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El molino de "El Cubo" presente de una industria milenaria

SOLER VALENCIA, Jorge M.;CONCEPCION, Eduardo; GALINDO, Antonio; MERINO, Yolanda; MORENO, Francisco; VALERO, Jesús

Publicado en el año 1988 en la Revista de Folklore número 94.

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DEFINICIÓN

Si nos preguntamos ¿qué es un molino?, la respuesta es simple: Una máquina cuya función es la de moler sustancias sólidas. También recibe este nombre el edificio que la alberga.

Naturalmente, esta respuesta es muy genérica, pues existen muchos tipos de molinos diferentes dependiendo de:

a) Los materiales a moler.

b) La energía que emplea el molino para moverse.

c) El mecanismo de trituración.

Respondiendo a estas preguntas, en nuestro caso, el molino de «El Cubo» es:

a) Un molino harinero para la molturación de cereales (trigo y cebada).

b) Un molino hidráulico de eje vertical, ya que aprovecha la energía del agua que genera el Arroyo Polendos.

c) Un molino de prensa, por estar formado su sistema de trituración por dos piedras horizontales superpuestas, una fija y otra móvil a distancia regulable.

SITUACION DEL MOLINO DE EL «CUBO»

Emprendemos el camino desde Segovia por la carretera N-60l con dirección a Valladolid, y cuando llevamos recorridos unos nueve kilómetros, a la altura del kilómetro 96,800 se encuentra el desvío a Aranda de Duero, C-603. Tomamos éste, y a poco más de diez kilómetros de recorrido y rebasado ya el mojón kilómetro K-19, existe un desvío a la izquierda que nos conduce, en algo menos de un kilómetro, al pueblo de Escobar de Polendos, situado a la orilla izquierda del Arroyo de Polendos, arroyo que tuvo fama por sus cangrejos, que, como es de suponer, hoy sólo son un recuerdo.

Cruzamos el pueblo y seguimos la pista sin asfaltar, pero en buen estado, que discurre paralela al curso del arroyo. A este mismo margen se encuentra un pequeño pero bello pinar, que junto a la chopera del río, sirven de asentadero a un buen número de milanos y otras aves menores. Pasado el pinar, y ya en el término municipal de Escarabajosa de Cabezas, a unos kilómetros de camino andado, el curso del arroyo describe un pequeño quiebro en «S» encauzándose todo él en el caz del molino. Entendemos que el poco caudal de agua que baja por el arroyo no es suficiente para desdoblarse, y en consecuencia la mano del hombre en el cuidado del caz ha hecho que el arroyo abandonara su antiguo curso y no lo vuelva a recuperar hasta pasado el molino. El caz está jalonado por chopos, y tiene una longitud aproximada de un kilómetro y medio y desemboca en una balsa de considerables dimensiones.

El edificio o molino propiamente dicho está emplazado contiguo a la balsa, en la zona denominada «El Cubo» (1), y su construcción es de tipo popular. Está formado por tres volúmenes, uno central y dos laterales, que posiblemente fueron construidos al tenerse que cubrir mayores necesidades. Destacan en su construcción los huecos con jambas y dinteles de ladrillo macizo, la mampostería de cal y canto y adobe, y la cubierta a todas las aguas, con teja a la usanza segoviana (tejas canales en su mayoría).

DESCRIPCION DEL MOLINO ESTUDIADO

En el proceso mecánico del molino podemos observar tres funciones diferentes, a las que corresponden otras tantas partes de éste:

1º La acumulación de energía, que se realiza en la Balsa (energía potencial).

2º La transformación de la energía potencial en energía cinética (movimiento circular), que se efectúa en el Motor Hidráulico.

3.º El aprovechamiento de la potencia generada en trabajo productivo, que se lleva a cabo en las Muelas.

Como apoyo al procesado de la harina y al mantenimiento de la máquina, son necesarios unos Elementos Auxiliares.

Por lo tanto, para una mejor descripción, dividimos el molino en: BALSA, MOTOR HIDRAULICO, MUELAS y ELEMENTOS AUXILlARES.

1. BALSA.-Voz posiblemente de origen prerromano, que define un «hueco de terreno que se llena de agua» (2). Su planta en L es de generosas dimensiones: dieciséis metros el lado menor por cincuenta el lado mayor y un ancho medio de unos cinco metros. Tiene una capacidad estimada de unos cuatrocientos metros cúbicos. Sin lugar a dudas, las grandes dimensiones de la balsa son consecuencia del escaso caudal del Arroyo de Polendos, y se trata así de disponer de un remanente de energía.

