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LEXICO ALBERCANO (I)

PUERTO, José Luis / SERRANO, Jesús

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 89.

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Una de las riquezas del mundo rural que se está perdiendo progresivamente es su habla y, dentro de ella, su léxico, que nombraba con precisión los utensilios, labores, faenas, indumentarias, costumbres...y esta pérdida, lenta pero inexorable, afecta también a La Alberca (Salamanca), pueblo amante de sus ritos y tradiciones, pero en el que la emigración y el turismo (además de fenómenos tan generalizados como la televisión) han hecho y están haciendo su mella, que se deja sentir en el terreno del habla y en el léxico.

La vida rural generaba un lenguaje, muchas veces arcaico, local, pero casi siempre con términos precisos para dar nombre a las diversas realidades que se vivían.

Hoy, la mayoría de las personas que han nacido en los pueblos y que han salido de ellos tienen un conocimiento pasivo del lenguaje rural aprendido en la niñez, es decir, conocen dicho lenguaje, pero ya apenas lo utilizan, pues la vida urbana los ha hecho adquirir otro bien distinto, que nace de otras realidades. Por ello es pasivo su dominio del léxico rural, por su falta de uso que, con el tiempo, termina en el olvido.

En el presente trabajo (que aparecerá en dos entregas), nos proponemos dar cuenta del léxico albercano, de sus términos más peculiares, ordenándolos y dándoles la significación con la que se usan o usaban en el pueblo; es, por lo tanto, el presente un trabajo de naturaleza descriptiva. Se trata, lo repetimos, de un léxico en desuso, ya que La Alberca, tras una etapa de emigración intensa, está atravesando otra de una casi total dedicación al turismo, girando en torno a él la mayoría de las actividades laborales y vitales del pueblo, con una pérdida muy grande de las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales, y también de los ritos y costumbres. Muchas de las palabras que lo integran no sólo se utilizan en La Alberca sino que pertenecen a zonas geográficas más amplias: comarcales, regionales, como la Sierra de Francia, Las Hurdes y extensas zonas salmantinas y zamoranas, o incluso son de dominio general; otras son más locales; y la gran mayoría son ya de uso poco frecuente.

El esquema seguido para ordenar el léxico que hemos recogido es el siguiente: (1)

-El tiempo y los fenómenos atmosféricos.

-La flora y la fauna.

-Los cultivos, labores y productos del campo, además de los utensilios usados en el trabajo.

-Los ganados y todo lo relacionado con ellos.

-La casa, su construcción, la distribución de su espacio, los utensilios de cocina y menaje, alimentos y guisos.

-La relación social en el pueblo, los actos y actividades de los hombres, sus enfermedades, comportamientos, etc.

-Las partes y alhajas de los trajes típicos.

De cara a la pronunciación (2) y al habla, hay que tener en cuenta que La Alberca pertenece al dominio dialectal del leonés y que está en la linde del territorio del extremeño.

1. El tiempo (fenómenos atmosféricos y divisiones del tiempo) Cuando aparece la tormenta se dice que llega la tronera, palabra utilizada para nombrarla. Si el día está bochornoso se llama atormentao. Puede caer, y en La Alberca es bastante frecuente, una ratá, es decir, una lluvia intensísima y caudalosa, que convierte las calles en ríos.

Debido al clima riguroso y frío durante buena parte del año, dominan términos que hacen referencia a él: así, en invierno, con el frío, se quedan las manos engarañás (adj. engarañao), es decir, ateridas, congeladas. Cuando nieva con suavidad se habla de nebarrusco. Y se llama nieve buraquera a la que se filtra por las rendijas cuando hace aire.

La capa de hielo que se forma con la helada encima del agua recibe el nombre de carámbano. y cuando llueve, los charcos que se forman en el suelo en las calles se llaman chapatales. Si las nubes forman hileras y éstas son escasas, de manera que luce el sol, se dice que el cielo está embarañao; y esta acorderao cuando semeja un rebaño de corderos por la forma de las nubes, de ahí el dicho de:

"Cielo acorderao,
agua en los tejaos".

Para plasmar la sucesión del tiempo cercano y lo que en él ocurre se emplean términos como: antier (antes de ayer); andinantes (antes); dispués (después); tresantier (hace tres días). Para el tiempo más largo indefinido, se usan antaño (hace mucho tiempo) y hogaño (en el presente), palabras ambas más comunes.

