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Algunas noticias sobre el tiempo de Pasión Tradicional: El caso concreto de Medina del Campo

SANCHEZ DEL BARRIO, Antonio

Publicado en el año 1987 en la Revista de Folklore número 83.

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El tiempo de Pasión es uno de los períodos más propicios del ciclo anual para rituales de carácter religioso-popular; la razón es obvia ya que la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo son seguramente los pasajes mejor conocidos no sólo por los analistas de la vida de Jesús, sino también por todo el conjunto de la población.

El estudio de los ritos y ceremonias de este momento capital de creencia cristiana, desde el punto de vista de la tradición, ha de hacerse desde un hecho incuestionable; a la gente sencilla, los hechos distantes en el tiempo y en espacio les resultan confusos y, por ello, intentan reproducir en su entorno próximo aquellos episodios que consideran de importancia, haciendo buena la frase de "vale más una imagen que mil palabras".

Este aspecto ritual de la religión es de gran importancia ya que si la creencia -cualquiera que sea- fuera únicamente vivida desde planteamientos espirituales, sólo las personas preparadas intelectualmente -a quienes les es más fácil entender ideas abstractas o no tangibles- podrían seguirla, dejando a la gran mayoría de los creyentes sin la posibilidad de comprenderla, ya que la idea del pueblo hacia los temas de la religión ha tenido que mostrarse siempre en un lenguaje directo y, por tanto, accesible; por ello, las procesiones con figuras que expresan sentimientos humanos: dolor, pena, alegría... suceden, en este sentido, a las escenas esculpidas en pórticos y capiteles románicos. En mi opinión, de aquí habría que partir para entender que se hayan representando durante siglos numerosos episodios de la Pasión: lavatorios, vía crucis, procesiones y desfiles disciplinarios, descendimientos, encuentros. etc. Dice al respecto Gabriel Llompart: "Esta serie de usos se mantuvo vigente a lo largo de los siglos por la sencilla razón de que constituían la expresión y encarnación populares de la teología escolástica de la penitencia y de la satisfacción cristianas" (1).

De otra parte, cabe decir también que casi la totalidad del elenco de los temas escenificados, así como la tradición oral del momento y otras expresiones populares, siguen con mayor fidelidad los episodios narrados en los evangelios canónicos que los propios de otros ciclos del año; esto ocurre en buena lógica en cuanto que los textos del Nuevo Testamento ofrecen muchos detalles acerca de la Pasión de Jesucristo, mientras que son muy parcos cuando describen otras etapas de la vida del Señor. Este fiel seguimiento de la ortodoxia, sin concesiones a textos apócrifos (como ocurre, por ejemplo, en Navidad), hace que la imaginación popular exalte las bondades o maldades de los protagonistas hasta sus últimas consecuencias.

ALGUNAS NOTAS HISTORICAS

Haciendo una breve incursión en la historia de los ritos de este período, digamos que la primera noticia concreta que conocemos sobre ellos data nada menos que de finales del s. IV y corresponde al relato que la peregrina gallega -¿priscilianista?- Eteria (muerta en 388) hace de los cultos y ceremonias que hacían por aquel tiempo en los Santos Lugares. Dice que son parecidos a los de su patria (en especial los del Sábado Santo) y que le llamó la atención la procesión del Domingo de Ramos y la Adoración de la Santa Cruz. que de Jerusalén pasarían luego a los ritos de las Iglesias de Occidente (2).

De otro lado, sabemos que la Semana Santa, como conjunto de días dedicados especialmente a conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, se celebró desde los primeros tiempos de la Iglesia. A la también llamada "Semana Penosa" o "de Lamentos" se refieren de forma contínua los primeros Padres de la Iglesia, y prueba de ello son las cartas de Dionisio Alejandrino (muerto en 264) o de San Atanasio (muerto en 373) en las cuales se nos habla de los "Seis días santos y grandes (antes de Pascua) que son el símbolo de la creación del mundo" Insistiendo en tres prácticas: la oración asidua, el ayuno y abstinencia austeros, y la vela en la noche del Sábado al Domingo de Resurrección (3).

