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La fiesta de San Sebastián en Navafría

SANZ, Ignacio

Publicado en el año 1986 en la Revista de Folklore número 68.

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San Sebastián es una de esas fechas-hitos en el refranero español y, al mismo tiempo arranca, tras la fiesta de San Antón, que se celebra tres días antes con el repertorio de fiestas del año nuevo.

"Por los Reyes, como los bueyes;
por San Sebastián, un poquito más;
por San Matías, se igualan las noches con los días".

* * *

San Sebastián al sol;
Santa Agueda, al rincón.

* * *

De los Santos de enero
San Sebastián el primero.

-Detente, varón,
que primero es San Antón.

-Si nos atenemos a las leyes,
primero son los Santos Reyes.

En general, es en las celebraciones festivas de invierno donde mejor se conservan los contenidos rituales. Es más, creemos que son precisamente los diferentes ritos los que han dado continuidad a muchas fiestas que de otro modo es fácil suponer que habrían desaparecido. Lo específico del ritual, el sentido exótico que alcanza para los propios miembros de la comunidad que los ponen en práctica es, creemos, el motor que impulsa a conservar en buena medida estas fiestas. Pero vayamos por partes y entremos, antes de nada, en la descripción de los hechos.

Navafría (Segovia), donde se celebra la fiesta de San Sebastián, es un pueblo de unos 500 habitantes, situado en el piedemonte de la sierra de Guadarrama, en su vertiente norte. Tres días antes de la fiesta (20 de enero) comienza un triduo en honor del santo, a quien se rezan textos de una novena genérica, ya que se carece de textos específicos referidos a la vida de este santo mártir que nació en Milán en el año 302. Pronto se trasladó a Roma y allí a una edad incierta, aunque joven a juzgar por su vida breve, se hizo legionario. En esta época los cristianos son tolerados por el emperador Diocleciano, aunque alguno de los generales del propio emperador les toman como motivo de persecución. Tal es el caso de Maximiliano Hércules que mandaba la compañía en la que Sebastián servía como soldado a Roma. Acusado por el general de cristiano por negarse a adorar al emperador, a quien solo debía obediencia (así llega a través del cura en el sermón de la misa la vida ejemplificante del santo), es mandado asaetear de inmediato por el general, cayendo sobre los miembros atléticos de su cuerpo una insidiosa lluvia de flechas. Para precipitar su muerte es rematado por cuchillos mientras todavía le asoma, antes de expirar, una sonrisa de perdón en los labios (1).

Este santo ha quedado, dentro del martirologio, como prototipo de martirios. Y aún es frecuente escuchar en el lenguaje coloquial frases que aluden a su muerte atormentada: "He pasado más penalidades que un San Sebastián". Claro que existen también letrillas de carácter festivo que aluden al martirio de este santo:

"San Sebastián estaba desnudo
y le daba el sol en el ojo del culo".
"San Sebastián estaba corete
y le daba el sol en el ojete".

O ésta que se utiliza con los niños desnudos en el momento de vestirles:

"San Sebastián corete,
bésale el tete".

Lo cierto es que estas pinceladas históricas que vagamente nos hablan del santo ponen en pie a los símbolos de los que se nutre la fiesta que, salvo el triduo, se desarrolla íntegramente en este día.

CONTENIDOS DE LA FIESTA

La fiesta, en al que participa todo el pueblo, discurre, fundamentalmente, en torno a ocho mujeres, cada una de las cuales tiene asignado un nombre y un distintivo que las caracteriza:

Nombre Distintivo .

1ª Quitavergüenzas, Sabe
2ª Capitana, Palillo
3ª Teniente Capitana, Sable
4ª La del palillo, Palillo

Estas cuatro mujeres son casadas y cubren sus cabezas con una toca. Tras ellas, en orden jerárquico, vienen las cuatro solteras, dos mozas y dos niñas, que se tocan la cabeza con la clásica montera segoviana:

Nombre Distintivo

1ª Moza primera, Bandera
2ª Moza segunda, Cuchillón
3ª Cabo de escuadra primera, Cuchillón
4ª Cabo de escuadra segunda, Cuchillón

Durante los festejos que se celebran por la mañana visten con traje de gala, de color negro, que es un signo de elegancia. Por la tarde cambian sus manteos negros por los rojos, que tienen un carácter más ordinario, menos solemne.

A cada una de estas mujeres las acompaña un hombre; en el caso de las casadas, su propio marido; y en el caso de las niñas y mozas, su padre.

La Quitavergüenzas es la primera en salir de su casa y se encarga de ir recogiendo a las demás, en función de la disposición de sus casas dentro del entramado urbano del pueblo. Sólo la Capitana ha de ser la última en ser recogida. Durante el recorrido por el pueblo, como luego, en los actos religiosos, se mantiene rígidamente la colocación en función del orden jerárquico que ocupan. En casa de la Capitana toman una pequeña colación y desde allí, con acompañamiento de música parten junto con la comitiva que se va uniendo hacia la iglesia. Cada una de ellas lleva en lugar preminente sus distintivos: sables, cuchillos, palillos y bandera, que en conjunto representan una escuadra que enlaza con la simbiología militar del santo a quien se festeja.

