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SHAKESPEARE: LA MEMORIA ANCESTRAL

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 112.

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Shakespeare eterno porque lo son los conflictos del amor, la lucha por el poder, la ambición y la amistad; la reflexión final sobre el nacimiento y la muerte, sobre la verdad y la mentira, la realidad y la ficción. Shakespeare, que supo desde esas historias nacidas en el albor de la civilización transmitirlas a través de los tiempos. Potenciar su fuerza, su verdad y, por tanto, su eternidad. En una revista como ésta que estudia las raíces de costumbres, cuentos, canciones o danzas, Shakespeare puede ser uno de los puntos de unión de todas esas épocas que se creían perdidas y que ahora se reencuentran cada día en todos los rincones más alejados, en las civilizaciones más diversas. El soplo de la historia recupera a la postre ese trocito de la memoria, del cantor, del poeta, de la leyenda que pasa a ser inmortal, en esa transmutación de lo local a lo universal que es, sin duda, un misterio en su proceso, pero también una certidumbre en su realidad.

Shakespeare: «Hamlet», éxito del Centro Dramático Nacional, llenando todos los días el María Guerrero de un público heterogéneo y entusiasta. «Romeo y Julieta», que reencuentra el mito del amor «fou» en un prestigioso grupo vallisoletano. El Teatro Estable, que pasea el montaje por toda España. «Como gustéis», esa misteriosa comedia del genial dramaturgo que sirve de colofón pedagógico a los alumnos de la Escuela Provincial de Teatro de Valladolid y que, desde parámetros de absoluta actualidad, da lugar a un montaje riguroso, fresco y vivo, aunque desgraciadamente se limite a dos únicas representaciones. Todos los intervinientes en estos espectáculos atestiguan su vigencia, su capacidad de responder a todo tipo de cuestiones vitales y estéticas. El pasado está ahí, presto para iluminar zonas, momentos oscuros. Nos hemos limitado a estos tres ejemplos cuando en el mundo del teatro la multiplicación de visiones «contemporáneas» de Shakespeare son casi infinitas. Sin ir más lejos, cuando José Carlos Plaza presentaba en Madrid su «Hamlet» Patrice Cherau lo hacía en Barcelona del suyo, y si hablamos de «Rey Lear», ¿para qué contar? Strehler, Bergmann, Langhoff, Grüber han firmado recientemente puestas en escena de primerísima categoría desde visiones muy diferentes, pero siempre personales, coherentes e integradas desde la textualidad primitiva, conservada en su totalidad incluso en las diversas y oficiales traducciones que hacen más difícil -el verso libre original es de una musicalidad y plasticidad excepcional para el idioma, la vocalización inglesa- la tarea. Shakespeare y sus obras hacen realidad la recurrencia de los tiempos y los espacios. El pasado se interfiere en el presente y los personajes nacidos de una ancestral visión se acercan a todos y cada uno de los que contemplan el misterio de unas palabras que responden a nuestros pensamientos, nuestros deseos y también nuestras frustraciones, incluso aquellas que permanecen ocultas en el subconsciente.

El tiempo se detiene para la observancia de unos relatos que nacen desde un arcano ignoto, se desarrollan y sufren toda una serie de mutaciones hasta que el bardo los enlaza para la historia y su proyección con su palabra mágica. Las raíces de estos personajes, de estas pasiones, de estas imágenes están en el albor de la Humanidad. La tradición oral las convierte en leyendas; éstas se concretan en diversas escrituras y Shakespeare las hace eternas. Dilucidación definitiva del valor de ese movimiento poético que surge de la tierra, de los seres que la pueblan, cuando es auténtica y no impuesta por parámetros de otras etnias o culturas. El acervo cultural que se forma pertenece a la Humanidad, y el que en los casos citados fuera Shakespeare quien recogiera al fin la cosecha e inmortalizara mitos y leyendas es sólo un dato susceptible de trasladarse a muchos otros campos.

