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La práctica de algunos juegos tradicionales en Castroverde de Campos

VILLAR HERRERO, Sarvelio y FERNANDEZ ALCALÁ, Félix Pablo

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 86.

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I

Este pueblo de la Tierra de Campos occidental, perteneciente a la provincia de Zamora, presenta las características de los pueblos de Tierra de Campos en su paisaje, construcciones y cultivos de secano.

En él, los juegos tradicionales poco a poco han ido perdiéndose en el olvido, y sólo alguno de ellos ha sobrevivido, como es el caso del juego de la Chana, al paso del tiempo y al cambio en los modos de diversión. Este cambio ha supuesto que, dentro del ciclo festivo de la localidad, los ratos de ocio y esparcimiento hayan sufrido un cambio profundo. Estos juegos han dado paso a deportes de moda, fútbol sobre todo. Ante este hecho, la práctica de la mayoría de los juegos tradicionales se ha perdido y apenas los más mayores del pueblo recuerdan con exactitud las reglas que los regían.

De los dos juegos que se recuerdan con más claridad las normas, son los de la Chana y la Pelota, debido, sin duda, a que han sido los más practicados; en cambio, los otros, cuya práctica se limita a una época más concreta dentro del ciclo festivo y agrario, apenas si se recuerdan.

La práctica de estos juegos tradicionales presenta una serie de características:

-Excepto una modalidad del juego de Bolos, jugada por mujeres, el resto eran practicados por los hombres.

-El período de su práctica está enmarcado dentro del ciclo agrario y del ciclo festivo de la localidad.

-Sus normas son muy Simples y poco rígidas, adaptándose a las circunstancias de quienes los jugaban.

-En todos ellos, a veces, se jugaba o apostaba algo, además de la honrilla.

A lo largo de este trabajo vamos a exponer una serie de juegos, de los que solamente se sigue jugando el de la Chana, que pueden suponer una diversidad respecto al mismo juego, que en otros lugares se conoce con otro nombre, pero cuyas reglas y desarrollo son muy parecidos. Todos ellos los hemos publicado en la revista local "Apuntes" en torno a Castroverde de Campos, que edita la Asociación Cultural "Castrum-Viride" (1).

EL JUEGO DE LA CHANA

Dentro de los juegos de lanzamiento, destaca como el más popular el de la Chana o Calva. Estos juegos tienen cierta conexión con los ejercicios practicados por celtas, egipcios y romanos (2).

El origen de la Chana hay que buscarlo en los juegos de los pastores, que utilizaban como calva un cuerno de buey o cabra (3). Precisamente es el cuerno de buey lo que hace de calva aquí, en Castroverde. La práctica de este juego se documenta ya en la Edad Media, y eran precisamente los pastores trashumantes quienes lo jugaban (4).

ELEMENTOS DEL JUEGO

Sobre un campo rectangular se colocan dos cuernos de vaca o buey, que cuanto más viejos más resistencia ofrecen a los golpes del "morrillo". Estos cuernos necesitan una preparación previa: una vez serrada la base para facilitar su estabilidad, se saca el "hijo" (5), se mete una cuña de madera y se le clava una punta cruzada en la base.

Los cuernos tienen una altura de unos 25 centímetros. Los había más pequeños para dificultar el juego.

Los morrillos suelen ser de piedra, generalmente del Raso de Villalpando (6), que eran "picados" (7) por los propios jugadores en el pueblo. La longitud del "morrillo" es de 20 a 22 cm., y el peso, entre 1,700 y 1,800 Kg. Tanto en peso como en longitud, se adaptan a las características físicas del jugador. Cada contendiente tenía su propio "morrillo". También los había de madera con dos aros en los extremos, pero eran los menos.

Los equipos que se enfrentaban eran, generalmente, dos de tres jugadores por bando. Hay dos jueces-árbitro o "calveros" (8), que son quienes deciden si la calva es buena o no, al tiempo que colocan el cuerno en su lugar cuando se ha derribado. Finalmente, hay una tercera persona que lleva el tanteo mediante rayas que se marcan en un cartón o en el suelo. En las partidas de entretenimiento estas funciones las asumen los propios jugadores.

NORMAS y DESARROLLO DEL JUEGO

Una vez delimitado el campo de juego, las calvas se sitúan a una distancia de 42 pies y medio.

El tanto o calva se considera válido cuando el jugador que lanza no sobrepase la línea de lanzamiento y el "morrillo" impacte limpiamente sobre el cuerno sin haber tocado el suelo. Cuando la calva era dudosa, no era tanto.

