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Conservación de términos germanescos en caló

ALONSO HERNANDEZ, José Luis

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 78.

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No hace tantos años la confusión entre germanía y caló era moneda corriente, hasta el punto de que autores como F. M. Pabanó, a la hora de presentar su Historia y costumbres de los gitanos (1), y refiriéndose al Diccionario español -gitano-germanesco que contiene, escribe en la introducción del libro:

«La razón tenida en cuenta para mezclar en el Diccionario las voces de la jerga germanesca entre las del caló, ha sido la dificultad de deslindar cuáles de ellas pertenecen puramente a uno u otro lenguaje. Es imposible, para algunos vocablos, saber dónde acaba el caló ni dónde empieza la germanía».

A pesar de estas dudas y vacilaciones, Pabanó, en líneas generales, es quien, de los modernos recopiladores consultados, mejor establece la diferencia de términos anotando con asterisco los que estima germanescos puros para diferenciarlos de los del caló. Ello se debe seguramente a que para la determinación de los germanescos parte fundamentalmente del Bocabulario De Germanía (2), publicado por Juan Hidalgo en 1609 y que fue incorporado en casi su totalidad por C. Oudin (3) y posteriormente por el Diccionario de la Lengua de la Real Academia (4). Hoy la confusión entre germanía y caló ha desaparecido, aunque se reconoce que ha podido haber una interrelación entre ambos y éste es el problema que aquí nos ocupa.

Resumiendo (5), diremos que la germanía es el lenguaje de los maleantes españoles que en los siglos XV-XVI tuvo un empleo fundamentalmente oral, pasando luego a la escritura, con gran florecimiento en los siglos XVI-XVII y parte del XVIII (6), para desaparecer finalmente, dejando, eso sí, abundantes huellas, algunas de las cuales llegan a la actualidad. Como lenguaje de maleantes empleado con fines crípticos, es decir, que aspira «a formar una lengua secreta...que no sea comprendida fuera del grupo de los iniciados» (7), se caracteriza por una rapidísima renovación de términos cada vez que éstos son descubiertos «por miembros ajenos a la comunidad depositaria de dicho lenguaje», lo que explica «la existencia de listas enormes de significantes para un número relativamente reducido de significados» (6). El Cultivo escrito de la germanía produce su desaparición oral, pasando a constituir una nueva forma de lenguaje, «la jacarandina, que se refiere principalmente a la representación escrita de la germanía en las jácaras; representación que, por otra parte, podía estar muy alejada de la utilización oral, ya que, las imitaciones jocosas y burlescas de la germanía son frecuentes» (6).

En lo que respecta al caló, es el lenguaje de los gitanos españoles, con vigencia oral desde el siglo XV a la actualidad, al margen de las evoluciones que haya podido tener, y que sólo a finales del siglo XVIII y hasta el XX ha conocido registros escritos en forma generalmente de vocabularios y estudios más o menos completos. En efecto, resulta curioso que los escritores del Siglo de Oro español, que no dudan en introducir abundantes gitanos en sus obras, y algunos de manera señaladísima, como Cervantes (8), no registren en la forma de hablar de éstos rasgos distintivos fuera del ceceo y una media docena de palabras, o menos, con indicación explícita de caló o lenguaje de los gitanos. Así, los autores clásicos colocan el caló, probablemente por desconocimiento del mismo (9), al mismo nivel que las otras «lenguas tipificadoras» que atienden rasgos «caracterizadores» de diversos personajes marginales como el sayagués caracterizador de campesinos, morisco, vizcaíno, etc., que funcionan más como signo semiótico de estatus social, nacional o racial; sobre todo en el teatro, donde el que tiene corona es el rey, y el que cecea, el gitano, por ejemplo, al margen de las mistificaciones o apropiaciones de personalidad necesarias para la trama e intriga teatrales.

