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"Las Jurdes en el siglo XVIII: Pinceladas geográficas y etnográficas" o "El Alcalde Mayor de Plasencia está en las Batuecas"

BARROSO GUTIERREZ, Félix

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 56.

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Quitando el polvo a viejos legajos, muchos de ellos comidos de polillas y devorados por ratas despelujadas, puede llegar uno a encontrarse un sinfín de curiosidades que, en gran medida, contribuyen a aclarar los pasos de la Historia o, por el contrario, a hacerla más difusa o trastocarla por completo.

Y así fue cómo aparecieron las amarillentas hojas que pomposamente se encabezan como sigue: "Romance en que Dn. Antonio de Córdoba (Alcalde Mayor de la Ciudad de Plasencia, que pasó de Orden de la Chancillería de Valladolid a la Villa de Granadilla y Lugares de su Jurisdicn., propios del Estado del Sr. Duque de Alba, a hacer requento de los Ganados existentes en su término y otros encargados de Importancia) da quenta aun íntimo Amigo suyo (por precepto de una Dama) de quanto le acaecío en la Peregrinación de dos Meses en este Año de 1750 en el siguiente Romance."

Largo y tendido sería entretenernos en contar las mil y una peripecias que nos narra don Antonio de Córdoba, pues por sus ripios -que así hay que catalogar su romanceada cantinela- desfilan tantos pueblos como éstos: Granadilla, Abadía, La Granja, La Zarza, El Guijo, El Ayal, Santibáñez, Bronco, Cerezo, Mohedas, Oveja, El Pino, Cambroncino, Nuñomoral, Mestas, La Alberca y Sotoserrano.

Contentémonos, por ahora, con centrar nuestro trabajo en ese mundo que tanto dio que hablar y que tantas páginas llenó desde que un día el "Fénix de los Ingenios" intitulara una de sus piezas teatrales con el misterioso nombre de "Las Batuecas del Duque de Alba".

Nuestro Alcalde Mayor de Plasencia, que cierra su romance con una glosa de sí mismo, llamándose "hidalgo, firme, fino, fiel y eterno", después de dedicarle una décima al lugar de Mohedas, hace un paréntesis y le cuenta así a su amigo:

"Hasta aquí saves, amigo,
mis pasos, malos, o buenos,
en que me es fuerza cesar,
mientras con atención veo,
noto, rexistro, excruto,
miro, percibo, ó atiendo
lo que en sí abraza, y enzierra
otro segundo Universo,
otra tierra tan distinta
de aquella, que posehemos,
que por Asombro la llaman
la tierra del Mundo Nuebo:
Otros con más propio estilo,
(a cuya opinión me adyero),
llaman a esse Nuebo Mundo
la Tierra de Los Batuecos".

Don Antonio de Córdoba comienza, como se ve, prejuzgando a unas tierras, llevado, claro está, por el tópico y la funambulesca leyenda que, desde tiempo de Lope (siglo XVIII), corría sobre aquellos parajes de Jurdes y Batuecas.

Este hecho que constatamos ha sido desconocido o no tenido en cuenta por quienes escribieron y lucubraron sobre estas tierras. Y es un punto de partida, trágicamente importantísimo, para la historia de Las Jurdes. El que un personaje, como Lope de Vega, figura culmen de las letras por aquel entonces, se preocupara de llevar a una de sus obras ciertas leyendas e historias que le contaron durante su estancia en Alba de Tormes, dio pie para que el mundo de los jurdanos o batuecos saltara a primer plano. Hasta aquella fecha, no había salido a la calle folleto alguno o volumen que versara sobre una zona que estaba bajo las banderas del ducado de Alba, y que en los legajos se llamaba "Dehesa de la Sierra o de Jurde". La imprenta coadyuvaría a desparramar la ficción lopesca y, así, los lectores se crearon, con la lectura de la obrita, una imagen que distorsionaba la realidad social e histórica de la comarca.

A buen seguro que si Lope o algún otro escritor de gran renombre hubieran tejido cierto drama o comedia sobre otras tierras de las consideradas ingratas o marginales, tales como Los Ancares, La Maragatería, Las Alpujarras o Las Brañas asturianas, éstas se habrían puesto a la cabeza de la leyenda, pasando Las Jurdes y Batuecas a un segundo plano. Pero quiso la historia que hicieran de bufones los imaginarios batuecos, y, como tales, bien representaron su papel y buena imagen dieron de lo que no era una realidad concreta, sino fantaseada.

