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Datos sobre otra BOTARGA desaparecida de la casa de Uceda(1)

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón / MATEO VIÑUELAS, Raquel

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 74.

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Casa de Uceda es un pequeño pueblo agrícola de La Campiña, cuya vega está regada por el río Jarama y aireada por los vientos del no lejano Pico Ocejón y la Sierra de Concha, pertenecientes a las estribaciones del Sistema Central, que en siglos pasados perteneció al condado de Uceda, siendo solamente, según cuenta la tradición, una finca donde estaba confinado un hijo bastardo del conde de Uceda, que padecía, además, alguna enfermedad mental o defecto físico que le hacía ser la vergüenza de tan noble familia.

Tras desaparecer dicho condado y aumentado notablemente el número de habitantes, la antigua finca se convirtió en la villa llamada Casas de Uceda Campo del Rey (2).

Actualmente pertenece al partido judicial de Cogolludo.

En este Jugar, al que separan 35 kilómetros de Guadalajara capital y entre otras muchas tradiciones, ya casi todas desaparecidas -como la famosa Feria de aperos del día de San Bernabé, a principios del verano- existió la ancestral figura de la botarga, al igual que en algunos pueblos próximos: Villaseca de Uceda, Viñuelas, Valdepeñas de la Sierra, etc. (3). Desapareció como en otros casos a causa de la última Guerra Civil española; no ocurrió aquí como en el cercano Valdenuño Fernández, donde se volvió a instaurar como costumbre anual, tras superarse los años de mayor depresión económica, sino que se extinguió como tradición ya para siempre, aunque todavía hoy siga viva en el recuerdo de los más ancianos del lugar (4).

Nadie sabe cuándo se inició esta tradición que se pierde en la memoria de los lugareños: «es algo que se ha hecho de siempre y duró hasta la guerra».

Lo cierto es que los 30 de diciembre «desde siempre», el ambiente festivo se empezaba a «sentir» desde por la mañana, cuando todos los casaucedanos tenían la misma conversación o el mismo pensamiento: cada uno en su quehacer diario se preguntaba cómo resultarían ese año los días festivos que se avecinaban y el jolgorio que empezaría esa misma noche.

Algunos vecinos nos comentan que en aquellos tiempos en que la vida era «trabajar mucho y muy duro, para comer lo justo o de menos, desde que salía el sol hasta las puestas», cualquier motivo que rompiera esa monotonía y sirviera de descanso y divertimento, era el tema de conversación y la animación de varias jornadas de trabajo.

RONDA DE LOS MOZOS

A media tarde del 30 de diciembre, algunos mozos volvían al pueblo para juntarse en la taberna.

Una vez reunidos, salían de ronda por todo el pueblo, cantando acompañados por guitarras, bandurrias, castañuelas, triángulo y huesos o ginebra (5) (fig. 1), que tocaban ellos mismos, y pidiendo de casa en casa lo que tuvieran a bien darles, con destino a la merienda que celebrarían al día siguiente, de San Silvestre.

Les daban dinero generalmente, pero también alguno de los productos de que se disponía: huevos o matanza recientemente hecha: chorizos, morcillas, hugueña (6) e incluso se recuerda que un año se dio el caso de que los mozos robaron un jamón de la casa donde más abundaban, lo cual se les perdonó «por ser el día que era».

Entre las coplillas y jotas que cantaban con motivo de la cuestación, hemos podido recoger esta estrofa:

Mañana si vas a misa,
allí verás al Cordero,
que nació de Madre Virgen,
para ser Rey de los Cielos.

Esta cuarteta asonantada, también llamada tirana, con versos octosílabos, tiene un marcado carácter popular y es la misma que recogimos en Villaseca de Uceda (7). Hecho normal, teniendo en cuenta que estos dos pueblos no distan entre sí más que 3 kilómetros.

La ronda se alargaba hasta altas horas de la noche.

