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El romance de doña Alda y la balada del rey Gilardín:
una muestra de la expansión del romancero tradicional

LOPEZ TEMEZ, Xesús

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 53.

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El romance de Doña Alda (como suele ser llamado en Galicia), también es conocido por otros autores (entre ellos, Menéndez Pidal) (1) como romance de "La muerte ocultada". La extensión territorial del tema parece abarcar a gran parte de la Península (Cataluña, Galicia, Cantabria) y se encuentra también entre las comunidades sefarditas establecidas en diferentes lugares de Europa y Oriente. El asunto del romance es bien conocido: Don Pedro, marido de Doña Alda, es presa de un repentino mal que le lleva a la muerte, que por consejo suyo es ocultada a Doña Alda, que acaba de tener un hijo. Esta situación se prolonga hasta que ella decide ir a misa, y en el interior de la iglesia le es comunicada la noticia de la desaparición de Don Pedro, al que ella creía en la guerra. En otras versiones, como el propio Menéndez Pidal señala, la muerte le sobreviene precisamente por las heridas recibidas en la guerra, eliminando así el elemento inquietante sobre cuál sería la causa última de su muerte. Las versiones difieren también en el número de sílabas del verso, que van desde las seis de las versiones más antiguas hasta las ocho de las más recientes. Estas son las que más popularidad han alcanzado, pues aparte de ser las recogidas por Pidal, son también, de forma fragmentaria, las documentadas por Casto Sampedro en Galicia, que difieren bastante de las anteriores (2). Esto prueba, de alguna forma, que Galicia tuvo su propio desarrollo romancístico y no se limitó a una mera traducción de los romances castellanos. Los cuatro primeros versos del romance gallego comienzan de forma similar al del romance de la Infantina, recogido por Joaquín Díaz en Vigo de Sanabria (3). Vamos a ofrecer ahora la versión que publicó Menéndez Pidal.


A cazar iba don Pedro
por esos montes arriba;
caminara siete leguas
sin encontrar cosa viva,
si no fuera cuervos negros,
que los perros no querían.

Apeóse a descansar
al pie de una seca encina;
caía la nieve a copos
y el agua menuda y fría.

Allegósele la Muerte
a tenerle compañía,
Don Pedro vuelve hacia casa,
el alma en penas metida.
-¡Albricias, hijo don Pedro,
que dármelas bien podías,
pues tu querida doña Alda
un varón parido había!

-Albrícias pedís, mi madre,
tristes albricias serían;
¡mala caza es la que traigo:
la Muerte en mí compañía!

Hágame, madre, la cama
allá en la sala de arriba;
que nada sienta doña Alda
de este mal que yo traía,
y no le digan mi muerte
hasta los cuarenta días.

Mientras que le hacen la cama I
entrara a ver la parida:

-¡Dios te bendiga, doña Alda,
y al infante que tenías!

Dios te bendiga en mi ausencia,
que el rey a llamarme envía.

A eso de la media noche
la casa se estremecía:
en el cuarto de don Pedro
grandes lamentos hacían;
en el cuarto de doña Alda,
al niño hacen alegrías.

-Diga, diga, la mi suegra,
dígame, mi siempre amiga,
¿por quién tocan las campanas,
que suenan tan doloridas?

-No tocan sino por ti,
que con bien parido habías.

-Paréceme oir responsos,
¿a quién enterrar irían?

-Es la fiesta del patrono
y hay procesión en la villa.

Llegara Pascua de Flores;
doña Alda quiere ir a misa.

-Diga, diga, la mi suegra,
¿qué vestido me ponía?

-Como eres rubia y muy blanca.
lo negro bien te estaría.

-¡Viva, viva mi don Pedro,
la prenda que más quería!,
que para vestir de luto
bastante tiempo tendría.

Las doncellas van de negro
ella de oro y grana fina.
Encontraron un pastor
que de su hato volvía:

-¡Qué viudita tan hermosa;
viuda y de grana vestida!

-Diga, diga, la mi suegra,
ese pastor, ¿qué decía?

-Que caminemos, doña Alda,
que perderemos la misa.
Al entrar para la iglesia,
al tomar agua bendita:

-Diga, diga, la mi suegra,
diga la mi suegra amiga,
¿por quién son esos hachones
que arden en nuestra capilla?

-Dirételo, doña Alda,
pues de saberlo tenias:
aquí se entierran los grandes
caballeros de Castilla;
aquí se enterró don Pedro,
la prenda que más querías.

¡Llorar como ella lloraba!,
¡plañido el que ella plañía!;
los anillos de sus dedos
con sus dientes retorcía;
vestidos de grana y oro,
en pedazos los rompía.