«Romeo y Julieta» desde los griegos (Artnis y Abrocomai) Masucid di Salerno, Da Porto y Bandelto, hasta Lope o Rojas Zorrilla con Shakespeare en medio. O «Hamlet», que nace de Dinamarca, Saxo el gramático, lo escandinavo y lo inglés, O «Como gustéis», Pastor Fido, la novela pastoril, para finalizar con «Lear» y sus antecedentes célticos. Derivaciones en épocas muy alejadas en el tiempo, en géneros literarios, en desarrollo de los personajes. Un fondo que le va nutriendo de lo específico de cada pueblo, de cada época y el poeta les da la forma definitiva, desde la cual partirán también otras derivaciones (de Romeo y Julieta hasta Orfeo Negro, la historia de los Tarantos, West Side Story) y tantas otras para encardinar el todo en el manto de la eternidad. Sí, el escritor es el autor; pero también contribuye a la obra la voz del pueblo, la leyenda que se traspasa de generación en generación, el folklore auténtico de cada lugar que en su verdad, en principio localista y cerrada, adquiere paradójicamente la universalidad.

¿Qué misterio encierra la creación cuando unos personajes se hacen arquetipos, traspasan geografías y tiempos, llegan a representar categorías metafísicas incluso? ...Todavía puede ser terreno más incógnito cuando se hacen susceptibles de personificar el destino individual y colectivo del ser humano. Porque de las sencillas líneas maestras de la historia a la complejidad de los conflictos de las obras shakesperianas va todo un abismo. Lo popular, lo tradicional, se densifica, se hace alta categoría estética y filosófica. Se entrecruzan las diversas interpretaciones y el misterio del hombre sale a la luz en la confrontación de sus pasiones, en el último mundo de la soledad. El tirano se hace hombre y se extingue en esa planicie infinita que es también el «no man 's land» de todas las leyendas. La planicie o el bosque de Arden son asimismo el mundo donde los personajes de Samuel Beckett esperan ¿infinitamente? a Godot. De ese pristino pábilo de los orígenes a la luz igualmente mortecina del final, todo un mundo ha pasado. La incógnita persiste y Shakespeare plasma en su escritura el complejo nudo de preguntas y respuestas.

Y todas esas huellas del pasado, retenidas en el arcano de la memoria popular, fecundan la obra del poeta, que luego otros expresarán desde las más complejas derivaciones. «Como gustéis», desde una lectura moderna supera las líneas sencillas de lo pastoril para presentar un enigmático cuadro de la Humanidad. Por una parte, la confrontación entre el espacio de la opresión (la ciudad) y el de la libertad (el bosque de Arden) no es definitiva. Las formas de dominación se reproducen en el ámbito preservado aun con matices mucho más moderados. Y el juego de las parejas aparece lleno de contradicciones: nada es exactamente lo que parece y una sensación ambigua, de un erotismo indefinido, se instala en la visión actual de un misterioso texto. La potencia creadora de Shakespeare permite esa mirada escéptica y poética a la vez que llega a la paradoja de ofrecer dos visiones contradictorias incluso y perfectamente asumibles por creadores y espectadores. Los Rosalía, Orlando, Celia, Touchstone...son personajes mucho más complejos en sus acciones, en sus tensiones, de lo que parece. Sobre el encantamiento jovial de lo pastoril (moda formal entonces) subyace la ácida y escéptica verdad del poeta. Nacida desde la base popular de los cuentos, «Como gustéis» es un ejemplo vivo de pervivencia de un texto teatral y poético a través de los tiempos capaz de cruzarlos transversalmente y enlazar con los movimientos filosóficos y estéticos de todas las épocas y lugares, privilegio del genio que, con todo, no recoge los materiales sino de ese acervo inextinguible de la memoria popular. Ejemplo glorioso de una tesis mantenida en esta revista, en el discurso que referencia los valores culturales y su transformación universal desde los orígenes cerrados y mínimos de cada punto de una región o país, por muy remoto que sea.

