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LA HERMANDAD DE ANIMAS DE AHIGAL

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 58.

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En mis largos trabajos de campo realizados en Ahigal he llegado a la convicción de que en ese pueblo de la Alta Extremadura se le ha rendido y aún se le rinde un verdadero culto a la muerte y a los muertos. ,El bibimuh p'aluegu moril del to bien, frase que sobre todo las personas adultas gustan de repetir con frecuencia, condensan esa obsesión en el más allá que es parte integrante del sentir cotidiano. Las capellanías y memorias, tan frecuentes a fines de la Edad Media y de las que, hoy apenas queda el recuerdo, se unen a las mandas y cofradías más recientes que, al igual que aquéllas, buscan una doble finalidad: sacar las almas de los fuegos del purgatorio y procurar la total salvación de los devotos que permanecen entobía en ehti mundu terrenal y lagrimosu.

Los ahigaleses están convencidos de que el logro de la felicidad eterna sólo es posible si unen a sus oraciones en esta vida los rezos que la jerarquía eclesiástica, a la que consideran más cerca de Dios en razón a su oficio, dirijan por sus almas una vez que han fallecido, rezos a los que siempre obligan el pago de la correspondiente limosna. La cuantía de ésta será la responsable de que las preces sean más y mejores. "Negocio eclesiástico" llaman algunos a la muerte, con inspiración segura en las frases de "se hizo medio negocio", "se hizo negocio entero" y "no se hizo negocio" que los curas de la diócesis de Coria, a la que Ahigal está adscrito, plasmaban en sus libros de contabilidad con referencia a lo recaudado por los actos funerarios de los recién fallecidos.

El cacereño clásico Gonzalo Korreas, docto en el sentir popular, insiste sobre este asunto. En su Bokabulario de refranes y frases proverbiales y otras fórmulas comunes a la lengua Kastellana inserta el famoso dicho, que él oyó por tierras extremeñas, de el cuerpo a vos, la hacienda a nos, que pone en boca de los herederos de los clérigos que llevan a enterrar el difunto. Y no parece que sea válida otra explicación si tenemos presente que un Sínodo de Coria, en pleno siglo XVIII, ordena que el sacerdote celebrante puede cobrar el veinte por ciento de los bienes del muerto en concepto de las honras fúnebres. A este primer desembolso de los herederos seguirán los posteriores honorarios de rigor que la misma diócesis estipula para las diferentes prestaciones religiosas (novenario, cabo de año, vigilia, responsos, campanero...). Con estos puntos en la mano se comprende que no es una incongruencia el decir que el hombre extremeño ahorra para gastar una vez que ha fallecido. Aún se sigue creyendo que solamente esta inversión tras la muerte conduce a la verdadera patria celeste y a la completa felicidad, felicidad que alcanza más fácilmente el que gozó de éxito económico en la tierra, pues únicamente con dádivas se compran las oraciones de los ministros de la Iglesia.

Paradójicamente la desigualdad de la tierra encuentra su réplica en la otra vida. Los ricos tienen a quienes les recuerden, a quienes les recen a cambio de una parte, casi siempre ínfima de los bienes que dejaron, mientras que a los herederos de los pobres les resulta más difícil la compra de oraciones. Aunque en el primero de los casos se dé algunas veces, como se desprende de los archivos parroquiales, un incumplimiento de los albaceas y testamentarios de las mandas que aquéllos dejaron dispuestas para asegurar su salvación, el hecho es que tienen más posibilidades en el aprovechamiento de las oraciones que los que nada dejaron a sus descendientes. Hay por lo tanto almas salvadas desde el primer instante por la sencilla razón de haber pertenecido a un cuerpo privilegiado y almas que por los siglos están condenadas a penar sus culpas en el purgatorio.

Van a ser las cofradías, concretamente la de las Animas, las que hagan que las almas de los fallecidos se equiparen. El alma concreta perderá su sentido y se convertirá en una parte integrante del conjunto Animas que conforman todas las almas de los fallecidos sin importar el estado de la persona a la que perteneció. Todas las almas serán iguales desde el preciso instante en que la cofradía o hermandad de Animas compre las oraciones, las honras y los oficios que las más pobres y olvidadas necesitan para también lograr la salvación.

Las ordenanzas y la actuación de los cofrades de la Hermandad de Animas de Ahigal manifiesta claramente todo este espíritu, como vamos a tener la oportunidad de ver a lo largo del presente estudio. Al mismo tiempo, y esto es algo que apunta Joaquín Díaz al tratar de la generalidad de las cofradías (Revista de Folklore, 50, pág. 37), en la citada Hermandad se observa una función eminentemente social: entierro de los muertos sin recursos, ayuda a los necesitados, etc. El sentido de igualdad se hace patente dentro de la cofradía, ya que en ella no impera una jerarquía basada en la posición externa de sus miembros, sino en la antigüedad de cada uno de los hermanos. Los cargos no se eligen; se accede a ellos por años de servicio a las Animas.