2. La flora y la fauna

Dentro de la flora, existen una serie de palabras peculiares para nombrar hierbas, setas, pequeñas plantas, monte bajo y árboles incluso. Entre ellas podemos citar, por ejemplo: el alabierno, planta con cuyas ramas se hacían las escobas para barrer el trozo de era en el que se había trillado. Otras escobas eran de berezo (pronunciación relajada de "brezo") en dos de sus variedades, el machío y el de los boonales (pequeñas zonas muy húmedas o pantanosas tanto en terrenos cultivados como de monte); también hay berezo herreal, cuyas raíces se empleaban en las carboneras, berezo negreal (de sus raíces salía la materia prima para las pipas de fumar) y la mogariza, otra variedad del berezo. Otro arbusto asimismo utilizado para hacer escobas es el llamado cueso. Y también el monte bajo está formado por piornios o piurnios, de fácil combustión en la lumbre y de llamas muy vivas; por chaguarzos, que llevan al final de la primavera unas plantas parásitas, las colmeninas, cuyo fruto pegajoso cogían los niños para chuparlo. Las carquesas dan brotes tiernos que come el ganado y sirven también para la lumbre.

La cirigüeña (celidonia) es una pequeña planta cuyo látex era utilizado para quemar verrugas. La cebolla churri o chirri servía de amuleto para las parturientas. Con las raíces del embúe maceradas se formaban bolas para pescar truchas y barbos de los ríos. La gamonita, hoja del gamón, era parte importante en la ceba del cerdo. La bardana o lampaza recibía el nombre de pegotera, cuyos pegotes se lanzaban los niños unos a otros por su capacidad de adherencia en las ropas. Los asisones son el tubérculo silvestre y comestible de una pequeña planta que reconocían los niños fácilmente por su tallo menudo y su flor blanca; cuando un niño se ponía pesado y preguntaba con insistencia: "¿Qué vamos a comer?", su madre, harta, le respondía: "Asisones".

La parte más alta de la copa de los árboles es la capullina y la parte más baja del tronco, el coce. Cuando el tronco se bifurca en dos o más ramas se forma la gajá. y los nuevos brotes que nacen cada año en el árbol se llaman los renuevos. Los robles producen protuberancias rugosas en el tronco, las bojas, y otras de pequeñas formas redondas en las ramas (en forma de bolas y bolitas), que son las bollágaras (bogallas). El tejo recibe el nombre de matagallinas por sus bayas tóxicas. El aliso es conocido como zahó, mientras que el saoz (sauce cabruno) es llamado aliso; las ramas de ambos sirven de alimento en las cuadras para el ganado cabrío. El arbusto del arraclán es aquí el sanguino y el oigillado se llama agiliao. El espino albar, aquí espinera, es un patrón apreciado para el injerto de manzanos y perales. Del saúbo (saúco) se aprovechan sus flores por sus efectos medicinales y se clavan sus ramas floridas entre las plantas de los garbanzos creyendo que con ello no se marean (marchitan).

De los varios tipos de setas, dentro de las comestibles, siempre se ha cogido uno, el cogolmillo (parasol). Las pamplinas (conocidas en otros lugares como "maruja", aparecen en charcas y corrientes de agua y se aprecian por su utilización en las ensaladas; de esta palabra viene una expresión despectiva usada en el pueblo: "esto es una pampliná", que hace referencia a lo que carece de importancia, a lo que es una tontería.

Dentro de la fauna, hay mamíferos a los que se les dan nombres peculiares, como el lirón (rata de agua), el garduño, la donerilla (comadreja), etc.

Hay aves insectívoras, como el agatón (gateador común), el pillisqui (petirrojo), el colorín, el engañapastores (pájaro que deja acercarse al hombre y vuela cuando se le va a coger), la guilindina, la carriza, el pardal (gorrión), el aguión (vencejo), etc. Aves frutícolas, como el gayo (arrendajo), la mielra (mirlo), el tunino (estornino), la repéndola (oropéndela), etc. Pájaros carpinteros, como el pito verdinal y pito negreal, etc. y córvidos, como los guarros (cuervos), así llamados por su graznido: "guá" (nombre onomatopéyico), y la pega (urraca), etc. Aves nocturnas, como la coruja (lechuza), etc. El cuco es un pájaro astuto, ya que pone sus huevos en nidos de otras aves para que se los incuben.

Entre las variedades de insectos que reciben nombres particulares tenemos las brugas (distintas orugas), el cortadeo, el guripión (gusano con una uña de vistosos colores), la candelina (mariquita), el caballete, (saltamontes), la chicharra (cigarra), el lucero (luciérnaga), el tabarro (tábano) y la tabarrina, la cornicabra (ciervo volador), etc.