LAS COFRADIAS PENITENCIALES

Como en otros órdenes de la vida, la puesta en práctica y la organización efectiva de los actos y cultos del Tiempo de Pasión, no puede hacerse realidad desde un intento personal y por ello surgen las primeras cofradías penitenciales, encargadas de dar cauce a las más variadas prácticas religiosas.

El estudio de este tipo de cofradías es de gran importancia. Narciso Alonso Cortés, en su prólogo a la obra de Filemón Arribas: La cofradía Penitencial de Nº Padre Jesús Nazareno de Valladolid, señalaba un triple interés en la investigación de tales congregaciones: "En primer término, el propiamente religioso, ya que nos permite ver cómo fue desenvolviéndose la devoción que dió origen a esta clase de corporaciones, y las formas que adoptó según los tiempos y las circunstancias. Tiene, de otra parte, interés histórico, puesto que la actuación de las Cofradías va íntimamente unida a los acontecimientos de carácter local y a la evolución de las costumbres, y aún halla reflejo en las leyes positivas del Estado. Y tiene, por último -esto en alto grado-, interés arqueológico-artístico, toda vez que a la iniciativa y al entusiasmo de las cofradías se debieron muchas de las más importantes obras ejecutadas por nuestros escultores, pintores, arquitectos e imagineros" (4).

Las primeras hermandades y cofradías de carácter penitencial y disciplinario de España se encuentran ligadas, desde su primer momento, a la Orden fundada por San Francisco en los comienzos del s. XIII, o mejor, las tres Ordenes (quizá incidiera en gran medida, la visita que el Santo hizo a nuestras tierras entre 1213 y 1214). Es en ese siglo cuando se supera la visión mayestática de un Cristo propio de la religiosidad románica de los grandes monasterios, para contemplarlo desde un punto de vista esencialmente humano.

Los orígenes de la obra fundadora del de Asís tienen, además de su explicación histórica, otra de tipo taumatúrgico o legendario según la cual Jesucristo se apareció a San Francisco en la Porciúncula (pequeña iglesia llamada así por haberse edificado en una porción de terreno cedida a San Francisco por los benedictinos) y le dijo que le diera lo que tuviese; el Santo le respondió que sólo tenia su túnica a lo que replicó Jesús que buscara en el seno y le diera lo que hallara; Francisco encontró en ella tres monedas de oro y oyó de nuevo las palabras de Jesús: "Esas tres monedas son las tres Ordenes que has de fundar, yo las bendeciré y durarán hasta la consumación de los siglos" (5). Así pues, tres fueron las Ordenes fundadas por San Francisco: la primera de "frailes menores franciscanos", la segunda de "monjas enclaustradas" y la tercera de "hermanos de penitencia". Las dos primeras fueron fundadas en 1212 y la última fue aprobada por Honorio III en 1221 (generalmente será esta "Orden Tercera" la que encontraremos ligada a las actividades penitenciales del tiempo que nos ocupa; no en vano -y en palabras de León XIII- "la Tercera Orden nació para el pueblo".

El auge de la Venerable Orden Tercera, en siglos posteriores, fue inusitado sobre todo en el siglo XVIII. a tenor de los testimonios documentales que poseemos sobre sus fundaciones y obras piadosas. En nuestra literatura hay numerosas obras de todo género que hacen alusiones a esta Venerable institución. Tal es el caso de una poco conocida pieza teatral de Montalván y Lope de Vega titulada "Los Terceros de San Francisco, o la Tercera Orden de San Francisco", citada en el Catálogo Bibliográfico y Biográfico del Teatro antiguo español (6).