El "morrillo" se lanza en horizontal. Hay casos en los que "de cara a la galería" o como "exhibición" se lanzaba en vertical.

Cada partida se jugaba a dos tandas de 40 calvas; si se empataba en el tanteo, se alargaba a 10 más. En el caso de que cada equipo ganase una partida, se jugaba "la buena" para decidir quién ganaba el juego.

La manera de decidir cuál de los dos equipos comenzaba lanzando, "tener la mano", era mediante el lanzamiento alternativo de los jugadores de los dos equipos, o un jugador por cada equipo, y el primero que erraba el lanzamiento "perdía la mano".

Una vez decidida la suerte de comenzar a lanzar, lo hacía el primer jugador del equipo que había ganado "la mano", para continuar alternativamente el resto de los jugadores. A lo largo de la partida el otro equipo podía "ganar la mano" si se ponía por delante, en el tanteo, del equipo que la tenía al comienzo. Si al final de la partida existía empate, habiendo completado los lanzamientos ambos equipos, se alarga; o era un jugador por cada equipo quienes, "mano a mano", decidían el equipo vencedor.

Los partidos se formaban entre un grupo de amigos que se reunían habitualmente para practicarlo. Cada cuadrilla la formaban más de seis jugadores, lo que permitía que se jugasen varias partidas a la vez. Estas cuadrillas, a veces, se retaban unas a otras. El lugar donde practicaban el juego era al lado de las bodegas en la compañía de la jarra de vino.

Además de los habituales enfrentamientos entre cuadrillas, la competición se ampliaba a los pueblos vecinos. En estos casos eran elegidos los mejores jugadores de la localidad. Aquí sí se jugaban la honrilla. Era muy importante ser el mejor pueblo del entorno en el juego de la Chana. En estas partidas los fallos en los lanzamientos eran mínimos. Si llegaba el caso, se cruzaban apuestas entre los jugadores y los espectadores.

Al juego acompañaban expresiones tales como: "¡Buena va! " O cuando el jugador que lanzaba estaba seguro de que daba calva, hostigaba al contrario con: "¡Mira a ver!" Los fallos se denominaban: viesa, corta, dudosa, larga, ladera. Estas palabras utilizaban los jueces para cantar el lanzamiento.

La práctica del juego requería que hiciese buen tiempo. Se comenzaba hacia abril y se alargaba hasta el inicio de las labores del verano. Era el domingo el día del juego, pero también las fiestas de los meses de verano: San Pedro, Ascensión, Corpus, Santiago, Nuestra Señora. Eran los momentos del auge del juego, Pasado el verano su práctica decaía, y solamente, si las condiciones meteorológicas lo permitían, se podía jugar en algún domingo o fiesta del otoño.

EL JUEGO DE LOS BOLOS

Es éste un juego que practicaban en exclusividad las mujeres. El día señalado era el jueves, y de una forma menos habitual, los sábados y domingos.

El período de su práctica iba desde San Antón hasta el Miércoles de Ceniza, siempre contando con que las condiciones ambientales lo permitiesen. El final de este entretenimiento 10 marcaba el "entierro de la sardina". Estos días de Carnaval eran los más propicios para practicarlo.

ELEMENTOS DEL JUEGO

En el lugar elegido para su práctica, cualquier solana de las plazuelas del pueblo, se colocaban 9 bolos, cuyas dimensiones oscilaban entre los 30 y 35 cms. de alto. Había un décimo bolo, el "minche", de dimensiones más pequeñas, 25 cms., que se colocaba a cierta distancia del resto de los bolos.

Para derribarlos se utilizaban 4 bolas de madera, generalmente de encina, cuyo peso se aproximaba al kilogramo, y de un diámetro entre 20 y 25 cms.

Los dos equipos que se enfrentaban no tenían número fijo de jugadores; las circunstancias hacían que el número variara, pero lo más habitual era que ambos equipos los constituyesen cuatro jugadores por bando.

NORMAS y DESARROLLO DEL JUEGO

No he podido recoger información muy contrastada de las dimensiones del campo de juego. De un modo general, se comenzaba haciendo un cuadrado en el suelo con el "minche", se marcaban las líneas para la colocación de los nueve bolos. La distancia entre ellos era de una cuarta, y la colocación, en tres. hileras de .tres bolos cada una. El "minche" se situaba a 8 ó 10 pasos de los bolos.

Se marcaban dos líneas de lanzamiento: la de salida y la de vuelta, a unas distancia de los bolos de 12 a 15 pasos. Esta distancia era acordada por los equipos contendientes.

El lanzamiento de la bola era rodando por el suelo y con una sola mano.

