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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 56.

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Dice Covarrubias en su Tesoro que pregón es "la promulgación de alguna cosa que conviene se publique y venga a noticia de todos". Durante siglos, las noticias (más o menos importantes) y las novedades se transmitieron a través del canto de los pregoneros, algunos de los cuales tenían por oficio comunicar al pueblo de viva voz las órdenes o resoluciones tomadas por la Autoridad. Esta función (no vamos a hablar de los pregones de mercancías porque merecen capítulo aparte), les convertía en perfectos ejemplos de marginales, encargados de mediar entre la comunidad y los distintos poderes dominantes.

Es interesante observar cómo este tipo de marginal ha ido desapareciendo paulatinamente con la implantación, cada vez más fuerte, de los medios de comunicación que no necesitan para nada de intermediarios de esa clase. Podría decirse que lo mismo ha sucedido con otros marginales transmisores de cultura (narradores, músicos, etc.) a quienes la televisión, la radio y los diarios han desautorizado y desplazado, impidiendo su función secular o despojándola de eficacia e importancia. He ahí un peligro, denunciado muchas veces desde esta sección, acerca de cuya trascendencia no dejaremos de advertir una y otra vez y siempre serán pocas; los habituales impulsores de la cultura en el medio rural han sido anulados o -en el mejor de los casos- arrinconados, por una fuerza que ignora (y, lo que es aún más grave, no le importa hacerlo) las particularidades esenciales que han dado vitalidad a la existencia de pequeñas comunidades a lo largo de siglos, confiriéndolas una personalidad propia y diferente.