-¡Desgraciado de mi hijo,
sin padre y madre seria!
¡Cuidesmelo tú, mi suegra;
yo con don Pedro me iba!
¡Válgame la Virgen Santa,
válgame santa María!

Vamos a pasar ahora a la Balada del Rey Gilardin, un tema que está extendido por toda la Italia peninsular (Ferrara, Piamonte, Alessandrino), y que recibe también diversos nombres, como puede ser el de "Morte occulta" ("La muerte ocultada"). El nombre de los protagonistas varia, como puede ser Rey Luis, Rey Rinald, Rey Carlin, etc., pero el tema (también en su titulo) es bien similar al de Doña Alda. En este caso, y a diferencia de la versión que nosotros hemos presentado, el Rey Gilardin muere a causa de las heridas que se produjo en la guerra, aunque, como ya hemos visto, también este tema existe en nuestro romancero. El número de sílabas originales del verso italiano es de nueve (4).

El Rey Gilardin se va a la guerra
se va a la guerra a usar su espada.
Cuando está en mitad de la calle
al Rey Gilardin lo han herido.

El Rey Gilardin retrocede
quiere ir a morir junto a su madre.

-Tun, tun, tun, llama a la puerta,
ah, mi madre, que soy muerto.

-Ay, toca más bajo, mi hijo,
tu mujer está teniendo un niño.

-Ay, suegra, la mía suegra,
¿por qué hacen tanto ruido?

-Ay, nuera, la mía nuera,
le hacen alegrías a tu hijo.

-Ay, suegra, la mía suegra,
¿qué sucede que cantan tanto?

-Ay, nuera, la mía nuera
le hacen fiesta a los soldados.

-Ay, suegra, la mía suegra,
dime cómo debo vestirme.

-Vístete de rosa, vístete de negro,
pero el luto te estará mejor.

Ay cuando estaba a la puerta de la iglesia
un monaguillo se la ha encontrado:

-Muy buenos días tengas, viudita.

-Ay, no, no, no, que no soy viuda,
al hijo tengo en la cuna y al marido en la guerra.

-Ay, sí, sí, sí, que eres viuda,
tu marido ya lleva tres días bajo tierra.

-Ay, tierra, tierra, ábrete en cuatro
quiero mirar mí corazón real.

Tu boca sabe a rosas
pero la mía sabe a tierra (5).

En el último verso se puede ver también cierta contaminación temática con el romance del Palmero y la Aparición. Las concomitancias entre estos dos romances que hemos presentado es clara, teniendo partes casi idénticas y siguiendo la misma línea argumental. Es posible que ambos temas existiesen en la tradición ancestral de cada uno de los países, y los contactos que España tuvo con Italia durante largos años favoreciesen la refundición de los mismos en una única versión, aunque conservando cada una de sus características peculiares.

___________

(1) Ramón MENÉNDEZ PIDAL: Flor nueva de romances viejos, Madrid, 1979, pág. 213 y ss.

(2) Casto SAMPEDRO: Cancionero Musical de Galicia, Pontevedra, 1942, da esta versión:

" A cazar saíu don Pedro, / a cazar como solía ¡ay, / os perros levaba cansos, / don Pedro máis canso iba ¡ay / Chegou ao medio da serra, / pra casa se volvía, / chegou a porta da casa, / esmorrente se caía. / -Fágame a cama, mi madre, / fágame a cama, mi vida, / qu'eu vou pra vida eterna, / qu'eu vou pra eterna vida. / -Non digas eso, meu fillo, / que está doña Alda parida. / -Non digan nada á doña Alda / hastra de un ano e un día. / Os días foron pasados / doña Alda nada sabía; / comprirás a coarentena / día de Pascoa Frolida. / -Diga, diga, miña sogra, / diga, diga, sogra miña; / as paridas'n esta terra / ¿de qué tempo van á misa?.

(3) Joaquín DIAZ: Romances, canciones y cuentos de Castilla y León, Valladolid, 1982, pág. 39.

"A cazar iba don Pedro / a cazar donde solía, / los perros lleva cansados / y el bastón perdido había."

(4) Está recopilado en Constantino NIGRA: Canti Popolari del Piemonte; y en G. FERRARO: Canti Monferrini.

(5) Se puede escuchar una versión cantada de este romance en el lp publicado en nuestro país por el grupo La. Ciapa Rusa (Ten Da Cbent l Archet che la sunada lelonga. Canti e danze tradizionali dell' Alesandrino, GFE-Guimbarda, GS-11157 , Madrid, 1982). Nos hemos basado en el folleto que publica para recopilar la información y realizar la traducción directamente del italiano, que no difiere mucho de la hecha por José Antonio Torres Almodóvar en el ya mencionado folleto. Remitimos al mismo a los interesados en la versión original, pues sería muy largo introducirla aquí.