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DE CHARLA CON CUATRO ABUELAS o ROMANCERILLO AL PASO

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 89.

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1

La señora Teresa, de Albelda, Rioja, va el Jueves Santo de cada año, muy de mañana, a limpiar el cuerpo yacente de Cristo en el Sepulcro. Lo hace sola, con un trapo impregnado en perfume, y le dice cosas:

Jesucristo de mi vida
con todo mi corazón,
déjame llegar a otro año
para limpiarte el colchón.

Jesucristo de mi vida
con toda mi humildad,
déjame llegar otro año
para volverte a limpiar.

No ese día tan señalado, sino uno más vulgar, un lunes, por ejemplo, en el patio de su casa, sentados bajo una parra, me dice este romance despacito, para que yo lo pueda escribir:

Estaba la Virgen Pura
a los pies de la alameda,
con dos agujitas de oro
bordando paños de seda.

Pasó por allí Jose
y le dijo de esta manera:

-¿Cómo no cantas tan blanca?
¿Cómo no cantas tan bella?

-¿Cómo quieres que yo cante
sola, triste y en tierra ajena?

Para un hijo que Dios me ha dado,
sin dolores lo tuviera,
me lo están crucificando
en una cruz de madera.

Si me lo queréis bajar
os digo de esta manera.

-Os ayudará José
y la pura Magdalena.

-Yo tambien os ayudara
si mis fuerzas me valieran.

-Caminad hacia el Calvario,
allí veréis una escalera
toda cubierta de sangre,
de sangre toda cubierta. .

Allí murió ¿quien murió?
Allí murió quien muriera,
allí murió el Redentor
de los cielos y la tierra.

Subiendo de Soria, pasados los Cameros, aparece la vega del Iregua, Rioja Media. La ermita de Santa Fe está enclavada en terrenos de Clavijo, pero pertenece a Albelda. Dentro no hay santos. Lo que queda formaba parte del pueblo de Palazuelos, desaparecido repentinamente a causa de la peste en el mil trescientos. Es curiosa esta propiedad, ya que el derecho a ella se mantiene por la obligación que tiene el Ayuntamiento de Albelda de subir oficialmente al menos una vez al año. Al dejar de hacerlo perdería la ermita. "En años difíciles de la guerra no se dejó de subir." Parece ser que a finales del siglo trece se hace el reparto del común, y en 1500 se amojonan los límites, quedando esta pequeña porción en la parte de Clavijo, pero como ya Albelda venía desde antes a celebrar a San Marcos, tuvieron que llegar a una determinación. La fiesta dura un día. Y así ha quedado.

2

Este romance me lo dijo una señora llamada Angela, que esperaba una tarde de lluvia, a la salida de Salamanca, dirección Zamora. Hacía esto a menudo "porque le gustaba hablar con la gente", y sus hijos y nietos ya no se asustaban si se presentaba de improviso a verles. Habló sin parar durante media hora, pasando revista a cada familiar, imaginando lo contenta que se iba a poner su nuera cuando llamara al portón. Y siguió con lo que solía contar al nieto chico para que se durmiera. Lo hizo con tanta gracia, que le pedí lo repitiera para poder grabarlo durante el viaje. Se. sintió protagonista, se acomodó mejor en el asiento y con el fondo gris del paisaje me lo dijo, no sin antes informarme de su nombre, Angela, la que iba a contar el romance del Peregrino.

Era una noche de invierno
del invierno crudo y frío,
oscuro, sin una estrella,
y de nieve y de ventisco.

Era más de media noche
que a la puerta del Castillo
resonaba el duro gol pe
del fuerte aldabón macizo.

-Parta el pobre en hora mala,
no me canse con sus gritos,
no despiertes mis sabuesos
ni mis sacones dormidos.
y volvió en torno al fuego
a beber con sus amigos.

-Soy un pobre el que llamaba,
-con voz apagada dijo-
soy un pobre extraviado
que no conoce el camino,
soy ya muy viejo, sin fuerzas,
desnudo y muerto de frío.

Mas nada de esta piedad
movió al amo del Castillo,
que tenia el corazón
cual mármol endurecido.

De allí se fue el pobrecito,
desnudo y sin un abrigo
toda la noche escuchando
el aire, horrendo silbido.

A la mañana siguiente
el amo escuchó lo mismo
y con un puñal de oro
subió a un caballo de brillo,
buscando tiznadas garzas
por las orillas del río.
Muerto encontró entre la nieve
al infeliz peregrino.

