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La fascinación en Llerena y otros remedios y ritos

PUERTO, José Luis

Publicado en el año 1989 en la Revista de Folklore número 106.

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1. LA FASCINACION.

La creencia en la fascinación, aojamiento o mal de ojo está muy extendida por Sierra Morena, tanto por la parte extremeña como andaluza occidental, así como otras supersticiones y creencias (1).

Así nos define Sebastián de Covarrubias y Horozco el término aojar, en su Tesoro de la Lengua Castellana o Española (611): «Dañar con mal de ojo, latine fascino, as, y el aojo fascinante. Qüestión es entre los phísicos si ay mal de ojo, pero comúnmente está recebido aver personas que haz en mal con sólo poner los ojos en otra, especialmente si es con ira o con embidia; y desta mala calidad de empecer con la vista fueron infamadas algunas naciones. [...] y oy día se sospecha que en España ay en algunos lugares linages de gentes que están infamados de hazer mal poniendo los ojos en alguna cosa y alabándola, y los niños corren más peligro que los hombres por ser ternecitos y tener la sangre tan delgada, y por este miedo les ponen algunos amuletos o defensivos y algunos dixes, ora sea creyendo tienen alguna virtud para evitar este daño, ora para divertir al que mira, porque no clave los ojos de hito en hito al que mira. Ordinariamente les ponen mano de tasugo, ramillos de coral, cuentas de ámbar, piedras de cristal y azabache, castaña marina, nuez de plata con açogue, rayz de peonia y otras cosas. La higa de azabache retira algo a la superstición de los gentiles [...] verdad es que no de todo se reprueva la opinión de que ay mal de ojo, y que la muger que está con su regla suele empañar el espejo mirándose a él, y ésta podría hazer daño al niño, y algunas otras personas compuestas de malos humores» (2).

Síntomas

En Llerena, localidad de la provincia de Badajoz, cabeza de partido y situada en el borde septentrional de Sierra Morena y cerca del límite con la provincia de Sevilla, se cree que la fascinación o mal de ojo puede ser padecido por personas, animales y plantas. En cada uno de los casos hay distintos síntomas para advertirlo (3)


En las personas, lo pueden sufrir tanto los niños como los adultos y los ancianos, y se nota por varios síntomas: continuo dolor de cabeza, fiebre y vómitos; ojos tristes y pesados, que no se pueden abrir apenas; en definitiva, gran malestar en torno de los ojos, falta de ganas de hacer nada; a veces, a alguien que tenía el pelo muy bonito se le empieza a caer, etc.

A los animales, cuando están aojados, también se les nota: al animal que lo sufre se le ve triste, no tiene ganas de comer y parece como si tuviera fiebre. Los animales que están expuestos a la fascinación son los guarros (cerdos), las ovejas, las vacas y las bestias (caballos, mulos, asnos); es decir, los animales domésticos.

Las plantas, si sufren el mal de ojo, se ponen lacias y secas. Una, por ejemplo -nos dicen- que estaba muy bonita, de repente se empezó a poner lacia. Son las macetas que adornan y engalanan las casas, con sus distintas plantas y flores, las que pueden ser aojadas.

En definitiva, son los animales y plantas más cercanos a la vida del hombre y de la comunidad los que están más expuestos a padecer la fascinación.

¿Quién produce el mal de ojo?

No lo sabemos. Dicen que nosotros mismos -relatan nuestras informantes-. Una mujer, por ejemplo –dicen- le daba besos a un chiquillo y tenía que hacerlo llorar, porque si no le hacía mal de ojo. De todas formas, quien produce el aojamiento no se ve que lo está haciendo; es -según nuestras informantes- involuntario.

Una respuesta muy diferente, y que quizás se deba a la pérdida de sabiduría, a la dada por Sebastián de Covarrubias y que recogía el sentir de su época: según él, producen el mal de ojo quienes miran «con ira o con embidia» o «la muger que está con su regla», que «podría hazer daño al niño».

Su curación

Nuestras dos informantes han curado siempre el mal de ojo. No lo hacen por recibir regalos o beneficios de ningún tipo, sino como favor a las personas que se lo piden.

