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VETERINARIA Y MEDICINA POPULAR EN SALAMANCA

CARRIL RAMOS, Angel

Publicado en el año 1981 en la Revista de Folklore número 5.

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Dentro del amplio conjunto de saberes que bajo el epígrafe "conocimientos" suelen agruparse en etnología, podemos afirmar que aquellos relativos a la salud -humana o animal- forman el grueso más absoluto respecto a los restantes "conocimientos". Superando toda connotación religiosa .de condenaciones bíblicas a padecer enfermedad, es realmente la indisposición corporal algo que ha preocupado al hombre haciéndole superar su aparente impotencia para combatir ese estado. y como bien dice el adagio: "la experiencia es madre de la ciencia", vamos a ocuparnos de esa ciencia que por la experiencia posee el pueblo, entendiendo como tal las clases sociales desconocedoras en principio de la llamada medicina oficial comprendiendo en ella una veterinaria y farmacognosía populares aprendidas por transmisión generacional.

Por supuesto no vamos a entrar en un análisis científico sobre la validez o no de los recetarios caseros o de primera mano empleados en el medio que estudiamos, es decir, el mundo rural en Salamanca ni tampoco en el grado de fe, autosugestión o cualquier otro fenómeno psicológico, tan sólo -y no es poco empeño- daremos cuenta de remedios utilizados hasta hace poco tiempo, incluso hoy en determinados casos y lugares.

Pero antes de introducirnos en materia, es necesario hacernos eco del gran conocimiento en general que el hombre rural tiene de la botánica que le rodea, sabiendo cuanto le concierne de cada planta, árbol o arbusto que circunda su medio, su hábitat.

Para hacer más asequible esta galénica lucubración folklórica, estudiaremos en un primer lugar la veterinaria popular para después entrar en la medicina popular, conocimientos ambos de equitativa importancia, ya que del animal depende en un cierto sentido la propia vida del hombre, pues aquél -sea en la medida que sea- ha supuesto para las gentes de campo, el "modus vivendi" base.

Usos y recursos de la veterinaria popular salmantina

Como método preventivo para preservar la salud del ganado bovino, en determinados lugares, el día de San Juan y antes de salir el sol, bañaban a los animales en un piélago, aprovechando la circunstancia y con el mismo objetivo las personas que conducían la vacada. Para las vacas "impladas" o "infladas" -"gaja" en terminología ganadera- preparábanse cociones de aceite con agua de sayuguina o bien se le metía en la boca un palo untado con jabón, atado éste por sus extremos a los cuernos.

La "zurreta" debe ser combatida de diferente manera, dependiendo de la especie animal. Al ganado bovino, a los churros se les hacía tomar en ayunas vino "aserenao", es decir, pasada la noche a la intemperie. A las cabras para tal mal, dábaseles pan turrao mientras que a los corderos se les ataban tiras de torbisco a la "penca" del rabo.

Cuando los cerdos tenían "cocos" -larvas de moscas nacidas en heridas producidas por mordeduras o arañazos-, antes de salir el sol, rociábaseles con agua puesta a serenar la noche precedente. Con el mismo fin se les aplicaban "malrubios" en la parte atacada tirando posteriormente hacia atrás mientras se recitaban ensalmos.

Si las cerdas estaban "berriondas" procedían a mezclarles en la comida determinadas medidas de grana de "rosa de burro", pero de una manera periódica en progresivo aumento .de uno a nueve días, decreciendo en la misma proporción y duración.

Si un perro o un gato estaba "arrubinao" -no se desenvolvía bien, no crecía-, se le mordía la última vértebra del rabo, sacándosele seguidamente de la "caña" del hueso la sustancia llamada "rubín". Si el perro acusaba "moquillo" se le quemaba por encima del hocico.

Si un caballo tenía "rosones" -larvas o gusanos en el esfínter anal-, se le unía a la comida "grana de acedera de burro". También para el equino animal y en caso de dificultad al orinar -popularmente "dar torzón"- frotábansele los riñones con "granciones".

