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LA TRADICIÓN AUN VIVE. UNA NUEVA VERSIÓN DEL CID Y EL CONDE LOZANO

FRAILE GIL, José Manuel

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 56.

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EL CID y EL CONDE LOZANO (ao)
Versión recitada por José Sierra, de 76 años de edad, natural de Santa Olaya y residente en San Martín de Veduledo desde la infancia (Concejo de Pola de Allande, Asturias). Recitada en
San Martín el 20 de agosto de 1983 y, posteriormente, en Madrid el 24 de enero de 1984.

71 hemistiquios.

Paseando por Angualina / por los palacios andando
2 y en el estado mayor / me encontré al Conde Lozano.
-Buenos días sea Conde. / -Bienvenido Rodriano.
4 -No lo tengo por buen Conde / maltratar a un viejo honrado
y no contento con esto / lo depinó del caballo.
6 Prepárese usté buen Conde, / no me diga que soy falso,
vengo a llevar su cabeza / o a dejar la mía en pago.
8 -Aunque vengas tú y tu padre / y tus hermanos otros cuatro
no llevaréis mi cabeza / aunque vos lleven los diablos.
10 -Catorce años tengo, Conde / y en Dios vivo confiando
y lo que yo no hiciera / no vengan los mis hermanos.-
12 Se agarraron mano a mano / se salen pelear al campo
y el Conde tiró la suya / que está más acostumbrado,
14 el Conde tirara un tiro / Rodriguito se ha apartado,
tiró Rodriguito otro / que más se lo dé ampliado
16 que pasó pecho y espalda / y aún la silla del caballo.
Con un brocel que traía / la cabeza le ha cortado.
18 -Tenga padre, coma y beba, / coma y beba con descanso,
que si él le dio un bofetón / usté ahora dele cuatro.
20 -No quisiera, Rodriguito, / haberlo tan bien vengado
porque es pariente del Rey / no nos saldrá bien contado.
22 -Tanto se me da pol Rey / como pol Conde Lozano.-
La primer fiesta del año / van al Rey besar la mano,
24 todos van en buenas mulas / Rodrigo nun buen caballo.
todos se apean a un tiempo
26 no siendo Rodriguito / que está quieto en su caballo.
-Apéate Rodriguito / no te vayas demandado.
28 -Es que mi padre no manda / al Rey ir besar la mano.
-Retírate de ahí Rodrigo / retírate de ahí malvado,
30 tienes los hechos de un hombre / la fuerza de un león bravo.
Despídete de ahí Rodrigo / de mis palacios nun año.
32 -Si usté me despide uno / yo le despido por cuatro.-
Al cabo los cuatro años / vuelve Rodrigo al palacio.
34 -Dónde tuviste Rodrigo / que tanto tiempo has tardado?
-Por esos mundos alante / grandes guerras traigo andado.
36 que traje tres barras de oro / valen más que su reinado.

CRONICA DE LA RECOLECCION
Con motivo de mis actividades arqueológicas en el verano de 1983, tuve la oportunidad de viajar a Asturias, concretamente a Gijón, para efectuar allí excavaciones destinadas a la búsqueda de la muralla romana que cercaba la población. Por motivos arqueológicos, también, dedicamos un fin de semana a viajar al concejo de Pola de Allande para poder visitar allí el Castro de San Tsuís, que excava el profesor Jordá, de la Universidad de Salamanca

El Castro se encuentra en el término de una pequeña aldea llamada San Martín de Veduledo, aldea donde me detuve unos minutos en compañía de José Antonio Reguera, para poder tomar contacto con la tradición oral del lugar; inmediatamente entablamos conversación con algunas personas que recitaron para nosotros algunos temas de no demasiada rareza, pero no exentos de interés.

Varios de nuestros encuestados respondían a nuestras pesquisas con el nombre del que luego resultaría ser un maravilloso recitador; tras de algunos minutos de búsqueda, pudimos, al fin, dar con nuestro sujeto. La acción se desarrollaba en el pajar de un vecino, y allí, entre unos y otros, fueron surgiendo para nuestros cassettes y papeles, estupendas versiones de temas muy propios de la zona en la que nos encontrábamos, así: "El Conde Preso", "La Infanta Seducida", "La Gallarda"..., mezclados con fragmentos de las "Coplas de Jaca" o del "Horroroso Crimen de...", que eso, al fin y al cabo, es la tradición.