Otra de las referencias obligadas al hablar de las primeras congregaciones y cofradías penitenciales, es la obra fundadora y predicadora de San Vicente Ferrer. Este Santo dominico español instituyó numerosas cofradías penitenciales y agrupaciones piadosas en los muchos lugares que tuvieron la oportunidad de escuchar su vehemencia predicadora, y fue punto de arranque de muchas actividades de carácter penitencial y disciplinario. Por ello, a menudo, encontramos congregaciones de este signo que le veneran como su primer fundador, llevando su imagen, en actitud de disciplina, al frente de sus procesiones.

COFRADIAS PENITENCIALES MEDINENSES HASTA EL PRESENTE SIGLO

A lo largo de la historia, las noticias que conocemos de las congregaciones penitenciales en la villa de Medina nos hablan de dos cofradías de gran tradición, bajo las advocaciones de la Vera Cruz y de la Quinta Angustia de la Virgen, y de otras que tienen relación directa con las actividades propias del momento: la Venerable Orden Tercera de San Francisco y la cofradía de Gracia Penitencial.

a) Archicofradía de la Virgen de las Angustias.

Recordemos, en primer lugar, que el título de archicofradía es ostentado por una cofradía de reconocida antigüedad que tiene, entre sus privilegios, el derecho de poder agregar en su seno a otras hermandades "menores", para que así éstas puedan coparticipar de las indulgencias concedidas a la primera. En este caso, la Archicofradía de la Virgen de las Angustias, también conocida como "de la Virgen del Regazo", gozaba de tres bulas de grandísimos perdones; la más importante de ellas permitía exponer el Sacramento cuatro veces al año -el día primero de febrero, mayo, agosto y septiembre- y tenerle, cada vez, descubierto cuarenta horas repartidas en tres días. En el primer libro que conocemos dedicado a la historia de la villa, escrito por Juan López Ossorio entre los años 1610 y 1616, se hace alusión a estas famosas "triples cuarenta horas" en los siguientes términos: "Enciérrase cada noche con mucha solemnidad, y el tercer día se dicen Completas muy solemnes con los cantores de la iglesia que estén dentro de ella, Y los canónigos llevan en procesión al Santísimo a la custodia de su altar mayor; aderezan para aquellos días la capilla los cofrades que la pueden venir a ver de algunas leguas, y todas las personas que visitasen uno de los tres días la capilla, ganan Jubileo plenísimo, y los presos de la cárcel le ganan en ella" (7). Siglo y medio después, los hermanos Rodríguez Castro, en sus "Notas para la historia de Medina", dicen al respecto que ningún vestigio queda de ellas (8) .

Centrémonos ahora en el posible origen de la archicofradía. Aunque quizá pudieran buscarse sus antecedentes más lejanos en la existencia anterior de una parroquia titulada "de Nuestra Señora de las Angustias" (9), nada podemos concretar con los datos probados que se conocen. Con seguridad, su fundación puede fijarse en la primera mitad del siglo XVI. El primer dato conocido refiere un acuerdo, fechado en 1569, entre el Cabildo Colegial y la Cofradía, merced al cual el primero cede terrenos a la segunda para edificar una capilla para su culto, a los pies del templo (por cierto, esta capilla no se empieza a construir hasta dos siglos después, concretamente en 1738, atribuyéndose la dirección de la obra al arquitecto medinense José Castander Uceta (10)].

En la conclusión de la citada capilla tuvo mucho que ver la ayuda concedida por el Ayuntamiento, según la cual se cedía a la archicofradía la explotación pesquera de las Lagunas Reales del término; acabaron las obras en 1714 y su decoración en 1746. La imagen de la Virgen fue entronizada en esta capilla el 3 de septiembre de 1749 y las solemnidades y festejos propios de tal evento fueron recogidos en un curioso libro del medinense José Antonio Vélez (11).

Esta congregación celebraba tres fechas de importancia en las cuales realizaba sus principales actividades y cultos: El día octavo de la Candelaria (10 de febrero) en que conmemoraba la Trasfixión de la Virgen; el Viernes Santo, día en que tenía lugar la procesión de disciplina (12); y el segundo día de Pascua de Espíritu Santo (o de Pentecostés), su fiesta principal, en que celebraba los Gozos de la Virgen con una sonada procesión con danzas y cánticos de motetes, quema de figuras malignas..., y, cómo no, con juegos de cañas y novillos corridos (13).