El mondongo que parió el denominado "Fénix de los Ingenios", debió de ser escrito entre 1604 y 1614, pero no se imprimió hasta el 1638, una vez muerto el autor. Posteriormente, algunos otros, bebiendo en las fuentes lopescas, adobarían un cúmulo más de patrañas. Tal sucedió con Juan de Matos Fragoso, que compuso, en 1671, "El Nuevo Mundo en Castilla". Le siguieron Juan de la Hoz y Mota con "descubrimiento de Las Batuecas", y el Dr. D. Juan Pérez de Montalván con "Nuevo Mundo en España".

No es de extrañar, por tanto, que el Alcalde Mayor de Plasencia emplee, hablando de Las Jurdes, conceptos como "Segundo Universo" y "Mundo Nuebo". No son otra cosa que secuelas léxicas de la manoseada leyenda.

LAS BATUECAS DE DON ANTONIO

Pasa el Alcalde Mayor de Plasencia a relatarle a su amigo, en lo que él llama "Heroycos versos de heroyco romance", lo que vio, auscultó y tanteó por ese "Nuebo Mundo" de Las Batuecas. Y así nos describe el territorio:

"Asombro de la vista, y del Discurso
midió el Pié incierto en esta inculta tierra,
haciéndole patente su Districto
el empinado Monte de Mohedas.
No quisiera bolbiera la memoria
á recordar tan fúnebres tragedias,
pero es justo cumplirte la palabra,
de los hombres de vien, la mejor Prenda:
assí, escucha, y verás las Poblaciones,
los Concejos, y Gentes de esta esphesa,
á quien solo vé el Sol sus Alquerías
por las tristes rendijas de sus Puertas.
La Circumbala al Norte la Castilla,
á el confín de su Oriente existe Véjar,
á el Poniente se vé Ciudad Rodrigo,
y á el Medio día tierra de Plasencia.
Tiene del Norte hasta el Meridiano
muy cumplidas de Anchura siete leguas,
y de Oriente al Poniente, por lo largo,
compone nueve escasas, vía recta.
Seis concejos encierra, o Capitales
de aquellas Alquerías las Cavezas,
tos Piés fundados en tan malos pasos,
que todos viven mal, viviendo en ellas.
Quarenta y seis estrechas Alquerías
pueblan de estos collados la maleza,
que aunque no serán pueblos por lo extrechos,
porque viven extrechos, mas las pueblan.

1º Da principio Ovejia junto a un Río,
indigna capital de la Rivera,
con dos Anexos, y únicas diez casas,
donde aún no es contrabando gastar texa.

2º Sigue el Pino, Concejo Franqueado,
entre todos la Corte de Viena:
diez alquerías coge su Districto,
y hace de vecindad su Quarentena.

3º El tercero es Concejo de Casados
porque por Cambronzino le veneran,
o Camino Morisco, que entre fieles,
es aguantar tras Quernos Penitencia.

4º Nuño Moral se sigue, aquel concejo
a quien deven sus Gentes la primera
Havitación de Jurde en su Cimborio,
de donde se deriban las Batuecas:
como tal extendió sus Alquerías
hasta hacer 23 entre sus Breñas,
tan agrias, mondas, lígrimas, y escasas,
que son sus Casas cóncabos de Fieras.
................

Todos aquestos riscos desmedidos,
todos estos Abortos de eminencias,
todas las cavidades, que se ignoran,
porque a la vista no se le demuestran:
estos Derrumbaderos tan visibles,
estas cóncabas, lúguvres cavernas,
siendo estas primer paso del Avismo,
y aquéllos Pedestal de las estrellas:
á pesar de lo inculto del terreno,
dispuso la divina Omnipotencia
honrarlas con Prodigios celestiales,
pues hizo Cielo, aún lo que no es tierra.

Desiertos

Profundo Alvergue en espacioso sitio
dio el Todo Poderoso (yá seis eras)
á veynte y seis Descalzos Carmelitas,
estatuas vibas de Pasiones muertas.

Sn. Joseph del Monte

Donde absortos de verse, sin hablarse,
con bajarse uno al otro la caveza,
graban en lo Interior, con mucho acento,
aquel Nisi egexitis Penitenciam.
Un Sn. Joseph del Monte es su Patrono,
por cuyo medio la divina esempcia
en un Pensil, desierto sin segundo,
con su Gracia las plantas, cría y riega.

