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Donde en la vieja casa de la Sra Flavia se cuenta la triste historia de la muerte de Mariano Vera

VAL SANCHEZ, José Delfín

Publicado en el año 1981 en la Revista de Folklore número 6.

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En Valdestillas, que es pueblo que crece a izquierda y derecha de una larga calle, la calle Real, hay una casa porticada que es un ejemplar único a punto de desaparecer. La casa es de adobe y debe ser el último vestigio de una serie de viviendas que, enlazadas, compondrían un grupo porticado para que la gente pudiera pasar y pasear junto a ellas, protegidos de las inclemencias del tiempo.

De esas casas quedan, por fortuna, algunas importantes muestras en varios lugares de nuestra provincia: En Rioseco, en Medina del Campo, en Traspinedo, etc. ..

Esta casa de Valdestillas, de la calle Real, puede desaparecer si la suerte se fija en su ocupante- propietaria, la señora Flavia Real.


-Sí señor. Estamos esperando que nos toque la Lotería para tirarla y hacer una nueva. Porque ésta da mucha guerra.

-Vieja sí es...

-Ya lo creo. Mire, aquí han vivido mi bisabuela, que murió a los 99 años; después, mi abuela, que también la conocí y que, murió también a los 99 años; y mi madre, aquí presente., que tiene 87. ¡Fíjese si será antigua la casa! Así está, la pobre.

-¿Mala?,

-Huy, !mala es poco! Mire usted, -le pasa lo que a los viejos, que, todo son achaques. Se están cayendo las paredes que, como ve, son de tierra.

En realidad uno no ve nada, porque las paredes de la vieja casa de la señora Flavia están cuidadosamente empapeladas. El papel está, por lo visto (por lo no visto, sería más exacto), pegado sobre el adobe.

-¡Fíjese si será vieja mi casa!, que aquí al lado había otra que era donde paraban las diligencias que venían de Olmedo, y ésta nuestra era todavía más vieja que la de al lado.

La casa de la señora Flavia, no lo habíamos dicho antes, es el quiosco de Valdestillas. Los niños acuden a ella para comprar sus caramelos, sus chicles, su regaliz, su dulce ilusión.

La señora Flavia -se conoce que para poder salir a la calle a vender más-, ha montado un tenderete rodante sobre un cochecito de niño muy pasado de moda.

-Me lo regaló una "señora-bien" hace diecisiete años, y ahí lo tiene usted. Todavía va tirando, el hombre.

Nosotros no somos partidarios de, que la señora Flavia derribe su vieja y, sin duda, histórica casa, para levantar sobre sus cimientos otra nueva. Porque es un vestigio verdaderamente interesante. Una muestra auténtica de la arquitectura rural de tierra de pinares.

-Usted dirá lo que quiera, señor, pero el médico de antes decía que esto había que tirarlo, porque ese sotechado que tenemos delante quita mucha luz y pueden entrar enfermedades.

Verdaderamente habrá que, tirarlo, aunque a mí me da mucha lástima, porque yo, ¿sabe usted?, tengo negocio de helados en verano y saco ahí a la sombra los frigoríficos. y voy vendiendo muy bien, casi en la mismísima calle, pero sin que me dé el sol. ¿Quiere usted un caramelo?

-Muchas gracias, señora Flavia.

La señora Flavia, que tiene nombre de reina, como ella dice., me cuenta, llegado este momento, una historia triste. Sospecho que lo del caramelo tiene una segunda intención: las penas con caramelos, son menos.

La señora Flavia conoce al dedillo un romancito popular que cuenta la muerte cierta de un tal Mariano Mera, ocurrida durante las fiestas de Matapozuelos. Un toro le corneó por la espalda cuando iba a refugiarse de su acometida. La señora Flavia dice que "un señor de letras" escribió el romancillo cuando el cuerpo del pobre Mera estaba aún caliente.

Tarde muy triste de toros.
Pueblo de Matapozuelos.
Muy tristes quedamos todos
por la muerte de este obrero.
De Valladolid llegaba
el pobre Mariano Mera,
sin pensar que le acechaba
esa muerte traicionera.
Apenas llegó a la plaza
el toro le atravesó
y la cornada le alcanza
hasta el mismo corazón.
Ninguno culpa ha tenido.
Sólo la fatalidad.
Pero Mariano ha venido,
y ya no vuelve a su hogar .
¿Cómo creerá su esposa
ni su niñito tampoco
que sin vida ya reposa
el que contento hace poco
llevó la muerte alevosa?
Fue ferroviario honrado;
trabajador en el Norte.
Con gran pena han presenciado
sus compañeros la muerte.
Muchos vecinos llegaron
del pueblo de Valdestillas,
y lágrimas derramaron,
sintiendo gran pesadilla.
Un toro rompió una puerta
Y a la plaza se salió.
Aún pudo ser más funesta
la tarde de la función.
Ayuntamiento abnegado
de este pueblo distinguido:
Por lo bien que te has portado
y un gran deber has cumplido.
Siempre estará en la memoria
la muerte del pobre Mera
que Dios le otorgue la gloria
y su hijo y esposa tengan
personas quien les socorran.

Este es el romance a la muerte de Mariano Mera escrito por mano desconocida. El suceso verdadero, ocurrió en Matapozuelos en el año 1935. Mariano Mera vivía en el Pinar de' Antequera. Y, al parecer, su viuda, que reside ahora en una ciudad levantina, conserva aún los duros de plata que llevaba su marido en el bolsillo del chaleco en el momento de su muerte. Esas monedas tienen, sin limpiar, huellas de sangre seca. Testigos presenciales del suceso cuentan que el toro le empitonó por la espalda al querer Mera ponerse a salvo de la feroz embestida del astado, agarrándose a las talanqueras. Su cuerpo fue ensartado por los cuernos del bicho.

Cuando salgo de la vieja casa de la señora Flavia observo que se ha levantado un fuerte viento. La polvareda viene desde el principio de la calle, allá, a casi un kilómetro de distancia, desde la estación, en forma de oleadas cegadoras. La tarde se ha puesto fea y tristona.

Quizás de oír a la señora Flavia la triste historia del pobre Mera.