DE LOS ORIGENES DE LA HERMANDAD

La Hermandad de Animas se funda en Ahigal a principios del siglo XIX. En esos momentos existen otras cofradías: la llamada del Rosario, instituida en 1585, y la conocida por la Vera Cruz, creada en 1542 y desaparecida pocos años después de la Guerra de la Independencia. La Hermandad de Animas se ve obligada a tomar ciertos atributos que habían sido propios de la Vera Cruz, ya en crisis cuando se fundó aquélla. La Cofradía de la Vera Cruz había potenciado desde mediados del siglo XVI la devoción a las almas del purgatorio. Ella fue la que promovió, encargó y pagó el bello cuadro de las Animas, de autor anónimo y barroco, que aún se conserva en la iglesia parroquial. La misma cofradía realizaba en el altar de las Animas algunas de sus funciones religiosas.

Solo la decadencia de la Vera Cruz promueve el nacimiento de la Hermandad de Animas. Se da aquí la circunstancia de que algunos miembros fundadores fueron cofrades de la Vera Cruz, lo que tal vez se explique por la existencia de problemas internos e incompatibilidades entre sus números. Tampoco son ajenos a la desaparición de la Vera Cruz los enfrentamientos que esta cofradía venía manteniendo con el obispado y con el párroco de Ahigal por cuestiones de competencias, hasta el extremo de que es este último quien promueve el nacimiento de la Hermandad de Animas como medio de contrarrestar el poderío de la vieja cofradía. Ello iba a acarrear su muerte definitiva.

LOS ESTATUTOS

El acta fundacional está recogida en un cuadernillo manuscrito de 10 por 18 centímetros y cosido a unas pastas de tela. El acta propiamente dicha se extiende a lo largo de ocho hojas escritas por ambas caras. El resto de las cuartillas, a excepción de algunas que permanecen en blanco, se han dedicado a enumerar los nombres de los cofrades de épocas distintas y a indicar las cuentas de aproximadamente una docena de años. El acta obra en poder de Lucía García, cuyo padre fue la última cabeza de la Hermandad. El cuadernillo siempre permanecía en casa del Hermano Mayor.

Este es el documento de fundación copiado literalmente:

"ANIMAS.

Como en la antiguedad, y de tiempo inmemorial ha habido Costumbre de practicar acciones de regocifos, y diversiones en los días de Antruefos, ó Carnestolendas muí Contrarios á lo que Nª Madre la yglesia nos enseña, y demuestra, Como Vemos que se Viste de luto quince días antes, adornados Sus altares, y Vestiduras Sagradas de Color Víolado Señal de tristeza anunciando el Sto tiempo de quaresma y que se acerca La Semana Santa en la que se hace recuerdo, y memoria del alto misterio de la pasión, y muerte de N° S. Jusuchisto por medio de Las Sagradas Ceremonías, y oficios Divinos practicador por sus ministros, y sacerdotes; principal misterio de Nª Religion Catolica Chrístiana:

en atención á que referidos regozifos de Carnestolendas en sus principios no carecian de la honestidad, Candidez y Sencillez, que oy en el dia Carezen. Reflecsionando estas cosas Vnos devotos de las Animas Benditas del Purgatorio consideravan los acervos tormentos quepadecian estas Almas Stas aflixidas en el Purgatorio, queles parecia á estos devotos que ensu imaginacion oian Vnas Voces del purgatorio, que Contiernos Suspiros y lamentos Se quexaban las almas Santas diciendo Ay! de nosotros que estamos en esta penosa Carcel del purgatorio por la Divina mano para que quedando purificadas de nuestras Culpas vamos á gozar dela deseada patria dela gloria, con el consuelo de esta esperanza; tambien Se quexaban los Padres de los hijos, los hijos de los Padres, los Maridos de Sus Mugeres, las mugeres de Sus Maridos, y vnos y otros Claman á los crueles erederos que con el ingrato puñal del olvido nos estan atormentando. tambien se quexan de los testamentarios y Albaceas que conel descuido de Cumplir las mandas, y legados de Sus testamentos las estan atormentando cruelmente.

Movidos pues estos devotos de las quexas que en su ymaginacion les parecia oian, para aliviar las Almas del Purgo de sus aflicciones, y contener los abusos, y desordenes, y profanidades queen semejantes dias de Carnes tolendas sepractican en quanto Sea de parte de mencionados devotos Se convinieron movidos deespirito de Religion en practicar lo Siguiente:

Que el Martes de Carnes tolendas Semande hacer vn oficio doble de difuntos Cantado Con Su misa cantada, y Diaconos, y se predique vn Sermon de Animas, y alfin la procesión que se acostumbra de Animas.

