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Religiosidad popular en el siglo XVIII. La fundación de la Cofradía de San Francisco Javier (Somió, Gijón 1719)

LOPEZ, Roberto J.

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 105.

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El estudio de las cofradías ocupa un lugar importante en las actuales investigaciones históricas sobre los comportamientos religiosos. De ellas, interesa no sólo su estructura institucional y jurídica, sino sobre todo su actividad. Son ya numerosos los trabajos dedicados a estos análisis en los que se pone de manifiesto el papel de las cofradías como un cauce de expresión y configuración del fenómeno religioso y de otros aspectos de la vida social (1). En España también despunta la bibliografía sobre esta materia; contamos con trabajos que, sin abarcar todavía el suficiente espacio geográfico y temporal, permiten al menos disponer de unos puntos de referencia más amplios y ricos que los estrictamente institucionales (2).

La documentación que se conserva sobre estas asociaciones hace posible, en líneas generales, acceder al estudio de realidades tan interesantes como la composición social, finalidades, recursos económicos y, por supuesto, actividades de las cofradías (3). Pero en muy pocas ocasiones se encuentran testimonios directos sobre la religiosidad popular; por eso, nos parece especialmente reveladora el acta fundacional de la cofradía de San Francisco Javier en la parroquia gijonesa de San Juan de Somió, que comentamos y reproducimos en este breve trabajo.

La mencionada cofradía contaba con un centenar de miembros desde su fundación en 1719 hasta, por lo menos finales del siglo XVIII. De todos modos, se trata de una apreciación indirecta a partir de los datos que aporta la contabilidad de estos años, por lo que debe tomarse como una referencia, más que como un dato cierto. También parece comprobarse, según las mismas fuentes, una tendencia uniforme en la cuantía de las incorporaciones anuales, entre tres y cinco personas. Tal vez pueda parecer una cofradía poco numerosa, y con unas cifras de incorporación anual muy bajas; pero se debe tener presente que en la misma parroquia hay otras cofradías más antiguas y numerosas (4), y que esta de San Francisco Javier tiene una finalidad específica, el culto al santo, que tal vez la haga de un interés menos general que las de carácter mariano o las de ánimas.

El texto nos da noticia, en primer lugar, de este marcado fin devocional de la cofradía, que nace «a mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor, de su Santísima Madre y de nuestro apóstol de las Yndias, San Francisco Xavier». La devoción al santo no constituye nada nuevo (5); lo que sí ya resulta algo novedoso es el establecimiento de una cofradía bajo su advocación: es la única que conocemos en Asturias, al menos hasta el momento.

El párroco cuenta en el acta cómo nace en su parroquia la devoción a San Francisco Javier, y su progresiva difusión: la colocación de su imagen en la iglesia hacia comienzos de la década, el recurso a su intercesión en las enfermedades y males. Lo que interesa subrayar son las formas que adopta esta devoción, formas que pueden caracterizarse como populares, y que muy pocas veces encontramos descritas con tanta proximidad a sus protagonistas: exvotos (6), uso de objetos del santo como su rosario y el aceite de su lámpara, el ofrecimiento de niños agonizantes (7), exorcismos, etc.

Según avanza la narración, ésta adquiere más viveza y colorido; también mayor dramatismo. De la escueta mención inicial a la curación de cuatro «quebrados» sin necesidad de «avrirlos», y tras una simple referencia a los casos de algunas parturientas y niños moribundos, se pasa a tres episodios que se narran cada vez con más detalles. Se trata de casos diferentes: unas fiebres tercianas, una posesión diabólica, y la curación de un afectado por «humores perversos».

El progresivo entusiasmo que parece ganar al narrador se puede apreciar no sólo en este cromatismo ascendente de los episodios (muy gráfica y puntillosa la descripción del último), sino en la propia caracterización del santo. Si en los primeros compases del relato se habla de él como «nuestro santo apóstol», a medida que el relato gana en intensidad dramática, el prestigio del santo parece afianzarse cada vez más, hasta llegar a ese «mejor médico que es nuestro santo San Francisco Xavier", como se le describe en el último milagro, y a la declaración final de esta exposición de motivos para erigir la cofradía: «Estos y otros muchos favores espirituales y temporales experimentaron, experimentan y experimentarán sin número los devotos de nuestro santo San Francisco Xavier».

