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Notas sobre dos modelos dancísticos de La Rioja: EL AGUDO Y LAS PASADILLAS

QUIJERA PEREZ, José Antonio

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 91.

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INTRODUCCIÓN Uno de los elementos más característicos y vitales del folklore de La Rioja es el de los ciclos de danzas; es decir, los repertorios de danzas locales que se han de ejecutar en honor de la divinidad del culto particular de cada lugar, durante las fiestas patronales y en otras fechas de carácter fijo íntimamente relacionadas con momentos claves de la vida agrícola y pastoril en la zona. Son danzas ejecutadas invariablemente por grupos de hombres, aunque los cambios sociales de estas últimas décadas propician la inclusión de mujeres. Durante estos últimos años hemos podido recoger por toda La Rioja una abundante información sobre estos ciclos de danzas. Es fácil comprobar cómo en el presente estas danzas se conservan, o existe un recuerdo reciente muy vivo, en más de un centenar de localidades. Esta es una cantidad muy elevada si tenemos en cuenta que dentro del área geográfica riojana se inscriben algo más de doscientos municipios repartidos entre las administraciones de Burgos, Alava, Navarra y principalmente La Rioja. Estos ciclos de danzas cuentan generalmente con un grupo o bloque de danzas a realizar durante la procesión, más otro bloque a ejecutar en otro momento y formado por las danzas de palos, espadas, cintas, arcos, etc. A pesar de la proximidad de unas poblaciones a otras, dentro incluso de un mismo valle, nunca un ciclo es igual al de una localidad vecina, surgiendo aquí y allá infinidad de variaciones. Los dos modelos dancísticos objeto de este artículo podemos encontrarlos en una gran parte de estos ciclos. Nos referimos a «el agudo» y «las pasadillas». Empleamos estas denominaciones con carácter genérico por ser las más utilizadas en la zona. La presencia de una de estas danzas en una localidad conduce muy frecuentemente a la presencia de la otra, pues en la mayoría de los casos ambas forman parte de un mismo ciclo. Es sobradamente conocida por un folklorista la presencia en el norte peninsular de dos tipos de bailes ejecutados por parejas formadas por un hombre y una mujer, bien individualizadas, bien formando parte de grupos más amplios. Uno de ellos es un baile de ritmo vivo y rápido en 2/4 conocido como «arin-arin», «porrusalda», «porrue», etc., en Vizcaya, Guipúzcoa y la Navarra Húmeda; al agudo», «a lo ligero», «agudillo», etc. en Burgos (1); «habas verdes», en Segovia (2); «saltón», en Asturias (3); «a lo alto», «a lo agudo», «a lo ligero», etcétera, en Santander (4). En este tipo de baile el hombre y la mujer danzan enfrentados, con los brazos en alto, que sujetan las castañuelas, y con unos movimientos de pies muy vivos y enérgicos. El otro modelo de baile es, de algún modo, la antítesis y a la vez el complemento del anterior, pues su ritmo es muy pausado en 3/4 ó 3/8, conocido como «orripeko», «fandango» o simplemente «jota» en Guipúzcoa, la Navarra Húmeda y Vizcaya; «a lo grave», «a lo pesado», «al parau», etc., en Burgos (5); «fandango» y «baile llano», en Segovia (6); «fandango», en Asturias (7); «a lo pesau», «a lo llano», en Santander (8). Sin embargo, en La Rioja, cuyo entronque con el mundo cultural del norte peninsular es crucial y surge de su propia situación geográfica, ambos modelos no se han conservado hasta la actualidad como bailes por parejas, sino que toman carta de naturaleza como danzas de hombres incluidas dentro de los ciclos de danzas locales a los que nos hemos referido en el comienzo. Sin más preámbulo, pasemos ya a analizar cada una de estas danzas en sus estructuras y elementos más básicos. EL AGUDO En el área riojana ésta es una de las danzas