Cuando alguna vaca era atacada por la "pera" -inflamación en las patas junto a la pezuña-, sacábanla al campo antes de salir el sol. Al paso del animal por la tierra, procedía a darse la vuelta al terrón que la pata dañada había pisado, así, en cuanto la hierba del mismo secara, de igual manera secaría la inflamación, la "pera".

Para cortes de digestiones o digestiones pesadas la solución hallábanla en la miel, haciendo tomar determinada cantidad del apícola producto. Para que las vacas recién paridas soltaran "las pares" -la placenta-, mezclábasele en la comida la camisa de algún bastardo bien molida, que para estas ocasiones se había guardado tradicionalmente en el cajoncito del "almiretero". En otros lugares mezclábase en el pienso colas de bacalao, ajenjo y "d'auriégano" (orégano).

Si alguna gallina está "güera", dos soluciones posibles se conocen. La una es meter a la ponedora afectada en un cajón, cesto u horno durante algunos días sin comer. La otra es chapuzarla antes de salir el sol en alguna fuente, charca o río del lugar. Siguiendo con las gallinas, si éstas estaban atacadas por los célebres parásitos "piojos", untábansele las alas de aceite en su parte interior, o bien terciábanse en los palos donde duermen ramos malrubios.

Cuando un buey o vaca no rumiaba, dos recursos solían utilizarse. O bien hacerles beber vino o bien introducirle en la boca un pajarillo vivo, obligándoselo a tragar para así lograr su mejoría.

En general para aliviar las heridas de los animales aplicábanseles fomentos de malva cocida, completando la cura con aposiciones de manteca en derredor de la escoriación.

Aunque ya hemos hecho alusión de alguna superstición, cerremos esta incursión por la veterinaria popular comentando dos manifestaciones curiosas. Para que las cabras estuviesen libres de maleficios brujeriles, colgábanles del cuello una pequeña bolsita con tierra.

Si hacía aparición una tormenta cuando la gallina estaba empollando, rápidamente colocarían una tijera en forma de cruz o un crucifijo, evitando así que los pollos se "atronasen".

Anotaciones sobre farmacopea de tipo tradicional en Salamanca

El cambio de cultura experimentado en los últimos años ha incidido fuertemente en la desaparición de una terapéutica popular, no por desconocimiento u olvido de ella, sino por el descrédito que ha sufrido todo el bagaje de conocimientos tradicionales entre los que consideramos a los relativos a la salud. Aunque hoy nuevamente se camina hacia unos tratamientos naturalistas, es irreversible el mal causado por el colacionado descrédito. A esto hay que añadir las escasas investigaciones en este campo por parte de la ciencia médica, que de haberse realizado objetivamente y en el momento idóneo hubiesen dado valiosos resultados, tanto para la farmacología como para la psicología.

Hoy los informantes se muestran recelosos al ser interpelados con estos temas, por miedo a dar sensación de incultura, de atraso. Labor ésta de recopilación que podrían desarrollar positivamente los jóvenes médicos que trabajan en el medio rural, logrando de seguro su integración profesional en la comunidad que les acoge si ésta observa un respeto e interés por su pasado y no un mero servicio técnico.

Después de este preámbulo, pasemos a la descripción de algunos remedios y preventivos contra males y enfermedades comunes en nuestros pueblos.

Para atajar el malestar catarríl, son conocidas varías soluciones, la más común es la aplicación de ventosas, completando el tratamiento con tomas de leche caliente y miel; de azúcar, manteca y pan, todo ello en agua caliente o de jarabe de gabancera. Si el catarro es fuerte puede aplicarse un sinapismo, y si el catarro es de nariz -coriza o romadizo-- unos vahos de eucaliptus o bicarbonato harán bien.

La garganta dañada puede encontrar mejoría haciendo gargarismos de "lentén" y cebada cocida; también son efectivos los "gisopos" de yodo con miel o de "jundia de gallina".

Para apoyar el efecto de las anteriores curas, poníanse fomentos -secos o húmedos- de agua caliente.

Contra hinchazones o durezas no había mejor remedio que colocar una cataplasma al trasajado o sencillamente disponer la malva cocida directamente sobre el tejido tumoroso.

