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Varios paseos por una misma danza catalana

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 86.

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A Castertellsol, Barcelona, llegué un día lluvioso y festivo: el de los Santos Mártires Fructuoso y Víctor, y pude estar de espectador en el corro placero donde se desarrollaron dos danzas en su honor, una a la que da nombre el pueblo; otra, Ball del Ciri.

Las mujeres se tapaban con caperuza negra, calzaban zapatos de terciopelo y se cubrían con mantellina blanca a la catalana. Los hombres, capa y barretina, aunque alguien me comentó que "a veces era sustituida por sombrero de copa de ala ancha". Con este atuendo bailaron por dos veces seguidas la Danza de Castertellsol.

Entre la primera y la segunda, los bailarines cedieron sus parejas a las autoridades, y éstas. ni cortas ni perezosas, dieron con ellas una vuelta a la plaza. Me dijeron que a mediados del diecinueve se restauró el baile, dejando la melodía de ser popular. Arnés Armengol escribió en verso la letra, y parece ser que quedaron un poco alteradas música y coreografía.

La otra danza, la del Ciri, la hicieron seis parejas, pavordes y pavordesas, que suelen ser durante el año los encargados del Altar de los Santos y que acceden a ello por orden sucesivo. La danza en sí es como una ceremonia de traspaso de puestos. Ellas portan un cirio, un ramo de flores y una almorratxa: jarrito de vidrio con múltiples golletes o pitorros por donde se derrama la colonia que contiene. Los tres pavordes arrojan luego las botellas al tejado. Parece ser que hasta finales de siglo el pueblo solamente cantaba la melodía. Brunet fue quien la instrumentó para orquesta, y Serra la redujo para cobla.

En un amplio escrito que existe en el Ayuntamiento se dice que no existen antecedentes del origen de la danza. Pero teniendo en cuenta que el crecimiento de Castertellsol se produjo a finales del dieciséis, en cuyo tiempo las familias de hacendados abandonaban las masías para instalarse en casas señoriales del pueblo, parece probable que pudiera tomar forma en tal época.

En Gironella me cuentan, sobre la danza. que también hacen, como en otros muchos puntos catalanes, que tiene un sentido rememorativo del Derecho de Pernada que asistía al señor feudal del sitio. El Esbart San Jordi desarrolló la coreografía yendo el feudal con capa y sombrero de copa, con revuelo de orquesta y séquito, a buscar a la novia, que está en su casa con invitados. Se forma un cortejo por este orden: primero la novia. emparejando con el feudal. Tras ellos, el novio, solo, y en tercer lugar, el acompañamiento.

En la plaza pública el feudal estrena baile con ella, y como colofón la rocía del perfume que contiene la almorratxa. Lo mismo hace después con cada una de las damas, hasta que en la última, quizás cansado, se retira del baile y deja sitio a los respectivos novios, que corren solícitos a ocupar sus puestos.

En Pobla de Lillet la llaman nuestra querida danza cuando hablan de ella, y la interpretan "el lunes de Quincuagésima en el Santuario de Nuestra Señora de Falgás". Me hablaron diversas personas del arranque de la danza en los tiempos feudales, y hubo una que me citó a los señores Pinós y Mataplana como titulares de las Baronías de Bagá y de la misma Pobla ha tiempo. Parece ser que el feudal tenía estrecha relación con los festejos, y dentro de la danza simbolizaban su derecho al veto con la Bornatga, un ramo adornado que hacían pasar sobre las cabezas de las nuevas parejas en señal de visto bueno. La danza en sí podía durar hasta dos horas, y éste era el tiempo que se aprovechaba para cerrar tratos, concertar entrevistas, negociar, contactar y comprometer familiarmente emparejamientos entre "fadrins y donzelles, hereus i pubilles, sin intervención de notario", pues la promesa que se hacía era asunto sagrado.

Días más tarde, en San Cugat del Vallés, vi lo que ellos hacen bajo el nombre de Ball del Vano y del Ram, que lo encajan entre el XVII y XVIII, años más o menos, que empieza con un desfile y sigue y termina en círculo endulzado con música de minueto. Pude interesar al maestro de la danza en contarme los pormenores históricos, el sentido con el que llegó hasta nuestros días, y el hombre me dijo que "resulta que hace como dos siglos había aquí unos mil quinientos habitantes. Y en una de las masías tenían una hija muy bella, y un mozo de cuadra se enamoró, y, claro, al padre de la chica pues no le sentó muy bien que digamos, aunque ella le correspondía. Y venía a pasar aquí el verano una familia de Barcelona con mucho dinero y pretendieron hacer lo de siempre: unir familias, hacer un buen matrimonio, que era como unir tierras, propiedades, herencias, y las relaciones con el chaval empezaron a tener trastornos. Claro, la chica despreció al joven rico, y éste, al darse cuenta, le dijo: "Pues, mira, a éste le cedo paso, pero allá tú." Entonces vino la festividad de San Pedro, que era la de la parroquia de San Cugat, y la pareja prometió, en acción de gracias, por no tener impedimentos en su camino, bailar esta danza, y que llamaban Ball del Palo y el Ram.

Ball y Joan a Marietta
Ball y Joan, un Vano y un Ram.

Ellas con abanico y ellos con ramo de flores.

-Al principio he visto que usted le llevaba el ramo a la chica del abanico.

-Todo esto tiene sus principios en costumbres medievales. Antes el señor y después el mozo, que ya se queda con ella.

