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LAS PULLAS

DELGADO, Luis Domingo

Publicado en el año 1986 en la Revista de Folklore número 62.

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DEFINICION y PROLOGO

El Diccionario Hispánico Universal en su vigésima primera edición (año 1977) nos ofrece una definición exacta e inequívoca de la palabra PULLA: «Dicho con que indirecta o embozadamente se zahiere. Expresión aguda y picante, dicha con prontitud. Palabra o dicho obsceno.» Las pullas, según Máxime Chevalier (1), son palabras («motes», «apodos»), dichos («refranes», «cuentecillos», «coplas»), decires de carácter festivo y ofensivo a la vez que circulaban libremente y con relativa frecuencia por la España de Cervantes. Para un español del Siglo de Oro la mención de un pueblo le traía automáticamente a la memoria el apodo que se aplicaba a sus habitantes. Hasta tal punto esto sucedía así que podríamos decir que no había lugar en España que no las sufriera, ni lugareño que no las padeciera en carnes propias.

El desmoronamiento de las manifestaciones folklóricas a partir de la introducción en los medios rurales de las formas de vida capitalinas ha influido en la mengua del caudal de pullas. Sin embargo es necesario apuntar -yo al menos así lo creo- que es éste uno de los campos con mayores posibilidades dentro del trabajo del folklorista recopilador/investigador, por la gran cantidad de pullas, que aún hoy, siguen teniendo vigencia.

Y como no es mi intención la de terminar mi escrito desorientado y perdido por el cotarro de la tía Lorenza, como dicen en Laguna de Contreras que le sucede al camino del Anegón, nada mejor que deslindar previamente el material acumulado a partir de una clasificación ocasional que me ayude en la ardua tarea de mostrar al lector con claridad, la vastedad de un tema poco tratado en los estudios de folklore.

CLASIFICACION

PULLAS

A) INDIVIDUALES
Motes
Infantiles
Comparaciones
De lavadero
De camino

B) GREMIALES O DE GRUPO
Mozas
Curas
Suegras

C) COLECTIVAS
Apodos
Sobre la manta
De motivaciones varias

PULLAS SEGOVIANAS

Las pullas que aquí muestro son más el fruto de un contacto espontáneo y prolongado con los campesinos segovianos que una recopilación exhaustiva, una clasificación meticulosa y un archivo e interpretación científica del hecho folklórico. Las conversaciones a la atardecida con los vejetes del lugar, la partida de tute, mus o dominó, las meriendas en las bodegas almacenaron durante varios años en mi memoria y en mi cuaderno de notas una serie de dichos, acontecidos y decires que vienen recorriendo los caminos de esta tierra a lomos de la tradición oral desde tiempos de Lope de Vega.

A) INDIVIDUALES.

Enmarcaré dentro de esta parcela todas aquellas pullas que han sido o siguen siendo dirigidas contra una sola persona. Un ejemplo característico lo testimonian aquellos motes o apodos que por diversas circunstancias hacen «ponerse de manos» a algunas personas, y que sin embargo, y seguramente por ese enfado subido de los encartados, son también los más usados por sus convecinos que llegan a olvidar el nombre de pila del encelado sufridor .

«Cagaprisas», «Tío Pitano», «F. Polla», «La Galga», «Burromalo», «J Vicios», «P. Marica», «Tío Retaco» (2) en Sauquillo de Cabezas; «Trabuco» en Aguilafuente; «Cachacantos», «Culón», «Bocallena», «Cagarranas», «Zamaca», «El Choto» en Lastras de Cuéllar; «Matacristos» en Olombrada; «Caguetilla» en Escalona del Prado; «Morucho» en Otones de Benjumea; «Cachorro», «Morucho» en Tabanera la Luenga; «Tonterías», «Zorra» en Turégano.

En los pueblos .de la provincia de Segovia el gusto por zaherir al prójimo no es ajeno a los niños y así comprobamos cómo se las ingenian para dar la matraca a los compañeros quisquillosos que no aguantan las tradicionales burletas a costa de sus propios nombres o apodos.

«Bartolillo, barre, barre.
Madre, no quiero barrer;
tengo los calzones rotos
y el culillo se me ve.»

«Teresa, pon la mesa;
que viene .Juan con la pata tiesa.»

«¡Ay, qué risa con la tía Felisa
que se cagó en misa!»

«Antonio, retoño,
repica el pandero;
se sube a la torre
y espanta a los perros.»

«jBuenos días, tío Matías,
buenos palos merecías!»

«Manolo, pirolo,
mató a su mujer,
la echó en escabeche
y la fue a vender.»

«Mañana es domingo de pipiripingo,
se casa Benito con una mujer
que tiene las tetas como un cascabel.»

«San Pedro como era calvo
le picaban los mosquitos;
y su padre le decía:
ponte el gorro, Periquito.» (3)

«Lucía, patatas frías,
culo caliente;
la botijilla del aguardiente.»

«Mariquita, bonita,
hija de un sastre;
que no come tocino
por no mancharse.»

«Perejil, don, don,
pereiil, tortilla;
perejil, don, don,
pereiil, pajilla.»

«Todos los Juanes son tontos.
Los meten en un costal;
se los suben a la torre,
y los echan a volar.»

«Marcelino, pan y vino;
rompió el jarro en el camino.»

«Isabel, manos de papel.»

«Agustín, chiribín,
dame una avellana,
Agustín, chiribín,
no me da la gana.»

«Que se muera Canín,
que se muera el Chaparro;
que le roben la quincalla
y que le quemen el carro.» (4)

«Dolores, come-coles,
a puñados y a manotones.»

«Luisa, cuando vas a misa
pisas paja, paja pisas.»

Otras veces se compara a la gente un poco veleta, atolondrada o dura de mollera con los caminos ciegos, sin salida, del término, con personajes tipificados o con colectivos humanos singularizados por algún motivo especial.