que suele dar comienzo a las procesiones. La estructura coreográfica es muy simple, aunque presenta algunas variaciones formales según valles o zonas geográficas. En Matute, Ledesma de la Cogolla, Daroca de Rioja, Santa Coloma, Castroviejo, Alesón y otras localidades de la cuenca del río Najerilla, estribaciones del monte Serradero y junto al Ebro, los danzadores se colocan en dos filas de cara a la imagen de la Virgen, santo o santa de culto local, que es portada en andas y dispuesta en la puerta de la iglesia mirando hacia el exterior. El cachiburrio va en cabeza del grupo, siendo, por tanto, el más próximo a la imagen. Los danzadores, con los brazos en alto, sujetando las castañuelas, avanzan o retroceden al ritmo de la música de aire vivo, con movimientos de pies rápidos y saltados. En estas poblaciones esta danza es conocida como EL AGUDO. En Medrano, localidad situada a la sombra del Serradero, es titulada EL CHULO, y al final de cada frase musical dan todos a la vez un salto vertical lo más aéreo posible. En San Asensio, población del Ebro a su paso por La Rioja Alta, es conocida como LA DANZA DE ATRAS, toda vez que el grupo de danzadores va retrocediendo en dos filas de espaldas, sin perder el frente a la imagen de Nuestra Señora de Davalillo. Además de estos ejemplos, en los que «el agudo» presenta una integridad propia y característica, el mismo modelo musical es también utilizado en otros tipos de danzas con otras características muy diferentes. Así, tenemos que en Nieva de Cameros, población de economía pastoril perteneciente al Camero Nuevo, una melodía de «agudo» es la que constituye LA DANZA para la procesión, cuando los danzadores bailan delante de la imagen de Nuestra Señora de Castejón y de Santiago, portadas en andas por las calles del pueblo, con movimiento de pies muy ágil y vivo, a la vez que giran sobre sí mismos con el cambio de estrofa musical para turnarse delante de las imágenes. También son frecuentes los ritmos de «agudo» en las danzas de palos, de cintas, de espadas, etc., en muchas poblaciones riojanas. La danza de espadas de San Vicente de la Sonsierra titulada LAS BARRAS, también presenta una melodía de «agudo» con una coreografía muy compleja, propia de las danzas de armas, aunque el movimiento de los pies es similar al de los ejemplos anteriores. Una melodía característica de algunas danzas de palos, y que se encuentra muy extendida por toda esta zona riojana, es la conocida como EL LIGERO, con bastantes variantes locales en cuanto a coreografía. También se trata de un ritmo de «agudo». Es una danza de palos muy rápida y saltada. La podemos encontrar con esta denominación en San Asensio, Ezcaray, Santa Coloma, etc. En San Millán de la Cogolla es titulada LA CORRIDA; en Bañares, LOS CABALLOS, etc. Una danza de «agudo» propia de Torremuña, aldea hoy prácticamente despoblada del Camero Viejo, es titulada EL VIZCAINO. Juan Ignacio de Iztueta describió en su «Guipuzkoako dantzak» una danza, con su correspondiente tonada, de las mismas características bajo el título BIZKAIKO-DANTZA; es decir, «danza de Vizcaya» (9). Estas denominaciones y otras por la misma línea que hemos observado en algunas danzas burgalesas similares a estas, nos parecen de una importancia esencial, pues hacen aflorar un modo de concebir los espacios geográficos y los entornos culturales muy arcaico y muy extendido en el norte peninsular y en otras zonas cuando han mirado al Cantábrico, aunque posteriores delimitaciones administrativas hayan ido deformando esta vieja imagen. El modelo musical más empleado para estas danzas de «agudo» es el siguiente, propio en este caso de Daroca de Rioja, aunque puede encontrarse con pequeñas variaciones en más de treinta localidades: Se trata de un modelo melódico muy extendido por Vizcaya, Navarra y Guipúzcoa, como baile por