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Costumbres tradicionales de la villa de Burón

RUBIO GAGO, Manuel E. y VALDERAS ALONSO, Alejandro

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 111.

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Pese a la existencia de algunas publicaciones sobre diversos aspectos de este antiguo Concejo, aún falta un estudio riguroso sobre el ámbito etnográfico de este área; por ello el objetivo que se persigue con este trabajo es sentar unas bases preliminares que sirvan de guía a posteriores y más ambiciosos trabajos de investigación acerca de dicho entorno. A lo largo del presente estudio se repasarán someramente una serie de aspectos encajados dentro del marco cultural de la villa de Burón. Así se hablará del Ciclo Festivo, de los lugares de cultos, de las creencias supersticiosas, de algunas escenas de la vida familiar, así como del medio físico en que se desenvuelven estas gentes, etc.; es decir, la idea de los autores es la de dar a conocer una serie de facetas vitales para comprender y asimilar una cultura popular tan rica y variopinta como es la de este pueblo montañés.

Para la elaboración del presente estudio fue necesario contactar con las gentes de Burón, especialmente con los ancianos, ya que ellos son, sin duda, los guardianes de la memoria tradicional de este colectivo rural. Con el testimonio que nos brindaron hemos podido reconstruir algunas de las vivencias cotidianas que ellos recordaban desde niños, las costumbres que cayeron en desuso y las creencias que se perdieron en el tiempo. Esta es, pues, la base del presente trabajo.

Posteriormente, se procedió a contrastar, y muchas veces ampliar, los testimonios recogidos in situ, con una labor meramente de archivo. Asimismo fue necesario consultar la bibliografía que existe sobre la zona, a fin de contrastar hasta los más mínimos matices. Imprescindible resultó analizar las Ordenanzas Municipales de la Villa de Burón, a fin de aportar algunos materiales sobre el Derecho Consuetudinario Leonés. He aquí, pues, el fruto de nuestra labor realizada:

ALGUNOS ASPECTOS FISICOS y ECONOMICOS

A poco más de cien kilómetros de la capital se encuentra uno de los pocos reductos de la provincia de León, en que contrasta un bello paisaje montañés con unos elementos histórico-tradicionales de suma importancia para el estudio etnográfico de nuestra región.

El municipio donde se inscribe Burón consta de los siguientes pueblos: Lario, Polvoredo, Casasuertes, Cuénabres, Retuerto y Vegacerneja. Toda esta extensión geográfica ocupa unos 158 kilómetros cuadrados; está situada al noreste de la provincia, y pertenece al partido judicial de Riaño, pero con sede éste, desde hace algunos años, en Cistierna (1).

Esta zona es tradicionalmente ganadera y agrícola. Los habitantes son más bien altos, fornidos y de tez blanca. La población no ha disminuido sustancialmente desde el siglo XVI hasta 1960, en que ha decrecido paulatinamente debido a la emigración de sus gentes hacia zonas industriales. Según el censo de la población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla, en el siglo XIV el Concejo de Valdeburón contaba con 884 pecheros (2). En 1826 la población de Burón era de 106 vecinos, haciendo un total de 487 habitantes; y en el censo de 1882, la población del municipio era de 1.333 habitantes. Respecto a la vida económica del Ayuntamiento durante el ejercicio de 1881-1882, el presupuesto municipal económico asciende a la cantidad de 4.370 pesetas, nivelados gastos e ingresos (3).

El terreno es de buena calidad, produciéndose legumbres y hortalizas, así como algún cereal; pero, sobre todo, predomina el cultivo de pastos para el ganado, siendo ésta la base de la economía de esta villa. Los montes están poblados de roble, fresno y acebo. Antiguamente se exportaba madera a cambio de vino y cereales (4). Prueba de que la madera movió un importante comercio en otro tiempo es la Real Provisión de Carlos V, dirigida al Corregidor del Principado de Asturias, la cual habla de la conservación de los montes del Concejo de Valdeburón, y está fechada en Madrid, el día 9 de agosto de 1552. En ella se ordena que cada vecino de las aldeas plante doce árboles por año. Más tarde, en 1559, en una visita a Maraña, se condena, basándose en esta Real Provisión, el exceso de corta de maderas. Esta condena se sobresee posteriormente, pero la Chancillería ordena a los vecinos de la merindad de Valdeburón no talar «por pie los montes... si no fuere dejando horca y pendón, conforme a las leyes premáticas...» (5).