DIA DE LOS MOZOS

El día siguiente, 31 de diciembre, día de San Silvestre, era festejado como «el día de los mozos» por antonomasia (8).

La mañana transcurría tranquila para todo el pueblo, salvo para los dos mayordomos, que eran los dos mozos (solteros) más viejos de la villa. Se les llamaba así porque eran los encargados de organizar y preparar todo lo recogido la noche anterior en la ronda, para la merienda, incluida la administración de los dineros conseguidos, que se utilizaban en la compra de algunas cosas más (9).

A la caída de la tarde, al toque de la oración llamada del anochecer, corría de boca en poca la siguiente coplilla:

El día de San Silvestre,
al toque de la oración,
al casado que se encuentre,
se le tirará al pilón.

Esta graciosa cuarteta-sentencia se cumplió en varias ocasiones.

Ya anochecido, se reunían de nuevo todos los mozos del pueblo para merendar lo que los mayordomos habían preparado, ayudados por algunos de sus compañeros.

Tradicionalmente la merienda se componía de escabeche, sardinas arenques, huevos fritos, jamón, chorizo, morcilla, etc., todo ello regado por abundante y buen vino de la tierra por aquellos años (10).

Bien comidos y bien bebidos los mozos, la música se convertía en la protagonista de la reunión, junto con los consabidos chistes y chascarrillos. Después, salían a rondar a las mozas hasta el amanecer.

DIA DE LOS CASADOS: RONDA Y BOTARGA

Pero como los casados no iban a ser menos, el primer domingo después de Reyes u octava de Epifanía, se celebraba la fiesta del Niño de la Bola, aquí llamado Niño del Remedio o de los Remedios, por los lugareños (11) (lám. 1).

Este día fue «institucionalizado» como «el día de los casados», y es entonces cuando aparecía el persona de la botarga.

Todo empezaba antes de la misa, hacia las 8 ó 9 de la mañana, cuando la botarga, acompañada por cuatro bailarines o danzantes y de cuatro a seis músicos (dependiendo de los años) iban de casa en casa pidiendo, al mismo tiempo que tocaban y bailaban jotillas, seguidos por un tropel de chiquillos (12).

Además de la copla que también cantaban los mozos, anteriormente mencionada, los casados compartían con ellos otras varias que poseían en su repertorio:

A la jota Julián
que eres un galopín,
que por no trabajar
te has metido alguacil.

Igualmente hemos recogido otra, muy parecida a una oída en Villaseca de Uceda:

Danos aguinaldo Rosa,
lucero del claro día,
que en un día como éste
no nos dirás que no había.

En este caso el nombre Rosa se sustituía por otros nombres de mujer, en cada casa el que correspondía a la dueña, acomodándolo lo más posible a la rima (13).

Tras las danzas de petición y la recogida del aguinaldo se cantaba otra jotilla llamada despedida. Veamos un ejemplo:

La despedida te doy
la que echó Cristo en el río,
que los peces quieren agua
y las mujeres marido (14).

Los instrumentos utilizados por los músicos eran de nuevo guitarras, bandurrias, el triángulo y los huesos o ginebra. Los danzantes, al mismo tiempo que bailaban la jota, tocaban las castañuelas.

En cada casa como aguinaldo les entregaban todo tipo de cosas, pero sobre todo dinero, y de vez en cuando naranjas y algún producto de la matanza (15). También se dio el caso en alguna ocasión, que la botarga robaba algún jamón o vuelta de chorizo, descolgándolos del techo con su cachiporra.

Los vejetes del lugar recuerdan que cuando la botarga entraba en una casa a pedir, la dueña no dejaba salir a recibirla a las mozas casaderas que hubiese en casa, porque les levantaba los vestidos con la cachiporra (16).

Según avanzaba la comitiva por las calles, los chiquillos del pueblo soliviantaban a la botarga que los perseguía, diciéndole:

Botarga la larga
cascaruleta,
mata las pulgas
con una escopeta (17).

