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ARTE VERBAL Y URBANO: Una aproximación etnográfica a los cuentos populares extremeños en la ciudad de Badajoz

MONTERO MONTERO, Pedro

Publicado en el año 1990 en la Revista de Folklore número 113.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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La antología de cuentos populares extremeños que, recogidos en diferentes medios urbanos de la ciudad de Badajoz, presentamos a continuación ha sido confeccionada a partir del corpus de textos más comunes y frecuentes de nuestra colección. Es decir, con aquellos cuentos de los que poseemos mayor número de variantes. En ellos son perceptibles las personalísimas adaptaciones, refundiciones, añadidos y recortes que los narradores han introducido tanto en secuencias y ambientes como en personajes, fórmulas y estribillos.

Los textos aquí reproducidos lo han sido respetando con la mayor fidelidad los originales, recogidos tanto en cintas magnetofónicas como en fichas técnicas de recogida de datos. Se han mantenido, incluso, los lapsus y contradicciones de los propios informantes.

EL SOLDAINO (1)

Esto era un soldaíno. Se bebió una copa de vino y se cayó de un tejaíno. ¡Ay, qué cuento más chiquinino¡

LA ZORRA y EL ALCARAV AN (2)

Esto eran una comadre Zorra y un Compadre alcaraván. Y...

-¡Ea, vamos...!

Se enreaban a jugar.
-¡A que no me coges! ¡A que no me coges!

Y, claro, el alcaraván, Como es pájaro volador, volaba, y la Zorra venga a Correr y no era capaz de cogerlo.

Pero una de las veces, alredeor de la mata, le cambia el disco y lo cogió. Cogió la zorra al alcaraván. Lo ponió en la boCa y de que lo apretó una mijina...

-¡Comadre, que...!

Dice
-¡Ay, compadre alcaraván, te como
-¿Cómo me vas a comer?

-pos sí, te como.

-Por Dios, compadre, no me comas, que.

Dice:

-Na, pos ya te como.

Dice:

-Pos mira, comadre, si me quieres comer tienes que decir «¡Alcaraván comí!» Y luego ya me comes, si quieres.

-Vale.
Al abrir la boca la zorra para decir « ¡Alcaraván comí!», se le escapó y se voló. y entonces, cuando iba volando, le dice:
-A otro, pero no a mi...! Je, je, je.

LA CABRA CASCARRASQUI (3)

Había una vez una mujer que tenía dos hijas. Al llegar a casa de la escuela, le dicen a la madre:

-Mamá, tenemos hambre.

Dice:

-Subir al doblao y untaros un cacho de pan con miel.

Con que suben, y al llegar arriba oyen una voz que dice:

-Soy la cabra cascarrasquí, del monte cascarrascá, y al que se me acerque me lo trago de un tragá.

Y se tragó a las niñas.

La madre, al ver que tardaban tanto, se empezó a preocupar y subió al doblao. Pero al ver a la cabra dio un salto pabajo y no se la pudo tragar .

Sin saber qué hacer, se puso a llorar en el umbral. Al rato pasa por allí una pareja de guardias civiles y le preguntaron que qué le pasaba.

Dice, llorando:

-Nada, que una cabra cascarrasquí que está en mi doblao se ha tragao a mis dos hijas.

-¡Buá, eso no es nada! Nosotros entramos en el doblao, le pegamos dos tiros y sacamos a su hija de las tripas de la cabra.

Con que suben y se oye:

-Soy la cabra cascarrasquí, del monte cascarrascá, y al que se me acerque me lo trago de un tragá.

Y se los tragó.

La mujer se fue otra vez al umbral a llorar. En esto que pasó por allí un escuadrón de soldados.

-¿Por qué lloras, mujer?

-Porque en mi doblao hay una cabra cascarrasquí y se ha tragao a mis hijas y a un par de guardias civiles.

Dice:

-Bueno, usté tranquila, que subimos nosotros y le pegamos dos tiros y sacamos a sus dos hijas y a los dos guardias civiles.

Con que subieron y se oye a la cabra:

-Soy la cabra cascarrasquí, del monte cascarrascá, y al que se me acerque me lo trago de un tragá.

Y se los tragó.