«Como el camino del Anejón comienzas, que se pierde en el cotarro de la tía Lorenza» (Laguna de Contreras); «Eres como el camino de Valderrogel, que pronto se pierde sin saber por qué» (Cuéllar); «Eres como el camino de la Laguna, que no lleva a parte alguna» (Cozuelos de Fuentidueña); «...como el camino de Carrevuela, que nace en La Roza y en el Llano queda» (Torrecilla del Pinar); «...como el camino de Los Blancares, que a ninguna parte sale» (Fuentesoto); «...como el camino del Senderillo, que no lleva a ningún sitio» (Sauquillo de Cabezas); «Al revés te lo digo para que lo entiendas, por el camino de Castro se va a Valtiendas» (San Miguel de Bernúy); «Como el herrero de Yanguas (5), que machando se le olvidó el oficio» (pueblos limítrofes a Yanguas de Eresma: Valseca, Roda de Eresma, Cantimpalos, Escarabajosa de Cabezas, Mozoncillo, Carbonero el Mayor); «Eres más torpe que el cura de Berrocal, que sólo sabía leer en su misal» (Tenzuela, Aldeasaz, La Cuesta, Losana de Pirón); «Eres más tonto que el sastre de Navares, que ponía la tela, el hilo y los pulgares» (Urueñas, Castroserracín, Ciruelo, Encinas, Barbolla); «Eres más pánfila que la moza de Veganzones, que tiraba las claras y las yemas y se comía los cascarones» (Cabezuela, Muñoveros, Frades, Turégano); «Eres más bruto que los de Cuevas (6), que querían meter el pendón atravesado» (Aldehomo, Sacramenia, Valtiendas, Pecharromán); «Eres más corto que los de Rebollo (7), que quisieron dar de comer a un burro las mielgas que crecían sobre la torre de la iglesia» (Arevalillo, La Matilla, Cantalejo, Muñoveros); «Eres más burro que los de La Lastrilla, que rompieron el reloj de la torre de la iglesia porque no daba las trece» (Zamarramala, Segovia, Bernúy de Porreros); «Eres más tonto que los de Segovia, que ponen las tejas al revés» (La Lastrilla).

De todas estas expresiones lacerantes las más temibles, si hacemos caso a los hombres, varoniles, que las tuvieron que soportar alguna vez, son las denominadas «pullas de lavadero», por ser éste el lugar más adecuado para su promulgación. Cuando un hombre, generalmente solo, pasaba cerca de las lavanderas o bien se acercaba al pilón del agua para abrevar su ganado, el grupo de mujeres y mozas que enjabonaba y aclaraba la ropa lanzaba contra él un nutrido y variado repertorio de pullas, capaces de apocar al más decidido y de sacarle a relucir los colores al más pintado, cojonudo:

«Anda de ahí, guido perero,
a poner el culo por candelero.»

«Anda de ahí, que dices que tienes
y lo que te cuelga es una lombriz»

«Allá te va la pulla,
la pulla del higo;
que te vas jaleando
y lo tienes podrido.»

Hay que tener en cuenta, para comprender el efecto de semejante chaparrón en el ánimo del acorralado destinatario, que cada diatriba iba acompañada del correspondiente abucheo, lanzado por un coro agresivo y envalentonado, entre divertidas y estentóreas risotadas:

«Allá te va la pulla,
detrás de un cangilón,
cuando vayas a mear
se te caiga el esquilón.»

«Allá te va la pulla,
¡Malhaya te parta un rayo!
con naranjas y limones
y una niña de quince años.»

«Ahí detrás del pilón
hay una caja sardinas;
no te agaches a por ella
que se te cae la minina.»

«Anda, goloso, potroso,
meaparedes,
quítate de ahí
que malhueles.»

«Anda, goloso, potroso,
que no tienes nada,
que te lo ha comido
la cucurujada.» (8)

En las aldeas que contaban con un río cercano las mujeres se ponían de acuerdo para hacer la colada general, con sábanas y colchas incluidas, en la corriente cristalina del Cega, del Cerquilla, del De la Hoz o del Duratón, a donde acudían a lomos de los borriquillos junto con sus cestos de ropa sucia. Estas excursiones de trabajo extenuante resultaba muy frecuente amenizarlas con algaradas, cotilleos acerca de los hombres y gracias y demás fiestas que la ocasión requería. En el camino, de regreso al pueblo, no faltaban ni el pastor apostado cerca del camino ni tampoco el caminante, entre impotente y sorprendido, que se cruzaban con la alegre comitiva y que a buen seguro servían de blanco a las chanzas del mujerío:

«Pastor de Langurria,
¿has visto por ahí a mi burra?
Sí que la vi pero no la conocí;
la pegué cuatro palos y la dejé ir.»

«Oiga usted, buen caminante:
Dios quiera que no le falten
poco pan y muchos hijos,
la casa llena goteras,
la mujer con cagalera
y un buen cuerno puesto al culo
para que soples, cornudo;
y una vedija de lana
para limpiar la faltriquera
por la mañana.»

B) GREMIALES O DE GRUPO.

El destinatario de las pullas que van a continuación es el grupo, entendido como colectividad menor comprendida dentro de una comunidad de vecinos o habitantes de una localidad. Las mozas, los curas y las suegras son tres botones de muestra que pueden representar a los receptores de las pullas que llenan el presente apartado.

Vistos los antecedentes, las mozas del pueblo eran la diana propiciatoria para recibir la revancha por parte del sexo masculino a las puntadas tiradas anteriormente desde el lavadero. Los mozos de la ronda, picados en su amor propio de hombres, machos, aguijonearán los oídos de sus contrarios de sexo, rivales dialécticos, durante sus juergas nocturnas con unas pullas características de contenido picante, significación fálica e intención festiva

«Asómate a la ventana,
cara de sardinas fritas;
que cada vez que te veo
se me revuelven las tripas.»

