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En torno a un artículo organográfico del siglo XIX: Pastor-músico de las montañas de Fonsagrada (Lugo)

VARELA DE VEGA, Juan Bautista

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 93.

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Los estudios de organografía musical, si bien se encuentran precedentes de los mismos en los siglos XVI, XVII y XVIII, comienzan en Europa a mediados del XIX, y no mucho antes de surgir las recopilaciones y estudios sobre la canción popular, en sus aspectos inseparables, literatura y música.

Amplias referencias -sin los medios científicos actuales, claro está- organológicas van apareciendo en el período indicado, en obras de etnografía general, debidas a autores como Hartmann, Bancroft, Villoteau, Bartshch, Guppy, etc.

En España, los trabajos de Barbieri, Inzenga, Calvo, Noguera, Ocón, Olmeda, Pedrell, hacían referencias organográficas más o menos detalladas, abriendo un camino a posteriores investigaciones en este importante capítulo de la etnomusicología.

Concretamente, en Galicia, son de mencionar los trabajos de Murguía, Varela Silvari, Sampedro, Arana, Cela, Varela Lenzano, Tafall y Cuveiro, este último autor de un artículo origen de los presentes apuntes.

Claudio Cuveiro, en julio de 1879, firmaba para la revista La Ilustración Gallega y Asturiana uno de los primeros artículos de folklore más completos que puedan señalarse. Primordialmente, su contenido es el comentario de un excelente grabado debido al dibujante Federico de Guisasola; uno de los varios dibujos tomados del natural sobre tipos y paisajes: Músico-pastor de las montañas de Fonsagrada (Lugo).

Federico Guisasola y Lasala, de origen no gallego, era un destacado pintor y dibujante que residió casi toda su vida en Galicia, falleciendo en Pontevedra (17 de febrero de 1882). Publicó sus dibujos en un libro titulado Menestra de tipos populares de Galicia copiados del natural. Salpimentada por varios distinguidos escritores del país.

Fonsagrada, en la provincia de Lugo, al decir de Amor Meilán, es «tierra indómita, arisca y bravía como sus acantilados de la Fornaza; pero, a sus horas, también suave, mimosa y dulce como sus virgilianos rincones de Lamas de Moreira. Fonsagrada -escribía hace pocos años uno de nuestros malogrados escritores regionales (Prudencio Canitrot)- es, seguramente, el pueblo más rudo y más intenso de toda Galicia. Tiene bravura serrana y jocundidad cuando la baña el sol, abismos alrededor, montañas circundantes que son ciclópeos monumentos de una remota edad; bosques inaccesibles donde fecundan osos, lobos, raposas y águilas reales y pasmados; nieblas que ocultan el valle, semejando dejar en el aire como una nube trágica a Fonsagrada; sol que la abrasa en verano y cierzos helados por el invierno... No hay fuentes, no hay leñas, no hay dulzura en el paisaje. Todo es selvático, digno de una página de Rudyard Kipling... Deja una impresión este pueblo tan intensa, tan ruda, que fuertemente acusa su carácter montaraz. Y antes de llegar a él, después de cruzar el Cádabo, al pasar por Fontaneira, sus casas ,primitivas, redondas, cubiertas de paja, nos dan la idea de que el tiempo por allí no dejó huella alguna o no quisieron recoger su hálito sus moradores. Y han hecho bien, porque roturada la tierra, acaso por los primitivos arianos, más tarde hollada por los invasores romanos y últimamente por los feudales..., creyeron bueno dejarla al azar de los tiempos y al capricho de las lluvias, de las heladas y del calor, ya que los últimos dueños la dejaron yerma y empobrecida. Si profundizamos con el sacho unas cuartas de esta tierra, veremos aparecer, entre los renegridos terrones, monedas de Trajano y asas de ánfora olear. Si ahondamos en los pechos de aquellas gentes, observaremos que el valor, la nobleza y la bravura lo llena con opulencia» (I).

La rudeza y bravura seculares de estas gentes de Fonsagrada hizo que se complacieran en llamarse buroneses hastra a morte (buroneses hasta la muerte), tomando el nombre de buroneses de la antigua jurisdicción de Burón, formada por casi todas las parroquias del actual Ayuntamiento de Fonsagrada. El nombre de Burón, según Murguía, es de origen celta: Byren (montaña). Añade al respecto Amor Meilán: «No puede negarse que la etimología corresponde perfectamente a la característica de esta comarca, donde se hallan sierras como la de Piedras Apañadas, que se alza a 1.181 metros sobre el nivel del mar, y montes como el Corula, el Busbeirón, la Cruz de Castelo, el de Gasalla, el Rodil, el Berdín, el Aradela, el Pando, el Peredolo, el Muradal (a 1.144 metros), la Fornaza y cien más, cuya enumeración sería difícil por lo prolija» (2).

Es la ganadería la principal producción de Fonsagrada, dados los excelentes pastos que circundan la villa, con una especial calidad en la vacuna. En otro tiempo abundó asimismo el ganado lanar, el mular y el de cerda. Posteriormente, el cabrío; pero éste y el lanar han dejado casi de existir, aumentando, en cambio, el vacuno (3).