Ella se enfurecía y cachiporra en ristre, perseguía con más ahínco a la chiquillería, y aunque no llegaba a pegar a nadie, los asustaba y divertía.

La cachiporra era de madera, medía aproximadamente un metro, tenía en su parte superior la cabeza de un perro toscamente labrada y terminaba en una especie de taruguillo o bola, toda ella de una pieza. (Fig. 2).

LA VESTIMENTA

El traje de la botarga, en su primeros tiempos, era de una sola pieza, como una especie de mono muy ancho, abrochado por delante con botones bastante grandes forrados de la misma tela que el traje: franela a base de piezas o trozos cosidos entre sí, de colores muy vivos: rojo, amarillo, verde y azul (18).

Se ajustaba al cuerpo con un cinturón ancho o cinta de cuero con cascabeles y campanillas. Llevaba también unos pretales de mula cruzados en el pecho, además de algunas campanillas y cascabeles, pero esta vez cosidos en las mangas.

Llevaba un gorro, de forma cónica, terminado en una borla con flecos que colgaban hacia un lado.

En la cara, casi siempre tiznada, se colocaba a veces unas largas barbas y un bigote de un rubio casi rojizo, pero nunca usaba máscara.

Debajo del traje, camisa blanca y calcetines del mismo color .

Calzaba borceguíes o borcequises, que eran unas botas de cuero color marrón, lisas y hasta los tobillos, donde terminaban en un elástico de goma con hebilla al lado derecho.

Se recuerda igualmente que algunos años se pintaba las manos de rojo o se colocaba unos guantes del mismo color, aunque en otras ocasiones llevaba las manos limpias.

Al lado izquierdo del pantalón pendía, colgada del cinturón una taleguilla o faltriquera (fig. 3) de cuero forrado de la misma tela que el traje, como sucedía con los botones. Aquí era donde la botarga guardaba el dinero recolectado.

Más adelante, este traje que se había deteriorado mucho con los años, fue arreglado y recompuesto por una hábil lugareña pasando a ser de dos piezas: una chaquetilla corta y unos pantalones de tipo bombacho, ajustados bajo las rodilla (según unos testimonios) o en los tobillos (según otros). El resto de la indumentaria no varió hasta su desaparición. (Figura 4).

El traje de los danzantes estaba confeccionado en paño, lana o pana y se componía de pantalón tobillero y chaquetilla corta. También camisa y medias blancas, además de zapatos negros.

A la cabeza se colocaban un pañuelo de mujer, doblado en forma de triángulo y atado en el lado izquierdo; era de colores muy llamativos, recordándose sobre todo el uso de pañuelos rojos, con flecos en algunos casos.

Los músicos no tenían una vestimenta característica que les diferenciara. Cada uno acostumbraba a llevar la mejor ropa que tuviese, pero parece ser que existía entre ellos tendencia a ponerse un traje gris o negro y también camisa blanca.

EN MISA

Tras finalizar la ronda, sobre las once de la mañana se tocaba a misa, a la que asistía el pueblo entero debidamente endomingado como correspondía a la ocasión.

En la puerta de la iglesia se situaba la botarga, amenazando con la cachiporra y con su faltriquera preparada, dispuesta a no permitir el paso al recinto sagrado a quien no le diera alguna limosna (se acostumbraba a dar un céntimo, posteriormente cinco y poco a poco subió a diez, llegando al final de su existencia hasta los dos reales).

Simultáneamente aguantaba las bromas de los niños a los que intentaba ahuyentar (éstos también tenían que pagar para entrar al templo).

Todo el dinero recolectado aquí y en la ronda, a golpe de cachiporra, era para la iglesia, donde se empleaba en alumbrar al Niño del Remedio durante todo el año, y en todo aquello que fuera necesario para el culto.