A la imagen titular de esta hermandad se le atribuye un milagro obrado en la persona del noble milanés Luis Víscontí, a finales del siglo XVI, referido por Ossorio en los siguientes términos: "Estando (D. Luis) en un corral de las casas en que vivió, en la (calle de la) Mercería de esta villa, retirándose para atrás mirando una mona (sic) que iba por unos tejados, tropezó en un pozo muy hondo y cayóse de espaldas, y dio de cabeza en el agua, y en su corazón se encomendó a esta santa imagen; la cual le ayudó de tal manera, que no supo cómo después de haber caído, y bien mojado, se vio puestos los pies en las poyatas del pozo... así como salió, se fue a dar gracias a la santa imagen a su capilla, e hizo pintar una tabla, cual está hoy en su capílla" (14).

A mediados del siglo XIX, la Archicofradía estaba auxiliada por la Venerable Orden Tercera y la cofradía sacramental de San José, y sabemos que en ese siglo comienzan los problemas económicos que conllevan un período de declive de la hermandad, ya que desde 1815 a 1854 no constan los pagos de la ayuda estipulada a la Casa de Misericordia y Expósitos de Valladolid, dándose un "descubierto de 250 fanegas de trigo a que hay que aumentar 2 fanegas anuales desde 1824 por haberse cargado sólo a razón de seis fanegas" (15).

Cabe decir, por último, que hasta hace una veintena de años continuaba vigente la tradición secular de investir como cofrades de esta archicofradía a los miembros de la corporación municipal en su primer año de mandato, por ser la imagen titular, Nuestra Señora de las Angustias, patrona perpetua de la villa.

b) Cofradía de la Vera Cruz.

Como pasa en el caso anterior, los orígenes de esta cofradía pudieran relacionarse, de alguna forma, con la existencia de una parroquia bajo la misma advocación desaparecida en 1634 y situada en las inmediaciones de la Mota (16). Sin embargo, hasta el siglo XVI no disponemos de datos que nos prueben su existencia real. Su opulencia en aquellos años, concretamente en 1588, la llevó a erigir a su costa, en el asentamiento definitivo de la villa, un templo al que se agregó, cuarenta y seis años después, la ruinosa iglesia de Santa María del Castillo -que al igual que la Santa Cruz estaba enclavada en la Mota.

Conocida como iglesia de la Cruz, funcionó como parroquia hasta 1885 y prestó sus servicios como templo auxiliar de la Colegiata hasta su demolición hace una veintena de años. Al lado izquierdo de su entrada estaba la Casa del Cabildo de la cofradía y, adosado al ábside, un Corral de Comedias regentado por la hermandad. El permiso para edificar dicho Corral se recoge en el libro de acuerdos del Ayuntamiento con fecha 11 de octubre de 1588 y se basa en "no haber en la villa lugar e parte donde se puedan representar comedias, como la hay en Valladolid, Salamanca"; el uno de agosto del año siguiente la petición es concedida. En sus primeros tiempos, fue un Corral abierto; en 1720 se cubrió y años más tarde, en 1867, se inauguró, como sucesor de aquél, el teatro "Isabel la Católica".

Entre sus actos penitenciales, cabe señalar la procesión de disciplina de la tarde del Jueves Santo, en la cual se sabe que en 1585 participaban 700 hermanos de sangre y treinta años después salian sólo 200 -siempre sin contar los hermanos de luz-. Los hachones que sacaban los cofrades de luz en los desfiles de aquellos años, eran cedidos en muchas ocasiones por la importante archicofradía Sacramental de la Colegiata, fundada en 1499 (17), y el paso era, en opinión de Moraleja, una cruz de plata con reliquias incrustadas que se guardaba en la capilla del Santo Sepulcro de esa iglesia (18).