Una vez sorteado cuál era el equipo que comenzaba, las jugadoras de ambos equipos se alternaban en los lanzamientos. Cada bolo derribado valía un punto, pero si se conseguía derribar el "minche", su valor era de diez puntos. Efectuado el lanzamiento, se colocaban nuevamente los bolos en su lugar, si había sido derribado alguno, para que lanzase la siguiente jugadora.

Una vez que todas las jugadoras habían lanzado desde la línea de salida, se tiraba desde la línea de vuelta. En este caso se retiraba el "minche", que ahora estaba el primero en la línea de lanzamiento, y se tiraba solamente a los bolos.

Dos eran las partidas a 40 ó 50 tantos, que constituían el tanteo del juego. En el caso de que cada equipo consiguiese ganar una partida, se jugaba la del desempate, la "buena".

A lo largo del juego se podían dar dos situaciones:

-"Birlar", cuando no se conseguía derribar ningún bolo.

-"Hacer cinca": consistía en derribar algún bolo, pero la bola lanzada no sobrepasaba la posición del "minche". No se contabilizaba ningún punto y la jugadora que lo .hacía era perseguida por otra con el "minche", siendo objeto de alguna broma pesada, por no haber lanzado con fuerza suficiente, al tiempo que era jaleada por el resto de jugadoras.

Esta diversión rompía el ritmo rutinario de los quehaceres domésticos. La tarde de los jueves, el juego de los bolos era el momento de distracción y ocio que reunía a las vecinas, donde los chascarrillos, las "noticias" más pintorescas y chocantes que sucedían en la comunidad rural se comentaban y se prestaban a "chanza". No eran ajenos a los más agudos y punzantes versos los forasteros de los pueblos vecinos, que por casualidad pasaban por los lugares donde se practicaba el juego, cuando iban a la farmacia, al molino o al "Tren Burra" (9).

Estos ratos de convivencia no estaban ajenos a algún sobresalto cuando los mozos se acercaban y cogían algún bolo. Ello suponía carreras y toda una serie de gritos e improperios de todos los gustos hacia el descarado y atrevido agresor.

EL JUEGO DE LA PELOTA

El juego de la pelota en frontón abierto es quizá el juego tradicional del que más afición ha habido en Castroverde.

Desde la edad escolar los chavales hacían un improvisado frontón en cualquier pared, siendo sus preferidas las de las iglesias, aun con el riesgo de recibir alguna regañina del señor cura.

Este juego se practicaba durante todo el año, a excepción del verano. El calor excesivo y las faenas agrícolas no lo permitían. Siempre que las condiciones meteorológicas no eran adversas el "juego de pelota" se veía .concurrido por los mozos del pueblo jugando sus partidos.

ELEMENTOS DEL JUEGO

La pelota era de fabricación casera: primero se hacía un ovillo de goma de neumático, por lo general de bicicleta o de tripa de algún animal doméstico, procurando que estuviese bien apretado. Seguidamente se añadía hilo de algodón de alguna prenda en desuso. A continuación se ataba con hilo fuerte o bramante. El final del proceso era el forrado de la pelota con badana o piel curtida de gato. Se forraba de una sola pieza, a "bizcocho". Mojándose con agua, a fin de que estuviese flexible el cuero, se iba cosiendo con cáñamo del número 10 a "punto de pelota". Su peso se aproximaba a unos 90 ó 100 gramos.

El frontón es de una sola pared. Las dimensiones son: de ancho, unos 11,50 metros; de altura, se acerca a los 10 metros, y la raya de falta se encuentra a 80 cms. del suelo.

En la superficie donde se desarrolla el juego se distinguen las siguientes líneas: línea de saque y línea de fondo; entre ambas ha de botar la pelota cuando se saca. Las líneas laterales, que delimitan el terreno de juego, van tomando desde su inicio una abertura progresiva para al terminar el campo de juego tener una amplitud desde el punto de partida de unos 1,50 m.

Los jugadores: Suelen enfrentarse dos equipos de tres jugadores. Se sitúan uno en el medio, otro a la izquierda y otro a la derecha. El jugador que generalmente efectúa el saque suele ser el de la derecha.

NORMAS y DESARROLLO

Para decidir cuál de los dos equipos comenzaba a sacar, se echaba a cara o lis. La pelota siempre debía dar por encima de la raya de falta. Se conseguía tanto cuando el equipo que tenia el saque lo ganaba; si era el equipo contrario quien lo ganaba, recuperaba el saque; pero aún no conseguía tanto, es decir, había que haber sacado para poder conseguir tanto.

