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EL LOBO EN LA CULTURA POPULAR GIENNENSE

AMEZCUA, Manuel

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 104.

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Una de las relaciones atávicas desaparecida hace años del panorama antropológico giennense se refiere a la presencia del lobo y su influencia en la cultura popular en una época en que este animal, al menos en las zonas más rurales, era considerado como la encarnación misma del mal. Aún viven ancianos pastores que cuentan historias de sus encuentros con la fiera, pero lo cierto es que el lobo, como animal mitológico que es, únicamente pervive como un motivo literario que en forma de romances y cuentos sirve para alimentar la fantasía de los niños.

El tiempo que me he movido entre los numerosos testimonios de su presencia en las sierras de Jaén, de sus costumbres y el proceso de su desaparición, así como el acercamiento al mundo que envuelve a la relación entre el hombre y el lobo, ha constituido una de esas apasionantes aventuras que alguna vez se vive en nuestro empeño de la investigación etnográfica, y es que por momentos he tenido la sensación de haber topado con una cultura milenaria en la que los datos históricos no son más que secuelas de una relación más profunda, que cae dentro del complejo mundo de la alegoría (1).

LAS RESERVAS NATURALES DEL LOBO EN JAEN

No abundan las fuentes a las que recurrir para conocer nuestra riqueza ecológica desde una perspectiva histórica; sin embargo, en lo que a fauna se refiere, quizá sean las «Relaciones Topográficas» de Felipe II las que con más detalle identifiquen las especies más abundantes en nuestras montallas allá por el siglo XVI. El manuscrito escurialense, en lo que a la provincia de Jaén se refiere, sólo conserva las informaciones de los pueblos pertenecientes a las comarcas de Sierra de Segura y Sierra Mágina, y entre los que declaran la existencia de lobos en su término se cuentan: Albánchez, Beas, Benatae, Chiclana, Hornos, Orcera, La Puerta, Segura, Siles y Sorihuela, existiendo además otras muchas especies hoy desaparecidas o en vías de serio, como venados, ciervos, corzos, gatos cervales, quebrantahuesos, gavilanes, halcones baharies, ánades, azores, osos, nutrias y un largo etcétera (2).

Sin embargo, la auténtica reserva del lobo en nuestra provincia se encontraba en Sierra Morena, desde donde se trasladaba siguiendo a los rebaños en sus migraciones invernales, consiguiendo adentrarse en el mismo corazón de la Sierra de Segura. Allí se refugiaba en rincones tan sombríos como «las Malezas» o «las Tablas», desde donde no salía más que para rondar las tiendas de los pastores o algún cortijo apartado.

LA CAZA Y OTRAS ARTES DE EXTERMINIO

Si hay algo que ha determinado en buena parte la existencia del lobo, ha sido la manía persecutoria por parte del hombre, que no ha podido superar ni el propio instinto de conservación del animal. ¿Qué daños causó el lobo que justificasen su total erradicación? Antiguos documentos del Cabildo de Andújar nos hablan de estragos en el ganado en un tiempo en que la ganadería era principal fuente económica (3), pero cuando uno habla con los pastores se percibe un extraño sentimiento de competencia hacia una fuerza oculta.

Y es que el lobo no siempre mata por necesidad, según dicen. Cuando entra en la majada degüella a las ovejas y se bebe su sangre, y contra este instinto feroz nada pueden hacer los perros ni los pastores. Ataca sobre todo de noche, en manada, haciendo alarde de su astucia cuando acomete contra reses más grandes, como toros o vacas. En este sentido hay quienes sostienen que bajo la piel del lobo se encuentra el mismo diablo (4).

Con tales argumentos se entiende que la caza del lobo haya sido algo implícito a su propia existencia. Ya en el siglo XVI, las «Ordenanzas del Común de la villa de Segura y su tierra» dedican un capítulo a «los que tomaren lobos» en su término, designando las cantidades que habían de pagar los concejos según se tratara de un lobo mayor, un lobezno o una camada entera, con la sola condición de presentarlos en el concejo con la oreja derecha cortada (5).