Paradógicamente, esta cofradía penitencíal gastaba la mayor parte de sus ingresos en organizar juegos de cañas y toros, incluso, a veces, en situaciones que podemos considerar como poco afortunadas; tal es el caso del año 1629, ya que un mes después del hundimiento de las bóvedas del convento de San Agustín (que produjo más de 150 muertos entre los feligreses que escuchaban el sermón de la soledad del Viernes Santo), la cofradía de la Cruz solicitaba al concejo permiso para poder "correr toros" (19).

Además de amplias propiedades (20), contaba con numerosos recursos económicos propiciados por la explotación de su Corral de Comedias que le permitían atender un pequeño hospital también instalado en las inmediaciones de su casa rectora (21) .Sin embargo, en el s. XIX el declive de la hermandad se acentúa irremediablemente. Valgan como pruebas las siguientes: En 1809, la cofradía de la Cruz ya no consta entre las hermandades que dan ayudas a la Casa de Misericordia de Valladolid, aunque si aparece en el inventario de cofradías de la villa realizado en 1810 (22). Además, en 1886, la cofradía cede sus derechos sobre el Corral de Comedias al Ayuntamiento para que éste pueda construir un teatro, a cambio de contar con subvenciones para celebrar sus cultos y procesiones, así como de tener el derecho de convocar sus juntas en el nuevo recinto.

c) La venerable Orden Tercera de San Francisco.

Aun a sabiendas que esta congregación no debe catalogarse como cofradía -y así lo establecen las disposiciones de Benedicto XIII en 1725 y de León XIII en 1883-, traigo a colación esta hermandad franciscana por su estrecha relación con las actividades de la Semana Santa medinense.

De su fundación en la villa no tenemos datos concretos; sabemos, eso sí, que en esos primeros años del siglo XVIII se crearon numerosos pueblos de la comarca. El libro de cuentas que ha llegado hasta nosotros recoge las vicisitudes comprendidas entre los años 1712 y 1732 y de él se desprende que, además de las conmemoraciones penitenciales del Tiempo de Pasión, celebra tres fiestas: una en marzo, otra en junio y, la principal, el día de "Nuestro Padre Señor San Luis" en la que tiene lugar "la procesión del Cordón" a la que acuden los músicos de la Colegial. Tiene numerosos cargos que organizan las actividades de sus dos ramas: masculina (Ministro, Vicario, Discretos, Secretario, Síndico, Maestro de Novicios, Maestro de Ceremonias, Celadores, Sacristanes, Enfermeros, Llamadores, Porteros y Jardinero) y femenina (Ministra, Vicaria, Enfermeras y Sacristanas).

Sus reuniones tienen lugar en la capilla que poseen en el Convento de San Francisco -por cierto de muy temprana fundación en la villa ya que hay noticias de él fechadas en 1313 (23)- y sus cuotas y limosnas son recogidas los días de San Juan y en Navidad.

La Orden Tercera fue la encargada, en el siglo anterior, de organizar los Vía Crucis y otros actos cuaresmales e incluso tenía a su cargo la preparación de los Sermones de Mandato, Pasión, Descendimiento o Siete Palabras y Soledad. La exclaustración de 1835 dio al traste con buena parte de sus actividades.

d) Cofradía de la Gran Penitencia.

La única referencia conocida de ella se encuentra en el inventario de cofradías y obras pías medinenses citado antes.

Probablemente se tratara de una hermandad instalada en el Convento de San Agustín o de Nuestra Señora de Gracia, desaparecido definitivamente en 1835 (24).

MANIFESTACIONES RELIGIOSAS-POPULARES: DOS CASOS DE INTERES EN MEDINA

Las manifestaciones religiosas populares de este período de Pasión ofrecen formas de expresión, siempre sencillas y directas, que pueden concretarse, grosso modo, en tres grandes grupos:

-Desfiles procesionales en torno a una imagen sagrada: Vía Crucis, procesión de Ramos, desfiles disciplinarios, procesiones con encuentro de imágenes, etc.