«Cuando paso por tu puerta
paro la burra y escucho;
y oigo decir a tu madre
que eres guarra y comes mucho.»

«A la mujer la comparo
con la tierra de una huerta,
que tiene la noria en medio
y el perejil a la puerta.»

« Las mocitas de mí pueblo
se han comprado un coche viejo
para traer por las tardes
hierbas para los conejos.»

«A una moza de mi pueblo
la han capado por un muslo,
la han sacado siete tulmas
y un melocotón maduro.»

«Las mocitas de mi pueblo
se mean en las esquinas,
echan la culpa a los perros
y son ellas las cochinas.»

«Es tanto lo que te quiero
que te quisiera llevar
en el pico de una muela
y en tanto en cuanto apretar.»

«Las mocitas de Olombrada
se dicen unas a otras:
la Justina está preñada,
¿Cuándo estaremos nosotras ? » (9)

«Bien sé que estás en la cama
con la mano en la gregoria,
bien sé que estarás diciendo:
por aquí se va a la gloria»

«Todas las mujeres tienen
en el ombligo una Y,
y un poquito más abajo
el pinar de Valsaín» (10)

«Te quiero como si fueras
cinta de mis alpargatas,
mira si te quiero bien
que te quiero por las patas»

«La mujer que sale mala,
aunque la tiren al río
y la metan de cabeza
no se la quita el bravío»

«Te tienes por buena moza
y en el baile la más alta;
para mula de mi carro
las herraduras te faltan.»

«Las mocitas de mi pueblo
se han comprado una romana
para pesarse las tetas
tres veces a la semana.»

«Asómate a la ventana,
cara de puchero roto,
no digas a la mañana
que no te rondan los mozos.»

«Las mocitas de mi calle
me han meado el perejil,
otra vez que me lo meen
le doy cuenta al alguacil»

«Asómate a la ventana,
cara de limón podrido;
te pareces a mi gato
cuando está descolorido.»

«Todas las mujeres tienen
hacia el culo una campana;
también los hombres tenemos
badajo para tocarla.»

« Vengo a rondarte esta noche
y a traerte de aguinaldo
una morcilla caliente,
aprieta que suelte el caldo.»

«Encima de tu tejado
un tejo vi relucir,
nadie daba con el tejo
y yo con el tejo dí.»

«Eres alta y buena moza,
como las del Carracillo:
por fuera llevan los majos,
por dentro los remendillos.»

«Las mocitas de este pueblo
parecen a las gallinas;
que en faltando el gallo padre
a cualquier pollo se arriman.»

«Todas las mujeres tienen
hacia el culo un celemín;
también los hombres tenemos
rasero para medir.»

«Bien sé que estás en la cama,
bien sé que dormida no;
bien sé que tendrás la mano
donde el pensamiento yo.»

«Las mocitas de este pueblo
son pocas y mal unidas;
que cuando van por las calles
parecen vacas uncidas.»

«Dices que sabes, sabes,
que sabes muy bien coser;
y me has hecho unos calzones
con la bragueta al revés.»

ESTRIBILLOS

«Te arrempujo y no subes
son dos lugares;
la mujer y la burra
primas carnales.»

«Desde el culo al ombligo
de las mujeres;
hay un santo que llaman
Domingo Pérez.»

«Desde el culo al ombligo,
doble Jornada;
y en medio tío Ruperto
que da posada.»

REFRÁN

«No hay cosa que tenga la cabeza más dura que la mujer y la mula.»

(Recopilados en su totalidad en las localidades de Aldeasoña, Olombrada y La Villa de Fuentidueña.)

Con razón o sin ella, cuestión en la que no entro ni salgo, los eclesiásticos han gozado de mala prensa entre el pueblo llano, creador .de dichos y coplas en los que aparecen malparados y con harta frecuencia muy lejos de cumplir con los votos de pobreza y castidad ¡ o los que se comprometen:

«Corrido va el abad, por el cañaveral.»(11)

«El señor cura de Castro
y el de Tejares,
andaban a bonetazos
por Los Lanchares.»

«Los frailes del Henar
son aves de rapiña;
se meten en el pinar
y no dejan una piña.»

«Los frailes del Henar,
del más joven al más viejo,
se meten en el arroyo
y no dejan un cangrejo.»

«Entre la madre y la hija,
entre la hija y la madre;
sacaron en calzoncillos
al señor cura a la calle.»

«El herrero y el barbero,
el cura y el sacristán;
tienen los hijos a medias
y los parten por San Juan.»

«Va derechito al infierno
el cura de La Salceda,
si no le pone el obispo
un candado en la bragueta.»

«El cura de Sotosalbos
ya no compra más cebada;
desde que murió la burra,
ahora monta en la criada.»

«Si los curas comieran
berros del río;
no estarían tan gordos
los tíos jodíos.»

Se cuenta que en cierta ocasión al señor cura del pueblo le habían robado una vaca. Y como sospechase de una familia vecina se le ocurrió llamar al chico pequeño a ver si podía sonsacarle algo. Cuando el rapazuelo llegó a su casa el sacerdote comenzó a cantar la siguiente copla:

«A la vaca chiquitita
la mató tu padre
con un cuchillito
que le dio tu madre.»

A la que el zagal, más vivo que el mismísimo diablo, contestó con cierta sorna:

«El cura chiquitito
duerme con mi madre;
la danza va a ser
si se entera mi padre.»

Ni que decir tiene que el caso se dio por archivado y nunca jamás se le volvió al cura oír decir nada del robo de su vaca.

«El cura que no procura
hacer una criatura
dentro de su vecindad,
ese cura no es buen cura
porque no procura
aumentar la cristiandad.
Ya que el cura que procura
hacer una criatura
dentro de su vecindad,
ese cura sí es buen cura,
pues procura, como cura,
aumentar la cristiandad.»