Por fin, y tras habernos recitado un estupendo Gerineldo soldado a la Condesita, nuestro informante me preguntó si podía valerme "lo de Rodriguillo". Naturalmente, le dije, y así fue como se descorrió, como tantas veces, el velo de tradición oral que puede dormir su sueño durante siglos y aflorar después así en cualquier rincón, donde la suerte lo hace posible.

Nuestro encuestado era, además, un estupendo sujeto que se ofreció a darnos su dirección en Madrid, donde pasaba lo más crudo del invierno en casa de varios hijos suyos que viven en la capital. Desde aquel 20 de agosto no había vuelto a ver a mi informante, que me reconoció al instante cuando el 24 de enero del año siguiente volví a verle y encuestarle en casa de una hija suya, en un barrio próximo a Madrid; allí volvió a recitar para mí y mi acompañante (y colaborador en la tarea de la recopilación José Luis Rodríguez) su Rodriguillo y un buen número de "coplas" que acrecentaron su repertorio o lo completaron en muchos casos; pero junto a sus estupendas versiones, entre la que descuella este "Cid y el Conde Lozano", nos dejó su amistad sencilla y clara como sus versos y como su mirada de hombre bueno que sigue creyendo las historias de sus personajes, cantados tantas y tantas veces por sus mayores y ahora, quizá por última vez, por él para nosotros.

INTRODUCCION GENERAL. EL CID y LA LITERATURA

Ya en vida fue objeto Rodrigo Díaz de elogios y narraciones de mayor o menor valor literario, según se ha visto después en unas épocas u otras, tratando todas sobre sus hechos valerosos.

Antes de su muerte, acaecida en la ciudad de Valencia en el año 1099, el Cid casa a su hija María Rodríguez con el Conde Ramón Berenguer III de Barcelona. Con este motivo, un monje catalán del Monasterio de Ripoll dedicó al ilustre burgalés un "Carmen Campidoctoris" donde se canta a las armas del héroe, quien, digno de ser cantado por Homero, hubiera hecho palidecer a los mismísimos Héctor y París de haber tomado .parte en la Guerra de Troya.

Pero lo verdaderamente relevante del hecho es que ya en vida, un año antes de su muerte, la figura del guerrero inspiraba a los escritores de clase elevada. A la par que surge este movimiento "culto", el pueblo llano comenzó a configurar, a su vez, una imagen del Cid ajustada aún a la realidad histórica, dada la proximidad temporal de los hechos narrados; esta imagen del héroe se difundió en los cantares de gesta, de los que sólo se conserva en buen estado el "Cantar del Cid", donde se narran acontecimientos referentes a la última parte de su vida; tales son: Destierro de Castilla, Luchas con el Conde de Barcelona y Conquista de Valencia.

El Cantar que ha sido objeto de varias interpretaciones, nos ha llegado en un solo manuscrito, hoy en la Biblioteca del Escorial. Según Menéndez Pidal, el Códice fue copiado por un tal Per Abbat en 1307; la obra consta de un total de 3.730 versos asonantados.

De otros cantares de gesta sobre la figura del Cid se ha perdido todo vestigio, pero su contenido nos es conocido gracias a prosificaciones de cronistas contemporáneos y, sobre todo, gracias al Romancero; tal es el caso de los referentes a Doña Urraca y el Cerco de Zamora.

Con la llegada del siglo XVI, el Cid sufre, como figura literaria, la transformación típica en las figuras de biografía poética; es decir, la faceta humana que predominó hasta entonces, comienza a recubrirse de ropajes legendarios y novelescos. Tal ocurre en el tardío "Cantar de Rodrigo", también llamado "Las Mocedades del Cid", obra de Guillén de Castro, donde se le atribuyen amores novelescos, hazañas militares fabulosas y heroicidades que él nunca realizó; todo ello unido a un temperamento altivo y destemplado, idóneo para agradar al pueblo, pero en total desacuerdo con las viejas canciones de gesta.

