Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

El Folklore del noviazgo en Extremadura

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 79.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 79 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


A pesar de que el matrimonio dentro de la sociedad extremeña está considerado como un fin en sí mismo, y a pesar de que gran parte del folklore del ciclo vital gira en torno a la preocupación por este hecho, nos topamos con una etapa, la de la infancia, en la que las relaciones entre ambos sexos se consideran tabú.

Es corriente en Extremadura el que los niños y las niñas se separen para jugar. Las muchachas con los muchachos no comen gazpacho, es una frase que niños y niñas se dirigen mutuamente para negar la participación en los juegos a los del sexo contrario. Hay, por lo mismo, juegos de muchachas y juegos de muchachos. El que ellas participen en las manifestaciones lúdicas consideradas masculinas o se diviertan en compañía de niños les acarrea el oprobio de éstos, que no dudarán en calificarlas de marimachos. Aseguran en la provincia de Cáceres que las que rompen estas normas tradicionales verán que, al llegar a mayores, les crecerá la barba, no se les desarrollarán los pechos y se les pondrá ronca la voz. Un niño del Ayuntamiento de Nuñomoral me daba una razón semejante: Polqu'en un pueblu había una muchachina que namá juegaba con los muchachus y endespués le creció un pitu pa la barriga y tuvun que llevailu al meicu pa quitaisilu.

De igual manera, los pequeños serán tachados de mariquitas o mariquitosos por sus compañeros si observan que tienden a acompañarse de niñas. No hace mucho escuché cómo un coro infantil se dirigía a un niño que ayudaba a su hermanita a preparar la cuna de su muñeca en los siguientes términos: ¡Que le se cai el pitu, que le se cai el pitu...! Esta transgresión es suficiente para que el niño pierda sus atributos varoniles.

Pero los grupos infantiles crecen, y el primitivo rechazo, merced aun proceso psicológico, se convierte en un deseo de acercamiento entre ambos sexos. Y, efectivamente, los emparejamientos entre pandillas empezarán a hacerse una realidad ya en la misma escuela. Será en la primera juventud cuando aparezca la necesidad de entral en noviería, y en ese momento los emparejamientos de grupos darán paso a una selección personal de los miembros que los forman.

1. CUANDO Y CON QUIEN.

El dar con un buen novio se ha supuesto como más difícil que escoger una hembra garbosa, sobre todo porque, según se sigue creyendo en la provincia cacereña, to hombri toca a sieti mujeris y a una tuerta. Tal vez por ello son las mozuelas las que protagonizan la mayor parte del folklore relacionado con el noviazgo.

Como en todos los momentos importantes de la vida, la mujer extremeña también echa mano de la adivinación en los asuntos del noviaju. El cuco es un ave que augura en toda la región. En Galisteo, Guijo de Coria, Guijo de Galisteo, Calzadilla y Torreorgaz lo creen el pájaro más sabio de la Creación, ya que nunca muere, y puesto que siempre vive en el mismo sitio, conoce todo lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá en su hábitat eterno. A esta supuesta sabiduría del cuclillo recurren las mozas de Ahigal, Montánchez, Trujillo, Cañaveral, Torrejoncillo y Arroyo de la Luz, así como de otros pueblos, aldeas y ciudades de la Alta Extremadura. Es costumbre que las muchachas salgan al campo las tardes de primavera con la esperanza de oir el canto del cuco. Cuando esto ocurre, la joven dirige solícita al pájaro la siguiente pregunta:

Cuquinu del rey,
patinas d'alambris,
¿cuántus añus me quean
para casalmi?

