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Cocinas y Hornos de Villamorco, en Tierra de Campos

MARTIN CRIADO, Arturo

Publicado en el año 1986 en la Revista de Folklore número 66.

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Villamorco es un pueblecito cercano a Carrión de los Condes, en la zona más septentrional de la Tierra de Campos palentina; pocos kilómetros al norte comienza la Valdavia, región de transición a la montaña, con amplios valles y suaves colinas pobladas de robles y pinos repoblados.

Las rasgos geográficos de la comarca carrionesa son los mismos, o muy semejantes, que encontramos en toda la Tierra de Campos:

-Clima mediterráneo continental, con inviernos largos y muy fríos (una media de 140 días al año se producen heladas); veranos cortos y muy calurosos (el período estival dura alrededor de los 100 días). La primavera y el otoño concentran la mayor parte de las escasas precipitaciones (media de 400 a 600 mm. anuales).

-Paisaje de llanuras onduladas, de suelos arcillosos, impermeables y pobres en materia orgánica, especialmente aptos para el cultivo de los cereales; extensas campiñas cultivadas, con escasa vegetación arbórea; algunas "matas" de robles y encinas (restos del antiguo bosque que cubría la región), así como chopos y sauces en las orillas de los ríos.

Las características de la arquitectura popular de la comarca, condicionadas por la geografía y el trabajo, son, también, las propias de la región; pero encontramos algunos rasgos peculiares, que recuerdan otros de los pueblos de la Valdavia y de la montaña, entre los que destaca la configuración del pueblo, dividido en dos barrios, con las casas aisladas sin apenas formar calles; el tamaño medio de aquéllas es grande y sus tejados son siempre a cuatro aguas.

LA COCINA y LA TREBEDE

Voy a describir en esta ocasión todos aquellos ámbitos que tienen relación con el fuego, que son de primordial importancia en toda vivienda rural. La cocina cumplía en nuestras casas no sólo la función que su nombre indica (1), sino que era el lugar en que la familia se concentraba en el invierno, que es como decir la mayor parte del año. Aunque en Villamorco, como en toda la región y otras limítrofes, el uso de la "glorieta" (nombre local de la gloria) permite disponer de una habitación caliente con poco gasto, la cocina con trébede era un lugar de reunión para los mayores y juegos para los niños.

Esta cocina, que en las casas grandes que tienen “hornacho" para el verano solamente se usaba en invierno, estaba situada siempre en la planta baja, con acceso desde el portal; es una habitación amplia, lo mismo que la ventana que está orientada al sur, como la mayor parte de los vanos. La mitad, o más, de la planta (figs. 1 y 2) está ocupada por la "trébede" (2); se trata de una plataforma maciza de adobe, con una altura de 50 cms. en el ejemplo de la figura (si son de menor extensión, su altura es mayor), recubierta de baldosas cuadradas; en un lado es atravesada por un "cañón" (50 cms. de anchura por 40 de altura) que desemboca en el "humero", y en el otro está la "placa" con su correspondiente, "cañón" (éste es muy pequeño). El "humero" está dividido en dos espacios independientes, cerrado cada uno por su correspondiente "charpa" (fig. 3), que es una placa metálica con la que se abre o cierra el tiro; ambos espacios se unen, formando uno sólo, un poco más arriba de las charpas. Como se ve en la figura 1, el "humero" sobresale en planta en la fachada norte de la cocina; esta es una nota muy típica, también, de las glorias en la región.

La entrada del "cañón" grande es la "hornacha", lugar donde se enciende la "lumbre" : ésta era la primera faena que hacía la mujer de la casa al levantarse. Para ello colocaba unos palos o bien cepas o trozos de encina y los recubría con abundante paja bien trillada, formando un cono que iría ardiendo lentamente sin hacer llama apenas, ya que se cierra el tiro con la "charpa" y la "hornacha" con el "tapadero", que es una plancha de hierro con un agarradero. Alrededor de la lumbre se colocan los pucheros de barro (que no se sujetan con sesos) y el panzudo "pote" de tres pies, que nunca se separa de allí y proporciona agua caliente cuando se necesita. Para remover la "cernada" (paja a medio quemar y también la ceniza) y avivar el fuego se utilizan las "paletas" (fig. 4) de hierro; junto a la "hornacha" encontraremos también las tenazas y el fuelle.

Para poner a la lumbre una cacerola o una sartén sin patas existían las "parrillas" (fig. 5), que coincide con lo que en otras zonas se llama trébede; en todas las casas había de varios tamaños: las mayores se utilizaban en las matanzas para hacer las morcillas en la gran caldera de cobre, que se ponía sobre ellas en un fuego que se hacía en un lugar protegido del patio o del corral.

La "placa", que debe de ser un añadido relativamente moderno, consta de un hueco u hornillo, con una "rejilla" metálica sobre la que se hace el fuego que calienta los aros de hierro; se alimentaba con leña o con "cisco", carbón mineral en polvo, previamente remojado; al remover el carbón con las paletas o un gancho para que ardiera mejor se le llamaba "bullir la placa"; el nombre de "cisco" se daba también a las ascuas y al carbón quemado. Tanto la "cernada" como el "cisco" se arrojaban al "moledero" del corral, con el "abono" de las cuadras; antes se mojaba por si tenía "lumbre"; la "cernada" decían que era especialmente buena para las tierras sembradas de ajos.

