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ALGUNAS FIESTAS ALBERCANAS DE INVIERNO

PUERTO, José Luis

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 91.

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Nos proponemos en el presente trabajo dar cuenta de algunas fiestas que en La Alberca (Salamanca) se celebran en invierno y, dentro de esta estación, en los meses de enero y febrero. Son fiestas que, dentro del calendario festivo del pueblo, se consideran como «menores» por los vecinos, pero que tienen interés por los ritos, costumbres y cantos que contienen y por ser menos conocidas que otras, como la Asunción o el Corpus, de las que se ha hablado más.

Y éstas son las fiestas de las que hablaremos, por orden cronológico de celebración: San Antón, que se celebra el día 17 de enero; San Sebastián, el 20 del mismo mes. Y, sobre las fiestas de febrero, indica el dicho albercano:

«En febrero:
el primero, Santa Brígida;
el segundo, Candelero;
el tercero, San Blas;
el cuarto, San Blasino;
y el quinto, las Aguedas.»

Este San Blasino del calendario albercano debe de ser una adaptación a un nombre familiar del que es santo de ese día: San Andrés Corsino, con la misma terminación en -ino en ambos nombres. Y de todas estas fiestas de febrero mentadas, hablaremos de Las Candelas, que se celebran el día 2; de San Blas, el día 3, y de las Aguedas, el día 5. Y no lo haremos de los Carnavales, por haber hablado ya en esta misma revista, en el número 79, del «pata-heno».

SAN ANTÓN

Es la de San Antón (San Antonio, Abad), que se celebra el 17 de enero, una fiesta de bendición de los ganados del pueblo, para protegerlos de pestes y enfermedades. El día antes, por la tarde, se anuncia la fiesta mediante un pasacalles con el tamboril y la gaita.

Y ya, en el día de la fiesta, se celebra por la mañana una misa y procesión con la imagen del santo, alrededor de la iglesia. Cuenta este santo con mayordomos, que tienen papel especial en este día. Por la tarde se reza el rosario y se realiza la bendición de los animales por el sacerdote, delante de la iglesia. Antiguamente se les daba a los ganados tres vueltas alrededor de la iglesia y calles aledañas, un buen complemento a la bendición con el agua bendita.

Con todo, quizás el aspecto más llamativo de esta fiesta es el llamado «marrano San Antón», algo que se había perdido y que se ha recuperado desde hace algunos años: se trata de un cerdo, que se compra y se echa por las calles, con dos cascabeles en las orejas, o dos esquilas, desde que el día de San Antonio de Padua (el 13 de junio) se bendice. Todos los vecinos lo alimentan y así se va cebando; es bien visible e incluso audible su continuo deambular por las calles. Y este «marrano San Antón», que cuando llega la fiesta de su Patrono está bien cebado, se rifa el día del santo del ganado; el dinero de la rifa es para la parroquia.

SAN SEBASTIÁN

Reza así un dicho albercano:

«De los mártires de enero,
San Sebastián, el primero.»

La fiesta de San Sebastián, que también tiene mayordomos, consiste en una misa con procesión alrededor de la iglesia, con la imagen del santo. Pero lo significativo de esta celebración es la alborada o alborá que se canta al Santo por las calles del pueblo la noche de la víspera; es decir, la noche del 19 de enero.

Y en este punto merecerá la pena hacer un inciso sobre las alboradas o alborás albercanas. Es la alborada un canto callejero nocturno, de amanecer. En La Alberca las hay de dos tipos:

La «alborá» profana, que se canta, sobre todo, con motivo de una boda o casorio, la noche antes de su celebración. Los invitados la cantan ante las casas de la novia y del novio.

Y la «alborá» religiosa, cantada con motivo de la celebración de una fiesta religiosa, la noche anterior a ella. Los que la cantan recorren el pueblo y se van parando ante las casas de abades, mayordomos, párroco, coadjutores (que ya no hay en el pueblo) y autoridades municipales, a todos los cuales les cantan letras específicas.

Las letras de las alborás, tanto de las profanas como de las religiosas, no tienen por qué ser las mismas cada vez que se cantan, ni por qué ir en el mismo orden.