El nivel del agua en la balsa se controla por medio de una compuerta lateral denominada ladrón, que sirve de rebosadero.

Uno de los aspectos más singulares de este molino lo encontramos en este apartado. Al estudiar la comunicación entre la balsa y la rueda hidráulica podemos observar que ésta se efectúa a través de un estanque denominado cubo. Este estanque con forma de vaso está comunicado por su parte superior con la balsa por medio de una compuerta, y por un conducto inferior a la rueda hidráulica.

La función del cubo es conseguir una presión de altura de agua lo más constante posible, haciendo de regulador, ya que uno de los problemas mayores en las máquinas hidráulicas de este tipo es el de mantener la velocidad de giro uniforme.

La singularidad de este sistema en tierras de Segovia es evidente, y lo demuestra el hecho de que el molino ha particularizado el nombre, e incluso la zona también es conocida por el apelativo de «El Cubo» (1).

2. MOTOR HIDRAULICO.-Es la parte encargada de generar movimiento transformando la energía. Está ubicada en el interior de una bóveda de cañón construida por mampuestos irregulares.

En este motor primario podemos distinguir fundamentalmente los componentes siguientes: a) rueda hidráulica, b) árbol, c) sopuente y d) saetín.

a) La rueda hidráulica, al ser de eje vertical, se la conoce por el nombre de rodezno. Tiene un diámetro de 1,80 metros y se compone de 40 álabes. Estos álabes son piezas independientes en forma de sectores circulares que, engarzados todos ellos, conforman el rodezno.

En el álabe podemos diferenciar dos partes: la interior, maciza, y la exterior, tallada. Este último trozo es el que trabaja como álabe propiamente dicho. Su forma es curva y de sección en «L». El agua bate en el lado cóncavo, y el convexo deja espacio libre entre álabe y álabe para el drenaje.

La rueda hidráulica se arma sirviéndose de un cerco de hierro forjado que la azuncha perimetralmente y dos aros del mismo material que atan los álabes por medio de pernos. Todo ello forma un conjunto rígido.

Este rodezno es el que actualmente funciona, y que se asemeja al representado en el grabado de Juanelo Turriano (3), reproducido en el libro Tecnología Popular Española (4).

El molino tuvo un total de tres ruedas, que movían sus correspondientes muelas. Una, la anteriormente descrita en este apartado, y otras dos, hoy desmontadas, que giraban cada una de ellas en sentido contrario. De estas últimas, todavía resiste el paso del tiempo un ejemplar en no muy buen estado.

Las diferencias entre los dos rodeznos son notorias: su diámetro es mucho menor (1,20 metros). El sistema constructivo se asemeja al de una rueda de carro arcaico. Está formada por dos piezas unidas por dos pletinas a modo de grapas y atadas por dos cercos de hierro forjado. Los 18 álabes de que consta han sido tallados sobre la misma rueda.

En estas características nos hemos basado para designar a este rodezno como rueda hidráulica primitiva.

b) El árbol o eje del molino es el encargado de transmitir el movimiento a las muelas. Es una pieza de madera de sección circular, más gruesa en su parte inferior, en donde va encastrado el rodezno, y más delgada en los dos tercios superiores. Está reforzado par seis aros de hierro forjado. Termina su extremo inferior en una pieza de bronce templado llamada punto. El punto es el cojinete inferior del motor hidráulico. Su ingeniosa forma se debe a su doble utilización, ya que la misma pieza sirve de punto y contrapunto, dependiendo de que su posición sea vertical u horizontal.

El árbol se prolonga en su parte superior hasta las muelas por un eje de hierro llamado palón.

c) La sopuente es una viga de madera de grandes dimensiones que sirve de cuna al contrapunto. En ella descansan el peso del rodezno, árbol, palón y muela volandera. Su función es la de permitir mover el eje en sentido vertical, para así variar la separación entre las muelas. Está articulada en uno de sus extremos y asida en el lado opuesto a un tirante de madera que se llama alivio. Tensando el alivio conseguiremos elevar la sopuente, que a su vez desplaza el conjunto árbol-muela.

d) Saetín.-Es el conducto que comunica el cubo con la rueda hidráulica. Está construido principalmente de madera, menos el frontal, donde está la trampilla, que es de hierro. La compuerta es de guillotina, y se acciona desde las muelas por medio de una barra de hierro. Con la trampilla se regula el caudal de salida de agua al rodezno. Es el sistema de control de velocidad del motor hidráulico.