La obra romancística en torno a la figura del Cid está en su mayoría relacionada con las hazañas de un Cid joven, casi siempre empresas exageradas, y sus amoríos con Jimena. Todo ello encaminado a satisfacer a un público siempre ávido de sucesos extraordinarios. Dentro de este grupo de romances hay piezas de gran mérito, pero cada vez más alejadas de lo que en realidad fue e hizo Rodrigo Díaz de Vivar.

El siglo XVI aportó al Romancero algunas piezas, romances artísticos, creados por poetas que supieron mantener viva la figura del Cid dentro de la tradición; a su vez, autores de teatro, inspirándose en el Romancero, compusieron obras teatrales.

En 1579, la "Muerte del Rey Don Sancho", obra de Juan de la Cueva, escenifica el tema de la antigua gesta sobre el cerco de Zamora, insertando viejos romances ya conocidos; de esta forma se ensamblaba al arte dramático la vieja tradición que había sobrevivido gracias al Romancero. Dentro de este grupo se alinean: "Las almenas de Toro", obra de Lope de Vega y la más importante contribución Cidiana al teatro; "Las mocedades del Cid", escrita en 1618 por Guillén de Castro; el acierto de Guillén estriba en haber sabido imbricar, con coherencia, los romances dentro del armazón de la obra dramática, dando al conjunto una estructura con sentido total.

De la obra de Guillén deriva "Le Cid", obra del francés Pierre Cornielle, escrita en 1636, que es una de las mejores y más famosas obras del teatro francés clásico.

Con la llegada del Romanticismo, la figura del Cid vuelve a cobrar nuevos ímpetus, teniendo como constante el Romancero. Hartzembuch escribe la "Jura de Santa Gadea", y Zorrilla, su "Leyenda del Cid". En 1908, Eduardo Marquina estrena su drama "Las hijas del Cid", que, básicamente, se inspira en el viejo "Cantar del Cid".

COMENTARIO AL TEMA Y AL TEXTO

El manantial de la tradición oral en lengua hispánica parece no agotarse nunca; aun hoy, cuando los medios de comunicación están ejerciendo a fondo su labor destructora en el medio rural, último reducto de vida latente para el género.

Los romances de tema histórico, quizá los más atacados por el olvido, son una auténtica recompensa para el colector que busca afanoso en el fondo de la memoria de sus encuestados. En el caso del Ciclo Cidiano, son pocos los romances que han llegado hasta nuestros días a través de la recreación tradicional; aun cuando en otro tiempo debieron de ser harto conocidos para la gran mayoría del público consumidor de romances; así nos lo demuestran las numerosas reimpresiones que del "ROMANCERO E HISTORIA DEL MUY VALEROSO CAVALLERO EL CID. Ruy Díaz de Bivar, en lenguaje antiguo..." (donde se reunieron por vez primera los romances pertenecientes a este ciclo) se hicieron desde su aparición en 1605 hasta bien entrado el siglo XVIII; lo mismo sucedió con los numerosos pliegos sueltos que sobre la figura del Cid circularon y se reimprimieron con frecuencia.

Juan de Escobar, al publicar su Cancionero en la ciudad de Lisboa, en 1605, por vez primera, recogió una serie de romances que ya andaban cantándose desde mucho tiempo antes; así el segundo de sus romances que lleva la siguiente cabecera: "De cómo el Cid, viendo su padre afrentado, pensó en la vengança, y de cómo le vengó." Este romance ya había sido publicado por vez primera en la "Flor de varios y nuevos romances", Valencia, 1591 (licencia de 1588), y fue el mismo que Guillén de Castro parafraseó en la primera jornada de sus "Mocedades del Cid".

Las secuencias que abarca el romance tradicional que ahora presentamos comprenden varios de los romances que separados narran, en el Romancero de Escobar, los siguientes episodios.

1º De cómo Diego Laynez, padre de El Cid, estando agraviado del Conde Loçano, pide al Cid la vengança.

2º De cómo el Cid, viendo su padre afrentado, pensó en la vengança, y de cómo le vengó.

3º De cómo el Cid buscó al Conde Don Gómez, Señor de Gormaz, uvieron batalla, y el Cid mató al Conde y le cortó la cabeça.