Una vez que el pueblo entero estaba en la iglesia, entraba la botarga, que se situaba en los últimos bancos, más próximos a la puerta; allí permanecía durante toda la misa en actitud respetuosa, con la cabeza descubierta; ora se sentaba ora se levantaba, pero sin molestar a nadie.

ALMONEDA, PROCESION y REFRESCO

Al terminar la misa, la botarga salía la primera a la calle, donde junto con los danzantes y los músicos, esperaba el comienzo de la procesión, con la salida del Niño del Remedio. Una vez éste en la calle, en ausencia del sacerdote, se almonedeaban las varas de las andas.

Los mejores postores llevaban la imagen por todo el pueblo, precedidos de los danzantes y músicos que cantaban y bailaban durante la casi totalidad de la procesión, encabezados por la botarga que avanzaba a saltos, moviéndose constantemente de un lugar a otro sin orden ni concierto, haciendo el máximo ruido posible con sus pretales, campanillas y cascabeles.

Unas veces iba de espaldas al camino, otras de frente, pero siempre alborotando, aunque sin hablar ni gritar frase alguna.

Detrás de la imagen caminaba el sacerdote acompañado por los monaguillos y los fieles.

Al regreso de la procesión, eran las autoridades del pueblo quienes portaban las andas (el alcalde, el teniente alcalde, el juez de paz y el secretario) y conducían la imagen hasta el interior de la iglesia, donde de nuevo penetraba la botarga con los danzantes y los músicos, que seguían tocando, cantando y bailando.

Una vez finalizados los actos de carácter religioso, todos los habitantes de Casa de Uceda se reunían en el salón de la Casa de la Villa donde tenía lugar el refresco, acto que se alargaba hasta la hora de comer .

El refresco era preparado por dos mayordomos -que lo eran este día los dos hombres últimos casados- y consistía en una reunión desenfadada donde se «abría boca» con rosquillas fritas, magdalenas, bollos de aceite, mantecados y toda clase de dulces confeccionados por las dos mujeres de los mayordomos. A estas vituallas se unía todo lo recogido por la ronda durante la mañana, y se regaba con vino, aguardiente y coñac (19).

Tras el refresco, todas las personas iban a sus casas a comer, salvo la botarga, los danzantes y los músicos, que comían en casa de los mayordomos y según «los posibles» de éstos lo hacían a base de migas con chorizo o con una paella.

Después de hacer convenientemente la digestión de la comida, a media tarde aproximadamente, se volvían a reunir todos en la plaza del Ayuntamiento, si hacía buen día, o en la Casa. de la Villa si hacía frío, para dar comienzo al baile, amenizado con un antiguo «manubrio» u organillo. Aquí, los danzantes se confundían con el resto de la gente; la botarga asistía también al baile, donde se dedicaba a perseguir a los chavales y a incordiar a las mozas, a las que si no tenían cuidado o estaban despistadas bailando o hablando, levantaba las faldas, ante lo que los mozos contestaban con risas y frases atrevidas.

A las mujeres casadas las respetaba en todo momento.

El baile se prolongaba hasta la hora de la cena, alrededor de las diez de la noche, en que todos se recogían en sus casas, incluida la botarga, no sin pena de que estos alegres días tocasen a su fin.

MUERE LA TRADICION

Como dijimos al principio, esta tradición de la botarga desapareció prácticamente con la Guerra Civil. Desde el año 1936 fue suspendida hasta 1939. Entonces, conmemorando el final de la confrontación bélica, se volvió a celebrar la fiesta antes descrita los días 30 y 31 de diciembre a principios del año 40.

En febrero de ese mismo año, el Martes de Carnaval, y en contra de toda costumbre, volvió a aparecer la botarga, pero esta vez junto a otras muchas personas disfrazadas, entre las que llamaban la atención dos muchachas vestidas de vaca brava, cubiertas con una manta oscura a la que cosieron o ataron unos enormes cuernos de toro, a la manera de las vaquillas serranas.

