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La Gaita de Fuelle en La Rioja

ASENSIO GARCIA, Javier

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 113.

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En el número 108 de esta Revista de FOLKLORE se publicó un artículo sobre los instrumentos utilizados en las danzas riojanas. Quizás a alguno le haya causado sorpresa conocer que en la Rioja se haya tocado la gaita de fuelle, tal como se expone en el mismo. A mí no me ha sorprendido, pues llevo un cierto tiempo investigando sobre el particular. lo que sí me ha sorprendido es que otra persona estuviese igualmente tras la pista de este instrumento. Hasta que no leí el artículo creía que sólo era yo el interesado en esta investigación. En fin, sirva esto, al menos, para que los pocos que nos dedicamos a la investigación del folklore riojano nos conozcamos y coordinemos nuestra labor. Tenía ya pensada la publicación de este artículo y la aparición del anterior no ha hecho sino acelerar mis razones para ello. El autor del citado artículo señala unos datos por mí ya conocidos y aporta algunos que no lo eran. Creo que tengo algunos nuevos que aportar, ya que, entre otras cosas, he conseguido un ejemplar de gaita de fuelle que se tocaba en un pueblo de la sierra riojana. Es por todo ello conveniente retomar el tema y exponer todos los datos sobre el mismo.

Un viaje de norte a sur de la provincia, por cualquier valle de los siete ríos que desde el sistema ibérico descienden hasta el Ebro, nos descubre una Rioja poco conocida, oculta entre valles cortados, postrada a los pies de altas montañas. Siguiendo este viaje vemos cómo el paisaje se transforma: de la llanura mediterránea (viñedos, huertas y cereal) pasamos a un paisaje de montaña, al principio salpicado de encinas (carrascas las llaman por aquí); más al Sur, robles, y si seguimos la misma ruta, por una carretera cada vez más zigzagueante, bosques de hayas y prados de alta montaña. También observamos el cambio del paisaje humano: las ciudades, los pueblos huertanos y vinícolas, las casas de ladrillo y adobe dan paso a pueblos encaramados sobre montañas, casas de piedra y prados donde pastan (antiguamente mucho más) rebaños de ovejas, vacas o caballos. Aunque resulte paradójico, cuanto más viajamos hacia el sur de la provincia el paisaje se va haciendo más norteño, no muy distinto al pirenaico, vasco, cántabro o astur-leonés. Para los investigadores de la antropología o el folklore, este recorrido de Norte a Sur de La Rioja es también un viaje interesante, no exento de sorpresas si en lugar de visitarla de paso nos detenemos con un cuestionario y una grabadora en cada uno de sus pueblos. Y sorpresa grata ha sido (tanto más grata cuanto más enamorado esté uno de esta clase de instrumentos) el haber descubierto que la gaita de fuelle ha sido un instrumento tradicional, no un instrumento importado de otros lugares (primera tentación si nos dejamos llevar por los conocidos tópicos, más utilizados cuanto más se desconoce la región de La Rioja: cruce de caminos, amalgama de culturas o tierra de paso), sino al que debemos dar cierto grado de autoctonía, utilizando este término de autoctonía de un modo relativo, como en la mayoría de las ocasiones hay que hacerlo al analizar cualquier fenómeno cultural.

Antes de meternos en la exposición de los datos objetivos sobre el tema, hemos de decir que, dejándonos llevar de una cierta vena poética, hay una especie de sintonía entre el paisaje y el instrumento. No es por casualidad que un instrumento tan melancólico como es la gaita de fuelle se identifique de un modo tan especial con Galicia o Asturias. Después de esta investigación hemos imaginado y sentido el lento y triste fluir de las notas de la gaita entre los cerrados y verdes riscos del alto Najerilla, acompañando al pastor entre robles donde aparecen vírgenes «morenas», guardando las ovejas en los «teñaos» (majadas con tejado de paja de centeno, al igual que las pallozas gallegas o astur-leonesas), y hemos recordado el dicho gallego:

Esta gaitiña que toco
siente como una persona,
unas veces canta y rie
y otras veces gime y llora.

No es difícil imaginar que al partir los pastores trashumantes a Extremadura en algunos pueblos la despedida se hiciera al son de una gaita que gemía y lloraba las notas de la conocida canción: «Ya se van los pastores a la Extremadura... » Y tampoco es difícil imaginar que a su regreso y al "llegar al Collado de La Alegría (topónimo que en algunos lugares recibe un cerro desde donde los pastores de vuelta de Extremadura divisan su pueblo) una gaita riese y cantase, como lo haría en las fiestas patronales, en los carnavales o en cualquier fiesta de primavera.

ALGUNOS DATOS HISTORICOS

El origen de este instrumento hay que ligarlo a las culturas pastoriles. pues el odre de cabra u otro animal de pasto es la base del mismo; y hubo de nacer como consecuencia del deseo del primitivo tañedor de aminorar su esfuerzo acoplando a la flauta o caramillo un odre con el que regulase mejor la salida del aire, dando. a su vez, una continuidad a sus melodías.

