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LOS CARBONEROS DE ZAHINOS

SERRANO BLANCO, Juan Andrés

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 78.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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INTRODUCCION.

Zahínos es un pueblo de la provincia de Badajoz, situado en su borde suroccidental, cercano a la frontera con Portugal; con un término municipal de 45,1 km. y una altura media sobre el nivel del mar de 374 m., dista 71 km. de la capital provincial. Su población actual se sitúa en torno a los 3.000 habitantes, lo que, si tenemos en cuenta los 3.644 habitantes de 1960, indica un índice de crecimiento negativo. No obstante, parece manifestarse actualmente una cierta reactivación, patente en el mismo hecho de la construcción y renovación de las viviendas.

Su medio de vida fundamental lo constituye la explotación de la encina, especie predominante en la zona y que genera abundantes recursos: la bellota, alimento de primera categoría para el cerdo, y la leña para la elaboración del carbón. Este árbol, tanto por dedicación directa a su transformación como por generación indirecta de puestos de trabajo, sirve, por tanto, como principal medio de vida a la mayoría de las familias zahíneras que, con gran frecuencia, trasladan su vivienda al pie de los hornos de cocción, hasta durante nueve meses al año.

Las nuevas tecnologías también han hecho acto de presencia en este tradicional oficio de los carboneros; nuestro informador nos comentaba con cierto «malestar» que ya en Zahínos los movimientos cooperativistas surgidos para explotar la leña de encina precipitan la cocción del carbón en hornos metálicos. Esto acarrea una primera desventaja que consiste en que el carbón, cocido de esta nueva forma, pierde más peso que en los hornos tradicionales de tierra: si en éstos la relación entre leña cortada y carbón producido está en una relación de 4 a 1 (de cada cuatro arrobas de leña resultaría una de carbón) en los nuevos hornos esta proporción es de 6 a 1.

PROCESO DE ELABORACION .

Este proceso se puede dividir en cuatro fases:

1. Corte y preparación de la leña: Comienza con la corta o poda de la encina, cortando aquellas ramas secas que pudiera tener y aquellas otras excesivamente gruesas que pudieran impedir el adecuado crecimiento del árbol y, consiguientemente, la mayor obtención de bellotas.

A continuación se cortan y separan las ramas y partes más finas («destrampá» o «cortá lo menúo») y se trocean los leños «picá») para darles el tamaño adecuado a la construcción posterior del horno. Esta leña es transportada al lugar de ubicación de la carbonera («Arrodeá la leña»).

2. Construcción del horno: La leña transportada comienza a apilarse según su tamaño, la más gruesa en la base y la de menor volumen en las capas sucesivas para «arropá» la anterior. Una vez hecha la pila se cubre con matorrales secos de jara y paja («chasca») proceso denominado «encañá», para, finalmente, cubrirlo todo con tierra («echá la tierra»). En este momento, el horno está «aterrao», es decir listo para su encendido.

3. Encendido y cocción: El encendido se efectúa de dos formas distintas, en ambos casos mediante unas aberturas o «troneras», situadas en el segundo caso a una altura de entre 1 ó 1,5 metros.

a) Encendido lateral: una vez realizado el encendido mediante una primera tronera, en la que se introduce madera ardiendo, esta se tapa y se abren otras para permitir la respiración del horno y para conducir el fuego hacia la parte del horno que se desee («llamá al fuego»).

b) Encendido por la parte superior: una vez prendido el horno por una tronera en la parte de arriba, se abre una tronera en la parte baja para evitar la extensión del fuego por toda la parte superior; pasadas 10 ó 12 horas, el horno «ha bajao» y necesita «una tacaúra», es decir, hay que retirar una capa de leña hecha carbón de la parte superior, volver a echar más leña y cubrir con tierra nuevamente.

Para saber cuándo ha finalizado la cocción se usan dos criterios: la disminución del volumen del horno, como resultado de la paralela disminución del de la leña a medida que se va carbonizando, y el cambio en la coloración y densidad del humo: cuando éste se hace menos denso y pasa de una tonalidad blanca a otra azul («cuando sale canina») se entiende que se ha completado la cocción en la parte donde aparece y que hay que abrir nuevas troneras para guiar el fuego hacia las partes restantes.

4. Extracción y transporte del carbón: para retirar el carbón se debe antes apagar el fuego y enfriar el horno; para ello, se retira la tierra que cubría originalmente el horno, limpiando aquélla de las partes más gruesas que pudiera permitir el paso del aire, y volviendo a cubrir con la tierra fina resultante. Esto no tiene por qué afectar a la totalidad del horno, sino que suele hacerse por sectores a medida que se completa la cocción en cada una de las partes.

El transporte se hace a lomos de caballería mediante esportones o seras hasta el lugar de almacenamiento.

OTROS ASPECTOS.

Como se indicaba al inicio de estas notas, el proceso total de trabajo puede prolongarse hasta períodos de nueve meses. En toda labor de corte, preparación y transporte de la leña se suelen emplear de 2 a 3 meses; la duración de las fases restantes estará en relación a la cantidad de leña disponible, construyéndose por consiguiente mayor o menor número de hornos (hasta 10 ó 12). Un horno puede emplear entre 10 y 25 días para cocer la leña: de 20 a 25 días para la leña de mayor tamaño y unos 15 para la más fina; el período de cocción está además relacionado con el mayor o menor número de troneras que se le abren al horno, ya que cada tronera abierta equivale a una mayor inyección de aire en el interior del horno, precipitándose con ello la cocción.

Durante todo el tiempo en que el horno está funcionando se establece una vigilancia continua, tanto durante el día como durante la noche, mediante la fijación de varios turnos; con ello se impide que se hunda una parte del horno y se va guiando el fuego hacia las partes convenientes.

Tradicionalmente, era esta una labor familiar, en la que colaboraban mujeres e hijos; aquéllas no solamente atendiendo a la preparación de las comidas y cuidando otros aspectos cotidianos, sino también ayudando a la vigilancia y a la extracción del carbón cuando la magnitud del trabajo así lo requería.

PRODUCTOS RESULTANTES.

Resultan tres tipos principales de productos, denominados según el tamaño: a) carbón, (las partes más gruesas); b) carbonilla, y c) cisco (las más menudas). Puede ocurrir, por otro lado, que el carbón salga «arrebatao», es decir, que se haya quemado en exceso, con lo que su peso y calidad es menor