consejo, y aun mandaron que privasse a Mahoma de la vida para que con su muerte se atajasse la quiebra que a su honra se apareja, ella temiendo que se descubriesse en perdida de todos aquel hecho, puso duda en el caso, mas hallaron remedio de encubrirle sus parientes, diziendo la, que muerto le cortasse sola una pierna, y publicasse luego que estando un día holgandose con ella le llevaron los Angeles al Cielo, y ella sintiendo ver que se partia le cogio una pierna, y que Mahoma de puro amor se la dexo en las manos.

Nuestros escritores del XVII, principalmente en torno a los años que preceden a la definitiva expulsión de los moriscos de suelo hispano transmiten por medio de, sus producciones todo tipo de burlas y chanzas sobre la religión musulmana, especialmente sobre el "zancarrón". Lope de Vega, por ejemplo, se muestra muy punzante en sus diatribas antimahometanas en muchas de sus obras (9), sobre todo en una conocida escena de Los esclavos libres:

Paje 2º. ¿De qué suerte, Guzmán, en Meca está el pernil mohoso del señor don Mahoma?

Paje 3º. Enamorado dicen que andaba este bestial Profeta de una judía, y el marido y padres cogiéronle entre puertas como a perro y diéronle paliza temeraria; viéndole muerto, hiciéronle pedazos, reservando una pierna y la cadera, rogando a la judía que dijese que una noche., gozándola, se había subido al Cielo, y que ella, por tenerle, le asió de aquella pierna, que en reliquias le dejó, y se llevó lo más del cuerpo; creyéronlo los moros, y escapáronse de ellos, con este engaño, los judíos; tomaron, pues, la pierna, y allá en Meca, entre piedras imanes la pusieron, cuya virtud la tiene y la sustenta, aunque ellos piensan que es milagro... (10)

Como puede comprobarse, Lope añade un nuevo aspecto al desarrollo del tema, no mencionado con anterioridad: la colocación entre imanes de la supuesta pierna de Mahoma. Según Fernando de la Granja, esta noticia tendría sus raíces en una leyenda desarrollada entre la cuarta y quinta cruzadas, conforme a la cual el Anticristo aparecería cuando se reedificase la torre de Babel y cuando se viniese abajo el idolo de Mahoma que pende "inter adamantinos lapides" (11).

Un escritor tan mordaz como Quevedo tampoco pierde la ocasión de zaherir la religión islámica. Júzguese por este, texto de El sueño del infierno (12) :

...llegué a una parte donde estaba uno solo arrinconado y muy sucio, con un zancajo menos y un chilo por la cara, lleno de cencerros y ardiendo y blasfemando.

-¿Quién eres tú? -le pregunté-, que entre tantos malos eres el peor?

-Yo -dijo él- soy Mahoma.

Y decíaselo el tallecillo, la cuchillada y los dijes de arriero.

-Tú eres -dije yo- el más mal hombre que ha habido en el mundo y el que más almas ha traído acá.

-Todo lo estoy pagando -,dijo-, mientras los malaventurados de africanos adoran el zancarrón o zancajo que aquí me falta (13).

De creer a nuestros polemistas antimusulmanes del siglo XVII los propios moriscos habrían dado crédito a la leyenda del "zancarrón", como se desprende de los datos de aquéllos. Así, Fray Marcos de Guadalajara, en su Memorable expulsión y justísimo destierro de los moriscos de España (1613), dice: "También a Gerónimo Bett le hallaron en su casa una figura del zancarrón y cantidad de cartas de Amet el Turco" (14). Sin embargo, el mismo autor, en otra de sus obras, Prodición y destierro de los moriscos de Castilla hasta el valle de Ricote (1614), afirma que e1 "zancarrón de Mahoma" era "un brazo adornado conforme la posibilidad de cada uno, de pedrería, anillos y otras riquezas" (15).

En otro polemista de la época, Aznar Cardona, podemos leer: "adorauan (los moriscos) en sus mezquitas la ampsa, esto es, un retrato y figura de la mano de Mahoma" (16). Sin embargo, la ampsa de Pedro Aznar parece hacer referencia a una costumbre morisca, motivo de una prohibición dada en Granada en 1526: "Asimismo mandamos que los nuevamente convertidos ni sus hijos e hijas ni alguno de ellos no traigan al cuello ni en otra manera unas patenas que sue1en traer, que tienen en medio una mano con unas letras moriscas..." (17). Esta costumbre aparece ya mencionada por Enrique de Villena en su Tratado de aojamiento: "Commo usaron en tres maneras contra el daño del aojamiento (...). En la primera manera, poniendo a 1os niños manezuelas de plata pegadas y colgadas de l0s cabellos con pez y encienso, y colgauanles al cuello sartas que ouiese conchas de mar, y boslauanles en el onbro de la ropa manezuelas, a que dizen gumças..." (18).

