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CANCIONES Y CUENTOS

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 81.

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EL LIBRO DE LA JAMBRI

PRIMERA PARTE

Sentalsos en pie de mi,
que sos quiero contal yo
la hestoria más divertía
que en papeles se leyó:
la hestoria de Juan Centena,
que hace tiempo se murió,
y, aunque el pobre era mu pobre,
se murió de un atracón,
que en "El libro de la jambri"
encontró la solución.

Se fue en ca el vecino
Agapito el del. Zurrón,
que era el su compadre,
pos al su hijo bautizó.

-Delme usted, compadre mío,
Agapito el del Zurrón,
la escopeta cazaora,
la escopeta de cañón,
que de jambri que pasamos
ya mos da el retorcijón,
y mal será que con ella
no mate algún gorrión.

p'adentro se fue el compadre
Agapito el del Zurrón
y en menos que canta un cuco
la escopeta le sacó.

-Juanillo, compadre mío,
yo no tengo munición,
pos anque tengo escopeta
nunca he sido cazador.

-Compadre, usted no se apure;
yo no quiero munición;
sólo quiero la escopeta
y pólvora sin explosión.

-Tome pólvora, Juanillo,
que pólvora tengo un jartón.

Cogió la escopeta Juan
y al hombro se la cargó.

Su mujer que lo vio entrar
por la entrada del portón:

-Esa maldita escopeta
nos v'a buscar la perdición.

Pero Juanillo Centena
asina le contestó:

-Yo me voy por esas tierras
y por los mundos de Dios
a traerle a nuestros hijos
tocino, queso y jamón.

-No te vaya, mi Juanillo,
y quédate por favor.
que cosas buenas no hacen
las armas de munición.

-Cállate, que yo me largo
a quitarle a fray Prior
diez mil reales que guarda
de unas vacas que vendió.

-¿Qué te jaldrá la justicia
y la Santa Enquesición?

-Por mucho que me redigas
no voy a coger temor,
porque Juanillo Centena
no perderá la intención,
que en "El libro de la jambri"
mucho de bien aprendió.

Cuando acabó de decirlo
a la su mujer dejó
y al convento de Abadía
con prisas se encaminó.

En el camino al convento
le vino a pasar lo peor:
le salieron los ladrones,
cuatro de dos en dos.

El que iba más adelante
el trabuco le arrimó.

-Dame el dinero que llevas,
y si me dices que no
te dejaré la barriga
igual que un colador,
y te catarán la tu carne
los cuervos de la región.

-¿Dónde tengo yo el dinero?,
si en busca de él ando yo.

Si me dejáis con la vida
sos haré la relación,
y veréis cómo sacamos
para tos repartición.

He venido del Ahigal
porque el hambre me azuzó
y no pienso volver a casa
sin algo de gran valor
pa que mi mujer y mis hijos
coman pan, queso y jamón.

Al convento de los frailes,
como yo que soy muy yo,
me colaré por la noche
pa quitarle al fray Prior
diez mil reales que guarda
de unas vacas que vendió.

A la verba de Juanillo
la siguió la del ladrón.

-Mucho me temo, Juanillo,
que no tendrás la ocasión.

Al convento de Abadía
nunca entró ningún ladrón.

-Pronto sabréis vusotros
lo que hace un remendón
que en "El libro de la jambri"
encontró la solución.

Llegó Juanillo al convento
y torteó en el port6n
hasta que salió el portero
ayudante del Prior.

-A la paz de Dios, hermano,
el fraile le preguntó.

-A la paz de Dios, señor fraile,
y dígale al fray Prior
que a la puerta está Juanillo
el que fue su remendón.

Pronto le dicen que pase,
que pase hasta el corredor.

-¿Qué te pasa, mi Juanillo?,
que te veo sin color.

-Discúlpeme que le hable
este pobre remendón,
que ya va pa una semana
que bocao de pan no probó;
y mi mujer y mis hijos
están igual de peor.

-Cuéntame, mi buen Juanillo;
dime qué te sucedió.

