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Espejo "persona querida" mirífica creación de la musa popular

ARMISTEAD, Samuel G. y SILVERMAN, Joseph H.

Publicado en el año 1986 en la Revista de Folklore número 71.

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En el gran Diccionario de Autoridades, s. v. espejo, se puede leer: "Mirarse en uno como en su espejo. Locución expresiva de grande cariño y amor que a otro se tiene." Y en el valioso Diccionario de uso del español compilado por María Moliner se encuentra s. v. espejo "Mirarse en una persona como en un espejo. Tenerle mucho cariño y complacerse en sus gracias y buenas cualidades." No se trata, pues, de una expresión cuyo sentido se ha esfumado tras la pátina de los siglos. No hace falta tener gran erudición filológica para descubrir algún recóndito valor semántico. Sólo es cuestión de reconocer y apreciar su valor expresivo dentro de los diversos contextos que ha logrado crear la "musa vulgar" (1) y que escritores de la talla de un Cervantes o un Lope de Vega han sabido emular.

En la dedicatoria de su comedia La francesilla, dirigida al Licenciado Juan Pérez, Lope de Vega alaba a la señora sor Petronila Madalena porque "es un ángel en quien, como espejo lucidísimo, justamente se miran sus padres" (Acad. N., V, 665 a) (2). En otra comedia lopesca, El galán escarmentado, una dama se despide de un galán de quien finge estar enamorada, llamándole "mi señor, / y mi espejo en que me miro" (Acad. N., I, 126 b). En el "Bayle famoso del Caballero de Olmedo, compuesto por Lope de Vega", se lee de don Alonso que "Todo Medina se altera / si él se remira en su espejo" (3), es decir, se fija arrobado en su amada. Y en Los amantes sin amor, también de Lope, un caballero pregunta:

¿No es mujer para querer
Liseo, Octavia entre cuantas
hoy tienen buen parecer?
¿No es muy digna aquella cara
de un honrado pensamiento?
¿Y aquel alma noble y rara?
En aquel entendimiento,
¿qué entendimiento no para?
¿Habéis visto vos espejo más gallardo?
(Acad. N., III, 148 a-b)

Como se ve, aun sin el verbo mirar, el vocablo espejo sirve para evocar la imagen de una persona querida por sus cualidades espirituales y físicas. Un precioso ejemplo de tal uso se encuentra en El villano en su rincón. Cuando el rey se encuentra por primera vez con Lisarda, le pregunta:

¿Sois hija deste buen viejo
que llaman Juan Labrador?

Y ella contesta:

Yo soy su hija, señor,
y aunque tosca, fui su espejo.
(Acto I, vv. 840-843)

Los diversos eruditos que han editado la comedia no han visto problema ninguno en este pasaje. Y sólo E. Correa Calderón y F. Lázaro consideraban que era necesario definir "su espejo". En su edición (Salamanca-Madrid: Anaya, 1961) dan como equivalente la frase "su viva imagen". Aunque no es una definición improbable, no contribuye nada a señalar los matices poéticos del verso ni a iluminar su referencia sutil a la relación entre Lisarda y su padre. Lo que hay que, tener en cuenta es el brusco cambio del presente aun pretérito que sugiere una rotura en la que había de ser una relación idealmente feliz. Hace falta percibir un conflicto generacional entre padres e hijos y la lucha posiblemente trágica entre aldea y corte, tan brillantemente desarrollada por Lope dentro de la familia misma de Juan Labrador. Es esta lucha de Lisarda contra los gustos de su padre, que se ha agravado con la llegada del rey a su aldea, que se evoca con el hermoso verso "y aunque tosca, fui su espejo", otro homenaje lopesco a la belleza duradera de las imágenes de la poesía popular.

Este último ejemplo de Lope -tan dulcemente melancólico- sirve de engarce al muestrario de la poesía popular y tradicional en que, la imagen sirve con frecuencia aunque no siempre para evocar la muerte, la pérdida trágica y definitiva de la persona querida. De este uso hay varios ejemplos del romancero tradicional ya desde sus primeros tiempos:

-¡Hijo Gonzalo González. de lo que más me pesaba es de lo que sentirá vuestra madre doña Sancha! Erades su claro espejo; más que a todos os amaba. (Saliendo de Canicosa: Primavera 23)

-¡Oh triste reina mi madre, Dios te quiera consolar, que ya es quebrado el espejo en que te solías mirar! (Marqués de Mantua: Primavera 165)

-¡Oh desventurado rey que en el mundo no hay su par ¡ ¡Oh mi hija Guiomar, espejo de mi mirar ¡Oh descanso de mi vida, reposo de mi pesar! (Guiomar y el emperador: Primavera 178)

En la tradición moderna se encuentra en la endecha sefardí de Marruecos Muerte que a todos convidas:

Esa era una bien casada
si bien la oyistis decir,
quebrádose l´ha el espejo
en que se solía vestir.

Esa es una bien casada,
si bien la oyistis nombrar ,
que se le ha quebrado el espejo
en que se solía mirar.

También se encuentra en subtradiciones del romance de La mala suegra:

-Déme usted el espejo, madre, donde me suelo mirar.

-¿Cuál espejo quieres, hijo, el de oro o el de cristal?

-No pregunto por el de oro, menos por el de cristal,
que pregunto por Algora; doña Algora, ¿dónde está?

Se encuentra además en varios otros romances modernos (4).

Francisco Rodríguez Marín ofrece estos dos preciosos ejemplos en sus Cantos populares españoles, tomo III, núms. 5459-5460:

Maresita mía,
¡Mir usté por dónde
Al espejito donde me miraba
Se le fue `l asogue!
De lo más arto der sielo
La media luna cayó:
Ya se me quebró el espejo
Donde me miraba yo.

Finalmente, para mostrar que sigue vigente la hermosa metáfora en la poesía de vena popular hasta hoy en día, he aquí un ejemplo de la poesía de Violeta Parra:

De un brutal casamiento
resulta un pobre inocente
que lo llamaron Vicente
por corretear mil tormentos.
Tullido, mudo y demente
vivió estirado en la cama,
con pena Acario lo llama,
pensando día por día,
que aquel monstrito de cría
es el espejo ´e su mama. (5)

____________
(1) F. RODRIGUEZ MARIN en su edición de Don Quijote de la Mancha (Madrid, Atlas, 1947), II, 341.

(2) En Don Quijote (I, 28) se lee que Dorotea "era el espejo en que se miraban" sus padres, "el báculo de su vejez". Para otros ejemplos cervantinos, véase el valioso Vocabulario de Cervantes (Madrid, Real Academia Española, 1962) de Carlos FERNANDEZ GOMEZ, s. v. espejo.

(3) El texto del baile se reproduce en la edición de El caballero de Olmedo de I. I. MacDONALD (Cambridge: Cambridge University Press, 1962), 124-126, pág. 125.

(4) Para otros varios ejemplos de la tradición moderna, véase nuestro libro Judeo-Spanish Ballads from Oral Tradition, I, Epic Ballads (Berkeley, Los Angeles, London: University of California Press, 1986), págs. 255-256.

(5) Violeta PARRA: Décimas (Barcelona" Editorial Pomaire, 1976), pág. 143. Se trata del poema llamado "Un corderillo en el puente".

*University of California, Davis
University of California, Santa Cruz