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AVILA DE CURAS, FIESTAS Y CARNAVALES

VICENTE, Alfonso de

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 59.

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Los archivos eclesiásticos nos sirven de información sobre las diversiones de otras épocas por una doble vía: bien porque se trate de diversiones y fiestas religiosas, bien porque se intente "santificar" o evitar costumbres más licenciosas. Son, pues, unas interesantes fuentes que complementan la investigación de campo y las fuentes literarias, iconográficas, etc. Aquí vamos a ver algunos ejemplos de la Diócesis de Avila entre los siglos XVI y XVIII.

FIESTAS y DANZAS RELIGIOSAS

En las fiestas religiosas era costumbre la presencia de danzas, independientes o en las procesiones, de comedias y de toros. M. Ayúcar publicó una interesante relación de danzas que salían en las procesiones del Corpus Christi en la ciudad de Avila en los años 1542, 1549 y 1632; danza de espadas, de serranos, de los judíos, de moros y cristianos, de los portugueses, de los convertidos, de los monteros, folías (1). Este tipo de manifestaciones ha permanecido hasta hoy, como puede verse en las danzas que ejecutan los seises de la Catedral de Sevilla.

En casi todas las fiestas de los pueblos los mayordomos de las cofradías tenían obligación de organizar danzas en las procesiones y saraos, ya a cargo de "profesiona1es", ya para que bailasen las gentes del pueblo. Así, en las constituciones de 1564 de la Cofradía de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián de La Horcajada (Avila) encargan al prior de la cofradía "que ponga diligencia en procurar para la procesión de la dicha fiesta algún regocijo de autos o danzas" (2).

En Cardeñosa (Avila), el alcalde de la Cofradía del Santísimo Sacramento debía nombrar ocho personas que, bajo multa, estaban obligadas a danzar en la procesión del Corpus, ese día por la tarde y la "dominica infraoctava" (3).

También en Cardeñosa se celebraba con danzas la fiesta del Cristo de la ermita de Nuestra Señora del Berrocal, para la que se hacían unos capotillos, que a veces eran dados de limosna, y otras veces debían ser pagados por los administradores de la ermita (3 bis). Este último aspecto sirve, en ocasiones, para prohibir los festejos: "otrosí, informado su merced del estilo que suele aber en este lugar (Gimialcón) de hazer fiestas gravosas y costosas para los vezinos, respecto del mucho concurso que suele concurrir a ella, entre los quales suele ser el hazer comedias en que los maiordomos tienen crezidos gastos en refrescos, vestidos alquilados, sin que se acuerden de dejar ni reservar cosa alguna para adorno de la Yglesia y obsequio del Sacramento, sino que todo se gasta vana y profanamente", sobre todo "quando, por lo regular, redunda en ofensas repetidas de su Magestad" (4).

En Gallegos de Sobrinos (Avila), había la costumbre en la fiesta de Nuestra Señora del Espino de organizar una comedia, danza, y un toro "y con este mottivo aumenta la Ymagen muchas limosnas que dan todos los debottos que concurren a dicha funzion" (5).

También en la ciudad se celebraban fiestas parecidas, como las que organizaba la Cofradía del Santo Cristo, de la iglesia de Santo Tomé, en que participaba la capilla de música de la Catedral y había danza y, por la tarde, sarao (6).

Lo más interesante, sería poder determinar los tipos de danzas que tenían lugar en cada sitio. Ya hemos visto las que se llevaban acabo en las procesiones del Corpus en Avila, que se contrataban con compañías que se encargaban también de los trajes, a veces también comedias y autos sacramentales; o en Cardeñosa, la presencia de ocho hombres. También podemos datar en 1702 la sustitución de la gaita gallega por un tamborittero en la procesión del Corpus y su octava en Avila, que tocaba delante de los gigantes, tarasca y "Ana Bolena" (7). En Oropesa (Toledo), en 26-5-1755 conocemos un pedimento de licencia para un auto sacramental y sarao por una compañía de comediantes, licencia que concede el Provisor del Obispado, pero especifica que en la danza que se hiciese en la iglesia "no entre muger alguna" (8).

