Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

El esplendor de los cerezos en el Valle del Jerte

GUTIERREZ MACIAS, Valeriano

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 109.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 109 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


Nació la flor
y una esperanza nueva
se hizo carne
en los hombres de mi tierra.

Ha comenzado la floración de los cerezos y otros árboles frutales en el delicioso Valle del Jerte. En esta época, aunque no se hayan producido heladas recientes, el paisaje aparece blanqueado por las masas algodonosas y bellas del cerezo en flor, que confieren al paisaje jerteño un sabor japonés inenarrable. El paisaje, verde todo el año, reverdece al vestirse los árboles caducifolios con su ropaje de hojas primaverales.

El Valle del Jerte, donde el agua mana a borbotones por doquier y la vegetación surge espontánea, es un trozo de la provincia de Cáceres bien diferenciado, definido y verdaderamente paradisíaco. No en balde baña la comarco el Xerte, el río Jerte, que es el río de la alegría. El Jerte, afluente del aurífero Alagón y subafluente del «padre» Tajo por la margen derecha, es un río de aguas claras, puras, cristalinas. Es, por añadidura, en su curso alto, río de gran riqueza truchera, río truchero por excelencia, circunstancia por la que es muy visitado por pescadores de aquende y allende las fronteras extremeñas, que llenan sus canastos de magníficos ejemplares de tan delicioso salmonideo en las gargantas escondidas y agrestes.

Del Jerte, Alagón y Tajo podríamos decir , como de otros ríos cacereños, el Tiétar, Arrago, Salor, etc., que han cambiado y cambiarán aún más las comarcas de la Alta Extremadura.

Hay dos momentos en el Valle que ganan la más profunda admiración. Son los de la floración de los cerezos y la maduración del delicado, exquisito fruto de estos árboles. Dos espectáculos maravillosos. La floración es rápida. El campo aparece blanco, como cubierto de una gran capa de nieve salpicada por las flores rosáceas de albaricoqueros y melocotoneros.

¡Qué preciosos se contemplan los pueblos de Tornavacas, Piornal, Valdastillas, El Torno, Rebollar, Navaconcejo, Casas del Castañar, Cabrero, Jerte, Cabezuela del Valle y Barrado!

Al caer la flor ,del cerezo, como por un mágico ensalmo, aparece el fruto, la cereza, cuya variedad y color, cuyo tacto, terso y aterciopelado, o brillante, impresiona.

Todo esto nos lleva a considerar la idea de establecer una ruta turística especial en Extremadura. Cuenta la vieja región con rutas excelentes y bien constituidas, bajo todos los aspectos. Pero, sin lugar a dudas, una de las más atractivas es la del ameno Valle del Jerte, con sus típicos y pintorescos pueblos, que en ambientes populares se conoce con el nombre de la «Ruta de los Cerezos en Flor».

Cuanto digamos de los cerezos y su nívea floración, pese a la brevedad del período de esplendor, resultará un pálido reflejo de la realidad. El panorama que brinda es, más que sugerente, fascinante. La Naturaleza se manifiesta en un soberbio espectáculo que produce la mayor delectación. Hay que desplazarse al escenario que es el comienzo del Valle y seguirlo adelante y en su contorno hasta Harrado, llevando los ojos bien despiertos para gozar de las mejores impresiones y emociones estéticas.

El Valle del Jerte muestra en estos momentos el exorno de una tierra ubérrima, ideal para el descanso, para reconfortar el espíritu. Hermoso vergel, paraíso del turista, para que pueda solazarse en un placentero ambiente rural, en un paisaje pleno de encantos y con unos hombres que ganan por sus virtudes y dotes extraordinarias, por los valores humanos que atesoran.

¡Qué placer se experimenta contemplando este valle y respirando su aroma!

¿Y qué decir de las cerezas, de ese fruto atrayente, llamativo, agradable por su color y sabor; por su tacto y forma, que es llevado a todo el mundo y merece los más encendidos elogios como espléndido producto de la tierra cacereña?