3. Los cultivos, labores y productos del campo

Los terrenos cultivables reciben varios nombres, según la extensión y situación geográfica dentro del término municipal: como datas, huertos situados en los pagos de Lera y las Datas Nuevas; canteros, pequeños terrenos destinados al cultivo de hortalizas en el lugar de Los Canteros; colás, huertos emplazados en La Viña o Los Molinos. Según la forma, habría corbatas, terrenos de forma triangular, o longueras, de forma alargada. Según la calidad y humedad de la tierra, tenemos boonales, huertos que tienen toda o parte de su extensión muy húmeda y pantanosa; cuando la tierra tiene la humedad adecuada para la siembra se dice que tiene tempero; testurrales son de tierras de secano y de poca calidad (arenosas, pedregosas, sin humus); cuando la tierra está muy húmeda se dice que está pesada, algo que también se dice de las hojas secas de los árboles, caídas, que se utilizan para el estiércol. Según el relieve, hay zonas ampias, que reciben nombres como tesos, lomas (terrenos de pronunciación suave), gaonás (vaguadas) u hondigones (zonas hondas bastante pronunciadas).

Peculiar organización suelen tener los terrenos de cara a su siembra, riego, recolección, etc. Un surco de arriba abajo divide la tierra de un huerto en huchas; transversa1mente, cada hucha se compone de mielgas, que a su vez están formadas por cuartijones (también de arriba abajo, dentro de cada mielga), conjunto de unos seis canales cortos llamados caños; los extremos elevados de los caños se llaman culás; el sentido de esta distribución de los terrenos es facilitar que el agua del riego llegue a todos los puntos. Este agua procede de distintos depósitos, como las charcas (depósitos estables de agua procedente del río, construidos por muros de piedras y tierra); las pesqueras pequeños embalses hechos en el río con un muro de contención o toma, fabricado con piedras y terrones de césped); tanto en las charcas como en las pesqueras, la salida del agua se llama bocá (brocal); el bocín es el hueco hecho bajo la pared por el que entra el agua en un huerto procedente del canal que la transporta; el quitaero es la tierra utilizada en una bifurcación de canales para tapar uno de ellos. El orden de riego se mantiene, en el espacio y en el tiempo, por medio del sistema de mando fiel, mediante el cual una persona se encargaba de tupir y destupir los bocales y controlar el buen uso del agua. Había un juez de agua para todo el pueblo, autoridad máxima en el control de los riegos.

Entre las herramientas para las labores, es muy usado el sacho (azada, en general), si es muy pequeño se llama escardillo; cuando está muy gastado por el uso, se habla de sachino; con el sacho se mullica (mullicar: remover la tierra una vez que ha nacido el fruto), se arica (aricar: hacer caños para airear las raíces), se cabuchea (cabuchear: labor ligera y superficial, con el sacho, con el fin de preparar un terreno), se cava a uñá (cavar a uñá: roturar un terreno de pastizal con una cava profunda para el posterior cultivo). La petalla (hacha, en general) tiene como funciones desmochar (cortar ramas y puntas del árbol), mondar (cortar las ramas secundarias y los nuevos brotes) y cortar leña; los quiñones son suertes de leña de los robledales del municipio que el Ayuntamiento asigna a los vecinos que lo solicitan; de los árboles talados se aprovechan para la lumbre y para lo obtención de cisco (carbón vegetal menudo) las ramas no muy gruesas, llamadas tarmas, que se recogen en haces, atados por belortos (ligadura de retama joven); los troncos gruesos utilizados en la lumbre son los arrimaeros, y si están verdes: verdiones,. la cáscara de los troncos se llama arnia,. cuando se sierra un tronco, las tablas exteriores, curvas por una cara y planas por la otra, son los foraños. Otros instrumentos cortantes son, por ejemplo, la corbilla, instrumento curvo con el filo interior más grueso y ancho que la hoz, de mango corto; si va unida a un hacha pequeña en la parte de donde arranca su curva se llama corbillo, también de mango corto; el calabozo es una corbilla de mango largo, con la peculiaridad de que el arranque de su superficie cortante es recto. El pico es un instrumento con dos lados, uno en forma de pico alargado sirve para picar en profundidad, y el otro en forma de azada estrecha tiene el fin de remover la tierra; un instrumento que se le parece se denomina picamacho, y se diferencia del primero en el hecho de sustituir la azada estrecha por un hacha alargada y pequeña, utilizada para extraer las cepas del brezo y hacer con ellas carbón que, quemado, producía los hogones. El picapiedra (pico metálico recto, con dos dientes largos y afilados en el mismo sentido) se utiliza para remover el estiércol, llamado en La Alberca vicio, de las cuadras; cuando éste no está tan apelmazado se usa la horquilla, horca metálica, con varios pinchos doblados en su base. El rastro es un instrumento, con mango largo, cabeza alargada de madera, de la que salen dientes metálicos aplastados, de unos diez centímetros, utilizado para la recogida de las hojas secas de los árboles que servirán de estiércol en las cuadras. La rastra tiene la cabeza, de madera, más alargada y sus dientes son también de madera, ya que su función es la de recoger el heno, desparramado por el prado en hileras o baraños, para formar peces o montones alargados de hierba seca, que serán recogidos en haces atados por vencejos (ligaduras de hierba retorcida si corta, y atada, si larga), para transportarlos a las casas (sobrados, pajares) y ser consumidos allí en las heneras (armazón de palos finos con huecos paralelos entre ellos) de las cuadras por el ganado. El transporte se realiza en caballerías; los haces se colocan en éstas mediante la cargaera, horca de madera que cubre aproximadamente la longitud del lomo del animal, con muescas en todos sus extremos, a las que se sujetan las ataduras. La persona que ha segado el heno con la guadaña es el guañino que lleva pendiente de su cintura una cuerna (asta de vacuno cortada en forma de vaso, con tapón de madera en el fondo) con agua para mojar la piedra de afilar, tapada con helechos. Cuando el heno está a punto de recogerse sin estar totalmente seco se dice que está oliento.