Los Angeles

La Humildad erigida sobre torres,
que naturales. tocan las estrellas,
se vé eminente, a un lado de esse Monte,
que es de Francisco casa recoleta:
Angeles la fundaron, ya hace siglos,
y en la fée de tal siendo la primera,
de ella toma renombre la Provincia,
que bulgarmente llaman la Gallega.

..............

Si quieres Descripción más prolongada,
si apeteces noticias más extensas,
leé a Ricarte sobre el mismo Asumpto,
a quien ahumentó Soto en este tema.
Y pues lo que estas son te he referido,
de quanto pude ver en mi carrera,
proseguiré contando en mi romance
quanto en verlas pasé, por solo verlas.

Pues Amigo de mi Alma,
como hallá te iba diciendo,
pasé lúgubre hacia Obeja,
de Jurdes primer Concejo,
según el cómputo que hacen
de esta tierra los Modernos:
aunque el de Nuño Moral
para otros sea el primero.
Lo mismo fue colocarme
sovre lo agudo de un Cerro,
que vi por tierra, profundas
antesalas del Infierno;
y como de Guerra un Campo
se admiran los Armamentos,
en Pirámides las tiendas
assí se extienden sus cerros:
estando en sí tan unidos
y apretados de pescuezo,
que solo havrá de distancia
de uno a otro, sus dos dedos.
Fui baxando, como pude,
por este Despeñadero,
que dan camaras en verle
aun sin pasar al despeño:
Vaxé medio resbalando,
assiéndome de los Brezos,
tomando tierra á dos manos,
y á dos Piés el santo suelo..."

NOTAS GEOGRAFICAS DEL ROMANCE

A pesar de los pesares, hay que reconocerle cierto mérito a don Antonio. Y reside en que, aparte ciertas exageraciones, se lanzó a ofrecernos una somera descripción geográfica de lo que hoy son la comarca de Las Jurdes (Cáceres) y la dehesa de Batuecas (Salamanca), incluidas ambas, por aquellos tiempos, y hasta el 1833, en la llamada "Provincia de Extremadura".

¿Erró o no don Antonio en su lección de geografía jurdana? Para responder a la pregunta hay que echar mano de algunos datos. Vemos, como único ejemplo precedente que poseemos, lo que nos dice el bachiller Thomás González de Manuel cuando, siendo el 1693, escribe su "Verdadera Relación y Manifiesto Apologético de la Antigüedad de Las Batuecas y su descubrimiento". Así nos responde: "La Dehesa de las Batuecas tiene una legua de larga y tres cuarto de legua de ancha. Atravesando esta Dehesa se va a otra Dehesa, llamada de Jurde, la cual tendrá cuatro leguas de largo y tres de ancho."

Como eso de las leguas ya está en desuso, mejor es que las traduzcamos a kilómetros. Y he aquí que una legua equivale a 5,5 kilómetros. Luego, para nuestro don Thomás González, las Jurdes, junto con Las Batuecas, medirían algo así como 27 kilómetros de largo y unos 15 kilómetros de ancho.

Casi un siglo después, Pascual Madoz (1845), autor del gigantesco mamotreto "Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus provincias de ultramar", nos cuenta lo siguiente: "El país (de Las Jurdes) se extiende 12 leguas de Este a Oeste, desde el despoblado de Diganzales hasta la alquería de la Ovejuela, y 6 leguas de Norte a Sur, desde la Sierra de Porteros a Arroyo Cerezo al río del Pino". Por lo tanto, para Madoz Las Jurdes miden 66 kilómetros de Este a Oeste y 35 kilómetros de Norte a Sur.

En 1927, un francés llamado Maurice Legendre, secretario general de la Escuela Francesa de Altos Estudios Hispánicos, saca a la luz un estudio intitulado "Las Jurdes, étude de géographie humaine". Sus 512 páginas son el fruto de sus continuos viajes y estancia en la comarca jurdana entre los años de 1910 y 1926. Aunque creemos que ciertas hipótesis están equivocadas, hay que reconocer que el libro de Maurice Legendre fue escrito con una rigurosidad digna de encomio. El nos habla así: "A vuelo de pájaro, el país tiene cerca de 40 kilómetros entre los puntos extremos Este y Oeste, y 25 kilómetros de Norte a Sur."