Un dato interesante sobre la expansión de este tipo de manifestaciones nos lo proporciona el pueblo de Ventosa de la Cuesta (Avila) en 1768, en que un vecino "que en culto y benerazíón del señor San Blas Obispo tiene formado un festejo, con otros compañeros de la primera distinzión del pueblo, para danzar, que llaman por señas y paloteo, en la prozesión y aun en la misma Yglesia, como se acostumbra en los lugares vezinoss de este obispado, de lo qual no se sigue yrreberenzia ni cosa contra nuestra santa fee y buenas costumbres, sólo se encamina a la mayor devozión del Santo Mártir y alegría del pueblo; a cuyo fin tiene prebenido vestidos, con lo demás neesario. Y porque no se le ympida dicha danza, por ser la primera bez que se establece en dicha villa" pide que se le dé licencia para hacer la dicha danza, que el Previsor no la da para danzar dentro de la iglesia (9).

PROHIBICIONES DE FIESTAS

Más interés para el estudio de las tradiciones tienen las manifestaciones anticlericales o herodoxas, ya que, quienes se oponen a ellas, nos las describen para que no quede lugar a error en la interpretación de los mandatos o las prohibiciones. A veces, la oposición viene por la inoportunidad del lugar o del momento en que se realizan (ya hemos visto algunas prohibiciones de danzar dentro de la iglesia). Por ejemplo, en Cardeñosa (Avila) en 1562 el Visitador "mandó, sopena de excomunión mayor, que desde adelante no se juegue ni bayle el tiempo que se digan misa y bisperas en la yglesia de dicho lugar ni menos se tañan atambores ni otros ynstrumentoss" (10).

Otras veces son las clásicas manifestaciones anticlericales y lúdicas: en Navatalgordo (Avila) en las noches de la víspera y del día de la fiesta de la Virgen de Septiembre, se producían, en opinión del párroco de 1758, "abusos de los mozos que salen a desoras por las calles juntos, con pandero, sartén y otro instrumento de que ellos husan, con el titulo y nombre que ellos dan, de rondar a las mozas del pueblo, cantando a las puertas cantares y coplas bastante nocivas", aunque, claro está, el fondo de la queja del cura no era esta costumbre que existía en casi todos los pueblos, sino que en su calle cantaban la siguiente coplilla: "Ya no se llama calle, que es gallinero, porque tiene, padre, mucho dinero" (11 ).

Las fiestas de Santa Agueda también eran prohibidas, por suponer una clara inversión de valores, y se censuraban muchas comedias por los gastos que se hacían, que "en caso de hazerlos seria más del agrado de Dios se aplicasen para más aumento del culto divino". Todo esto se lo prohíbe el Visitador a los vecinos de Gimialcón (Avila.) en 1728, que debían ser demasiado festivos, adeantándose en 250 años a Els Comediants, pues "assimismo ha sido ynformado Su Ilustrísima que los mozos, con motivo de festexo y pasatiempo, el día segundo de Pasqua de Navidad hazen se vista uno de Diablillo, que llaman, y éste se pone a la puerta de la Yglesia, y executa algunas aciones de burla con las que entran a Missa; y asimismo, que coge en una espada algunos bodigos, y con uno y otro da que reir y divertir a los que se hallan en Missa", por lo que lo prohibirá tanto en la iglesia como en el pórtico o cualquier otro lugar (12).

A veces son los propios curas los que se divierten o los que protagonizan escándalos. Por algo, ante el Carnaval de 1768, el Obispo de Avila había insinuado al Deán de la Catedral "que tenia noticia de que se intentaba tener diversión pública de máscaras en esta Ciudad, y contemplando que es perjudicial al pueblo, así por la común enfermedad que se padece, como la necesidad que se experimenta en la maior parte de los vecinos, havia dado orden a los Curas Párrochos de que prebiniesen a todos los eclesiásticos y sus familias no concurran a dicho festejo", aunque el Cabildo en seguida se justifica diciendo que "ninguno de sus individuos jamás ha concurrido a semejante festejo" (13). También es de señalar que al principio de cada año el Cabildo Catedral solía dar una ayuda a los seises para los gastos de "regocijos y fiesta de gallos" que tenían lugar durante el Carnaval, aunque fue suprimida en las primeras décadas del siglo XVIII, siendo sustituido primero por una limosna, y luego por bulas de la Santa Cruzada.