Sobre el origen de la gaita de fuelle en España hay dos teorías, ambas muy relacionadas con una respectiva explicación etimológica. La versión más aceptada hace derivar el término gaita del altoalemán «gaits», cabra. Esta palabra la introducirían en España los suevos, y del noroeste peninsular se extendería al resto, aunque en muchos casos designando instrumentos distintos. Una segunda teoría hace derivar el término del árabe, y sostienen que en Marruecos un instrumento similar a la dulzaina es llamado "gehita". y en Chad, "alghaita". En la península ibérica ambas teorías podrían congraciarse, ya que en la Edad Media gaitas de origen europeo y otras de origen árabe convivieron, como nos lo muestran las Cantigas de Alfonso X (una de las más antiguas representaciones gráficas de gaitas en Europa) .Con el paso de los siglos las gaitas de tipo árabe desaparecieron de nuestra Península.

¿Y en La Rioja? ¿Qué datos tenemos de su devenir histórico? Para comenzar, diremos que algunos han pretendido encontrar en la obra del poeta riojano Gonzalo de Berceo una referencia de este instrumento (1). hablando del duelo de la Virgen, en un verso que dice: "Que non cantaban alto, nin cantaban tuval." Esta. palabra "tuval" estaría para éstos asociada al nombre latino de "Tibia Utricularis", la más antigua mención de una gaita de fuelle. de la que hablan entre otros Cayo Suetonio Tranquilo (75-160 después de Cristo) narrando la vida de Nerón; y también con la actual gaita gallega en Si bemol llamada «tumbal». Sin embargo, este planteamiento no tiene visos de ser real. Gonzalo de Berceo tenía muy buenos conocimientos musicales y, evidentemente, conocía los instrumentos de la época, aunque en su obra no menciona otros que los de cuerda, quizás por la misma razón por la que los constructores románicos de la época no esculpían en los pórticos sino esta clase de instrumentos, asociados siempre con el esplendor divino y del paraíso (2).

Aunque no haya una prueba clara en sus obras, muy probablemente Gonzalo de Berceo conoció la gaita de fuelle. Por aquella época el instrumento era frecuente en las vías de peregrinación jacobea, y el monasterio de San Millán de la Cogolla, lugar donde el poeta transcurrió parte de su vida, era visita frecuente de muchos peregrinos. Por otra parte, es conocido que los monjes benedictinos utilizaban la gaita sustituyendo al órgano en sus iglesias rurales y que la gaita era un instrumento da uso corriente entre los pueblos de la España cristiana. Ello nos lo muestran las Cantigas de Alfonso X; la obra del Arcipreste de Hita que menciona el «odresillo» como un instrumento no muy adecuado para la música árabe, el Arcipreste de Talavera quien no debía tener muy buena impresión de los gaiteros, ya que hablando de las mujeres que sintiéndose" loçanas e mal empleadas», se casan con algunos hombres «torpes», suzios e criminosos e de feas tachas cubiertos» dice de éstos ser "dignos por sus fechos de tañer la cornamusa» (3); y. finalmente, el autor de La Celestina, obra en cuyo primer acto un personaje, Sempronio, recrimina a Calixto su apasionado amor por Melibea diciéndole, entre otras cosas, "De otro temple está esta gaita» (4).

Las reproducciones iconográficas de la gaita son muy abundantes desde el siglo XV al XVII en todo el norte de la Península, acompañada, en la mayoría de los casos, con ángeles o pastores músicos, muy abundantes en representaciones de nacimientos y en torno a la Virgen María (5). En La Rioja tenemos dos claros ejemplos de este extendido motivo, uno de ellos en el altar mayor de la iglesia parroquial de Ezcaray, obra de la primera mitad del siglo XVI (figura 1). Uno de sus detalles representa un nacimiento, en el que, tras la talla de San José, un músico toca una gaita de fuelle. La imagen de este gaitero presenta unos pómulos hinchados, aunque no se observa el tubo o soplador que conduce el aire hasta el fuelle, seguramente al desprenderse en algún momento tan pequeña pieza de madera. El fuelle es tipo bota, el roncón corto, cilíndrico y de una sola pieza, y la colocación de los dedos sobre el puntero es imprecisa y correspondiente a un gaitero zurdo.

La segunda reproducción de una gaita de fuelle en una representación de la Natividad la hallamos en la localidad de Anguiano, famosa por sus danzas sobre zancos. Se trata de una imagen de la parroquia de San Andrés, obra del tallista riojano Pedro de Oquerruri (figura 2). En ella, un pastor se apoya con su mano derecha en un bastón o cayada. Su brazo izquierdo rodea una gaita de fuelle, sujetando con la mano un puntero desmontado del resto. La talla del fuelle representa una piel entera de cabrito, pues en él se distinguen claramente la forma del inicio de las extremidades; el roncón parte hacia arriba y en él se distinguen varias piezas; el puntero es nítidamente cónico y parece más una talla desproporcionada que la reproducción de un puntero pequeño, correspondiente a gaitas más agudas.