Que enlos tres dias Domingo Lunes, y Martes dé Antruejo todos los Sacerdotes quese hallasen en este Pueblo del Aygal Celebren misaporlas Animas Ventas. y que asistan a los oficios dandole la limosna acostumbrada y que enla misa delos oficios se lleve la ofrenda que se acostumbra y para este efecto, y pagar los derechos de todos los sufragios mencionados:

Nos obligamos a salir el Domingo de Antruejo á Pedir limosna por el Pueblo, y sino se juntase lo bastante para los Sufragios referidos, nos obligamos á suplir lo que falte de nuestros Vienes; y si sobra alguna cosa despues de pagado lo dicho Se distribuia en misas por las Animas del Purgatorio.

Yn. Ordenamos qeenesta hermandad ayade aver vn hermano quehaga Cabeza, y este Sea el mas antiguo deentrada.

Yn. Ordenamos que en muriendo al guno de nuestros hermanos. Vayanlos demas á encomendarlo á Dios ála Casa donde sehalledifunto, y Velarle porla noche en caso necesario; y ademas de esto seade obligacion de nuestros hermanos llevarlo a la Yglesia, y darle Sepultura.

Yn. Ordenamos que por el hermano que muera Cada Vno de nosotros hade poner enpoder de Nuestro hermano maior la limosna de Vna misa en el preciso termino de ocho dias ó recivo de Sacerdote Conocido Vajo la multa de vn real aplicado álas Animas, El que en caso de omision pueda exigirlo nuestro hermano maior por medio del Fiscal de esta hermandad, qe. hadeser elmas nuebo o moderno entrado en esta hermandad.

Yn. Ordenamos que el hermano quentre en esta hermandad ayade pagardeentrada la limosna de vna misa la que aplicarapor las Animas en general. y asiesta misa como la qe. sedigan porel hermano difunto.

Semande celebrar por el Hermano Maior ála maior brebedad, Sobre quesele encarga la Conciencia.

Los hermanos de Animas esistentes en el dia 14 de Febrero de 1.806 Son los Siguientes

Dn. Juan Dominguez Cura Parroco
Dn. Antonio Gomez Previto
Gabriel Monforte
Bernardo Gimenez
Antonio Roncero
Julian Garcia
Manuel Gomez de Fernando
Leonardo Garcia
Juan panadero
Basillo de cacres
Santiago Delacalle
Nacario paniagua
Antonio plata
Luis Decacres
Pedro Gomez."

ANALISIS DEL ACTA

Introducción
Una primera ojeada al acta de constitución de la Hermandad de Animas nos permite ver en ella tres partes totalmente diferenciadas: una introducción, varias ordenanzas y los nombres no rubricados de los hermanos existentes el día 14 de febrero del año 1806.

La introducción se presenta como una disculpa o, mejor aún, como la causa que mueve a cierto número de devotos a instituir la cofradía. Esa fuerza motriz se concreta en tres puntos:

1. Desagravio por los regocijos y diversiones de carnaval, "mui Contrarios á lo que Nª Madre la yglesia nos enseña, y demuestra".

2. Los tormentos que sufren las almas en la "penosa Carcel del purgatorio".

3. Librar a estas almas 0lvidadas de sus herederos, albaceas y testamentarios, que se empeñan en no "Cumplir las mandas, y legados de sus testamentos".

En el comienzo del documento observamos una contradicción. Si en el primer párrafo se habla de que el carnaval desde la antigüedad ha ido contra las normas eclesiásticas, seguidamente se indica que las "Carnes tolendas en sus principios no carecían de honestidad, Candidez y Sencillez, que oyen dia Carezen". La incongruencia podría salvarse si pensamos en el espíritu que guió al redactor del acta, el que a la sazón era cura párroco de Ahigal, don Juan Domínguez. Seguramente el cura sabía de las costumbres de los carnavales de siglos pasados y de las continuas condenas hechas por la Iglesia de estas fiestas, todo ello dentro de un contexto general, pero al mismo tiempo quería dejar patente que sus feligreses se habían visto libres de semejantes prácticas, cosa que es necesario dudar, hasta aquellos años de principios del siglo XIX. Y en el fondo tendría su razón. Las críticas contra la Iglesia, con una cierta y tardía influencia de la Ilustración, llegan a los pueblos extremeños y encuentran su caldo de cultivo en los pasacalles y pantomimas del carnaval, de tal forma que el clero se vio obligado a contrarrestar las sátiras y parodias a cualquier precio, aun creando su propia carnestolenda. Así sucedió en Ahigal, en donde hay que tener presente que las procesiones de los cofrades en esos días víspera de la cuaresma eran conocidas por carnabalih de la Sánimah Benditah.

Las almas del purgatorio, según se desprende del acta, se encuentran más solas y olvidadas en los carnavales. Esta parte del documento es de una belleza conmovedora. Las almas se quejan por su abandono y sus ayes se manifiestan a unos pocos devotos de las Animas. Estos creen que para terminar con las aflicciones es indispensable "contener los abusos, y desordenes, y profanidades queen semejantes dias de Carnes tolendas sepractican". Poniendo fin a la causa se pone fin al efecto: si los carnavales desaparecen las almas dejarán de estar abandonadas.