Dos siglos antes, en la Sierra Sur se recompensaba a las personas que mataran lobos, como es el caso de Fernand Martínez del Palomar y Alonso Martín de Córdoba, que recibieron del Concejo de Alcalá la Real diez mrs por uno que mataron en su término (6).

Los lobos de Sierra Mágina también sufrían continuos acosos por este tiempo. Así el concejo de Huelma se quejaba del mucho daño que cometían en el ganado, y en 1578. basándose en cierta pragmática de Su Majestad sobre asignación de un salario a las personas que matasen lobos, pregonaba públicamente que cualquier persona que viniere a matar lobos a su término y dehesa recibiría la cantidad de 22 rs. por cada cabeza de lobo o camada de ellos que presentara muertos. Expertos vecinos de Huelma y de pueblos comarcanos como Cambil, Campillo de Arenas, Jódar, Montejícar, Bélmez y Albánchez, además de otros de Linares, comenzaron una incesante cacería que en aquel quinquenio saldaron una cuenta de ocho camadas, dos lobas y tres lobos procedentes del término de Huelma, de lugares como la dehesa de Alequillas o el río de Polera (7).

Pocos años más tarde, ya en el siglo XVII, se toman medidas similares contra los lobos de Sierra Morena, llegando incluso a realizarse una lista de los cazadores de Andújar para exigirles a cada uno de ellos que presenten un lobo en cada año natural, so pena de tres ducados de multa, que se darían a otra persona capaz de hacerlo. Finalizado el siglo, Cabildo agradecerá la buena disposición de los ganaderos de esta ciudad por ofrecerse a hacer un arca por su cuenta para pagar a los cazadores que matasen lobos, y en 1720 los tratantes de ganado exigirán el importe de algunas recaudaciones destinadas a perseguirlos y matarlos (8).

También la villa de Linares de comienzos del seiscientos gratificará con dos ducados a quienes presentaren lobos matados dentro de su término; así ocurrió en 1610 cuando se presentan en el Cabildo cuatro vecinos de las tierras de Segura que llevaban diez lobos procedentes de los confines y rayas de esta villa, por lo que recibieron su recompensa además de las gratificaciones de los ganaderos (9).

De acuerdo con las costumbres biológicas del lobo, la caza de ejemplares sueltos se verificará fundamentalmente en los meses de invierno, desde diciembre hasta abril, las camadas se obtendrán nada más iniciado el verano, de mayo a julio. En las últimas décadas del siglo XVIII se reciben en los Ayuntamientos reales cédulas en las que se previene el exterminio de los lobos y demás animales considerados dañinos. En su consecuencia, ciudades y villas organizan cacerías a nivel de comarca, con un despliegue de recursos que difícilmente justifican los resultados obtenidos.

Atendiendo a alguna de estas Reales Cédulas, el Cabildo de Noalejo libraba en el mes de mayo de 1778 la cantidad de 365 rs «que se gastaron en el aleo de lobos practicado en el referido año por mano de dho Rexidor como su comisario» (10) .Diez años más tarde, por la expedida en 27 de enero de 1788, la ciudad de Ubeda organiza con la colaboración de los pueblos de su partido una gran batida que tuvo lugar el día 29 de octubre, por ser la época más propicia para tales monterías, llevándose acabo en los torcales de la Sierra de las Cabras y Pinar Negro, distantes cinco leguas de la ciudad. Participaron ciento veinte hombres, ochenta como tiradores y los cuarenta como ojeadores, además de cincuenta perros que unidos a los gastos de repostería y aderezos de caza, montó la cuenta en más de mil reales, que fueron sacados del arca de propios de la ciudad. El resultado no fue tan opulento: dos días de penalidades para acabar con tres o cuatro lobos y con algunos accidentes propios de tal montaje, de lo cual se lamentó el propio corregidor de Ubeda, solicitando en balde el cese de tales monterías (11).