La mies segada y atada con vencejos forma hacinas o gavillas que, en el huerto primero y en la era después, se amontonan en el hacinero que, desatado y extendido, será la parva circular, que mediante trillos o trillas (más pequeñas que aquéllos) tirados por una pareja de caballerías, mediante el cambizo (palo en forma de ese alargada) se trillará. Una vez terminada esta tarea y recogida la parva en un montón alargado, transversal al viento predominante (si había varios vientos el montón era redondo), se efectuaba la limpia separación del grano y la paja, lanzados al aire por los biendros (bieldos); el grano se recogía en talegas (sacos alargados, de menor perímetro que el saco normal, confeccionados con lana o lienzo, adornados a veces con franjas o listas) y se medía con medio celemín, un celemín (caja de madera en forma de cubo), una cuartilla (cuatro celemines; es una caja rectangular de madera, uno de cuyos extremos tiene forma de rampa que facilita el vertido del grano en otros recipientes) y una fanega (cuatro cuartillas).

Cuando productos como la cebada o las patatas empiezan a perder el verdor y a secarse, sin estarlo totalmente, se dice que están cerezonas. Hay distintas variedades de castañas: rebordanas o regordanas (silvestres, sin injertar); mondarinas (las más tempranas, redondas oscuras), ideales para ser cocidas, y espolás (espalar: cortarles un trozo de cáscara y añadirles anises y sal en su cocción); injertas (alargadas y más rojizas; las mejores para asar). Cuando las castañas están vanas se llaman hollecas o boberas. A las asadas se llaman calboches, que se asan en la lumbre metidas en un recipiente de barro refractario con agujeritos llamado calbochero; se conoce como magosto el asado de castañas. Cuando se secan se dice que están avellanás. Quitarles la cáscara es pilarlas (verbo pilar), introduciéndolas en una talega que se golpea entre dos personas contra un tajo; de esta acción salen las castañas pilongas, que cuando están blandas son los bollos. Los castaños se injertan a canuto (consiste en acoplar un anillo con su yema en una rama de un castaño bravío); una vez prendido el injerto, se quitan periódicamente los nuevos brotes bravíos, labor denominada desmamonar o deslechugar. El horicio es la cápsula espinosa en que se encuentra el fruto, que ha sido fecundado por la candela, o parte masculina de la flor del castaño.

Cuando las manzanas aún están verdes, cerca de su madurez, y que ya las cogen para comerlas los niños, se llaman pergüétanos. Hay muchas variedades de manzanas: pedrominganas o minganas, de sené, camuesas (cuando uno se da un golpe, se dice irónicamente: "sabe a camuesa", para aludir al dulzor de esta variedad), sanjuaniegas. pericas, verdedoncellas, hoteles, reinetas, normandas, gordis (es la "golden"). Y de peras, tenemos: muslo de dama, calabazona, de Jesús que m'ahogo, de agua, de agua de Aragón y de agua de invierno, de cristal...

