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Danzas de paloteo en Aranda de Duero

LAZARO PALOMINO, Fernando

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 82.

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Uno de los temas que han despertado interés dentro de la antropología y el folklore de nuestros pueblos es el de las danzas de palos o paloteos. La existencia de este tipo de baile ritual se distribuye por un amplio espectro de países. Quizá sea Europa el continente que más arraigada tenga esta tradición, en la que España ocupa un puesto destacado por la variedad y riqueza regional que aporta.

Son muy diferentes las causas que han mantenido vivos estos grupos de danzantes, pero quizá la religiosa sea la más importante, aunque en su origen nada tuvieran que ver un hecho y otro.

Sin duda, estas danzas deben emparentarse con ritos paganos, siendo en esta cuestión de la procedencia u origen donde las teorías se enfrentan con mayor fuerza: mientras la idea más generalizada hace unos años era dar a estas danzas un carácter guerrero, cada vez se impone más la cuestión de atribuirlas cualidades propiciatorias y de fertilidad, emparentándolas de este modo con ritos agrarios ancestrales. En este sentido resulta acertada la idea de Josep Crivillé en la que recuerda cómo los palos o pequeños bastones fueron los primeros instrumentos del hombre para realizar sus tareas de agricultura en las sociedades preagrarias. Por otra parte es un hecho indiscutible la creencia de considerar a la danza como elemento que favorece la germinación de cosechas. Esto puede verse refrendado en muchos de los pasajes de estos bailes, cuando los propios danzantes se inclinan hacia la tierra y clavan el palo en ella recordando esta actividad agraria de la siembra por medio de un bastón. Otra posibilidad que se baraja es la de contemplar los paloteos como restos de antiguas danzas gremiales (1).

A partir del siglo XVI la documentación sobre el tema es mucho más generosa, y según se desprende de ella, este tipo de bailes, en nuestro país, se centra casi siempre en torno a la festividad del Corpus Christi: este carácter ha permanecido muy arraigado en la región Castellano-Manchega. Por el contrario en la zona de Castilla la Vieja los paloteos han pasado a representarse más en la festividad del Santo Patrón o a la Virgen del lugar, aunque según parece, en siglos pasados también se realizaron en día del Corpus. En muchos pueblos estas danzas se han separado del rito religioso pasándose a representar con motivo de ciertos acontecimientos o como simple manifestación folklórica.

Hecha esta breve introducción en la que queda expuesta muy sucintamente la situación de estas danzas, pasaré a informar sobre la tradición que en Aranda de Duero se conoce, y que comparte alguna de las características que anteriormente mencioné.

Los datos existentes que he encontrado son muy escasos, por lo que mi estudio se centra en las pocas notas obtenidas de algunos libros y en trabajos de campo.

La información más difundida sobre la existencia de un grupo de danzantes en esta Villa procede del libro Danzas Típicas Burgalesas (2). Como veremos sus datos presentan ciertas irregularidades. El libro reseñado nos dice textualmente: "La Rosa en el Palo Verde.-Antiguamente, la bailaba una cuadrilla con ocho danzantes con su Zarragón al frente, el día 3 de mayo, festividad de la Invención de la Santa Cruz, bailando delante de la imagen en la procesión que salía de la ermita de San Isidro. Según tradición esta danza data de principios del siglo XIX.

La indumentaria que vestía este grupo era la típica de los danzantes de muchos pueblos de la Ribera: camisa y enaguas blancas, con gran cantidad de cintas multicolores pendientes de los hombros y cayendo por la espalda" (3).

En el siglo XIX hubo un grupo de estas características. Su vida tuvo carácter intermitente, pues se disolvió varias veces, hasta que dejó de existir en torno a 1912. Este carácter intermitente fue consecuencia de su función: los danzantes en Aranda de Duero parece que no representaron sus bailes asociados a una tradición concreta durante el siglo pasado, por lo que la cuadrilla se formaba cuando un acontecimiento lo requería, disolviéndose posteriormente a cada acto En algunas ocasiones se contrató a otros danzantes, como los del pueblo vecino de Fuentelcésped, para ciertas solemnidades, puesto que fue imposible organizar al grupo de Aranda.