Una vez terminado el relato, el acta sigue con el contenido y tono que suelen ser habituales en estos casos: relación de los presentes, declaración de querer establecer la cofradía, expresión de sus ordenanzas, primeros nombramientos, etc.

El relato interesa por sí mismo, por cuanto informa de un fenómeno particular, aunque extensible a otras áreas. Es aquí, en este carácter ejemplificador, donde hay que cifrar el valor historiográfico del documento; el relato (mejor sería decir los sucesos sobre los que informa el relato) constituye un toque de atención sobre la necesidad de valorar más ajustadamente este campo de investigación.

Ya dijimos al comienzo que la historiografía sobre «lo popular» comienza a ser abundante (8), en particular sobre su componente religiosa. No obstante, el riesgo de considerar este ámbito como secundario sigue siendo real. Por lo que respecta al siglo XVIII, identificado en general con la cultura ilustrada, el riesgo aumenta al colocar a ésta como referencia y criterio valorativo fundamental, con lo que las formas «no ilustradas» se menosprecian, o cuando menos se suelen tomar como hechos marginales (9).

El texto que publicamos nos parece oportuno para ilustrar el necesario cambio de perspectiva. La riqueza expresiva de su contenido, la zona relativamente extensa a la que afecta lo narrado y, sobre todo, el amplio conjunto social que lo protagoniza y sus consecuencias (establecimiento de una institución, y por consiguiente la formalización de unos comportamientos y de un instrumento estable para su difusión; creación, consolidación y prolongación de redes de relación y solidaridad social, etc.) llevan a considerar la relevancia de tales hechos, que también conformaron este siglo de reformas y cambios. No se trata de fenómenos marginales que puedan despreciarse, pues esto supondría dejar en la sombra (y, por tanto, desconocer y probablemente deformar) una buena parte, tanto en extensión como en profundidad, de este siglo XVIII.

Acta de fundación de la cofradía de San Francisco Javier, en la parroquia de San Juan de Somió, concejo de Gijón (Asturias); 14 de enero de 1719.

Archivo Histórico Diocesano de Oviedo, libro 20.23.15, fs. 3-4vto.).

«JHS, María Joseph.
En el nombre de Dios, amén.

En el lugar de Somió, concejo de Gijón, a catorze días del mes de henero del presente año de mil setezientos y diez y nuebe, los vezinos y parrochianos de dicho lugar, con consemso y asistenzia de D. Josephe Díaz de Harenas, cura propio de la parrochial de dicho lugar, a mayor honra y gloria de Dios nuestro Señor, de su Santísima Madre y de nuestro apóstol de las Yndias, San Francisco Xavier, determinamos de erigir y poner en planta cofradía hordenada a dicho apóstol San Francisco Xavier, con los estatutos, hordenanzas y capitulaciones, que avajo se expresarán.

Y por quanto avrá cerca de seis años que la Ymagen de dicho San Francisco Xavier se trajo y colocó en la yglesia parrochial de dicho lugar de Somió en el altar mayor y al lado del evangelio, en donde está dicha ymagen expuesta a la devozión y venerazión del pueblo y de sus devotos, que de adentro y fuera de la parrochia son muchísimos, y cada día se va aumentando la devozión a nuestro santo apóstol, y sus devotos experimen-/(3vto.) tando continuos y repetidos favores de su santo apóstol. Pues en el tiempo de los quasi seis años arriva dichos, siempre le hemos encontrado favorable en todo género de travajos, enfermedades y favores que por su interzesión hemos conseguido de la Magestad de Dios el remedio y buen suzeso de nuestras súplicas. Para memoria de lo qual y algún reconozimiento, tiene oy la ymagen al lado del santo y pendiente de la parez más de veynte libras de zera que en la figura de niños, manos de tullidos y pies, gargantas, lenguas, pechos de mujeres, brazos y cavezas, ofrezieron sus devotos, cada uno asimilando en estas hechuras el travajo de que avía sido libre.