«Con los curas a oscuras
nunca te quedes;
que aunque se ponen faldas
no son mujeres»

«Con los curas y los frailes:
¡Buenos días! y ¡Buenas tardes!»

«El cura de Madrona
y el de La Losa
andan a bonetazos
por una moza.»

«En Pardilla había un cura
que corría bien las amas;
Aranda, los zapateros
que soban bien las badanas.»

«Las monjas de Santa Clara
todas mean a chorrillo;
menos la madre abadesa
que lo mea en canastillo.»

«En casa de un cura entré
y no vi más que una cama,
si en la cama duerme el cura,
¡dónde coños duerme el ama?»

«Un cura le dijo al ama:
Echate a los pies, cordera.
Ella lo entendió al revés
y se echó a la cabecera.»

(Lovingos, Hontalbilla, La Villa de Fuentidueña.)

Sobre las fobias hacia las suegras ya se ha dicho todo cuanto se tenía que decir y un poco más, por lo que paso a relatar un sucedido que muy bien podría servirnos de antesala, antes de meterme de lleno en harina con la relación de pullas.

Pues sí, señor, esto era una vez un hombre que tenía una mula falsa, una mujer adorable y una suegra más falsa que la mula y más dañina que un pedrisco. Un buen día sucedió que estaba el matrimonio de viaje a la ciudad y la suegra tuvo que echar de comer al ganado, con tan mala fortuna para ella, que al ir a pasar por detrás de la mula, ésta le arreó tal coz que la dejó a «santas pascuas», tendida todo lo larga que era y sin decir ni pío, postura en que la encontraron su yerno e hija al entrar en la cuadra. Al día siguiente, después de recibir cristiana sepultura en el camposanto del pueblo, la gente del lugar mostraba su condolencia al enlutado yerno:

-Salud para encomendarla a Dios muchos años.

-Te acompaño al sentimiento.

-Hay que sobreponerse. Vosotros sois jóvenes...

En esto llega un paisano, casado y con una suegra más mala que un dolor de muelas, se acerca al hombre en cuestión y le dice, muy bajo, al oído: «Te compro la mula».

«Si me caso y tengo suegra
ha de ser a condición,
que si al año no se muere
la tiro por el balcón.»

«Mi suegra p' a que la quiera
me ha regalado un rosario;
ahora tengo con mi suegra
corona, cruz y calvario.»

«A todas las suegras juntas
las van a tirar al mar;
la mía la puñetera
se está enseñando a nadar.»

«Si alguno quiere mandar
recuerdos para el infierno;
ahora tiene la ocasión,
mi suegra se está muriendo.»

«Voy a ponerme de luto
con camisa colorada;
porque se ha muerto mi suegra,
esa suegra condenada.»

«Dos mil cuatrocientas suegras
iban juntas al infierno;
la mía era la primera,
la que tocaba el cencerro.»

C) COLECTIVAS.

Para cerrar esta de alguna manera amañada y un tanto improvisada distribución de pullas he querido dejar aquellas que por estar dirigidas contra un pueblo, comarca o región, entran a formar parte del patrimonio común, no siempre deseado y mucho menos aceptado, de sus habitantes. Ciertas denominaciones un tanto arbitrarias que conservan algunos pueblos almacenadas en la memoria de sus gentes, y que a primera vista no dan la impresión de ser otra cosa que motes nacidos al amparo de una producción propia del lugar, del carácter peculiar de sus moradores o de una forma de expresión habitual .de sus naturales, se convierten por obra y gracia de la rivalidad existente entre aldeas antagonistas en «caldo de altramuces que estando frío quema», o lo que es lo mismo, en «dichos y expresiones aparentemente suaves, pero que en realidad van cargadas de intencionalidad picosa y ofensiva» y que cada pueblo empleaba con la secreta intención de incomodar, dar matraca y acalorar a sus vecinos, aunque debo apuntar que relativamente, puesto que las pullas muestran ante todo un cariz festivo por lo que al promulgador se refiere, ya que piensa que lo que sale por su boca, al menos en estas cosas, no debe de ninguna manera trascender al corazón. Un cantarcillo tradicional avisa en este sentido sobre la conveniencia de no tomar demasiado en serio lo que no pasa de ser una broma que alguien se empeña en gastar a propósito de la patria chica de los linderos, pero sin hacer de ello una cuestión personal:

«En cantares y coplas
nadie se pique,
que mueren en la boca
de quien los dice.» (12)

Cuando el nombre gentilicio con el que los lugareños de alrededor debían designar a los nacidos en una localidad determinada es cambiado «adrede» por la consabida pulla, es que existe un motivo, una razón enraizada en la tradición oral, a veces oculta, que así lo dispone y que por consiguiente dictamina una norma de comportamiento colectivo difícil de erradicar . Cada población asume su papel .desde hace siglos para dar vida a la representación arquetípica de ofensores y ofendidos. Los primeros buscarán las cosquillas de los segundos siempre que la ocasión se preste, y estos últimos se mostrarán zaheridos, dando lugar entre ambos colectivos a que la pescadilla del «pique» se siga mordiendo la cola y, como consecuencia, las pullas continúen teniendo cierta vigencia entre las gentes que pueblan las tierras segovianas. Así, para los pueblos limítrofes, los originarios de Adrados serán siempre «Meones»; los de Valverde del Majano, «Cagones»; los de Cantalejo, «Briqueros»; los de Sauquillo de Cabezas, «Búcaros»; los de Veganzones, «Copetudos»; los de Fuentepelayo, «Los del papo»; los de Zarzuela del Pinar, «Raposos»; los de Escalona del Prado, «Villanos»; los de Aguilafuente, «Aguiluchos»; los de Lastras de Cuéllar, «Patateros»; los de Vallelado, «Ajeros»; los de Olombrada, Abades, Villaconancios, *Madrid* ..., «Ballenatos»; los de Fuentepiñel, «Beatos»; los de Moraleja de Cuéllar, Arevalillo..., «Bubillos»; los de Aldea Real, «Jarreros»; los de Bernardos, «Pañeros»; los de Mozoncillo y Torrecilla del Pinar, «Piñoneros»; los de Navalilla y Torrecilla, «Paveros»; los de Cobos de Fuentidueña, «Comalíos»; los de Calabazas, «Logreros»; los de La Villa de Fuentidueña, «Pelones»; los de Castro de Fuentidueña, «Cabrones»; los de Aldeanueva de la Serrazuela, «Lanudos»; los de Hontalbilla, «Cazurros»; los de Roda de Eresma, «Cabezotas»; los de Langayo *, «Dormilones»; los de Escarabajosa de Cabezas, «Chuchos»; y los de Basardilla, «Penqueros».