La madre empezó a llorar otra vez en el umbral, cuando pasó por delante una hormiguita. Dice:

-¿Qué le pasa, mujer?

-Que una cabra cascarrasquí se ha tragao a mis hijas, a dos guardias civiles y a un escuadrón de soldados.

-Usté tranquila, que yo le voy a dar a esa pa tirar .

Con que sube y una voz que se o.ye:

-Soy la cabra cascarrasquí, del monte cascarrascá, y al que se me acerque me lo trago de un tragá.

Y la hormiguita, que se pone:

-Y yo soy la hormiguita rierí, del hormiguero rierirá, y al que se me pase un poco me lo cargo de una jartá.

La cabra se la tragó y ella, desde dentro, empezó a hacerle cosquillas hasta que reventó y salieron todos.

La madre de las niñas dijo a la hormiga que qué podía hacer para recompensarla, y ella le dijo que con un granito de arroz le bastaba. y se acabó.

LA FLOR DE LA LILA LILON (4)

Eran tres hermanos, y el padre les dijo que tenían que buscar la flor de la lila-lilón. Quien la encontrara se llevaba todo el capital, por obediente. Y lo encontró el pequeño. Y cogió el mayor y lo mató y lo enterró entre unas cañas.

Y entonces, al llevarle al padre la flor, le entregó al mayor todos sus bienes. Y al padre le mintió y le dijo que se había perdido su hermano.

Pero mira por dónde pasó el padre y cortó una caña donde estaba su hijo encerrado, e hizo un silbato y se lió a tocarlo. y entonces decía:

-Tócalo, tócalo, padrecito. Tócalo, tócalo, por dolor, que mi hermano mayor me ha matado por la flor de la lila-lilón.

Y entonces el padre, muy enfadado y enojado, fue a casa para que lo tocaran todos sus hijos. Y lo tocó su hermano, el que lo mató:

-Tócalo, tócalo, hermanito. Tócalo, tócalo, por dolor. Tú fuiste el que me mataste por la flor de la lila-lilón.

Lo tocó el otro hermano, y dijo:

-Tócalo, tócalo, hermanito. Tócalo, tócalo con dolor, que nuestro hermano mayor me ha matado por la flor de la lila-lilón.

Entonces el padre, al escucharlo, le quitó todo y lo desheredó.

LA PALOMITA (5)

Por aquí venía una palomita. Este dedito la cogió, éste la peló, éste la guisó, éste le echó la sal y este tío tan gordo se la comió, se la comió, se la comió.

LOS SIETE CABRITILLOS (6)

Este es el cuento que se llama «Los siete cabritillos».
Esto era una vez una cabrita y tenía siete cabrititos. Y se iba todos los días a trabajar al campo. Y quedaba los siete cabritillos en casa, y fechao por si venía el lobo.
Y un día le dijo la madre:

-No le abráis la puerta a nadie hasta que no veáis que soy yo, que traigo las patitas blancas. Porque el lobo ya sabéis que las tiene negras.

-No, madre.

-Asín, que ya sabéis, que me voy a trabajá. Con que se va la madre al campo y quedó los siete cabritillos en casa.

Y viene el lobo, pega y dice:

-¡Abrid, hijas mías, que soy vuestra madre!

-¡A vé, enséñanos la patita por debajo de la puerta!

-Con que le enseña las patas, y como las tenía negras, dice:

-¡Tú no eres nuestra madre, tú no eres nuestra madre, que mi madre tiene las patitas blancas y tú las tienes negras!

Con que el lobo se calló y se fue. Y se va a una fábrica de harina. Y mete las patas en la harina. Y las trae otra vez blancas las patas. Vuelve a pegar. «¡Pam, pam!» Dice:

-¿Quién?

-¡Abridme, hijas mías, que soy vuestra madre! ¡Abridme, que soy vuestra madre!

-A vé, enséñanos las patitas, que mi madre tenía las patitas blancas.

Con que le enseña las patas y las tenía blancas.

-Ah, si, si, si!. Es mamá, es mamá. Abren la puerta y era el lobo.
-¡Auun, aunn, auun...!

Y se comió a los cabrititos. Pero el más chiquinino se metió en el reloj, en el despertador.