Los terrenos de Burón son fertilizados por los arroyos de La Fragua, y el de Vegacerneja; aunque en sí toda la zona está rebosante de buenas y abundantes aguas.

LOS POZOS y LAS FUENTES

Los ancianos de Burón afirman que la mejor fuente de la zona es la del Cañonao, que nace en arena blanca y tiene propiedades terapéuticas para los enfermos de riñón. La fuente de La Hocica tiene también abundantes y buenas aguas. Ya en la montaña hay una majada de merinas, que también tiene otra fuente de buen caudal. Este manantial constituye el venero principal del río Naranco, que nace entre las peñas del valle de Valdosín. Estas aguas son muy frías y, por lo tanto, propicias para unas truchas negras enormes y de suavísima piel; las mejores de todo el contorno, según los vecinos de Burón.

Respecto a los pozos, quizá el más importante sea el Pozo Nevero, apreciado hasta hace muy poco tiempo por ser un depósito que servía para abastecer de hielo a todo el contorno durante el caluroso verano. Cuando un vecino tenía úlcera de estómago sangrante, el médico recomendaba poner al enfermo compresas de hielo, para cortar las hemorragias. Por tal motivo se subía al Pozo Nevero con hachas, a fin de arrancar los pedazos de hielo que se bajaban al pueblo en baldes, porteados a tal efecto. De este y otros neveros de la zona se surtían de hielo las botillerías de Valladolid, Palencia y otras partes (6).

Otro es el Pozo Grajero, llamado así por la cantidad de grajos que construyen sus nidos en el interior de la gruta. Es muy profundo, y la leyenda que posee afirma que una vez cayó allí una pastora que se hallaba con su ganado por aquellos pagos. Desapareció para siempre, pero un anillo que llevaba en el momento de caerse apareció posteriormente, saliendo con el caudal de una fuente que se encontraba a varios kilómetros de dicho pozo. Esta es la fuente de La Canalina. Por tal motivo se cree que los pozos y cuevas que hay por los alrededores de Burón comunican entre sí y llegan a alcanzar sorprendentes profundidades.

UN POCO DE HISTORIA

Se sabe que las gentes del antiguo Concejo de Valdeburón descienden de los cántabros vadinienses, raza esta compuesta de elementos indígenas y celtas, como se desprende de las piezas arqueológicas que han llegado a nosotros hasta el momento. El carácter de los cántabros era eminentemente belicoso e indomable. Por ello asentaron sus poblados en lugares estratégicos, y prueba de ello son los numerosos restos de castros que se esparcen por todo el contorno de Burón. No lejos del castro, sus moradores instalaban sus lugares de cultos, como lo prueban las numerosas lápidas halladas, dedicadas, casi siempre, a alguna divinidad. Con la llegada del Cristianismo se convirtieron algunos de estos lugares de culto pagano en ermitas, de las que hablaremos más adelante.

Prueba de la belicosidad y fiereza de los cántabros vadinienses son las crónicas narradas por los autores griegos y romanos, como Estrabón, Floro, Silio Itálico, etc. A este respecto, nos dice Estrabón sobre estas gentes que dormían en el suelo, sobre lechos de paja; se bañaban con agua fría; se lavaban y frotaban los dientes con orines que dejaban pudrir en cisternas; que comían una sola comida muy frugal; que eran aficionados a los juegos atléticos militares: luchas gimnásticas, luchas de guerreros a pie y a caballo; pugilato, carreras, maniobras militares, etc. También tenían himnos de combate, y eran aficionados al baile: «...danzan los hombres al son de flautas y trompetas, saltando en alto y cayendo en genuflexión» (7).