parejas, además de en La Rioja, donde, como ya hemos dicho, toma carta de naturaleza en cuanto a danza (10). El siguiente modelo musical que presentamos es el perteneciente a la danza de espadas de San Vicente de la Sonsierra, ejemplo del empleo del ritmo de «agudo» aplicado a danzas con otras características coreográficas diferentes: LAS PASADILLA En la mayoría de los casos también «las pasadillas» es un tipo de danza adscrito al bloque procesional, aunque su figura coreográfica puede aparecer en otras danzas de herramientas. Al igual que en el caso anterior, éste es un modelo dancístico que aglutina tonadas muy similares entre sí, a la vez que un conjunto de coreografías con estructuras parecidas. Los danzadores, colocados en dos filas enfrentadas o de cara a la imagen, con el cachiburrio en cabeza de formación, se mueven todos a la vez cruzándose por filas y por columnas, de tal manera que cada danzador, visto desde arriba, va dibujando en el aire un infinito. Primeramente cada danzador describe esta forma coreográfica con su pareja de fila, y luego repite la operación con su pareja de columna, siguiendo el esquema que delineamos a continuación, sabiendo que ambos cruces pueden repetirse varias veces según el número de repeticiones musicales: C Cachiburrio D Danzador Todo el grupo evoluciona a la vez, y los danzadores mueven los pies a ras de suelo, con traslaciones muy gliseadas, sin saltos ni movimientos amplios. La denominación de LAS PASADILLAS es de uso habitual en Treviana, Hervías, Medrano, Cuzcurrita, etc. No obstante, existen otras titulaciones con carácter local o inscritas a valles concretos. Así, tenemos que en las poblaciones del Valle de San Millán esta danza es conocida como EL BAILE: Estollo, Lugar del Río, San Millán de la Cogolla y Berceo. También EL BAILE EL PORTICO, en Villaverde, localidad próxima a las anteriores, donde esta danza se ejecuta en el atrio de acceso al templo. En Santo Domingo de la Calzada es conocida como EL BAILE EL SANTO. En Daroca de Rioja y alguna otra localidad próxima se emplea el término EL VALSEO. Es frecuente que en las villas del valle de Ojacastro esta danza finalice con una «vuelta campana» o «vuelta lateral», realizada generalmente por el cachiburrio. En Villalba de Rioja también es así como concluye la danza. Las tonadas específicas de «las pasadillas» rara vez sirven como sustento musical de otras danzas diferentes. Aun así, existen algunas excepciones como EL VALSEO de Ollauri y LAS PASADILLAS de Briones, ambas danzas de palos. Los modelos musicales siguientes son dos ejemplos muy extendidos de tonadas propias para este tipo de danzas. La «c» se trata de LAS PASADILLAS del ciclo de danzas de Ojacastro, y la «d» es EL BAILE del repertorio de Bañares: ALGUNAS CONCLUSIONES Ambos modelos, entendidos como bailes de parejas, presentan habitualmente un encadenamiento muy característico. Ha sido de uso habitual en el norte de la Península Ibérica el interpretar un baile «a lo ligero», y seguido de él, otro «a lo pesao». Este encadenamiento sigue vivo en el País Vasco, en una cadena de alternancia sin límite. En La Rioja, donde ya hemos dicho que ambos modelos se han conservado inmersos en los ciclos de danzas locales, también se da esta concatenación, pues frecuentemente en la población donde se da uno de estos modelos dancísticos también se da el otro, que incluso se interpretan seguidos durante el período festivo, cuando se realiza el ciclo de danzas al completo. Al analizar los sustentos coreográficos de estos dos tipos de danzas se observa que en los bailes de «agudo» los movimientos son saltados, con despegue del suelo hacia arriba y enérgicos. Sin embargo, habitualmente, y en La Rioja esto se aprecia con claridad, los movimientos de los bailes de «pasadillas», bailes «a lo bajo», etcétera, son gliseados, manteniendo los