Y, total, que el lobo, pues, harto de carne, se durmió. Viene la madre.

-¡Abridme, hijos míos, abridme! y no le contestaba nadie.

Y llega ya la madre, empuja la puerta y ve que no hay nadie. Y el chiquinino estaba metido en el reloj. y empezó:

-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Ha venido el lobo y se ha comido a todos los hermanos!

Total, que llega la madre y estaba el lobo dormido. Lo arrastraron por las patas hasta un pozo, le rajaron la barriga y le sacaron los siete cabritillos.

Salieron los siete cabritillos, le metió la madre piedras en la barriga al lobo, lo echó al pozo para que se ahogara y no volviera más a comerse los cabritillos.

Y entonces lo echaron al pozo, salieron los siete cabritillos andando, se fueron pa su casa contentos y se ahogó el lobo. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

EL CURA y EL SOLDAO (7)

Pos esto era una vez los soldaos en la guerra los echaban de agregaos en casa de los curas. y entonces el soldao tenía mucha hambre, y le dice al cura:

-Padre, mire usté, tengo mucha hambre.

Dice:

-Yo no me llamo cura. Yo me llamo Don Minuteco.

De manera que cuando estaba comiendo pasó el gato y le dice:

-Padre, qué buen..., don Minuteco, qué buen gato tiene usté.

Dice:

-Ese se llama chichimbote.

De manera que le dice:

-¿Dónde tiene usté el agua?

-El agua está allí. Pero aquello no se llama agua; se llama la superabundancia.

Le dio agua el hombre y ya después de cenar, agarró y dice :

-Bueno, ¿dónde tiene usté la cama?

Dice:

-La cama está allí. Pero eso no se llama cama; se llama los brazos de Constanza.

Aluego después dice:

-Don Minuteco. tiene usté una buena lumbre

Dice:

-Eso no se llama lumbre. Se llama relumbranza.

De manera que luego el soldao mira pallí parriba. Dice:

-Qué buenos chorizos tiene usté.

Dice:

-Eso no se llaman chorizos. Se llaman santos.

Da manera que a medianoche se levanta el soldao, le roció una botella de petróleo al gato, le pegó una patá al gato y lo echó a la lumbre.

Dice:
-¡Levanta, don Minuteco
de los brazos de Constanza,
verás a chichimbote
que haga relumbranza.
Si no acudes más pronto
con la superabundancia,
¡abú!, ¡abú!
que los santos van de marcha!

GARBANCITO (8)

Erase una vez un matrimonio que tenía un hijo muy pequeñito de estatura, que le llamaban Garbancito. Todos los días iba al colegio. Uno de esos días llovía mucha agua, cuando pasó cerca de una huerta se metió debajo de una col para no mojarse. Vino una vaca y se comió la col donde estaba Garbancito.

Los padres llamaban a Garbancito:

¡¡Garbancitooooo...! ¿donde estaas...?

-¡En la barriga del buey...!

Tuvieron que matar al buey para sacar a Garbancito. Y tuvieron una caldereta para todo el pueblo.

LAS MEDIAS AZULES (9)

-¿Quieres que te cuente el cuento de las medias azules?

-Síííí.

-Yo no te digo ni que sí ni que no. Yo lo que te digo es que si quieres que te cuente el cuento de las medias azules.

-Noooo.

-Pero si yo no te digo ni que sí ni que no. Yo lo que te digo es que si quieres...

EL BOTIJO (10)

Erase una vez un padre que tenía tres hijos Los metió en un botijo y lo tapó con pez, ¿Quieres que te lo cuente otra vez?

-Sííí.

Erase una vez un padre que tenía tres hijos

PERIQUITO y MARIQUITA (11)

Erase una vez dos hermanitos que se llamaban Periquito y Mariquita. Vivían con su padre y su madrastra, que estaba harta de cuidar a los niños. Un día dijo a la niña:

-Ves a comprar azúcar. Mientras tanto, la malvada madrastra mató a Periquito.

Cuando llegó Mariquita a su casa del recado, le dice:

-Anda, que tienes que llevarle esto a tu padre.

La niña le preguntó por su hermanito, y la madrastra le dice:

-No lo sé; estará jugando. Tú ves a llevarle la comida a tu padre, pero no se te ocurra destapar la olla, porque te puedes quemar.