Universalidad que Shakespeare asume para la eternidad. ¿Cómo se puede concebir de otra forma la triste historia de «Romeo y Julieta»? Los cánones del conflicto: familias rivales a muerte, el amor que surge en las condiciones más adversas, la unión de Eros y Tánatos en la sublimación final. Desde la ópera: Bellini «Capuletti e i Monteschi»), Gounod «Romeo et Juliette») hasta el ballet o la composición sinfónica (Tchaikovsky, Berlioz, Prokofieff...) el cine (Cukor, Castellani, Zefirelli... Como transcripciones), «West Side Story», «Orfeo Negro» y me quedo corto. Una y otra vez, desde esa simplicidad inicial, el amor juvenil se exalta desde toda época y lugar. En 1967, el canto, casi slogan de esos momentos: «Faites l 'amour pas la guerre» surgía de la versión bejartiana de la partitura de Berlioz. El Teatro Estable de Valladolid montaba la obra desde cauces clásicos e intemporales, tal vez porque en esos momentos sea difícil hallar una identificación especial (época del escepticismo) para la historia eterna. De todas formas. la complejidad de «Como gustéis» y, en general, de las comedias shakespirianas es grande, hasta llegar a ese colofón que también partiendo de viejas historias sigue siendo una de las grandes incógnitas de la creación humana: Próspero en «la Tempestad» enlazando tal vez y sin conocimiento directo, con las doctrinas espirituales hindúes que el «Mahabaratta» explicita y que Peter Brock, desde su genial montaje dio entidad de obra maestra imperecedera.

El haz y el envés del hombre: la pregunta que, superficial o profundamente en cada punto del universo mundo se ha hecho por éste, la que afecta al destino humano, es en «Hamlet» un teorema filosófico «ser o no ser...». y así, desde el origen del mundo, desde las primeras huellas del diálogo humano, la divinidad es una de las deseadas respuestas. «Hamlet», una vieja leyenda que se multiplica a través del desfile de los siglos, dibuja en cada momento, cada lugar, el subconsciente individual y colectivo que informa una interpretación, un montaje, una escenografía. Actores célebres, desde Laurence Oliver, Ian Mckellen. Vissotsky (Taganka de Moscú) y más recientemente Bruno Ganz (Grüber), Gerald Desarthe (Chereau), José Luis Gómez (J. C. Plaza) han expresado su particular filosofía desde esta incorporación de un ser humano que tiene claros componentes ejemplarizadores. Como en todas las leyendas al personaje se le añade su condición de «arquetipo» y es, desde esta persistencia por encima de la concreción de una época, o incluso de una geografía, lo que permite que Vissotsky con muchos años de antelación en la visión de Yuri Liubimov, pida en Rusia la libertad que ahora anuncia la «perestroika» o que Ganz intente resolver la «forma de ser» alemana, mientras que José Luis Gómez desde la teatralidad exacerbada se dirija al origen de las cosas, a la metafísica del absurdo. Del seguir interrogándose dará el porqué y el para qué...El implacable paso del tiempo no ha dañado «Hamlet» ni cerrado la historia de Romeo y Julieta ni resuelto las ambigüedades y contradicciones sobre el amor y el deseo que son fundamento esencial del «Como gustéis». Las líneas maestras de estas historias nacidas en la cuna del tiempo siguen vigentes, y el aire de la modernidad no ha sido, ni mucho menos, suficiente para tocar los cimientos.

Quizás esta permanencia, esta integración a través de tiempos y lugares, sea lo que explica el apasionado interés de la antropología contemporánea por poner en contacto los ritos más opuestos. El retorno a las fuentes, a la riqueza de los aspectos homogéneos de la expresión de los pueblos es una constante irrenunciable. Shakespeare, desde la punzante actualidad, es sólo un ejemplo de la vitalidad y consistencia de esos cuentos, a lo mejor llenos de «sonido y furia», que han puesto al descubierto las pasiones humanas, sin que la mirada profunda del poeta haya perdido su capacidad de análisis, su soplo creador.

Así, unos chicos de la Escuela de teatro desde un trabajo profundo y tenaz, han sido capaces de ofrecer una visión actualísima de «Como gustéis» (dirección no sólo pedagógica de Charo Amador), y unos actores jóvenes y maduros de Valladolid y Madrid hayan dicho su palabra intransferible en Romeo y Julieta y Hamlet desde el discurso de los directores: J. A. Quintana y José Carlos Plaza. A fin de cuentas, Shakespeare es, como demostró Strehler en «Rey Lear», un circo mundo. Las miradas de los personajes se fijan en la posible reencarnación de uno de ellos, el que fue más poderoso y ahora se enfrenta al vacío. La incógnita del ser humano y sus deseos desde siempre y para siempre...El mundo nace cada vez, y el poema se contempla a sí mismo y desde esa valoración hace eternas las historias de antaño. Shakespeare, nuestro contemporáneo desde idéntica permanencia de las raíces de su memoria.