En 1813 don Joaquín Manzanero, presbítero cura de Puente del Congosto (Salamanca) es denunciado porque "handa en el pueblo con medias blancas, bota entera, pantalón de color, chaleco blanco, levita también de color, y sombrero de tres picos, de modo que ocasiona mucha nota y por ningún término manifiesta ser cura, ni aun sacerdote, por ser opuesto aquel trage a la decencia y modestia que prescriben los cánones a los eclesiásticos" (14).

ATAQUINES 1754: DOS CURAS Y UN CARNAVAL

Pero el caso más jocoso, que en algunos aspectos pasa de la anécdota para ser categoría, es una pelea en 1754 entre dos curas de Ataquines (Valladolid), que voy a resumir para terminar (15). Se trata de la respuesta que da don Félix del Río al decreto del señor Visitador, sobre sus relaciones con el párroco don Justo de Cossío. No importa la objetividad de la respuesta ni las exageraciones que haya, sino los términos en que se expresan y las acciones que relatan, que dan buena idea sobre algunos aspectos de la vida cotidiana en la Castilla rural del siglo XVIII.

Los cariños que se tenían ambos curas no debían ser muy grandes, pues don Félix le acusa a don Justo de "querer aplaudirse i dorarse", de ser "insufrible su genio" y de tirar "a desonrarme y echarme del mundo" .Le acusa de tener fines demasiado lucrativos y pretender criados de balde a costa del Beneficio y de las capellanías ("es bueno que porque don Justo quiere tener criados lo a de pagar el pobre don Félix del Rio"), y, ante propuesta de don Félix de que fuesen para el párroco los derechos de entierros, bodas y bautizos, y los demás de misas y responsos se dividiesen entre el cura y los dos beneficiados, don Justo exclamó: "¡Eso, no! El derecho del cura ha de estar siempre entero", con lo que, al final, el 26-8-1741 el otro cura, don Francisco, tras reyerta, se despidió en estos términos: "Busque usted un negro que le sirva, que io no doi más picada en el Beneficio". Don Félix, en cambio, siguió haciéndole todo, bautizos, entierros, en días de aguas, nieves y hielos, pero si eran entierros mayores, don Justo se llevaba los intereses. (Creo que está claro el reflejo de la formación social en una comunidad tan mínima como es la formada por tres presbíteros.)

Más grave es la acusación de estar haciéndose una casa desde hace dieciséis años, que dice que es para la iglesia, pero que en realidad, sirve para "bosque y mezquita de cosas que no son justas: los que son de su ebra encierran en ella cada año ciento o doscientas fanegas de pan; si se ofrece una orden del Rei que pida trigo o cebada, a los demás se los sacan, ya ellos, aunque les registren los sobrados, no lo encuentran", y ahora está añadiendo un lagar, cuando la iglesia no tiene viñas. En ello se ha gastado más de 24.000 reales, mientras la iglesia "está echa un establo".

A una vecina del pueblo le quitó maderas y tejas de su casa para hacer unos establos, sólo porque llevaba ciertos atrasos en la paga de unos aniversarios.

En el Cabildo de San Lázaro de 1754 excomulgó allí mismo a todos los que le debían algo como mayordomo, y les absolvía si se lo pagaban en el momento.

En opinión de don Félix, tampoco don Justo cumplía con sus deberes de párroco, mientras don Félix tenía que hacer casi todas las funciones, le correspondiesen a él o no. Ni confiesa, ni ha explicado el evangelio un domingo desde hace seis años. En lugar de examinar de doctrina a los feligreses, aprovechó la fiesta de Nuestra Señora del 25 de marzo, en que estaba la iglesia llena, para darlos a todos por aprobados, ya que eran suficientemente "debotos" por haber asistido ese día a la iglesia. En vista de esto, los días siguientes fueron a la iglesia "tropas de mujeres", y preguntaba a dos o tres, y aprobaba a cincuenta.

Un domingo, que don Félix le tuvo que decir otra misa "perdí aquel día ocho reales, y el petardo de estar en aiunas asta las doce del medio día".

Para lo poco que hace, lo hace mal. Don Justo le acusa a don Félix de tardar en asistir a la iglesia, y éste se defiende diciendo que es para que dé tiempo a la gente a ir, pues a las misas de don Justo hay algunos que llegan al Ite missa est, ya que "¡Señor, si parece duende!, que antes de ser de día le ven muchos a la ventana, y apenas sale el sol, quando va a la Yglesia, que ai mañanas que tíenen que sacar a los sacristanes de la cama", mientras don Félix opina que la misa debería ser a las ocho de la mañana en invierno, a las siete en primavera y otoño, y a las seis en verano.