Una tercera representación la hallamos en el coro alto del Monasterio de Santa María la Real en Nájera. En el orden temporal, es ésta la más antigua, ya que data de los años 1493 a 1495, período en el que dicho coro fue construido por los hermanos Andrés y Nicolás Amutio. Es una imagen ciertamente curiosa. Representa a una especie de bufón tocando una gaita de fuelle (figura 3). El odre es de tamaño considerable, el puntero es muy similar a los punteros actuales gallegos o asturianos, y el roncón, del que no se distingue si es de una pieza o de varias. tiene su parte final, o copa, de forma cóncava. No parece claro que el tallista reflejase muy fielmente el modelo original, ya que la posición de los dedos sobre el puntero no se corresponde con la normal digitación de una gaita y, nuevamente, la colocación de las manos sobre el mismo es propia de un gaitero zurdo. Hemos dicho que se trata de una especie de bufón. y quizá no sea ésta la definición más precisa. Su indumentaria es muy similar a la de unos personajes que hasta hoy en algunas localidades riojanas forman parte de danzas y mascaradas, nos estamos refiriendo a los llamados «cachiberrios», «cachimorros», «cachidiablos». etc.. y que con nombres parecidos o distintos, como el de «guirrios» en Asturias o «zamarrones», etc., en Castilla-León, también forman parte de algunas danzas. Sin embargo. la indumentaria del gaitero representado en Nájera se identifica especialmente con la del «cachimorro» de Laguardia. la del «cachi» de Oyón (ambas localidades en La Rioja alavesa) o la de los «cachiberrios» de la comarca camerana. Podemos decir que se trata del mismo personaje. Aunque ninguno de los actuales toca una gaita de fuelle, tenemos constancia de que en el pasado un personaje similar a los actuales animaba con las notas de una gaita las representaciones de danzas. Me estoy refiriendo al «zaldiko» vasconavarro. Esta palabra, según explica don Julio Caro Baroja (6) se deriva del vasco «zaldi». caballo, y designa un personaje cuya indumentaria es idéntica a la de los «cachiberrios» actuales y a la de la imagen representada en Nájera, pero con la diferencia de que, como viene a señalar su origen etimológico, va rodeado de un armazón de mimbre en forma de caballo sobre el que va montado. En la actualidad el zaldiko lo podemos ver en las procesiones de Pamplona y Estella. acompañando a gigantes y cabezudos. Caro Baroja nos confirma unos datos según los cuales en Azpeitia (Guipúzcoa) salieron doce en el año 1622 durante las fiestas de San Ignacio. Pues bien, ya en el siglo XV aparece un «zaldiko» tocando una gaita de fuelle en un manuscrito conservado en el Archivo Municipal de Pamplona y otro «zaldiko» gaitero se encuentra esculpido en la puerta de la capilla de San Francisco Javier, de la Catedral de la capital navarra. Estos datos nos vienen a confirmar que la imagen representada en Nájera no es sino uno de estos personajes de las danzas y mascaradas que, como los «zaldikos» navarros del siglo XV, con los que comparte una indumentaria semejante, también tocaba la gaita de fuelle.

Otra representación iconográfica de un gaitero, tal como se citó en el número 108 de esta revista (7), se encuentra en la iglesia de Torremuña, aldea del Cameros Viejo. De ella, por el momento, no puedo aportar datos.

A partir del siglo XVIII, y en toda la península las representaciones iconográficas de gaiteros desaparecen, muy probablemente debido a que este instrumento pasa a manos del vulgo, frente a una naciente música culta que lo despreció. Es el momento de encontrarnos dicho instrumento en documentos escritos que nos hablan del día a día de la vida del pueblo. En Cervera del Río Alhama, para celebrar las fiestas de Santa Ana y San Gil, los danzantes bailan una danza denominada «la gaita». Sabemos que se danzaba ya en 1592 con el mismo nombre (8); sin embargo, no tenemos noticia de qué clase de instrumento se utilizaba. Conviene recordar que en toda La Rioja con la palabra «gaita» se designa actualmente a la dulzaina, instrumento aerófono que no utiliza fuelle. Esto nos hace dudar si los gaiteros mencionados en algunos documentos del siglo XVIII lo eran de fuelle o no. Por si fuera poco, hemos encontrado otros nombres para designar a músicos de viento, sin tener una definición de cómo eran los mismos. Un músico logroñés llamado Juan Bretón, «tañedor de menestriles y flautas» en el siglo XVI, enseñaba a los niños huérfanos de la ciudad a tocar dichos instrumentos (9). También sabemos que en el siglo XVII «menestriles» de Alcanadre y Calahorra con sus danzas subían a Logroño en el marco de las fiestas patronales. De nuevo nos invade la duda de si estos «ministriles », que evidentemente tañían instrumentos de viento, eran los antepasados de los actuales dulzaineros, o más bien eran gaiteros de fuelle. Más clara es la referencia de Oyón, en La Rioja alavesa, a escasos kilómetros de Logroño, donde en una nota del archivo parroquial referida al año 1622 se dice: «Setenta y siete reales que se dieron al gaitero por el trabajo de tocar la bota para el festejo de la Concepción» (10).