3

Yo dije desde la calle: "iPetra!". Y a la segunda vez, el bon bon bon sordo de unos pasos sobre el suelo de madera anunciaron la respuesta. A media escalera escuché: "A que es Manolo." Petra Nieto vive en Miranda del Castañar, Salamanca. Parece la reencarnación conjunta de la síntesis de un siglo. Va para los ochenta y lo sabe todo. Yo venía de La Alberca, era de noche, y me acerqué a verla. Me sacó tortas ,de manteca y puso la cafetera al fuego. Llegaron Magdalena, Francisco y la practicanta a pincharla. Hacía frío en la calle. El interior de su casa ofrecía el calor del brasero bajo la camilla, el café recién hecho y su palabra. Era inevitable.

Caminito de la arena .
caminaba un arridero,
buen zapato, buena media,
buen bolsillo de dinero.

Siete caballos llevaba,
ocho con el delantero,
nueve se pueden contar
con el de la silla y freno.

Al revolver de una esquina
siete quintos le salieron.

-¿A dónde caminan quintos?
-¿Dónde va el mozo arriero?

-Camino voy de La Mancha
con un encargo que llevo.

-A La Mancha vamos todos
que no llevamos dinero.

-Por dinero no lo hagáis,
adelante, compañeros,
que llevo yo más doblones
que estrellitas tiene el cielo,
que arenitas tiene el mar
y hormigas un hormiguero.

Al llegar a una cantina
echan vino y beben luego,
y el primer vaso que echaron
se lo dan al arridero.

-Yo no bebo de ese vino
porque me huele a veneno,
que lo tome el rey de España
aunque reviente yo luego.

Siete soldados que iban
siete sables descubrieron,
él también descubrió el suyo
que era de un brillante acero.

De los siete mató cinco
que dos salieron huyendo.

La cantinera da voces
por si oyeran en el pueblo.

Acudió el señor Alcalde,
prenden al mozo arridero
que le sentencian a muerte
para el sábado primero.

Le escribió una carta al Rey
contándole los sucesos,
cada renglón que leía
lo iba contradiciendo.

-Así como mató cinco
hubiera matado ciento,
cinco reales para el mozo
es lo que existe en el Reino,
y dos pa la cantinera
por el vino que bebieron.

Al poso del vaso acudió una mosca: "Eso no es ná, se la hace así con la mano y se va.". El despertador lo tiene sobre una caja hueca que le hace de resonancia. Su latido preside los silencios. A Petra apenas si hay que pedirle que cuente algo. Forma parte de su personalidad. Y si Francisco la rectifica en algún verso, ella le hace así con la mano, como a la mosca, y sigue.

A orillas de una fuente
una zagala vi
con el ruido del agua
yo me acerqué hasta allí,
oí una voz que decía
¡ay de mí, ay de mi, ay de mí.

Como la vi solita
le declaré mi intención,
ella se quedó turbada
que nada me contestó.

Yo dije para mí entonces
ya cayó, ya cayó, ya cayó.

Yo me subí a un árbol
varias flores corté
se las puse en su seno
y en mis brazos la estreché,
y entonces dijo la niña
¡ay, Jesús, qué atrevido es usted!

La cogí de la mano
me la llevé al café,
le dije a la cafetera
ponga usted tres cafés,
y entonces dijo la niña
y otros tres y otros tres y otros tres.

Al despedirme de ella
tres abrazos me dio.
se despidió diciendo
no me olvides por Dios,
ya sabes que el amor mío
sólo en ti, sólo en ti se rindió.

Del romance de Gerineldo, tan extendido, pero ya ancianos los últimos informadores conscientes, conocía las versiones de MenéndezPidal, cuyo final queda en que la infanta dice:

Rey y señor no me mates
mas dámelo por marido,
o si lo quieres matar
la muerte será conmigo.

De Dámaso Alonso, que no ofrece los prolegómenos de la cita y termina con la certeza
de:

que la espada de mi padre
yo me la he bien conocido.

Y de Cossío, en la que el Rey se topa con Gerineldo por el jardín y le pide explicaciones de sus andanzas. Da excusas. El Rey le ordena que se case para borrar la falta. Gerineldo se niega:

Al pícaro Gerineldo
le cortaron la cabeza.

Pero no conocía la versión que Petra Nieto guardaba en su memoria. Ni la que Rosario Correa "tiralé" guardaba en la suya, allá en Alosno, Huelva. Voy a transcribir lo que anoté al dictado en cada sitio. He aquí la de Petra Nieto:

Gerineldo era un buen mozo
siervo del Rey muy querido,
cuando sale de palacio
de hacer allí su servicio
en la puerta de palacio
la infanta lo ha perseguido.

-Gerineldo, Gerineldo,
mi Gerineldo querido"
quién te pillara esta noche
tres horas de mi albedrío.

-No se burle la señora
que criado vuestro he sido.

-No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo.

-¿Y a qué hora, gran señora,
se cumple lo prometido?

-Entre las doce y la una
cuando el Rey esté dormido.