La persistencia de los vadinienses a no doblegarse ante los romanos llevó a éstos a una interminable guerra, siendo necesaria incluso la presencia del propio emperador César Augusto, que permaneció en España durante los años 26 y 25 a. de C. (8). Una vez pacificados, los romanos les obligaron a bajar a los valles, a fin de que cultivasen la tierra y se dedicasen a la ganadería, abandonando de esta forma las armas.

Ya en la Edad Media, y a causa de la invasión árabe, toda la zona donde se inscribe Burón queda despoblada desde el siglo VIII y por espacio de varios años, hasta la repoblación favorecida por el rey Alfonso I de Asturias.

Será a partir de la segunda mitad del siglo X cuando se comienzan a fundar una serie de monasterios por toda esta zona, como son: Santa María de Oselia, el de San Pedro de Crémenes, el de los santos Esteban y Engracia, de Riaño; el de Santa María, de Escaro; el de San Martín de Vegacerneja, etc.(9).

Durante la Edad Moderna, y ya desde el siglo XV, se establece la Merindad del Concejo de Valdeburón, con sede en la villa de Burón.

Ya en el siglo XIX, durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), se dan cita una serie de acontecimientos bélicos de lamentable desenlace para las gentes de esta villa, objeto de nuestro estudio, por ser precisamente Burón la capital de la Merindad. En una incursión perpetrada por el norte de la provincia de León, por parte de los franceses, durante el primer año de guerra, fueron incendiados los pueblos de Boca de Huérgano, Pedrosa del Rey y Burón (10).

Los ancianos de esta zona aún recuerdan haber oído hablar a sus mayores, con desprecio, al referirse al famoso héroe de la guerrilla contra los franceses, llamado Juan Díez Porlier, y apodado «El Marquesito», ya que éste tenía asentado su cuartel general en Pedrosa, a poca distancia de Burón, y por tal motivo las tropas francesas hostigaban frecuentemente a los pueblos del contorno.

Bien, pues tras este breve repaso de los hechos históricos más destacados que conocemos acerca de Burón, pasemos ya a analizar algunos aspectos de la cultura tradicional de este núcleo rural.

EL CICLO FESTIVO

La principal fiesta de Burón es El Salvador, que se celebra el día 6 de agosto. Antiguamente, los mozos hacían reuniones varios días antes para organizar el festejo; incluso se representaban obras teatrales, como el popular Don Juan Tenorio. El dinero que se obtenía de dichas representaciones se guardaba para organizar la fiesta. Otra de las más arraigadas costumbres de ese día consistía en fabricar un ramo que se adornaba con una vela en cada esquina. Una vez confeccionado y adornado, se subastaba, vendiendo las papeletas de la rifa a «perrina», y los fondos que se obtenían se empleaban asimismo para la fiesta. Todas estas costumbres se llevaban a cabo hace más de sesenta años, comentaba nuestro informante.

El baile se realizaba al atardecer, cuando venía el cabrero con las cabras del monte, pues era él quien se encargaba de tocar el tamboril. A éste le acompañaba la señora María Rodríguez, que era la panderetera. Los bailes eran de lo más diverso: desde las jotas, pasando por los titos, esa típica danza leonesa cuyo ritmo no aparece en otras regiones españolas, hasta los pasodobles.

Más tarde vino a vivir un hombre al pueblo, «el molinero», que era natural de Velilla de Guardo (Palencia), e introdujo la música de dulzaina en Burón, ya que hasta entonces el instrumento más popular en esta zona era la pandereta. Pero eran los asturianos quienes preparaban todo el jolgorio: venían montados a caballo y cada cuadrilla traía su propio gaitero, por lo que se animaba aún mucho más la fiesta.

Otra de las tradiciones más comunes de la fiesta de El Salvador consistía en un concurso de bolos, siendo curiosidad en este pueblo la utilización de la bola cacha en vez de la redonda, como sucede en otros pueblos de alrededor.

