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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 59.

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Constantin Brailoiu, el musicólogo rumano, descubrió en sus trabajos de campo la existencia de dos tipos de canción -popular y tradicional podríamos llamarles-, cuya memorización pasaba por diferentes fases; mientras que los temas tradicionales ya viejos solían ser recordados sin ninguna ayuda escrita, las canciones más modernas se escribían en unos cuadernos de los que se hacía uso cada vez que se iba a interpretar una de esas tonadas. Brailoiu ideó un modelo de ficha en la que anotaba, arriba la canción transcrita y abajo los nombres de quienes habían sido sus informantes en el pueblo que estaba visitando; esos nombres estaban ordenados por edades y situación social (niños, jóvenes, casados y viejos) y a su lado se apuntaba cuidadosamente si cada uno de ellos conocía (en cuyo caso se marcaba con el signo ) o no (entonces se indicaba con un O) la canción transcrita; en caso de respuesta ambigua Brailoiu utilizaba el signo (o). Tal recurso permitió al musicólogo avanzar en un terreno francamente poco estudiado: hasta qué punto las melodías de un repertorio, fuera individual o comunitario, pertenecían a un supuesto pasado glorioso o estaban simplemente basadas en tonadas de moda que se habían ido acomodando con el uso a un estilo musical e interpretativo al que también, sin duda, habrían marcado de algún modo. Brailoiu descubrió que, junto a cánticos valiosísimos que recordaban sin variación viejos y jóvenes, había sones que eran patrimonio exclusivo de estos últimos y temas que seguramente habían venido de algún otro lado al ser recordados sólo por una persona. Llegaba así a establecer un repertorio de consenso que era la base de una verdadera cultura tradicional.