El Sábado Santo de 1753 don Justo tocó a la Salve del Aleluya a la una de la tarde y don Félix no fue porque la costumbre era que se tocase ya puesto el sol: "vino un monacillo i dijo: dice el Señor Cura que le llebe a usted de una oreja", y al preguntarle don Justo por qué no iba y responder que porque no era hora "me sacudió un pescozón tras de una oreja que me agatillo i dijo: No ai más ora que la que io quiero". Cantaron la Salve y se volvieron a la sacristía. "Dije: ¿No rezamos el rosario?; dijo: "La Virgen con el Aleluia tiene bastante".

Prueba de su genio la dio uno de los pocos días que acudió a Completas en la Cuaresma, en que, al ver que algunos se iban después del rosario sin quedarse a oír un poco de doctrina, don Justo, desde la tribuna, "con una voz terrible y espantosa, lebantándose en buelo de la silla dijo: ¡Iros con once mill demoooooonios!" (sic).

Su soberbia y testarudez tuvo ocasión de mostrarlas con motivo del mandato del Provisor en 1745, quien, como don Justo había cambiado de sitio algunas laudas de la iglesia, mandó embaldosarla con ladrillos de barro. Pero, al día siguiente, don Justo "dio una palmada sobre la mesa del cuarto i dijo con voz mui encendida: Juro y voto que en lo que fuese este Provisor, Provisor, no se a de envaldosar la Yglesia". Como consecuencia de ello "e visto hazares en ella; pues en el año pasado de cincuenta y tres, un perrón (sic) de don Justo sacó un pedazo de un hombro con quasi todo el brazo de un difunto... Otro día poco después, un cerdo sacó de la sepultura a un niño entero".

También le acusa a don Justo de auténticas gamberradas, "excesos y tropelías". "Yrrisión causó el tercer día de Pasqua de Resurreción, quando hizo el muerto en casa de Orduña, que le cantó el responso Bernabé Crespo". "Yrrisión causó quando en los días de maio del año pasado de 53 entró en un caballo atropellando en la casa del Concejo, alborotando el baile, que los mozos bailaban alrededor de él y el caballo".

Durante la Cuaresma sólo fue a Completas diez noches: "las noches que iba de sobrepelliz, a los monacillos i acólitos que llebaban los ciriales, a unos los lebantaba en quajo de las orejas, a otros les llenaba las narices de tabaco. ..Las noches que iba de capa y bastón a unos daba garrotes en las costillas y hombros, a otros les daba unos coscorrones tan recios, que o lloraban o arrancaban a correr".

Sus modales, ya se ve, tampoco eran muy finos. Quiso predicar a los hermanos de disciplina de la Cofradía de la Vera Cruz, y como sólo había seis o siete en la iglesia, de los casi ochenta que eran, le pidieron que esperase. Se puso a la puerta, y al primero que llegó "le dio tan fuerte pescozón, que le hizo ir trompicando i caíendo, que a no ser mozo tan fuerte y robusto ubiera dado de ozicos", y a otro que estaba de rodillas en medio de la iglesia "le quitó el capuchón i le dio un capuchonazo". Por fin, comenzó a predicar, pero al poco tiempo dijo: "Dénse, que me e perdido".

A veces, era lógico, tenían que terminar a farolazos. Así ocurrió la noche. del Jueves Santo de 1754, en que quiso excomulgar a un cofrade que se había confesado esa mañana, y que le dijo "por seis quartos usted me excomulga". Al atreverse otro de la cofradía a decir "esta noche no se excomulga a ninguno, le dio un pechugón tan fuerte don Justo a Marcos, diciendo qué le importa a él". El final era previsible,: "A uno quebraron la vara de la Cruz, a otro el rosario, el cordón ceñidor y asta la abugeta". Luego, en la procesión, quiso don Justo cambiar el itinerario, y, ante la oposición de los cofrades, "arranca a correr don Justo vestido con la capa plubial, y con soberbia y brotando beneno cortó por la mitad la procesión".