4º De cómo aviendo Rodrigo muerto al Conde Loçano, y cortado la cabeça la presentó a su padre, y de cómo lo halló muy triste, y de la alegría que uvó cuando vio la cabeça de su enemigo.

5º De cómo viéndose ya Diego Laynes desagraviado por el Cid, se presentó ante el Rey, juntamente con su fijo, el Cid.

A estos romances que llevan el mismo número en el Cancionero, hay que añadir las secuencias del destierro, a que el Rey somete a Rodrigo por su arrogancia, y la vuelta de éste a los cuatro años y no al año siguiente, como el Rey había estipulado.

La Recreación tradicional se ha encargado de fundir las secuencias a su antojo, así como de recrearlas según las normas que son frecuentes en este tipo de procesos.

Hasta el momento de la aparición de la nueva variante asturiana, eran cuatro las existentes: dos andaluzas, una ibizenca y otra asturiana.

A) Las versiones andaluzas proceden la primera de Málaga, y la otra, de Sevilla.

Aa) Versión malagueña, publicada por Menéndez Pelayo, nos ha llegado en estado fragmentario, y además sabemos, gracias a una nota de la propia edición, que es facticia. La nota dice así: "Casi completado [el Romance], entre unos fragmentos que Don Juan Quirós de los Ríos aprendió, siendo niño, en Antequera, de boca de un pariente de su abuelo llamado José González, y otros fragmentos que recogí en Osuna, por los años 1876 ó 77, de un viejo pordiosero de La Alameda (Málaga), que pedía limosna recitando porción de romancillos populares, casi todos religiosos. (Nota del Sr. Rodríguez Marín)."

Ab) La versión sevillana procede de una de las encuestas de Manuel Manrique de Lara; la cuartilla manuscrita que contiene el texto, en el Archivo Menéndez Pidal, lleva su sello al margen: MANR. LARA -1916-.

El texto lo recogió Manrique de un gitano llamado Juan José Niño y López en la ciudad de Sevilla. La versión sevillana consta de 42 hemistiquios, que comienzan con la secuencia de prueba del padre a los hijos; al final van también unos versos pertenecientes al romance "Quejas de Jimena".

B) La versión procedente de Ibiza llegó a manos de Pidal acompañada de una carta de su recolector, el canónigo catedralicio Isidoro Macabich, quien, entre otras cosas, dice a Don Ramón que: "Mi trabajo de arreglo se limitó a suplir la equivocada comprensión de alguna frase, quitar alguna repetición viciosa y estirar algún verso cojo. Si puedo dar en mis papeles con el primitivo original, se lo enviaré; pero lo dudo, pues lo transcribí hace ya bastantes años. En realidad, no eran formas diferentes a las suyas, sino, y muy limitadamente, simples estropicios y, por tanto, dicha versión directa carecería de todo valor filológico."

De modo que el texto está tamizado por la mano de una persona "culta" con intereses bastante filológicos. Como quiera que la carta está fechada en Barcelona donde Macabich se encontraba casualmente por motivos de salud, el año 1944 cuando hacía ya "bastantes años" que éste recogió el texto, al menos debe ser anterior a la Guerra Civil de 1936.

El texto se publicó en la Revista Ibiza en un artículo del Sr. Macabich titulado "En Rodriguet, un nuevo romance del Cid", en el núm. 6 correspondiente al año 1944.

C) Texto asturiano. Corresponde a la gran colección que entre los años 1914 a 1921 reunió la gran investigadora Josefina Sela en la zona norte de la provincia de León y Asturias. Gracias a una carta conservada en el Archivo del Instituto Menéndez Pidal de Madrid, dirigida a María Goyri, entonces en Avila, sabemos que la versión que nos ocupa corresponde a este primer año de encuesta 1914. La colectora identificó el tema gracias a su conocimiento de la Antología de Menéndez Pelayo y además añade: "El Cid y el Conde Lozano (en éste es el Rey quien da la bofetada al Conde). Antol., pág. 187." El texto procede de La Garita, San Cristóbal, Ayuntamiento de Avilés. De boca de Carmen Menéndez, de 53 años de edad).