EL OFICIO DE MATAR LOBOS

Pero si los efectos depredadores de las grandes batidas dejaban mucho que desear, no fue así con las acciones de ciertos particulares que hicieron de la caza del lobo un singular oficio, «los loberos». Ellos tenían un especial instinto para descubrir las camadas de los lobos y, desafiando los rigores del invierno, no les importaba andar grandes distancias entre montañas con tal de lograr su objetivo.

A veces pasaban varios días esperando el parto de la loba, y al menor descuido le sustraían los lobeznos que criaban en su casa y después exponían en el interior de unos cajones a modo de jaulas en los pueblos de la sierra durante toda la primavera y el estío. Todo ganadero que se preciara no pasaba sin dejar una limosna a quienes tanto contribuían a preservar la integridad de sus ganaderías, con lo cual el negocio se mantenía hasta encontrar nueva camada al siguiente invierno. Mañas tales contribuyeron a la definitiva desaparición de la especie en nuestras montañas hace treinta o treinta y cinco años, según testimonios de quienes aún dicen que si no hay lobos es porque ellos se fueron.

LA DANZA DEL LOBO Y EL PASTOR

La relación entre el lobo y el pastor era otra cosa, teniendo en cuenta que éste raramente ha ejercido de cazador. Los testimonios de pastores octogenarios relatan curiosas escenas de esta rara sincronía.

El pastor puede ser consciente de la presencia cercana del lobo sin necesidad de descubrirlo o percibir su humo. Si así ocurre, un pelo frío recorrerá su cuerpo y hará que le baile la gorra encima de la cabeza, ya sabe que el lobo anda cerca.

Si está en la tienda o la majada, encenderá una buena lumbre, con abundante leña, rodeando el corral con bardas o red de guita; la oportuna tirada de unos tizones incandescentes originará un círculo de fuego que hará imposible la penetración del lobo. Si, en cambio, va solo y la fiera le sale al encuentro, aflojará inmediatamente su faja y la dejará que arrastre por el suelo mientras camina; el lobo se pegará a su extremo y le seguirá sin atacarle hasta que alcance lugar poblado, en cuyo caso huirá. Si no lleva faja podrá mantenerlo a distancia usando el mechero de pedernal, chisqueándole continuamente a la cara.

González-Ripoll narra la historia de cierto aserrador de la Sierra de Cazorla que estuvo a punto de perder la vida como consecuencia del susto que le produjo el encuentro con unos lobos que le salieron una noche en los campos de Hernán Pelea. El hombre le quitó unas vueltas a la faja y la iba arrastrando por el suelo hasta que encontró abrigo en el cortijo de Viana, donde un sudor frío se apoderó de él y perdió el habla durante bastantes días, hasta que fue llevado por su mujer a lomos de mula hasta una saludadora famosa en el contorno, la Tía Telesfora, que de forma inexplicable le devolvió la salud. Desde entonces el Tío Julián Leiva, que así se llamaba, quedó apodado como «el de los lobos. (12).

LOCOS, SABIOS Y HOMBRES-LOBO

También se cuenta de personas con la particular facultad de poder comunicarse con el lobo, como el tío Bartolo Ferreiro, personaje medio sabio o medio brujo que a finales del siglo pasado, entre tantas diabluras que hacía, como la de trasladarse por los aires de un cerro a otro, amenizaba las noches de Sierra Mágina aullando como los lobos, y dicen que a sus aullidos le contestaban los lobos de la Serrezuela.

El autor anteriormente citado se refiere a un hombre que le decían el Tío Gil «el de los lobos», vecino de la Iruela, que parecía cruzado en lobo y sabía imitar el aullido lo mismo que ellos y los llamaba y acudían. Podía decirse que se había criado entre ellos, pues desde pequeño quedó huérfano y lo recogió su abuelo, viviendo ambos completamente solos, de transeúntes por la sierra. Sin casa ni choza y llevando un atajo de cabras levantiscas, dormían donde les pillaba la noche. Cuando el abuelo tenía que ir a Cazorla a por el suministro, que echaba un día y una noche en ir y volver, dejaba al nietecillo con sus cuatro o cinco años escondido en el ahuecado tronco de un viejo roble para que no se lo comieran los lobos. Y así se fue criando hasta que fue mayor y se le murió el abuelo y él siguió solo en la sierra con las cabras. Y como estaba tan acostumbrado a oir el aullido de los lobos, aprendió a imitarlo y lo hacía de forma idéntica, y al terminar hacía un castañeo con los dientes que ponía los pelos de punta (13).