Esta cuadrilla estuvo compuesta por ocho danzantes y un Zarragón, pero según parece nunca tuvieron por tradición bailar en día de la Cruz. Ello no quiere decir, como veremos más adelante, que alguna vez no lo hicieran, pero con carácter esporádico. En esta procesión la danza era libre y podía participar en ella cualquier mozo. Por otra parte la comitiva salió siempre de la iglesia parroquial de San Juan o del convento de la Vera Cruz, variando según ciertas épocas de la historia de la villa, pero nunca lo hizo de la ermita de San Isidro como vimos anteriorn1ente.

Respecto a la indumentaria que portaban los danzantes no se conoce con detalle, pues lo que nos dice Justo del Río resulta insuficiente para dar una buena visión del traje. Lo que recuerdan los arandinos tampoco aporta mucho más: "bailaban con faldillas y blusa de color blanco. Tenían, además, adornos bordados". No recuerdan si llevaban cintas de colores o no. Sin embargo, todo ello no quiere decir que el traje de estos danzantes fuera como los de otros grupos ribereños, pues aunque siempre hay ciertas afinidades, una excesiva simplificación no debe conducirnos al grave error de generalizar demasiado las cosas, pues con ello se perdería el carácter etnográfico que tanta importancia tiene en estos casos (4).

En 1925 surge otra cuadrilla de danzantes para un acontecimiento muy especial. Se trata de la consagración de don Silverio Velasco como Obispo de Ticelia (5).

En esta ocasión el grupo está transformado completamente. Se puede decir que se trata de una nueva cuadrilla: ahora la componen dieciséis danzantes y su zarragón, número poco corriente en este tipo de danzas que suele ser de ocho.

La indumentaria que portan es también diferente. Según expuse en el II Simposium del Traje Burgalés celebrado en Burgos el pasado año, los danzantes de este nuevo grupo vestían un pañuelo de flores alrededor de la cabeza, anudado en la parte derecha. Camisa blanca con corbata de diferentes colores y chalecos rojos, amarillos, blancos y malvas. Pantalón hasta la rodilla del mismo color que el chaleco. También tenían una faja roja o negra en la cintura y una banda que les cruzaba del hombro derecho a la cadera izquierda, de color amarillo o rojo. Unas medias blancas y zapatillas de cuero atadas con cintas, completaban el traje. El Zarragón portaba una chupa y un pantalón de jirones rojos y amarillos distribuidos regularmente de forma arlequinada.

Vemos como en cuestión de unos años ha evolucionado un grupo de paloteo de forma sorprendente, hecho que es aceptado por la población pasando a formar parte de una tradición.

Este grupo si que bailó el día dos de mayo, no el tres como se dice en el libro de las Danzas Típicas Burgalesas, durante la procesión de la Santa Cruz. Este acontecimiento no resulta una tradición pues fue la única vez que esta cuadrilla lo realizó, y se hizo así por estar programado dentro de los actos de la consagración como obispo de este arandino que citamos anteriormente.

Estas circunstancias descritas inducen a pensar que la información recogida por Justo del Río atribuye las actividades de este grupo al que existió en el siglo XIX.

Pero, ¿cual es el punto de partida o el posible origen de estas danzas en Aranda de Duero? La información más antigua en la que se menciona la existencia de una cuadrilla de danzantes procede del libro Memorias de mi Villa y mi Parroquia (6). El autor al hablar de las fiestas del Corpus en la ciudad, basado en un escrito del archivo municipal, escribe: "En el año de 1553 con el fin de promover el regocijo público, mandaba pregonar el Ayuntamiento que se daría un ducado a cuantas personas en ese día saliesen con danzas... Al año siguiente (1554)... se ordenó que cada año al servicio de Dios Nuestro Señor tuviese la danza una cuadrilla y que la Villa les ayudaría a la costa, y que como fuese la danza, así se pagaría".

Podemos suponer, según nos revela el texto citado, la existencia de un grupo de danzantes en el siglo XVI relacionado con la festividad del Corpus Christi, como ocurría en otras zonas de España. Sin embargo, pronto desaparece esta tradición, pues en el siglo XVII ya no se hace referencia a esta cuadrilla, entre los actos organizados para esta festividad.