El saque era válido cuando la pelota botaba dentro del cuadrilátero que delimitaban las dos líneas horizontales de saque y fondo y las dos laterales.

Los partidos se jugaban a dos mangas de 20 tantos. Si se empataba a 19, se alargaba 10 tantos más. En el caso de que cada equipo ganase una manga, se jugaba una tercera partida de desempate. Debido a las condiciones que tenían que concurrir para conseguir tanto, los partidos se alargaban mucho.

Entre los modos de golpear la pelota estaba el "sobaquillo"; si se devolvía la pelota sin dejar que botase se denominaba "bate".

El frontón necesitaba un espacio libre a los lados de las líneas laterales, ya que solían cruzarse las pelotas de izquierda a derecha, y viceversa.

Los domingos y festivos, a la salida de misa o después de comer, el "juego de pelota" se veía concurrido por las cuadrillas de mozos practicando su juego favorito. Las apuestas, el litro de vino y el kilo de escabeche, que después tomarían en la taberna del "Corcho", hacían que los partidos fuesen más reñidos.

Lo mismo que en el juego de la Chana, también se celebraban enfrentamientos entre los pueblos del contorno. Entonces eran los mejores jugadores de la localidad quienes debían defender el pabellón local, máxime si el partido se celebraba en casa. Estos enfrentamientos solían ser con Bolaños de Campos, Barcial de la Loma y Villanueva del Campo. La honrilla de ser el mejor suponía un esfuerzo que podía llegar hasta el agotamiento.

EL JUEGO DE LOS MIRLOS

El nombre que recibe este juego tradicional en Castroverde es el de "mirlos". Quizás se haya cambiado a lo largo del tiempo, pues como se conoce a los bolos es por la denominación de "birlos", pero ya que se ha conservado así, tomaremos tal denominación.

Este juego es la versión masculina del juego de los bolos, pues, como ya se ha dicho, solamente jugaban en este lugar a los bolos las mujeres.

ELEMENTOS DEL JUEGO

Por un lado, seis "mirlos" o bolos, de madera de haya generalmente, de 15 cms. de altura y 3 cms. de diámetro. Por otro lado, tres "manillas" o cilindros, también de madera de haya, de tamaño un poco menor al de los bolos, de 10 a 12 cms. y 3 ó 4 cms. de diámetro.

No había un número determinado de jugadores; por tanto, no existía limitación de ningún tipo. Normalmente las partidas eran de 4 ó 5 jugadores.

NORMAS y DESARROLLO DEL JUEGO

El juego comenzaba con la delimitación del lugar en que debían colocarse los "mirlos". Así, con la punta de cualquier bolo o "mirlo" se hacía un rectángulo trazando una raya que dividiese dicho rectángulo en dos cuadrados iguales. En los vértices se colocaban los bolos, quedando dos filas de tres "mirlos" cada una, paralelas a la línea de lanzamientos.

La separación entre los "mirlos" debía ser tal que pasara justamente la manilla entre ellos.

La distancia que debía mediar entre la línea de lanzamiento y la primera línea de bolos era de cinco pasos, aproximadamente.

Una vez acordado por los jugadores quién de ellos comenzaba a lanzar, empezaba el desarrollo del juego. El jugador debía tirar la "manilla" desde la línea de lanzamiento sobre los "mirlos", pues, como en la chana, eran invalidados los derribos que se hacían si antes la "manilla" había tocado el suelo.

El jugador disponía de tres "manillas", y, por tanto, de tres oportunidades de derribar los "mirlos"; pero he aquí lo más destacable de este juego, no se debían derribar todos los "mirlos", sino solamente cinco, dejando uno en pie. Si se derribaban los seis "mirlos", se perdía la partida.

Había una jugada de especial dificultad. Era cuando quedaban dos bolos, uno detrás de otro, y una sola "manilla"; si se derribaban los dos, se perdía, por lo que el jugador lanzaba la "manilla", "de pico", al último de los bolos.

Este juego se practicaba cuando menos labores había que hacer en el campo, y el tiempo era favorable (abri1-junio).

EL JUEGO DE LAS BROCHAS

Es éste uno de los juegos tradicionales cuya práctica se perdió hace tiempo, tanto que solamente las personas de más edad lo recuerdan.

Este juego, al contrario que los anteriores, era básicamente de envite, pues consistía en una apuesta sobre un lance determinado, que en este caso era introducir la bola en un determinado agujero de los que componían las brochas.