Entonces la niña se fue, y cuando estuvo lejos de su casa destapó la olla y vio que la comida era su hermanito. Y entonces comenzó a llorar todo el camino. y de pronto se le apareció la Virgen. Y le preguntó:

-Mariquita, ¿por qué lloras? y la niña le dijo:

-Porque mi madrastra ha matao a mi hermano.

Entonces la Virgen le dijo:

-Mira, Mariquita. No llores y haz lo que yo te diga: cuando tu padre se coma a tu hermanito recoge los huesitos y en el camino te encontrarás un pozo con muchos naranjos. Pues bien, cuando hayas llegado siembra los huesos al lado del pozo y verás cómo al poco tiempo nacerá otra vez tu hermano.

La niña lo hizo como le había mandado la Virgen, y al poco tiempo fue al lugar y vio a su hermanito, que había nacido rodeado de naranjos.

Entonces se acercó su madrastra y le dijo:

-Periquito, dame una naranjita.

-No, pícara madre, que me mataste, me comiste y no me lloraste.

Entonces se acercó su padre y le dijo:

-Periquito, dame una naranjita.

-No, pícaro padre, que me comiste y no me lloraste.

Pero cuando se acercó Mariquita y le dijo:

-Periquito, dame una naranjita.

Le respondió, lleno de alegría:

-Toma, para ti todas, que ni me mataste, ni me comiste, pero sí me lloraste.

ZURRON, CANTA (12)

Veréis, os voy a contar un cuento que me lo contó mi madre, y a mi madre se lo contó mi abuela.

Esto era una familia que vivía en un pueblo por aquí, por Extremadura, ya muy atrasado y muy pobre. Y tenían muchos hijos. Y, claro, pues tenían una panadería donde hacían pan y hacían bollos y hacían cositas así. Un día, amasando la harina, el pan, pues se le acabó el agua. Entonces a una de las niñas la mandó a un pozo a coger el agua, que había en una fuente. Y la niña pos fue. Con un cántaro. Y al llegar a por el agua, pos claro, la niña llevaba un anillo muy bonito, de oro, y porque no se le cayese en la fuente se lo quitó y lo puso en el brocal del pozo. y entonces, pues, la niña al marcharse de coger el agua, pues se le olvidó el anillo. Lo quedó allí. Y al llegar a su casa, pues se dio cuenta que le faltaba el anillo. Y entonces corrió y dice:

-Mamá, voy corriendo, que me dejao olvidao el anillito de oro en el brocal del pozo.

Y al llegar allí, pues no estaba el anillo. Lo que estaba era un hombre, un viejo muy feo, con un saco, y entonces le dijo la niña que qué buscaba.

y la niña se lo dijo. Que era un anillito de oro que se le había perdido.

-Pos mira, entra aquí la mano, que aquí dentro del saco está.

Y la niña, al entrar la mano, el viejo la empujó y la entró dentro. Y entonces la ató. Y dice:

-Pos ahora con esta niña voy a ganar yo mucho dinero.

Iba por todas las esquinas del pueblo cantando, diciendo a la niña:

-Zurrón, canta; si no, te doy con la palanca.

Y la niña cantaba:

-En un zurrón voy metida
y en un zurrón moriré,
por un anillo de plata
que en la fuente lo quedé.

Claro, pues iba por todos sitios y ya una de las veces, pues llegó a la casa de la niña sin saber que vivía allí. Y entró. Y entonces, que estaba lloviendo y le dijo a aquella familia

-Oye, mire, está lloviendo y quisiera pasar aquí la noche.
Dice:

-Bueno, pos pase usté y se queda usté ahí. Pero, claro, se entró el viejo y puso el saco en un ladito y se durmió.

Y entonces los hermanitos, cuando estaba haciendo su padre el pan, le decían:

-Mamá, yo quiero un bollo.

Y la niña contestaba desde el saco:

-Y yo, también.

Y entonces los hermanitos se dieron cuenta.

Dice:

-Mamá, ahí en el saco hay una voz que se oye.

Abrieron el saco y se vieron que era su hermanita.