Las cerezas pueden ser borrachinas, bobas, picotas o piconas y costaleras; cuando son bravías se llaman montesinas. Las guindas son guinda tomatillo y garrafal. Cuando guindos o cerezos sangran, la savia seca apelmazada en el tronco se conoce como guilindina. Los nísperos son aquí niespros y su fruto, las niespras (nísperas).

Las judías verdes se llaman los frejones, y las judías secas, las pibas, que pueden ser blancas, agateás (pintas), pineles, chíchares y colorás. Algunos frejones se secan en ristres (ristras), cosidos con una cuerda, así los frejones de manteca.

Tanto la planta verde como el grano de maíz se conocen como millos, cuya espiga se denomina mazaroca (mazorca) y las hojas que la envuelven camisas. La calabaza común se llama canicú (plural: canicules).

Cuando los frutos, en general, tienen parásitos que hacen en su interior canales, se dice que tienen coqueras o están acoqueraos Hay malas hierbas entre los sembrados, como los senijos, lenguas de pájaro o cornihuelas. ..

En otoño, se bardiaban (verbo bardiar) las hojas secas de los robles del terreno comunal para el estiércol y las bellotas en Batuecas; el Ayuntamiento sacaba a pública subasta la hoja y la bellota; el arrendatario que se la llevaba permitía a otros, mediante pago, la recolección de aquéllas, a este hecho se llamaba bardiar .

4. Los ganados

Las caballerías (asnos, mulos, caballos...) han tenido tradicionalmente mucha importancia en La Alberca por un triple motivo: como medio de transporte fuera del pueblo (arriería), como instrumento para las faenas del campo (trabajo) y como crianza para su compra-venta en ferias y mercados (chalanería). Los arreos que llevan las caballerías son el aparejo, que se compone de: suaor (sudador) o suaera (paño que se coloca sobre piel para enjugar el sudor); la enjalma (de paja, cuero y lona) a la que va unido el tarre, de cuero, que la sujeta a las ancas del animal; la sobrenjalma (saquillo de hojas que da volumen al aparejo); la cincha (correa ancha de cuero unida a otra corta y estrecha para sujetar todo lo anterior al pecho). Otro tipo de aparejo sustituye la enjalma y la sobrenjalma por los lomos (de paja intubada en lona, estrecha y alargada, en dos elementos) y la albarda (o saco con aperturas laterales, relleno de hojas de mazorca). La cabeza de la caballería se sujeta con la escabezá, de tiras de cuero, de la que sale el cabresto o ramal, unido a ella mediante la moacilla metálica, curva y dentada en doble hilera, que sirve de freno al presionar en la piel del animal. Para evitar la huida de las caballerías del prado se utiliza la pea o cadena que sujeta las patas del animal, impidiéndole saltar y correr. Para sujetar las cargas sobre el aparejo se usan dos tipos de cuerdas: los lazos, que sostienen en equilibrio las dos partes de una carga sin estar atados al animal (a modo de alforjas) y la reata o soga más larga, en uno de cuyos extremos hay una tira corta de cuero y un gancho con el fin de sujetar la carga al perímetro de la bestia. Para labores de tiro (arar, trillar...) se pone en el cuello de la caballería la collera (almohadilla que lo rodea), la sobrecollera (una segunda almohadilla interior a la .primera) y el collerín (armazón curvado metálico o de madera, que sustituye al yugo cuando únicamente se trabaja con un animal). Las parihuelas o perihuelas son una armadura de madera con cuatro ganchos, dos a cada lado, que se coloca sobre el aparejo para transporte de leña, tablas o cualquier objeto alargado. Cuando a los asnos y mulos se les corta el pelo de las partes tapadas por el aparejo y de la parte superior del cuello, se dice que se les motila (verbo motilar)..Al cerrar un trato de compra-venta de una caballería, el vendedor, una vez cobrado su precio, invita a los que han intervenido en él, esta invitación es el alboroque.