1. Fiesta de Otoño.-En el mes de octubre, o mes del Rosario, se sacaba el pendón del pueblo en procesión, junto con dos pendonetas o estandartes. El pendón de Burón está constituido por un asta de madera de unos seis metros de alto y un paño que los vecinos del pueblo denominan cariñosamente «arco iris», y cuyos colores son granate, rojo y blanco. Las pendonetas eran portadas por chicas: las mayordomas.

2. Fiestas de Invierno.-Tal vez la época festiva más grata de todo el año para todo el mundo sea la Navidad. Esta festividad se celebraba antiguamente en Burón rodeada de un apacible clima de hermandad entre todos los vecinos. Los días de Nochebuena y Navidad existía la costumbre antaño de que los

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empeñasen mejor sus funciones. Antes de que se introdujese la innovación de elegir a los más ancianos como mayordomos. los trabajos comunales los desempeñaban los últimos que se hubiesen casado en el año.

LUGARES DE CULTOS

La iglesia parroquial de Burón es la de San Salvador, que fue añadida en el año 1624 por D. Alonso Gómez de Caso, con la Capilla de San Lorenzo. De esta época datan los dos escudos (uno de ellos en el exterior) que hay en ella. Esta Capilla perteneció a la familia Gómez de Caso hasta el año 1840 (18). Esta iglesia de San Salvador, construida a cal y canto, tenía una superficie de 27 por 9 metros, con una nave y dos puertas de entrada. «El presbiterio es de estilo gótico, y presenta una espadaña con cruz y campanas. Al lado N., contigua al presbiterio hay una capilla; sirve de baptisterio y está abandonada por sus dueños, que hace tiempo no viven en la localidad, su puerta exterior ha sido tapiada. Había cedido a la parroquia algunas fincas esta familia, pero se vendieron en la Desamortización. Hay cuatro altares: el mayor, de San Salvador con su imagen de madera, las de los Sagrados Corazones, San Pedro, Santo Tomás de Cantorveri, San Juan Bautista, San Miguel Arcángel, todos ellos de madera. Altar del Santo Cristo: el Cristo, la Dolorosa y San Juan Evangelista. Altar de la Inmaculada: su imagen, San José y Niño Jesús. Altar ,de la Virgen del Carmen: con su imagen, la de Santa Teresa, Santa Ana, San Roque y Santa Bárbara, todas de madera» (19). En el año 1920 D. Tomás de Allende repara la iglesia, y dos años más tarde, D. Manuel Allende y su hija María vuelven a renovar el templo parroquial y le regalan imágenes, cálices, ropas, etc.; fundando además las escuelas de Burón (20).

Como señalábamos en un principio, muchos de los lugares de cultos paganos de la Antigüedad, se cristianizaron posteriormente, edificándose en su lugar algunas ermitas, de las que aún hoy nos ha llegado su recuerdo. Veamos seguidamente algunas:

La de Santiago, citada en el siglo XVIII, y cuyos restos se hallan en el Valle de Mirva. La ermita de San Pelayo Mártir, en el valle del mismo nombre, camino de Lois, y que aparece citada en el «Libro de Montería de Alfonso XI». Existió dicha ermita hasta principios del presente siglo. De ella salió para el Museo Arqueológico de León una lápida vadiniense. Probablemente fue un barrio que se añadió al término de Liegos; y que el curato de San Pelayo, durante el siglo XVIII, perteneciera al término de Liegos.

La ermita del Bendito Cristo del Amparo, a la que se hace mención en 1808. La de San Roque, que existía en el siglo XVIII, hallándose en el valle de Rabanal. La de las Animas, que durante el siglo XVIII poseía su cofradía de ánimas, la cual se encargaba de todos los ceremoniales del entierro de sus cofrades; y por fin, la de Santa María Magdalena, que durante el siglo XVIII fue un santuario, y probablemente tuvo cofradía también (21).
De los viejos castros donde asentaron sus poblados los vadinienses, aún se conservan ciertos vestigios en los terrenos elevados cercanos a Burón.