Entonces sacaron a la niña y le entraron ratas, gatos rabiosos, al viejo.

Y el viejo, despierto por la mañana, dice:

-Señora, muchas gracias.

Y se escondió la niña, claro está. Y entonces se marchó y ya en una esquina le dice:

-¡Zurrón, canta: si no te doy con la palanca!

Claro, el zurrón no cantaba, había bichos dentro, pos no cantaba.

Y le dio con la palanca y entonces se rompió el saco, salieron todos los bichos que había y se lo comieron al viejo. Y aquí colorín colorao, este cuento s'acabao.

EL FANTASMA (13)

Erase una madre y una hija que estaban acostadas y llamaron a la puerta. Y la hija se asustó y empezó a llamar a la madre
-¡Ay, mamaita, ita, ita!, ¿quién será?

-¡Cállate, hijita, ita, ita, que ya se irá!

Y una voz que dice:

-¡No me voy, que en la puerta estoy!

-¡Ay, mamaita, ita, ita!, ¿quién será?.

-Cállate, hijita, ita, ita, que ya se irá!

-¡No me voy, en el empiece de las escaleras estoy!

-¡Ay, mamaíta, ita, ita!, ¿quién será?

-Cállate, hijita, ita, ita, que ya se irá!

-¡No me voy, en el rellano de las escaleras estoy!

-¡Ay, mamaíta, ita, ita!, ¿quién será?

-Cállate, hijita, ita, ita, que ya se irá!

-¡No me voy, debajo de la cama estoy!

-¡Ay, mamaíta, ita. ita!, ¿quién será?

-Cállate, hijita, ita, ita, que ya se irá'

-¡No me voy, que encima tuya estoy!

LA ZORRA y EL LOBO (14)

Esto era una vez una zorrita y un lobo, que eran compadres.

Un día estaban en el campo los dos, muertos de hambre. Cuando llegaron al bosque le dice la zorrita al lobo:

-Compadre. vamos a aquella cerca y vamos a comprar un borreguito.

Se pusieron a andar, andar, y por el camino se encontraron un borrego.

Y va la zorra y dice:

-Compadre. ¡qué delgado está! iVamos a echarlo en este tapao!

Y allí lo echaron para que engordara.

A los cuatro o cinco días dice la zorra:

-Compadre, me han convidao a un bautizo.

-¿Dónde?

-Mi comadre Fulana. Dice el lobo:

-Yo también voy.

-No, compadre, me lo han dicho a mí sola. Y fue ella sola.

Vino por la noche y el lobo le preguntó:

-Comadre, ¿cómo te ha ido?

-¡Uy, hijo!, no había ná que comer. Ná, una mijina de comida, ná.

-Bueno, comadre, yo quería haber ido también. ¿y cómo le habéis puesto al niño ?

-Le hemos puesto Empecélo. Pero mira, compadre, me han avisao para otro bautizo

-¿Otro bautizo? Pos á ese voy yo. Dice la zorra:

-No, hijo, voy yo sola porque me han convidao sólo a mí.

Vino por la noche otra vez y va el lobo y le dice:

-Bueno, comadre, ¿cómo le habéis puesto
al niño ? Dice:

-Demediélo. Pero mira, compadre, me han avisao para otro bautizo.

-¿Otro bautizo? Pos a éste sí que voy yo.

-¡No, tú, no!, de que venga, entonces.

Ya vino la zorra por la noche otra vez y le dice el lobo:

-Comadre, ¿cómo le habéis puesto al niño?

-Acabélo.

Conque va la zorra y dice:

-Compadre, ¿vamos a ver aquel borreguito que tenemos en el tapao ?

-Vamos allá, que ya estará gordito.

Fueron pallá y, al no ver al borrego en el tapao, dice el lobo:

-Aquí no hay ná, se ha ido. Va la zorra y dice:

-Tú has sido, compadre, que te lo has comido.

-¿Yo, comadre? ¡No! ¡No me lo he comido!

-¿No habrás sido tú cuando lo de los bautizos?

-No, comadre, yo, no.

Conque se fueron pa casa y va la zorra y dice:

-Mira, nos vamos a acostar en aquel canchal. Y al primero que le sude el culo, ése ha sido el que se ha comido el borrego.