Además de eso, parece claro que en el caso de la germanía forma «su léxico con deformaciones convencionales de vocablos corrientes, con metáforas más o menos ingeniosas, que pretenden ser esotéricas, y con préstamos de lenguas extrañas en proporción escasa; pero en cuanto a sintaxis y analogía, no se aparta de la lengua común» (7). Sobre esas bases y como deformaciones o transformaciones del significado en la germanía citaremos la metáfora, metonimia y sinécdoque, las sustituciones sinonímicas y homonímicas de todo tipo y la adopción de cultismos y arcaismos procedentes del latín junto a los procedentes de lenguas extranjeras o léxicos especializados, económicos, jurídicos, etc. En cuanto a las transformaciones del significante, citaremos la metátesis, los sufijos y prefijos; la abreviación, prolongación y aglutinación (6). «El caló, en cambio, es un verdadero lenguaje natural patrimonio de un pueblo disperso, pero de caracteres étnicos bien definidos y cuyos grupos viven enquistados en los dominios de otras lenguas. El caló, descontados los préstamos que ha tomado de éstas, tiene un rico vocabulario propio, un sistema de infijos, prefijos y sufijos que le es peculiar y unas leyes gramaticales sui generis aunque adopte en algunos casos, como el de la conjugación o el de algunos plurales, inflexiones ajenas» (7). A señalar que el problema de la infijación me parece importantísimo como signo diferenciador con respecto a la germanía que acaso ni siquiera la utilice. Además, parece demostrado que el origen del caló hay que buscarlo en el sánscrito, es decir, que aparte de los préstamos que ha podido tomar, lógicos para cualquier lengua que vive en contacto directo con otras, su base fundamental no es el castellano.

En estas condiciones parece evidente que la confusión entre germanía y caló ha procedido del hecho de:

1. Ser lenguaje incomprensible para la normatividad de la comunidad social con la que coexisten y en la que han sido empleados.

2. Ser empleados por grupos sociales minoritarios y marginalizados por motivos diferentes con respecto a la norma mayoritaria.

3. La atribución, a veces real a veces tópica e incluso folklórica, de una actividad delictiva a esos grupos que emplearían sus respectivos lenguajes crípticos con fines no confesables para favorecer esas actividades (10).

4. En la medida en que se trata de grupos marginales y enfrentados a las normas vigentes, sufriendo la consiguiente opresión, nada tiene de particular que se encontraran y confundieran para ojos mal abiertos en situaciones de equiparación bajo la férula de la ley. Así, incomprensión lingüística, marginación social, delincuencia o folklorismo, opresión, habrían sido rasgos suficientes para considerar lo distinto como idéntico o muy parecido.

Claro está que interferencias lingüísticas ha habido, aunque acaso no más ni más significativas que las que podemos encontrar entre las diversas lenguas o lenguajes que se mantienen en contacto directo durante un largo período de tiempo, y a éstas nos vamos a referir ahora, centrándonos en un campo restringido, el de, de manera vaga, la «alimentación» para tratar de ver que es o que aparece en germanía y se conserva en caló. El hecho de plantear la cuestión en estos términos, conservación de términos germanescos en caló, procede de que al trabajar sobre textos escritos y apareciendo el caló como tal cuando ya la germanía habría prácticamente desaparecido en su coherencia, lógico es concederle a ésta una prioridad que ha podido muy bien encontrarse en ocasiones invertida: que sea el caló quien ha incorporado a la germanía alguno de esos términos cuyo primer registro escrito se hace bajo el epígrafe de germanía y no, como hemos dicho, unos términos germanescos incorporados a un caló que en aquellos siglos tenía una vida estrictamente oral y, por lo tanto, no confirmable. Así, pues, es el registro escrito el que condiciona nuestra perspectiva de trabajo.