Tan arraigado estuvo en la conciencia colectiva e1 motivo del "zancarrón" que, mucho tiempo después de la expulsión de los moriscos, todavía aparece mencionado en obras en las que interviene un personaje morisco. Sirva como muestra un villancico de 1694, compuesto para la iglesia de San Mateo de Lucena. Remedando el habla de los moriscos, se dice:

No está asé me Mahoma
hay, hay
que estar follero, lodrón
e parar en zancarrón. (19)

La última referencia que hemos podido encontrar se remonta a una "tonadilla" teatral compuesta en la segunda mitad del siglo XVIII (20):

Asaltemos la plaza
e pasar a cochilio
¡Oh, zancarrón Majomo,
que me dar pan de perro!

A lo largo de, estas páginas hemos intentado establecer, por medio de los testimonios que creemos más significativos y sin pretensiones de exhaustividad, la génesis y el desarrollo del motivo del "zancarrón" de Mahoma. No deja de ser llamativo, el hecho de que las referencias comienzan a ser particularmente numerosas en la segunda mitad del siglo XVI, precisamente la época en que, fracasada la política de integración, la amenaza morisca se muestra extremadamente preocupante (recuérdese que la sublevación morisca de las Alpujarras ocurrió entre 1568 y 1570 (21).

___________

(1) A. DOMINGUEZ ORTIZ y B. VINCENT: Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría, Madrid, Revista de Occidente, 1978, pág. 9.

(2) Fernando DE LA GRANJA: "Milagros españoles en una obra musulmana (El "kitab MAQAMIc AL-SULBAN" del Jazrayi) ", Al-Andalus, vol. XXXII, fasc. 2, 1968, págs. 311-365.

(3) Ibidem, págs. 343-344.

(4) Raúl A. DEL PIERO: La Crónica de Mahomad del Arcipreste de Talavera", NRFH, XIV, 1-2, págs. 21-50. En especial, págs. 49-50. (Esta Crónica de Mahomad está basada en la Primera Crónica General).

(5) Viaje a Turquía. Edición y estudio de Fernando García Salinero, Madrid, Cátedra, 1980, pág. 403.

(6) Mercedes GARCIA ARENAL: Los moriscos, Madrid, Editora Nacional, 1975, pág. 99.

(7) Edición, estudio, índices y notas de Mercedes García Arenal, Madrid, Siglo XXI, 1980, pág. 92.

(8) José Pedro MACHADO: Diccionario etimológico da lingua portuguesa, 3.a ediçao, Lisboa.

(9) En El hidalgo Abencerraje, La divina vencedora, San Diego de Alcalá, entre otras.

(10) Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española (Nueva edición), V, 1918, págs. 431b-432a.

(11) F. de la GRANJA: "Milagros españoles...", págs.345-346.

(12) Para otros testimonios en la obra de Quevedo remitimos al trabajo de Juventino Caminero: "Formas de antisemitismo en la obra de Quevedo", Letras de Deusto, nº. 20, julio-diciembre, 1980, págs. 5-56.

(13) Sueños y discursos. Edición de Felipe C. R. Maldonado. Madrid, Castalia, 1972, pág. 154.

(14) Citado por Louis CARDAILLAC: Moriscos y cristianos. Un enfrentamiento polémico (1492-1640), Fondo de Cultura Económica, 1979, pág. 311.

(15) Mercedes GARCIA ARENAL: Los moriscos, Madrid, Editora Nacional, 1975, pág. 99, nota 2

(16) Louis CARDAILLAC, Op. Cit., pág. 428.

(17) Citado por Felipe Maíllo Salgado, Los Arabismos del castellano en la baja Edad Media, Instituto Hispano-Arabe de Cultura, Univ. de Salamanca, 1983, pág. 229.

(18) Felipe MAILLO, op. Cit., pág. 228. Este mismo autor señala que la forma gumça proviene de jimsa pequeña mano, atendiendo a los cinco (jamsa) dedos.

(19) Villancicos del siglo XVI y XVII. Edición de C. Bravo Villasante, Madrid, Magisterio Español, 1978.

(20) José SUBlRA: Tonadillas teatrales inéditas. Libretos y partituras, Madrid, 1932, pág. 202. Agradecemos a Ricardo de la Fuente habernos proporcionado esta noticia.

(21) A. DOMINGUEZ ORTIZ y B. VINCENT: Op. cit., págs. 28 y ss.