Hasta aquí hemos esbozado una pequeña panorámica de los textos existentes y su ficha de procedencia. Nuestro tema lleva en el C(atálogo) G(eneral del) R(omancero), confeccionado por el Instituto Menéndez Pidal, el título: RODRIGUILLO VENGA A SU PADRE. Nº 0002. Rima (áo).

Hay que hacer notar también, antes de seguir adelante, el hecho de la presencia en la tradición portuguesa de este romance, no así en la tradición de los judíos españoles donde hasta la fecha no ha aparecido versión alguna.

En lo referente a los portugueses todos ellos pertenecen al Archipiélago de Las Madeira; ya Menéndez Pelayo al editar su Antología y publicar el texto que ya hemos visto decía en nota: "La rareza de los romances históricos en la tradición oral, le hace todavía más apreciable. Pues del Cid no sabemos que se canten actualmente otros que éste en Andalucía, y otro portugués en la isla de Madera, también juglaresco y "centonario", que veremos más adelante."

Desde esta época a las encuestas masivas llevadas a cabo en el Archipiélago por Joanne Purcell en los años 1969-70, no volvió a aparecer el romance. Las encuestas de la Purcell, que están en vías de publicación, recuperaron tres nuevos textos del tema; a éstos hay que añadir dos más procedentes de la encuesta realizada, también en Madeira, por Pere Ferre quien, en parte, reencuestó a los viejos informantes de la Purcell. Sus cinco versiones han sido ya publicadas en los Romances Tradicionais, editados por Ediçâo de Cámara Municipal do Funchal. 1982.

***

Como ya hemos apuntado en otro lugar de este trabajo, la figura del Cid sufre un proceso de heroización fuerte que convierte a nuestro personaje en el autor de maravillosas hazañas impropias de su edad y condición.

Ciñéndonos al romance que nos ocupa, hay un hecho claro: el ensalzamiento del protagonista; hecho que se consigue por diversos caminos. En primer lugar el nombre del protagonista adopta el diminutivo, con lo cual se consigue dar idea de infancia al lector:

Asturias (San Martín): Rodriguito
Asturias (La Garita): Rodriguillo
Ibiza: Rodriguet

Así se nos presenta a Rodrigo como un muchacho que se enfrenta a un hombre de edad madura. En el trato se nota bien esta diferencia, pues frente al joven Rodrigo que siempre llama, respetuosamente, a su enemigo Conde o de Usted, el Conde Lozano llega a llamarle "rapaz" (Málaga).

Este sentimiento de protección que se pretende despertar en el lector, queda bien de manifiesto en el ruego, que en algunas versiones, se pone en labios de las mujeres de la Corte:

Andalucía (Málaga):

"y las damas le decían
que no le hiciera agravio
porque es Rodrigo muy niño
y no era razón matarlo."

Ibiza:

"Ses dames quam s'en anava
pronte el varen avisá:
-No matis en Rodriguet
que no té més de quinze anys."

A veces el propio Conde rechaza la afrenta del joven Cid, dado lo corto de su edad, a lo que Rodrigo le informa que:

Asturias (La Garita):

"-Quince años tengo, buen Rey
que en diez y seís no habré entrado."

Asturias (San Martín):

"Catorce años tengo, Conde
y en Dios vivo confiando."

Otro de los aspectos destinados a ensalzar la figura del protagonista, estriba en convertir en "magnicidio" la muerte del Conde; para ello se convierte al Conde Lozano en uno de los mejores caballeros de la Corte:

Madeira (Campo de Cima):

"-Que fizeste, Rodrigues,
que fizeste, diabo,
mataste o melhor conde
qu'eu tinha no meu reinado?"

En el propio hermano del monarca, como sucede en la versión de Ibiza:

"Qué li pareix, senyó Rei
de sa mort de son germá?"

O, como caso extremo, en el propio Rey:

Asturias (La Garita):

"-Cállese mi padre, calle
esto no le dé cuidado
que si yo he matado al Rey
con Celedina he casado."