-¿Le gustaría a usted rematar el baile?

-A mis ochenta, sí, todavía. Y ya, ya lo haría, ya, si hubiera ocasión.

En Seo de Urgell, que aparte de otras cosas merece la visita sólo por caminar entre el románico, le llaman Ball Cerdá, y lo han hecho durante todos los domingos de la Fiesta Mayor desde principios del dieciocho. La cobla se sitúa en un templete de la plaza, y ante un graderío agolpado en los balcones, más el círculo que lo encuadra, desarrollan este baile elegante, del que dicen que es "la ceremonia de petición de mano de la doncella catalana ". Sólo se conserva intacto el traje de la mujer: saya, falda de seda, delantal, jubón y rica corbata. El hombre viste de hoy, con traje de oficina o de domingo, y se toca con barretina. Igualmente abren la danza los fadrins, y ya luego evoluciona más o menos como en los demás sitios. Se suele ofrecer al público caramelos y peladillas.

En Esterri de Aneu llaman a su danza L'Esquerrana. Está en manos de la juventud, y la airean por agosto, coincidiendo con la Fiesta Mayor.

En Lloret de Mar. todos los 24 y 26 de julio hacen en la plaza la danza de Ses Morratzes. Parecido al Ball del Ciri de Castelltersol y a otros tantos Ball de Plaça, me contaron que se trata de una ceremonia más de transferencia de poderes. Pero hubo otra versión de un buen hombre que dijo haberla bailado de joven, que puso de protagonista a un árabe rico de la costa, enamorado de una doncella cristiana. El moro iba cuando ella venía, y la diferencia de religión se convirtió en un foso inexpugnable. El día de la fiesta pública, a la hora de danzar, llegó el moro con su mejor ropa y quiso emparejar con su dama ofreciéndole una almarraja, tarro de cristal con múltiples pitorros lleno de esencia. La chica, en un arrebato, cogió el cacharro y lo estrelló contra el suelo. Al moro le sentó mal y se volvió a su Africa. Y ella se fue a monja. Otro compañero de la misma edad y que también en su juventud había salido al coso a lidiar el trago de la danza, me aclaró que "el jarrito se rompe para demostrar el valor del que es capaz un hombre por una mujer ". De todas formas, las parejas entraron en la plaza con aire de marcha; ellos de traje negro; ellas, de color y largo; ellos con una morratxa; ellas, con un abanico. La danza, a la manera de un minué cortesano, desarrolló sus mínimas evoluciones alrededor. La orquesta repitió incansable dos motivos musicales y el sol de julio contribuyó a que el ambiente se calentara. En un momento de la danza, los hombres derraman los perfumes de las almorratxas a los pies de las autoridades y las entregan vacías a sus damas. Estas las tiran al suelo. Me apuntó mi amigo que existe una creencia popular en cuanto a que si la jarra se rompe al primer contacto, la moza se casará. El otro puntualizó: "Dentro del año." Mi amigo dijo que conocía casos en que no. Y así quedaron. Tras la rotura del cacharro hicieron el "toquen a correr", una especie de fuga progresivamente acelerada hasta terminar en carrera, en contraste con la parsimonia de la danza propiamente dicha. Tras los aplausos y los sofocones de las damas que bailaron en la inesperada carrera, la plaza quedó vacía. Sólo cuatro barrenderos viejos recogían los restos de las almorratxas rotas, ya sin símbolo.

El movimiento de los cuatro hombres uniformados en el centro, encorvados, con recogedores y escobas como atributos, me pareció otra danza, ésta con música propia, creada a partir de cristal sin formas, madera y arrastre suave de palmas por el suelo. Pero el gran círculo de público ya estaba ajeno a ella.

El Esbart Cadí, de Bagá, conserva para las grandes fiestas su Ball Cerdá. Este grupo fue fundado hace algunos años por un matrimonio de maestros, que, además de la a, e, i, o, u y el dos por dos, metieron a los niños en descubrir restos de danzas y músicas. Los componentes del Esbart de hoy son aquellos alumnos, que constituidos en protectores de L'Obra del Ballet Popular, han ensanchado su repertorio hasta convertirlo en documento vivo, imprescindible, para el estudio de las danzas catalanas, además de guardar en su seno colectivo memoria emocionada del maestro.

Me contaron a grandes rasgos el marco del Ball Cerdá, que evito describir, ya que con ligeras variantes he venido haciéndolo conforme recorría pueblos. En el interesante Archivo de Bagá existe un documento en el cual se dice cómo en vísperas de Carnaval, los concejales, cónsules entonces, iban por las casas recabando ayudas económicas para montar una gigantesca comida el domingo dedicada a los más necesitados. Aparte de Bagá, en otras localidades de la Alta Cataluña, como Gósol, Artés, Pobla de Lillet, Castelltersol, me han hablado de ello. Pero ocurre, según me dijeron en Bagá, que en los demás sitios ha caído en desuso y aquí no; la comida se hace para todos, locales y forasteros. Esta tiene como base el arroz y como forma la paella, me dijeron, la más grande de España. Los niños se sientan alrededor de la plaza, con plato, tenedor y servilleta, y los mayores hacen cola con lo mismo. Pues bien, antes de comer, se hace el Ball Cerdá, que, después de la Sardana, me suena a como otro himno del cuerpo, a otra expresión generalizada y sentida. A otra gran seña de identidad inequívoca.