Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

LA LEYENDA DE LAS BATUECAS

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1986 en la Revista de Folklore número 65.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 65 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


Durante siglos fue opinión erudita que la comarca de Las Hurdes era una región inhóspita, habitada por " alarbes" , por gentes extrañas que no sabían de más mundo que el de aquellos valles, y que un día cualquiera de un año cualquiera, como veremos, fue descubierta casualmente. Hasta entonces se pensaba que las alimañas eran los únicos pobladores de tales campos. Y de Las Hurdes se comenzó a hablar, más en concreto de Las Batuecas, ya que con el nombre de ese valle solía designarse la totalidad de las tierras hurdanas, la que iba a dar pie a un equivoco o confusión que se ha mantenido hasta mediados del XIX.

Las Hurdes habían sido descubiertas y con la "gesta" había surgido una historia legendaria. No creo, al contrario de lo que señala Leandro de la Vega, que a Las Hurdes las descubriese la leyenda (1 ), sino que ésta nació por causa de un conocimiento progresivo de aquellos lugares incógnitos, ya que la leyenda "siempre es hija de algo...y es indudable que la sencillez de los pobres jurdanos, su atraso, incultura, rusticidad, la miseria con que aún en el día viven y su escaso trato de gentes, timidez y encogimiento, dieron lugar a que se les considerase como una especie de salvajes" {2).

La leyenda tiene su misterio en cuanto a señalar la fecha de su descubrimiento, haciendo que éste ocurra en tiempos de los Reyes Católicos, de Carlos V o de Felipe II, dependiendo del autor que en ella se detuviera. Pero al igual que con la época ocurre con el protagonismo de los descubridores. Para unos son ciertos cazadores; para otros, un paje y una doncella de la Casa de Alba; y para los menos, una Señora y un Caballero de la misma casa ducal.

Sobran razones para pensar en un origen antiguo de la leyenda, un origen que se daría lejos de estas regiones, puesto que nunca faltaron países imaginarios descubiertos y por descubrir, y que en el caso de Las Hurdes solamente fue trasladada a un espacio geográfico y a un tiempo evolutivo. Esta tomó cuerpo con motivo de la repoblación llevada a cabo en Las Hurdes y zonas próximas, por la que la curiosa leyenda del descubrimiento era conocida oralmente en el siglo XIII, aunque por un mecanismo lógico en este tipo de manifestaciones tradicionales, con posterioridad, ésta se fue encuadrando en los reinados de los distintos monarcas, desde Alfonso XI hasta Felipe II, en que la impresión de la efemérides impediría que a ningún otro momento histórico se le atribuyera la hazaña.

PRIMEROS DATOS

La primera noticia referente a este suceso es la dada por Fray Gabriel de San Antonio. En su "Breve y verdadera relación de los sucesos del Reyno de Camboxa", obra publicada en 1604, señala; "Descubriéronle los Camboxas andando a caza de badas: como se descubrieron en Castilla en tiempos del Emperador Carlos V, las Majadas de Jurde, junto a la Peña de Francia, que agora son del duque de Alua a quien el emperador hizo merced dellas, por averlas descubierto un cazador suyo" (3).

El descubrimiento como obra de cazadores fue el más popular. Ello lo demuestra el que entre la clase baja se siguiese pensando de esta manera hasta bien entrada la actual centuria. Por el contrario, entre los grupos más cultos y entre los eruditos se consideraba la historia un engendro de los escritores del siglo XVII. Aunque por lo ya indicado, parece ser que lo único que aquéllos hicieron fue el adornarla con personajes que le dieran un tinte de veracidad, eliminando el azar de los cazadores afortunados.