Ordenanzas

En el acta constitucional se recogen siete estatutos u ordenanzas, habiéndose de considerar las cuatro últimos, los únicos que van precedidos de "Yn. (iten) ordenamos", como de reglamento o de gobierno interno de la propia Hermandad. Sin embargo, estos siete capítulos no recogen todo el organigrama y funcionamiento de la Hermandad de Animas, como tendremos ocasión de ver. Las obligaciones que aquí se reflejan son las siguientes:

1. El martes de Carnaval se dirá un oficio de difuntos cantado. Seguirá una misa cantada con diáconos y un sermón de Animas. La procesión de Animas será el acto final. (Esta procesión es una herencia de la cofradía de la Vera Cruz.)

2. El domingo, lunes y martes de Carnaval todos los sacerdotes que se encuentren en el pueblo celebrarán misa por las Animas, cobrando por ello "la limosna acostumbrada". (De la frase entrecomillada se desprende que la costumbre ya estaba instituida antes de la fundación de la Hermandad, tratándose casi con seguridad de un acto también recibido de la Vera Cruz.)

3. Los cofrades saldrán el domingo de Carnaval a recaudar limosnas por el pueblo. Con ellas se pagarán las anteriores funciones religiosas. En caso de déficit los hermanos pondrán dinero de sus bolsillos, aunque si algo sobrase se invertirá en misas por las Animas.

4. En la Hermandad habrá un Cabeza o Hermano Mayor, cargo que recaerá en el cofrade de más antigüedad.

5. Cuando un hermano fallezca los demás han de velarle, llevarlo a la iglesia y darle sepultura.

6. Por cada cofrade fallecido el resto de los hermanos ha de pagar una misa por su alma y por las Animas. Los morosos en el abono de dicha misa serán gravados con un real de multa. Las sanciones serán cobradas por el Fiscal, cargo que recae en el último que entra a formar parte de la Hermandad.

7. El hermano que entra en la cofradía tiene la obligación de pagar una misa que se aplicará por el alma del hermano a quien sustituye y por las Animas en general.

LOS HERMANOS

Como se ve reflejado en el documento transcrito anteriormente el número de hermanos en el momento de la fundación ascendía a quince. Entre ellos se encuentran el cura párroco de Ahigal y el presbítero Antonio Gómez, que más que hermanos hay que considerarlos asesores de la Hermandad en estos sus primeros pasos. Fío esta afirmación al hecho de que en las listas de cofrades del manuscrito ya no volverá a aparecer el nombre de ningún sacerdote. Trece hermanos es un número que se hace tradicional en este tipo de cofradías que pretenden simbolizar la Iglesia más primitiva: Cristo representado en el Hermano Mayor o Cabeza y los doce apóstoles representados igualmente en el resto de los hermanos.

Por tradición se ha transmitido, ya que de ello nada dicen los estatutos, que el conjunto de los hermanos forma un grupo cerrado desde la instauración de la cofradía. La pertenencia a ella se hereda, siempre por línea masculina, de padre a hijo primogénito. En caso de no existencia de varones la sustitución del hermano fallecido la hará su pariente más próximo, normalmente el yerno o el sobrino mayor. Esta herencia ha sido tan estimada que nunca se dio el caso que alguno se negara a aceptarla.

La falta de precisión de las actas y, sobre todo, la ausencia de fechas de fallecimientos de hermanos y de entrada de un miembro nuevo nos impide conocer la configuración de la Hermandad en un momento dado, tanto en lo concerniente al nombre de los cofrades como al número de éstos. Si los fundadores fueron trece, según la norma consuetudinaria trece serían siempre los componentes de la Hermandad. Sin embargo, esto escapa a la realidad, ya que en distintos años el número oscila entre los doce y los diecisiete. ¿En razón de qué se producen estas oscilaciones? Contestar a la pregunta no implicaría otra cosa que una introducción en el terreno de las suposiciones.

Dejando a un lado los trece fundadores, nos encontramos con que hasta 1871 aparecen inscritos veinticinco hermanos, entre los que se señala con una línea horizontal la muerte de sólo cinco de ellos. Este número de fallecimientos para un período de 65 años se nos antoja escaso e irreal, si bien cabe dar una interpretación coherente. Los fallecidos a los que sustituía un hijo con el mismo nombre y apellido no eran tachados, quedando aquello para designar al heredero dentro de la Hermandad. Así tenemos que el mismo nombre ha servido para designar a dos o tres personas de generaciones distintas. Este es el caso de Bicente (sic) García, el segundo de la lista, que seguramente sustituyó a Julián García o a Leonardo García en el primer cuarto del siglo XIX y que, no obstante, según las notas de cuenta, sigue registrado en 1897. Con seguridad que se trataba, por lo menos, del abuelo y del nieto.