Algunas aclaraciones suplementarias:

a) Con respecto a la delimitación del campo de «lo alimenticio», he incluido algunos ejemplos de animales que tanto en germanía como en caló aparecen con una mayor frecuencia en contextos de alimentación o lo que tiene que ver con ella en cuanto acceso a la misma. Me explico. Cuando en germanía se registran gomarra y gomarrón, «gallina y pollo o capón», respectivamente, se hace junto a un gomarrero que no es precisamente un criador o vendedor de gallinas y capones, sino un ladrón de los mismos. Idéntico caso para gruñente, «puerco», con su gruñidor, el ladrón que los hurta, y así podríamos continuar. Así, pues, en germanía existe una relación inmediata entre la manera de o el agente para procurarse el alimento y el alimento en sí. Añadamos que en la totalidad de los casos en que en los textos en germanía aparecen esos animales es en situaciones de, o bien de robo, o bien de alimentación separadamente o en relación de causalidad...¿No percibimos aquí el correspondiente tradicional del gitano ladrón por antonomasia de esos animales y su consiguiente consumo? Sin entrar en lo que esa tradición pueda tener de verdad (11), encontramos aquí un muy poco leve perfume de la actividad primordial atribuida al gitano ya desde Cervantes:

«Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones; nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo, etc.» (12).

Con el sutil «Parece que» vacilante entre un «parecer ser [como si]», evitado el [como si] privativo del censor, y el de la opinión difundida del «dicen que», «es parecer común [y en esto no me meto]» apoyado por lo de ser «ladrones corrientes y molientes», es decir, vulgares por oposición a los excepcionales y acaso legales que a Cervantes y a muchos autores clásicos, por ejemplo Quevedo, sin duda molestaban más.

b) En lo que concierne a los léxicos modernos que he consultado en relación con esas muy vagamente «lenguas marginales», he procurado reunir una panoplia amplia y representativa aunque no exhaustiva, que va desde principio del siglo XIX hasta la actualidad como puede observarse en la bibliografía incluida en las notas (13). Sobre la vaguedad en cuanto a la determinación del tipo de lengua que registran esos léxicos, aparte de lo ya dicho, los mismos títulos ya nos dan una información de por sí. No entro en la cuestión de la copia de unos a otros que ha habido, ya que la fijación de los límites y condiciones de esa copia necesitaría un estudio en sí mismo.

Pasemos ahora al análisis de algunos términos conservados en caló en las condiciones arriba descritas.

COMER

Las formas más comunes en caló son jalar y jamar, a partir de las cuales se construyen otras como jalelar, jamelar, etc. Se registran, sin embargo, otras que ya proceden de la germanía, como muquir (JH), (LM) (14) conservada en (C) y en (P), en este segundo caso indicando claramente que se trata de germanía, así como meter, mullir, mascar y rozar -todas en (JM)- anotadas por el mismo autor y que veremos luego, y que también registra, como (C), muquición «comida» como germanesco y con el mismo sentido que en (JH). En relación con muquir, encontramos murguir (B), (BD y BP). El germanesco mullir (JH) se encuentra en (C) «comer, engullir el alimento», en (P) explícitamente como germanesco, mientras (B) lo señala como caló. Mullido «comido» se registra en (H). Meter y mascar (JH) son sólo registrados por (P) como típicamente germanescos y, a mi parecer, no han pasado al caló. Rozar (JH) únicamente es anotado con indicación de germanesco por (P), lo que nos indicaría que no ha pasado al caló, que, sin embargo, conserva abundantemente rozo (JH) «comida», (C) también roza, (Q) «centeno», (B), (P) y (BD y BP). Derivado de rozar por infijación, tenemos rozabillar (C) o rozavillonar (B) «comer de prisa»; registrado el primero en germanía como rozavillar (LM) «comer, quizá a cuenta de otro, sin pagar», y el segundo como rozavillón con el mismo significado en (JH) «comer de mogollón»; rozabillón que encontramos en (C) como «pegote, que come de mogollón». Aparte la cuestión de la ortografía, en este como en otros casos muy fluctuante y de poco interés aquí, la vacilación entre el «comer de prisa» y «comer gratis» creo que habría que interpretarla más que como diferenciación, en el sentido de que el que pretende, y lo sabe, comer a costa de otro lo hará precipitadamente: ¡Por si acaso!