Ya se ha visto que las relaciones entre ambos curas no eran demasiado buenas, y las "bromas" que se gastaban eran de cuidado. Al parecer de don Félix, el sacristán estaba aliado con el párroco (sería uno de los "quatro o seis que comen y beben en su casa, que son los cardillos que le laban los cascos"). Pues bien, "el sacristán, aunque le diga: Hombre, no me sonrojes a el Altar, saca los registros adredemente y con malicia tapa todas las voces del órgano". "No me acuerdo aia tenido más falta (en el canto) que un día que el muchacho que enpinaba el fuelle era chico. Quando el sacristán estaba tocando a el medio del Gloria faltó el aire a el órgano y se paró. lo senti parado el órgano y me volví a el pueblo, i dije: Dominus vobiscum; a el estar io diciendo el dominus vº, volbió el sacristán a proseguir la Gloria tocando el Órgano. Yo me quedé achinado".

En un entierro iban cantando los dos curas, "se perdió en el verso, como io quedé solo lebanté un poco más la voz, i mui inchado dijo con voz terrible: No lebante la voz, o calle; es señal de poca prudencia i máxime estando en los oficios divinos".

También había gracias de muy mal gusto. El Sábado Santo de 1753 se reunieron en casa del párroco, don Félix y otros dos vecinos, y don Justo les enseñó una ayuda nueva que había comprado; "saliose al el portal don Justo, previno el instrumento, llenola de agua, entró en el quarto, yo estaba mirando acia Joseph Cermeño, asiome del brazo hizquierdo, i a espetacañón me echó un geringazo en el ojo derecho que en ocho días no le pude abrir bien i se me inchó mucho". "Otro día me echó un vaso de bino en los ojos que me escocieron mucho". El Domingo Gordo de 1754 "sacó una palancana de peltre en presencia del alcalde, regidores y escribano, y con el asta de venado mándame hiciesen la barba" (16).

La culminación de esta narración está en lo acaecido el martes de Carnaval de 1754, en que las virtudes de don Justo y las fraternales relaciones entre ambos alcanzan el máximo:

"Más yrrisión causó él a el pueblo (y) pasageros el martes de carnestolendas de este presente año de cincuenta y quatro; pues siendo él Párrocho salió en una mogiganga, como a la una de la tarde. Llevaban unos mozos un hombre de pajas en un cuezo por andas, con pendones en barales largos, las telas eran costales o mantas viejas y las borlas unas astas de buei. Acompañose con toda la mogiganga don Justo nuestro Párrocho. Preguntó: '¿Cómo se llama este Santo?'; le respondieron: 'San Geringote'. Entonces dijo él: 'Pues aquí viene conmigo San Cornelío'; i era que un mozo que se llama Joseph Yagüe, sobrino de su ama, venia vestido con capuchón de fraile, y traía en las manos un asta de venado, que es alaja que don Justo tiene por adorno en su casa. Encorporose don Justo con la tropa de la mogiganga, i por la plaza y calles públicas, y la Calzada Real, que pasaron entonces algunos pasajeros, decía en voz mui enpinada: '¡Viva san Gerigonte!, ¡Viva san Cornelio!', y en un asta de buei metida en un palo, dijo a Thomás González que venía hombreando con él: Pon esa vela a la punta del ascta', que en término feo (pidiendo a S. M. licencia) decía: 'Pon esa vela en la punta del cuerno para que alumbre a san Geringote'; y a otro cuerno más grande que llebaba otro en otro baral decia: 'Vaia alante la manga de la Parroquia'. Ai sugetos que dicen venía con el pañal de fuera. Vino acia mi casa, que está en la Calzada Real. Mi madre, Ana Sanz, que es muger de sesenta y siete años, advertida, viendo que el cura venia con la tropa, que dicen vendrían doscientas personas, criados, mozos, muchachos y niños, todos disfrazados de arina, ceniza y agua con diferentes disfraces, y el cura en medio, cerró la puerta de la calle, temiendo que no se podria averiguar con tanta gente, y por dar gusto a el cura la ablan de beber tres o quatro cántaras de vino. lo estaba en quieta durmiendo la siesta, que avia comido tarde. Viendo el cura la puerta cerrada dijo a Manuel de Cosío, su sobrino, ya Matías Yagüe, hermano de su ama, que venían en caballos con trabucos y pistolas: 'Habrir por quatro costados este castillo, descerragar la puerta'. Tiraron dos trabucazos a la puerta de la calle, i después se empezaron a tirar más, i dicen que el cura tiró uno o dos pistoletazos, i le cargaba i cebaba la pistola Antonio González, el notario y maestro de niños de esta villa. Yo, que estaba durmiendo, desperté algo a los dos primeros trabucazos, a los que tiraron a la ventana de mi cuarto (que dicen fueron tres); me levanté asustado diciendo 'Señor mío Jesuchristo, Señor mío Jesuchristo'; dije a mi madre: Qué alboroto a abido, que io me levanto asustado'. Me contó lo que abía sucedido del cura.