Tras entrar en la iglesia se saca a San Sebastián en andas y se inicia una procesión por las calles del pueblo encabezada por el pendón y la hermosísima cruz procesional. San Sebastián está representado por una imagen policromada en la que se le ve atado a un tronco de árbol en dolorido tormento, con siete flechas atravesando diversas zonas del tronco y de las extremidades.

Los maridos de las casadas que visten con normalidad, serán, durante la mañana, los encargados de portar las andas que sólo ceden para bailar con sus mujeres, y el resto de las solteras, ante la imagen del santo. Se echan vítores al concluir cada baile y las campanas de la torre no dejan de ser volteadas durante el recorrido de la procesión. Al llegar de nuevo a la puerta de la iglesia se adora al santo. Consiste tal adoración en besar la estola roja (por el martirio) del sacerdote, que se interpone entre San Sebastián y los feligreses que van pasando. Lógicamente las primeras en adorarle son las mujeres, luego sus maridos o padres y detrás el resto de la parroquia. Luego se subastan los palos y la subida al trono del santo e inmediatamente después se entra en el templo y comienza la misa, donde, salvo el sermón, no existe ninguna otra referencia o ritual específico de este día.

Al salir de la misa todos los asistentes acuden aun salón del ayuntamiento donde la Capitana y el resto de las mujeres ofrecen vino, limonada y bollos. Se baila también de modo desenfadado. Esa colación es costeada equitativamente por las mujeres.

Nos explicaron que, en la antigüedad, como quiera que eran épocas de nieve y los hombres, por este motivo estaban paralizados, se hacían colectas por todas las casas y se recogían longanizas, morcillas, cecinas, tocino, patatas y otros alimentos propios de la época de matanzas por lo que se seguía la chanza durante ocho días, en los que el pueblo entero, con el estómago lleno, se entregaba al frenesí festivo. Por entonces esta fiesta era considerada la más importante del pueblo, mientras que, hoy se ve desplazada, por San Lorenzo, patrón de la parroquia que se celebra el día 10 de agosto.

Tras la colación y el baile, las mujeres con sus maridos o sus padres -según los casos- comen en hermandad quedando paralizada la fiesta hasta las cinco, en que se inicia el rosario con el que concluye el triduo a San Sebastián.

Se le vuelve a sacar en procesión por la tarde. En esta ocasión, como dijimos, las mujeres ya se han cambiado sus manteos negros por los rojos. Y ahora serán los padres de las mozas y los de las niñas quienes porten las andas del santo, que es llevado con acompañamiento de música hasta el pago donde estuvo situada la antigua ermita, en las afueras del pueblo, hoy desaparecida. Con ello se dan por concluidos los actos religiosos aunque el baile continúa hasta la noche.

ELECCION DE CARGOS Y CONCLUSIONES

Los cargos de las mujeres se renuevan cada año el día primero de enero y duran todo el año natural, hasta el 31 de diciembre, aunque, en realidad, salvo la Capitana que será la encargada de atender durante este periodo el altar del santo en la iglesia, el resto queda ya libre de obligaciones.

Al finalizar este período cada una de estas mujeres "echará" a otra para que la siga en su propio cargo. Las "echadas" tienen obligación moral de aceptar, aunque se ha dado el caso, en rara ocasiones, de haberlo rechazado. Otras veces las "echan" de mutuo acuerdo o a petición de la propia interesada que lo solicita. Un solo requisito se sigue: que las mujeres no sean viudas o las mozas y niñas huérfanas, ya que, en ese caso, carecerían de acompañante.

Es curioso anotar que algunas de las mujeres que ocupan estos cargos, aunque hijas del pueblo, viven desde hace tiempo alejadas de él, y son las más interesadas en ser "echadas", acaso para reafirmar su vinculación con la comunidad.

El culto a San Sebastián está muy extendido en la provincia de Segovia, y precisamente, en ermitas, muchas de las cuales, como es el caso de Navafría, Muñoveros o Sotosalbos, han desaparecido en la actualidad. Desde luego su imagen recibe culto en muchas iglesias. En Sotosalbos la fiesta era protagonizada por los mozos, según testimonio de los viejos, recogido por el cura de este pueblo: "Después de la misa a la que asistían los mozos con trajes vaqueros y cencerros, con los que anunciaban, previamente, la fiesta por las calles del pueblo; por la tarde se representaban en la plaza diversas escenificaciones con disfraces, diálogos, bailes y dichos de la hilandera que, con su rueca y su huso, los relataba desde el carro preparado al efecto en medio de la plaza. Vestían la vaquilla que paseaban y luego mataban simbólicamente. A continuación había vino para todos y cena para los mozos. (2).

Sospechamos que la fiesta de Navafría que hemos descrito pudiera haber alcanzado en la antigüedad mayor complejidad, pues lo cierto es que ahora las mujeres en torno a las cuales se desarrolla, mantienen una actitud cuasi pasiva, sin ningún cometido o confrontación como cabría esperar de los símbolos que encarnan, limitándose a poco más que el mero lucimiento de su rica y colorida vestimenta.

____________
* Fotos: POTOTO.

(1) Consultado el cura sobre los datos expuestos en el sermón, dijo haberlos extraído del libro de Fray Justo Pérez de Urbel Año Cristiano.

(2) Pablo SAINZ CASADO: Primeras Crónicas de Sotosalbos, págs. 25-26, Unión Editorial, Madrid, 1982.