Un pastor de estas montañas, entre vallecillos pintorescos, de picachos inaccesibles, de precipicios hondísimos, de crestas cubiertas de nieve gran parte del año, es el protagonista de estos apuntes.

En los citados comentarios de Cuveiro sobre el dibujo de Guisasola, se describen el paisaje, el posible origen del personaje, el instrumento musical que tañe, la indumentaria que lleva, otros utensilios que porta y su oficio.

El músico-pastor o pastor-músico, en lo nebuloso y sombrío de aquellas montañas, emplea -según Cuveiro-- un cuerno como instrumento musical, haciéndolo unas veces para distraer sus ocios y otras para llamar al ganado, y algunas para mendigar, cuando no se puede vivir del pastoreo.

Este tipo de pastor-músico parece ser que fue también conocido en Asturias, algo nada extraño si se tiene en cuenta la proximidad entre esta región y el término de Fonsagrada. Su instrumento es más que un simple cuerno, pues tiene varios agujeros -no se aprecia bien en el grabado-- que permiten mayores posibilidades melódicas. Precisamente en Asturias -siempre siguiendo la descripción de Cuveiro-- se hace la distinción entre cuerno y corneta: el primero es el instrumento sencillo, sin agujeros tonales; el segundo, con dichos agujeros. El cuerno suele ser de cabra, eligiéndose del mayor tamaño posible. La indumentaria siempre es la misma, invariable, tanto para el invierno como para el verano, para el mal y buen tiempo: sombrero de ala ancha, camisa, chaleco, pantalón, medias y zuecos. De ella es característica las medias de gruesa lana rodeadas de cintas, desde los zuecos hasta las rodillas. Otro detalle singular del traje es la cinta sujeta a uno de los ojales del chaleco, con una argolla en el extremo que penetra en un bolsillo del mismo y sujeta un reloj de sol, hecho en madera.

Digamos algo acerca del cuerno o corna usado, en general, en Galicia.

El musicólogo gallego Fernando López-Acuña López escribe en la Gran Enciclopedia Gallega que el cuerno, corna o corno, hecho de los cuernos de las cabras («das comas das cabras, generalmente»), tiene una función más bien práctica, para señales, avisos y llamadas, que musical o estética, y se usa en las zonas montañosas del interior, dándose del mismo dos modalidades: con agujeros y sin ellos. Ofrece López-Acuña el siguiente cantar en gallego, recogido por Federico Manciñeira Pardo de Lama, en Literatura popular das terras da Capelada e da Faladora, que dice así: «Fun por aquel camiño torto / atopéi un cabrito morto / e saquéille as comas / e púxeme a tocar, a tocar, / oíronme os de Lugo, / chaméronme pucho rubo, / oíronme os de Francia / chamáronme puchabranca» (4).

Casto Sampedro y Folgar, insigne polígrafo gallego, recoge en su Cancionero musical de Galicia hasta doce tocatas para corna, y, en la sección dedicada a la descripción de instrumentos, define las cornas o cuernos de cabra: «Así se llaman unos más que primitivos que usan hacia la Montaña los pastores y la gente joven que quiere avisar y llamar para que se concurra a un punto determinado, con objeto de asistir principalmente a las reuniones nocturnas de las aldeas. Entre ellos hay algunos que sacan algún partido del mismo, a pesar de que su extensión es escasa; su desafinación, grande, y exigen, además, buen labio y buenos pulmones. Por las tocatas a que se refiere esta nota, puede verse lo que alcanzan los más hábiles» (S).

Dichas tocatas están transcritas en diferentes compases, de compasillo, dos por cuatro y seis por ocho. En varias figuran los lugares de origen: Silleda, Lalín, Pontevedra, Santiago de Compostela, Coruña, Noya, Tapia, Ames, Aro, Negreira y Santa Lucía.

Reproducimos a continuación, dentro de su general sencillez, una de las más «complicadas», la segunda:

El origen de la corna, como instrumento musical, se pierde en la antigüedad más remota. En la prehistoria se hallan los bastones de mando, llamados así por Salomón Reinach, como los de la Cueva de Cueto de la Mina (Asturias), que «podían ser -según Adolfo Salazar- cuernos sonoros, si están perforados en su extremidad aguda y, cuando no, sirven como sonajas audibles a distancia si se los percute con un hueso largo o varilla» (6). Salazar reseña un ejemplar que se encuentra en la Hispanic Society of America (Nueva York), procedente de la cueva de Rasines (Santander) (7).

El insigne musicólogo alemán Curt Sachs habla de un cuerno corto con orificios, que aparece reproducido en una bandeja de plata persa medieval, de época posterior a la dinastía de los Sasánidas (siglo VIII), y señala que todavía se usan en varios países de Europa: Finlandia, Suecia, Noruega, Estonia, Yugoslavia. Añade Sachs: «Más tarde, en la música artística europea, el tosco cuerno de animal fue reemplazado por un tubo de madera o de marfil. Esta es la corneta curva; en francés, cornet a bouquin; en alemán, Krummer Zink. Las miniaturas la reproducen ya en el siglo X» (8).