-Representaciones escenificadas de pasajes de la Pasión y Resurrección de Cristo: Lavatorio de los pies, oficio de tinieblas, monumentos, crucifixiones, descendimientos, quema de "el Judas", las lágrimas de San Pedro, "bajada del Angel", etc.

-Rituales propiciatorios relacionados con elementos primarios: con la tierra (siembra de determinadas plantas en ciertos momentos), con el agua (bendiciones, etc.), con el fuego (hoguera pascual, "buena lumbre", etc.) o con el aire (toques de matraca, esquila, campana, etc.) .

Hablar de cada una de ellas, aunque fuera de forma muy somera, nos llevaría a extendernos considerablemente; por ello, veamos en esta ocasión dos ejemplos de desfiles procesionales de especial interés pertenecientes a la historia de la Semana Santa medinense: los Vía Crucis y las procesiones de disciplina.

El Vía Crucis, acto penitencial, introducido en España hacia el s. XIII por los franciscanos, recorría el calvario o "número de cruces que regularmente suelen ser catorce, de las cuales las tres últimas están juntas, una en medio que representa la de Cristo Nuestro Señor ya los dos lados, las dos de los ladrones que ordinariamente suelen estar, aunque mal, sin cabeza. Pónense en los lugares devotos para rezar el vía crucis los viernes" (25). En Medina conocemos varios trayectos de calvarios; el más antiguo comenzaba en la parroquia -luego ermita- de S. Llorente (desaparecida en 1652) y concluía en la ermita de los Mártires S. Cosme y S. Damián recorriendo el comúnmente llamado "sendero de los Mártires" o "de los Canónigos" situado en las zonas despobladas, postreras al promontorio de La Mota. Cuando escribía Moraleja, aún se conservaba la última cruz de piedra en lo que fue el atrio de la ermita (26) .El más reciente de los "Vía Crucis" desaparecidos -ya en el asentamiento actual de la villa- rodeaba el hospital de Simón Ruiz; salía de su iglesia, girando por las actuales calles Costado del Hospital y José Zorrilla para volver hasta el punto de partida por la fachada principal del edificio. Las cruces no eran de piedra sino de madera y empotradas en los muros exteriores del recinto (aún quedan vestigios de ellas); este calvario fue recorrido por los medinenses hasta, aproximadamente, el primer tercio del presente siglo y en él se cantaban los famosos catorce Romances de la Pasión. El Vía Crucis actual, organizado por la cofradía del S. Descendimiento, tiene lugar el Miércoles Santo y recorre la calle de Padilla y la Plaza Mayor.