Otro aspecto importante, una vez visto el proceso de heroización del joven protagonista, es el de las pruebas a las que somete Diego Laínez a sus hijos para ver cuál de ellos será capaz de vengar la afrenta familiar que él, por su edad avanzada, no está en posición de realizar. En las versiones que cuentan con esta secuencia de prueba, pues en algunas no aparece y Rodrigo es destinado automáticamente a esta misión, se pueden apreciar dos claras líneas.

Una sigue la línea de la versión impresa y publicada por Escobar en su Romancero; en dicha versión, para probar el arrojo de sus hijos se vale del siguiente ardid:

"Les fue apretando una a uno
las fidalgas, tiernas palmas."

La versión malagueña se alinea en este grupo:

"y también vino el muy chico
con el sombrero en la mano.
Lo agarró por la muñeca
lo más delgado del brazo;
tres veces le dijo: "Suelta"
y viendo que no ha soltado,
ha sacado de la cinta
un puñal y así le ha hablado."

El resto de las versiones, tanto las españolas como las portuguesas, presentan esta secuencia de modo distinto, quizá más ingenioso como corresponde a la recreación tradicional. El padre llega a casa y allí va llamando a sus hijos a quienes pide que, como consuelo, le metan en la boca un dedo por tener un diente o muela dañados. Como en el caso de la prueba anterior todos sufren pacientemente el apretón, en este caso el "mordisco" hasta que al llegar al más pequeño, a Rodrigo, éste increpa a su padre:

Andalucía (Málaga):

"-Venga mi hijo el más chico
por ser el más desgraciado
méteme un dedo en la boca
que tengo un diente dañado.
-Suelte usted padre mi dedo
que me está usted lastimando
que si no fuereis mi padre
le hiciera mil pedazos."

Ibiza:

"Quan va essés as cap des carré
son fill petit encontrá,
li digué: -Fill mey petit
serás de mí ben amat,
posa'm un dit a sa boca
que hi tenc un caixal nafrat.
Li possà es dit asa boca
fortament li apretava.
-Deixau, per amor de Deu
o per amor del diable,
que si mon pare no fosseu
e-us daria una galtada."

En las versiones portuguesas, cuando se da el acto de la prueba, el padre manda directamente a Rodrigo que le meta el dedo en la boca, sin probar antes a los demás hermanos:

Madeira (Vila Beleira):

"-Vem cá, me filho Rodríguez
mete-m'o dedo na boca."

Madeira (Campo de Cima):

"-Vem cá, meu filho mais moço,
mete-m'o dedo na boca.
-S'eu nâo conhecesse que eras meu pai (...)
avoava-t'os dentes fora da boca
e os olhos fora da cara."

Otro aspecto donde la recreación tradicional se ha encargado de transformar a fondo el primitivo texto, es el de la venganza. Una vez vencido el Conde Lozano y lavada la mancha del honor familiar, el Cid mutila terriblemente el cuerpo de su adversario para llevar a su padre los despojos de éste y darle una satisfacción no sólo moral sino también física. El texto publicado por Escobar se limitaba a decirnos que:

"Diole la muerte, y vengose
la cabeça le cortó,
y con ella ante su padre
contento se afinojó."

Las versiones españolas han recreado la escena de la degollación, sin demasiado gusto por las escenas sanguinarias, al contrario de las portuguesas.

Asturias (San Martín):

"Con un brocel que traía
la cabeza le ha cortado.
-Tenga, padre, coma y beba,
coma y beba con descanso,
que si él le dio un bofetón,
usté ahora dele cuatro."

Asturias (La Garita):

"de la primera espadada
fuere la cabeza rodando
en la punta de la espada
a su padre la ha entregado."

Ibiza:

"i en es caure des cavall
tot d'una es cap li taiá.
Se'l va possá per bandera
i a ca-seua se'n aná."

La versión malagueña amplía algo más esta secuencia, cuando el Cid corta a su enemigo no sólo la cabeza, sino también la mano agresora:

"y le cortó la cabeza
también le cortó la mano
en la punta de la lanza
por bandera la ha clavado."