Lo mismo parece suceder con Jacinto Monforte, hermano ya en 1860 y que, sin embargo, se señala como cofrade en 1904. Estamos ante dos hermanos distintos, padre e hijo concretamente. A esta repetición nominal que reducía el número de cofrades escritos en el cuadernillo hay que añadir períodos en los que no se apuntó ningún nombre. Sin estas dos excepciones la lista sería bastante más amplia.

A partir de 1871 y hasta 1897, aunque esta fecha no sea muy precisa, se inscriben otros doce hermanos, que en la práctica serían más de no seguir vigentes las anteriores costumbres. Por las hojas de cuenta sabemos de la existencia de otros cofrades que, por lo que se desprende de lo señalado anteriormente, el escribano debió pasarse por alto: Francisco Corchón (era hermano en 1877), Antonio Melitón (en 1878 y hasta 1886), Valentín Cáceres (en 1882), Balerio (sic) de Cáceres (en 1886), Lorenzo 'Paniagua (en 1887) y Francisco Domínguez (en 1894).

Tras un largo vacío se llega a 1935, año en que se anotan los cofrades siguiendo un cierto orden. Bajo el epígrafe "año de 1935 forman las hermandas los hnos. siguientes" aparecen estos nombres:

"Damián García
Sebastián Plata (tachado)
Demetrio García
Antonio Paniagua Asensio (tachado)
Matia Paniagua
Vicente Bayle (tachado)
Antonio Ruano (tachado)
José Domínguez
Eusebio Baile
Manuel Ruano
Ramón Paniagua (tachado)
Agustín de Cáceres García
Juananatonio (sic) Monforte Cáceres (tachado)
Florencio Cacrez Asensio
Leon Asensio Gracia
Evaristo Plata Gómez
Vicente Paniagua García
Donato Cáceres Sánchez
Gregorio Paniagua García
Honorino Díaz García
Urbano Monforte Díaz
Cipriano García Domínguez
Jacinto Monforte Montero
Gregorio Paniagua Galindo."

Sabemos que en ese momento, concretamente desde 1927, el número de hermanos que componían la cofradía era de diecisiete, por lo que cada uno de los nombres escritos a partir de esa cifra corresponde a los sustitutos de los fallecidos, que se presentan tachados. La diferencia de uno a favor de los nuevos apuntados
se debe a un descuido del copista. Por consiguiente, los últimos siete nombres de la anterior lista entraron a formar parte de la Hermandad en fecha posterior a 1935.

El día 2 de marzo de 1949, como se lee en las dos últimas hojas del cuadernillo, la cofradía de Animas la conformaban estos hermanos:

"Demetrio García Asensio
Agustín Cáceres García
Florentino Cáceres Asensio
León Asensio García
Donato Cáceres Sánchez
Urbano Monforte Díaz
Gregorio Paniagua García
Cipriano García Domínguez
Gregorio Paniagua Galindo
Julián Paniagua Paniagua
Francisco Panadero Simón
Baudilio Bayle Paniagua
Prisciliano Daz Monforte
Crescencio Roncero García
Joselín Paniagua García
Mercedes Plata Domínguez.
Celestino Monforte Montero."

Sólo los cuatro primeros son supervivientes de la lista del año 1935. De los sustitutos de aquélla habían fallecido dos hermanos. Este elevado número de defunciones, más de una por año, es un índice de la media de edad de la cofradía, superior en las dos listas anteriores a los sesenta años. Aunque la Hermandad de Animas no desaparece hasta 1960, son en realidad pocos los nombres nuevos que entran a formar parte de ella.

LOS CARGOS

Los estatutos de fundación hacen mención de dos cargos únicamente, los que corresponden a los hermanos de mayor y de menor antigüedad en la cofradía. No obstante, por lo que se desprende de las actas de cuentas existieron otras funciones que se desempeñaban a título individual dentro de la Hermandad. Por lo menos hasta 1927 a cada una de estas funciones correspondía un cargo titulado. Los cargos o títulos eran éstos:

-Hermano Mayor o Cabeza.
-Fiscal, comúnmente llamado aguacil.
-Cereru.
-Limosneru.
-Escribanu.
-Vocales: doce en total.

Las obligaciones para cada uno de estos cargos eran distintas. El Hermano Mayor se erigía en responsable de la Hermandad. Entre sus cometidos estaban:

* el cobrar las cuotas anuales de los hermanos,

* guardar el dinero recogido de las limosnas y de la rifa del carnaval,

* decidir los días para las misas de obligación por un hermano fallecido,

* poner la multa a los cofrades morosos o que hubieran faltado a algunas de sus obligaciones,

* dar el visto bueno a las actas de las sesiones,

* poner su casa a disposición para la Junta General del martes de carnaval, así como para la comida de hermandad de ese mismo día,

* convocar asamblea extraordinaria.

Por lo que respecta al Fiscal su trabajo consistía en avisar a los hermanos para algunos casos concretos:

* del momento de pagar las cuotas,

* de la muerte de alguno de los hermanos,

* de la convocatoria de Juntas,

* de la hora y del día de las misas por los cofrades fallecidos.