Otro de los actos de esta índole digno de reseñarse es la Procesión del Santo Entierro en cuanto que es heredero directo de uno de los desfiles penitenciales-disciplinarios con más solera y antigüedad de los conocidos en todo nuestro país. En efecto, las procesiones de disciplina se documentan en la villa desde la llegada de San Vicente Ferrer en el año 1411; así consta en el Memorial Histórico de Medina del Campo (1633): "Estuvo en Medina del Campo el bienaventurado S. Vicente Ferrer el año 1411, y en ella instituyó las primeras procesiones de disciplina, siendo esta Villa la primera que dio principio a tan gran servicio de Dios y ejemplo para lo mismo a toda España" (27). El insigne historiador D. Amando Represa, en su Pregón de Semana Santa de 1984, decía al respecto que según esa información: "el origen de las "procesiones de disciplina" -es decir, de las procesiones de Semana Santa- arranca nada menos que de 1411, y son, por tanto, las primeras documentadas cronológicamente, no sólo de nuestro ámbito castellano, sino de España entera" (28). Las disciplinas y padecimientos sufridos por los penitentes en el trayecto, se llevaron a extremos poco convenientes, lo que unido a los desórdenes callejeros ocasionados al paso de los cofrades (29), obligaron desde antiguo a dictar normas para evitar estos desmanes. Entre las noticias espigadas al respecto recogemos la dada por Manuel Sylvestre en la Librería de Jueces, utilísima y universal...: "Las Procesiones de Semana Santa, según la Sacra Congregación de Ritos, y su resolución de 14 de enero de 1617, no deben salir sin la Parroquia, que se constituye con Cruz, Capa Pluvial, Cura y Clero: no en ellas se deben permitir mugeres disfrazadas, con túnicas, ni otros trages, por ningún pretexto: y los hombres que saliesen en acto de penitencia, será con la decencia que corresponde" (30). Más adelante, dice "Que las Santas imágenes no se vistan con profanidad de vestidos de mujeres prestados, especialmente para los días de procesiones..." (31). Años después, con la llegada de las ideas ilustradas, tiene lugar un cambio de mentalidad que acaba con estas sangrientas manifestaciones de fe. Carlos III, mediante Real Cédula de 20 de febrero de 1777, es quien ordena rigurosamente el fin de tales actos disciplinarios por "el abuso introducido en todo el Reino de haber penitentes de sangre o disciplinantes y empalados en las procesiones de Semana Santa... sirviendo sólo en lugar de edificación y de compunción, de desprecio para los prudentes, de diversión y griteria para los muchachos y de asombro, confusión y miedo para los niños y mujeres"; ante ello, el monarca anima a los pecadores a elegir otras medidas de sacrificio "más racionales y discretas, así como menos expuestas" (con esta pragmática se prohibían también los bailes en atrios y cementerios así como frente a imágenes sagradas). Con ello, muchos disciplinantes cambiaron látigos y pesadas cruces por cirios y hachones con que alumbrar el paso (32}.

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(1) Gabriel Llompart: "Desfile iconográfico de penitentes españoles (Siglos XVI al XX)" en R.D.T.P. XXV, pp. 31-51.

(2) Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. Hijos de Espasa Editores. Véase "Semana Santa".

(3) La fecha de la Pascua quedó definitivamente fijada en el Concilio de Nicea (28 jun.-25 agos. de 325) al domingo después del 14 de la luna de marzo.

(4) Filemón Arribas Arranz: La Cofradía Penitencial de N. P. Jesús Nazareno. Imprenta y Librería Casa Martín. Valladolid, 1946, p. XII.

(5) Enciclopedia Universal... Véase "San Francisco de Asís".

(6) Cayetano Alberto de la Barrera: Catálogo Bibliográfico y Biográfico del Teatro Antiguo Español (18601. Reedición de Ed. Gredos en facsímil. Madrid, 1969, p. 433.

(7) Juan López Ossorio: Principio, grandeza y caída de la noble villa de Medina del Campo. Libro I, cap. XXXIV (en Ildefonso Rodríguez y Fernández: Hª de Medina del Campo. Imp. de San Francisco de Sales. Madrid, 1903-04, p. 83).

(8) Francisco y Manuel Rodríguez Castro: "Notas para la Hª de Medina del Campo". (en I. Rodríguez: Ob. Cit. p. 476).

(9) Ibid. p. 497 (nº 98. "Parroquia de N.ª Sª.a de las Angustias.-Su construcción era de cal y piedra, su torre aspillerada; la conocí con puertas, no existen más que escombros").

(lo) Jesús Urrea: "Semana Santa" en Cuadernos Vallisotetanos nº 24. p. 7. Otros especialistas atribuyen la obra a Alberto de Churriguera.

(11) José Antonio Vélez: Solemne colocación de la Augusta Emperatriz de las cielos, María Santísima de las Angustias, en el magnifico nuevo trono de su capilla, fabricada a expensas de la devoción de la Colegial, y Oración sagrada, que el 3 de septiembre de 1749, dijo el Rdo. P. Fr. José de Medina, capuchino, é hijo de la misma villa, misionero apostólico, Teólogo de la Nunciatura de España, y examinador de su tribunal. Imprenta de Pedro Ortiz Gallardo. Salamanca, 1749. (37 pág.).