A la inquisición sigue la respuesta del ave. Cada cu...cú equivale a un año de espera. Las mozas aseguran que el cómputo es exacto. Una anciana de Malpartida así me lo afirmaba: Yo cuasi c'aprendi a cuental con el cucu. Lo jici la primera ve y cuenté die...; al desotru añu namá cuquió nuevi vecis..., y asina tos los añus. Al ultimitu, pos solita una ve y, claritu, pos me casé al añu... Aquí lo jaciamus toas y me paé a mi que daba el resultau... Si habiera siu engañina no lo jadríamus nunca. Una mi prima tenia un mal preguntal... y el cucu na, ni abril el picu... y no se casó la probi. También en Arroyo de la Luz, Cañamero, Zorita, Hervás, Sierra de Fuentes y Aldea de Trujillo estiman que si el cuclillo enmudece es síntoma de que la moza no pasará por la vicaría. Un dicho muy común al norte de Cáceres, que suele referirse a la solterona de vida alegre, es elocuente: A la (...) no le cantó el cucu, pero ahora le canta la cuca. En el dialecto extremeño cuca es sinónimo de genital femenino. La misma idea sobre la anunciada soltería se da en unos versos de cierta loa o auto popular que se escenificaba en Ahigal a primeros de siglo. Patricia, la vieja ermitaña de Santa Marina, soltera y nunca pretendida, dice a un galán:

Cuando al cuco pregunté
y no l'escuché el su canto
bien sabia que quedaba
pa vestir a tos los santos.

En Caminomorisco, Santa Cruz y Descargamaría las mozas interpretan la mudez del cuco como síntoma de que contraerán matrimonio en el año. En Portezuelo cuando una moza iba a casarse se le decía que ya no le cantaba el cuco, lo que equivalía a señalar que su boda se celebraría después de la primavera. Cuando la joven se ve obligada a matrimoniar a causa de un embarazo, se oye en Torrejoncillo decir que a la tal el cucu ja le jizu el últimu cucú.

Ni en un solo núcleo cacereño los jóvenes, sin importar el sexo, aunque las mujeres se distinguen más en el menester, dejan de mirar a los astros para consultarlos en cuestiones de amoríos y para pedirles ayuda en asuntos de noviezgo. En el partido de Granadilla, las noches veraniegas, las niñas se dirigen a la luna y le imploran en estos términos:

Luna llena, luna llena,
dame un novio que me quiera.

También en Ahigal las noches de luna llena las muchachas formaban un corro agarradas de la mano y entonaban esta canción:

Luna, luna, lunera,
dalmi un noviu aragoné:
no m'importa que sea mancu
ni que miri del revé,
y que no tenga naricis
ni qu'esté coju d'un pie,
ni que andi por la nochi
por encima las paré.
¿Ondi está esi mi noviu?
¿Ondi está?, que lo veré.
A la una, a las dos y a las tres.

Al llegar aquí las mozas se soltaban, levantaban los brazos y miraban fijamente a la luna. Tras un breve instante, en el que el silencio era total, bajaban nuevamente los brazos, se agarraban y volvían a girar en el corro, finalizando así la cantinela:

Al mi noviu l'encontrau,
al mi noviu l' oncontré.
A la luna, luna, luna;
a la luna, luna, ore.
Al mi noviu l'oncontrau
y prontu me casaré.

Las que participaban en el juego aseguraban que, pasado el tiempo, se casarían con el noviu que la luna les había hecho imaginar.

En bastantes pueblos, sobre todo de la Sierra de Gata, se dice que Venus, allí conocido por Lucero del alba, es una joven enamorada que todas las mañanas se levanta al amanecer y en ayunas para saludar a su amante que parte al trabajo. No hace muchos años las mozas en edad de merecer aún ponían en sus ventanas algunos alimentos (trozos de pan, leche, frutas...) con el caritativo deseo de que la estrella de la mañana pudiera saciar el hambre si su amante se retrasaba y la espera se hacía larga. Dicen que Venus, en pago del repetido gesto, buscaba para las donosas jóvenes un amante tan trabajador como el suyo.

Antes de acostarse las mozas cacereñas tienen por norma, durante los meses de julio y agosto, mirar al cielo y contar un número determinado de estrellas. Al norte del Tajo se cuentan nueve durante nueve días seguidos. En el resto de la provincia el cómputo comienza en nueve y va reduciéndose en una estrella cada noche, hasta llegar a la unidad. Si por alguna circunstancia (olvido, nublados...) algún día quedara en blanco la contadora habrá de empezar de nuevo. De ningún modo, tras contar las estrellas de rigor, la joven mirará al cielo. Si todo lo cumple como es debido la última noche soñorá con el mozuelo que va a sel el su hombri de pa siempri.