3. Muelas.-Designamos así al conjunto de elementos en donde se moltura el grano. Empezamos la descripción por la piedra fija o solera, sobre la cual está la piedra volandera. Las piedras o muelas tienen un diámetro de 1,30 metros y un peso aproximado de 900 kilogramos «de nuevas». Están situadas en un entarimado, elevado del suelo aproximadamente un metro. Las muelas primitivas eran de una sola pieza de piedra de granito. Después han aparecido «las francesas», que como comenta Julio Caro Baroja, «han entrado en casi todos los molinos de España» (5). Estas muelas están construidas por sectores circulares, conglomerados con hormigón y azunchadas por aros de hierro. El sílex es la piedra empleada para su construcción, resultando estas muelas de extraordinaria dureza, lo que suponía un gran esfuerzo a la hora de volverlas a tallar. Ultimamente las muelas son prefabricadas de un conglomerado de piedras de hormigón armado. La duración de una piedra solía ser de unos dos años.

En la piedra fija se encuentra el cojinete superior del molino, que se centra por medio de cuñas. Es muy importante que el eje esté perpendicular a las piedras, para que las muelas puedan girar paralelas.

El palón sobresale de la solera para asir a la piedra volandera. El engarzado se hace por medio de dos piezas metálicas: el gorro y la lavija (larija, según la pronunciación del molinero). El gorro corona al palón, y su cometido es el de permitir el encastre de la lavija, la cual está sujeta a la piedra volandera. Esta unión se cimenta con plomo, que se introduce fundido.

Las muelas están cubiertas por una tapa de madera, de planta ochavada, que evita la dispersión de la harina que sale por un hueco, practicable con una trampilla, situado sobre el arnal, que es el depósito donde se recoge.

Encima de la tapa se halla situado un armazón, también de madera, que soporta la tolva. Esta tiene forma de pirámide truncada invertida y es donde se echa el grano. De la tolva cae al cuezo, que tiene como misión la de dosificar la cantidad que debe entrar en las muelas. ¿Cómo se efectúa? El sistema es sencillo e ingenioso. Veamos: El cuezo está suspendido debajo de la tolva, atado por cuerdas. Según regulemos la tensión de éstas, su inclinación variará. También podemos ajustar la fricción entre el cuezo y el triquitraque (pieza de hierro con estrías exteriores). Cuando el conjunto está en movimiento, el triquitraque golpeará al cuezo y, dependiendo del tensado, éste vibrará con mayor o menor brusquedad, facilitando así la caída del grano.

Situándonos de frente a las muelas, a nuestra derecha se encuentra el huso, que es el mando del alivio. Consiste en una palomilla que, al girarla, sube o baja el alivio. La buena utilización de este mando es muy importante para que la harina salga buena, ya que si las piedras están muy juntas, se calentarán por el rozamiento y la harina saldrá tostada. Por el contrario, si su separación es excesiva, el grano no se triturará lo necesario.

En el lado opuesto al huso se encuentra el mando de saetín. Con él, desde arriba, podemos controlar la velocidad de giro del motor hidráulico. Como se puede suponer, el control de estos dos mandos está supeditado uno al otro, ya que, dependiendo de la velocidad de giro de las muelas, el grano deberá permanecer mayor o menor tiempo entre ellas, para su buena molturación.

4. Elementos auxiliares.-En el proceso de la fabricación de la harina, además de la molienda, son necesarias otras dos operaciones: la limpieza del grano y la separación del salvado. Estas operaciones se realizan con dos máquinas: la limpia y el cedazo.

El grano llega de la era mezclado con impurezas que deben ser separadas. La limpia es la máquina que se utiliza para este menester. Consiste en un cajón de madera de 1,5 metros de largo por 1 metro de ancho y 1,5 metros de alto, en cuyo interior, entre otros elementos, se aloja un cilindro de chapa perforada que al girar hace de criba. Las limpias primitivas funcionaban «a mano», evolucionando con el tiempo, y las últimas toman la fuerza por medio de poleas y correas del propio molino.