El Valle del Jerte, principalmente con sus cerezos en flor, es gala y ornato de esta geografía nuestra.

Sólo encomios merecen los productos y frutas del Valle del Jerte. La más competitiva de todas es la cereza, que por sí sola ha hecho famoso al Valle.

Habría que subrayar adecuadamente el esfuerzo titánico de los hombres de la comarca y también la hermandad de los pueblos por los valores humanos de sus gentes, que -parece ocioso decirlo- son una reserva auténtica de Extremadura y de España.

Los hombres del Valle aprendieron de los moriscos el secreto del regadío, y bien puede afirmarse que son consumados especialistas, hasta el punto de convertir aquel accidentado territorio en una deliciosa y productiva huerta. Porque es obligado hacer constar el denuedo de los hombres del Valle para sostener sus árboles frutales, y especialmente los cerezos, e incrementar su producción. Viene muy a propósito una estrofa de Ezequiel Solana:

Coged el fruto: El interés es vuestro,
lo podéis disfrutar;
pero cuidad de mantener el árbol
y el fruto acrecentad.

Que todo árbol es muy agradecido.

Es necesario hacer una ligerísima síntesis de los pueblos del Valle. Una visita a estos pueblos con el soberbio espectáculo de los cerezos en flor, es un encanto indefinible que supera a toda ponderación.

En una hondonada, a la cabeza del Valle, se levanta la feraz villa de Tornavacas -hay quien la localiza entre nieves y montañas, que antiguamente fue Villaflor de la Cadena-, que sirve de comunicación entre Castilla y Extremadura y que da nombre al puerto que comunica ambas regiones. Refiérese del César de las Españas -de quien dijo uno de nuestros más inspirados poetas que «en su vuelo sin segundo, / debajo de sus alas tuvo al mundo»- que en su último viaje, al retirarse al solemne y solitario monasterio jerónimo de Yuste para acabar sus días, procurando salvar su alma, después de haber prestado, eminentes servicios a la religión y a la patria, al subir por vez primera la cima del puerto, situado a 1.275 metros de altitud, exclamó así:

-No pasaré ya otro puerto en mi vida sino el de la muerte.

El puerto de Tornavacas, con sus montañas nevadas, es un bellísimo rincón que merece la mejor promoción turística.

Piornal, «Mirador de Extremadura», a 1.175 metros, está situado entre el Valle y la Vera. De las elevaciones extremeñas, Piornal es uno de los lugares más indicados para el veraneo y la práctica de los deportes de montaña. Cuentan con excelentes productos, como el jamón. Esta localidad se distingue también por el acervo de su folklore, que reclama figurar en el mejor de los cancioneros por su prístina pureza y por el valor ancestral que encierra, por su personalidad específica, propia e inconfundible dentro de la parcela cacereña. El 20 de enero, Piornal celebra la fiesta de San Sebastián, su santo patrón y mártir. En la víspera, los niños pronuncian el pregón de la fiesta y cantan la copla:

Por el veinte de enero,
cuando más nieva,
sale un capitán valiente
a poner bandera.

Los arcaicos y sencillos villancicos de Piornal han hecho que conquiste muchos lauros y prestigios en concursos regionales y aun nacionales.

Valdastillas, ubicado en la sierra de los Pardos, paso del Valle a la Vera, es un pueblo abundante en leyendas. En su casco, sobre roca viva, sobresale el palacio del obispo Lovera. Hay que resaltar el roble centenario, encima de una roca, que en el mes de enero -caso origina- está cubierto de hojas y que cantara Justiniano Sánchez García, poeta y novelista en magníficas endechas:

Eres el rey del paisaje
de primavera en invierno;
con gran majestad, tus brazos,
cuando otros parecen secos,
se levantan aromáticos
hacia el alto azul del cielo.

¡Tú cantas la primavera,
ellos lloran el invierno!