Por San Sebastián se canta una alborá. En ella aparecen nombres romanos, que transcribiremos tal como se pronuncian en el pueblo. He aquí su letra:

Con permiso del Alcalde
y demás autoridades,
a San Sebastián bendito
alborada hay que cantarle.

El día veinte de enero
por confeso de la fe
allí consumado fue
su martirio verdadero.

Las fuertes garras de hierro
hacen tu nombre glorioso,
válganos tu intercesión,
San Sebastián valeroso.

Fuisteis capitán valiente
en tiempos de Maximiliano,
aquel día cruel, Creciano,
hacen tu nombre glorioso.

Las cárceles visitaba
con caridad peregrina
y su palabra divina
a los presos confortaba.

A los ciegos les das vista,
Y a los mudos les das habla,
como santo milagroso
todo lo que pide alcanza.

El día veinte de enero
contento sufrió el martirio,
para que aprendan los moros
a hacer algún sacrificio.

Tira la flecha, tirano,
tírale y no te detengas,
por darle muerte a los dos
mil millas en cada flecha.

El Párroco de este pueblo
mañana predicará,
allí explicará el martirio
del glorioso Sebastián.

Los Mayordomos te sirven
con alegría y contento,
dales paz en esta vida,
feliz en su casamiento.

Nunca ha olvidado a La Alberca
este Santo milagroso,
como así lo viene haciendo
desde el año dieciocho.

En el año dieciocho
nos libraste de la peste,
sigue siendo medianero
hasta el fin de nuestra muerte (1).

Existe en La Alberca una gran devoción por este santo, ya que el pueblo, en su memoria colectiva, le atribuye haberlo librado de la peste del año dieciocho de este siglo, hecho al que alude la alborá.

LAS CANDELAS

Es la fiesta de la purificación de la Virgen, tras la cuarentena, y la presentación del Niño en el templo, que se celebra el día 2 de febrero. Esta es una de las primeras veces que sale la imagen de la Virgen de la Asunción, Patrona del pueblo, en procesión, pero es la única vez que sale con el Niño.

La Virgen lleva una vela grande, de la que salen a su vez otras tres velas, que representan al Niño, a ella misma y a San José, respectivamente. En su brazo derecho lleva una pica grande, que va adornada con flores. Y a la izquierda tiene al Niño (la única vez en todas sus salidas), que lleva, a su vez, en el cuello una pica pequeña.

Del cuello del Niño cuelgan también hasta veinticuatro dijes: chupete de coral, castaña india, trucha articulada, media luna con rubí y uña, cascabelera, piedra de la leche, pezuña de la gran bestia..., relicarios y amuletos, que tienen como función ayudar al Niño a biencrecer, a no malograrse en su desarrollo, y que evitan asimismo que alguien lo aoje; es decir, le eche el mal de ojo. En este sentido es interesante lo que dice Sebastián de Covarrubias sobre los dijes (dix y dixes los llama él): «Las cositas de oro, plata, coral, cristal, sartales, piedras y las demás menudencias que cuelgan a los niños ordinariamente al cuello para acallarlos y alegrarlos; y aun dicen también que para divertir a los que miran para que no los aojen si les están mirando el rostro de hito en hito» (2). Y esta finalidad de los dijes para evitar el mal de ojo, nos la explica de este modo el mismo Covarrubias: «Y los niños corren más peligro que los hombres de que los aojen por ser ternecitos y tener la sangre tan delgada, y por este miedo les ponen algunos amuletos o defensivos y algunos dixes» (3), ya que así se distrae a los que miran de hito en hito al rostro de los niños (y hay que entender el verbo «divertir», usado por el autor, con el significado de «distraer»). Pero ¿cuáles son estos dijes?, nos contesta así Covarrubias: «Ordinariamente les ponen mano de tasugo, ramillos de coral, cuentas de ámbar, pieças de cristal y azabache, castaña marina, nuez de plata con açogue, rayz de peonia y otras cosas» (4). En La Alberca, los dijes cuelgan también de las brazaleras del traje de vistas femenino; y sobre el uso de los dijes por parte de las mujeres para adornarse nos sigue diciendo Covarrubias: «Ir una muger cargada de dixe, es quererse tratar como niña» (5).