Para sacar el "humor" de los panadizos hay que aplicar tocino, "hojas chuponas" o cascos de cebolla previamente untados de aceite. Para los sabañones, frotarse con "basilios", dará óptimos resultados.

Para contrarrestar el efecto de las picaduras de insectos hay que intentar poner grasa del mismo sobre el zarpullido para calmar el "uslor". Si nos da "cuagío" hay que ingerir leche o aceite cruda. Si la erupción cutánea la ha producido una planta -cosa muy común en las labores de campo--, aplicábase un ungüento preparado para estas ocasiones a base de hiel de cerdo y manteca del mismo, panacea que curiosamente tenía como envase o continente la vejiga del porcino animal.

El "malvero" se cortaba cambiando la camisa interior -muda- con alguien del sexo opuesto.

Para la urticaria en general también se guardaba en prevención ceniza de estola.

Las picaduras de violeros lográbanse evitar colocándose en el sombrero "hierbabuena de lagarto" y "almaraduz". Otra planta nada banal y con fines nada ornamentales era el "cardo volador", también colocado en el sombrero para evitar las escoceduras producidas por el sudor.

Según el entender popular, el dolor de muelas es síntoma de mal de amores (las desgracias no vienen solas...). Así dar pediluvios al doliente, frotar con ajo la zona afectada, introducir un grano de sal (si hay caries) o dar friegas con orín de burro negro puede aliviar tan malhumorante dolor. Para prevenir los males odontológicos --especialmente de muelas-, conviene abrir la boca si se asiste a la hoguera de San Juan para que se ahumen los molares o bien cortarse las uñas siempre en lunes. Si el mal persiste, había que caer irremediablemente en manos del barbero o sacamuelas.

El hipo -enfermedad que conlleva casi siempre implícita la risa de los circundantes-, puede desaparecer por tres medios: bebiendo siete tragos de agua sin respirar, pegar un trocito de lana del jersey en la frente o dar un susto al enfermo, cosa nada recomendable, pues en ocasiones es "peor el remedio que la enfermedad" ; y haciéndonos eco de las frases hechas, la mejor solución debe ser presentar al doliente algo tan magnífico que "le quite el hipo".

Agua de orégano, paliará los efectos del dolor de estómago y si el achacoso es un pequeñuelo, se escupirá sobre la zona -vientre o barriga- aguardiente previamente calentado en la boca, procediendo seguidamente a dar unas friegas del citado licor. También frotes del perseguido y alquitaroso producto en las sienes, supondrá un descanso a las jaquecas, teniendo otra posibilidad para esta molestia en el llamado "pañuelo chinchonero". y ya que estamos en la cabeza -preminente lugar para denotar la fiebre-, hablemos de su curación. La más sencilla es aplicar paños de aguardiente, ya que las demás son un tanto raras, tal cual puede ser hacer comer a la persona febril huevo duro compuesto con vinagre, previamente aserenao. Como puede verse, no es de lo más rápido el recurso, como tampoco lo es el bailar durante unos determinados días delante de un torbisco macho. Pero creo que son preferibles estas medidas a la practicada en determinados lugares serranos, cual es echar un alacrán sobre la colcha que cubre al indispuesto.

El reúma o las reúmas, como dicen nuestros mayores, hace que uno "no esté muy católico" y para mitigar tales molestias nada mejor que unas infusiones de hiedra.

Los orzuelos han hallado mejoría en los fomentos, bien sean de sayuguina hervida -flor de sauco recolectada en la mañana de San Juan- o de agua simplemente en la que se ha introducido el rabo del badil enrojecido en las brasas de la lumbre.

A los dolores de oído en lactantes se intentaría poner remedio vertiendo una gota de leche materna directamente del pecho en el oído interno. Para los mayores, cambiábase la leche materna por una gota de aceite tibiamente calentada.

Y ya que hemos hablado de los niños, para éstos -en caso de estreñimiento--, hacíase una cala introduciéndosela en el ano; si el niño no orinaba, sentábasele en un orinal con agua caliente y si el pequeño "rañaba" era señal inconfundible de lombrices, para lo cual, si tenía dentición, hacíasele comer pipas de calabaza.