También nos parezió mui del caso no dejar de dezir lo admirable y portentoso con que nuestro San Francisco Xavier se a mostrado en curar y sanar perfectamente las enfermedades que padezen los quebrados, pues constan de quatro. Uno dellos, hijo de Antonio de Zarracina, vecino desta parrochia; otro vecino de la de Quintueles; otra mujer, vecina del lugar de Cabueñes; y otro niño, vecino del lugar de Ziares. Y todos deste concejo; que con sólo ofrezerse al santo, ya por medio de algunas misas, ya haziéndole su novena [cayéndosele antes las tripas), sin avrirlos ni curarlos sanaron perfectamente. Y a mí, dicho cura, me lo zertificaron sus padres y parientes, personas de todo crédito, de que doi fe. Como también de que llevando el Rosario del santo, muchas mujeres estando en el parto con evidente peligro de la vida, echándosele al cuello quedavan libres, dando a luz a sus hijos para que reziviesen la vida de la grazia y temporal.

Dejamos aparte muchos niños que estando agonizando (4) y ofreziéndoles al santo, sanavan ynmediatamente. Como también en lo de terzianas agudas. Juan de la Viña, vecino desta parrochia, avía mucho tiempo que padeziendo esta enfermedad, a la misma hora que ya comenzavan a venir, se empeñó como pudo y dijo que avía de hir a temblarlas delante de la ymagen de nuestro santo, y apenas entró en la yglesia quando zesaron, dejándole y no bolviendo.

Dos mujeres energúmenas sanaron, dejándolas libres los espíritus malignos; y la una de ellas, la primera tarde que la trajeron sus parientes y ofrezieron al santo, sólo con un exorzismo que yo, dicho cura, le hize delante de la ymagen de nuestro santo, hechándole al cuello su santísimo rosario, quedó perfectamente sana, siendo así que havía mucho tiempo la persiguían y maltrataban dichos spíritus malignos.

Otro prodigio pasmoso de la poderosa mano de Javier, por aver pasado por las manos de mí, dicho cura, siendo el más yndigno devoto de nuestro San Francisco Xavier, no puedo dejar de dezir. Y es el caso que Joseph Moreno, vecino de la villa de Xixón, aviendo venido de la Andalucía con la enfermedad de unos humores perversos, con unos como lamparones en la garganta y pescuezo, con unas heridas profundas y entre otras una mui grande devajo de un brazo, que le faltava poco para penetrar hasta las entrañas, de cuia dolenzia y achaques le desauçiaron los doctores de la Andaluzía, Madriz y otros. Con este mal yncurable llegó un día a esta parrochia, buscando el mejor médico, que es nuestro santo San Francisco Xavier, y con la notizia de su novena me pidió le dirigiese en el modo de/ (4vto.) hazerla, como lo hize, asistiéndole todos los nuebe días, en la forma que previene su libro de la novena. Y en el discurso de ella, unos parchotes que traía antes para mitigar el mal olor de las llagas del pescuezo y para empapar parte de aquellas materias, ligados con un pañuelo alrededor del pescuezo, suzedió que echándose de la suerte referida en su cama, otro día por la mañana estos emplastos todos en un lío con su pañuelo, se hallaron apartados de la cama en un rincón del quarto, sin que fuesen nezesarios más medicamentos ni azeites, pues sólo el azeite que se le aplicava de la lámpara del santo sanó luego y perfectamente, de que yo dicho cura de Somió doi fe.

Estos y otros muchos favores espirituales y temporales experimentaron, experimentan y experimentarán sin número los devotos de nuestro santo San Francisco Xavier. Y para mayor gloria y honra suia, entramos dichos vezinos y yo a establezer y hazer las ordenanzas y capitulaciones...».