En lo alto del pago denominado Peña Redonda hay un gran hoyo, conociéndose también que hubo anteriormente una pared. Escarbando en la zona los críos de Burón encontraron hace unos años monedas y otros objetos de interés arqueológico; motivo por el cual se supone que allí hubo en la Antigüedad un poblamiento.

Junto a la propia escuela de esta villa, hay una piedra con una cruz grabada, tratándose con toda seguridad de un símbolo prerromano que, bajado de algún castro cercano, fue cristianizado, grabándosele una cruz, como sucede en otros muchos casos documentados. No lejos de aquí, en Boca de Huérgano, junto a la puerta de la iglesia, había uno de estos mojones, que no era otra cosa que una lauda medieval, del tipo de las halladas en Soria y en el País Vasco. El amojonamiento del término de Burón en el año 1739 consistía en una piedra alta con tres testigos a su alrededor y una cruz encima de la primera (22).

SUPERSTICIONES y OTRAS CREENCIAS

Por fin, y tras este breve repaso de algunos aspectos para el estudio de esta villa montañesa, no desearíamos pasar por alto el ámbito supersticioso de esta zona, haciendo un repaso de las creencias más comunes entre los vecinos de Burón; ya que como sucede en otros muchos puntos de la provincia de León, aquí reina también un clima propicio para. que las supersticiones se recreen mediante la tradición oral; tal vez heredadas de unos antepasados que practicaban la magia y rendían culto a las deidades mitológicas que poblaban la Naturaleza.

Una costumbre muy peculiar que hasta hace poco tiempo se conservaba era la de tocar las campanas de la iglesia cuando la truena amenazaba las cosechas. La persona encargada de tal menester era una mujer. Nuestro informante afirmaba que la señora se «colgaba» de la campana, así lloviese o tronase; manteniendo los tañidos de la misma hasta que se despejaba la tormenta. Las gentes decían que «todo lo hacía el vino», ya que la mujer en cuestión era bien aficionada a la bebida.

Otro de los remedios supersticiosos contra las tormentas consistía en encender en las casas la vela de Jueves Santo, que el párroco del pueblo llevaba a las casas, bendecida. También se utilizaba el agua bendita que se retiraba de las pilas de la iglesia el día de Sábado Santo, para repartirla en botellitas entre los fieles; usándose como agua de socorro para los niños recién nacidos.

Dentro de las leyendas de ultratumba que salían a relucir en las largas veladas invernales, una muy curiosa afirmaba que las ánimas se aparecían a las gentes durante la noche, en el Puente de Torteros. Según algunos testigos presenciales, las tétricas figuras tenían apariencia humana, y exhibían sábanas blancas que las envolvían. Se aparecían a los vecinos en época del «estraperlo», cuando los aldeanos traían alimentos a hurtadillas de otros lugares. A su paso por el Puente, llegaban las «ánimas» y les pedían alhajas y dinero a cambio de poder pasar por allí sin sufrir ningún daño. Para los menos crédulos, los extraños acontecimientos eran producidos por «vivos» que, aprovechando el terror que inspiraban, querían amasar una fortuna sin derramar sudor.

LOS SALUDADORES DEL GANADO

Dentro del rosario de creencias supersticiosas de Burón y sus alrededores, no se puede pasar por alto la figura del saludador. Este suele ser un hombre de escasa cultura, que afirma tener dones suficientes para poder curar, tanto a personas como a los animales, de cualquier tipo de dolencia o enfermedad con sólo «saludar» al enfermo. Pese a las duras críticas que se vertieron sobre saludadores y ensalmadores, ya desde la Edad Media, patrocinadas por :la Iglesia, tachándolas de supersticiones sin fundamento humano ni divino, hasta los mismos ilustrados del siglo XVIII, que arremetieron con contundencia estas prácticas supersticiosas, las gentes de Burón, así como las del Concejo de Riaño, durante el siglo XVIII, tenían por norma contratar los servicios de un saludador, para que «saludase» a sus ganados. En el caso de Burón, y tal como se desprende de las Ordenanzas Municipales, dicho saludador no debía salir del término del Concejo en el plazo de un año, debiendo estar dispuesto en todo momento a atender a las reses enfermas. En el caso de Riaño se solía traer un saludador de Tierra de la Reina o de Palencia, y, a diferencia del anterior, éste sólo acudía en caso de que fuese requerida su presencia, viviendo casi siempre fuera del término del Concejo.