El mismo afortunado sueño con el futuro novio lo consigue la moza que coloca durante tres noches seguidas un espejo bajo la almohada. En Alía, Zarza, Benquerencia y Eljas obtienen idéntico resultado poniéndolo solamente la noche de San Juan. Las mozas de Ahigal procuran, cuando ,duermen, que la cabeza repose exactamente sobre el centro del espejo. Me paé que to esu es verdá, polque yo lo metí (el espejo) y, vilu'hí, salía de p'abaju, d'ondi lo tenía, com'un runrrún c'atravesaba el cabezal y l'almohá y me se metía pa la oreja. Y to jue de durmía, comu que estoy aquí... y vía al hombri míu d'ahora como si juera de día. Antoncis no éramus novius, ni iba de noviería ni ná, me decía una ahigaleña de no más de cincuenta años.

Indudablemente San Juan constituye una fecha clave en el calendario popular. La adivinación del noviazgo en esa noche es una de las prácticas que sigue vigente en gran parte de los pueblos extremeños. En la Sierra de Gata y sus tierras limítrofes las mozuelas meten debajo de la cama, a las doce en punto, tres patatas: una sin pelar, otra medio mondada y la tercera pelada en su totalidad. Antes de salir el sol la joven, tras levantarse con el pie derecho y sin mirar, saca una de las tres patatas. Según sea la patata cogida será su futuro perindolo: rico, de condición media o pobre. En el partido de Granadilla y en las vegas del Alagón colocan las muchachas bajo la almohada unas tijeras abiertas, y de la posición que tengan por la mañana resuelven ,de la manera más peregrina sobre los amores venideros. Casi siempre las puntas señalan la dirección de la casa del joven afortunado.

En Torrejoncillo, Hervás, San Martín de Trevejo, Ahigal, Santibáñez el Bajo, Trujillo, Plasencia y prácticamente en toda la Alta Extremadura procuran las doncellas llenar un vaso de agua. Acto seguido rompen un huevo y echan en el agua la yema y la clara. De las figuras que aparezcan en el vaso al amanecer se adivina el oficio de quien habrá de ser el novio de la que realizó la práctica adivinatoria. Hay personas que averiguan lo mismo vertiendo en el recipiente polvos de salvado y cera y plomo derretidos, tomando la solución también de las figuras que se forman en la superficie. Ya en el siglo XV Alonso de la Torre, en su Visión Delectable, cap. XVII, daba cuenta de estas fórmulas adivinatorias: Otros echan cera en el agua, e en las imágenes adevinaban, o echaban un huevo en una redoma de agua..., otros ponían de noche ciertas letras con azafrán en una cosa lisa, et miraban el primer viento.

No se agota aquí el repertorio sanjuanero. En Mirabel, Serradilla y Casas del Monte la joven se asoma a la ventana antes de salir el sol, con la seguridad de que el primer soltero o viudo que vea está condenado a ser su marido. Prácticamente en toda la provincia la moza aguardaba atenta para oir la primera voz que sonara, ya que esa correspondería a la primera letra del nombre del futuro esposo. Costumbre semejante refleja Cervantes en la comedia Pedro de Urdemalas, cuando hace decir a Benita:

Yo, por conseguir mi intento,
los cabellos doy al viento,
y el pie izquierdo a una bacía
llena de agua clara y fría,
y el oído al aire atento.
Eres, noche, tan sagrada,
que hasta la voz que en tí suena
dicen que viene preñada
de alguna ventura buena.

También al anochecer de la víspera de San Juan las muchachas enamoradas cortan tantos cardos en capullo como pretendientes suponen que tienen. Cada cardo corresponde a un galán. Proceden a quemarle los tallos, atando posteriormente cada capullo con cintas de diferentes colores. En Benquerencia y Valverde es obligado que las cintas sean de lana virgen. En Montehermoso los nudos se realizan con ligas de la consultante, y en Galisteo emplean los ataderos del moño. Todos estos capullos se colocan debajo de la cama, y el que por la mañana haya florecido, indicará quién es el joven que se dejará atrapar por la curiosa buscanovio.