Quedan aún algunos términos curiosos y de complejo y acaso atrevido análisis que merecen nuestra consideración. Se trata de: -payipear (P) «comer» / jayipear (P) «comer con ansia», (BD y BP) -gañipeo (B), (BD y BP), jayipén (P), (BD y BP), jallipén (C), gañipeo, jayipén (BD y BP), todos ellos «comida».

Payipear está formado a partir de papar «comer» papear con una infijación -yi- payipear. Aunque papear, según Corominas, significaba «charlar» o «hablar confusamente» y así sigue empleándose en portugués, recientemente lo he oído pronunciar en Zamora con el sentido inequívoco de «comer de gorra o gratis» en frases del tipo «ir uno de papeo» o «ir a papear».

Las formas jayipear «comer» y jayipén «comida» se explican por un cruce entre las muy frecuentes en caló jamar, jalar y payipear.

En cuanto a gañipeo, es una formación a partir de gañir, gañote, probablemente bajo el influjo del germanesco gandir «comer», gandido «necesitado» (JH) en el sentido de «hambriento» también registrado por Cudin en el sentido de «lo comido».

LENGUA

Si en el comer y el beber un sentido tiene una importancia decisiva, es el del gusto localizado fundamentalmente en la lengua. El término caló más frecuente es chipí, pero junto a él se registra también desosá (P), (BD y BP), (MC y R) del germanesco ampliamente anotado desosada (JH), (LM), aludiendo a que es órgano que no tiene hueso. (P), señalando que es germanesco, apunta bramona que, sin embargo, en germanía no lo hemos encontrado con el significado explícito de «lengua» como órgano, sino como «blasfemia, juramento o maldición» (LM), soltar la bramona «blasfemar» (LM) y abundantes términos de la misma familia, bramar «gritar o dar voces» (JH), (LM), bramido, bramo y varios sintagmas del tipo alzar el bramo, etc., con el sentido de «grito», «aviso de algo», «hablar»; bramón «delator» (LM) así registrado por (C) que envía a un bucanó «soplón, delator» y lo mismo bramador «pregonero» (C) en multitud de textos germanescos (JH), (LM). En todos los casos queda claro que se relaciona con el hecho de «gritar» o simplemente «hablar». En cuanto al citado bucanó procede del latín bucca acaso a través del rumano buca.

DIENTES

Las formas más frecuentes en caló son daní y derivados y piño, del latín pinna, registrado incluso por el DRAE, pero sin ninguna indicación de que se trate de caló, y que está en relación con la metáfora tópica de que «los dientes son piñones». Como formas ya recogidas en germanía lumadero-s (JH), (LM), tenemos lumaeros (C), (B), (P), (BD y BP) y clamo, bien asentado en germanía (JH), (LM) y conserva en (C) y (P) en éste, como para el caso de lumaero, con indicación explícita de germanesco. Para clamo es curioso señalar que parece entenderse como formando parte de algo más amplio, la «boca» en una función de «gritar» si nos atenemos a los germanescos clamado «voceado» (JH), clamar «vocear» (JH), (LM), «pedir auxilio», etc. (LM) o clamista «mendigo que pide limosna a gritos por las calles» (LM), todos ellos del latín clamare.

MANTEL

(]H) El caso de «mantel» bien registrado en germanía, como tablante (JH) (LM) no ofrece problemas en caló, ya que todos los léxicos que lo registran lo hacen de misma y única forma: (C) «mantel, tejido de lino para cubrir la mesa», (Q), (B), (P), (BD y BP). Resulta claro que está en relación con el tablón (JH), (LM) germanesco, «mesa, sobre todo cuando se refiere a la mesa o mostrador de los puestos al aire libre» y con el francés table, aunque no parece haberse conservado esta forma, tablón, en caló.

