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Etnografía negra palentina
Romance de cordel sobre el crimen de la Ermita del Cristo del Otero

SANZ Y DIAZ, José

Publicado en el año 1986 en la Revista de Folklore número 65.

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Existen diversas versiones populares, que vamos a transcribir tal y como llegaron a nuestra noticia. El tremendo episodio tuvo lugar en 1907(17.

"Reparen con atención
en la lista de sucesos
y vean lo que ha pasado
en el Cristo del Otero.

En la ermita de su nombre
un crimen se cometió,
que ha causado en toda España
tristeza y gran conmoción.

A un pobrecito ermitaño
que vivía santamente,
entre cuatro criminales
le prepararon la muerte.

A la vieja (la que lo asistía) la han dejado
en una columna atada
y la dicen que no chille,
pa que no se sienta nada.

Isabel que era la vieja
cuando pudo desatarse
abrió la puerta en seguida,
bajó la cuesta a dar parte.

En las primeras viviendas
se detiene a referir
la muerte del ermitaño
a lo que ella pudo oír.

Al bueno del ermitaño
cuando más tranquilo estaba,
aquellos cuatro ladrones
a la puerta ya llamaban.

A la puerta dieron golpes
y Mariano respondió,
y al tiempo de abrir la puerta
cuatro enmascarados vio.

Al tiempo de abrir la puerta
al ermitaño atropellan
y los cuatro foragidos
sus pistolas le presentan.

Preguntan en el portal j
con sus palabras serenas
y en seguida le amarraron,
y otro se llevó a la vieja.

Le pidieron el dinero
y al ver que aquél no lo daba,
le tumbaron boca abajo
y grandes palos le daban.

El decía:

-¿y qué quereis que tengamos
si no hay más que las ofrendas
que traen fieles devotos,
y todo es mera promesa?

Al ver que Mariano calla,
más adentro le metieron
y lumbre en un calderillo
para quemarle encendieron.

Por fin el pobre ermitaño
dijo: -En aquella ventana
tengo en un bote escondido
los dineros que guardaba.

Al instante van por ello
Y a donde dijo, allí estaba;
tenia unas mil pesetas
en un bote de hojalata.

Empezaron a quemarle
por ver si más declaraba,
y una vez que quedó muerto
la ermita la registraban.

EL QUINCALLERO

(Santos Collado Ortega, jefe de la cuadrilla de malhechores).

Rompieron todos los cofres,
las imágenes tiraron,
se llevaron el dinero,
cálices y relicarios.
..............................
Luego, para Almazán se dirigen
montados en una yegua,
el Quincallero y su amante
y un hermano iba con ella.

Ya cogieron al Moraita,
al Chato, también al Chivero,
a los que hicieron la muerte
en el Cristo del Otero."

Como este crimen horripilante y sacrílego tuvo una repercusión enorme en toda España en su tiempo, especialmente en Castilla y la Tierra de Campos, los ciegos cantaban coplas alusivas frente a los pintarrajeados cartelones sangrientos, desde Palencia, Burgos y Valladolid, hasta Soria, Medina del Campo y el Señorío de Molina. A perra gorda (10 céntimos) se vendían los pliegos:

"Moraita toca la gaita ,
Chivero toca el tambor,
el Chato toca los platos,
Quincallero el director.

Veinticinco de noviembre
y el pelado Otero escalan
y en la casa de la Ermita
resuenan las aldabadas."

(Llamaron pidiendo un poco de agua, pero en realidad les abrió la vieja criada Isabel Arroyo Pérez, que al parecer estaba con alguno de
ellos compinchada.) Sigamos:

"El Quincallero, el Moraita,
el Chato y el Chivero
mataron al ermitaño
en el Cristo del Otero.

Dicen que estos cuatro hombres
cuando su mal hecho hicieron
a las once de la noche,
después de cenar, se fueron."

EL CHATO
(Cipriano González Fraile).

Nota del recopilador.- La víctima, Mariano Rey del Río, en el martirio para que cantara, entre otras cosas, lo sentaron en una cazuela con ascuas a modo de brasero; le introdujeron un velote encendido en el ano y con unas tenazas le apretaron los testículos. Isabel Arroyo Pérez cuidaba al ermitaño mediante un estipendio, no quedando claro que fuera cómplice de los asesinos, aunque éstos la acusaron, y que la ataron, según figura en el proceso, porque ella, para eximirse, les pidió que la ataran, pidiéndoles sin embargo que le apretaran las clavijas al ermitaño, al que sin duda odiaba por su tacañería con ella.

Los criminales se llamaban Santos Collado Ortega, el Quincallero; figura como jefe de la cuadrilla de malhechores, no tomó parte en el suplicio, limitándose a vigilar a la vieja ya desvalijar sacrílegamente el Santuario del Cristo del Otero. Los restantes, Cipriano González Fraile, el Chato; Mariano Monzón de la Rúa, el Moraita, y Gervasio Abia Brizuela. Este logró fugarse de la Cárcel Modelo de Madrid el 22 de octubre de 1908 y, a pesar de las leyendas, nada cierto se ha sabido después de él.

Con arreglo al Código Penal que entendió en la causa, el veredicto fue de muerte a garrote vil, pero al final, por piedad y manejos políticos, no los ahorcaron. Eso que el Tribunal Supremo había confirmado la sentencia, ajustada a Derecho, pese a las triquiñuelas lógicas de los abogados que defendieron a los reos.

Digamos para terminar, que ya en el poder político don José Canalejas y Méndez, a 26 de marzo de 1910, consiguió del joven monarca el indulto de los tres condenados, estando el cuarto en rebeldía, en ignorado paradero. El Quincallero, el Chato y el Moraita se hallaban a la sazón en la prisión de Palencia, esperando su ejecución.

Cuando eran conducidos al Penal de Figueras, Mariano Monzón de la Rúa logró escaparse malherido en el rostro, y en 1930 cayó por sus malas acciones de nuevo en el garlito. Los demás fueron puestos en libertad en dicho año.