Prácticamente en toda la comarca de Trujillo, en esa misma noche, las mozas escriben en papeles distintos los nombres de los muchachos que les enrijonan el alma y los dejan al sereno. Por la mañana, sin que el sol haya salido, enrollan todos los papeles y los meten en un baño con agua. El primer papel que se desenrolle dejará leer el nombre del afortunado, pues éste ya no tendrá escapatoria.

2.-PROPICIACION.

La adivinación del novio y el deseo de conseguirlo van unidos en la provincia de Cáceres. Ningún sentido tendría lo primero sin lo segundo. Sin embargo, el querer un novio sin importar quién sea se ha dado bastante en Extremadura. Dicen que un sacristán de Torrejoncillo se las arreglaba para oir las plegarias que las solteras y sin compromiso dirigían a San Antonio. Una de éstas imploraba en los siguientes términos: ¡Anda, San Antoniu!, dalmi un noviu; dalmi el que tú quieras, que mi menda no es escrupulosa. Otra paisana suya lo invocaba de manera parecida: Si m'echaras al Antoniu, al tu tocayu..., yo lo quearía muchu, manque tenga el jormiguillu. San Antonio de Padua es un aviadol d'amorius en toda la provincia, acentuándose su abogacía en los pueblos limítrofes con Portugal. Las deseosas de novio a él acuden con oraciones, sacrificios, ofrendas y ofertas. Un dicho harto conocido refleja esto último: Tienis menus fe que la Colasa: le jizu una armita al santu pa que le trujiera un noviu y, comu aluegu queó moza, sacó al santu y metió a los guarrapus aentru.

Si la petición a San Antonio es escuchada y el novio llega, la agradecida mostrará su alegría con una vela y unos reales de propina. Todavía los cepillos que en las iglesias se abren bajo el nombre de San Antonio son los que más pronto se llenan, según me confirmaba un párroco de una población cacereña. Lógicamente entran en ellos las alegrías de las que encontraron y las esperanzas de quienes buscan. No siempre las mozas aceptaron de buen grado las negativas del santo, y en más de una ocasión, si hacemos caso de la copla, fue obligado a cumplir con sus buenos oficios:

Tú juisti la que metisti
a San Antoniu en un pozu
y le disti zambullía
pa que te saliera un noviu.

En Guadalupe, en el claustro de su famoso monasterio, está la estatua yacente del padre Illesca, de la que en alguna ocasión oí decir que tenían a la probi chata com'un chotu mamón. Sus narices han desaparecido a causa del continuo desgaste a que las han sometido las mozas. Aseguran que este sobeteo las propicia para conseguir el príncipe azul.

Como propiciación del noviazgo podemos considerar otros numerosos actos. Entre ellos están el tocar las ropas de la novia el día de la boda, el recibir una flor de su ramo o un alfiler de su velo. Tan comunes son estas costumbres como la de que la mozuela olvidada y no pretendida cambie una de sus ligas por otra de la desposada. Su suerte dará un vuelco. En Montánchez lograba novio en el año la moza que daba tres giros completos en torno a la piedra bamboleante, rezando al mismo tiempo un Avemaría. En Montehermoso lograba igual fortuna la que pasaba por debajo de las andas de un santo que estuviera preparado para salir de procesión. Las jóvenes de Portaje consiguen un novio al instante si el día de la romería de la Virgen del Casar comen la merienda a la sombra de la ermita.

También en la provincia de Cáceres se ha recurrido a otros tipos de procedimientos menos ortodoxos. En Logrosán los mozos se fabricaban pulseras de torvisco y se las ponían en la mano derecha. Tocando con ellos a las mozas de su agrado, aquéllas no tardaban en dar el sí: perdían la voluntá, como si estuvieran endrogá..., que si iban con mala fe se las podían llevar al qatre, sin decir qu' ésta boca es mía. Gracias al torvisco había muchos novios mu raros. En Cabezuela las jóvenes recogían el trigo que se arrojaba a los recién casados, lo molían y hacían un bollo, que en el momento más insospechado daban a probar a los muchachos que deseaban. De esta manera lograban que los catadores se les convirtieran en perros falderos de por vida.