Pero donde verdaderamente se ha recreado la escena de las amputaciones es en la tradición portuguesa, donde Rodrigo corta a su enemigo la cabeza y la mano, la lengua insultante y el corazón que se come a bocados cuando todavía palpitaba. He aquí una versión de Campo de Cima, en esta línea:

"O coraçao le tirou
comeu-le viv'o bocado
logo le rolou a mao
qu'o pai foi bofeteado
logo le tirou a língua
qu'o pai foi injuriado.

-Aqui tem, me pai, a mao
qu'o pai foi bofeteado,
aqui tem, me pai, a língua
qu'o pai foi injuriado,
só o coraçao nao lhe trouxe
comi-lho vivo 'o bocado."

O esta otra, procedente de Porto da Cruz, donde le saca incluso los ojos que miraron mal "mal olhado" a su padre:

"-Aqui tem, meu pai, os olhos
de quem foi mal olhado,
aqui tem, meu pai, a boca
de quem foi blasfemado,
aqui tem, meu pai, a língua
de quem foi injuriado,
e aqui tem, meu pai, as maos
de quem foi bofateado,
só coraçao le nao truxe
que le comi urn bocado."

Según la clasificación del C. G. R., el romance termina con la secuencia del desafío de Rodrigo al Rey y a la Corte toda; si bien la mayoría de las versiones no tienen justamente esos límites, pues unas comienzan con secuencias diferentes a la del ofrecimiento, por parte del Rey, del importante cargo de portaestandarte o similar, mientras los finales escasamente coinciden con la secuencia del desafío, siendo lo normal que el romance aparezca soldado a otros, bien del Ciclo Cidiano: "Jimena pide justicia al Rey", "Destierro del Cid" (tal es el caso de esta nueva versión de Asturias), "Cabalga Diego Lainez", "Pensativo estaba el Cid", o bien con temas ajenos a la historia del héroe burgalés: "Garcilaso y el Ave .María".

***

A simple vista, y con sólo meditar un poco las circunstancias que han rodeado la recolección de cada una de las versiones, podemos sacar algunas conclusiones de primera mano.

Cronológicamente, la recolección de cada texto está separada entre sí por un intervalo de unos veinte o treinta años: Málaga, 1869-70; Asturias (La Garita), 1914; Sevilla, 1916; Ibiza, 1936 (?); Madeira, 1969-70; Asturias (San Martín), 1983.

Geográficamente, el romance ha aparecido siempre en zonas limítrofes de la Península Ibérica, pues incluso las versiones portuguesas proceden en su totalidad del lejano Archipiélago de Madeira. Esta dispersión geográfica ha hecho que dispongamos incluso de una versión en lengua vernácula -el ibicenco-, lo cual es poco corriente en el resto de los romances de tema histórico. El origen andaluz, asturiano e insular de nuestras versiones hace que el corazón de la Península quede en blanco en cuanto al tema, lo cual es bastante sorprendente si tenemos en cuenta que Castilla es la zona donde el Castellano, medio idóneo para el Romancero, se habla con más propiedad.

La unión de estas características de tiempo y espacio han hecho que nuestro romance no se haya "buscado" en las encuestas de campo, ni tampoco haya figurado en los "manuales de encuesta", ya que no tiene una zona fija de aparición ni tampoco un tiempo determinado. Pero sistemáticamente, como hemos visto, han aparecido textos magníficos que nos hablan de una vida profunda del tema en la tradición oral, ya que al menos en el caso de mi informante, éste no titubeó un solo momento en ninguna de sus dos recitaciones, lo cual prueba que no lo "oyó alguna vez", sino que el texto estaba bien fijado en su memoria debido a una serie de audiciones continuadas.

Sólo nos cabe esperar que la tradición, que tantas sorpresas nos depara, aflore de nuevo en cualquier lugar donde un estudioso de ella pueda recuperar para la letra impresa otra nueva manifestación de "El Cid y el Conde Lozano".

NOTA.-Quiero expresar mi agradecimiento al Instituto Seminario Menéndez Pidal de Madrid por dejarme disponer de sus fondos con entera libertad. Asimismo a Francesc Llop i Bayo por la traducción que de la versión ibicenca me ha. facilitado. A Pere Ferré por la información sobre las versiones portuguesas procedentes de Madeira, incluso del fragmento inédito que apareció en la última realizada en el verano de 1983.