Se le añaden así a una figura religiosa, como es el Niño, elementos supersticiosos, al ponerle los dijes en el cuello, elementos en los que sin duda alguna creerían las mujeres albercanas; y no es difícil imaginarse cómo, al nacer el niño, su madre, para evitar que lo aojaran, le colgaría del cuello los dijes preceptivos, que se han seguido conservando al convertirse en alhajas del traje femenino de vistas.

Las Candelas es, como hemos dicho, la fiesta de la purificación de la Virgen tras el parto y la cuarentena, y la presentación del Niño en el templo. Todo el pueblo los acompaña con las picas (6) en esta celebración, y las mujeres llevan una vela cada una en la procesión, que, una vez bendecida, guardarán en sus casas para encenderla en los días de tormenta ante las imágenes o estampas religiosas de sus salas, y evitar así que ocurra alguna desgracia.

Gran importancia tiene la pica en esta fiesta, que ya hemos nombrado, sin explicar qué es. Sólo hacen picas, en forma de rosca, con el centro abierto, que va adornado en su parte superior con motivos de carácter simbólico: claveles, rosas, palomas, pájaras, orugas, caracoles, serpientes, truchas e incluso una bandeja con los pechos de Santa Agueda... y otros motivos, que aparecen también en los dijes del Niño y en las alhajas del traje de vistas.

Las picas se bendicen en la iglesia, en la celebración de la misa, y una vez bendecidas, todo el pueblo probará este pan, símbolo de purificación: se da una al párroco; otra, al sacristán, a los monaguillos y a las camareras de la Virgen. Y también probarán de ellas los enfermos, los niños de la escuela, a los que se las llevarán a las clases, e incluso los ganados. Cada vecino, por su parte, lleva también a la misa sus propias picas, donde son bendecidas y repartidas luego entre los miembros y ganados de la familia. Pues cada persona o animal, al probarla, queda purificado.

Y al igual que la Virgen y el Niño llevan sus picas, existe también la costumbre de ponérselas a otras imágenes de la iglesia, tanto de vírgenes como de santos.

Existe otro rito, derivado de este de Las Candelas: las mujeres, tras dar a luz y pasar cuarenta días desde el alumbramiento, se presentan con su hijo en la iglesia, como la Virgen con el Niño. Y se presentan con una vela y un pan, elementos que, como ya hemos visto, aparecían también en la fiesta. La mujer que acompaña a la reciente parturienta le saca agua bendita a la puerta de la iglesia, puesto que se supone que está con la mancha de la gestación y del parto, y comienza de este modo la purificación, a imagen y semejanza de la de la Virgen.

SAN BLAS

Se celebra el día 3 de febrero y es la fiesta de las gargantillas. Si uno de los posibles males del Niño y de los niños era que los aojaran, otro, frecuente con los fríos invernales, es el mal de garganta. Y para proteger a los niños contra estos males de garganta se les ponen las gargantillas: cintas de colores, que se anudan al cuello y que se llevan puestas hasta que se arrugan y se ensucian. Curiosamente, el día anterior, el de Las Candelas, también se adornaban las picas con lazos de colores.

Pero para que la gargantilla libre al niño del mal de garganta ha de estar bendecida, cosa que se realiza en la misa festiva de por la mañana, en la iglesia, a la que sigue la imposición a los niños, tanto a los que ya van a la escuela como a los más pequeños, de dicha gargantilla.

LAS AGUEDAS

Fiesta de las mujeres, esta del 5 de febrero, que en La Alberca cuentan con una Cofradía propia, formada, además de las Cofrades, por cuatro Mayordomas y «la Abad», mujer también, aunque con el nombre del cargo en masculino.

Por la mañana se celebra la misa, con procesión alrededor de la iglesia, en la que las mujeres llevan en andas la imagen de la santa, existente en el templo parroquial. Por la tarde, el rosario. Y tras el rosario, el baile en la plaza, con la gaita y el tamboril.

Pero lo más destacable de esta fiesta, al igual que lo era de la de San Sebastián, que ya hemos visto, es el canto de la alborá a la Santa la noche de la víspera, una alborá religiosa, con paradas ante las casas del párroco, coadjutores, gobernador, alcalde y, claro está, ante la casa de «la Abad». Esta es la alborá de Santa Agueda:

Agueda fue la primera
de los mártires de Occidente,
la iglesia, pues, la venera
como singular y excelente.