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(1) Entre otros, pueden consultare BRESC.BAUTIER, Geneviève, Artistas, patriciens et confréries, Ecole Française de Rome, París-Turín, 1979; BRIDGEN, Susan, “Religion and social obligation jin early sixteenthentury London”, Part and Present, 103 1984), págs. 67-112; COULET, Noel, “Les confréries du Saint-Esprit en Provence: pour una enquête”, en Histoire sociales, sensibilités collectives et mentalités, P.U.F., París, págs. 205-217; CHATELLIER, Louis. .”A l’origine d’une sociéteé catholique, Le rôle des congregations mariàles aux XVI-XVIII sièc1es”, Histoire, Economie et Société, 2 (1984), págs. 203-220; PAGLIA, Vicenzo, “La pietá dei carcerati”. Confraternite e societá a Roma nei secoli XVI-XVIII, Edición di Storia e Letteratura, Roma, 1980; DAVIES, Natalie Z, "The sacred and the social body in sixteenth-century Lyon", Past and Present, 90 (1981), págs. 40-70.

(2) Por ejemplo, ABBAD, Farid, "La confrérie condamnée ou une spontaneité festive confisquée: une autre aspect de l'Espagne a la fin de l'Ancien Régime", Mélanges de la Casa de Velázquez, 13 (1977), págs. 361-384; BARREIRO MALLON, Baudilio, "Muerte y religiosidad en las comunidades campesinas del Antiguo Régimen", en Homenaje a Carlos Cid, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Oviedo, 1989, págs. 97-117; CARASA SOTO, Pedro, "La asistencia social y las cofradías en Burgos desde la crisis del Antiguo Régimen", Investigaciones Históricas, 3 (1983), páginas 177-231; EGIDO LOPEZ, Teófanes, “Religiosidad popular y asistencia social en Valladolid: las cofradías marianas del siglo XVI", Estudios Marianos, 45 (1980), págs. 197-217; GERBET Marie-Claude, "Les confréries religieuses a Cáceres de 1467 a 1523", Mélanges de la Casa de Velázquez, 7 (1971), págs. 75-114; GUIMERA I RAVINA, Carme, "Les associacions religioses de laics a la Barcelona de la segona meitat del selgle XVIII", en Primer Congrés de Historia Moderna de Catalunya. t. II, Universidad de Barcelona, 1984, págs. 501-506; JARQUE MARTINEZ, Encarna María, Los procesos de limpieza de sangre en la Zaragoza de la Edad Moderna, Ayuntamiento de Zaragoza, 1983; RUMEU DE AMAS, Antonio, Historia de la previsión social en España, El Albir, Barcelona, 1981. Vid. también algunos artículos de La religiosidad popular. III: Hermandades, romerías y santuarios, Anthropos/ Fundación Machado, Barcelona/Sevilla, 1989.

(3) Del estudio de estos aspectos en la región asturiana nos hemos ocupado en Oviedo: muerte y religiosidad en el siglo XVIII, Servicio de Publicaciones del Principado de Asturias, Oviedo, 1985, págs. 153-190; y Comportamientos religiosos en Asturias durante el Antiguo Régimen, Silverio Cañada, Gijón, 1989, págs. 185-228. De un modo más particular, analizamos una faceta de sus actividades en "Las cofradías asturianas y el arte en el siglo XVIII", en VII Congreso Español de Historia del Arte, Murcia, 1988 (en prensa).

(4) Como por ejemplo la de Nuestra Señora del Carmen de La Guía, en la ermita del mismo nombre, que contaba en 1784 con unos cuatrocientos cofrades, y con una media de incorporaciones anuales en el XVIII superior a las veinte (vid. Comportamientos religiosos en Asturias..., págs. 1984 y 200). Los datos sobre la cofradía de San Francisco Javier en ibid., págs. 201-202.