Y para marcharse de mi puerta, dicen que a el que traía el asta de venado le dijo dos veces: 'Sácate ese pañal'; i porque el mozo se resistió, se le sacó el mismo cura a el mozo de la bragueta. Prosiguió así su procesión acia la plaza a casa del sacristán, diciendo él y todos: '¡Viva san Geringote! ¡Viva san Cornelio! ¡Vaia alante la manga de la Parroquia!', y era un querno. Quando llegó a la puerta del sacristán, dijo: 'Entierren a san Geringote en la bodega, que san Cornelio yrá a mi casa'. Se encontró en la calle a don Gerbasio: 'Vese la reliquia', i era el asta del venado; don Gerbasio puede deponer lo que vio. Después que io me incorporé algo salí por otra calle a ver los azares y ¿alardes? de nuestro Párrocho. Me dio lástima y me fui al campo.

Lo restante de la tarde la tuvo el señor cura en casa del sacristán echando tragos, diciendo i oiendo disparates a los mozos, que dicen que él decia maior disparate y desbergüenza desonesta, se vañaba con una carcajada de rrisa mui grande. A mi se me trizó la sangre, que miércoles y jueves primeros de Quaresma fui con calentura a la yglesia, que si no fuera la obligación no ubiera ido (...).

El miércoles de ceniza vino a mi casa don Justo echo un basilisco, i ojos envenenados. Se dio con la mano en el pecho i dijo: 'Los protesto que se an de acordar de mí'. A mí me dijo me daría un trabucazo; a mi madre dijo: 'Aunque le vea a la rastra, i llegue a mi puerta a pedir una límosna no se la e de dar, porque cerró la puerta quando venía la mogiganga".

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(1) M. AYUCAR: "Anecdotatio abulense: la Silla del Corpus", en El Diario de Avila, 5-6-1985, pág. 2.

(2) F. LOPEZ HERNANDEZ: Ermita y Cofradía de los Santos Mártires. La Horcajada (Avila). Avila, 1980, pág. 88.

(3) Archivo Diocesano de Avila (ADA), Legajo Corto nº 283, fecha 4-6-1766.

(3 bis) ADA, Legajo Corto nº 288. Recados de justificación de las cuentas del Cristo de la Villa de Cardeñosa. Recibo de 19-10-1766.

(4) ADA, Libro de Fábrica de Gimialcón de 1645-1739 (nº 25) s. f. Santa Visita de 1720.

(5) ADA, Legajo Corto nº 279. Fecha 17-9-1764.

(6) Archivo de la parroquia de San Pedro de Avila, Cofradía del Santo Cristo de Santo Tomé. Fiestas de 1651.

(7) Archivo de la Catedral de Avila, Cuentas de Fábrica de los años 1701 y 1702, en que se produce el cambio.

(8) ADA, Legajo Corto nº 265. Fecha 26-5-1755.

(9) ADA. Legajo Corto nº 283. Fecha 30-1-1768.

(10) ADA, Libro de Fábrica de Cardeñosa de 1560-1598 (nº 36). f. 107 v. Santa Visita de 1562.

(11) ADA, Legajo Corro nº 268. Fecha 9-9-1758.

(12) ADA, Libro de Fábrica de Gimialcón de 1645-1739 (nº 25), s. f. Santa Visita de 1728.

(13) Archivo de la Catedral de Avila, Actas Capitulares de 1768, f. 3. Fecha 20-1-1768.

(14) ADA, Legajo Corto nº 289. Hechos parecidos habían surgido medio siglo antes en todas partes, con motivo del motín de Esquilache.

(15) ADA, Legajo Corto nº 279. "Contraposición a los capítulos que fulmina contra mí don Justo de Cossío". Ataquines,3-5-1754.

(16) Diversiones de este tipo eran propias de las fiestas de Carnaval. Vid. J. CARO BAROJA: El Carnaval (Análisis histórico-cultural). págs. 58, 65-67.