La tosferina -enfermedad que ataca preferentemente a los niños-, era combatida llevando al aquejado a la "rede" de las ovejas y que allí respirase fuertemente.

El "estérico" -las bilis-, achaques primaverales por lo común, tienen como receta tradicional la ingesti6n de limón.

Y con la primavera, el cambio de sangre y sobre la sangre hay mucho que hablar. Para sangre excesivamente fuerte recomendaban las consejas infusiones de sanguinaria. Para cortar las hemorragias hay varios métodos -según la necesidad-, por ejemplo el tratamiento de una cortadura sería la aplicaci6n sobre ésta de azúcar, mientras que para las hemorragias nasales se colocaba una "perra" de cobre en la frente o verter agua fría por la nuca al afectado cuando éste se encuentre desprevenido.

Quizá el más célebre de los remedios populares sea el de las sanguijuelas, las cuales eran guardadas en un tarro de cristal en espera de su particular dosificación, poniendo a los hambrientos análidos sobre la zona a tratar, procediendo éstos ávidamente a succionar la sangre. Como hemostático para tapar las hemorragias que éstas producen, colocábanse al enfermo alubias partidas a la mitad en las marcas que los sanguinarios gusanos habían provocado.

En torno a las sanguijuelas hay una copla en tierras charras -llena de un humor y contenido social que sería largo detallar aquí-, que merece la pena mencionar:

En la calle de Santa Ana
hay un ratón con viruelas
y a la cabecera un gato
poniéndole " sanguijuelas " .

Como profiláctico de las hemorroides, llevaban nuestros antecesores una raíz de arzolla metida en la faldriquera o en el bolsillo.

Para terminar, hagamos alusión a los ensalmos y rituales difícilmente localizables, dado el carácter mágico y mistérico que éstos tienen.

Líneas arriba hemos hablado de la bilis -del estérico-, la absorción de éstas producirá la ictericia o "tericia" popularmente llamada, enfermedad ésta, que tiene distintos tratamientos. Pueden hacerse inhalaciones de vahos de "melones de lobo", echar al afectado sin que él lo sepa nueve piojos durante nueve días consecutivos en el desayuno; orinar sobre un "mazacán" igualmente nueve días, teniendo superada la "tericia" si la planta seca; ponerse un collar de ajos e ir con él a mirar fijamente el río...

Pero la amarillenta enfermedad tiene también su ensalmo o conjuro. Aquella persona que por ésta sea atacada, deberá madrugarse antes del alborear, salir a campo abierto y allí recitar:

A verte vengo, "mal rubio"
antes de salir el sol
que me quites la "tericia"
y me vuelvas la color.

También con ritualismo topamos para solucionar la hernia infantil, los llamados "niños quebrados". La mañana mítica de San Juan y antes de salir el sol :los adultos, un Juan y una María abandonarían el pueblo dirigiéndose hacia algún descampado portando unas varas de mimbre previamente cortadas para tal ocasión. Llegados al lugar escogido, darían comienzo al "ufragio" procediendo de la siguiente manera: con una mimbre en la mano la sanadora llamada obligatoriamente María, recitaría frente al designado .Juan: :"Juan, pásame el niño por este 'lao' que está 'quebrao'", realizando él tal acto, haciéndoselo pasar a ella por el costado izquierdo.

Ultilogo o "buen boticario se pierde"

Cerremos esta enumeración sucinta de "ufragios" o remedios populares para superar los achaques y malestares del hombre y animales domésticos. Sin duda queda "coja" -permítaseme seguir en tema- esta exposición, necesaria de completar con un vocabulario médico, así como de los procesos que cada receta lleva hasta su aplicación, datos que alargarían estas líneas y hecho que no entra en nuestro criterio divulgador, ya que de caer en la tentación de completar el tema (por otro lado inagotable...) podría el lector opinar -siguiendo el irónico dicho popular- i"Buen boticario se pierde"!, y no sería justo tal sin tener rebotica donde "cobijar" y "contrastar" opiniones.

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N. A.: Los datos aquí reseñados proceden de Herguijuela del Campo, Rollan, La Alberca, Mogarraz, Brincones, Hinojosa del Duero, Villavieja de Yeltes y Galinduste.