En esta ocasión la botarga no era, en absoluto, la protagonista, aunque su comportamiento con respecto a la chiquillería y a las mozas era el mismo que había manifestado en las otras ocasiones.

Esta es la última vez que se vio a la botarga y que se celebraron las fiestas descritas; un poco por presión política y otro poco por desánimo de los casaucedanos, la tradición desapareció.

A propósito de las personas que asumían el papel de botarga, hay que añadir que eran siempre hombres de entre 40 y 60 años, pertenecientes a la más baja escala social: pastores, criados, porqueros, etc. Se recuerda todavía el nombre de alguno de ellos y aproximadamente los años en que desempeñaron el papel de botarga.

Alrededor de 1920 v 1923 salió Emiliano González «El Churro», que era porquero; desde 1923 hasta 1926 aproximadamente, lo fue Casto García, «El tío Plin», pastor de profesión; entre el año 26 y el 29 hizo la botarga Pedro de Diego, más conocido como «Perico el Cojo», criado; desde 1930 hasta 1932, Teodoro García, «El tío Pladera», que guardaba bueyes y vacas; por último y entre 1932 y 1940 (salvo el período de la guerra) lo fue Faustino González, guarda de las viñas de Uceda, y la botarga más conocida y recordada por las gentes de Casa de Uceda, por ser la más reciente, con el mote «El tío Patena».

Como ya hemos señalado más arriba, en el año 1940 se suspendió la tradición y ya nunca se ha vuelto a retomar.

___________

(1) Las informaciones recibidas proceden de las siguientes personas : Eulalia García de Diego, de 85 años; Severina Sanz del Rey, de 61; Apolonio Rubio Serrano, de 70; Sagrario de Diego, 74; María Velasco Mateo, de 61; Juana Sanz Pascual, de 54; Remedios Echevarría, de 79; María Román, de 78 y Lorenzo Sarrasí, de 79, todos de Casa de Uceda, así como Demetria Mateo de Pascual, de 83 años, procedente de Villaseca de Uceda, durante los días 7, 15 y 24 de diciembre de 1985 y 15 de febrero de 1986. Nuestro agradecimiento.

(2) Datos históricos en PEREZ VILLAMIL, Manuel: Memorial Histórico Español. Colección de documentos, opúsculos y antigüedades que publica la Real Academia de la Historia. Tomo XLVII. Relaciones Topográficas de España correspondientes á pueblos que pertenecen hoy á la provincia de Guadalajara, con notas y aumentos de D. ...Académico de Número. VI. Madrid, Establecimiento Topográfico de Fortanet, 1915, págs. 55-59, y Aumentos en pág. 60.

(3) Para las dos primeras poblaciones ver LOPEZ DE LOS MOZOS, J. R. y MATEO VIÑUELAS, R.: Tres "botargas" desaparecidas: las de El Vado, Viñuelas y Villaseca de Uceda", Revista de Folklore, 46 (Valladolid, 1984), págs. 118-124. Para Valdepeñas de la Sierra GARCIA SANZ, S. : "Botargas y enmascarados alcarreños (Notas de Etnografía y Folklore) ". R. D.T. P. IX, cuad. 3º. (Madrid, 1953) : XXIV) Otras "botargas" desaparecidas: las de Valdepeñas de la Sierra y La Mierla". (Inédita la 2ª. parte).

(4) Actualmente la botarga de Valdenuño Fernández es la única que permanece activa. en la antigua tierra de Uceda.

(5) "Instrumento grosero, inventado para hacer ruido, y hoy ya desusado. Componíase de ocho ó diez palos tendidos, redondos, ensartados por ambas puntas, y el mayor, de largo de una tercia; los demás iban en disminución hacia arriba. Tocábase dando en ellos con otro palo como de tambor, con que se formaba el ruido". BARCIA, R. : Primer Diccionario General Etimológico de la lengua española. Tomo II. Barcelona, s. f.(1880), pág. 954, voz GINEBRA. No figura en las voces HUESOS ni HUESO.