El porqué, el origen o la razón de ser de estos motes, unas veces se esconde tras la producción propia, otras tras un sucedido lejano en el tiempo, no pocas tras una copla de corte popular que la tradición llevó de boca en boca, y en contadas ocasiones tras un cuentecillo de siempre y de todos que alguien hospedó en la aldea. De todo ello halblaré en mis explicaciones posteriores, tratando de desentrañar el pequeño o gran misterio que representan para el lego en estos asuntos.

A) Antiguamente los mozos de Adrados solían mear las capas a los forasteros que acudían al pueblo en busca de los favores de las mozas. De ahí que los foráneos galanteadores, entre enfadados y ofendidos, se encargaran de propagar el dicho: «Adrados, el pueblo de los meones».

B) «Valverde, el pueblo de los cagones». No le pasó desapercibida la coletilla a don Camilo José Cela cuando pasó por el pueblo, según refiere el académico en su libro de viajes por Castilla la Vieja Judíos, moros y cristianos (pág. 127. Ediciones Destnoi,4ª. edición, junio 1970).

C) En la Gacería -jerga propia y autóctona de los vendedores de trillos cantalejanos, que empleaban en los tratos para hacerse entender sin ser comprendidos por los compradores- la palabra criba queda significada por el vocablo «brica». Hoy se .da el nombre de «briqueros» no ya sólo a los vendedores de cribas, sino que dentro de su significación quedan cemprendidos todos los habitantes de Cantalejo.

D) Según el Diccionario Búcaro significa «Vasija de barro. Arcilla olorosa». Algunos de mis informantes creen que usada como apodo esta palabra es sinónima de botijo, hombre bajito y regordete, otros me dicen que hace ya muchos años en un lugar del pinar llamado Navacarrizal se hacían cacharros con una arcilla impregnada de un cierto olor a resina y a tomillo.

E) Las gentes de los pueblos vecinos les dicen «Copetudos» en el sentido de: «Personas muy dadas a la presunción, que hacen vanidad de lo suyo». Don José María Vergara y Martín en su libro Cantares populares (Madrid, 1912), recoge la siguiente copla:

«Los Otones p' a centeno
que poco trigo se siembra,
Veganzones p'a copetes,
que tié buenas copeteras.»

F) La palabra «Papo» es usada con frecuencia en Fuentepelayo como apoyatura de la frase, aunque también se emplea como taco menor. Los hombres de la comarca dicen que «siempre están con el papo a vueltas».

G) En Lastras de Cuéllar, refiriéndose a sus linderos de Zarzuela del Pinar, cantan una tonadilla en la que acusan a sus naturales de «amigos de lo ajeno»:

«¡Ay, Zarzuela, Zarzuela,
Zarzuela del Pinar!
El pueblo de los raposos
y no quiero decir más.»

H) «Escalona, el pueblo de los villanos» es un dicho muy extendido en toda «Tierra Segovia» con la significación de «Gentes de poca categoría social, un tanto rústicas, que tienden a exagerar en demasía cosas que para los extraños son cotidianas y normales».

I) La palabra «Aguiluchos» empleada como pulla Se refiere a «Personas con tendencia a aguilarse o emperezarse». Y es que los pueblos de alrededor tenían a los de Aguilafuente por poco amigos de trabajar en tareas duras y sufridas.

J) «Patateros» o cultivadores de patatas. También como portadores de poca calidad, flojos, chapuceros.

K) El término de Vallelado se presta bien al cultivo de estos bulbos, por lo que las plantas de ajos están muy generalizadas. Sin embargo el apelativo de «Ajeros» se vuelve ofensivo cuando viene lanzado desde algún pueblo rival echándoles en cara el «inaguantable olor a ajo». Otra pulla empleada para molestar a los de Vallelado es llamarles «Changarrones».

L) «Ballenos», «Balleneros», «Ballenatos», son nominaciones muy frecuentes en diversos lugares de Castilla, a los que se les hace comulgar con el protagonismo del siguiente cuentecillo: «Parece ser que las aguas del río N. (en el caso de Olombrada el soporte topográfico de la acción lo constituye el arroyo del Valle de las Pozas) iban crecidas y arrastraban sobre su lomo un bulto que cierto labrador confundió con una ballena. Enseguida volvió al pueblo a dar aviso a los campesinos que trabajaban en sus inmediaciones, y, todos juntos, acudieron a esperar al cetáceo a la altura del puente con horcas, garios y verduguillos. Cuando el misterioso bulto hizo acto de presencia, éste no era más que una vieja y desvencijada albarda que su dueño había tirado al agua».

M) Para las gentes de Cozuelos, Fuentesaúco de Fuentidueña, Vegafría y Membibre de la Hoz los moradores de Fuentepiñel tenían fama de beatos, ya que según me cuentan, tanto los hombres y mozos como las mujeres y niños, acudían diariamente a la iglesia para rezar el rosario. Esta práctica piadosa en otros pueblos era tenida como propia de mujeres y así lo querían manifestar con la pulla de «Beatos».