Otras de sus atribuciones son las de cobrar las multas impuestas por el Hermano Mayor y comunicar e invitar a las autoridades a las funciones religiosas de la Hermandad.

La misión del cereru consistía en guardar las velas que se compraban para alumbrar en las misas de Animas y las que se entregaban a los asistentes a los entierros de las personas que fallecieran en el pueblo, así como en almacenar el aceite de la lámpara que diariamente ardía en el altar de las Animas.

El limohneru, por su parte, custodiaba, hasta su venta, las limosnas en especies que los devotos entregaban a los hermanos.

La función del escribanu consistía en pasar al cuadernillo los acuerdos de las reuniones y en escribir en un folio el resultado de la rifa del carnaval que luego, para conocimiento general, se exponía a la puerta de la Casa Concejo.

Los principales deberes u obligaciones de unos hermanos para con otros se daban a la hora de la muerte. En una de las ordenanzas se vio cómo cuando un cofrade fallecía sus compañeros habían de velarlo, conducirlo a la iglesia y darle cristiana sepultura. Entre todos pagaban las honras fúnebres y cada uno por su cuenta se ocupaba de encargar una misa por las almas del purgatorio. A los actos funerarios los hermanos acudían con su uniforme reglamentario, una capa de paño pardo, y el correspondiente velón que no apagaban hasta la vuelta del cementerio a la casa doliente. Estos fallecimientos se daban a conocer doblando con diecisiete golpes, cuatro más que en los óbitos normales, y, también como distintivo, los oficios de cuerpo presente se celebraban en el altar de las Animas.

LA FIESTA

La "Ronda de la limohna" Los festejos de las Animas duraban los tres días de carnavales. Al amanecer del domingo se llevaba a cabo la ronda de la limohna. En dos filas de a ocho, caminando en el centro uno de los hermanos que llevaba una esquila que sonaba pausadamente, los hermanos recorrían las calles del pueblo envueltos en sus capas pardas. En la cesta que cada uno de ellos portaba recogían las limosnas que los devotos les entregaban: dinero, chorizos, quesos...

Cuando terminaba la ronda se celebraba en el altar de las Animas el oficio doble de difuntos, que se repetía nuevamente el lunes y el martes. A estos actos, que congregaban a todos los vecinos, se invitaba a las autoridades de una manera especial. Gran esplendor alcanzaban los funerales de la mañana del martes. Ese mismo día en casa del Hermano Mayor, como anteriormente se dijo, se celebraba una comida de Hermandad, entre cuyos platos no podían faltar el cordero y la lechuga. 'En ella se comentaba la marcha de la cofradía, se revisaban las cuentas, se programaban las actividades y, en caso de defunciones, se les daba entrada oficial a los nuevos hermanos.

La rifa

Era ésta un medio de recaudación, posiblemente el más popular de cuantos utilizaba la Hermandad. Las cosas que se rifaban habían sido donadas a la cofradía en la ronda de la limohna o, también se daba el caso, los hermanos las habían adquirido para la ocasión. Los objetos solían repetirse año tras año: unos zahones, unos borceguinih, un pañuelo de mil colores, un cinturón... Desde el domingo por la tarde los cofrades apuntaban, previo pago de la cantidad estipulada, los nombres de los dadivosos en un gran pliego de papel. Así describe el polígrafo Segundo García la curiosa rifa de Animas: "Todos aquellos nombres así escritos se cortaban en tiras...Se metían al bombo, cántaro o bolsa. Y en otras tiras iguales a aquéllas, los nombres de las cosas que se rifaban, desde luego separadamente cada premio. Se mezclaban y revolvían cuidadosamente todas estas papeletas y comenzaban a sacarse... Cuando a continuación de un nombre salía otro, el primero era echado al cesto y, así conservándose siempre el último hasta que tras él salía la papeleta que decía rifa o lo que fuera que se rifaba. Esta rifa solía hacerse el martes en la noche, en casa del Hermano Mayor. Y la de cortar papeletas y meterlas en el saco, cántaro o bolsa solían hacerla en la tarde, reunidos los hermanos alrededor de una mesa en uno de los soportales de la Plaza."

Los cofrades, siempre a título personal, podían echarle a la rifa, aunque si le tocaba a alguno de ellos el premio quedaba en poder de la Hermandad como institución. En el año 1896 sucedió esto y así está recogido en el libro de actas: "Queda en casa del hermano Jacinto Monforte la rifa de alastica que le toco a las animas Stas."

El baile

Fue una costumbre desaparecida a principios de siglo, aunque se tiene conocimiento de ella a través de los escritos del costumbrista ahigalense Vicente Moreno Rubio. Las tardes de carnaval los hermanos se sentaban alrededor de una gran mesa que ponían en medio de la plaza, en el sitio donde se celebraba el baile. Sobre la mesa se colocaba una bandeja y en ella tenían que depositar una moneda los mozos que pretendieran bailar alguna pieza. Al tiempo de soltar la limosna los mozos decían pa la Sánimah Benditah, a lo que los cofrades respondían que benditah sean pol siempri. Las mozas consideraban pecado bailar con aquel que antes no hubiera entregado su óbito. Lógicamente el tamborilero actuaba gratis esos días, aunque la Hermandad le daba su agradecimiento de rigor.