Si echamos mano, ahora, de medidas más modernas, acudamos al estudio realizado en 1978 por la Subdirección General de Planes Provinciales. En él se nos dice: "Este país forma un cuadrilátero irregular, cuyo lado sur mide aproximadamente 30 kilómetros; el Este, 15 kilómetros; el Norte, 18 kilómetros, y el Oeste, 25 kilómetros."

Metámonos ya con don Antonio de Córdoba. Y vemos que nos sitúa perfectamente el cuadrilátero irregular de Las Jurdes, ya que, efectivamente, al Norte queda Castilla; al Sur, tierra de Plasencia; al Este, Béjar, y al Oeste, Ciudad Rodrigo. Y en cuanto a las medidas, no fue muy descaminado: de Norte a Sur, 7 leguas (38,5 kilómetros); de Este a Oeste, 9 leguas (49,5 kilómetros).

Comparando estas medidas con las del moderno estudio de la Subdirección General de Planes Provinciales, se llega a la conclusión de que, efectivamente, apenas si erró don Antonio en sus cálculos. Y si bien es verdad que sobrepasa las medidas facilitadas por Planes Provinciales, también es verdad que él incluye en la descripción de Las Jurdes a Las Batuecas, así como a La Alberca, Sotoserrano y el concejo de Obeja (actual Rivera Oveja), lugares que pasarían a depender de otras demarcaciones a partir de 1833 (los tres primeros pasan a integrarse en la provincia de Salamanca, y el último queda como pedanía de Casar de Palomero, Cáceres).

LOS CONCEJOS

De los seis concejos que cita don Antonio en su copla, tan sólo tres se pueden considerar genuinamente jurdanos, ya que el de Obeja, La Alberca y Sotoserrano, como dijimos anteriormente, no encajan dentro de los tradicionalmente considerados como límites geográficos de Las Jurdes.

La ironía del Alcalde Mayor de Plasencia salpica el romance a cada paso. Y así nos dice del lugar de Obeja que allí "no es contrabando gastar texa". Para el profano suele resultar extraño que las viviendas jurdanas estén techadas con losas de pizarras en vez de tejas, y llega a ver en esta característica constructiva un símbolo de atraso, incultura y pobreza. Nada más falso. La lancha de pizarra es usada en más comarcas españolas, ya que es una materia prima barata, fácil de extraer y que hace las mismas veces que la teja. Donde no hay arcilla, no hay tejares; y donde no hay tejares, la gente se adapta a su medio geográfico y construye con los elementos -no desdeñables ni inferiores- que la Naturaleza le proporciona. Don Antonio era hombre de ciudad, y, al igual que muchos de hoy, le pareció absurdo que las casas de estas tierras se pusieran sombreros de pizarra.

Nos cuenta también que este lugar de Obeja tiene dos anejos, pero no cita nombres. Sin embargo, rastreando a González de Manuel, citado más arriba, nos encontramos con que "...donde llaman Obeja se fundó una iglesia el año de 1660, y la alquería de Las Corzas, que está a medio camino de la de Obeja y de la de La Pesga, tiene una iglesia tan antigua como la de la villa de Granada (refiérese a Granadilla, actual despoblado en la provincia de Cáceres). Lógico será, por lo tanto, que si en 1693 (fecha en que escribió González de Manuel) se encontraban junto a Obeja las alquerías de Las Corzas y de la Pesga, en 1750 (año de nuestro Alcalde Mayor) seguirían estando junto a ella, por lo que serían sus anejos. Hoy, las cosas cambiaron, y la que fuera cabeza de Concejo (Obeja o Rivera Oveja), se ha convertido en anejo de Casar de Palomero, villa que,también en su día, fue alquería dependiente del pueblo de Palomero). Por el contrario, uno de los dos anejos (La Pesga) pasa a ser ayuntamiento, y el otro (Las Corzas) devino en despoblado.

Sobre El Pino, primer concejo genuinamente jurdano que nos menciona don Antonio, se nos dice que es "Franqueado", es decir, que está libre de cargas señoriales. Luego, y haciendo gala de un refinado sarcasmo, nos refiere que dicho lugar es, entre todos los demás, "la Corte de Viena". Y no nos extrañemos, que a pie juntillas se lo siguen creyendo los actuales habitantes de Pinofranqueado.