Según reza en los libros de cuentas del Concejo de Burón, se pagaba al saludador 50 reales por sus servicios. y tal como figura en un documento fechado en el año 1742, en el que se hace mención a los gastos del Concejo en el ejercicio del año anterior, se justifican «23 reales que dieron a Joseph Sierra por ir a buscar al saludador», así como «35 reales que llevó al saludador de Billada» (23).

Por último, hacemos mención, corroborando lo antedicho acerca de las condenas que la Iglesia imponía a los saludadores, de un canon de la Diócesis de León, fechado en el año 1651, y que reproduce la Constitución Sinodal número 100 del obispo Trujillo:

Que nadie cure con supersticiones, ni se consientan saludadores, cure con ensalmos o nóminas, ni cosas que huelan a superstición, como es decir palabras supersticiosas, cortar céspedes o yerbas, cintas, lienzo o paño, o seda de los vestidos, o pasando enfermos por cerco, o por agujero, o haciendo otras hechicerías» (24).

CONCLUSIONES

Con esta página se cierra una ínfima parte de la sabrosa cultura tradicional de este pueblo montañés, rica tanto por su pasado histórico, que arranca de sus primeros pobladores, los cántabros vadinienses, como por estar repleta de un nutrido rosario de creencias y costumbres populares de gran valor antropológico, con elementos tan curiosos como el fenómeno del «mogiganga», que no aparecen entre las tradiciones carnavalescas de otros lugares, así como también es frecuente hallar fuera del ámbito de Burón elementos satíricos tan característicos como son «el ciego» y «la Juana», reminiscencia probable de algún personaje burlesco de la comunidad. Asimismo destacan algunos aspectos del Derecho Consuetudinario, que si bien no son precisamente autóctonos de este antiguo concejo, al menos se han conservado perennes en su uso hasta hace muy poco tiempo.

Lamentablemente, el paso de los años y la construcción del embalse de Riaño anegarán muy pronto todo este acervo cultural, del que ojalá, al menos, quede este humilde testimonio.

Advertencia.-Salvo nota expresa, todos los datos que aparecen en el presente trabajo fueron recogidos por Javier Rúa Aller, Manuel Rubio Gago y Alejandro Valderas Alonso, en Burón, mediante encuesta realizada en el mes de agosto de 1984, siendo el informante Germán de la Riva, natural de Burón, de 76 años de edad.

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(1) Nomenclator de las ciudades, villas, lugares, aldeas y demás entidades de Población. Censo de la población de España en 1970. Instituto Nacional de Estadística. Provincia de León, tomo IV-24, Madrid, 1973, pág. 20, relativa al municipio de Burón.

(2) Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla, en el siglo XVI. Imprenta Real (reedición de 1982), Madrid, 1829, pág. 25.

(3) RIERA SANS, P.: Diccionario Geográfico Estadístico (...) de España y sus posesiones. Imprenta y librería Religiosa y Científica del Heredero de D. Pablo Riera, Barcelona, 1882, tomo II, relativo a Burón.

(4) MADOZ, P.: Diccionario Geográfico Estadístico de España y sus posesiones de ultramar. (Madrid, 1845-1850), Valladolid, 1983, pág. 73.

(5) MARTINO, E.: La Montaña de Valdeburáon, núm. 87/1552. Madrid, 1980, de 9 de agosto, pág. 79.

Asimismo, en 1589 se redactan las Ordenanzas de la Corta de Madera, dispuestas por la Merindad de Valdeburón, y aprobadas por Felipe IV .