Parece ser que la práctica del baili de la Sánima se perdió a causa de que el cura de entonces pudo convencer a los animeros de que el dinero conseguido por tal procedimiento no beneficiaba a las almas del purgatorio.

Las multas

Los desórdenes y escándalos públicos en los días que duraban los carnavales debieron ser frecuentes en la época en que se fundó la cofradía. Ya se dijo que la constitución de la Hermandad tenía por una de sus finalidades la eliminación de los desmanes del antruejo. Las sanciones pecuniarias que el ayuntamiento imponía a los alborotadores tuvieron hasta el primer cuarto del presente siglo una finalidad muy distinta que la de engrosar las arcas del concejo, ya que se les entregaba en su totalidad a los hermanos para que las emplearan en misas por las almas del purgatorio.

La fórmula no era nueva en Ahigal. La cofradía del Rosario también se había beneficiado en numerosas ocasiones de las multas impuestas a los vecinos, generalmente por escándalos nocturnos.

EL NOVENARIO

Con la festividad de Todos los Santos, el uno de noviembre, comenzaba un período ajetreado para la Hermandad, que se extendía por espacio de nueve días. Por las mañanas se desarrollaba el oficio de Animas, una misa de difuntos a la que asistían los diecisiete hermanos con el hábito de la cofradía. Al oscurecer, también envueltos en la capa y precedidos por uno que tocaba la esquila, los hermanos marchaban lentamente por las calles para hacel loh rehponsuh. En las puertas de las casas donde recibían una limosna se detenían y rezaban un patrilnohtri po-loh defuntuh de la familia y po-la Sánimah Benditah. El recorrido nunca finalizaba antes de la media noche y esto sucedía a la puerta de la iglesia. El tiempo invertido puede darnos la idea del gran número de rehponsuh que habían de rezar. Los hermanos iban provistos de los correspondientes faroles para alumbrarse. Al ser éste un acto religioso el aceite que se quemaba procedía de los cántaros de las Animas. También los faroles eran propiedad de la cofradía.

Durante la ronda de loh rehponsuh las campanas de la iglesia no cesaban de doblar. En el trayecto de casa en casa era obligado que el hermano portador de la esquila fuera recitando una pequeña salmodia:

Hermanus crihtianuh,
acordalsu de la Sánimah Benditah del purgatoriu
y de loh santuh defuntuh
qu'ehtán en la gloria de Dio.

En la última época de la Hermandad el novenario ya no se hacía de la manera indicada. La ronda de loh rehponsuh había desaparecido, aunque seguían vigentes las misas de Animas en las fechas indicadas.

LA ECONOMIA DE LA HERMANIDAD

La cofradía de las Animas durante los años de su existencia estuvo sujeta a una serie de gastos fijos, salvo raras excepciones, aunque esas excepciones no se pagaban normalmente de los fondos de la Hermandad, sino del bolsillo de los propios hermanos. Cuando los ingresos eran superiores a los previstos se tenía por norma hacer gastos extras, como comprar lámparas de aceite, manteles para el altar de las Animas, casullas negras para las misas de difuntos, renovar el catafalco de los oficios funerarios, cambiar el ataúl d'e loh probih (caja de madera en la que se llevaba hasta el cementerio a los muertos sin recursos económicos y a los suicidas), reparar los faroles, cambiar las puertas del camposanto, etc.

De los años de los que se conservan las cuentas se saca la conclusión de que los gastos se equiparan a los ingresos a lo largo de toda una anualidad, sobre todo si se tiene en cuenta que los déficits, que también los hubo, eran amortizados a ehcoti por los hermanos. Así lo dicen las ordenanzas y así se cumplió siempre.

Ingresos

A lo largo del trabajo ya se han mencionado algunas de las fuentes de ingreso de la Hermandad. Sin embargo, ésas no son todas y es de suponer que algunos tipos de recaudación los ignoremos por la sencilla razón de no haber sido transmitidos a la posteridad. No en vano muchos métodos de ingreso perdieron su vigencia hace más de medio siglo y otros, incluso, antes. En conjunto se pueden enumerar como fuentes de recaudación las siguientes:

-Cuotas anuales de los hermanos.

-Pagos supletorios en caso de déficit.

-Sanciones a los hermanos por incumplimiento de las ordenanzas.

-Recolecta en las misas de Animas.

-Cepillo de Animas.

-Cántara de aceite que cada lagar daba anualmente para uso de las Animas (lámparas y faroles).

-Mandas testamentarias de algunos devotos, las cuales solían convertirse en dinero.

-Donativos a manu.

-Venta de las crías de lah chibah de la Sánimah.

-Recaudación de la ronda de loh rehponsuh.