También hemos encontrado algún caso de auténtica metamorfosis. Lo recoge Andrés Cárdenas y se refiere a cierta familia que habitaba en un apartado cortijo de Cazorla y que les llamaban "los locos». Se decía de ellos que tenían un libro mágico que leían al revés y se convertían en lobos. Todo parece suponer que fueran descendientes de alguna familia de moriscos, de tantos que se asentaron en las más escabrosas sierras giennenses, y la leyenda en torno a ellos, fruto del aislamiento y tradicional rechazo social al que estuvieron sometidos, lo cierto es que de ellos se cuentan tantas fechorías que la gente procuraba no acercarse a su escondido imperio; sobre todo, en noches con luna llena (14).

El ULTIMO LOBO

Dicen los viejos que los años veinte fueron años de mucho lobo (15); después, poco a poco, los fueron mermando y era raro escuchar de alguien que los hubiera visto. Varios factores se fueron sumando: la acción de los loberos, especialmente los de Andújar, que en tiempo en que paren las lobas se metían en sus cuevas y les quitaban las crías, la aparición de las escopetas de fuego central, que vendían los recoveros por los cortijos sin necesidad de papeles, y como daban premio por lobo muerto, además de las limosnas de los ganaderos, los fueron apocando hasta que los acabaron.

En varias comarcas he escuchado relatos sobre la desaparición del último lobo, pero tal vez sea la historia que recogió González-Ripoll en Cazorla la que mejor se acerque a esa especie de duelo entre el hombre y la naturaleza que ha constituido todo el proceso de la desaparición de esta especie de nuestras montañas.

El hecho ocurrió hacia los años veinte, cuando cierto cazador hirió a un lobo mientras estaba acechando a los conejos. A partir de aquí la historia se asemeja a aquella de la loba parda del romance, ya que el lobo herido hubo de vérselas con un gran mastín que le persiguió incesantemente hasta que fue a caer en un poyato del que no pudo salir por la debilidad y la gran pérdida de sangre. Finalmente, fue rematado por alguno de aquellos serranos, y sus pellejos fueron a parar a manos de unos zagales que los llenaron de paja, como era costumbre, y salieron a pedir con él, obteniendo de los ganaderos la poco despreciable cantidad de cuarenta reses entre borregas y chotas (16).

Testimonio de la presencia del lobo en nuestro suelo provincial son algunos topónimos como el «Collado del lobo» en la población minera de El Centenillo; la «Cueva de la lobera» de Castellar, que es a la vez un importante yacimiento ibérico, o la aldea alcalaina de «Villalobos», por citar sólo algunos, además de algunos motes como el de «Negro Lobero» en Bélmez de la Moraleda, o la pervivencia del apellido «Lovera».

Sin embargo, como ese último rayo de esperanza, nos llega un estudio publicado hace poco tiempo por Isidoro Ruiz Martínez, que identifica un grupo de lobos compuesto por cuatro a seis ejemplares de «Canis lupus signatus» (lobo ibérico) que se asienta principalmente en Sierra Morena, con movimientos esporádicos hacia la provincia de Ciudad Real y hacia el Este en los meses donde se celebran monterías, catalogando, además, a estos ejemplares como de los mejores de España (17).

UN ARQUETIPO LITERARIO

El lobo ha sido y es un motivo literario dentro del amplio abanico de la cultura popular. Prueba de ello es que el bebé inicia sus primeros juegos al son de la conocida letrilla de «Los cinco lobitos» y que el que tal vez sea el cuento infantil más popular, el de «Caperucita Roja», está basado en la ancestral relación hombre-Lobo. Es en este género de cuentos maravillosos, así como en la leyenda y en el cancionero tradicionales, donde la figura del lobo alcanza su carácter mítico.