No había una época determinada para su práctica, ya que dependiendo del tiempo que hiciera podía jugarse en cualquiera de las plazas, o si éste no acompañaba, se jugaba en un espacio cerrado, como podía ser algún bar o fonda del pueblo.

ELEMENTOS DEL JUEGO

Las brochas eran el instrumento fundamental del juego. Consistían en una estructura o plataforma de madera, que solía ser de chopo, pues se requería un material blando para que al caer la bola sobre ella no saliera rebotada.

Las medidas de las brochas no eran uniformes, pero para hacerse una idea de su tamaño véase figura (estas medidas las hemos tomado de unas brochas). Las brochas tenían nueve agujeros, de los cuales cinco eran "perdederos" y cuatro "ganaderos", llamados así, pues, dependiendo de que la bola entrara en unos o en otros se perdía o ganaba el lance.

Se disponían estos nueve agujeros en tres líneas paralelas y teniendo una disposición concreta los hoyos "ganaderos" y los "perdederos", como puede verse en la figura El otro elemento de este juego era la bola con la que había que lanzar. Esta bola era de plomo y del tamaño de una canica, que era a su vez el tamaño de los agujeros de las brochas. Solamente había una bola con la que todos los jugadores debían realizar sus lanzamientos.

No había un número determinado de jugadores, no siendo, sin embargo, muy amplio el número de los que lanzaban. Pero al ser éste un juego de envite, intervenían además de éstos, que solían ser los más jóvenes por la posición incómoda en que se debían realizar los lanzamientos (en cuclillas o de rodillas), otros jugadores que cruzaban apuestas "por detrás" sobre uno u otro jugador de los que intervenían en el juego.

NORMAS y DESARROLLO DEL JUEGO

La colocación de las brochas se hacía sobre una cuña de tierra cuando se jugaba en el exterior, o sobre un taco de madera, caso de que se jugara en un espacio cerrado, ya que era necesaria una pequeña inclinación para que la bola rodara y se introdujera en uno de los nueve agujeros que componían las brochas.

Una vez decidido qué jugador era el que comenzaba a lanzar, éste se situaba a una distancia aproximada de dos pasos, desde la línea de lanzamiento hasta las brochas.

Efectuado el lanzamiento, la bola de plomo debía caer necesariamente dentro de las brochas, si no era así, o daba dentro, pero salía rebotada o tras rodar por las brochas no se introducía en ninguno de los agujeros, se repetía el lanzamiento tantas veces como fuera necesario, hasta que entrara en uno de los hoyos.

El jugador que realizaba el lanzamiento debía ir necesariamente "a ganar" debiendo introducir la bola en uno de los hoyos "ganaderos"; si lo hacía, podía seguir jugando, si no lo conseguía todo lo apostado en el envite lo perdía.

Había un lance que era realizado por casi todos los jugadores, se denominaba "tirar al recoco" y consistía en lanzar sobre la banda derecha de las brochas, para que la bola fuese al fondo y rebotando en éste viniera por la banda izquierda, intentando que la bola se pasease por todos los hoyos "ganaderos".

Intervenía en este juego, además de los mencionados jugadores, "el baratero" que era casi siempre quien ponía las brochas y el que realizaba la labor de devolver la bola de plomo para que se hicieran nuevos lanzamientos. Por estos menesteres cobraba el "barato", que consistía hace años en una "perra gorda" por cada tres lanzamientos.

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(1) APUNTES en torno a Castroverde de Campos núms.0, 1, 2, 3, 4.

(2) ANDRES MARTÍN, Faustino: Juegos y Deportes Autóctonos. Ediciones Diputación de Salamanca. Salamanca, 1987.

(3) BLANCO, Carlos. Juegos Populares. Obra Cultural de la Caja de Ahorros Popular. Valladolid, 1986.

(4) GUTIERREZ MACIAS, Valeriano: La Calva, un juego medieval que se conserva en Galisteo. Revista de Folklore nº. 33. Edita: Obra Cultural de la Caja de Ahorros Popular. Valladolid, 1983.

(5) "Hijo"; apéndice óseo del cuerno que reviste el asta.

(6) Zona de la Tierra de Campos Zamorana, que está atravesada por la Nacional VI y que se extiende hasta el límite de la provincia de Valladolid.

(7) "picados" : trabajo de cantería que consiste en dar forma cilíndrica al "morrillo" utilizado en el juego de la Chana.

(8) GUTIERREZ MACIAS, Valeriano. "La Calva, un juego..,".

(9) "Tren Burra " : Tren de vía estrecha que hacía el recorrido desde Valladolid hasta Palanquinos (León) y que pasaba por las provincias de Valladolid, Zamora y León.