En varios documentos municipales de Calahorra, de los siglos XVI y XVII, aparecen los nombres de varios instrumentos de viento: clarines, sacabuches, trompetas, menestriles, gaitas y chirimías. Así, en 1545, se pide a Antón Tomás que «envíe por las trompetas, sacabuches y chirimías para el día de los Mártires, y gaste en ellos lo necesario» (11). En 1628, «el grupo de danzadores que tomaban parte en las procesiones de los Mártires y del Corpus, constaba de ocho individuos, sin contar el tambor, el clarín y la chirimía» (12). Con motivo de celebrar el nacimiento de un hijo del Rey en 1657, se dieron los siguientes gastos: «De dar de comer al gaitero seis días a tres reales. A otro gaitero por la Contradanza de las Gitanas, comida y jornal, cuatro ducados» (13) .En 1665, y para celebrar la promulgación del Rey Carlos II, delante del cortejo municipal desfilaban «atabaleros»; tras de ellos, las trompetas; luego, los ministriles» (14).

En el siglo XIX, la dulzaina tendría un carácter preeminente sobre la gaita, lo que nos confirma Pascual Madoz hablando del carácter de los habitantes del partido judicial de Nájera: «Su alegría es natural; son aficionados a todo género de diversiones que se les proporciona, frecuentando las romerías o fiestas de los pueblos y santuarios inmediatos, que celebran regularmente con danzas o comparsas de solo hombres. Es de uso muy antiguo, en términos que se pierde en la noche de los tiempos esta costumbre; se cree por algunos que en su origen debieron de significar algún combate, puesto que concluidas algunas danzas se proveen de unos bastones cortos, con los que se acometen mutuamente y se defienden, causando un estrépito bélico al compás de la dulzaina o tamboril, lo cual es conocido en el país con el nombre de Troqueados» (15). Realmente hemos de agradecer que este geógrafo llamase a las cosas por su nombre y nos aclarase que la dulzaina y el tamboril eran los instrumentos preeminentes en la comarca najerina durante el siglo pasado, como en la actualidad los mismos instrumentos son los más arraigados en el folklore riojano. Sin embargo, en la localidad riojano-alavesa de La Puebla de La Barca, cerca de Logroño, en el año 1928 se debía de tocar la gaita de fuelle, pues en un grabado publicado en Londres en aquel año y que representa a dicho pueblo, se aprecian dos gaiteros de fuelle acompañando con sus sones los bailes de una pareja ( 16)

Si la gaita de fuelle en La Rioja ya estaba mortalmente herida en el siglo XIX, en el presente la gaita y otros instrumentos recibieron la estocada final. En una época en la que todo lo popular ha sido sinónimo de «pueblerino» han ido desapareciendo de nuestra región no sólo gaitas de fuelle, sino también rabeles, zanfoñas. flautas pastoriles de diversas facturas, panderos. arrabeles (instrumento de percusión hecho con huesos de distintos tamaños), cuezos (especie de zambomba hecha con la madera de las protuberancias huecas de hayas, robles o encinas y cubierta con una piel) o flautas de tres agujeros, como las «gaitas salmantinas o el chistu vasco. Incluso las dulzainas tradicionales también acabaron como los demás instrumentos: en el fuego, la basura o en manos de algún anticuario, donde, fuera de todo contexto, los objetos de cultura tradicional pierden toda personalidad.

La gaita de fuelle en Ventrosa de la Sierra

Hasta mediados de este siglo en Ventrosa de la Sierra hubo, al menos, cinco gaiteros de fuelle. En la actualidad (29-12-88) hemos investigado el recuerdo que los más ancianos de la localidad tienen de aquellos gaiteros.

En Ventrosa de la Sierra hubo danza, de la cual quedan imágenes fotográficas, y si bien los últimos datos que de ella tenemos nos dicen que se ejecutaba bajo los sones de la dulzaina, anteriormente era tocada por un gaitero de fuelle llamado Juan Muñoz y apodado "Tío Juanazas". El recuerdo de este señor perdura en los mayores del lugar y en sus descendientes. Sus nietas, Juanita Martínez y Olga Muñoz, no han podido descifrar el destino material de la gaita de su abuelo, aunque recuerdan haber oído a sus padres comentar que tenía borlas grandes.

De otro gaitero, Hermógenes Herráiz, hemos recogido datos más concretos, aportados por sus hijos Félix y Amado. Nos dijeron que su padre, pastor, había muerto hace más de treinta años. Solía tocar la gaita en sus salidas a los prados de la villa, aunque también la tocaba en el pueblo. Recuerdan que con una gran piel de cabrito, su padre se construyó una gaita más voluminosa que las gallegas actuales. También recuerdan el color rojo de las borlas. Nada concreto supieron decirnos sobre el destino material de la misma. Del señor Hermógenes me mostraron sus hijos dos cuernas de vaca (una de sonido grave y otra más pequeña y de sonido más agudo) que el cabrero del pueblo las hacía sonar para llamar al ganado. No era nada infrecuente por estas angostas sierras que los pastores se comunicasen entre sí utilizando estas cuernas, desarrollando un pequeño lenguaje de señales acústicas.
Según un informante, hubo también en el pueblo un gaitero llamado Toribio Muñoz y al que apodaban el Tío Macho. A este señor y a otro que era apodado como Tío Frescas y que también tocaba la gaita, parece que pocos o, quizás, ninguno de los ventrosinos actuales llegaron a conocer. Sobre este Tío Frescas nos han asegurado que tocaba una gaita de fuelle y que enseñó a tocarla a su hijo, Félix Muñoz. Recuerdan que éste también interpretaba la música con la que se bailaban las danzas en las fiestas del pueblo. E1 color de la gaita, roja y amarilla, quedó impreso en la mente de estos ventrosinos que llegaron a conocerla en su infancia.