N) «Bubillos», «Abubillos», «Bobillos»...La gente, como la palabra se presta al juego, hace uso de ella regalándola una doble acepción. Por un lado la emplea incorrectamente (a sabiendas) para referirse a las crías de la abubilla; y por otro, con su propia significación de bobos, ignorantes, palurdos. Esta pulla no es exclusiva de Moraleja de Cuéllar, pues también se emplea para desazonar a los nativos de Arevalillo, Abades y otros muchos lugares, y que debe su origen a un cuentecillo tradicional, propio de la transmisión oral: «Sobre la frondosidad de la olma que hay frente a la puerta de la iglesia una mañana temprano, entre dos luces, una abubilla lanzaba al aire su canto acusador: 'Tu-tú', 'tu-tú', 'tu-tú'...Un labrador del pueblo que había madrugado para ir a echar la huebra, se creyó que le llamaban y se acercó al árbol. Miró hacia arriba y pensó que era la Virgen Santísima, en persona, quien le estaba hablando. Ni corto ni perezoso revolucionó a todo el pueblo que salió con velas y poyales a prestarla adoración».

O) «Jarreros», «Pañeros», «Piñoneros» y «Paveros» son motes nacidos al abrigo de una producción propia del lugar. En algunos casos existen coplas que hacen mención de ellos, como esta que recogí en Escalona del Prado:

«En Aldea Real venden jarros,
y en Mozoncillo piñones,
y en Escalona del Prado
mocitas como los soles.»

P) «Comalíos»: «Enfermizos». Así reza en algunos versos de la popular epístola de la Comunidad de Fuentidueña:

« ...en Cobos los comalíos
porque están cerca del río...»

Q) «Logreros» y «Pelones» son acusaciones intercambiadas entre La Villa y Calabazas, con intento de mejora de imagen por ambas partes. Veré si puedo reflejarlo en un diálogo figurado entre las dos poblaciones:

LA VILLA.-«Calabazas, los logreros del trigo y de la cebada».

CALABAZAs.-«Pero luego viene a resultar que apenas cogemos nada».

LA VILLA.-«Calabazas se quema,
Los Valles lloran;
los de La Villa dicen:
¡Allá se jodan! »

CALABAZAS.-«En La Villa los pelones...».

LA VILLA.-«Porque nos pelan el alma».

R) «Cazurro» es sinónimo de «taciturno», «patán», «torpe», «mostrenco» y lo aplican desde Lastras y Adrados para molestar y acalorar a los hontalbileños.

S) La canción popular termina por aclararnos el «porqué» de «Cabrones», «Lanudos» y «Cabezotas» para los nacidos en Castro, ALdeanueva y Roda. El caso particular del pueblo vallisoletano de Langayo ya tendremos ocasión de verlo más adelante, así como los de Escarabajosa y Basardilla:

«En Castro crían los chivos,
en Torreadrada las cabras;
Aldeanueva los lanudos,
amigos de cardar lana...»

«Para garbanzos Valseca,
Para nabos La Lastrilla;
para cabezotas Roda,
para guarras Encinillas.»

Si las «Pullas de lavadero» constituían una singularidad dentro de la parcela de las pullas Individuales, también las «Pullas sobre la manta» representan una notoriedad a tener en cuenta en el campo de las Colectivas.

La manta para los labradores y pastores era algo imprescindible y consustancial. El hombre, el ganado y la manta formaban un conjunto con el paisaje difícil de imaginar desmembrado. Este triángulo Hombre-Yunta-Manta en el labriego, u Hombre-Perro-Manta en el pastor, no se comprende sin cualquiera de sus vértices. La manta para quienes pasaban el día en el campo, desafiando las inclemencias del tiempo, era algo así como la procesión para el patrono del pueblo, el bodigo para las misas de cabo de año, el vino para las meriendas de los mozos en las bodegas, la amante para el enamorado o la noche para los rondadores. No es de extrañar por tanto que un objeto tan usual mereciera el centro de atención de los creadores de dichos y refranes:

«En Vegafría, la manta fría.»
«En Moraleja, la manta vieja.»
«En Escarabajosa, la manta piojosa.»
«En Olombrada, la manta cagada.»

Los de este último pueblo tratan de mejorar la imagen de su manta y de borrar la ofensa recibida con una coletilla que dice: «...se limpia, se lava y no queda nada». Sin embargo los de Perosillo con esa típica mala uva que proporciona el ser pueblos limítrofes, y por lo tanto antagónicos, endilgan aún el siguiente remiendo: «...si no tienen agua para lavar las enaguas». Perosillo, pueblo pequeño donde les haya, en otros tiempos fue núcleo importante. Sus habitantes se enorgullecen de haber tenido asiento en su término la ciudad de la Rosa, en cuyo castillo dicen que vivió algún tiempo doña Juana la Loca. Ahora por estos pagos, cuando las piedras del palacio de Mongrau -quinta de recreo de los duques de Alburquerque, señores de Cuéllar- no son más que reliquias abandonadas y mudas de un ayer distinto y distinguido, se dice que «Perosillo y Frumales son dos corrales, donde cagan y mean los alcotanes».

En Frumales anoté la clásica réplica del que se siente ofendido en algo tan íntimo y sentido como es el pueblo de uno: «Dehesa Mayor y La Dehesa son dos corrales, donde cagan y mean los de Frumales».

Con musiquilla religiosa aún pude recoger una copla que habla de Perosillo, o mejor dicho le ignora, que me dijeron cantaban hace algunos años los mozos de las peñas de Olombrada durante las fiestas patronales de octubre en honor de la Virgen del Rosario:

«Alabado sea el Santísimo
Sacramenia y El Vivar,
y Laguna de Contreras
Torrecilla del Pinar.
Vegafría ya ha venido,
Moraleja ya vendrá,
Perosillo no lo vimos
cuando fuimos a Olombrá.»

Debido aun exacerbado sentimiento localista, las pullas han proliferado por toda la geografía segoviana hasta el punto de poderse recolectar aún en nuestros días una nutrida y abundante cosecha.