-Vamos allá, comadre, yo no he sido, pero vamos allá.
Se acostaron los dos. El lobo, más tonto, pos se quedó dormido.

La zorra, más astuta, se levantó y meó al lobo en el culo. De modo que cuando ya había terminao llamó al lobo. Dice:

-¡Compadre!, ¿ves cómo has sido tú el que tas comío el borrego? ¡Mira, mira, mira!

Dice:

-Comadre, has sido tú, que era Empecélo, Demediélo y Acabélo. ¡Tú has sido!

Empezaron a reñir otra vez los dos y aquí terminó el cuento.

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(I) Dado por Dª Isabel Asensio (n. Badajoz, 45 años, profesora) quien lo aprendió de su madre, cuando cosían en el patio, para entretenerla. Y recogido por el autor en el barrio de Santa Marina.

(2) Dado por D. Francisco Soisa (n. Allburquerque, 74 años, carretero jubilado, sin estudios), que se lo oyó a un vecino en su pueblo, junto a la lumbre, y recogido por el autor en la barriada de Cerro de Reyes.

(3) Dado por D. José Pérez (n. Salvaleón, 48 años, comerciante, sin estudios), que se lo oyó a su madrastra, en su pueblo, para dormirle y recogido por su hijo Máximo Pérez, en .la barriada del Casco Antiguo.

(4) DadO por Dª María Estrella García (n. Los Santos de Maimona, sus labores, 46 años, estudios primarios), que lo aprendió en su pueblo de su segunda hermana mayor, en la cama, para que se durmiese, y recogido por su hija Yolanda Tinoco, en la barriada de San Fernando.

(5) Dado por D. Ramón Flores (n. Badajoz, 39 años, profesor), que se lo oyó a su abuela, en Villar del Rey, para entretenerle, y recogido por el autor en la barriada de Santa Marina.

(6) Dado por Dª Julia Blanco (n. Badajoz, 39 años, cortijera, estudios primarios), que lo aprendió de su abuela cuando se lo contaba a los niños para entretenerles, al lado de la chimenea, y recogido por el autor en un cortijo de la zona de Los Montitos.

(7) Dado por D. Diego Ortiz (n. Badajoz, 65 años, barrendero jubilado, sin estudios), que se lo oyó a su padre al lado de la lumbre, en un Cortijo, para que los niños se entretuvieran, y recogido por el autor en la barriada de San Roque.

(8) Contado por D. Manuel Gudiño (n. San Jorge de Olivenza, 68 años, jubilado, sin estudios) que lo aprendió en su pueblo de su abuelo, y recogido por su nieta Ana Mª Vilches en el barrio de San Roque.

(9) Dado por Dª Pilar González (n. Badajoz, 42 años, profesora), que se lo oyó a su abuela, junto a la camilla, para entretenerla, y recogido por el autor en la barriada de Santa Marina.

(10) Contado por D. Antonio Estévez (n. Zahinos, 42 años, guardia civil), que se lo oyó en su pueblo a su madre, junto a la cama, para que se durmiese, y recogido por el autor en el Grupo de Viviendas de la Guardia Civil de la frontera de Caya.

(11) Dado por Dª María Rastrollo (n. Badajoz, 49 años, ama de casa, estudios primarios) que lo aprendió de su madre, en el comedor, para que los niños comieran, y recogido por su vecina Estela Díaz en el barrio de La Estación.

(12) Dicho por Dª Teresa Laso (n. Barcarrota, 73 años, estudios primarios, sus labores), que lo aprendió en Badajoz de su abuela, que se lo contaba a numerosos niños en la cocina-comedor para que se estuvieran quietos, y recogido por el autor en la barriada de San Roque.

(13) Contado por Dª Filomena Ortiz Expósito (n. Badajoz, 33 años, sus labores, estudios primarios) y recogido por su sobrina Loli Ortiz en el barrio de San Roque.

(14) Contado por Dª Filomena Gallego (n. Alburquerque, 85 años, pescadera jubilada, sin estudios, ya fallecida), que se lo oyó a su padre en un chozo de la dehesa Calera, en su pueblo, al lado de la lumbre, para entretenerlos, y recogido por el autor en el barrio del Casco Antiguo.