-Rifa del martes de Carnestolendas.

-Recaudación por baile.

-Multas civiles por desórdenes públicos en los días de carnaval.

- Recaudación en la ronda de la limohna. En orden decreciente, en este recorrido los hermanos recogían garbanzos, chacina, morcillas, cecina, sebo, tocino y dinero. Incluso en el año 1888 la Hermandad recibió como limosna una moneda "estranjera" de cincuenta céntimos, de plata, que no aparece tasada. Los productos alimenticios eran vendidos por los propios hermanos a la puerta de la iglesia el mismo domingo, a la salida de los oficios. Si algo sobraba, entonces el hermano dihpenseru lo guardaba en su casa, donde se podía ir a comprar en cualquier momento.

Gastos

Las inversiones de la Hermandad de Animas se encuadran en dos grupos: el religioso y el social o, mejor aún, el socio-religioso. En el primero se incluyen los gastos por los siguientes aspectos:

-Oficios de difuntos de los carnavales.

-Oficios de difuntos del novenario (noviembre).

-Misas de Animas de carnavales.

-Misas de Animas del novenario.

-Procesión de Animas y sermón del martes de carnaval.

-Compra de cera o de velas (cuando éstas no eran fabricadas por los propios hermanos) para el altar de las Animas y para los entierros.

-Compra de aceite cuando la donada no era suficiente para abastecer las necesidades de la Hermandad.

-Gastos extraordinarios: compras de esquila, de cestos de castaño para la limosna y para la recogida de velas, de "gallaretas" o cruces procesionales, de productos de limpieza para el retablo de las Animas y de la iglesia en vísperas de las fiestas de la Hermandad, etcétera. Aquí se incluyen los gastos mencionados al comienzo del capítulo.

Entre los gastos socio-religiosos cabe mencionar los siguientes:

-Pagos en concepto del entierro, de los oficios funerarios, de la misa y de los responsos de los fallecidos sin recursos económicos

-Los mismos pagos cuando el fallecido es un mendigo o un probi limohneru. En este caso los hermanos tenían el deber de velar al difunto dentro de la iglesia, si el tiempo era malo, o a la entrada del cementerio y debían acudir al entierro con el uniforme de cofrade.

-Pago de todo lo concerniente al entierro del cura párroco de Ahigal y de los sacerdotes muertos en el pueblo, así como el pago por la adquisición de los derechos de propiedad de las bochah en que fueran sepultados.

-Compra del sobrepienso para las dos cabras o chibah de la Sánimas Estas dos hembras pasaron a ser propiedad de la cofradía por donación testamentaria de un hermano a mediados del pasado siglo. Tenían acceso libre al cabrial comunitario. Por un orden riguroso que se cumplía a rajatabla las cabras eran ordeñadas por las personas más humildes del pueblo, quienes previamente acudían a por dos celemines de pienso a casa del hermano que durante ese año lo tuviera en su poder. Cada noche las cabras dormían en el corral de su ordeñador. Por la mañana debía reintegrarlas al cabrial. Este orden sólo se rompía en caso de que hubiera un velatorio. La leche de las dos cabras servía para ayudar esa noche al convite que siempre daba la familia doliente. El costumbrista Vicente Moreno Rubio supone que la costumbre de lah chibah de la Sánimah feneció a principios de este siglo.

COLOFÓN

Hasta aquí he expuesto lo que cabe decir de la Hermandad de las Animas de Ahigal, una cofradía que tuvo una vida de 156 años. Las causas de su desaparición no se debieron a problemas internos de la Hermandad, sino a posiciones encontradas con la jerarquía diocesana. Esta pretendía eliminar el número fijo de cofrades y que, como consecuencia, en la Hermandad se inscribieran cuantas personas lo desearan. Las razones de oposición a esta medida por parte de los hermanos no fueron escuchadas y a la Hermandad no le quedó otra alternativa que su desaparición o, quizás sea más apropiado el término, su exclusión de los asuntos que le atañían directamente, ya que como conjunto de miembros que la conformaban coexistió durante algunos años. Pero al perder la función para la que fue creada, la manifestación del culto a las Animas, su final era evidente.

Aún viven hermanos de la cofradía de Animas y en ellos permanece latente el mismo espíritu que guió los pasos de la Hermandad. Es posible, ahora que las situaciones que llevaron a la disolución han desaparecido, que la Hermandad de Animas resurja de sus cenizas. Sería el fin de un pequeño paréntesis. ¡Ojalá que, este trabajo anime a dar el pequeño pero definitivo salto! La decisión corresponde a los supervivientes de la Hermandad y a los legítimos herederos.

A esas personas que integraron la cofradía debo parte del presente trabajo, aunque también estoy en deuda con las aportaciones que en su día hicieron Vicente Moreno Rubio ("La Hermandad de Animas y la fe religiosa de este pueblo", en Diario Nuevo Dia, 9 de marzo de 1927) y Segundo García y García (Flores de mi tierra. Cáceres, 1955).