Con lo anterior nos hemos metido en el terreno de los filtros amorosos, que en Extremadura estuvieron muy en boga y acerca de los cuales existe abundante literatura. Fueron populares los polvos del querer que a finales del siglo pasado fabricaba una bruja de Arroyo de la Luz, una tal Inés la Picha. Según el costumbrista cacereño Publio Hurtado, se cogía un lagarto, se emperraba y, aún vivo, se le pinchaba con un palo hasta que muriera. Tras dejarlo al sol para que se secara, se molía al ritmo de ciertas oraciones. La mujer o el hombre que se restregase las manos con tales polvos, podía estar seguro que a cuantas personas de sexo opuesto tocara se iban tras ellos. Para alejar al novio o a la novia, la Picha fabricaba y distribuía sus polvos de aborrecer. La composición y el uso eran los mismos, aunque las oraciones variaban.

3.-MECANISMOS DEFENSIVOS.

Una tendencia muy acusada en la provincia de Cáceres es la de los matrimonios endogámicos. Hombres y mujeres han procurado sus noviazgos dentro de la comunidad en la que residen. No extraña, por consiguiente, que en algunas comarcas, como es el caso de Las Hurdes, donde los núcleos son pequeños y la elección de novio o de novia queda reducida ala mínima expresión, se haya llegado a superar la cifra normal de matrimonios consanguíneos. Refranes como más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer; el que fuera va a casar, o va engañado o va a engañar; el que se casa en el pueblo tiene mujer y carnero; y otros, pretenden inculcar lo que es un deseo comunitario. Este mismo interés por el fortalecimiento y la protección de la endogamia la hallamos dentro de la provincia en los cantos, ritos, cuentos populares, consejas, dichos, etc. A algunos de estos aspectos me referiré seguidamente.

La costumbre de cobrar el piso es general en Cáceres y en amplias áreas de la Península. Consiste en un impuesto o precio que los mozos del pueblo ponen a la joven pretendida por un forastero. En caso de que no pague, ese noviazgo será interrumpido por la fuerza, con el lógico beneplácito de todos los residentes. O paga, o al charco, es el grito de guerra de los jóvenes, que de alguna manera quieren verse compensados económicamente por la pérdida potencial que supone la marcha de una mujer en plenitud de facultades para contribuir al aumento del grupo humano. No me extiendo en la práctica por haberme referido a ella en otro lugar.

Un mecanismo de clara tendencia endogámica es el que, según los lugares, se denomina casorio, rifa, enramá, estrechos..., y que sigue vigente en el Campo de Arañuelo, comarca del río Ibor, Torrecilla de los Angeles, Pinofranqueado, etc. Su celebración coincide con el último día del año o con la fiesta patronal. Todos los solteros y solteras se reúnen en un sitio determinado. En sombreros distintos se meten los nombres de los varones y de las hembras, que previamente se han escrito en papeles separados y se han doblado. Un mozo saca un papel del lado de los solteros y lo lee en voz alta. El joven nombrado habrá de emparejarse con la soltera que aparezca en el papel que una moza saque del correspondiente sombrero. Uno a uno se irán sacando todos los nombres, de forma que nadie quede sin su pareja. Los mozos emparejados habrán de ser novios durante una semana, tres días o todo un año, según los casos, y como tales actuarán. Se intercambian regalos, bailan entre sí y van juntos al paseo. En muchas ocasiones, más de lo que cabe imaginar, los fortuitos casorios han desembocado en noviazgo permanente.

No faltan los dichos tópicos que, según los casos, dicen mozos o mozas y cuya finalidad es mostrar el buen ver de las hembras locales, en oposición a las sotas, pifias y esmirriás de los pueblos circunvecinos. He aquí un mecanismo defensivo que aconseja al posible pretendiente a tomar una novia entre sus paisanas, utilizando para ello la alabanza de las mozas locales o la frase despectiva hacia las forasteras. Algunos ejemplos son significativos:

Malpartida, Malpartida,
bien te puedes alabar,
que tienes mejores mozas
que el Arroyo y el Casar.

Torrejoncillu bonitu,
bien te pueis alabal,
que tienis mejoris mozas
que Coria con sel ciudá.

Logrosán tiene la fama
de las muchachas garbosas;
Cañamero, de borrachas;
Zorita, de escandalosas.