La curación consiste en un rito que quien lo ejecuta ha tenido que aprenderlo. Una de estas dos mujeres lo aprendió de su madre, y la otra lo vio y se lo oyó a una persona mayor y se quedó con él. Quien lo sabe curar -nos dicen- no debe enseñarlo, porque entonces se le quita la gracia.

Cuando una persona llega a que se le cure el aojamiento que cree que tiene ella o su niño, la curandera coge un vaso de agua, se santigua y, en los bordes de la boca del vaso, hace tres cruces (una de las informantes, con el dedo pulgar de la mano derecha; y la otra, con el dedo corazón de la misma mano), cada una de ellas cambiando de lado. diciendo este conjuro:

(Primera cruz)

Esta persona
(Se indica su nombre y el primer apellido)
tiene mal de ojo.

(Segunda cruz)

que se lo cure Dios
con los clavos,
con la cruz.

(Tercera cruz)

con el dulce nombre de
Jesús.

Existen, además de este, otros dos conjuros Uno:

(Primera cruz)

Fulano.
(Se indica el nombre y apellido)
si tienes mal de ojo

(Segunda cruz)

que te lo cure Dios
poderoso

(Tercera cruz)

con 1los clavos,
con la cruz,
con el dulce nombre
de Jesús.

Y el otro, el tercero:

(Primera cruz)

Dos ojos
te lo han hecho.

(Segunda cruz)

tres
te lo van a curar:

(Tercera cruz)

Padre, Hijo
y la Santísima Trinidad.

Cuando se termina esta ceremonia de las cruces sobre el borde del vaso y el recitado del conjuro, la curandera moja un dedo (el pulgar o el corazón, como hemos visto) en el aceite que tiene en un cuenco a su lado, encima de la mesa, y echa una gota en el agua. Si la gota de aceite se deshace en el agua del vaso, la persona tiene mal de ojo, y entonces hay que hacer la ceremonia nueve veces; la primera y la segunda vez la gota suele seguir deshaciéndose, pero en las siguientes ya no se deshace del todo y al final ya no se deshace en absoluto, con lo que el mal de ojo ha quedado curado.

Si la gota de aceite, una vez hechas las cruces y recitado el conjuro, no se deshace al echarla en el agua, es que la persona no tenía mal de ojo, sino que le ocurría otra cosa. Pero, no obstante, para tener total seguridad, hay que repetir el rito dos veces más; en total, tres veces.

Y ésta es la ceremonia o el rito de la curación del aojamiento, que, según nuestras informantes, no falla nunca. Si el que sufre el mal de ojo es un animal, al recitar el conjuro, en vez del nombre, se le distingue el color del pelo («La yegua blanca» o «La yegua marrón», etc.).

Y también existe la creencia en Llerena de que, cuando alguien sufre el aojamiento, él o sus allegados lo tienen que descubrir en seguida, ya que si pasa el viernes y no se lo han curado, entonces revienta, se muere. Una de las mujeres nos contó que eso le pasó a la primera niña de su abuelo: le entró el mal de ojo a lo mejor un martes o un miércoles, y pasó el viernes y no se lo habían curado, al no darse cuenta, y entonces la niña se le echó en el hombro a su padre y se quedó muerta. A nuestra pregunta de por qué este día es tan importante, no dieron explicación.

¿Cómo evitar o prevenir la fascinación?

Si se creía que una persona podía producir a otras el aojamiento, se tenía la precaución de llevar unas tijeras guardadas en el bolsillo, y a la menor ocasión propicia que se presentara, se le daba con las tijeras un piquete (un pequeño corte) en la ropa, cortándole un poco la tela, sin que ella se diera cuenta, y así se creía que se evitaba la fascinación que podía producir.

A los animales, para prevenir su aojamiento, se les colgaba la punta del cuerno del ciervo o un colmillo de elefante (un trocito) colgados del pescuezo con una cadena.

A los niños se les trataba de prevenir este mal poniéndoles con un alfilerito, o colgándoles con una cadena, una higa, normalmente hecha de hueso o de cuerno, grabado y preparado; en otros tiempos las higas eran de coral o azabache.