Es posible que este grupo siguiera una evolución parecida a la de otros pueblos; después del siglo XVII la festividad del Corpus decayó en muchos lugares, sin que por ello estas cuadrillas desaparecieran. Más bien siguieron vinculadas a otros ritos religiosos, principalmente procesiones patronales y romerías además de participar en actos relevantes u homenajes que cada pueblo realizase por el motivo que fuera.

Para finalizar haré referencia a los diferentes bailes que estos danzantes ejecutaban. Las danzas siguen unos "Tipos" generales que se suelen repetir por todas las cuadrillas de la región. Cada lugar modifica la melodía, los pasos y las letras, lo que permite diferenciar unos paloteos de otros. Estas danzas-tipo suelen ser de cuatro clases: las de palos que son las más numerosas, el Cordón o Trenzado, el Castillo o Castillete y los Oficios.

En Aranda parece que se danzaron las siguientes: El Castillo que consistía en hacer una torre humana formada por los danzantes al ritmo de la melodía. El Cordón: se ejecutaba dando vueltas alrededor de un mástil del que pendían tantas cintas como danzantes bailaban. Estas cintas se iban trenzando al pasar alternativamente unos mozos entre otros. Posteriormente se volvía a deshacer efectuando los ejecutantes las pasadas en sentido inverso. La danza de los Oficios no se tiene conocimiento de que se representase; consiste en imitar por medio de mímica el trabajo de carpinteros, albañiles, zapateros, etc., al son de la música. Este tipo de baile está bien documentado en otras zonas de Burgos. Entre las danzas paloteadas mencionaré la Rosa en el Palo Verde por la amplitud geográfica que ha alcanzado, siendo quizá, la más extendida entre estos grupos. La versión de Aranda mezcla estrofas de diferentes canciones. Con su letra finalizo esta exposición que pretendía dar a conocer la evolución sufrida por este grupo de danzantes y aclarar ciertas atribuciones que no parecen estar muy fundamentadas por los autores del libro dedicado a las danzas burgalesas.

La letra de la danza es como sigue:

La rosa en el palo verde,
ella misma dice así:
que dulzura y que belleza
si no me sacan de aquí.
Como quieres que te traiga
cuatro cosas por un real:
una pera y un membrillo,
una aguja y un dedal.
La aguja para coser,
el membrillo "pa" guardar,
la pera para comer
y el dedal para empujar.

De esta forma el baile se repetía tres veces, uno por cada estrofa, las cuales tenían también la función de ser una especie de regla mnemotécnica para que el danzante no olvidase el baile. Esto originó que muchas estrofas no tuvieran un sentido lógico pues su función principal no era la poética sino la de recordar la danza.

____________
(1) Para conocer más profundamente cualquier aspecto de este tipo de danzas se pueden consultar los siguientes libros : Josep Crivillé i Bargalló, El Folklore Musical. Col. Historia de la música española, nº 7. Alianza Editorial. Madrid, 1983. Julio CARO BAROJA, El Estío Festivo. Col. La otra historia de España, nº 10. Taurus Ediciones. Madrid, 1984. Con criterio más pedagógico puede leerse el libreto de Antonio SANCHEZ DEL BARRIO, Temas didácticos de cultura tradicional, nº 2 : Danzas de Palos. Editado por el Centro Etnográfico de Documentación de la Diputación de Valladolid.

(2) Danzas Típicas Burgalesas, por Ramón Inclán Leiva, seud. Ignotus. Ed. Hijos de Santiago Rodríguez. Burgos, 1959. Reeditado por Justo del Río en 1975.

(3) lbidem, pg. 286.

(4) En este sentido se puede observar en el libro arriba citado, pgs. 310 y 324, por medio de las fotografías que presenta, la gran diferencia que hay en los trajes de los danzantes de Fuentelcésped y Quintana del Pidio. Ambos pueblos están en la ribera burgalesa del Duero, pero en su indumentaria hay más diferencias que semejanzas.

(S) Pedro SANZ ABAD, Historia de Aranda de Duero. Ediciones de la Excma. Diputación de Burgos y del Ilustre Ayuntamiento de Aranda de Duero. Burgos, 1975, pgs. 316-317.

(6) Silverio VELASCO, Aranda. Memorias de mi Villa y de mi Parroquia. Ed. Industrial Gráfica. Madrid, 1925. Reeditado por la Peña Cultural Tierra Aranda en 1983.