(6) MADOZ, P.: Diccionario Geográfico..., relativo a Valverde de la Sierra, lugar perteneciente al municipio de Boca de Huérgano, dice: "En su término y al N. del Espigüete hay cuevas pozas de nieve de que se surten las botillerías de Valladolid, Palencia y otras partes".

(7) GONZALEZ ECHEGARAY, J.: Los Cántabros (segunda edic. revisada y ampliada). Ediciones de Librería Estudio. Santander, 1986, pág. 106.

(8) CANAL SANCHEZ-PAGIN, J. Mª.: El Concejo de Burón, su gloriosa historia. Gráficas Celarayn. León, 1981, pág. 17.

(9) Op. cit., pág. 21.

(10) Op. cit., pág. 127.

(11) Si el lector desea abundar más en la tradición del ..antruido", "antroido". o "antruejo", le remitimos a la siguiente obra: CARO BAROJA, J.: El Carnaval: análisis histórico cultural. Tauros. Madrid, 1965.

(12) Sirva este pequeño ejemplo para corroborar la severidad religiosa que se observaba antiguamente entre los fieles para la celebración de las fiestas religiosas, en las pequeñas parroquias rurales; donde, casi siempre, el párroco ejercía una potestad importante sobre los vecinos.

(13) LOPEZ MORAN, E.: Derecho Consuetudinario Leonés. Breviarios de la Calle del Pez. León, 1984, pág. 22.

(14) Op. cit., págs. 28-29.

(15) "Ordenanzas Municipales de la Villa de Burón,
Capital del Ayuntamiento de su nombre". Capítulo 21, referente al Nombramiento de Mayordomos de fábrica, ánimas y santuarios; en Biblioteca Regional M. D. Berructa, manuscrito.

(16) Las palmas comienza a utilizarse en la procesión del Corpus en Burón, a partir del siglo XIX, cuando los indianos traen de América las palmeras como planta ornamental para sus palacetes asturianos.

(17) Es conveniente añadir que la festividad de San Antonio Abad, o de "San Antón", se celebraba antiguamente en todos los pueblos ganaderos de León, por ser este el santo patrono de los animales. Así, en el pueblo de Calaveras de Arriba, perteneciente al término municipal de La Vega de Almanza, era costumbre el día 17 de enero, fiesta dedicada a San Antonio Abad: " ...llevar con dedicación al Santo los patos o manos del cerdo, según las posibilidades de cada vecino; aunque algunos también llevaban la cabeza del animal. Los patos se subastaban a la salida de misa, adjudicándose al mejor postor. El dinero, producto de la subasta, servía para ofrecer una misa al Santo, o como donativo para el cura del pueblo". Perteneciente al artículo publicado en: RUBIO GAGO, M. E. : "Calaveras de Arriba, un pueblo olvidado", en Diario de León; miércoles, 28 de febrero de 1987, pág. 12.

(18) CANAL SANCHEZ, J. Mª.: El Concejo de Burón..., págs. 143-144.

(19) Archivo Histórico Diocesano de León (A.H.D.L.). Inventario General de Parroquias, año 1910, tomo X, siendo párroco D. Angel González Tejerina, nacido en Remolina (León), folios 128-131.

(20) CORISCAO: "Pueblos de nuestra Diócesis", en Diario de León, 1922.

(21) Archivo Histórico Provincial de León (A.H.P.L.). Fondo: Catastro de Ensenada. Burón (c. 1750). Caja nº. 7.986.

(22) A.H.P L. : Protocolos notariales del partido judicial de Riaño, Caja nº 11.385, referente a Burón, Sig. Nº. 805, de 1741.

(23) A.H.P.I. : Protocolos referentes a cuentas de Riaño y La Puerta, año 1741, caja nº. 11.387.

(24) SANTOS DE RISSOBA, B., Obispo de León: Constituciones Sinodales del Obispado de León. Alcalá, 1651, páginas 138-139.