El cedazo es un cajón de cinco metros de largo por un metro de ancho y dos metros de alto, en cuyo interior alberga un tamiz formado por un armazón de madera, con forma de prisma, recto, de base octogonal, que gira sobre su eje y recubierto con telas de diferente tupido. Una vez molida la harina, se saca del arnal y se introduce en el cedazo. Esta, según su grosor, se irá depositando al pasar por el tamiz. Por último, saldrá el salvado. Un tornillo de Arquímedes, alojado debajo de la criba, distribuye el producto que sale por unas bocas donde se carga en sacos. Una polea, que toma la fuerza del propio molino, pone en movimiento el mecanismo del cedazo.

La cabria es una sencilla grúa de madera, situada al lado de las muelas. Se utiliza para levantar las piedras cuando se cambian o vuelven a ser talladas.

En el tallado de las piedras se utilizan dos herramientas: la piqueta y la bujarda. La piqueta es un azuche (semejante a los utilizados en la albañilería) que se emplea para tallar los canales de las muelas. La bujarda o mazo sirve para puntear las piedras, consiguiendo que éstas tengan una mayor rugosidad.

APUNTES HISTORICOS

Los principios de la rueda hidráulica y su aplicación no están nada claros. En el libro De architectura (6), del ingeniero y arquitecto romano Vitruvio (7), encontramos la primera descripción de una rueda hidráulica en Occidente. Es en Roma donde la rueda hidráulica alcanza una gran difusión, así nos la describe Siguard Strandh en su bello libro Máquinas, una historia ilustrada: «Los primeros modelos tenían un eje vertical y palas inclinadas, y se usaban para mover molinos» (8), tarea que en tiempos anteriores se realizaba manualmente y estaba reservada a las mujeres de la casa.

La gran expansión del molino hidráulico se da en la Edad Media. «En el año 1086, el censo territorial del libro de Domesday, indicaba la existencia de más de 5.600 molinos de agua en Inglaterra. Teniendo en cuenta la población de la época, Lewis Humford ha calculado que había un molino por cada 400 habitantes» (8).

No es menos la importancia de los molinos en España. Reproducimos un texto del libro de Carlos de Lecea Recuerdos de la antigua industria segoviana, publicado en 1897 por la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, que nos introduce en la importancia que han tenido estos ingenios en nuestra industria provincial: «El producto de trigo molido, o sea la harina, base primera para el sustento de las familias, es tan antiguo como la civilización, por más que en los tiempos pasados no revistiera forma industrial, ni lograra el desarrollo que merced a los adelantos de la mecánica ha llegado a adquirir, principalmente desde mediados del siglo en que vivimos. Los molinos harineros primitivos, compuestos de un tosco rodezno que hacía girar una piedra de moler y un cedazo movido a mano para la separación del salvado y la harina, eran los únicos aparatos que hasta la edad presente sirvieron en nuestra patria para la fabricación de tan indispensable como instructiva sustancia. Que el pan fuese de centeno o de trigo, el grano por necesidad se había de molturar en uno de esos imperfectos aparatos establecidos allí donde la naturaleza ofreciera un salto de agua aprovechable. Y como los molinos así construidos no podían dar grandes rendimientos y el consumo del pan fue siempre enorme, por precisión ineludible se habían de multiplicar esos artefactos hasta lo infinito, siendo contadísimos los pueblos por cuyo término corriera algún arroyo, por pequeño que fuese, que no contara con algún molino por lo menos. Es preciso advertir que allí donde se carecía del motor natural del agua, sustituíanse por los de viento, mucho peores, a causa de sus constantes intermitencias.

Situada nuestra provincia en las estribaciones de la cordillera Carpetana, con multitud de corrientes que en todas direcciones la atraviesan, aunque no sean ríos de primer orden, más de trescientos molinos harineros llegó a contar en su territorio (aún había 269 en 1862, y no serán muchos menos hoy), con los cuales elaboraba harina por cuenta de los particulares que, al fecto, enviaban el trigo para la maquila, por medio de recuas destinadas por los molineros a recoger los costales de grano en los pueblos y devolverlo después de molido, mediante un corto estipendio de la misma especie molida.»