(12) Por Ossorio: Ob. Cit. Libro III, Gap. XXII (en I. Rodríguez; Ob. Cit. p. 323), sabemos que en 1588 salían 500 disciplinantes y en 1615, sólo 200.

(13) J. López Ossorio. Ob. Cit. Libro III, cap. X (en I. Rodríguez: Ob. Cit. p. 208-210. Véase lo referido a Juan de Ortega).

(14) Ibid. p. 235.

(15) Archivo Histórico Provincial y Universitario de Valladolid. (AHPUV). Legajo 58, Cuadernillo 13. (1 ,folio).

(16) Gerardo Moraleja: Hª de Medina del Campo.Imprenta Manuel Mateo. M. del Campo, 1971. p. 394.

(17) Archivo Diocesano de Valladolid. (ADV). Libro de la Archicofradía del Smo. Sacramento de Medina del Campo (1586.1634). (Véase el año 1594).

(18) G. Moraleja: Ob. Cit. p. 518.

(19) Ibod. p. 178. Otros datos sobre festejos taurinos de la C. de la Cruz pueden verse en las pp. 254-255 de la misma obra.

(20) AHPUV. Leg. 57, cuad. 24. ("Mandamiento ejecutorio a favor de la cofradía de la Cruz..." (9.oct.-1601).

(21) G. Moraleja: Ob. Cit. p. 517.

(22) AHPUV. Leg. 57, cuad. 25. ("Relación de Cofradías y obras Pías en Medina y su Abadía". Año 1810).

(23) G. Monleja. Ob. Cit. p. 410.

(24) Ibid. p. 400.

(25) Diccionario de Autoridades (1726). Reedición de Ed. Gredos en facsímil. Madrid, 1979. Véase "calvario".

(26) G. Moraleja: Medina del Campo. Plano explicativo de la población antigua y moderna... Imprenta Francisco Román. Medina, 1931, pp. 19-20. (también hay referencias en la Ob. Cit. del mismo autor p. 452).

(27) Juan de Mantalbo (?) : Memorial Histórico de Medina del Campo (1633). (en I. Rodríguez. Ob. Cit. p. 401).

(28) Amando Represa: Pregón de Semana Santa 1984. Ed. Junta Local de S. Santa. Medina, 1984. p. 7.

(29) Entre las muchas obras que relatan algunos de estos desmanes recogemos este pasaje, de gran ironía, de la obra del Padre Isla: Hª del Famoso Predicador Fray Gerundio de Campazas (libro I, cap. III, 3). Ed. Nacional. Madrid, 1978. Tomo I, p. 125: "al fin como Antón Zotes se desangraba tanto, llegó el caso de que uno de los mayordomos de la Cruz, que gobernaba la procesión, le dijese que se fuese a curar. Catanla se fue tras él y, como vecina, se entró en su casa, donde ya estaba prevenido el vino con romero, sal y estopas, que es todo el aparato de estas curaciones... y los demás se fueron a ver la procesión, menos Catanla, que dijo estaba cansada y se quedó a darle conversación. Lo que pasó entre los dos no se sabe; (lo cierto es que) la buena de la Catanla no parió hasta el tiempo legal y competente"

(30) Manuel Sylvestre Martínez: Librería de Juezes, utilisima y universal...Tomo II. Imprenta de Andrés Ramírez. Madrid, 1764. Cap. II, disposición 41. p. 61.

(31) Ibid. Cap. V, disp. 22. p. 132.

(32) Más información sobre la Semana Santa medinense puede consultarse en las monografías de Joaquín Díaz y Antonio Sánchez del Barrio: "Cultura tradicional de la Tierra de Medina", y Ricardo Sendino González: "...Festejos Religiosos (Semana Santa) en Medina y su tierra" incluidos en la Hª de Medina del Campo y su Tierra. Valladolid.. 1986. Vol. III.