-Le contaré, señor mío,
le contaré, fray Prior,
lo que hace una semana
al pobre Juan le pasó.

Era una noche oscura,
entre la una y las dos,
cuando cuatro hombres armados
llegaron al caserón;
con el trabuco me apuntaron
al botón del pantalón
y antes de darme cuenta
uno me relató:

-Del convento de Abadía
guarda el padre fray Prior
diez mil reales sonantes
de unas vacas que mercó
en el mercao del Ahigal
el domingo que pasó.

En ese convento fuiste
zapatero remendón
y por eso allí la entrada
nunca te se negó.

Juan Centena, Juán Centena,
te vas a ir ante el Prior
a decirle que te entregue
los reales del bolsón.

Si los reales no traes
para ti será peor,
que la tu mujer y los hijos
olerán a monición,
y aluego tú serás muerto
sin ninguna compasión,
pa que se coman tus tripas

los cuervos de la región.
Por eso he venido al convento
a pedir explicación.

Si me voy sin los reales
mi suerte será la peor;
si me voy con los reales
me dirán que soy un ladrón.

Apiádese usted de mí,
apiádese fray Prior,
y me diga qué he de hacer
pa encontrar la salvación.

-No te asustes, Juan Centena,
ni quieras tener temor,
que pa sacarte de apuros
tienes al fray Prior.

No quiero alvidar ahora
que fuistes el remendón
desde que te dejaron de niño
a la puerta del portón
del convento de Abadía
y eras un hijo pa tos.

Toma todos los reales
que hay en el bolsón,
que vale más una vida
que lo que vale un doblón.

-Eso sería un pecado
que ofendería mucho a Dios.

-Yo te absuelvo, Juan Centena,
porque falta la intención,
y sin intención no hay robo,
y sin robo, pecador.

Juan Centena de rodillas
recibió la bendición
y sin esperar sermones
para fuera se salió.

A sólo un cuarto de legua
con los ladrones topó.

-¿Qué tal te fue, Juanillo,
con el Padre Superior?

-Compañeros, me fue bien;
no pudo salir mejor.

Aquí tengo los reales
metidos en el bolsón,
sin que falte ni uno solo
de las vacas que vendió.

-¡Viva Juanillo Centena!

-¡Viva Juan el remendón!

-¡Viva el hombre más valiente
que sabe usar la monición!

-Yo no uso la escopeta
ni pólvora sin explosión;
cuando me fui al convento
escondía se queó
al lao d'un galapero
que está cerca del portón.

Juan Centena mu despacio
le contó la relación
que hizo en el convento
con el padre fray Prior.

Lo escuchaban los ladrones
sin tener respiración
por las cosas que contaba
Juanillo el remendón.

-Eres el hombre más tuno
que en la tierra se crió
y puede que en el Ahigal
no haiga otro mejor.

-Vente con nosotros, Juan,
por esos montes de Dios,
que cinco mejor que cuatro
es la ley del buen ladrón;
tú serás el capitán,
porque vales más que tos
y tienes igual de labia
que el mismo Nuestro Señor.

-Vamos los cinco al monte
a repartir el bolsón,
les respondió Juan Centena
lleno de satisfacción.

SEGUNDA PARTE

Ya se fueron los ladrones,
y con ellos Juan Centena,
a repartir los reales
en lo alto de la sierra.

Allí se sentaron los cinco
al pie de una canchalera.
y una pata de cordero
se jincaron pa la cena.

Después que habieron comido
empezaron a hacer cuenta:
dos mil reales por barba
a ca cual correspondiera.

Aunque los otros durmieron,
no tuvo Juan dormilera;
y es que no sabía dormir
con las andorgas repletas.

Asín se pasó el remendón
toda la noche en vela,
con "El libro de la jambri"
metiéndolo en la mollera.

En cuanto que sale el día
junto a la lumbre se sientan,
y mientras beben café,
ven que por una vereda
viene un hombre montado
en una burrita negra,
con un carnero detrás
que trae atado a una cuerda.

