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CANCIONES Y CUENTOS

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1985 en la Revista de Folklore número 59.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Esto era una mujer que era muy rica. Y estaba enamorada del cura. Y el cura de ella. Y el hombre -dicen- que era un bendito. Y al criao le daba una verdadera pena de ver que estaba engañando al marido con el señor cura.

Y ella le dice al señor cura:

-¿Pa dónde vas mañana? -andaban sembrando.

-Pos voy pa...(como lo llamaran al sitio), a arar.

Y le dice al señor cura:

-Pues mañana va mi marido pa tal sitio a arar.

-También voy yo.

Y dice que le dice:

-Pues mira, voy a llevar buena comida y bajabas a comer con nosotros.

Dice que le dijo:

-Pero, ¿qué seña le pone usté a la vaca para conocerlo yo?, porque si no, pues no sé.
(Yo siempre he creído que era en esta cortina del valle al pie de la mi tierra. Siempre he tenido metido que era ahí eso.)

Después fue a llevar la comida a la señora... y claro, vio que tenía aquel señor una sábana blanca. Le puso una sábana blanca pa que pareciera la vaca.

Y le dice la mujer al marido:

-Pues, ¿quién es aquél que anda allá arando con una vaca blanca?

-Pues es el señor cura.

-Pues, ¿tiene vaca blanca?

-Sí, tiene una vaca blanca.

-Vamos a llamarlo pa comer. Tengo una buena comida y tengo bastante.

-Coño, ¡pues llamarlo!

(Tenía mucha amistad... ,pero se la estaba pegándosela con la mujer.)

Y dice que le dice al criado:

-¡Anda a llamarlo!

-Coño, yo no voy...

-Vamos, ¡anda a llamarlo! Mira, coge unas pocas de nueces de ahí de la cesta, que llevaba pa postre, y dile que baje que le esperamos a comer.

Pues claro, el criao... -¡como ella fue con toda la maldad!-.

Aquí tiraba una nuez; más alante, otra; más adelante, otra... y así iba tirándolas.

Llegó donde estaba el cura y después le dijo:

-Dijo mi amo que como viniera le rompía el alma (en vez de decirle: baje usted a comer).

Y claro, el cura no le contestó. El otro pensó que también lo sabía. Y no le contestó.

-¿Qué te dijo?

-Que ahora venía.

Y que no venía. Y que no venía. Y le dijo ella al marido:

-Anda tú a llamarlo. Pues mira que hace rato que estamos aquí sin comer. ¡Anda a llamarlo!

Claro, el bendito del hombre:

-Pues ahora voy.

Coño, como encontraba las nueces en el camino, se abajaba a apañar una; a apañar otra; a apañar otra...

El cura, cuando vio que se abajaba tanto, dio en correr.

-¡Pero aguárdese! ¡Pero aguárdese!

Sí, sí... aguárdese; que el hombre ya no aguardaba.

-Coño, si no ha querido... que se ha escapao..., qué sé yo...

Por la maldad que había hecho el otro muchacho.

Versión de Corporario (Salamanca), narrada por Joaquina Milanés Martín, de 77 años.
Recogida por Antonio Lorenzo Vélez, el 14 de marzo de 1985.