Varios informantes nos han aportado los nombres de algunas partes del instrumento. Ya hemos visto que tenían adornos de tela llamados «borlas». El fuelle era llamado «bota», muy similar al «bot» del Pirineo catalán y el Sobrarbe altoaragonés y al «but» en el valle de Arán. La caña que hace sonar al instrumento era llamada «pita», nombre muy distinto al que dan los gaiteros gallegos y asturianos «palleta». El tubo por el que el músico introduce el aire en el odre se llamaba «soplador» (17). El nombre del bordón, muy parecido al «ronco» gallego o asturiano, era llamado «roncal» (información proporcionada por Serafín Abeytua, dulzainero de Albelda, quien recuerda cómo en sus años mozos acompañó a su padre a Ventrosa, y allí tocaron una especie de gaita gallega «que en el pueblo nos dejaron» ).

Antes de que la danza del pueblo se tocase solamente con la dulzaina (hoy ya han desaparecido gaita, dulzaina y danza), hubo un período de tiempo en el que gaita y dulzaina, afinadas en la misma tonalidad, formaban, junto con la percusión, un curioso grupo instrumental al estilo del dúo gaita-bombarda en Bretaña. Estos dulzaineros que, en alguna ocasión, interpretaban la danza acompañando a la gaita, eran conocidos en el pueblo con los nombres de el «Tío Cirilo» y el «Tío Elías». El hijo de este último, Gabriel, los acompañaba al tambor. Otros tamborileros de la villa fueron Ciriaco García y Juan Blázquez. Isidro García Díez ha sido el último de los músicos tradicionales de Ventrosa. Llegó a tocar con el violín y el acordeón las melodías de su pueblo, y no pudiendo encontrar ningún ejemplar de aquellas gaitas de fuelle que en el pueblo se tocaron, intentó hace unos treinta años recuperar la danza del «Troqueado» tocando una gaita gallega comprada en un establecimiento musical. Los dos intentos resultaron vanos, ni se recuperó la danza ni él aprendió a tocar la gaita gallega.

La gaita de fuelle en Viniegra de Abajo.

Sabemos por los informantes más ancianos de esta villa que antiguamente, en la festividad de Santiago, las danzas eran interpretadas por un gaitero que venía de la vecina pob1ación de Ventrosa, recuerdan concretamente a Juan Muñoz, «el Tío Juanazas».

La gaita de fuelle en Pedroso.

En este pequeño pueblo de La Rioja Alta encontramos una familia que tiene como apodo el de «gaiteros», indudablemente por un antepasado gaitero, que debió de ser algo lejano en el tiempo, ya que ningún miembro de la familia recordaba quién pudo ser aquel músico. Bien pudo ser un gaitero de fuelle, pues en esta localidad también se tocó. La primera pista al respecto fue fruto de una curiosa anécdota. Un amigo nuestro, José Ignacio Espinosa, pasaba una jornada en este pueblo. En un bar, y queriendo mostrar a sus compañeros de velada las excelencias de la música irlandesa, puso una cinta del grupo « The Chieftains». Un anciano de 94 años que allí se encontraba, Ildefonso Larios, más conocido como «Tío Fonso», comentó lo siguiente: «Pues cosas como estas se tocaban aquí antiguamente.» Interesado por el tema, José Ignacio le preguntó al anciano y éste le confirmó que en Pedroso se tocaba una gaita de fuelle, con toda seguridad diferente a las gallegas, pues la disposición del roncón, tal como se lo intentó describir el anciano, era distinta. Recordaba también este señor que tocaban dos tipos de melodías, una rápida y otra lenta. La rápida, según describía el anciano, la identificaban con el ritmo alegre y saltarín de las jigas de los Chieftains que poco antes había escuchado y con las notas picadas tan propias de las gaitas de fuelle. y las melodías lentas las comparó el anciano con una especie de «música de fondo larga», sin duda el sonido del bordón. Llegó incluso a tararear alguna de estas melodías, que nuestro amigo la describió similar a una irlandesa llamada «Planxty Burke», pero, desgraciadamente, no había en ese momento un aparato grabador que las registrase. Y hago especial hincapié en la expresión «en ese momento, porque el día que, con un cuestionario y una grabadora, nos dirigimos a Pedroso, «Fonso» había fallecido. Llegamos una semana tarde. Siete días antes «Fonso» tomaba el sol sentado en la calle y departía amigablemente con todo el que por allí pasaba. Era la memoria viva del pueblo, recordaba muchas cosas de su juventud y, sin duda, gracias a su carácter dialogante por todos recordado, nos hubiera dado una información más precisa. Evidentemente, aprovechamos el viaje para preguntar en el pueblo sobre el instrumento, pero pocos datos pudimos sacar. Un vecino recordó que su madre, ya fallecida, en alguna ocasión le había comentado que en su pueblo se tocaba antiguamente la gaita gallega. Doña Mercedes Viniegra Larios, de unos 82 años (en enero de 1989), recordaba que en su infancia venían unos músicos que tocaban un instrumento de viento. una especie de gaita «larga», según su propia descripción. No tenía la señora un recuerdo más preciso de dicho instrumento. Alejandro Román Cosío, de 84 años de edad, el más anciano de los pedrosinos, nos dio unas noticias más precisas. Recuerda cuando era niño, a sus 10 ó 12 años, que en las fiestas del 14 de agosto en honor a San Roque, «venían de fuera unos músicos que tocaban la gaita gallega» y estaban en el pueblo durante las fiestas tocando las antiguas danzas del pueblo -los troqueaos-. De la descripción de lo que es una gaita de fuelle, el señor Alejandro recordaba todas sus partes: el fuelle, el bordón y hasta las borlas. Pero no supo decirnos nada más.