(6) También se conoce con los nombres más populares de hueña o gueña, embutido similar al chorizo, pero hecho a base de tocino y recortes de carne de peor calidad.

(7) Según BARCIA, R.: Op. cit., tomo V, pág. 134, tirana es "cierta canción española, cuyo nombre tomó de la letra primitiva: ¡Ay TIRANA, TIRANA!" y en una segunda acepción "Adjetivo. Aplicase como requiebro y primor airoso, a la mujer á quien se festeja, en cuyo sentido se dice gallardísimamente : Hermosa TIRANA ".

(8) Este día de vísperas también era propio de los mozos al celebrarse las botargas de El Vado, Viñuelas y Villaseca de Uceda.

(9) Sobre este tipo de asociaciones de mozos pueden consultarse: GARCIA SANZ, S.: "Los aguinaldos de Santa Agueda (Fiesta de los mozos de Ruguilla. Guadalajara)". Actas del I Congreso de Etnografía y Folklore (Braga, Portugal, 1951). Lisboa, tomo I, 1963, págs. 233-242. CARO BAROJA, J. : El Carnaval (Análisis histórico-cultural). Madrid, Ed. Taurus, 1965. pág. 153 (parecido con los "marzantes"). LOPEZ DE LOS MOZOS, J. R.: "Descripción de una fiesta serrana: La Machada de El Bocígano. Posibles paralelismos". WAD-AL-HAYARA, 8 (1981), págs. 495-504 (paralelismo con la "rueda" de Torrejón del Rey, en la misma provincia de Guadalajara). MIGUEL LOPEZ, M. A. : Guía del macizo de Ayllón, 1ª. ed., Madrid, Tierra de Fuego, 1982, págs. 80-85 (“La Machá"). Algo similar en Valverde de los Arroyos: "La machorra" del día de Todos los Santos, que aún no hemos estudiado suficientemente.

(10) La filoxera dio al traste con el cultivo de la vid años antes de la guerra.

(11) En dicha fecha efectúa su salida, en la actualidad, la botarga de Valdenuño Fernández (fiesta del Niño Perdido). En Majaelrayo también salían en igual fecha (fiesta del Santo Niño) aunque a principios del siglo pasado se trasladó al primer domingo de septiembre. Sobre esta última fiesta véase : Programa oficial de festejos. organizados por la HERMANDAD DEL SANTO NIÑO y el Ayuntamiento de Majaelrayo, que se celebrarán durante los días 4 al 7 de septiembre de 1976, con motivo de las Fiestas MAyores en honor del SANTO NIÑO "DULCE NOMBRE DE JESUS". Majaelrayo (Guadalajara). Septiembre 1976, pág. 4 (firma El Priostre). Existe una ampliación del programa anterior, titulado: " Majaelrayo: su paisaje, sus costumbres". Sin data ni paginación (firma Isidoro MORENO). Hay otra 3ª. ed. MIGUEL LOPEZ, M. A.: Op. cit., págs. 186-192. LOPEZ DE LOS MOZOS, J. R.: "Dos "botargas" de ciclo invernal en Majaelrayo (Guadalajara) : Conclusiones definitivas", Revista de Folklore, 39 (Valladolid, 1984), págs. 82-83.

(12) Seguimos encontrando el mayor parecido de esta botarga desaparecida con la de Valdenuño Fernández.

(13) Otras coplillas escritas en cuartetas octosílabas, tanto con rima consonante como asonantadas son :

"Por esta calle que vamos, / tiran agua y salen rosas / y por eso la llamamos / la calle de las hermosas". "Chiquita y regordita / como un grano de cebada, / lo que tienes de chiquita / lo tienes de resalada. ."Desde tu casa a la iglesia / he de plantar un jardín, / para que todas las flores / tengan envidia de ti". "Quién fuera clavito de oro / donde cuelgas el candil, / para verte desnudar / y por la mañana vestir".