Diez alquerías nos cuenta que dependían de El Pino por aquel entonces. Y tampoco da aquí nombres. No podemos, en este caso, echar mano de González de Manuel, pues éste, que era un clérigo albercano, tan sólo cita en su folleto a aquellos pueblos de Las Jurdes que pagaban vasallaje a La Alberca. Mas, a tenor de las alquerías que años más tarde nos menciona Pascual Madoz, y mirando las que existen hoy, debemos dar la razón a don Antonio. Diez aldeas serían y siguen siendo: Aldehuela, Avellanar, Bijuela u Ovejuela (así aparece en el diccionario de Madoz), El Castillo, Las Heridas (también se lee en tal diccionario, aunque hoy se denomine Las Erías), Horcajo, Mensegar (hoy, Mesegal)., Muela, Robledo y Sauceda. De aquí deducimos que la alquería de Corrales del Moral, situada en el extremo norte del concejo, ya estaba despoblada en 1750, pues no se nombra.

Hablando del tercer concejo, nuestro Alcalde Mayor se goza con despiadada burla. Y sonándole a chunga lo de "Cambroncino", hace de este topónimo un antro de cornudos. Verdad sería que al fresco le traerían las raíces etimológicas de los lugares jurdanos, yendo tan sólo en busca de la chanza y del mofarse un poco de aquellos rústicos tan tristemente retratados. Asimila don Antonio el nombre de Cambroncino a "cabrón", y asunto concluido. Pero la verdad es que el vocablo tiene dos acepciones: una la que nos lleva a la palabra "cambrón", que, según el diccionario de la Real Academia, significa "arbusto de la familia de las vamnáceas, de unos dos metros de altura, con ramas divergentes, torcidas, enmarañadas y espinosas; hojas pequeñas; flores solitarias y blanquecinas, y bayas casi redondas. Aplícase también este nombre al espino cerval, a la zarza, a la espina santa y a un tipo de piorno que se cría en las sierras de Guadarrama, Peña de Francia y Gata." Y la segunda es la que emparenta el término "cambrón" con tenería o taller donde se curten las pieles. Fue muy corriente, durante la Edad Media, el designar con el nombre de "cambroneros" a los que se dedicaban a sobar y a curtir pieles. Romualdo Martín Santibáñez, en su libro "Historia de la Cruz de Casar de Palomero", escrito a finales del pasado siglo, nos habla de la fama que tenían las tenerías situadas en las márgenes de algunos ríos y arroyos jurdanos. Frecuente ha sido también el apellido "Cambronero" en la comarca y aún permanece en algunos de sus pueblos.

Sobreabundan los arbustos llamados "cambrones" por las serranías jurdanas. Y "Cambrón" es otra aldea que se encuentra a escasos tiros de honda de Cambroncino, que, a buen seguro, sería más primitiva que ésta, pues parece estar claro que Cambroncino deriva de Cambrón. Las gentes de la comarca dicen irónicamente: "De Cambrón a Cambroncinu, la carrera de un cochinu; y de Cambroncinu a Cambrón, la carrera de un lichón."

Luego nada de cuernos sobre las sienes de sus habitantes, sino cosa muy distinta. Ni tampoco "penitencias", porque también se denomine a este Concejo con el término de "Camino Morisco". Tal nombre viene de la mano del camino que, proviniente de Castilla, y bajando por Batuecas, sirvió para que los moriscos se internasen,en épocas de Felipe III, en tierras de Portugal. Este camino, sobre el que hoy cabalga la comarcal 512, roza la frontera sur de Las Jurdes. Bastante más tarde, el topónimo de "Camino Morisco" se lo llevaría el pueblo de Las Calabazas, hoy ayuntamiento del que dependen las aldeas de Aceñas, Dehesilla, La Huerta, Arrolobos, Cambroncino, Cambrón y Ríomalo de Abajo. Antiguamente, también dependieron de él la alquería de Pino Alto, hoy convertida en un barrio de Pinofranqueado, y el despoblado de Arrocerezo. Con plena seguridad que el antiquísimo despoblado de Diganzales, situado en el extremo sureste de Las Jurdes, debió de pertenecer también al Concejo de Cambroncino o Camino Morisco. Pascual Madoz, en su ya citado diccionario (1850), nos nombra a Arrocerezo como alquería habitada, y sobre Diganzales nos dice que era un despoblado.