La gaita de fuelle en Alesón.

La muerte de una persona que nos había de dar una información importante sobre el asunto, nos ha hecho meditar aún más sobre la necesidad urgente de recuperar la memoria de los modos de vida tradicionales, antes de que, con sus secretos, mueran los últimos ancianos que conocieron una cultura cada vez más distinta a la nuestra. Esta reflexión también fue válida cuando investigamos sobre el tema en Alesón, donde, nuevamente, sólo las personas más ancianas del pueblo tenían un recuerdo sobre el. tema.

Alesón, y éste es un dato importante, es un pueblo situado a los pies del camino de Santiago, cercano a la ya citada ciudad de Nájera. Pocos datos concretos. pero suficientes. hemos podido sacar. Domingo García Ceniceros (86 años en 1989) recuerda que, aproximadamente, a sus 16 años en su pueblo se tocaba una gaita «como las gallegas». José Amor García Alamos (89 años en 1989), la persona más anciana del pueblo, también recuerda que hace más de 70 años se tocaba en las fiestas una gaita que tenía «una bolsa que se llenaba de aire». De los datos de este pueblo y de Pedroso podemos sacar una misma conclusión: en ambos se tocaba la gaita de fuelle. Aproximadamente antes de 1915. Por ello sólo los que en ese año tuvieran una edad superior a 10 años nos han podido dar fe del instrumento.

La gaita de fuelle en Briones.

En relación a esta localidad vamos a citar las palabras de J. A. Quijera, quien aporta un dato hasta ahora desconocido para mí: «Los más mayores habitantes de esta villa, situada a las orillas del Ebro, recuerdan que a finales del pasado siglo la danza de Briones era interpretada con gaita de odre. El músico venía de otra localidad riojana cuyo nombre no ha permanecido en la mente de los informantes» (18).

El gran hallazgo: La Gaita del Tío Tiburcio en Viniegra de Arriba.

Quizás resulte sorprendente que el éxito de una investigación se deba, en ocasiones, a un pequeño detalle. En este caso una frase escrita en un libro fue el detonante que nos puso tras la pista adecuada. Y ello hemos de agradecérselo a un periodista y viajero riojano que con motivo de un reportaje de los pueblos de la región, visitó Viniegra de Arriba y de entre todas las cosas que los lugareños le mencionaron tuvo la oportuna idea de citar: «Lejos han quedado los tiempos en que el tio Tiburcio tocaba la gaita gallega en las fiestas» (19). Pues bien, fuimos a esta localidad para recabar la mayor información posible. Y, efectivamente, nos confirmaron que el Tío Tiburcio fue un ganadero que murió hace unos 60 años. Las personas mayores de 70 años recuerdan cómo tocaba la gaita en la plaza este bigotudo señor, antes que los rigores de la edad lo convirtiesen en un anciano achacoso. Todas las dudas sobre el instrumento se desvanecieron tras preguntar en la casa donde el músico había vivido. La actual dueña, Teresa Montero, nos dijo que en un viejo baúl guardaba varias cosas que una nieta del Tío Tiburcio se dejó al venderle la casa. Abrimos el baúl y allí estaba la gaita, tal como la dejó el Tío Tiburcio hace más de sesenta años.

En seguida nos dimos cuenta que se trataba de una gaita especial, y que nada tenía que ver con las gallegas o asturianas. Puestos a comparar con algún modelo español, encontramos un ligero parecido con las gaitas del Pirineo aragonés, pues puntero y roncón parten del fuelle desde una sola pieza, paralelos y hacia abajo (figura 5). También hemos podido comprobar la semejanza de este instrumento con un tipo de cornamusa francesa, especialmente con una cuyo origen data del siglo XVIII (20); sobre todo en la pieza que conecta puntero y bordón con el fuelle.

El fuelle es de gran tamaño si lo comparamos a las gallegas o asturianas. Está construido con la piel de una cabra o cabrito, tiene forma de bota grande, y desinflado mide unos 40 cms. de ancho y 67 cms. de largo, desde abajo hasta la embocadura de la pieza en la que se empalman puntero y roncón. Va forrado el fuelle de un terciopelo rojo bastante desgastado, en el que se notan unos dibujos floreados.

El roncón consta de tres piezas cilíndricas, con las típicas marcas torneadas. Siguiendo la terminología propia de las gaitas gallegas, la «prima» presenta distinta factura a las dos restantes; la segunda pieza o «tercio» lleva dos adornos de asta animal, y la tercera pieza final o «copa», que lleva un adorno metálico, es similar a las asturianas, sobre todo en el «resonador» o. Montado tiene una longitud de 67 cms.