El Torno, colgado de la sierra, sobresale por su heroica resistencia en la Guerra de la Independencia y brinda el más rico folklore. Sus caldos, frutas y verduras son tan buenos como abundantes. ¿ Quién no ha asistido a la fiesta de San Lucas, el santo patrón, el día 18 de octubre?

En esta solemnidad, y para atender generosamente a los invitados, se sacrifica la llamada «machorra»:

Matemos la «machorra»
pongamos la sartén,
que ya viene San Lucas,
San Lucas, otra vez.

Rebollar, que en tiempos pasados formó ayuntamiento con El Torno, está a la derecha del río Jerte. Su iglesia parroquial se halla dedicada a Santa Catalina. Sus fiestas principales son Santa Teresa, el 23 de agosto, y Santa Catalina, el 25 de noviembre. Registra arbolado de olivos, higueras, cerezos, perales, etc. Arroja también una buena producción de los limones más aromáticos y jugosos que puedan verse, a los que se alude así:

Santa Catalina
llena de limones,
quiera Dios que caigan
buenos chaparrones.

La musa popular gira en torno a las producciones de los tres pueblos antes mencionados;

En El Torno, vino tinto;
en El Rebollar, las peras,
y subiendo a Piornal,
las patatas sembraderas.

Valdastillas y el Cabrera
las Casas y el Rebollar
a un pobre tamborilero
no le pueden pagar .
Poco ganan los tamborileros
pero es menor la economía.

Navaconcejo, a la falda de la sierra de Tormantos, se forma por una larga e interminable calle. El terreno -en parte, montuoso- y en parte de valles es muy próspero; el de monte está labrado por pintorescos escalones para evitar que las aguas escorrentías arrastren el feraz mantillo; el de la parte baja se integra de huertos y prados. Navaconcejo tuvo un convento franciscano de Santa Cruz de Tabladilla, fundado por don Lope de Cárdenas y doña Mencía de Carvajal. Aún quedan recuerdos de los sobrios y austeros hijos del Poverello de Asis.

A la falda .de la sierra de la Solana, y al abrigo del valle, se yergue Casas del Castañar, población instituida en torno a sus castañares, que han decaído; actualmente imperan los cerezos, que arrojan una espléndida cosecha. Casas del Castañar, bañada por la garganta de Piornal, tiene prados y buenas producciones. Es muy pintoresca la localidad por sus balconadas de madera y sus típicos soportales. Hay que hacer constar la elevación de los Riscos:

Desde los Riscos
a Fuente Moral
no dejes de cavar,
porque oro encontrarás.

Hace referencia a que cuando la invasión francesa, las gentes enterraron muchas joyas para que no se apoderaran de ellas los soldados enemigos. Muchos de sus propietarios murieron, según la tradición, sin haber tenido la oportunidad de transmitir a sus deudos el secreto lugar en que ocultaron sus tesoros.

Cabrero, en la sierra de Casas del Castañar. Terreno escabroso. Aguas finísimas. El pueblo vive bajo la advocación de San Miguel, cuya celebración es la principal festividad del vecindario. Con su teoría de arroyuelos que alimentan prados y huertas, da lugar a una buena producción de higos, aceitunas y cerezas. Pero mejor que nosotros lo aventa y pregona la lírica que el pueblo nos regala y que viene de antaño:

Ya viene la uva,
ya viene el melón,
ya viene la pera
y el melocotón,
y en la patatera
fumamos los dos.

Es pródigo este pueblo en canciones amorosas, reflejo fiel y límpido del modo de ser de sus naturales:

Tiene mi morena
pecas en la cara,
y en cada peca
una ese;
sólo le falta la i
para decirme que sí.

En Cabrera se elabora el Kirsch, licor exquisito, seco y digestivo, que está haciendo furor. Es preparado por la Cooperativa cerecera, a base de cerezas recogidas, principalmente por mujeres, en el llamado «escardeo».