No se anda don Antonio con chiquitas cuando su pluma describe el Concejo de Nuñomoral, y como si al Sacromonte hubiera llegado, equipara las viviendas castreñas de Las Jurdes a las oscuras cavernas de las bestias salvajes.

En parte es comprensible que un foráneo se asombre de la rusticidad que presenta la casa jurdana, pero ¿acaso ha recorrido los montes y parameras de la Iberia y se ha parado a pensar y a hacer una mera observación sobre las viviendas pastoriles...? Si así lo hubiera hecho, se daría perfecta cuenta de que el hábitat supone, para los pastores, un elemento secundario dentro de su modus vivendi. Las Jurdes, como pueblo de pastores que ha sido durante siglos, ha practicado una cultura cuasi nómada, viviendo, a lo largo de grandes temporadas, en el monte, en las majadas. Una economía típicamente ganadera lleva implícitos unos modelos constructivos específicos, donde, muchas veces, se acondiciona mejor el corral para el ganado que el chozo de los pastores. ¿Quién no ha visto, en otras zonas ganaderas, magníficas majadas para la oveja o la cabra, y, en cambio, rústicas y elementales chozas para los ganaderos?

Por otro lado, a la casa jurdana hay que buscarle unas raíces castreñas, es decir, consonantes con los círculos culturales del Bronce, y guardando gran paralelo con otras áreas ibéricas donde las influencias célticas dejaron amplia huella. Además, también está en dependencia de otras actividades domésticas, como el curado o ahumado de las castañas y la chacina.

Don Antonio nos habla de 23 aldeas que, con Nuñomoral, suman 24 lugares. Pero corto se quedó en el recuento. Además, hay que tener en cuenta que por aquella época no existían, como municipios, Casares de Las Jurdes y Ladrillas, pues estaban incluidos dentro del Concejo de Nuñomoral.

Con la división administrativa y territorial realizada, a nivel nacional, en 1833, el municipio de Nuñomoral queda estructurado en tres ayuntamientos: Casares de Las Jurdes, Cabezo y Nuñomoral propiamente dicho. Años más tarde, Cabezo dejaría de serlo y ocuparía su lugar el pueblo de Ladrillar. En 1850, Pascual Madoz ya establece la siguiente relación:

Cabezo: Cabezo, Mestas, Ladrillar y Ríomalo de Arriba.

Casares: Arroyo Pascual, Carabusino, Casa-Hurde, Casa la Rubia, Castañar, Casares, Heras, Huetre y Robledo.

Nuñomoral: Aceitunilla, Aseguir, Batuequilla, Cerezal, Fragosa, Gasco, Horcajada, Martilandrán, Nuñomoral, Rubiaco, Valdelazor y Vegas de Coria.

He aquí que Madoz nos presenta 25 lugares. Y esto ocurría en 1850. Pero en 1693, González de Manuel tan sólo cuenta 24, pues no mienta Casa de Jurde. Y 24 también contará don Antonio en 1750. El caso es que la alquería de Casa de Jurde existía en 1658, pues según la visita que giró el obispo de Coria don Diego López a la parroquia del Ssmo. Sacramento, de Los Casares, se habla de que pertenecen a su feligresía las aldeas de Cadabusino (sic), Robledo, La Buetre (sic), Casa la Rubia, Castañal (sic), Casa de Jurde, Arropascual, Las Heras y La Segur (sic). De aquí deducimos que Conzález de Manuel se olvidó de ella; asunto que, tal vez, le pasaría a don Antonio, pues Madoz la da como poblada en el 1850. Hoy en día, apenas si son perceptibles los cimientos de sus casas.

* * *

Después de pasearse por los cuatro concejos que hemos citado, don Antonio va a rematar su romance con unas apreciaciones, o mejor, lamentaciones de sus vivencias por las serranías jurdanas. Su boca, ya sin fuerzas, se cierra así:

"Aquestas son mis fatigas,
aquestos son mis sucesos,
estas mis calamidades,
y todos mis contratiempos:
hasta que he logrado verte,
que sin cuasi no lo creo."

Para aquel que desee conocer algo más sobre estas perdidas tierras, puede seguir el consejo de don Antonio, pues bien claro nos dice en el Romance que si le apetece al lector una descripción más prolongada, se lea a Ricarte o a Soto. Nosotros no hemos podido localizar a estos autores, pero... ¿qué dirán en sus obras cuando el propio don Antonio reconoce que eran hombres dados a la desmesura y a la exageración...?