Buenas mozas tiene Coria,
mejor las tiene el Ahigal,
pero se llevan la fama
las mozas de Marchagaz.

En Abadía,
buenas mozas de noche
y buenas mozas de día.

Desde el caño del Robledo
hasta la fuente Chiquita
no verás por este Hervás
más que muchachas bonitas.

En Ahigal,
buenas mozas y buen pan;
y si me apuras,
bueno es el perro del cura.

En Jaraiz hay buen vino;
en Garganta, buena planta;
y en Pasarán, buenas mozas
si no fueran tan borrachas.

Arroyomolino, lino;
Montánchez, las patatas,
y en Alcuéscar buenas mozas
si no anduvieran descalzas.

Montánchez, corral de cabras;
Valdefuentes, de cochinos;
y el que quiera ver pendones
que vaya a Arroyomolinos.

Madrigalejo alegre,
agua del Ruecas,
que. se críar:las muchachas
patirretuertas.

De Abertura,
ni mujer ni burra;
y si puede ser,
mejor burra que mujer.

En Santibáñez,
mal vino, malas mozas
y mal alcalde.

Ni buey ni vaca,
ni mujer de Valdecañas.

En Brozas,
ni vaca ni moza;
y si me apuras,
ni sacristán ni cura.

De Segura,
ni mujer ni mula.

Las mocitas del Casar
son guapas pero sin dientes,
por beber el agua fría
y comer calbotes calientes.

Astutas las de Mohedas;
brujas, las de La Pesga;
las de Cerezo, "paño tendío";
y las de Palomero, "mu recogío".

En Talabán,
mucha puta y poco pan.

De Pela quiero la pera;
de la Villa, la naranja;
de Madrigalejo alegre
quiero las buenas muchachas.

Las mozas de Galisteo
buena vista y mal aseo.

Pero no siempre los dichos o dictados tópicos van encaminados a desprestigiar a las mozas de los pueblos rivales, sino que en ocasiones se pone en la picota a esos mismos pueblos:

No te cases en Casares,
que dicen las casareñas
que el que se casa en Casares
es como el que va a la guerra.

Zorita, corral de cabras;
Alcollarín, el chivero;
la Abertura, la burrera;
y el Campo, el gallinero.

Malpartida la llana,
corral de cabras,
donde cagan y mean
las arroyanas.

Muchas veces estos mecanismos defensivos no consiguieron disuadir a los enamorados que pusieron los ojos en alguna moza de fuera de los límites locales. Cuentan que en Cañamero un joven, ya cansado de escuchar diatribas contra el pueblo de su novia, Logrosán, hubo de contestar a los que la atacaban con unos versos no menos punzantes:

A Logrosán yo me voy
a por una logrosana,
que las mozas de este pueblo
parecen yeguas serranas.

4.-LA DECLARACION.

Nunca faltaron ocasiones de las consideradas propicias para iniciar las relaciones amorosas: los bailes del domingo, las bodas, las idas y venidas a la fuente, la vuelta del río con el hato de ropa, la recolección...Las coplas hacen referencia a los noviazgos surgidos en esos momentos siempre esperados:

Apañando aceitunas
se hacen las bodas;
la que no va a aceitunas
no se enamora.

En la romería de abril
te agarré la mano;
como no la quitaste,
novios quedamos.

Como norma general, en toda la provincia el noviazgo ha de iniciarlo el hombre. El ya señalado acercamiento de las pandillas va dando paso a un acercamiento selectivo de un mozo hacia una muchacha concreta. Si ella es gustosa, se dejará acompañar a la vuelta de la fuente, aceptará bailar varias piezas seguidas en los bailes domingueros, se dejará tocar las manos en la aceitunera para que su pretendiente compruebe lo frías que están, será a la primera que el jovenzuelo le pase el marro o piedra caliente para templarse los dedos, recibirá de buen grado la banderilla que el enamorado arrancó al toro de la capea cuando éste agonizaba... Ni que decir tiene que estos hechos no escapan a la comadre, y ésta será casi siempre la que consiga que la noticia de la incipiente relación llegue a oídos de la comunidad rural.

El siguiente paso tras la elección es la declaraciÓn amorosa, cuya iniciativa también corresponde al hombre y cuya fórmula varía de unos pueblos a otros. Esta tendrá lugar cuando el mozo haya notado un tilín en el comportamiento de su pretendida.