(5) Encontramos bastantes referencias en los testamentos asturianos (vid. Oviedo: muerte y religiosidad..., pág. 62), y entre las representaciones iconográficas de uso doméstico (vid. LOPEZ, Roberto J., "Los elementos icnográficos de los inventarios post mortem como indicadores de una mentalidad. Los concejos de Oviedo y Gijón en los siglos XVI a XVIII", en Homenaje a Carlos Cid, Universidad de Oviedo, pág. 252).

(6) El carácter perecedero de muchos de estos exvotos, así como su escaso valor material y artístico, han dificultado en buena parte su conservación; el estudio de los que han perdurado hasta hoy es una buena fuente para el conocimiento de la religiosidad del pasado, como lo prueban algunos trabajos publicados: BELLI, Gabrielli (coord.), Ex-voto. Tavolette votive nel Trentino. Religione, cultura e societá, Museo Provinciale d'Arte, Trento, 1981; COUSIN, Bernard, Le miracle et le quotidien. Les exvoto provençaux, images d'une société, Université de Provence, 1983; LAVEDRINE, .Dominique-Maarie, "Les ex-voto marins du Rousillon", Revue d'Histoire Moderne et Contemporaine, julio-septiembre (1976), págs. 408-417; TURCHINI, Angelo (coord.), Lo straordinario e il quotidiano. Ex-voto, santuario, religione popotare nel Bresciano, Grafo Edizioni, Brescia, 1980. Sobre España, RODRIGUEZ BECERRA, Salvador y VAZQUEZ SOTO, José María, Exvotos de Andalucía. Milagros y promesas en la religiosidad popular, Argantonio, Sevilla, 1980.

(7) Esta práctica se asemeja a la que con cierto detalle se estudia en GELIS, Jacques, "La mort et le salut spirituel du nouveau-né: le 'santuaire a répit' (XV-XIX siecles"), Revue d'Histoire Moderne et Contemporaine, Julio-septiembre (1984), págs. 361-376. Estos santuarios son lugares a los que solían llevarse 1os recién nacidos que fallecían sin recibir el bautismo, y en los que se espera que recobren algún signo de vida que permita administrarles este sacramento. El autor señala también la existencia de esta práctica en otros países : Alemania, Austria, Bélgica, Italia y Suiza.

(8) Sobre la cultura popular, vid., entre otros BARBU, Zev, "La cultura popular: un enfoque sociológico", en Examen de la cultura popular, Fondo de Cultura Económica, México, 1982, págs. 64 y ss.; CHARTIER, Roger, "La culture populaire en question", Histoire, 8 (1981), págs. 85-96; CLARK, Stuart. "French historians and early modern popular culture", Past and Present, 100 (1983), págs. 62-99; LAUWERS, M., "Religion populaire, culture folklorique, mentalités. Notes pour una anthropologie culturelle du moyen âge, Revue d'Histoire Ecclésiastique, 2 (1987), págs. 227 y ss.

(9) En un reciente trabajo, Fernando Alvarez-Uría señala dos errores de planteamiento en el estudio del período ilustrado: "Por una parte, al dotar de una legitimidad exclusiva -y por tanto excluyente- a la nueva filosofía, al afirmar la Ilustración como el insuperable sistema de ideas de nuestro tiempo, se reduce toda reflexión anterior y posterior a las Luces, al ámbito del oscurantismo, al particularismo y la irrelevancia. La Ilustración aparece así como un movimiento fuera de la historia o como el resultado de genialidades que felizmente se dieron cita en un tiempo histórico en el que se materializó el crisol en el que se ha fraguado la modernidad. El segundo equívoco consiste en hacer de la cultura ilustrada la única legítima y, por tanto, la única que merece ser estudiada. Fuera de la Ilustración, el resto de las culturas que coexisten con ella, como la cultura cortesana y las formas de cultura popular, no presentaran, en el mejor de los casos, más que un interés anecdótico" ("La Ilustración y su sombra. Dominación cultural y pedagogía socia en la España del Siglo de las Luces", Revista de Educación, núm. extr. (1988). páginas 347-348).