Las higas han sido tradicionalmente los amuletos más utilizados en España contra la fascinación. Aunque también las gentes, niños y adultos, se han puesto otros, como: medallas de Santa Elena (contra las malas miradas de los celos), sirenas, sirenas-sonajeros (contra el aojamiento para niños y mujeres), cipreas-sonajeros, colmillos de jabalí, lágrimas y cuentas de cristal, dientes fósiles de escualo, garras de tejón, medallones de azabache engarzados en plata, crecientes lunares, poliedros de cristal, manos, ramas de coral, piedras de cruz, piedras del rayo, cuernecitos de hueso, etc. (4) De algunos de estos amuletos ya nos habla Covarrubias, como hemos visto, en su Tesoro.

2. OTROS REMEDIOS Y RITOS.

Medicina popular

He aquí algunos remedios caseros que se utilizan en Llerena para curar la tos y el catarro.

Cuando un niño, o una persona mayor, tose mucho, se coge una cebolla, se parte en tres o cuatro rodajas gordas y se colocan éstas en un plato; este plato se pone debajo de la cama, o encima de la mesilla de noche, y el enfermo «ya está percibiendo eso» (nos dice una informante), que le sienta muy bien. O se puede cocer la cebolla y el caldo se cuela, y se le da, con azúcar, al que tiene la tos, como un jarabe.

También, para curar la tos, en lugar de la cebolla se puede coger una patata cruda, sin pelar y lavada; se parten rodajas gordas y se ponen en un plato, que se coloca un poco inclinado; al echarles azúcar a las rodajas, van soltando un caldito, que se va hacia un lado del plato, debido a la inclinación. Este caldo será tomado por el enfermo, como un jarabe, y le sentará muy bien.

Matar a Judas

En la localidad pacense de Aldea de Pallares, dependiente del Ayuntamiento de Llerena, existe la costumbre de matar a Judas el Domingo de Resurrección (5).

Hacen un muñeco de trapo que representa a Judas y, tras la misa mayor y la procesión de la Resurrección, lo sacan a las afueras del pueblo y lo cuelgan, con una soga al cuello, de una encina, dentro de una finca al lado de la carretera. Unos mozos comienzan entonces a disparar tiros de escopeta, como si lo estuvieran ejecutando; tras varias descargas, con todo el pueblo como espectador, lo bajan al suelo y le prenden fuego, comenzando a arder así el muñeco entre el forraje verde de primavera. Una vez quemado el Judas-muñeco. la gente se vuelve al pueblo a tomar unos vinos y a comer. A este rito lo conocen los vecinos con el nombre de «matar a Judas»,

Antes -nos cuentan- se celebraba en la plaza de la población; le disparaban al muñeco balas de fogueo, para que ardiera; pero ante el peligro que encerraban los tiros, optaron por realizarlo en las afueras.

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(1) Es interesante, para conocer la fascinación y otras creencias y supersticiones de Sierra Morena, el libro del médico, que ejerció su profesión por aquellos lugres:
José María OSUNA, Los curanderos, Barcelona, 1971.

(2) Sebastián de COVARRUBIAS y HOROZCO, Tesoro de La Lengua Castellana o Española, Edición de Martín de Riquer, Barcelona, 1987, págs. 128-129.

(3) Las informaciones sobre la fascinación en Llerena, así como sobre medicina popular, fueron recogidas por mí en dicho pueblo, el día 25 de marzo de 1989, a Vicenta Gucema, de 65 años, y a Isidora Blanco Rodríguez, de 67 años. Me aompañaban Juana, natural de la localidad, Concha, Esperanza y María.

(4) Un estudio, completo y detallado, sobre los amuletos y el significado de sus usos es el de:
Concepción ALARCON ROMAN , Catálogo de amuletos del Museo del Pueblo Español, Madrid, 1987.

(5) Rito presenciado por nosotros el día 26 de marzo de 1989, domingo de Resurrección, en Aldea de Pallares (Badajoz). Su explicación nos la dio un hombre de unos setenta años, con el que hablamos durante el mismo.