En Ahigal el mozo aprovecha la primera oportunidad que se le presenta en el baile para espetar a la muchacha:

¡Oyi, tú, ésta! Tengu oyíu que dicín p'ahí que semus novius.

-¡Güenu, ésti! Si lo dicin..., güenu está -responde ella. Y noviazgo resuelto.

Puede ser que el muchacho apocado o tímido no se encuentre con decisión para preguntar a la joven. Entonces recurre a otro remedio. En la ronda de una boda, en la que ambos coincidan, harán por emparejarse. Al llegar al Llano del Cura, donde la comitiva se detiene para bailar, el galán atraerá a la mozuela hasta un pozo que hay en el centro. Sin mediar palabra, éste dejará caer una moneda al agua. Si hace ella lo propio, es decir, arroja otra moneda, dará a entender que acepta convertirse en la novia del tímido pretendiente. Las parejas así declaradas son conocidas como novius de moneeru.

En Garrovillas la declaración no difiere mucho de la primera:

-¡Moza! Icin que semus novius dambus.

-Si lo icin que lo igan... ¡Non fuéndulu! -contesta la moza con un primer rechazo que ha de ser de rigor. El vuelve acto seguido a la carga, y la muchacha, como es de suponer, resuelve afirmativamente:

-¡Que la genti iga! Que lo menestel es la nuestra querencia.

En la Comarca de Las Hurdes y en algunos núcleos de la Sierra de Gata la declaración se hace siguiendo un ancestral protocolo que no ha de saltarse ninguna persona que se precie:

-¡Güenu, chacha! Si no ties compromisu y quies jacerlu conmigu...

Es la misma incitación al noviazgo que se descubre en La Alberca, pueblo que antaño perteneciera a la provincia de Extremadura, aunque aquí, para animar a la muchacha a soltar un sí, se le añadía la lista de posibles económicos:

-Mira que tengo una viña en el Soto y unos olivares en Las Hurdes y que no soy mala proporción para cualquiera y que con lo tuyo y lo mío habría bastante para lo que fuera menester.

En Torremocha. en su romería de la Pica, se hace la declaración sin mediar palabra. El joven enamoradizo corre portando dos huevos cocidos en las manos detrás de la mozuela, que también lleva otros dos. Si ésta acepta tocar sus huevos con los de aquél, es que también acepta entrar en noviería.

Es costumbre en Montehermoso, luego de recibir la declaración amorosa, conocida allí con el nombre de el palráu, el que la moza corra a darle la noticia a sus amigas. Las frases que se cruzan entre éstas y la nueva ennoviada son siempre las mismas:

-Ya me lo palró el Juan. Ya lo vi, ya lo vi, ya lo vi.

-¿Qué te diju?

-¡Qué sí, que sí! ¡Ja, ja, ííí...!

El que la muchacha acepte es importante, pero no suficiente para que la pareja inicie sus relaciones de novius fromalis. Falta la conformidad de las dos familias, hay que cóntar con la autorización paterna. En este caso también la costumbre ritualiza el hecho de solicitar del lau de la moza premisu pa que sea novia. En el pueblo de Piornal la solicitud se ha practicado hasta fechas muy recientes mediante un rito particular que consistía en que el mozo se acercaba a la puerta de la casa de la pretendida, que previamente ésta había dejado abierta, y al grito de ¡porra dentro! lanzaba su bastón o cachiporra al interior de la casa. Si el.padre estaba conforme con el pretendiente de su hija, recogía el bastón y lo guardaba, es decir, mostraba su aceptación a compartir la autoridad dentro de la casa con el galán de su hija. De este modo el joven se veía obligado a pedir la cachiporra, siendo éste el pretexto para comenzar a tomar asiento en la cocina de la zagala. Pero si el pretendiente no era querido por yerno, que también se daba con frecuencia, el padre de la mocita tomaba el bastón y lo arrojaba a la calle a la voz de ¡porra fuera!