-Yo conozco a ese infeliz,
dijo al pronto Juan Centena;
por los pasos me parece
que es un mozo de Mohedas,
que en dentro de una semana
se va casar en la Pesga
con la hija de un riquinu
que dice tener buena hacienda.

Ahora viene de la majá
con carne para la fiesta.

¿Qué sos apostáis conmigo
que con mañas y con tretas
le quito el carnerillo
que trae atado a la cuerda?

-Quinientos reales es el trato,
ca uno de la su faldiquera.

-Desde aquí podéis mirar
cómo sos gana l'apuesta
el zapatero del Ahigal,
con mañas y no con fuerzas.

Juanillo bajó corriendo
de lo alto de la sierra
y mu pronto le cogió
una buena delantera.

Colocó un borceguín
en el medio la vereda
por onde tenía que pasar
el de la burrita negra.

Aluego mucho más alantre
el otro borceguín deja.

Cuando el primero ve
el mocino de la Moheda:

-¡Vaya, un borceguín!,
si fueran dos me sirvieran.

Juan cogió el borceguín
y, sin que el mozo lo viera,
echa a correr de nuevo
para tomar delantera,
y junto al otro borceguín
se esconde en una carqueña.
En llegando el mozo dice:

-Otro borceguín a mi vera;
ya es cuestión de que me baje
y a por el otro me vuelva.

Se bajó y ató el carnero
al pie de una mimbrera
y a por el primer calzado
se fue de una carrera.

Sale Juan el remendón
de detrás de la carqueña:
con borrego y borceguines
se marcha para la sierra.

Los ladrones a pagar
los reales de la apuesta.

Ni borceguín ni borrego
encuentra el mozo de Mohedas.

-Este sitio está embrujao
de mil brujas carniceras,
que me han robado el carnero
que llevaba pa la Pesga.

¿Qué hago yo ahora mismito?

Sin la carne no habrá fiesta.

Volveré a la majá
a por otro carnero apriesa.

Los ladrones escuchaban
estas buenas ocurrencias.

Juanillo el remendón
quiso hacer otra apuesta.

-¿Qué sos apostáis, amigos,
que le robo cuando vuelva
el otro borrego que traíga
para comerlo en la fiesta?

-El mozo vendrá escarmentao
y con los ojos alerta
como para que alguien le quite
el borrego ante sus jetas.

Prepárate, zapatero,
que vas a perder esta apuesta.

Se fue corriendo al sitio
donde el carnero perdiera;
al estar ya muy cerquita
el vecino de la Mohedas
oye que salen balidos
detrás de una matorrera.

-Bien me lo decía yo
cuando volvía de la jesa,
que el carnero que se pierde
no se lo traga la tierra.

Ahora me junto con dos;
mejor será pa la fiesta,
y seguro que no habrá
otra igual en la Pesga.

Se bajó de la burrita
y se fue a la matorrera
donde creía que balaba
el carnero que perdiera.

Pero Juan se fue escurriendo
lo mismo que una culebra
hasta llegar donde estaba
parada la burra negra.

Asín que desató el carnero,
y antes que el mozo volviera,
estaba nuestro Juanillo
gateando pa la sierra.

Los ladrones a pagar
los reales de la apuesta.

El mozo estuvo buscando
casi tres horas y media;
al volver ande la burra
se encontró con la sorpresa:
también a este carnero
se lo había tragao la tierra.

-Toas las brujas del mundo
en este sitio se encuentran.

A casa me voy al instante,
que este aquí no se queda,
no sea que aquí yo deje
de los pies a la cabeza.

¡Virgen del Carmen, ayuame
a llegar entero a Mohedas!

El mozo con gran cerullo
se monta en la burra negra
y sin mirar a los lados
a la burra le jarrea.

Vuelve Juan a prepararse
para ganar otra apuesta.

-Me apuesto quinientos reales,
a ca uno de la su faldiquera,
que le quito toa la ropa
que el mocino lleva puesta.

-La apuesta ya está apostá;
la ganancia será nuestra,
porque a perro escarmentao
no hay quien le haga las tretas.