Agueda resplandece
entre doncellas, pues mereció
el martirio y la palma
y la corona de perfección.

Agueda nació en Sicilia,
en Catania fue criada
y recibió el martirio
y en el cielo fue coronada.

Agueda, sol brillante,
Quinciano mucho la persiguió
para darle el martirio,
ella por Cristo lo recibió.

Para cortar sus pechos
a aquesta rosa perseguía,
ella, por darle gusto
a Jesús, todo lo sufría.

Mandáronle cortar los pechos
y Agueda les contestó:
-Córtenlos, no se detengan,
que otros me dará el Señor.

Agueda ha sido antorcha
a la que Pedro visitó
por sus muchas virtudes,
luego de gloria la coronó.

Agueda, virgen y mártir,
de la que Cristo más eligió,
el inhumano Quinciano
fue el que más la martirizó.

En Catania habitaba
la santa mártir por el Señor
y Quinciano la buscaba
por que muriera por el gran Dios.

Es tanto el poder que tiene
aquesta santa con el Señor
que todo lo que le pide
se lo concede con justo amor.

Quinciano riguroso
a aquesta mártir perseguía
para cortar sus pechos
y ella por Cristo lo sufría.

Abades y mayordomas
y las cofrades que con fervor
os sirven y os festejan,
de Agueda esperan su protección.

El Párroco de este pueblo
que es eminente predicador
explicará el martirio
de Agueda ilustre en su sermón.

Y después de haber oído
contar su historia completa
le conservará por siempre
la elocuencia que profesa.

Pues muy digno de ello es
el Señor que ahora visitamos,
por lo cual aquí rendidas
felicidad le deseamos.

A los fieles Coadjutores
que son ejemplo de humildad
a Agueda le pedimos
que les dé siempre felicidad.

Don Angel, nuestro saludo
reciba ahora con gran bondad
y sus bellas cualidades
sean premiadas con bienestar.

Al Señor Don José Hoyos,
que de este pueblo es Gobernador,
Dios le dé salud y gracia
y le conceda la salvación.

A Don José Evaristo,
que es Alcalde en esta ocasión,
todas la damos las gracias
por su gran fe y su religión.

Aquí todas muy rendidas
piden a Agueda con humildad
sea feliz en su carrera
Doña María Dolores Guzmán.

Y que sus amados padres
tengan completa satisfacción
de ver a ella y a sus hermanos
como desea su corazón.

Anita Hoyos González,
que es Abad en esta ocasión,
a Santa Agueda festeja
por la salud que le concedió.

Antonia Mancebo Hoyos,
que es mayordoma con gran fervor,
a la Santa se encomienda
con toda el alma y el corazón.

A todos los de este pueblo,
que siempre os han festejado,
dadles frutos abundantes
y el cielo eterno deseado.

La Abad muy afligida
a aquesta Santa se encomendó:
le sanara sus pechos
y Agueda al punto lo concedió.

La Abad agradecida,
Con mucho gusto y mayor placer,
la sirve y la festeja
en recompensa de tanto bien.

A estas fieles servidoras,
que la alborada os cantaron ya,
dadles salud abundante
y después gocen la eternidad (7).

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(1) Esta" alborá" está sacada de un cuaderno manuscrito de la mujer albercana Beatriz Mancebo (1874-1960), la tía "Triz".

(2) Sebastián de COVARRUBIAS, Tesoro de la Lengua Castellana o Española, Edición de Martín de Riquer, Barcelona, 1987, pág. 479.

(3) Sebastián de COVARRUBIAS, Op. cit., pág. 129.

(4) Op. cit., pág. 129.

(5) Op. cit., pág. 479.

(6) Antonio BARES MARTIN, "Las Picas, una tradición", en el periódico EL ADELANTO, Salamanca, 6 de febrero de 1985, pág. 11.

(7) " Alborá" más completa que la de San Sebastián, sacada del mismo cuaderno de Beatriz Mancebo, la tía "Triz. Este texto tiene más de cincuenta años de existencia, por la cita que hace del alcalde don José Evaristo, que debió de ejercer su cargo por los años veinte. Ha de observarse la irregularidad métrica en su cómputo silábico: los versos tienen distinto número de sílabas.