En algunos pueblos de la provincia el artilugio era distinto. En distintos lugares de las Villuercas el mozo sacaba los animales del huerto del padre de su prometida y los metía en el suyo. Más tarde se presentaba en casa de la mozuela para contarle a sus padres que había encontrado el ganado suelto y él los había encerrado en su finca. Si el padre de la muchacha, sabedor de la treta, no quería este noviazgo para su hija, despachaba al pretendiente con el consejo de que llevara los animales donde estuvieron. Si, por el contrario, el padre aceptaba el galanteo, la cosa cambiaba: se hacía acompañar del muchacho a buscar el ganado que le robó y a llevarlo a su anterior pastizal para que así aprendas dónde están los huertos para cuando tengas que ir solo. Tras el cambio regresaban a casa, donde la madre y la hija enamorada esperaban al que ya había sido admitido formalmente.

S.-CONDICIONAMIENTOS.

La provincia de Cáceres ha tenido uno de los índices más elevados de matrimonios de conveniencia, matrimonios arreglados por los padres sin tener en cuenta la mínima elección por parte de los hijos. Razones de índole económica son las que en mayor medida han motivado este tipo de comportamiento. En una sociedad rural, como es la cacereña, se ha visto en los enlaces matrimoniales una forma de mantener e incluso, aumentar el patrimonio, que al fin de cuenta es lo que da un mayor prestigio social. Las distintas clases sociales forman grupos cerrados dentro del mismo pueblo, de manera que generalmente toda persona esta obligada a casarse con su igual. Boa de rica con probi no jacin jacienda es un refrán que se oye en la provincia y que viene a resumir lo anterior.

Nada o muy poco importa el que los novius apañaus no estén de acuerdo con la imposición paterna o que no se acepten el uno al otro, ya que no tie que vel que cuasi no s'avengan cuandu s'ennovian, polqui la querencia verdaera la jaci el roci aluegu; así jue dende p'atrá. Un viejo refrán relativo a un pueblo extremeño, Hornachuelos, incide en el desatino: Los novios de Hornachuelos, que él lloraba por no llevarla, y ella por no ir con él. Esto, que ocurrió en la realidad, lo explica con suma ironía Juan de Mal Lara en su "Philosofía vulgar": En Hornachuelos vinieron dos (padres) a casar hijo e hija sin que se hubiesen visto; y desposados, en viéndose, concivieron grande odio el uno del otro, por ser tan feos y tan mal condicionados, que no se halló cosa del uno agradara al otro. Y casados ya, cuando el novio la había de llevar... comenzaron a llorar de ganas ambos. Preguntados por qué, respondió el novio que no quería ir con ella. Respondió ella que no quería ir con él.

El caso cierto es que la negativa de los padres a aprobar un determinado noviazgo al gusto de sus hijos ha llevado a éstos a tomar ciertas posturas. Muchas veces los jóvenes han optado por huir de casa o esperar a cumplir la mayoría de edad para verse libres de la tutela paterna. Esto podía traer consigo el desheredamiento de los fugitivos o desobedientes en beneficio de sus hermanos más sumisos. Las escapadas de la casa familiar, con el correspondiente cobijo en las iglesias, fueron la tónica dominante en siglos pasados, hasta el extremo que el Sínodo de Coria de 1538 se ve en la necesidad de regular tal derecho de asilo. En el Folio LIII se lee: Porque algunos robadores públicos de mujeres se acogen con las mujeres robadas a sus maridos o padre a las Iglesias, estatuymos y ordenamos que los semejantes no sean acogidos ni recibidos en las Iglesias.

La intransigencia de los padres ha derivado en ocasiones al suicidio. Los romances de ciegos cuentan y cantan historias reales que tuvieron por escenario la provincia de Cáceres en fechas no muy lejanas. Pero la solución más comúnmente buscada por los novios ha sido con diferencia la de recurrir al embarazo. Ante esta situación las dificultades solían desaparecer, ya que la honorabilidad de los padres siempre era mayor con una hija mal casada que con una hija soltera y con familia fuera del matrimonio.

Todo novio ha de cumplir con una serie de obligaciones para con su prometida. Habrá de visitarla determinados días de la semana, variando de unos pueblos a otros. El tiempo que dura la visita, esto en el primer año de noviazgo, el galán está condenado a pelar la pava a la puerta de