Allá van los cuatro ladrones
Al lado de Juan Centena,
y han de coger una trocha
para alcanzar al de Mohedas,
que no deja de correr
como las almas en pena.

Cuando llegan a un gran valle
Juan Centena al punto ordena
que los cuatro compañeros
se escondan en las mimbreras,
desde donde pudieran ver
todo lo que ocurriera.

Juan fue a la mitad del valle,
donde en medio de la hierba
había un pozo de agua
con boca de piedra moleña.

Se puso un parche en un ojo
hecho de masa de cera
y se metió en la boca dos chinos
pa aumentar las carrilleras,
que asín no lo conocería
la madre que lo pariera.

Cuando llegó hasta el pozo
el de la burrita negra
se puso a gritar recio
y con la voz lastimera:

-¿Quién será el hombre bueno
que quiera quitar mis penas?

-¿Qué le pasa a usted, señor,
que llora de esa manera?

-La suerte que yo he tenido
para nadie la quisiera.

Hace un rato que venía
con más de dos mil pesetas
que me dio el fraile Prior
para pagar las ovejas
que hace unos días compró
al amo de aquella jesa.

Vine a beber al pozo,
y al inclinar la cabeza
para sacar un poco de agua
me se cayó la cartera.

Para bajar hasta abajo
me hacen falta escaleras;
si se quea usté al cuidiau,
yo voy en busca de ellas.

-Yo quedaré en vigilia
mientras trae las escaleras.

-¡Que Dios se lo pague a usté!,
pues gente asín ya no quea.

Juanillo se fue ligero
y se escondió en la mimbrera.

Al ver que éste se iba,
fue el mozo de Mohedas
a donde tenía la burra
y de allí trajo una cuerda,
que la ató de una estaca
pa que bien lo sosteniera.

El mocillo se desnuda,
deja la ropa en la hierba
y se baja al hondo del pozo
por la soga que recuelga,
en busca de los dineros
que le dijo Juan Centena.

Cuando Juan lo vio bajar
sale corriendo con tienta,
le quita toda la ropa
y presto se va con ella
a donde están los ladrones
observando la faena.

El mozo sale del pozo
y sin la ropa se encuentra.

Tiene que cubrirse las carnes
con la manta carbonera
que había usado como albarda
en la su burrita negra.

Como un méndigo sin ropa
el mocito llega a Mohedas,
para contar que hay mil brujas
en el camino a la sierra.

Juan se quea con los reales
que ha ganado en la apuesta
a los cuatro ladronzuelos,
que pagan a tocateja.

El más viejo de los cuatro
le dijo a Juan Centena:

-Ya tienes todos los cuartos
dentro de la tu faldiquera;
y ya que tienes los cuartos,
toma también la escopeta,
y vete para el Ahigal
o donde a tí te parezca,
que no queremos tus mañas
por lo caras que nos cuestan;
han aprendío los ladrones
que si contigo vivieran
andarían siempre robando
y sin tener una perra.

A eso contestó Juanillo,
cogiendo la su escopeta:

-Pa el Ahigal me voy ahora mismo,
y digo adiós a la sierra,
pero antes sos diré
un consejo que así reza:

"Para ser ladrón del bueno,
más vale maña que fuerza".

Al llegar Juan al Ahigal
a la su mujer le entrega
los reales de los frailes,
carneros y vestimientas.

-¿Qué será de mí y de tí
si la Justicia se entera?

-No tengo miedo, mujer;
que bien aprendió Juan Centena
en "El libro de la jambri"
a jacer sus componendas.

y al instante le contó.
toíto al pie de la letra,
lo que jizo en la Abadía
y lo que jizo en la sierra.

Aprendan los que escucharon
la hestoria de Juan Centena,
que en "El libro de la jambri"
se aprenden cosas muy buenas:
que el que se lo sepa bien
nunca sin comer se queda.

Recitó: DESIDERIO RATON (Ahigal, Cáceres).
Recopiló: JOSE MARIA OOMINGUEZ MORENO

MISA EN VERSO

Sabrás, dice el sacerdote
que el clérigo revestido
significa al Verbo Eterno
de humano traje vestido.