Los cerdos ocupaban y ocupan un lugar importante en la economía albercana, con renombrados embutidos. Cuando son pequeños se llaman garrapatos, y de mayores, marranos o gorrinos. Para que no hocen y destruyan el lugar en que se hallan recogidos, a los cerdos medianos se les alambra, es decir, se les taladra el hocico con un aro de alambre. De pequeños se les capa, extrayéndoles las dos turmas (testículos), muy apreciados gastronómicamente. Se les ceba con el berbajo o belbajo, es decir, con frutas y hortalizas cocidas, que se esmiajan o se trituran con las manos. La matanza del cerdo se conoce como mondongo. Dentro de los productos de la matanza que reciben nombres peculiares, tenemos la barbá, tocino veteado de la parte delantera del animal, que se adoba y se mete en trozos en la tripa del estómago del cerdo para ser curado, producto que se llama bandujo; cuando se introducen también costillas adobadas, el bandujo se denomina huesa. El gorguero (la faringe) se consume fresco. Desurdir las tripas es separar o romper las ligaduras de los intestinos para ser lavados y utilizados después en los embutidos. El cuero del tocino se llama corato. Dentro del acontecimiento que supone la matanza, los niños se entretenían en unos columpios de sogas que colgaban de las vigas de la cuadra, que son los zambulerios. También se gastaban bromas; una de las más frecuentes era el zahumerio, que consistía en quemar productos malolientes en una lata, que se metía en el portal de alguien. De la escarpia (gancho metálico doble, pendiente del techo de la casa) se colgaban las vísceras del cerdo.

El conjunto de cabras, si es pequeño, se denomina en el pueblo atajo y, si es grande, piara. Cuando la cabra es pequeña se llama chiva o chivina; cuando es un poco mayor, igüea; cuando le faltan los cuernos, mocha; jabonera, cuando su pelaje es de color entre marrón y crema. El betijo es un palo que se coloca en la boca de los animales más pequeños a modo de bocado, atado con cuerdas a la parte posterior de la cabeza, con el fin de destetarlos, ya que impide el mamar aunque posibilita el comer. Bajo el cuello tienen las cabras dos pequeños colgantes, conocidos como mermellas. El olor a montuno es el característico del macho cabrío. Las cabras, y, en general, las hembras de los mamíferos, están entrizás cuando tienen mucha leche en las mamas y no se le puede sacar, lo cual les produce grietas.

Dentro del ganado vacuno, de menor importancia en la economía albercana, los animales más jóvenes se denominan genéricamente churrinos o churrinas, según sean machos o hembras. Cuando son bueyes y se uncen al yugo se dice que se aguñen (verbo águñir).

Es curiosa la precisión con que se nombran los excrementos de los animales: cuando proceden de gallos o gallinas son gallinazas; del ganado cabrío y lanar, cagalutas; del caballar, cagajones; y del vacuno, mullicas.

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(1) He aquí algunas publicaciones, en algunos casos tesis doctorales, que hablan del léxico de la zona oeste, leonesa y extremeña:

C.AZ., Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana. 3ª. ed., Madrid, 1978.

IGLESIAS OVEJERO, A., El habla del Rebollar, Salamanca, 1982.

LAMANO, J., El dialecto vulgar salmantino, Salamanca, 1915.

LLORENTE MALDONADO DE GUEVARA, A:., Estudio sobre el habla de la Ribera (Comarca salmantina riberena del Duero, Salamanca, 1947.

MARCOS CASQUERO, M. A., El habla de Béjar, Salamanca, 1979.

REQUEJO VICENTE, J. M.., El habla de Las Hurdes (Extracto de tesis doctoral), Salamanca, 1977.

URDIALES, J. M., El habla de Villacidayo (León), Madrid, 1966.

VELO NIETO, J. J., El habla de las Hurdes, Badajoz, 1956.

Se trata de una bibliografía parcial, sin ánimo de ser exhaustivos

(2) Veamos algunos de los rasgos más sobresalientes de la pronunciación albercana :

-Distinción entre la ll y la y (Pollo/poyo).

-Aspiración de la -s tanto en final de sílaba (implosiva) como en final de palabra (espinera ehpinera; tesos tesoh).

-Aspiración generalizada de la i (trabajo trabaho; injertas inhertah).

-Aspiración, aunque no sistemática, de la f- inicial de palabra (por ejemplo, en henera, hacina).

-Debilitamiento en i de la e átona (después dihpuéh).

-Pérdida muy frecuente de la -d- intervocálica, sea o no terminación de participio (acorderado acorderao; engarañado engarañao; dedo deo, todo to; quitadero quitaero; sudadera suaera; tupido tupío).

-Pérdida de la -r final de palabra (antier antié; tupir tupí; bardiar bardiá), que se acusa claramente en las terminaciones de infinitivo y, en general, en cualquier palabra.

-Pérdida de la -l final de palabra (bocal bocá; negreal negreá; canicul canicú).