Un ejemplo muy ilustrativo es el «Romance de la Loba Parda», de origen pastoril y muy realista en cada una de sus descripciones. Menéndez Pidal piensa que nació en Extremadura y que los pastores trashumantes lo propagaron por otras regiones (18); lo cierto es que es tan popular que aún se puede escuchar cantado de boca de los niños en sus juegos de corro y comba. La versión que sigue me la cantó un niño de Noalejo, que la había aprendido de su abuelo, un pastor fallecido hacía unos años:

Estando en la mi choza / pintando la mi cayada las cabrillas altas iban / y la luna rebajada,
mal barruntan las ovejas / no paran en la majada
vide venir siete lobos / por una oscura cañada,
venian echando a suertes / a ver a cual le tocaba,
le tocó a una loba parda, / cana y patituerta,
que tenía los colmillos / como puntas de navaja.
Dió tres vueltas al redil / y no pudo sacar nada
a la otra vuelta que dió / sacó a la borrega blanca,
hija de la oveja Churra, / nieta de la Orejisana,
la que tienen mis amos / para el domingo de Pascua.
-Aquí mis siete cachorros, / aquí perra trujillana,
aquí perros de los hielos, / a correr la loba parda,
si me cobrais la borrega / cenareis leche y hogazas,
si no me la cobrais / cenareis de mi cayada.
Los perros tras de la loba / las uñas se esmigajaban.
siete leguas la corieron / por unas sierras muy agrias,
al subir un costarrillo / la loba ya va cansada.
-Tomad perros la borrega / buena y sana como estaba.
-No queremos la borrega / de tu boca alobada
que queremos tu pellejo / para el pastor una zamarra,
el rabo para correas / para atarse las bragas,
de la cabeza un zurrón / para meter las cucharas,
las tripas para vihuelas / para que bailen las damas.

Para finalizar, diremos que el lobo ha sido animal también tratado en otro género popular como es el refranero, que enseña desde las costumbres biológicas del animal

«Primero día de mayo corre el lobo y el venado».

«La casa del lobo, donde le toma la noche»
resaltando su astucia:

«Muda el lobo la lana, mas no la maña»
su instintiva necesidad de la caza:

«La loba y la espada, si no hallan presa, muerden la tierra de rabia»

«El lobo no come carne que muere, sino la que por su pie hubiere».
y sus costumbres depredadoras:

«Cuando el lobo va a hurtar. lejos de su casa va a cazar»,
hasta el esfuerzo del pueblo por combatir sus fechorías:

«Con cabeza de lobo gana el raposo».

Demonio o no, necesidad de alimento o de muerte, lo cierto es que hace muchos años ya que dejó de verse por las agrias laderas de sierra Morena, de Segura o Mágina, imagino que para la tranquilidad de muchos. La última duda es si fue más lobo el hombre que la propia fiera a la que acabó venciendo y aniquilando:

«Quien lobo nació, lobo murió», reza la última conseja.

____________
(1) Consecuencia de estos trabajos han sido otras publicaciones:

La danza del lobo y el pastor. Presencia, costumbres y exterminio del lobo en Jaén. Dominical Diario JAEN, 24-IV-88.

Una cuestión antropológica: la relación entre el hombre y el lobo en la Sierra de Segura. I Encuentro Histórico-costumbrista de la Sierra de Segura. Junio de 1988.

(2) VILLEGAS DIAZ, L. y GARCIA SERRANO, R. : Relación de los pueblos de Jaén, de Felipe II. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, núms. 88-89, 1976.

(3) TORRES LAGUNA, C.: Historia de la ciudad de Andújar y de su patrona la Virgen de la Cabeza. Libro quinto. Andujar a través de sus Actas Capitulares (1600-1850). Instituto de Estudios Giennenses, 1981.

(4) Los testimonios orales los tomé en los días de Semana Santa de 1988 de boca de Antonio Fernández Bautista, de 85 años, y de Antonio y Ramón Femández Beteta, de 84 y 88 años respectivamente, todos pastores jubilados de Santiago de la Espada (Jaén).

