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Editorial

DIAZ GONZALEZ, Joaquín

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 106.

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El soporte musical para las evoluciones o lazos en los paloteos, eran breves melodías de época que se han ido perdiendo o conservando a «criterio» del director. Este introducía nuevos temas conocidos por todos o dejaba los antiguos, lo que explica el repertorio diverso y diacrónico de los paleados: Canciones líricas del XV junto a temas de la francesada o canciones de los Panchos. En las danzas de Soria, por ejemplo, hay desde el conocido refrán reproducido por Hernán Núñez (Salamanca, 1555), que dice: «-Decid, hija garrida, ¿quién os manchó la camisa? -Madre, las moras del zarzal. -Mentir, hija más no tanto, que no pica la zarza tan alto», que se canta en Casarejos, hasta el «Altísimo Señor», más moderno pero inequívoco de Castilla y León, que se conserva en San Leonardo. Hay dictados tópicos que se han utilizado para otros fines, como el de «Santa Marta en Fombellida» y temas gremiales como el del «Zapatero» y «Gaspar y Baltasar». Como en casi toda Castilla y León, las danzas se acompañaron hasta el siglo XIX con flauta de tres agujeros y tamboril (la combinación de instrumentos más popular en Europa desde la Edad Media), salvo en los casos en que el instrumentista faltaba y era el propio pueblo quien cantaba o tarareaba los temas a los danzantes. La dulzaina con llaves (o la gaita sin ellas, que viene a ser lo mismo) salvo en raros casos no vino a sustituir al «tamboritero» clásico hasta el siglo XIX.

Sin embargo, lo más importante no es el origen ni la evolución de estas danzas, por muy antiguo o glorioso que sea, sino el afecto que sienten por ellas sus conservadores. No se explica de otra forma que, tras tantas prohibiciones eclesiásticas y civiles como hay en la historia (la más tajante la de Carlos III en el siglo XVIII) de bailar en el interior de los templos, se siga todavía haciendo allí la danza en muchos lugares. Eso demuestra un orgullo por el propio patrimonio cultural contra el que no pueden ni el tiempo ni los pseudoilustrados.