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Notas varias de tres versiones del
"ROMANCE DE LOS MOZOS DE MONLEON"

GARCIA MATEOS, Ramón

Publicado en el año 1986 en la Revista de Folklore número 67.

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A Angel Carril, por su labor de
recuperación y difusión de la
canción salmantina.


El "Romance de los mozos de Monleón" forma ya parte imprescindible, y casi mítica, del rico acervo del Romancero Popular y Tradicional en lengua castellana. Aunque de incorporación tardía al grueso del Romancero hoy podemos situarlo, sin ninguna osadía por nuestra parte, al lado de los grandes romances épicos o líricos de origen medieval o renacentista.
Han sido numerosos los folkloristas y los estudiosos de la literatura popular que se han acercado con curiosidad y admiración al "Romance de los mozos de Monleón" (1), desde Federico García Lorca, profundo enamorado de la cultura popular, quien realiza una versión musical y literaria del romance, hasta Manuel Alvar, José Mª de Cossío, quien lo incluye, además de en otras recopilaciones, en su antología Los toros en la poesía (2), o Ramón Menéndez Pidal, pilar imprescindible para cualquier estudio romancístico. También, más recientemente, los trabajos discográficos de Joaquín Díaz (3) y Angel Carril (4), quien tiene a punto de ser editado un amplio estudio acerca del romance y su repercusión (5), han contribuido a popularizar y conocer mejor el poema salmantino.

El romance nace en la provincia de Salamanca -tierra fértil en tradiciones y que ha sabido guardar, entre tomillos y jaras, las más hermosas canciones y los más trágicos romances- ante un hecho real, acaecido según Manuel Alvar (6) en 1754 ó 1854, aunque Gonzalo Menéndez Pidal (7) se inclina por la segunda de las fechas, añadiendo como posible ubicación la ermita de Mesegal (8), cercana a Monleón; el suceso habría tenido lugar durante las fiestas de la mencionada ermita. Angel Carril, en el artículo citado (9), menciona también estas mismas fuentes de información utilizadas por mí.

Un mozo de Monleón -siguiendo fielmente el texto del romance-, pequeño pueblo de la sierra salmantina, muere, corneado por un toro, en la corrida que tiene lugar en alguna fiesta cercana a Monleón (10). Ante este acontecimiento, que según parece se vio rodeado de una serie de circunstancias que dieron un matiz más trágico y, a pesar de todo, más literario al suceso, la imaginación popular creó un ambiente apropiado y un clima excelente para que de ahí surgiese uno de los romances más dramáticamente bellos de todos aquellos que integran la tradición literaria popular española.

El poema nos ofrece un terna mítico, el enfrentamiento de un hombre y un toro. Un hombre joven frente a un toro bravo. Fuerza contra fuerza. El toro es parte importante de la literatura popular española, como es parte importante en la vida y en las fiestas de muchos de los pueblos castellanos; no es, por lo tanto, un terna extraño o ajeno al sentir popular.

Un hecho fundamental enriquece el romance: la maldición de la madre -tal vez nunca sabremos si como elemento real integrante de la situación que da lugar al nacimiento del poema o como parte literaria añadida a los hechos verídicos para crear un ambiente poético adecuado-. Lo cierto es que la maldición da al texto literario un carácter envolvente y desde el inicio conocemos el final. No podía desarrollarse la situación de otra forma.

Conocido y extendido por toda Salamanca, además de por otras zonas de Castilla y León, llegando incluso hasta Andalucía, el poema se ha multiplicado en numerosas versiones, que han llegado a tomar denominaciones diferentes, como ocurre con todas aquellas canciones populares que alcanzan una gran difusión. Yo quiero ver en estas notas sobre el romance salmantino tres versiones distintas del texto para su comparación, las tres versiones más interesantes bajo mi punto de vista.

La que denominaremos versión A es la recogida por don Dámaso Ledesma (11) en Robliza, en 1907; la más antigua de las conocidas. El texto B corresponde al romance recopilado por Angel Carril, y grabado en el ya mencionado álbum de discos, en Monleón, Villaverde de Guareña, Robliza de Cojos, Lagunilla, Calzada de Valdunciel y Casafranca (12). La tercera versión, C, es la que el grupo de canción popular "Nuevo Mester de Juglaría" (13) recoge como "Romance de la viudita" (14).

Versión A:

(1) Los mozos de Monleón se / fueron a arar temprano
(3) para ir a la corrida / y remudar con despacio.
(5) Al hijo de la Veñuda / el menudo no le han dado.
(7) -Al toro tengo de ir, / aunque lo busque prestado.
(9) -Permita Dios, si te vas, / que te traigan en un carro,
(11) las abarcas y el sombrero / de los siniestros colgando.
(13) Se cogen los garrochones, / se marchan navas abajo,
(15) preguntando por el toro / y el toro ya está encerrado.
(17) En el medio del camino / al vaquero preguntaron.
(19) -¿Cuánto tiempo tiene el toro? / -El toro tiene ocho años.
(21) Muchachos, no entréis a él, / mirad que el toro es muy malo,
(23) que la leche que mamó / se la di yo por mi mano.
(25) -Si nos mata que nos mate, / ya venimos sentenciados.
(27) Se presentan en la plaza / cuatro mozos muy gallardos.
(29) Manuel Sánchez llamó al toro. / Nunca lo hubiera llamado...
(31) Por el pico de una albarca / toda la plaza arrastrado,
(33) cuando el toro lo dejó / ya lo ha dejado muy malo.
(35) -Compañeros, yo me muero, / amigos, yo estoy muy malo,
(37) tres pañuelos tengo dentro / y éste que meto son cuatro.
(39) Al rico de Monleón / le piden los bues y el carro
(41) pa llevar a Manuel Sánchez / que el torito le ha matado.
(43) A la puerta la Veñuda / arrecularon el carro.
(45) -Aquí tenéis vuestro hijo, / tal como lo habéis mandado.
(47) A eso de los nueve meses / sale la madre bramando,
(49) los vaqueriles arriba, / los vaqueriles abajo,
(51) preguntando por el toro / y el toro ya está enterrado.

D. Ledesma

Versión B:

(1) Los mozos de Monleón / se marchan a arar templano
(3) por de ir a la joriza / y el remugar con despacio.
(5) y al hijo de la viuda / el remugo no le han dado.
(7) -Yo a la joriza he de ir / manque vaya en de prestado.
(9) -Permita Dios, si lo encuentras, / que te traigan en un carro,
(11) los trapos y las abarcas / de los sindiestros colgando.
(13) De Monleón salen tres, / de La Alberguería cuatro
(15) y uno de la Herguijuela / qué ocho mozos más gallardos,
(17) preguntando por el toro / y el toro ya está encerrado;
(19) en la mitad del camino / al vaquero han encontrado.
(21) Se presentan en la plaza / cuatro mozos muy gallardos,
(23) Manuel Sánchez llamó al toro, / nunca lo hubiera llamado...
(25) Por el pico de una abarca / toda la plaza arrastrando.
(27) Cuando el toro lo dejó / ya lo ha dejado muy malo.
(29) -Compañeros, yo me muero, / amigos, yo estoy muy malo,
(31) tres pañuelos llevo dentro y éste que meto son cuatro.
(33) -¡Que llamen al confesor / para que venga a auxiliarlo!
(35) Unos van a por el cura / y otros van a por el carro.
(37) A la puerta la viudita / arrecularon el carro.
(39) -Aquí tenéis vuestro hijo / como lo habéis demandado,
(41) los trapos y las abarcas / de los sindiestros colgando.
(43) Ya se le cumple a Usted / la maldición que le ha echado.
(45) Y a eso de los nueve meses / la viudita salió al campo,
(47) bramaba más que bramaba / más que un toro de ocho años,
(49) los vaqueriles arriba, / los vaqueriles abajo,
(51) preguntando por el toro / y el toro ya está enterrado.
(53) Madres las que tengáis hijos / no le echéis la maldición
(55) que yo se la eché al mío / y así me sucedió.

A. Carril

Versión C:

(1) -Madre, deme Usté la ropa / que me voy a la corrida
(3) y a matar el toro bravo / y a hincarle la banderilla.
(5) -La ropa no te la doy / y a la corrida no vas.
(7) -A la corrida he de ir / aunque la lleve emprestá.
(9) -Permita Dios de los cielos / y la Virgen del Rosario
(11) que si a la corrida vas / que te traigan en un carro.
(13) Ya sale Antonio García / a matar el toro bravo,
(15) le ha hincado una gran cornada / más abajo del sobaco.
(17) Ya le meten un pañuelo, / ya le meten otros cuatro
(19) y la gente no se asuste / que el toro ya está matado.
(21) Ya le suben más p'arriba, / ya le bajan más p'abajo
(23) y a la puerta la viudita, / allí pararon el carro.
(25) -Buenos días, gran viudita. / Ni son buenos ni son malos.
(27) Aquí tiene Usté a su hijo, / ya puede Usté amortajarlo.
(29) -Hijo mío de mi vida, / hijo mío de mi alma,
(31) esa fue la maldición / que te eché al salir de casa.
(33) Otro día, de mañana, / la viudita salió al campo,
(35) rabiaba y pateaba / como aquel torillo bravo.

N. M. de J.

Observando los tres textos transcritos podemos realizar algunas consideraciones. Las dos versiones salmantinas -A y B- mantienen un total paralelismo a pesar de la diferencia cronológica entre la recopilación de don Dámaso Ledesma y el rastreo realizado por Angel Carril; las diferencias que podemos establecer son mínimas:

1. En la primera versión se nombra ala madre del joven muerto como "la Veñuda", mientras que en el segundo romance simplemente se la denomina "la viuda". Probablemente Veñuda sea un apodo (15), de los muchos que solían darse en los pueblos con diversa intención.

2. En el texto A además de señalarse el encuentro con el vaquero aparece un breve diálogo que no consta en el texto B. Contrariamente en el romance recogido por Carril se citan una serie de toponímicos -Alberguería, Herguijuela- los cuales no están presentes en la versión de Ledesma (16).