El etnomusicólogo catalán Josep Crivillé i Bargalló, con buen criterio, se refiere a los sonadores (reclamos) más ancestrales y primarios, citando las bocinas, pitos, cuernos, trompas para señales y trompetas. Y del cuerno da la siguiente definición: «Se le da el nombre de Cuerno o Cuerna a los instrumentos de viento hechos mediante un cuerno de animal vaciado, con o sin embocadura, que se utilizan generalmente para emitir señales. Algunos utilizan un cuerno de buey abierto por dos extremos; por el más estrecho se sopla, en el opuesto pueden presentarse unos taladros circulares a fin de obtener diversos sonidos según se tapen o destapen aquellos. Son estos instrumentos de carácter y fisonomía plenamente pastoriles» (9).

Ya en aquel momento del XIX, Cuveiro manifiesta la posible desaparición de este importante elemento de la etnomusicología gallega que es el pastor-músico-, en el siguiente párrafo, con el que damos por terminada la descripción del personaje del grabado de Guisasola y este breve ensayo: «Pocos son los pastores de esta clase que se encuentran en Galicia y Asturias, en donde, además, están reducidos a una cortísima zona. Al ver su aspecto particular, que a primera vista los hace parecerse a los calabreses; al contemplar su rostro atezado, sus robustas formas, sus anchas espaldas y la rapidez con que trepan por los empinados riscos y por las pizarrosas montañas, a pesar de lo pesados que son sus fuertes zuecos de madera, sin más apoyo que un palo algo más alto que un bastón y que manejan con extraordinaria destreza, ya para trepar, ya para defenderse de los lobos, diríase que los músicos-pastores pertenecen a una raza especial, próxima a extinguirse en la actualidad» (10).

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(1) M. Amor Meilán: Geografía General del Reino de Galicia. Provincia de Lugo, pp. 395-396.

(2) Ibm., p. 397.

(3) P. Saavedra: Fonsagrada, en Gran Enciclopedia Gallega, T. 13, p. 145: L. Guitián Rivera: Fonsagrada, ibid., p. 144.

(4) F. López-Acuña: Coma, en Gran Enciclopedia Gallega, T. 7, p. 146.

(5) C. Sampedro y Folgar: Cancionero Musical de Galicia. Reconstitución, introducción y notas bibliográficas por José Filgueira Valverde, p. 205.

(6) A. Salazar: La música de España. La música en la cultura española, p. 17.

(7) Ibid.

(8) C. Sachs: Historia Universal de los Instrumentos Musicales, p. 308.

(9) J. Crivillé i Bargalló: Historia de la Música Española. 7. El folklore musical, p. 362.

(10) C. Cuveiro: Músico-pastor de las montañas de Fonsagrada (Lugo), en La Ilustración Gallega y Asturiana. Revista Decenal Ilustrada, T. I, año 1879, p. 254.

BIBLIOGRAFÍA

AMOR MEILAN, Manuel: Geografía General del Reino de Galicia. Provincia de Lugo. Casa Editorial Alberto Martín Barcelona, 1928.

BAINES, Anthony: Historia de los instrumentos musicales. Taurus Ediciones. Madrid, 1988.

CRIVILLE I BARGALLO, Josep: Historia de la Música Española. 7. El folklore musical. Alianza Editorial. AM 7. Madrid, 1983.

CUVEIRO, Claudio: Músico-pastor de las montañas de Fonsagrada (Lugo), en La Ilustración Gallega y Asturiana, Revista Decenal Ilustrada, T. I, año 1879.

GUITIAN RIVERA, Luis: Fonsagrada, en Gran Enciclopedia Gallega, T. 13.

LOREZ-ACUÑA LOPEZ., Fernando: Corna, en Gan Enciclopedia Gallega, T. 7.

MONTAGU, Jeremy: The World of Medieval and Renaissance Musical Instruments. David and Charles. Newton -Abbot. London, 1976.

MUNROW, David: Instruments of the Middel Ages and Renaissance. Oxford University Press. London, 1976.

SAAVEDRA, Pegerto: Fonsagrada, en Gran Enciclopedia Gallega, T. 13.

SACHS, Curt: Historia Universal de los Instrumentos Musicales. Ediciones Centurión. Buenos Aires, 1947.

SALAZAR, Adolfo: La Música de España. La música en la cultura española. Espasa-Calpe Argentina. Buenos Aires, 1953.

SAMPEDRO Y FOLGAR, Casto: Cancionero Musical de Galicia. Reconstitución, introducción y notas bibliográficas por José Filgueira Valverde. "El Museo de Pontevedra". Colección de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra. Pontevedra, 1942.

TRANCHEFORT, Françoise-René: Los instrumentos musicales en el mundo. Alianza Editorial. AM 20. Madrid, 1985.

VARELA DE VEGA, Juan Bautista: Juan Montes, un músico gallego. (Estudio biográfico). Inédito.