A veces, simplemente, se saca punta al nombre del pueblo con un añadido pretencioso:

«Los de Cuéllar, cuellaranos, tripas de marranos.»

«En Perosillo, atan los grillos con un atillo.» (13)

«En Moraleja se limpian los mocos con una teja.»

«Los de Vallelado, una oreja a cada lado.»

«Fuentesoto, culo roto, siete varas y otro poco.»

«Aguilafuente, buen pueblo pero mala gente.»

«En Bahabón*, la babonada, quisieron arrastrar la torre con una cuerda de lana.»

«Fuentepiñel, muchos barros y poca miel.»

«Pecharromán, mesa sin pan, cuchillo sin manguillo, tocaba la vieja el cascabelillo.»

«¿De Aranda* y lloras?, dijo un demonio.»

«Adrados, los deshonrados.»

Otras, este añadido o apéndice aparece de una forma poco ortodoxa y no falta de mal gusto:

«En Las Fuentes se tiran pedos calientes; para las viejas que no tienen dientes.»

«En La Dehesa, dicen que se cagan dentro de la artesa; y en Dehesa Mayor se caga el perrito en el barreñón.»

«Otones de Benjumea, alza la pata y mea.»

En ocasiones se hace alusión a los días festivos para indicar que era el día apropiado para desemborricarse:

«En Lovingos, se tiran respingos por los domingos.»

En una cosa tan seria y tenida en cuenta como tocar a misa como Dios manda, o sea con las campanas volteadas desde lo alto de la torre, el no hacerlo así traía consigo las chanzas de los forasteros:

«En Langayo*, los dormilones,
les quitaron las campanas;
luego tocaban a misa
con un cencerro y una grama.»

«En Membibre de la Hoz, tocaban a misa los marranos.» (14)

«En Fuentemizarra tocan a misa con una changarra; y en Valdevarnés, con un almirez.»

No faltan tampoco el refrán o el aviso-pulla, creados por algún viajero ocasional -gato escaldado de las bondades y excelencias del lugar- que la gente se encargó de popularizar con un subido cariz vejatorio:

«De los de Membibre, Dios me libre; que de los de Adrados ya me he librado.»

«Gente de La Villa y el ganado invernizo; Dios los crió y el demonio los hizo.»

«En Tierra Segovia, en viendo al novio se ve a la novia.»

«De Segovia, ni la mula ni la novia.»

«No compres mula en San Juan.» (15)
ni paño en Fuentepelayo,
ni mujer en Escalona,
ni amigos de Cantimpalos.
La mula te saldrá falsa,
el paño te saldrá malo,
la mujer saldrá borracha (16)
y los amigos contrarios.»

«Caballo de Hontoria y mujer de Revenga, a mi casa no venga.»

«No busques hombre en Adrados, ni mujer en Hontalbilla, ni borrica de La Lastra, ni bueyes por Torrecilla.»

«De Arevalillo, ni vaca ni novillo; y si puede ser, ni mujer.»

«En la feria de Valverde, el que más pone más pierde.»

«Golosos en San García y borrachos en Santa María.»

«Aragoneses, malos peces;
Paradinas, pocas sardinas,
y Ortigosa, ninguna cosa.»

«En Aranda de Pirón, en cada casa un ladrón,
menos en casa del alcalde, que lo son el hijo y el padre.
En casa del regidor, que lo es hasta el asador.
En casa del alguacil, que lo es hasta el candil.
Y en casa del señor cura, que la es hasta la mula.»

«Ayllón, en cada casa un ladrón.»

«En Santo Domingo, el mesón,
que cebada no Se ferea;
en Basardilla, los penqueros,
porque comen mucha berza.»

«No perdonarle, que es de Boceguillas.»

«San García y Etreros,
Cobos y Bercial,
son los cuatro lugares
de la vanidad.»

«En Peñafiel*, no compres burra, ni albarda, ni mujer; y yo para mi fortuna: albarda, mujer y burra.»

«Todo lo tiene bueno Zamarramala:
montes sin leña, caños sin agua,
mujeres sin vergüenza y hombres sin alma.»

«Aguilafuente, Fuentepelayo, Pinarnegrillo y Navalmanzano; vaya cuatro pueblos de chicha y nabo.»

«Quien vio Abades vio todos los lugares.»

«En Escarabajosa, los chuchos,
que les viene de ralea
y en Aldea el Rey los tostones,
que siempre están en la hoguera.»

«Hontalbilla los valientes, cuando tienen el jarro al diente.»

«Montalvo casó en Segovia
siendo pobre, cojo y calvo
y engañaron a Montalvo,
¿cómo sería la novia?»

«En Escarabajosa mataron la burra tiñosa;
en Escobar la acabaron de desollar;
en Pinillos se comieron los menudillos;
en Cabañas le quitaron las legañas,
y en Agejas se comieron las mollejas.»

«La Higuera es el culo del mundo;
en Espirdo, las carretas,
y si me apuran un poco
la verdad se acabó en Brieva.»

«Valtiendas, p'a que la entiendas,
los tiradores de fama;
que tiran con una escoba
por no poder con la barra.»

«En La villa hay gente pilla
y en El Arrabal, gente animal.»

«De Escalona, ni borrico ni persona;
y si puede ser, ni borrica ni mujer.»

Los vecinos de esta última aldea, tan poco agraciada a la hora de inspirar dichos y refranes cambian el final un poco molestos por el voceras de turno :

«...y si puede ser, ni animal; para que no vuelvas a hablar.»

No así el tío Polainas de Fuente el Olmo, casado con una mujer de Escalona, que con ese envidiable modo de tomarse estas cosas, cuando habla del origen de su mujer suele remachar con su característico buen humor:

«...y por suerte yo cargué.»