Daba vueltas Gerineldo,
daba vueltas al castillo
y cuando ya comprendió
que el Rey estaba dormido,
con pasitos sigilosos
al cuarto la infanta ha ido.

La infanta que lo aguardaba,
-¿quién ha sido el atrevido?
-Gerineldo es gran señora,
que vengo a lo prometido.

Lo ha cogido de la mano
Y a su cama lo ha subido.

Se pusieron a luchar
como mujer y marido,
con el trote de la lucha
los dos se quedan dormidos.

Llama el Rey a Gerineldo
que le alargue su vestido,
y unos dicen: "No está en casa",
y otros dicen: "No ha salido"

Y el Rey que lo sospechaba
al cuarto la infanta ha ido.

-Y si mato a Gerineldo
tanto como lo he querido,
y si mato a Gerineldo
tan bien que me había servido,
y si mato a la princesa
queda mi reino perdido,
yo la meteré la espada
pa que sirva de testigo.

Con el frío de la espada
la infanta se ha estremecido.

-Despiértate, Gerineldo,
mi Gerineldo querido,
que la espada de mi padre
con nosotros ha dormido.

-¿Y qué podré hacer yo ahora
que no sea conocido? ,
me marcho por los jardines
a pisar rosas y lirios.

-No te asustes, Gerineldo,
y vuelve a tu servicio.
Gerineldo fue ante el Rey
y la infanta lo ha seguido.

-Perdónalo, padre mío,
ya sabes lo sucedido,
solamente yo deseo
me lo otorguéis por marido.

El Rey que lo deseaba
el permiso ha concedido:

-Y así tendré a Gerineldo,
un hijo más muy querido.

Y celebraron las bodas
muy llenas de regocijo.

4

Rosario Correa enlaza en un solo romance el de Gerineldo y el del Conde Flores, que también recogí en la voz de Carolina, de Val deSan Lorenzo, León. Rosario se limita a sustituir al conde por el joven enamorado. Le parece bien a ella que después del susto que le dio el Rey, el muchacho haga carrera. Así que ésta es la historia que permanece en Alosno, Huelva:

-Gerineldo, Gerineldo,
mi camarero pulido,
quién te cogiera esta noche
tres horas a mi albedrío.

-Como soy vuestro criado
os queréis burlar conmigo.

-No me burlo, Gerineldo,
que de veras te lo digo,
a las diez se acuesta el Rey
a las once está dormido.

A eso de la medianoche
oye la niña un ruido:

-¡Oh, quién ronda mi palacio!
¡Oh, quién ronda mi castillo!

-Soy el conde Gerineldo
que vengo a lo prometido.

Traigo zapatos de seda
para no formar ruido.
le ha cogido de la mano
y lo ha metido en su nicho,
con palabras amorosas
se han quedado dormiditos.

-Levántate, Gerineldo,
mira que estamos perdidos,
que la espada de mi padre
ha servido de testigo.

Se levantó Gerineldo
más muertecito que vivo:

-¿Por dónde me iré ahora
para no formar ruido?

-Tú te vas por el jardín
cogiendo rosas y lirios.

-¿De dónde vienes, Gerineldo,
tan triste y tan abatido?

-Vengo del jardín, buen rey,
de coger rosas y lirios,
la fragancia de una flor
me ha puesto tan amarillo.

-No lo niegues, Gerineldo,
tú con la infanta has dormido.

-Dame la muerte, buen Rey,
que bien me la he merecido.

-No te mato, Gerineldo,
que te crié desde niño.

...................................................

Se ha formado una gran guerra
entre España y Portugal,
y nombran a Gerineldo
de Capitán General.

-Si a los tres años no vengo,
niña, te puedes casar.

Pasa uno, pasan dos,
y han pasado los tres ya.

Se vistió de peregrina
y lo ha salido a buscar .

En los medios del camino
se ha encontrado una vacá.

-Vaquerito, vaquerito,
por la Santa Trinidad,
que me niegues la mentira
y me digas la verdad,
¿de quién son esas vaquitas
de tal hierro y tal señal?

-Son del conde Gerineldo
que hoy está para casar.

-Un niño de oro te doy
si me llevas al lugar .

La ha cogido de la mano
y la ha puesto en el umbral,
ha pedido una limosna
y él se la ha salido a dar.

-¡Oh! ¿Qué limosnas son estas
para las que solías dar?

-Eres el demonio humano
que me vienes a tentar.

-No soy demonio ninguno
soy tu esposa natural.

-Que dispense todo el mundo,
la boda queda pará,
que los amorillos viejos
son muy malos de olvidar .

Cierro la libreta con la sensación de haber pasado cuatro apuntes a la difícil cuenta de los tiempos ganados.