En que se cifra el amor
con que su Majestad vino
a hacerse del hombre humano
con ser del hombre ofendido.

Por el AMITO se entiende
cuando de juncos marinos
fabricando una corona
se la pusieron a Cristo,
con título de celada
que forjó el Verbo Divino.

También significa el lienzo
con que aquel rostro divino
fué cubierto y le decían
adivina quién te ha herido.

El ALBA que véis que cubre
el ordinario vestido,
a la vestidura blanca
con que Herodes, Rey impío,
al dador de todas ciencias,
porque milagros no hizo
en su presencia y su gusto
a voces loco le dijo.

El CINGULO representa
cómo los perros judíos
a Cristo en el Huerto ataron
dándose a prisión él mismo.

Y la ESTOLA es otra soga
que al Cordero sacro y pío
le echaron a la garganta
con que le llevan asido.

Otro cordel significa
el misterioso MANIPULO
con que a la columna ataron
al Rey que los cielos hizo.

En la CASULLA la cruz
figura que llevó Cristo
hasta el Calvario do fué
ofrecido en sacrificio.

Esta también significa
vestidura por ludibrio
con que Pilatos vistió
a este dulce Jesús mío,
y le sacó por las calles
por complacer los judíos
y puesto sobre el balcón
"ecce Homo" a todos dijo.

Cuando estés oyendo Misa
contemplando el sacrificio
has de ofrecerte también
con el sacerdote mismo,
por él y por los difuntos
del Purgatorio afligidos
dando a Dios inmensas gracias
por tal favor cual nos hizo.

El INTROITO al altar
se entiende cuando en el Limbo
las ánimas de los justos
aclaman al Rey Divino.

Las cinco veces que vuelve
el rostro al pueblo contrito
el sacerdote demuestra
que se mostró veces cinco
resucitado y glorioso
a su Madre y discípulos.

También la primera vez
al primer Dóminus vobiscum
significa cuando fue
de los Reyes conocido,
venerado de su Madre,
de los pastores creído
y también, a mi entender,
de las Marías lo mismo.

Aquel extender las manos
el sacerdote contrito
cuando en la cruz te pusieron
para clavarte, Dios mío.

Cuando en el primer MEMENTO
queda el preste enmudecido
toda la Pasión contempla
desde la postre al principio.

Cuando la HOSTIA LEVANTA
denota que los judíos
en el árbol de la cruz
levantan a Jesucristo.

En la ORACION inmediata
has de advertir que fué Cristo
al Valle de Josefá
habiendo instituído
el Sagrado Sacramento
del dulce Pan Eucarístico.

La segunda que le sigue
has de tener advertido
cuando sacó para el huerto
a los amados discípulos
que fué a Pedro, Juan y Santiago
para que orasen consigo.

TE SUPLICES EXORAMUS
advierte cristiano hijo
que fué cuando oró el Señor
en el Huerto al Padre mismo.

Aquel BESAR EL ALTAR
después de lo referido
denota el beso que dió
Judas a mi Jesucristo.
cuando le llegó a prender
con ánimo pervertido
y le dijo "Ave, Rabi"
aleve y desconocido

En el SEGUNDO MEMENTO
es de notar cuando al Limbo
bajó a quebrantar las puertas
para librar sus amigos.

Cuando NOBIS PECCATORIBUS
advierte y ten entendido
cuando aquel Rey soberano
consoló estando afligido
a las Marías que lloran
por verle tan mal herido
diciendo: Llorad por vos
por vos y por vuestros hijos
y por mí ya no lloréis
que esto del cielo me vino.

Cuando dice el PATER NOSTER
es cuando la Virgen hizo
oración al Padre Eterno
por la ausencia de su hijo.

El PAX VOBIS representa
cuando resurgió divino
y viendo el Sacro Colegio
alegre pax vobis dijo.

Aquel DIVIDIR la Hostia
has de tener entendido
cuando el Hijo de María
dio el último suspiro
y entregó al Eterno Padre
el Espíritu Divino.