En ocasiones se da el «ir por lana y salir trasquilado», y digo esto porque en Escalona del Prado se cuenta que cierta vez un lechuguero de Bernardos, con ocasión de anunciar su mercancía a cierta señora del lugar, tuvo la mala ocurrencia de recordarle la archisabida pulla «De Escalona, ni borrico ni. ..etc.», a lo que la airada mujer respondió:

«Orejas grandes y burro capón
de Bernardos son,»

Y es que no conviene «Introducirse en la boca más de lo que ésta pueda resolver», ni es bueno introducir el cuerpo en «camisa de once varas», ni a nadie le aconsejaría «ofrecer uvas a los vendimiadores» que es tanto como ir a Pinarnegrillo (17) a vender lechugas o llegarse hasta Calatayud preguntando por la Dolores, a no ser que gusten de tentar al diablo y deseen salir apaleados o, en el mejor de los casos, como le sucedió al referido lechuguero, quieran ir por el mundo con las orejas gachas y el rabo entre las piernas.

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Algunas localidades aparecen con un asterisco en la parte superior derecha de sus nombres respectivos. Estos signos se deben a que las referidas poblaciones no pertenecen a la provincia de Segovia. Sin embargo he creído conveniente incluirlas por haber sido receptoras de pullas cuyo origen procede de pueblos segovianos.

(1) Máxime CHEVALIER en su libro Folklore y literatura

(2) Se cuenta del tío Retaco que estando una vez en el pinar cortando leña se le acercó un pastor, a sabiendas de que se enfadaba mucho por ser de corta estatura, a llamarle "Retaco". El buen señor armó tal cisco que el pastor, viéndose comprometido, optó por gatear el tronco de un pino hasta las ramas, donde pensaba que podría evitar las iras desatadas del furibundo leñador. Sin embargo el tío Retaco echo mano de su hacha y entre juramentos y jadeos dio con pino y pastor en tierra, quien se las vio y se las deseó para salir corriendo, renqueante y todo, como alma que lleva el diablo.

(3) Alrededor de San Pedro (29 de junio) cuando el calor se hace notar en las arideces de la meseta, los padres mandan a los más pequeños a raparse la cabeza en casa del peluquero. Era entonces el momento esperado por los compañeros para echarle un escupitajo en la cabeza, frotarle bien con las manos y cantarle la copla.

(4) El tío Canín era un vendedor ambulante, muy campechano, que iba de pueblo en pueblo con su macho Chaparro y su tartana a vender lo que encajaba. Cuando la gente menuda, para hacerle rabiar, le cantaba la coplilla, él se lo tomaba a broma y coreaba guasón :

"Que se muera Canín"

(5) Este mismo refrán, los madrileños se le achacan al herrero de Arganda.

(6) Querer meter el pendón atravesado por la puerta de la iglesia parece ser que no es exclusivo de Cuevas de Provanco, ni mucho menos. El pueblo vallisoletano de Bahabón también sufre el dicho que le lanzan desde Cuéllar, Las Fuentes y Olombrada.

(7) Sobre la torre de la iglesia de Rebollo -a tenor del cuentecillo- les dio por crecer y ponerse hermosas unas mielgas verdes que daba gusto el verlas Con el fin de que no se echara a perder tan preciado alcacer los vecinos pensaron que lo mejor era subir a un pollino para que se las comiera. Dicho y hecho. Cogieron un borrico, le ataron una soga al cuello y comenzaron a tirar de él desde el campanario. A medida que ascendía el jumento la presura de la soga le hacía enseñar los dientes más y más y sacar dos palmos de lengua. La gente del pueblo que contemplaba el hecho desde abajo se regocijaba en ello y decía:
-Mirad cómo se ríe el burro de que ve las mielgas.

(8) las "Pullas de lavadero" en su totalidad han sido escuchadas por mí de boca de sus protagonistas en los pueblos "churros" de Hontalbilla, Olombrada, Fuentesaúco y La Villa de Fuentidueña.

(9) Esta copla tiene una. variante en el tercer verso. En algunos pueblos suelen decir: "la cigüeña está preñada".

(10) Este último verso puede trocarse, y de hecho lo hace, por: ”El bigote de un civil".

(11) José María ALIN, en El cancionero español de tipo tradicional (Taurus Ediciones, Madrid, 1968, pág. 691) nos dice que tanto Cervantes como Lope de Vega ya conocían el dicho y así lo reflejan en sus obras respectivas “La casa de los celos" y "la Maya". Parece ser que un marido celoso pilló al abad con su mujer metidos en harina por el cañaveral y con un garrote quiso hacerle cardenal.

(12) Los dos últimos versos pueden presentar una variante que hacen que la copla venga a significar que "El que se pica, ajos come" "porque ninguno sabe por quién se dicen."

(13) Atillo: Soga de esparto del grosor de un dedo que se empleaba para atar las gavillas de la mies y formar haces.

(14) La antigua torre de la iglesia románica de Membibre, de apenas cuatro metros de altura, estaba separada del cuerpo central del edificio y contaba con tres campanas que barrían el suelo con sus sogas. Como la puerta permanecía abierta regularmente, no era extraño que se metiera algún cerdo a mordisquear las sogas y con ello tocara las campanas.

(15) Se refiere a la feria de ganado que se celebraba en Segovia el día de San Juan (24 de junio).

(16) Don Pascual MADOZ, en su Diccionario Geográfico-Estadistico-Histórico de España (Madrid, 1845-1850), refiriéndose a Escalona del Prado, escribe: "...pudiéndose considerar como endémica la del histérico, que padecen muchas mujeres y que en parte se atribuye al vino que se usa por tener bastante acedera".

(17) los lechugueros de Pinarnegrillo abastecían con sus carros de lechugas, pimientos, tomates, patatas y pepinos a media provincia, Existe una copla popular que pondera la producción de este pueblo hortelano:

"Mozoncillo, buen piñón,
que tienen el pinar cerca;
y para buenas verduras,
Pinarnegrillo y sus huertas."