3. Por último, en la segunda versión aparecen, al final del romance, cuatro versos a modo de conclusión o cierre, muy semejantes a las moralejas finales de los romances de ciego (17).

Como hemos podido comprobar las diferencias, formales y de contenido, son escasas y fácilmente explicables en una pieza literaria de transmisión oral. También existen algunas diferenciaciones de orden léxico y sintáctico, pero de carácter menor que responderían a una explicación similar a la formulada anteriormente.

El "Romance de la viudita", texto C, presenta, en cambio, algunas variantes dignas de mención. El romance no presenta una ubicación geográfica concreta, no se sitúan los hechos en un lugar identificable. Probablemente, al difundirse el poema -esta versión no pertenece al área salmantina-, de una forma inconsciente se ha tendido a una generalización, a una abstracción, prescindiendo de las denominaciones de lugar. También el nombre del mozo que muere ante el toro se ha transformado en Antonio García, probablemente por razones de ritmo y rima, ya que al distanciarse el verdadero origen del romance y la zona donde tuvieron lugar los hechos poco importa dar un nombre u otro. Por otro lado el texto se ha acortado sensiblemente; desaparece el fragmento que narra la salida de los mozos hacia la corrida y el encuentro con el vaquero; asimismo se minimiza el episodio de la muerte del joven, expresado con fuerza y dramatismo en las dos versiones anteriores. Personalmente veo este "Romance de la viudita" como una derivación del primitivo romance, provisto de una fuerza expresiva que nace de la tragedia rural, hacia una composición más dulcificada, menos cruda, y por lo tanto carente de la profundidad poética de los textos anteriores.

El romance sigue vivo, que es lo que de verdad importa, he tenido ocasión de comprobarlo recientemente en algunos pueblos de Salamanca donde las gentes, tal vez con cierto pudor e íntima alegría, conservan estos tesoros de nuestra literatura para dárselos a todo aquel que se interese, de verdad y sin falsa intención, por ellos. No he querido incorporar ninguna de estas versiones recogidas por mí por dos razones: por un lado son totalmente similares a las versiones de Ledesma y Angel Carril, con mínimas variaciones, y, de otra parte, porque deseo ampliar las notas recogidas hasta ahora con una encuesta más seria y profunda en tierras de Salamanca, de la que espero obtener otras muestras que fortalezcan las ya conseguidas.

La sangre, el toro, la arena y la tragedia en el mundo campesino son el corazón del "Romance de los mozos de Monleón" que, por su fuerza y belleza literaria, hemos de tener presente al referirnos al romancero popular español.

(1) Es muy interesante el articulo de Angel CARRIL: "Los mozos de Monleón, en las Obras literarias, Cancioneros y Estudios Romancísticos", en Revista de Folklore, nº 17, págs. 166.
169, Valladolid, 1982.

(2) José María de COSSIO: Los toros en la poesía. Madrid, 1959.

(3) Joaquín DIAZ: Cancionero de Romances (5 discos), 1977.

(4) Angel CARRIL: Sanes y tonadas en tierras de Salamanca (discos), 1980.

(5) Angel CARRIL: Aportación al romancero salmantino a través de "Los mozos de Monleón". (Sin editar.)

(6) Manuel ALVAR: El romancero viejo y tradicional. México, 1971.

(7) Gonzalo MENENDEZ PIDAL: Romancero. Barcelona, 1965.

(8) Angel CARRIL, que recoge en su mencionado artículo "Los mozos de Monleón, en las Obras literarias..." las fuentes por mí citadas, corrige la denominación que Gonzalo Menéndez Pidal da a la ermita de Mesegal; Pidal la denomina Monsegal, realizando Carril, con gran acierto, la corrección de este error.

(9) Op. cit.

(10) Si aceptamos la tesis de Gonzalo Menéndez Pidal, en la ermita de Mesegal.

(11) Dámaso LEDESMA: Folklore o Cancionero Salmantino. Madrid, 1907.

(12) Según se informa en la carpetilla suplementaria de Sanes y tonadas en tierras de Salamanca.

(13) Párate y te contaré (discos), 1978.

(14) El mismo título de la variante que Fernando GOMARIN reseña en artículo aparecido en Santander en 1978, según comenta Angel Carril en su trabajo citado. Yo desconozco esta versión, así como el estudio de Gomarín, por lo cual no puedo comentar posibles paralelismos o diferencias.

(15) Respecto a los apodos o sobrenombres puede ser interesante el trabajo de José DELFIN VAL: "Apodos, motes y cognomentos", en Revista de Folklore, nº 1, págs. 3-13, Valladolid, 1981.

(16) Unicamente se cita el nombre de Monleón.

(17) Tal vez esta conclusión final que aparece en el texto B pueda apoyar las tesis que sostienen que el romance pudo alcanzar gran parte de su popularidad y difusión actual por ser recogido y recitado por alguno de los muchos copleros ciegos que recorrían los pueblos de España. Gonzalo MENENDEZ PIDAL, op. cit., y Joaquín DIAZ, op. cit., entre otros, sostienen esta teoría.