(5) CRUZ AGUIILAR, E.: Ordenanzas del Común de la villa de Segura y su tierra de 1580. Instituto de Etudios Giennenses, 1980. El cáp. 63:

"De los que tomaren lobos en el termino de Sigura.

Item. ordenamos y mandamos que qualquier persona de
cualquier calidad que sea que en nuestros terminos tomare lobos mayores e camas dellos de este concejo de Sigura pague a la tal persona que los tomare deste nuestro cavildo de cada lobo mayor quatro ducados y de cada lobecino quinientos mrs. y cada concejo de las villas deste común pague a cada lobo mayor un ducado y de cada lobecico cien mrs. y cada una aldea pague por cada lobo mayor doscientos mrs. y de los lobecicos no paguen nada y de cada una çorra pague esta villa un real y las demás villas de su término medio real todo lo cual se entienda que se ha de pagar registrándose en el dicho concejo de Sigura con los dichos lobos e camas dellos y çorros donde se corte a cada uno la oreja derecha y jure la tal persona ora sea vecino o forastero que los tomaron en nuestros términos e mandamos que los dichos concejos paguen lo aquí declarado e para ello sean apremiados porque ansí conviene".

(6) JUAN LOVERA, C.: Colección Diplomática de Alcalá la Real. 1988, pág. 57.

(7) Arch. Municipal de Huelma. Actas Capitulares, años 1571 a 1576.

(8) TORRES LAGUNA, ob. cit.

(9) Arch. Municipal de Linares. Libros de Actas Capitulares. Años 1608 y 1610.

(10) Arch. Municipal de Noalejo. Libro de cuentas de propios, año 1775. También se libraron 60 rs. en premios dados por zorros muertos.

(11) Arch. Municipal de Ubeda. Expediente sobre la batida de lobos correspondiente al mes de octubre de 1778.

(12) GONZALEZ-RIPOLL, J.L.: Narraciones de caza mayor en Cazorla. 1978, pág. 55 y ss.

(13) Gira anterior, pág. 25.

(14) «Ocurrió también una vez que uno de los hermanos de los «locos" llevaba todas las noches un cordero a casa y la mujer siempre le preguntaba de dónde lo había sacado. El contaba que se la daba un amigo suyo que tenía un caserío. Un día la mujer le dijo que quería acompañarlo a conocer a su espléndido amigo y se empeño tanto que la mujer no tuvo más remedio que decirle que sí. Cuando iban por mitad del camino, el hombre le dijo a su esposa que se quedara allí, debajo de una encina, pues él iba a comprobar si su amigo estaba en casa. Así lo hicieron. Al rato a la mujer se le apareció un lobo. Ella se subió rápidamente al árbol y el lobo pegaba saltos para ver si podía pillarla. Cada salto que daba le arrancaba un pedazo de refajo. Cuando el lobo se fue y regresó el marido, ésta le contó llorando el miedo tan terrible que había pasado. Se fueron a la casa y se acostaron. Pero a la mañana siguiente, cuando la mujer se levantó, vio que en los dientes del marido, pues él siempre dormía con la boca abierta, habla trozos de refajo que el lobo la había arrancado. Entonces fue cuando comprendió qui era su marido el que se convertía en lobo y que lo que quería era asustarla para que no fuera más con él. Le pegó una paliza que lo dejó casi muerto".

CARDENAS, A.: Carriles de Silencio. 1986, pág. 53.

(15) Juan Sánchez Caballero, cronista de Linares que me ha facilitado los datos referentes a esta ciudad, me comentaba que los lobos de su comarca duraron hasta los años de 1928 al 30, y que cerca de la estación de Vadollano se recomendaba tener cuidado a los caminantes ante la posible presencia de lobos procedentes de Sierra Morena. El mismo recuerda haber presenciado de niño la visita de algunos con ocasión de encontrarse en la casería de las Correderas.

(16) Ob. cit., pág. 24.

(17) RUIZ MARTINEZ, I.: Fauna y flora de La Carolina. Seminario de Estudios Carolinenses, 1986.

(18) MENEZ PIDAL, R.: Romancero Hispánico. 2 vols. Espasa Calpe, 1953.