PAN

La forma más típica en caló es manró, pero los germanescos a partir de art-, muy bien asentados, artifara, artife, peso de artifara, etc. (JH), (LM), proliferan en la mayoría de los modernos léxicos. (P) que es quien más términos de este campo léxico anota, los califica a todos de germanescos; incluso registra un marquiartife como «(pan) de rufianes». ¿Acaso pensando en un pan de marca, de buena calidad o el que comerían los rufianes con el producto de la ganancia de sus marcas «prostitutas», «pan ganado por la marca»? En (LM), a propósito de marquiartife - maquiartife ya había expresado mis dudas acerca de si se trataba de un término diferenciado, encodado, de artife con fines criptológicos - poco crípticos, por cierto, ya que la conservación íntegra y ordenada de artife no creo que engañara a nadie- o si se trataba, y pienso que es lo más probable, de una mala lectura e interpretación de los versos 29 y 30 del poema XXVI recopilado por Hill y que, refiriéndose a un rufián, -dicen que:

«Marqui, Artife, pia Turco
y Gomarra del un lado»

con esa (,) coma, entre Marqui y Artife y esa mayúscula inicial de Artife que serían marcas de separación y diferenciación de los dos términos y que, según el contexto, habría que interpretar como un murquir - marquir procedente de muquir «comer»; con lo que la traducción de los versos sería:

(Come pan y bebe vino
y un lado (la mitad) de una gallina)

Por otra parte, la abundancia de sintagmas construidos a partir de pan y vino como base, hasta el tópico, de la alimentación, «con pan y vino se anda el camino», etc., creo que justifica bastante bien esta interpretación.

Casi todos los autores registran artiferó-i «panadero-a» que también se encuentra en germanía (JH).

CARNE

Crioia en germanía (JH), (LM) está registrado (B), (P) con indicación de germanesco, (BD y BP); lo mismo criojero «carnicero». Las otras formas en caló son maas masesquere y mascarunó, masesquireró, «carne» y «carnicero», respectivamente.

ALBONDIGA

Significado este que no tiene correspondencia en germanía, al menos no lo hemos encontrado; está muy bien asentado en los léxicos modernos del caló y afines como jifera o jiferá (C) «pelotilla de carne picada con huevos y especias», (J), (Q), (RB), (P), (BD y BP) y el curioso jilera (MC y R) que no sé si habría que considerar error gráfico, ya que se escribe así tanto en la parte «Caló-español» como en la parte «Español-caló», o de una forma realmente existente procedente de jifera y bajo el influjo de jalar. Se trata en todos los casos de un desplazamiento semántico de los germanescos jifero «cuchillo de carnicero», «carnicero» y «sucio, por alusión a todo lo relativo al matadero» (LM) y jiferada «cuchillada, estocada» (LM), aludiendo a que la carne empleada en la elaboración de las albóndigas es una carne «picada o acuchillada», cortada en trozos menudos con un jifero «cuchillo» y acaso por un jifero «carnicero».

Entre los animales más frecuentes en lo que se refiere a que sirven de base alimenticia, tenemos:

CARNERO, tamb. CABRON

Aparte de los típicos del caló julí y bracó. acaso este último no sea más que una de las metátesis consonánticas frecuentes en germanía por cabró -cabró-n, encontramos otras formas procedentes del léxico germanesco y que aluden a características propias y típicas de estos animales. Así balante «carnero» (JH) u «oveja» (LM) porque bala y que es anotado por (B), (P) como germanesco, (BD y BP). Barbado o barbudo «cabrón» (JH), (B), aludiendo a la barba característica de este animal. Por último, el germanesco velloso «carnero» (JH) registrado beyoso en (P) con marca de germanía como para balante, o belloso «macho cabrío, carnero» en (BD y BP); en relación este último con el vellosa (JH), (LM) «tejido de lana grueso y peludo», bellosa para (C) «fraza, manta peluda que se echa sobre la cama», aludiendo en todos los casos a lo peludo del animal y del tejido en cuestión, con el vellido (JH) «terciopelo» por la misma razón y que Oudin registra tanto en el sentido de «veloux» (sic) «terciopelo» como en el de «mouton»