Aquel entrar una poca AGUA
en el cáliz con el vino
entre cuyos accidentes
está la Sangre de Cristo
se entiende fue sepultado
amortajado y ungido.

El sobreponer la PALIA
sobre el cáliz, caso escrito
cuando le echaron la losa
del sepulcro al Rey invicto.

Y al decir el AGNUS DEI
tres veces, ten entendido
es pedir con viva fe
a este consistorio mismo
que nos perdone las culpas
que hayamos nos cometido
por palabra, pensamiento
y por obra cometido.

Cuando PAX TECUM pronuncia
es la paz que el Verbo quiso
que se conserve en el mundo
pues a darla al mundo vino.

La COMUNION nos demuestra
cuando en propia virtud Cristo
en su sagrada ascensión
se remonta al cielo empíreo.

Cuando a la diestra se muda
del sacro altar este libro
es de notar que vendrá
a juzgar el día del juicio
con majestad soberana
a los muertos y a los vivos
dará al bueno dulce premio
y al malo amargo castigo.

Las últimas oraciones
dan los loores divinos
a la Trinidad Sagrada
cuyo misterio no explico
por ser hondo para mí
y ser muy corto mi juicio.

Decir ITE MISSA EST
tendrás también entendido
que fue cuando ya en la cruz
con suma humildad nos dijo
"consummatum est. Amén.

Hoc est tam magnum martirium
de la redención del hombre
por quien todo lo ha sufrido
y le ha pagado la deuda
con que al cielo había ofendido.

También leí en otro autor
significa aquello mismo
que es la ascensión a los cielos
con la virtud de su Espíritu.

La BENDICION que os echa
el Clérigo revestido
da a entender la que echará
allá en el día del juicio
a los buenos y a los malos
dándonos premio o castigo.

Cuando si estamos en gracia
veremos a un tiempo mismo
lo divino con lo humano
en la persona de Cristo.

En el ULTIMO EVANGELIO
has de tener entendido
que es el creer de los pueblos
allá en el día del juicio
cuando veamos sucede
lo que la Iglesia nos dijo
habría un pastor y un rebaño
y el no creerlo es delirio.

Tengo acabado mi tema
y aunque tan corto haya sido
mi caudal en el hablar
misterio tan escondido
deja el deseo a la lengua
y el corazón ya rendido
da las gracias a Maña
y al consistorio divino
a la Trinidad Sagrada
Padre, Hijo y Espíritu Santo
en quien creo, a quien confieso
y a quien adoro rendido
y explicar este misterio
es muy profundo su abismo
que aun los santos estuvieron
en este golfo metidos
que este es sólo para Dios
que es un proceso infinito
y sabiduría inmensa
muy dilatado albedrío.

Y concluyo con decir
que se conoce a sí mismo.

Terno poder del Padre
Sabiduría del Hijo
y Amor también inefable
del sagrado paraninfo
pues en el alto misterio
de la Encarnación del Hijo
concurrieron todas tres
quedando sólo vestido
de la Trinidad aquel
que llamamos Hijo
al modo que cuando toman
medida de algún vestido
uno prueba, otro compone
y otro se ajusta el vestido.

De esta suerte concurrieron
las tres personas que digo
dando al consentimiento
para lance tan bendito
aquella doncella hermosa
concebida sin el vicio
del pecado original
que así el cielo la previno
al librarla de la mancha
porque así a todos convino
pues que concibió y parió
sin dolor al niño Cristo
sin la más leve lesión
del santo claustro virgíneo

La Purísima Madre
que lo es del Verbo Divino
y Madre de pecadores
por quien tanto bien nos vino
interceda por nosotros
que en este valle metidos
de lágrimas y miserias
a ti, fuente, subiremos
y pedimos, gran Señora
que nos des a vuestro Hijo
Jesús, que es nuestro Salvador
y consuelo de afligidos.

SANTIAGO BAUSELA DELGADO
Párroco de Castroverde de Campos 1718-1736
Recogió: D. CANDIDO SANMILLAN HIERRO