pies pegados al suelo, faltos de elevación y reposados. Siguiendo la nomenclatura de C. Sachs en el primer caso, nos encontramos ante «movimientos amplios», y en el segundo, ante un conjunto de «movimientos estrechos» (11). Los primeros corresponden a un claro comportamiento masculino en la danza, mientras que los segundos conciernen al comportamiento arquetípico femenino en el mismo escenario. En palabras de este autor, la idea queda expresada en los siguientes términos: «L 'homme cherche la détente, le mouvement en avant et vers le haut; il exécute ce mouvement avec une plus grande aisance que la femme. Celle-ci, en général, en contact plus étroit avec le sol et ses gestes se replient vers le corps plutot qu'ils ne s'en dé tachent» (12). No obstante, la inversión de comportamientos durante la danza no sólo es posible, sino que es hasta habitual en diferentes sistemas culturales. La suite de ambas danzas supone un encadenamiento de «movimientos amplios» y «movimientos estrechos»; es decir, de modelos conceptuales masculinos y femeninos, respectivamente, con toda la impresionante carga simbólica que ello encierra y en la cual no vamos a entrar por ahora. Pero indudablemente podemos saltar del mundo puramente coreográfico al musical y deducir que las líneas melódicas, tan constantes y características de estos tipos de danzas, también encierran en sí mismos esos caracteres masculinos y femeninos, representados ahora en la congruencia de variables como ritmos, aires, cadencias, etc. El conjunto coreografía-música es armonioso, consustancial en todas sus partes y profundamente simbólico. J. A. Urbeltz hace algunos importantes razonamientos con respecto a estos modelos de baile, o de danza en el caso riojano. Ambos modelos abarcan a un área geográfica que va desde el norte de Portugal hasta Vizcaya y Guipúzcoa por todo el norte peninsular. Este investigador opina que el fenómeno de la «moda», por lo tanto, histórico y temporalizador, no tiene sustento científico que pueda explicar la existencia de ambos modelos en el área descrita, y con las características específicas ya explicadas. Tampoco es un fenómeno explicable por el método difusionista (13). A nuestro entender, este ejemplo adscrito al mundo de la danza tradicional es un viejo elemento patrimonial perteneciente al fondo cultural del norte de la Península Ibérica, como otros muchos elementos más propios del mismo fondo aún sin analizar en profundidad y donde el método histórico-cultural queda tan atado de manos que apenas permite ver más que la cima del árbol cuyas raíces son inmensas y con solera ancestral. Algunos historiadores hablan frecuentemente de los «pueblos del norte peninsular» .El análisis exhaustivo y en profundidad de este fondo cultural quizá nos conduzca en el futuro a hablar del «pueblo del norte». ____________ (1) Olmeda, F., "Folklore de Castilla o cancionero popular de Burgos" (1ª ed. 1902, reed. Burgos 1975), p. 100. (2) Marazuela, A., "Cancionero de Castilla" (Madrid 1981), p. 265-270. (3) Crivillé, J., "El folklore musical", en la colección "Historia de la música española" (Madrid 1983), p. 233. (4) Crivillé, J., ob. cit., p. 234. (5) Olmeda, F., ob. cit., p. 122. (6) Marazuela, A., ob., cit., p. 242-249. (7) Crivillé, J., ob. cit., p. 233. (8) Crivillé, J., ob. cit., p. 234. (9) Iztueta, J. I., "Gipuzkoako dantzak", libreto de transcriones musicales, (1ª ed. San Sebastián 1827, reed. 1973). (10) Una variante de este modelo melódico puede observarse en el libro de los hermanos Lakunza "Método de gaita navarra", (Pamplona 1968), p. 126. nº 74. (11) Sachs, C., "Historie de la danse" (París 1938), p. 19-28. (12) Sachs, C., ob. cit., p. 19. (13) Urbeltz, J. A., "Reflexiones sobre el folklore coreográfico vasco", en los Cuadernos de la sección de Folklore de la Sociedad de Estudios Vascos, nº 1, p. 291