Dos punteros distintos tiene la gaita: uno en una tonalidad próxima a Do, cónico, de 32 cms. de longitud, muy parecido al puntero gallego o asturiano. Su diámetro interno es 8 mm. en la parte donde entra la palleta, mientras que en la parte de abajo es de 3 cms. Va forrado de piel de serpiente, adorno frecuente en las gaitas altoaragonesas. El otro puntero, barnizado y mejor conservado, es más alargado; mide en total 44,3 centímetros, y su forma es algo menos cónica. La madera con la que están construidos es difícil distinguirla a simple vista. Podría ser boj, cerezo o nogal.

El carácter peculiar de la gaita del Tío Tiburcio nos viene dado por la pieza que saliendo del fuelle conduce el aire hacia el puntero y hacia el roncón. Se trata realmente de dos piezas unidas entre sí por dos pequeños orificios, entre los que circula el aire. La primera de ellas se emboca en el fuelle por un extremo, y en el otro se acopla el puntero. Gracias a los dos orificios que la conectan con la segunda pieza, entra el aire en ésta, en la que, a su vez, se acopla el roncón.

También hemos encontrado, y esto es importante, cuatro palletas o «pitas» que utilizó el Tío Tiburcio. Una de ellas, seguramente la del puntero más corto, mide 39 mm. de largo: 12 mm. desde el frenillo hecho de hilo. Las otras tres palletas son más largas y, sin duda, se utilizarían con el puntero largo. Las medidas aproximadas son de 65 mm. de longitud, de los que 11 corresponden a la parte vibradora. También hemos hallado un pequeño pallón de factura similar a los usuales en cualquier tipo de gaita.

Hemos puesto el instrumento en manos de un experto constructor de gaitas gallegas, con el fin de que sobre el modelo construya un nuevo ejemplar lo más fielmente posible. El modelo original, antes que restaurarlo, preferimos conservarlo tal como está. Con ello, y tras más de 60 años, habremos recuperado para el folklore de La Rioja un instrumento que no sólo hace tiempo dejó de interpretarse, sino que su recuerdo ha estado a punto de perderse definitivamente.

Las melodías

Dejemos de momento el «hardware» del instrumento, todo lo que hace referencia a su aspecto físico, y vayamos ahora con el «software,» con las melodías que lo hacían sonar. Paralelamente a lo que ocurre con el instrumento en sí, los datos son igualmente escasos y fragmentarios. Si, como suponemos, la gaita de fuelle hubo de estar más o menos extendida en algunas comarcas riojanas, probablemente las danzas tradicionales que conocemos hubieron de tocarse antiguamente con dicho instrumento. Personalmente, creo que hay danzas de la comarca del Najerilla que en algún tiempo fueron tocadas con gaita de fuelle, pues ciertas melodías «están pidiendo» un instrumento que ligue las notas. Por ejemplo, la conocida con el nombre de «Las Vueltas», de Nájera, danza en compás de 6/8, ejecutada con motivo de las fiestas de San Juan. La gente participa en ella formando varios círculos concéntricos. Por la fecha en la que se lleva a cabo y por su desarrollo circular, podría ser interpretada simbólicamente como un rito solsticial de culto al sol. El ritmo y su melodía son similares a cualquier muñeira gallega o asturiana.

A pesar de todo esto, sólo podemos hablar en términos objetivos de aquellas melodías que nos han facilitado los mismos que reconocieron el instrumento. Los dos informantes de Alesón no recordaban ninguna, aunque uno de ellos supuso que al venir por las fiestas los gaiteros interpretasen «los troqueados» en honor a Santa Ana, danza tradicional del pueblo. En Pedroso ya hemos mencionado que, desgraciadamente, la muerte del informante una semana antes de acudir provistos de grabadora, nos impidió recoger las notas de esas melodías que el anciano citó.

En Ventrosa de la Sierra nos dijeron que con la gaita de fuelle se interpretaba la danza del pueblo, los «troquiaos». Los hijos de Hermógenes recuerdan a su padre tocando la conocida melodía ventrosina «Tres hojitas en el arbolé, dábales el aire y meneábanse».

En Viniegra de Arriba el recuerdo de la música que interpretaba el Tío Tiburcio ha desaparecido casi por completo de la memoria de los mayores. Tan sólo hemos podido recoger una melodía cantada que decía así:

Estos son mis burros
estos, estos son
los saco a la calle
los llevo al mesón.

El informante recuerda que esta estrofa la cantaba el Tío Tiburcio a la vez que tañía la gaita. Esta forma de tocar el instrumento, acompañándose con la voz, es ciertamente difícil. En Galicia sólo algunos gaiteros expertos lo hacen, y no es muy usual. Hemos tenido la oportunidad de conocer esta forma de interpretación en gaiteros de la comarca zamorana de Sanabria.