Centrándonos en el molino estudiado, la fecha más antigua en que aparece es la comprendida entre 1845 y 1850, fecha en que se realizó el diccionario MADOZ (9). En la página 77 del volumen referido a Segovia, en el apartado a Escarabajosa de Cabezas, podemos leer: «Por el E. pasa un riachuelo que baja de Escobar (se refiere al Arroyo de Polendos), en el cual se halla situado un molino harinero.» .En este mismo apartado, en la sección de Industria y Comercio, leemos: «La agricultura, un molino harinero, dos tejedores de lienzos comunes...»

Creemos que el molino data de mucho antes, ya que a mediados del siglo pasado se encontraban estos ingenios en retroceso. Además, en 1854 se instalan en Segovia las primeras fábricas de harina, que en pocos años llegaron a ocho, solamente en el término de la capital. Como es de suponer, acapararían la mayor parte del trabajo. Por lo demás, los molinos generalmente eran fundacionales de los pueblos, puesto que la harina era la base alimenticia para el sustento de las familias.

El sistema comercial, como antes se ha apuntado, se realizaba por la llamada maquila. El pago por los servicios prestados lo cobra el molinero, quedándose con una parte del grano que recibe para la molienda. Esta fórmula no ha llegado a nuestros días, y hoy se cobra una cantidad por kilogramo molido. De cada 15 kilogramos entregados al molinero, éste devuelve 14 kilogramos de harina; el que falta se da por perdido en el espolvoreo.

El actual molinero, don Alejandro Santos Otero, sucedió en el oficio a su padre, que compró el molino al antiguo dueño para el que trabajaba.

Nos cuenta don Alejandro que, de mozo, había épocas en que el molino no dejaba de funcionar durante las 24 horas del día, teniendo que turnarse su padre y hermanos, ya que sólo detenían el trabajo el domingo por la tarde. También recuerda las vicisitudes pasadas al finalizar la guerra del 36, cuando los campesinos venían a moler al crepúsculo, pasando toda la noche moliendo para eludir así la fiscalía.

HOMENAJE y CONCLUSIÓN

Nuestro sincero agradecimiento a don Alejandro Santos Otero, molinero e hijo de molinero. Ultima generación de un oficio milenario. Representante de una industria autárquica y entroncada con su hábitat. Su ayuda ha sido de gran valor para la realización de este trabajo. Podemos ver en los molinos hidráulicos el embrión de una nueva era, lo que más tarde se llamará tecnología. También agradecemos a todos los compañeros y amigos que de una u otra manera nos han ayudado (10).

____________
(1) Plano Nº 457 de! Instituto Geográfico Catastral.

(2) Diccionario Enciclopédico Salvat.

(3) Juanelo Turriano, Ingeniero al servicio del Emperador Carlos I, resolvió numerosos problemas técnicos, entre ellos el del suministro de agua a la ciudad de Toledo. Murió en 1585.

(4) T.P.E. de Julio Caro Baroja. Pág. 469 -Fig. 22-. Editora Nacional.

(5) T.P.E. de Julio Caro Baroja. Pág. 204. Editora Nacional

(6) De Architectura, 10 volúmenes que abarcan los temas de: arquitectura, hidráulica, geometría y astronomía, de máquinas civiles y bélicas.

(7) Vitruvio, tratadista de arquitectura. Data la obra de este autor sobre el año 27 a. J.C. Fue tomado como modelo en el renacimiento.

(8) Máquinas, una historia ilustrada de Siguard Strandh. Hermann Blume Ediciones.

(9) Pascual Madoz (Pamplona, 1806 -Génova, 1870). Liberal progresista; su obra más célebre es el Diccionario Geográfico, Histórico y Estadístico de España (Madrid, 1845-1850). Representa un importante documento para la comprensión de la historia económica de España del siglo XIX.

(10) A José Mª Antón por relacionarnos con el molino, a Pedro E. Espinar por enseñarnos a difuminar y sus continuos ánimos, a Ramón de Blás por poner a nuestra disposición su biblioteca, a Isabel González y Mª Alcázar Rus por su trabajo como correctoras, a Javier Viñuela por dejarnos su trípode, a Carmen González y a Mª Cruz Borregón por su trabajo de mecanografía, al resto de los compañeros de clase por compartir el trabajo con nosotros, a la Directiva por las facilidades prestadas y a Oscar Cruz por despertar en nosotros el vicio a lo antiguo.