La "trébede" debe tener su origen en la gloria (3), ya que sus estructuras son similares y la zona de difusión de ambos sistemas es casi la misma; sin embargo la "trébede" se ha extendido por zonas montañosas cercanas, como la comarca de Riaño, la Pernía palentina (4) y la Liébana cántabra, donde se introdujo en este siglo (5).

EL HORNACHO

Es una pequeña cocina de verano, situada generalmente en el patio de las casas más grandes (fig. 6); adosada a uno de sus muros tiene una pequeña trébede, poco profunda y más alta que la vista anteriormente, con una placa cuyo "cañón" va a dar al "hornacho" propiamente dicho. Este es un horno de dimensiones reducidas, de planta ovoide, construido con adobe o ladrillo sobre la trébede; tiene una gran "boca" para poder cocinar con facilidad y el techo cónico termina en una abertura que enlaza con el "humero" , que en este caso no tiene charpa; la boca se tapa con un "tapadero" parecido al de la hornacha, e idéntico es el sistema de encender fuego y cocinar.

El constante paso del humo por los humeros deposita en las paredes una capa de "cirrio", es decir, hollín, que si es gruesa puede llegar a prenderse y dificulta el tiro; por esto es necesario limpiarla cada pocos años y se hacía así: un hombre subía al tejado desde el cual lanzaba una soga por la chimenea abajo, sujetando él un cabo y siendo recogido el otro por la persona que se había quedado abajo, que lo ataba a un manojo de ramas de zarza o espino; el que esperaba en el tejado tiraba hacia sí de la cuerda y los espinos se encargaban de arrancar el "cirrio" de las paredes del humero. Este sistema no se empleaba, sin embargo, para limpiar los cañones de la trébede y la glorieta, sino que se mandaba a un niño que lo hiciera con una paleta de albañil.

EL HORNO y LA HORNERA

La mayoría de las casas del pueblo tenían, y todavía tienen aunque abandonado, el horno de cocer pan, que ocupa una habitación conocida como "hornera", en la que también hay una trébede con placa (figs. 7 y 8). El horno tiene planta circular, aunque al exterior no se hace perceptible por estar tapiado alrededor; está construido con adobe y "trullado", es decir, revocado con barro; el piso es de baldosas cuadradas de barro cocido (28 cms. de lado). En el centro está la "bravera", hueco cuadrangular que comunica el horno con una cámara inferior que se utiliza para "enrojar"; el combustible utilizado para cada cocción era un manojo de sarmientos y dos o tres sacos de paja que se iba arrojando a puñados sobre los palos que ardían; la llama subía por la "bravera" y el humo salía por la boca del horno, sobre la que hay una campana que lo recogía y dirigía al humero.

Cuando la bóveda se ponía blanca era señal de que estaba listo para empezar a cocer; antes se limpiaba el piso del horno con las "trapas" húmedas, que eran unos trapos viejos atados a un largo palo, que, por cierto, eran las que llevaban los "chiborras" para zurrar a mozas y mozos cuando salían a pedir el día de Santa Brígida.

En la “hornera" había una mesa con una artesa para preparar la masa del pan: se pesaba la harina, se cernía y se mezclaba con el agua, la sal y la "recentadura", que era un poco de masa fermentada que se usaba en lugar de levadura. (Como no se podía guardar mucho tiempo porque se estropeaba, el vecino que cocía se la pedía al último en haberlo hecho, y él la guardaba para el que la necesitara a continuación.) Después se amasaba y se pasaba por la “brega", máquina consistente en dos rodillos de madera muy próximos, girados en sentido contrario por una manivela. Se dejaba reposar en la artesa tapada con un paño hasta que fermentaba y mientras se preparaba el horno.

Lo primero que se cocía eran las tortas, que se hacían muy finas y se untaban por encima de aceite,; se colocaban en el piso del horno con la pala de madera, teniendo cuidado de no arrimarlas a la "bravera", pues el excesivo calor las quemaba; las tortas se cocían rápidamente y después se metían los panes; en cada hornada cabían unos 35, más o menos una fanega de trigo.

Había en el pueblo algunas señoras que para ayudar a la economía de la familia, acudían a las casas de los pudientes para hacer la cocción del pan; por el trabajo se las pagaba con una hogaza y una torta. También se encendían los hornos en las vísperas de fiestas y bodas para hacer dulces en grandes cantidades, en lo que eran especialistas algunas de ellas.

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(1) La palabra cocina es un derivado latino del verbo coquere, que significa cocer, preparar los alimentos.

(2) Su significado es el de utensilio del hogar, que consta de un aro con mango o sin él y tres pies (a lo que alude su etimología latina: tripedes, todo ello de hierro; en Tierra de Campos a este utensilio se le conoce con otros nombres para no confundirlo.

(3) TIMON TIEMBLO, Pía: "Las glorias: derivación de los hipocaustos romanos", en Narria, nº. 14, pág. 7.

(4) ALCALDE CRESPO, Gonzalo: La montaña palentina, III. La Pernía. Palencia, 1981, ,pág. 303.

(5) LOPEZ LINAGE, Javier: Antropología de la ferocidad cotidiana: supervivencia y trabajo en una comunidad cántabra. Madrid, 1978, págs. 104-105.