La riente población de Jerte se asienta en el valle que forma el río de su mismo nombre, entre las sierras de Collado de la Yegua, Tormantos, Anillas y las de Jerte. El término perteneció al señorío de .los condes de Oropesa. Su casco urbano muestra el tipismo de sus calles, estrechas y tortuosas, limpias, con sus fuentes, que proliferan. Las balconadas de madera, tan características, y sus fiestas, como la del Cristo del Amparo. A Jerte se dedican toda una brillante serie de canciones populares y tonadas, a la que se consagra esa jerteña de corazón que es Isabel Alía Pazos. He aquí una copla que pregona lo que son las jerteñas:

Vale más una jerteña
con una cintita al pelo,
que toda la serranía
vestida de terciopelo.

Cabezuela del Valle, la denominada, y con razón, la «capital de las cerezas», se levanta a la falda de la sierra Llana, en la margen izquierda del río Jerte. Cabezuela del Valle, que por su situación, en lo más agreste del Valle, se denominó Cabezuela del Monte, llegó incluso a ser paraíso de la caza mayor. ¡Qué bonita población es Cabezuela del Valle, con sus monumentos singulares, sus soportales, únicos entre los alrededores, y sus solanas y tipismos, por lo que ha sido declarada «Villa histórico-artística», y actualmente «cabecera de núcleo de expansión»!. A todo esto hay que agregar que es población de genuinos fundadores, emergiendo la figura cumbre de José María Muñoz, de una actuación análoga a la del marqués de Salamanca, que está pidiendo un estudio reivindicativo de su genio y figura.

Y como final de este mosaico, Harrado, pueblo que arrojaba una notable producción de castañas y sus vecinos se alimentaban en tiempos pasados de ellas, principalmente. De aquí el dictado tópico:

-¿De dónde eres?
-Del Barrado.
-¿Qué has comido?
-Castañas asadas.
Yy al mediodía?
-Castañas cocías.
-¿y por la noche?
-Calbotes.

Hoy la cosa ha variado. Harrado es un pueblo de buena alimentación, bien cuidada y variada. La producción de cerezas corre pareja con la del Valle, con el que está mancomunado.

Como denominador común, hemos de destacar en el territorio del Valle sus pastos, especialmente los de sierra, que alimentan a una nutrida cabaña de cabezas ,de ganado cabrío, vacuno y lanar.

Y, sobre todo, el Valle es muy rico en fruta. Cabe mencionar, ya lo hemos dicho y repetido, la cereza, en sus muchas variedades: tempranilla, de Hervás; Aragón -también denominada de Barbosa-; preteras, mollar o gordera, jarandillana, de Monzón, de Venancio, pico limón, guinda, garrafales, ambrunés, pico negro, pico colorao. Todas son de una gran calidad y famosas en los mercados nacionales y extranjeros.

El Valle es la primera zona cerecera de España. Hasta el extremo de proporcionar por el empeño tesonero de sus hombres inquietos, con sentido de responsabilidad, agrupados en buena hora en la Mancomunidad de Municipios del Valle del Jerte, percatados de la riqueza de sus tierras y en aras a su mejor promoción y desarrollo. Actualmente la sede de la Mancomunidad está en Tornavacas, y la preside el alcalde y farmacéutico. Julián García Rodríguez.

El Valle -hay que pregonarlo a todos los vientos- se halla en un momento importante en orden a hacer realidad sus anhelos. Está abocado a empresas sociales, económicas, espirituales, culturales y turísticas.

¡Qué aspecto tan hermoso el del Valle hermanado, unidas todas sus gentes, sus 15.000 habitantes y hasta los que se encuentran repartidos por la geografía patria que sienten la nostalgia, «el tirón de la tierra»!

Las gentes del Valle son acogedoras en grado sumo. Se acercan a los viajeros que llegan por la hospitalidad que les distingue; aunque, la verdad, el término forastero es usado muy escasamente en esta comarca, pues en ella nadie es forastero.