Había también coplillas un poco más criticas, aunque eran las menos cantadas, como esta: "Por esta calle que vamos, / tiran agua y salen chinas / y por eso la llamamos / la calle de las gorrinas". (por oposición a la primera de las coplas citadas.). Las estrofas anteriores son las que cantaban y bailaban los danzantes y los músicos cuando llegaban a una casa, acompañando a la botarga, antes de recibir el aguinaldo.

(14) También se cantaban estas otras, a modo de despedida: "Si tuviera una naranja / contigo la partiría, / pero como no la tengo / ésta va por despedida". "La despedida te doy / porque sé que la "mereces, / que la hierba que tú pisas / después de seca florece”.

(15) Sobre el simbolismo de la naranja véase LOPEZ DE LOS MOZOS, J. R.: "Las "botargas" : su simbolismo y cambios de significado". Ponencias y Conclusiones. I Jornadas de Estudio del Folklore Castellano-Manchego. Cuenca, marzo 1983. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Consejería de Educación y Cultura, págs. 113-131.

(16) Sobre el uso de la cachiporra: LOPEZ DE LOS MOzos, J. R. y SANCHEZ MINGUEZ, D. : "La botarga recuperada de San Blas, en Peñalver (Guadalajara)". En prensa.

(17) Existen otras variantes : castalañuela y castañuelera (Valdenuño) cascarulera. El mismo cascaruleta se aplicaba también a la botarga: de Beleña de Sorbe: "Botarga la larga / la cascaruleta, / mejor quiero pan / que tus tetas". GARCIA SANZ S.: Op. .cit., pág. 24.

(18) En el "mono" se parecía bastante a la de Valdenuño Fernández. En los cascabeles, a una de las de Majaelrayo (la de rayas).

(19) Los mayordomos casados, además de preparar y organizar el refresco del día del Niño del Remedio, tenían otras obligaciones que cumplir; el mayordomo llamado de la Virgen de los Olmos debía pedir limosna todos los domingos del año para velas de iluminación; el otro mayordomo debía hacer lo propio para el Santísimo. Los dos delegaban en sus hijos o sobrinos para que fueran por las casas del pueblo con el cuadro de la Virgen (se trata de un cuadro de 25 X 35 cms., con la imagen de la Virgen impresa en blanco y negro, tal y como aparece en la estampa adjunta -Lám. 2-) y los otros con la insignia del Santísimo (portapaz de plata con un Corazón de Jesús labrado en relieve). Los fieles debían besar la insignia o el cuadro antes de depositar la limosna en el cepillo. En todas las casas tenían por costumbre dar cinco céntimos al efecto, repartidos en dos y tres, así entre los colectores existía cierta rivalidad, por lo que los domingos intentaban madrugar lo más posible y recoger los tres céntimos de cada casa; los más perezosos se quedarían con dos solamente y ese día su colecta se vería sensiblemente disminuida, en relación a la de sus compañeros y su Santísimo o su Virgen de los Olmos no estarían bien iluminados durante este año o en la Semana Santa.

La Virgen de los Olmos tenía pocos problemas en ese aspecto, ya que según nos contaron, era “rica". Todos los fieles le profesaban una enorme devoción, y aún lo hacen, considerándola su Virgen por excelencia. La tradición nos cuenta que se le apareció a un pastor, en forma de paloma, cerca de una olmeda que se encuentra entre el término de Casa de Uceda y el de Valdepeñas de la Sierra, y encima de un olmo tomó forma de bellísima mujer, sentada sobre un tronco con su Hijo sobre las rodillas y una manzana en la mano derecha. Allí se le construyó una ermita y se le rinde culto en la actualidad. Se atribuyen a esta Virgen numerosos milagros en beneficio de Casa de Uceda y de sus habitantes, por eso ellos, siempre agradecidos, la llenaban de limosnas y contaba con gran cantidad de cera con la que era permanentemente alumbrada.