Conclusión

Una vez expuestos todos los datos, caben formularse muchas hipótesis. La más probable es que la gaita de fuelle haya sido, al menos desde la Edad Media, un instrumento tradicional en La Rioja. Durante los siglos XV al XVII se seguiría utilizando, lo que nos vendría reflejado por las cuatro imágenes iconográficas citadas anteriormente y por los datos documentales. Una de éstas representa a un «cachiberrio» tocando una gaita, al igual que los «zaldikos» vasconavarros de la época. A partir de estas fechas y, tal como ocurrió en toda Europa, la forma inicial de la gaita, su composición más simple (fuelle, puntero y bordón sobre el hombro, como se ve por toda la Europa Occidental y Nórdica) fue evolucionando hacia formas más complejas. Quizás por influencia francesa, y a través del camino de Santiago, tuvo lugar la evolución del tipo anterior hacia un modelo como el de la gaita del «Tío Tiburcio». Sobre esta afirmación no podemos poner la mano en el fuego ya que, a pesar de las informaciones verbales que parecen señalar el parecido de las gaitas de Ventrosa y Pedroso con la del Tío Tiburcio, para llegar a una conclusión definitiva hubiera sido de vital importancia haber encontrado más ejemplares, por ejemplo en Ventrosa, donde hubo varios. A partir del siglo XVIII se inicia un retroceso del instrumento. De su amplia difusión por el norte de la península va quedando poco a poco relegada a zonas más reducidas. En La Rioja sólo se conservaría en la comarca del Najerilla.

Al llegar el siglo XX la gaita de fuelle en La Rioja estaría en trance de desaparición. En los años 30. la llama de este instrumento se apagó definitivamente cuando Tiburcio Martínez o Hermógenes Herraiz consumaron la última nota.

Recordemos otros datos que pueden confirmar la hipótesis de la autoctonía del instrumento de La Rioja:

-Ninguna de las melodías recogidas es extraña a la comarca.

-Sabemos que uno de los gaiteros de Ventrosa se construyó su propio instrumento.

-En este mismo pueblo hemos recogido cuatro términos diferenciadores para nombrar algunas partes del instrumento: el «roncal» para designar al roncón, la «pita» para la palleta, la «bota» para designar al fuelle y el «soplador» para el tubo introductor del aire en la «bota».

Hoy. gracias a una investigación que hemos llevado a cabo como Sherlock Holmes tras la pista de un ladrón huidizo, hemos conseguido los datos suficientes como para recuperar un viejo instrumento riojano. Algunos paisajes parecen añorar las notas de una gaita, recordando un tiempo en que también fueron suyas.

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(1) Véase Fernando LOPEZ-ACUÑA LOPEZ: Artículo "Gaita" en La Gran Enciclopedia Gallega, pág. 191.

(2) En este sentido se puede ver en la obra de Gonzalo de BERCEO, Los Milagros de Nuestra Señora, la estrofa nº. 9. Donde para comparar la música del paraíso señala varios instrumentos de Cuerda de la época, como el organistrum, la viola o viela, la giga, el salterio, etc.

(3) Arcipreste de Talavera. Corbacho. Capítulo XXVIII.

(4) Fernando de ROJAS: La Celestina. Colección Austral, Espasa Calpe. Madrid, 1979, pág. 22.

(5) Véase el artículo de Rafael MERE: "La gaita en torno a la Virgen María", en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Madrid, 1968, págs. 48 a 57.

(6) Julio CARO BAROJA: El Carnaval, Análisis Histórico-Cultural. Ed. Taurus. Madrid, 1984, págs. 212-215.

(7) José Antonio QUIJERA PERKZ: "Organología para la danza en La Rioja". Revista de Folklore. Ed. Caja Popular. Valladolid. Nº. 108, año 1989, pág. 189.

(8) Luis YRAVEDRA y Esperanza RUBIO: Leyendas y tradiciones de La Rioja. Instituto de Estudios Riojanos. Logroño, 1949, pág. 129.

(9) José María LOPE TOLEDO: “Logroño en el siglo XVI: los niños de la Doctrina Cristiana". En BERCEO, revista del Instituto de Estudios Riojanos. Logroño, 1964, página 431.

(10) Tomado de José Antonio QUIJERA LOPEZ: Op. cit., pág. 189.

(11) Pedro GUTIERREZ ACHUTEGUI: Historia de la Muy Noble, Antigua y Leal Ciudad de Calahorra. Logroño, 1981, pág. 121.

(12) lbídem, pág. 174.

(13) lbídem, pág. 189.

(14) lbídem, pág. 193.

(15) Pascual MADOZ: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, 1851. Reedición en Logroño, 1985. págs. 162 y 163.

(16) J. A. URBELZ: "Notas sobre el xirolarru en el País Vasco". Cuadernos de la Sección de Folklore de la Sociedad de Estudios Vascos, nº. 1, págs. 198-201. Tomado de J. A. QUIJERA PERFZ. Op. cit., pág. 189.

(17) J. A. QUIJERA: Obra citada, pág. 189.

(18) J. A. QUIJERA: Obra citada, pág. 189.

(19) Roberto IGLESIAS HEVIA: La Rioja de Cabo a Rabo, Alto Najerilla, Alto Iregua. Logroño, 1980, pág. 64.

(20) Véase Tre New Grove Dictionary of Music and Musicians. Edited by Stanley Sadie. McMillan Publishers Limited. London, 1980, vol. 2, págs. 26 y 27